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Conferencia: ¿Qué tipo de consideraciones evolutivas es valioso incorporar en las ciencias cognitivas? El caso de los módulos de razonamiento social

3 de septiembre, a las 10:00 horas (México), 2015.

Dra. Paola Hernández Chávez
Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales vicente lombardo Toledano
mail: hcpaola@gmail.com

Dr. Jonatan García Campos
UJED Durango
mail: jongarcam@yahoo.com.mx

Uno de los debates más importantes en la filosofía y las ciencias cognitivas actuales es aquel dedicado a la arquitectura de la mente. Este debate, en gran medida, ha girado en torno a si la mente humana está mayormente compuesta por mecanismos de dominio general, o si está constituida por módulos. Actualmente, se habla de módulos en diferentes y distantes áreas del conocimiento, desde la psicología, la filosofía, las ciencias computacionales y sobre todo en las neurociencias. Sólo por mencionar algunos casos, Parsons & Osherson (2001) proponen la existencia de un módulo del razonamiento deductivo, el cual se asocia a la activación de los lóbulos frontal inferior y temporal medio del hemisferio derecho; Patterson & Kay (1982) han postulado que existe un módulo específico para la lectura que se ubica en la corteza estriada del hemisferio izquierdo; Dehaene & Cohen (1995) han defendido que tenemos un módulo para procesar cantidades análogas, el cual se localiza en el giro angular de la corteza parietal inferior. Además de estos, se han postulados módulos dedicados a la cognición social, esto es, módulos que hacen posible la sociabilización entre seres vivos pertenecientes a una misma especie (Cosmides & Tooby, 1992, Ermer et al., 2006, Adams, 2011). En este trabajo, nos centraremos en analizar la postulación de uno de los módulos dedicados a la cognición social, viz., el módulo de detección de tramposos. Concluiremos que no hay una noción de módulo empíricamente viable que nos permita válidamente postular la existencia de un módulo tal –o similares–. No obstante, antes de examinar la viabilidad de este módulo, indagaremos acerca de la noción misma de módulo cognitivo; ya que la pregunta acerca de si la mente está formada o no por módulos dependerá, en gran medida, de lo que entendamos por éstos.

La discusión analítico-filosófica respecto a qué es un módulo mental fue planteada por Jerry Fodor (1983), quien defendió que los pocos módulos mentales que poseemos se caracterizan por: ser específicos de dominio, involuntarios, tener acceso limitado a información, ser rápidos, estar encapsulados informacionalmente, emitir respuestas superficiales, estar asociados a una arquitectura neural, exhibir patrones típicos de disfunción y tener una ontogenia característica. La modularidad es una cuestión de grados, es decir, de en qué medida una capacidad cognitiva satisface o no las características que permitan considerarla como tal. De modo que entre más características satisfaga el mecanismo cognitivo, más modular se le considerará.

Frente a la propuesta fodoriana se presentaron propuestas alternativas como la modularidad masiva. Los modularistas masivos –entre los que hay diversos filósofos (Carruthers, 2006, Machery, 2007), psicólogos (Cosmides y Tooby, 1996), lingüistas (Pinker, 1994) y otros científicos cognitivos (Sperber, 2002, Mithen, 1996)– consideran que toda o la mayor parte de la mente está compuesta por módulos. Estos estudiosos de la cognición no comparten todos los rasgos que Fodor había concebido para los módulos, lo que en parte explica el debate acerca de qué tan modular es la mente.

En esta trabajo no expondremos el debate entre la propuesta fodoriana y la modularista masiva. En lugar de ello, deseamos presentar una noción de módulo que se funda en elementos neurocientíficos, a partir de evidencia empírica neurológica que contrasta, por buenas razones, con las nociones que han defendido Fodor y los modularistas masivos.

Las diferentes propuestas sobre la modularidad cognitiva postulan distintos tipos de evidencia para sustentarlos, por ejemplo, los modularistas masivos se han aproximado al trabajo empírico basado en pruebas psicológicas (Cosmides & Tooby, 1992), consideraciones evolutivas o argumentos provenientes de la inteligencia artificial (Carruthers, 2006). No estamos rechazando esta evidencia. Sin embargo, consideramos que el gran reto es articular las distintas formulaciones de módulo con las distintas fuentes de evidencia empírica, para ofrecer así una propuesta útil para las ciencias cognitivas y en particular para la neurociencia.

Dado que en las neurociencias se estudia directamente el sustrato cerebral, es de vital importancia contar con una noción de módulo que incorpore la evidencia que se utiliza en dichas áreas. De ese modo, la noción de módulo que proponemos, que denominamos cognitivo-neuronal, se constituye a partir de los cuatro elementos: (1) la presencia de patrones típicos de disfunción, (2) disgregación de funciones cognitivas a partir de una disociación doble, (3) evidencia de actividad cerebral específica en términos de un patrón de activación de granularidad gruesa, y, (4) un proceso de especialización anatómica cerebro-cognitiva.

Con esta noción cognitivo-neuronal, examinaremos la validez del módulo putativamente dedicado al razonamiento y la cognición social. En particular, nos centramos en el supuesto módulo de detección de tramposos propuesto por los psicólogos evolucionistas. Originalmente, estos psicólogos basaron su postulación en consideraciones evolutivas y experimentos psicológicos (Cosmides & Tooby, 1992); sin embargo, en los últimos años han utilizado los resultados de neuroimagen para defender que existen distintos patrones de activación cerebral cuando los sujetos intentan detectar la violación de una regla abstracta y cuando intentan detectar la violación de una regla social (Ermer et al. 2006).

Más precisamente, en trabajos recientes los psicólogos evolucionistas defienden que en las tareas de contratos sociales y en las reglas de precaución, los sujetos tienen una ejecución similar (81% y 83% de respuestas correctas respectivamente), mientras que las reglas descriptivas tienen una ejecución significativamente más baja (59% de respuestas correctas) (Ermer et. al. 2006). Este resultado es lo que les lleva a conjeturar que el mecanismo que procesa inferencias en las que intervienen contratos sociales y reglas de precaución, es distinto a aquel que interviene en el procesamiento de reglas descriptivas. ¿Lo anterior implicaría que existe un mismo módulo para detectar tramposos que para detectar si se viola una regla de precaución? En su afán de mostrar que existe diferente activación cerebral en sujetos que ejecutan tareas de selección de tarjetas donde se viola un contrato social y donde se viola una regla de precaución, los autores recurren a la imagenología por fMRI. De acuerdo con su estudio, los autores reportan que, en la fase interpretativa, durante las tareas de contrato social se produce una mayor activación en las regiones temporo-parietales; mientras que durante la toma de decisiones se produce una mayor activación en la corteza prefrontal dorsolateral. En cuanto a la fase interpretativa, las tareas de contrato social, en relación con las tareas de precaución, activaron la corteza anterior temporal derecha (AB 20) y la corteza posterior temporal izquierda (AB 21), junto con la corteza cingulada posterior (AB 23). En cuanto a la segunda fase, es decir, durante la toma de decisiones, se encontró que la tarea de precaución, comparada con la del contrato social, mostró activaciones en la corteza prefrontal media y la ventral (AB 6, 9, 46 y 47), la corteza temporal media y posterior (AB 21 y 41), la región superior occipital (AB 18 y 37), así como en la ínsula derecha (AB 13) y la circunvolución del cíngulo (AB 24) (Ermer et al. 2006, p. 207). De los resultados anteriores, Ermer et al. sostienen que durante las tareas de selección de contratos sociales se activan áreas diferentes que durante las tareas de precaución, lo que apoya su afirmación de que las reglas de contratos sociales y las reglas de precaución se activan distintos módulos.

Como intentaremos mostrar, la noción cognitivo-neuronal de módulo no da lugar a la existencia de módulos como el de detección de tramposos que acabamos de mencionar.

La estructura de nuestro trabajo es la siguiente. En primer lugar, (i) abordaremos muy brevemente el debate acerca de la arquitectura de la mente. En segundo lugar, (ii) presentamos los elementos neurocientíficos que deben ser tomados en cuenta con mayor seriedad para poder elaborar una noción de módulo empíricamente viable. Estos elementos neurocientíficos, como ya hemos señalado, incluyen: (1) la presencia de patrones típicos de disfunción, (2) la disociación doble, (3) evidencia de actividad cerebral específica, y, (4) un proceso de especialización anatómica cerebro-cognitiva. En tercer lugar, (iii) exponemos una de las propuestas que busca dar cuenta del razonamiento sobre aspectos sociales, i.e., la defendida por los psicólogos evolucionistas, en particular, el módulo supuestamente diseñado por la selección natural para detectar tramposos. Al final de nuestra contribución, (iv) argumentamos por qué no es posible defender la existencia del módulo anterior a partir de la noción de módulo cognitivo-neuronal que elaboramos en (ii).

A partir de lo anterior hacemos énfasis en las consideraciones evolutivas que no son muy valiosas a la hora de formular teorías cognitivas; por el contrario, resaltamos el tipo de consideraciones que nos ofrecen un mejor panorama al respecto.

Bibliografía (utilizada para este resumen)

Adams, M. (2011). Modularity, Theory of Mind, and Autism Spectrum Disorder, Philosophy of Science, 78, 763-773.

Carruthers, P (2006). The architecture of the mind: Massive modularity and the flexibility of thought. Oxford, England: Clarendon Press.

Cosmides, L., & Tooby, L. (1992). Cognitive adaptations for social exchange. En J. Barkow, L. Cosmides & J. Tooby (Eds.), The adapted mind: evolutionary psychology and the generation of culture (pp. 163-228). New York, NY: Oxford University Press.

Cosmides, L., Tooby, J., Fiddick, L., & Bryant, G (2005). Detecting cheaters. Trends in cognitive science, 9, 505-506.

Dehaene, S., & Cohen, L (1995). Two mental calculation systems: A case study of severe acalculia with preserved approximation. Neuropsychologia, 29, 1045-1074.

Ermer, E., Guerin, S., Cosmides, L., Tooby, J., & Miller, M (2006). Theory of mind broad and narrow: Reasoning about social exchange engages ToM areas, precautionary reasoning does not. Social Neuroscience, 1, 196-219.

Fodor, J. (1983). The modularity of mind: An essay on faculty psychology, Cambridge, MA: MIT Press.

Machery, E (2007). Massive modularity and brain evolution. Philosophy of Science, 74, 825-838.

Mithen, S (1996). The prehistory of mind: a search for the origins of art, religion, and science, London, England: Thames and Hudson.

Parsons, L., & Osherson, D (2001). New evidence for distinct right and left brain systems for deductive versus probabilistic reasoning. Cerebral Cortex, 11, 954-965.

Patterson, L., & Kay, J (1982). Letter-by-letter reading: Psychological descriptions of a neurological syndrome, Quarterly Journal of Experimental Psychology, 34, 411-441.

Pinker, S (1994) The language instinct: how the mind creates language. New York, NY: HarperCollins Publishers.

Sperber, D. (2002). In defense of massive modularity. En I. Dupoux (Ed.), Language, Brain, and Cognitive Development (pp. 47-57). Cambridge, MA: MIT Press.

 

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