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Conferencia: Trabajo y evolución

2 de septiembre, a las 13:00 horas (México), 2015.

Dr. Joao Quartim Moraes
Profesor y colaborador de Unicamp
Investigador de CNPq

Dos grandes síntesis teóricas proponen explicar la antropogenesis: La filiación del hombre (Darwin, 1871), que atribuye al desarrollo combinado de la capacidad cerebral y de los “instintos sociales” el surgimiento de la simpatía y de otros sentimientos morales que llevaron a la civilización y El papel del trabajo en la transformación del macaco en hombre (1876), para el cual el factor decisivo de la hominización ha sido la conexión evolutiva de la mano con el cerebro en el proceso de trabajo.

Las dos explicaciones no son incompatibles. Ambas se apoyan en los factores más decisivos de la hominización. Pero Darwin no ofrece una explicación específica para la formidable aceleración diferencial del desarrollo de los hominideos comparado al de los demás grandes primates. Sin duda decisiva, la ventaja evolutiva de la capacidad cerebral, considerada aisladamente, no explica el carácter exponencial de su aumento en el homo. La explicación debe ser buscada en la sinergia del cerebro con la transformación de las manos en “instrumento de los instrumentos” y en la de esta con la plena adquisición de la bipedia, la cual, posibilitando el descenso de la faringe y la extensión de la laringe, ha liberado las condiciones anatómicas de la adquisición del lenguaje articulado. Esta transformación ha estimulado la producción de herramientas, que presupone la memorización de técnicas inseparables del dominio de un vocabulario elemental.

La correlación complexa de los principales hechos constitutivos de la historia natural del homo confirma la tesis marxista de su autoproducción por el trabajo. La nomenclatura biológica forjada por Lineu en el siglo XVIII ha consagrado la formula, demasiado optimista, homo sapiens para definir el lugar del hombre en el gran árbol de la vida, pero data venia, la fórmula de Benjamin Franklin tool-making animal, nos parece más adecuada.

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