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CANTO A LA VIDA, FILOSOFÍA DE LA ESPERANZA

CANTO A LA VIDA, FILOSOFÍA DE LA ESPERANZA

De Vicente Lombardo Toledano

Los hombres podrían vivir sin el recuerdo, pero les sería imposible la existencia sin el concepto de futuro. El pasado es historia, lo que quedó atrás para no volver. El porvenir es vida que ha de vivirse. De esta convicción nace la esperanza.

VLT4Sólo quienes renuncian a la vida real, a las relaciones dinámicas con la naturaleza y con sus semejantes, a la convivencia, al progreso común, al bienestar material y a la elevación del espíritu, como tareas sustanciales del hombre, sitúan el futuro en otra vida, forjada por su desesperación o su ignorancia. En su impotencia entregan su suerte a las creaciones de la fantasía o a la urgencia del milagro. Pero los que aceptan las facultades ilimitadas de la razón para el conocimiento y para el logro de la perfección humana, coinciden con Erasmo de Rotterdam, el precursor de nuestra época, al afirmar que nada puede haber más dulce y más precioso que la vida.

Los que aman apasionadamente, sin embargo, especialmente los jóvenes, que nunca son la repetición de la generación de la cual provienen, sino fuerza nueva con aspiraciones propias e ideales de cambio, se encuentran a veces con el camino hacia el porvenir lleno de niebla, que les oculta la meta y lleva a su ánimo el desaliento, la duda o el deseo de fugarse prematuramente de la realidad. Entonces la esperanza deja de impulsarlos.

En el mundo occidental, heredero directo del humanismo clásico, del Renacimiento, de la Ilustración, de los grandes descubrimientos geográficos, de los hallazgos fundamentales de la ciencia, del primer desarrollo impetuoso de la industria, se halla obstruida la ruta hacia el futuro para millones de seres humanos y para la juventud, que ha perdido la esperanza en sí misma. Este hecho es el más dramático de nuestro tiempo, que obliga a una honda y serena reflexión para esclarecer el panorama y limpiar de sombras la perspectiva.

En dos principios esenciales se apoya la ciencia de la sociedad humana: en la evolución ininterrumpida de la vida social y en la desigualdad de su desarrollo. Otros dos principios complementan los primeros: la evolución histórica es progresiva; el atraso social no es signo de inferioridad, sino de simple posesión de los instrumentos del progreso.

Cuando la tribu azteca fundó Tenochtitlan, en el año 1325, vivía aún dentro del régimen del comunismo primitivo, porque las fuerzas productivas de que disponían eran tan exiguas que sólo trabajando todos sus componentes en común podrían satisfacer, en parte, las necesidades biológicas elementales de la sociedad. Desconocía el hierro, la rueda, los animales de tracción. El equipo de trabajo a su alcance era la piedra pulida. En cambio, en Asia, desde el año 2000 antes de Cristo, el caballo era ya un auxiliar del hombre. El carro de dos ruedas se hallaba en uso en el Cercano Oriente, veintiocho siglos antes de que los aztecas se asentaran en el Valle de México, lo mismo que el hierro. Pero cuando los europeos estaban agrupados aún en tribus bárbaras, en China ya se producía acero de la mejor calidad. Hoy, en plena edad atómica, en algunas regiones de África existen agrupaciones sociales anteriores al periodo de la esclavitud, mientras que los antiguos grupos nómadas del norte de Siberia, de los más atrasados del globo hasta antes de la Primera Guerra Mundial, saltaron, en menos de medio siglo, de la barbarie al régimen socialista, sin haber pasado por la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. Todo esto demuestra el desarrollo desigual de la evolución histórica, lo mismo que el carácter progresivo de la vida social, porque no sólo no se ha dado el caso de que una comunidad humana haya regresado al estadio anterior en el curso de su devenir, sino que el avance, en circunstancias especiales se realiza a saltos.

En el terreno de lo que llamamos cultura, por el contrario, como lo prueban las obras superiores del arte, expresión suprema del pensamiento y de la sensibilidad, los hombres alcanzaron desde los tiempos remotos, a pesar de su instrumental rudimentario, niveles comparables a los de nuestra época, por su perfección y su sentido trascendental de la vida. Las esculturas del antiguo Egipto no son inferiores a las mejores de hoy, lo mismo que las que ornamentan los viejos templos de la India o las que cubrieron de gloria la Atenas del siglo de Pericles. Y otro tanto se puede decir de la arquitectura monumental de los toltecas y los mayas, de los hindúes, los chinos y los romanos, y de la literatura, que desde las “odas” recogidas por Confucio, muchos siglos antes de nuestra era, hasta las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, guardan parangón con las obras de Cervantes, Shakespeare y Goethe, y de otros inmortales modernos.

¿Qué es, por tanto, lo que hace perder la esperanza, si en todos los hombres ha habido siempre la conciencia de su señorío, de su fuerza creadora, de su posibilidad de elevación?

Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades. En la Edad de Oro y la Edad de Plata, que siguió después, los hombres vivían felices. Nadie se servía de sus semejantes. La tierra producía para todos. Pero en la Edad de Bronce la tierra dejó de pertenecer a la comunidad. Surgieron las querellas, causadas por la propiedad individual, y en la Edad de Hierro, la última, el crimen se desbordó por todas partes, y la vida de los hombres empezó a ser miserable y dura. Ese mito encierra el verdadero contenido del proceso histórico. La apropiación individual de los medios para producir los bienes que sustentan la vida colectiva, divide a la sociedad en clases antagónicas por sus intereses materiales, que engendran puntos de vista también opuestos en la manera de juzgar las distintas manifestaciones de la existencia. Llega un momento en que la contradicción es tal, que los oprimidos se sublevan y cambian el régimen imperante. Ese fue el papel hermoso y heroico que realizaron: el cristianismo, cuando fue religión de esclavos; los siervos de la gleba y los grandes pensadores y artistas partidarios de la libertad y de la vida plena, contra los señores feudales; los ideólogos del racionalismo y los burgueses, contra el estancamiento del saber, de la investigación y del progreso, protegido por los monarcas y sus cortes de parásitos; y, hoy, el proletariado contra la dictadura de la burguesía, que impone a la mayoría de la sociedad la miseria, la opresión política y formas antirracionales del pensamiento.

Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades.

Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades.

Dentro de la sociedad basada en la propiedad privada de los instrumentos de la producción, las clases sociales que se levantan contra la injusticia y el embotamiento intelectual son revolucionarias mientras destruyen lo que debe morir; pero andando el tiempo se convierten, a su turno, en fuerzas negativas, defraudando a las masas populares, porque tienen intacta la estructura económica de la sociedad, que sólo beneficia a la clase propietaria. Por eso hoy la clase dominante en el mundo occidental se vuelve contra los principios y los objetivos que hicieron posible su ascenso, porque no puede admitir que el régimen capitalista sea transitorio. Niega las leyes de la evolución y proclama el quietismo social. Declara que la razón es incapaz de descubrir la esencia de las cosas y que sólo los fenómenos del mundo material están sujetos a leyes cognoscibles. Divide arbitrariamente lo que existe en sectores impenetrables los unos en los otros, para abrir la puerta al “soplo divino” como explicación de la conciencia. Para contribuir a matar la esperanza en una sociedad en la que todos vivan sin temor, satisfechas sus necesidades biológicas y culturales y con la seguridad de que cada quien podrá superarse sin obstáculos, de acuerdo con su propia vocación, calumnia al socialismo, llamándolo infierno. Pero como la contradicción congénita al régimen capitalista se ahonda y nadie olvida los tiempos luminosos que, desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, hicieron posible el cambio de los valores negativos por nuevos valores que el entendimiento produjo, ensanchando el horizonte de la humanidad, crea las filosofías de la agresión y del encierro religioso, las tesis de la intuición mística, de la náusea ante el futuro o de la acción sin razonamiento previo, para detener inútilmente el cambio social, ya realizado en la mitad de la Tierra.

La esperanza se apoyó durante siglos incontables en la impotencia del hombre frente a la naturaleza hostil y a la injusticia de los menos, renunciando a la vida. Ahora la naturaleza ya no es la que domina al hombre, sino éste el que se sirve de la naturaleza para subir hasta el espacio sideral infinito, y la injusticia social puede liquidarse para crear una verdadera Edad de Oro, en que el trabajo sea un placer y un honor, y el único combate consista en el desafío fraternal para llegar a la cumbre de la perfección.

En Siempre!La juventud del mundo nuevo ha encendido para todos los jóvenes del planeta la luz que conduce a la mayor felicidad posible. Trabaja con alegría desconocida. De la tierra, de las aguas y del viento obtiene riquezas incontables. Multiplica los medios técnicos para que el esfuerzo humano se convierta en simple guiador de las máquinas. Cuida de la salud y prolonga la vida de la especie. Todos los días reduce el campo de lo desconocido, y en los laboratorios y en la discusión colectiva que preside el arma de la inteligencia, llega hasta donde antes empezaba el misterio. En pocos años más creará artificialmente las células vivas y podrá ayudar entonces a la selección de las mejores cualidades humanas, para que sean las únicas que perduren. Su vitalidad se ensancha en tal forma, que el arte brota con vigor de los más humildes, sin más patrimonio espiritual hasta ayer que el de las lágrimas.

La esperanza renace. Esta vez para siempre. Para no volver a huir hacia la promesa de una vida que no existe, sino para que los hombres, en coro gigantesco, eleven el canto de la victoria.

 

Publicado en la revista Siempre!, num. 317, México, D.F., 22 de julio de 1959.

2 Responses to "CANTO A LA VIDA, FILOSOFÍA DE LA ESPERANZA"

  • Martha Elvia García García
    31/07/2015 - 11:14 am Reply

    Pensadores excepcionales, revolucionarios completos del mayor nivel, como el maestro Lombardo, como José Martí, como el propio Carlos Marx, tuvieron la virtud de explicar científicamente la realidad con un lenguaje revelador y bello a la vez, creando poesía, como extraordinario manantial de agua pura y cristalina, diáfano y profundamente vivificante y encantador.

  • Leodegario Rubio Millan
    13/05/2016 - 11:39 am Reply

    Excelso el lenguaje del Maestro Vicente Lombardo Toledano, producto de su sabiduria

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