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La Condecoración del Combatiente

La Condecoración del Combatiente

Por Emilio García Bonilla

Diploma de la condecoración.

Diploma de la condecoración.

El 28 de febrero de 1946 le fue entregada a Vicente Lombardo Toledano la Condecoración del Combatiente, otorgada por un grupo de personalidades destacadas en la ciencia, el arte y la cultura de nuestro país.

Al ser el más decidido dirigente del movimiento obrero en el continente y encabezar la lucha antifascista desde la Confederación de Trabajadores de América Latina, Lombardo fue víctima de una campaña de calumnias y ataques realizada a través de la prensa reaccionaria, intensificada durante el último año de la Segunda Guerra Mundial.

El homenaje nacional que le rindieron las mujeres y los hombres más sobresalientes en sus ámbitos de acción en ese momento, sirvió de reconocimiento “a la devoción de toda una vida dedicada a defender a los trabajadores y a su patria, que crean con su esfuerzo los bienes innumerables de nuestra civilización”.[1]

Los otorgantes señalaron las razones por las que Vicente Lombardo Toledano había merecido dicha condecoración:

Primero. Como justo reconocimiento a sus esfuerzos en defensa de la patria, en contra de sus enemigos del interior y del exterior.

Segundo. Por ser y haber sido, por ese motivo, el mexicano más calumniado por los órganos de la prensa representativos de la regresión social y política del país.

Tercero. Porque consideramos que es de nuestra incumbencia, dadas las actividades que representamos, pronunciarnos por la verdad, por la justicia, y por el decoro, y

Cuarto. Porque creemos necesario estimular a quienes se signifiquen por su labor civil, arrostrando las diatribas y las calumnias sólo por servir a la más noble de las causas posibles.

La revista Futuro, al referirse a tan significativo acto, expresó: “Lombardo Toledano representa al intelectual verdadero, al hombre cuya preocupación no lo lleva a la torre de marfil, sino a la lucha apasionada para cambiar el mundo. Es un auténtico creador del futuro, nacido del presente de luchas y de esperanzas. Quienes le atacan –con armas que establecen su enana estatura moral– representan un pasado condenado definitivamente a desaparecer. Las fuerzas vivas, las fuerzas de la inteligencia –una de las mayores potencias de la historia– y las fuerzas del trabajo que transforman el pensamiento en obras perdurables– están con Lombardo Toledano”.[2]

Martín Luis Guzmán

Martín Luis Guzmán

El escritor Martín Luis Guzmán fue el encargado de pronunciar el discurso en la ceremonia de entrega, que definió como un acto para “defender la dignidad y la vergüenza de nuestro país; por cuanto se refiere al hombre objeto de este homenaje, nuestro acto es el reconocimiento y la exaltación de una conducta que merece ser imitada, de una conducta ejemplar; y desde el punto de vista de la vida pública de México, es esta una lección de civismo que se da a aquellos que, teniendo en sus manos los instrumentos para orientar la opinión del país, no hacen sino desfigurarla y desvirtuarla”.[3]

Los dueños de la opinión no habían podido evitar que se congregaran tantas personas dispuestas a desafiar, “exactamente en la misma proporción en que ha estado desafiándola Lombardo Toledano desde hace mucho tiempo, la ira y el encono de que ellos son capaces”. Martín Luis Guzmán dijo que con su presencia daban una prueba de valor, “nosotros, cuyos nombres figuran en una lista, nosotros que no nos ocultamos, que queremos ser ofendidos, denigrados y calumniados del mismo modo que se ha denigrado, calumniado y ofendido a Vicente Lombardo Toledano”. Mencionó además que todos los firmantes constituían la más alta autoridad moral de la República Mexicana.[4]

Lombardo, al agradecer la deferencia, reconoció que ese acto era una compensación muy generosa a la humilde labor realizada al servicio de la clase trabajadora y de su pueblo:

Este homenaje me llena de estímulo para seguir luchando con mayor vigor que nunca. Pero en realidad yo lo he aceptado porque sé lo que significa; porque yo soy el pretexto para una comparecencia de los mejores valores del pensamiento, de los hombres y mujeres dedicados a la ciencia y a las artes, para decirle al pueblo mexicano que están con él, que interpretan sus enormes sufrimientos, que respaldan sus ideales y que están decididos a luchar por su cumplimiento cabal.[5]

Señaló que la prensa no podría manchar el nombre de tantos hombres y mujeres como los congregados, porque no eran personas improvisadas en el arte, la cultura, la ciencia y el pensamiento, sino que contribuían a dar lustre a nuestra nación. Como grandes mexicanos, trataban de servir a su país y servir a la causa de la cultura universal: “Los héroes no son los que una vez lucharon por la independencia de un país, sino todos los que están construyendo de día en día, bienes colectivos, no sólo con las armas, sino también con el pensamiento, en todas las formas de la actividad creadora”.[6]

Consideró que convenía que no fueran sólo unos cuantos los combatientes anhelantes de un mejor país, sino que cada día aumentaran: “Que no seamos unos cuantos los que peleamos, que todos los hagan desde el punto de vista de su actividad […] cada quien, por humilde que parezca, dará una aportación de importancia la vida futura, a la libertad futura de nuestra patria”.[7]

Lombardo manifestó que recibía esa distinción en nombre del pueblo mexicano, al asumirse como un vínculo entre éste y el estado mayor de la inteligencia y de la cultura superior del país.

Firmaron el diploma de la condecoración las siguientes personalidades.

Científicos: Dr. Manuel Sandoval Vallarta, Ing. Joaquín Gallo, Luís Enrique Erro, Dr. Isaac Ochoterena, Lic. Alfonso Caso, Lic. Salvador Toscano, Dra. Eulalia Guzmán, Lic. D. Rubín de la Borbolla, Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán.

Escritores: Lic. Alfonso Reyes, Dr. Enrique González Martínez, Martín Luís Guzmán, Lic. Antonio Castro Leal, José Iturriaga, Ermilo Abreu Gómez, José Mancisidor, Lic. Rafael López Malo, José Revueltas, Andrés Henestrosa, Enrique Ramírez y Ramírez, Ludwing Rehn, Anna Seghers, Juan Rejano, Efraín Huerta, Germán List Arzubide, Jesús R. Guerrero, Carlos Velasco, José Rogelio Álvarez, Fernando Rosenzweig, Antonio Prieto, Gonzalo Beltrán Luchichi.

VLT y Diego Rivera

VLT y Diego Rivera

Artistas: David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Carlos Chávez, Luís Sandi Meneses, Dolores del Río, José Pablo Moncayo, “Tata Nacho”, Leopoldo Méndez, Raúl Anguiano, Carlos Orozco Romero, Gabriel Fernández Ledesma, Julio Prieto, José Chávez Morado, Luís Arenal, María Izquierdo, Nelly Campobello, Jesús Guerrero Galván, Miguel Covarrubias, Julio Bracho, Agustín Tinoco, Gabriel Figueroa, A. Bracho, Fernando Gamboa, Carlos Mérida, Xavier Guerrero, Federico Canessi, Manuel Márquez, Manuel Álvarez Bravo, Alfredo Zalce, Alfonso Guillén Zelaya, Pablo O’Higgins, Isidoro Ocampo, Ignacio Aguirre, Hermanos Mayo, Federico Silva, Joel Marroquín, F. Bustos Cerecedo.

Intelectuales y profesionistas: Dr. Daniel Cosío Villegas, Ing. Adolfo Orive, Arq. Carlos Obregón Santacilia, Ing. José Domingo Lavín, Lic. Alfredo G. Uruchurtu, José López Moctezuma, Profr. Gaudencio Peraza, Profr. Manuel Germán Parra, Profr. Antonio Betancourt Pérez, Elvira Vargas, Gral. e Ing. R. Catalán Calvo, Lic. Guillermo Ibarra, Lic. Alejandro Carrillo, Manuel O. Padrés, Rosendo Gómez Lorenzo, Dr. Alfonso Millán.

Dirigentes políticos: Fidel Velázquez, Dionisio Encina, Senador Fernando Amilpa, Diputado y consejero de la CTAL Juan Vargas Puebla.

 


[1] “La condecoración del Combatiente otorgada a Vicente Lombardo Toledano”, en revista Futuro, núm. 109, México, marzo de 1946.

[2] Idem.

[3] Martín Luís Guzmán, “El homenaje a Vicente Lombardo Toledano, la mayor condena a la prensa facciosa y antimexicana”, 28 de febrero de 1946, en Vicente Lombardo Toledano y la batalla de las ideas. Testimonio de intelectuales, México, CEFPSVLT, 2005: pp. 105-109.

[4] Idem.

[5] VLT, “Condecoración del Combatiente a Vicente Lombardo Toledano”, 28 de febrero de 1946, en Obra Histórico-cronológica, Tomo IV, Vol. 18, México, CEFPSVLT, 2000: p. 161.

[6] Ibid.: pp. 162, 170, 172.

[7] Ibid.: p. 174.

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