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Un recorrido de la antropología física hacia una antropología biológica…

Un recorrido de la antropología física hacia una antropología biológica…

Por Bernardo Yáñez

El Siglo XIX se destacó, entre otras cosas, por un despegue importante de los estudios científicos. Particularmente en Inglaterra y Francia los estudios antropológicos tomaron fuerza dada su condición de países colonizadores y el encuentro constante con la otredad. En ese contexto fue la antropología física la disciplina que se encargó de analizar y comparar la diversidad biológica de los seres humanos en las distintas poblaciones. Esta rama de la antropología recuperó modelos y técnicas de otras disciplinas al mismo tiempo que consolidó las propias. Fueron la osteología y la antropometría las metodologías principales que se utilizaron para estudiar la variabilidad del cuerpo humano. En la presenta entrega haré un recuento brevísimo –una visión personal, no exenta de errores y polémica­– de tres etapas fundamentales de ésta corriente de pensamiento: En primer lugar, i) El origen, ubicados en el siglo XIX daremos una mirada rápida al surgimiento de esta tradición de pensamiento. En segundo término, ii) se revisará el surgimiento de La Nueva Antropología Física [1], vista como el tránsito de una técnica científica hacia la profesionalización y consolidación de una disciplina científica. Por último, iii) El Auge de La  Antropología Biológica, el momento actual de esta perspectiva que destaca como horizonte epistemológico para el estudio integral de la evolución humana. Es importante señalar que aun cuando algunas líneas de estudio de la antropología física no requieren de la utilización de la teoría evolutiva como marco teórico no se puede soslayar su indispensabilidad como una herramienta crucial en el estudio de la variabilidad y del comportamiento humano.

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Los primeros estudios enfocados desde la antropología física fueron realizados con una perspectiva puramente descriptiva. Se llevaron a cabo mediciones y observaciones que establecieron las diferencias morfológicas, conductuales, e incluso, intelectuales de los diferentes grupos humanos. Cabe destacar que dichas diferencias siempre tuvieron al hombre caucásico como ideal y como punto de referencia. Esta forma de comprender la diversidad humana fue parte de la herencia de un pensamiento tipológico en el cual la descripción precisa de los rasgos constitutivos de los seres vivos era fundamental para su ulterior clasificación; en donde el hombre blanco se acercaba indiscutiblemente, y por encima de las demás poblaciones, a ese tipo idealizado. En este contexto puede hablarse de un interés raciológico de la naciente antropología física. Es decir, el objetivo principal del estudio de las diferencias individuales tenía un claro enfoque jerárquico que justificaba el trato diferencial de las personas según su condición étnica. Es curioso que coincidentemente con la aparición de este tipo de estudios durante el siglo XIX aparecieran también los primeros restos fósiles –probablemente ancestrales a la especie humana. No obstante tendrían que pasar algunos años para que estas ideas tuvieran cabida en el ámbito científico.  Dicho de otra manera, la aparición de restos fósiles como el famoso espécimen neandertal del Valle de Neander no se consideró en ese momento un ancestro de los humanos, sino simplemente un ser humano antiguo; probablemente un Cosaco perdido en las inmediaciones del Rio Rhin.

Así, esta primera etapa de la antropología física es importante porque da lugar a su consolidación, sin embargo,  es necesario señalar el sesgo ideológico de su práctica, la limitación de sus técnicas de análisis y el escaso aporte teórico de su quehacer. Con este breve recuento podemos establecer un periodo enfáticamente interesado en la taxonomía de las poblaciones humanas.

Sherwood L. Washburn (1911-2000)

La segunda fase fundamental en este escueto recorrido histórico es el de La Nueva Antropología Física [1]. Sherwood Washburn considerado por algunos como el padre de la antropología física –al menos en Estados Unidos– es el personaje que marca un antes y un después en esta tradición epistemológica. Este importante investigador tuvo la claridad para proponer un estudio integral del ser humano. Son tres elementos los que sobresalen. Su estrecha relación con algunos de los más importantes investigadores involucrados en el pensamiento evolucionista –como Mayr y Dobzhchansky­–, de la primera mitad del siglo XX, le permitieron visualizar la importancia de este enfoque para el estudio de la evolución humana. Es clara la influencia de la Síntesis Moderna en el pensamiento de Washburn y en esta propuesta de una nueva manera de hacer antropología. Por otra parte, su mentor Ernest Albert Hooton, le mostró la pertinencia de estudiar a los primates no humanos como una ventana para el estudio de los seres humanos; la observación del comportamiento primate era básico para comprender la conducta humana. Por último, su formación fuertemente involucrada con la perspectiva antropológica llevaron a la sugerencia de incorporar las cuatro disciplinas antropológicas en el análisis del proceso de humanización. Es decir, la incorporación de la etnología, la lingüística, la arqueología y el estudio físico del hombre [1] como requisito para una comprensión adecuada de este proceso de la historia natural.

El cambio de enfoque entonces perpetrado por Washburn, de una simple técnica de análisis a una disciplina científica con presupuestos y asunciones teóricas propias, dio lugar al nacimiento de La Nueva Antropología Física. Además del rompimiento con la primera fase de la antropología física –sobre todo en términos técnicos y teórico-metodológicos­– otro elemento a destacar en este marco tiene que ver con la herencia académica de Washburn. Kelly y Sussman [2] realizaron un análisis genealógico de los primatológos de campo de los Estados Unidos y encontraron que, de alguna u otra manera, todos son herederos de la escuela Washburiana de antropología y más concretamente de primatología.

Por último, daremos lugar a una mirada actual de la antropología física. Siguiendo algunas directrices de pensamiento modernas, como la de Agustín Fuentes, es necesario repensar el marco teórico necesario para el estudio de la variabilidad biológica y del comportamiento humano; particularmente de su evolución y desarrollo. En un trabajo reciente Fuentes [3] llama a la formulación de una ‘nueva síntesis’ de la síntesis. Es decir, no basta con darle un sentido evolutivo al estudio de las poblaciones humanas restringidas al marco explicativo del neodarwinismo.

9780078117008Particularmente para el estudio de la cultura y su evolución se requieren de herramientas epistémicas complementarias para dar cuenta de los diversos procesos complejos de los humanos. Herramientas conceptuales procedentes de la biología evolutiva del desarrollo (evo-devo) tales como: herencia epigenética o construcción de nicho; o propuestas desde la psicología del desarrollo como la Teoría de Sistemas en Desarrollo muestran un poder explicativo más eficaz que la perspectiva panseleccionista. En ese sentido, el llamado de Fuentes a una reorientación de enfoque se inserta en el terreno de la discusión filosófica de un cambio de paradigma en el estudio de la evolución humana y de la antropología física. El debate se articula  justamente en este tenor: mientras que para algunos esta nueva visión no representa sino el complemento necesario para robustecer el marco seleccionista, en donde la importancia de los genes marca la diferencia. Para otros, en cambio, esta integración de nuevas categorías, como las antes mencionadas, representa efectivamente un rompimiento epistémico y metodológico.

Con ello en mente, se puede considerar esta tercera fase fundamental de la antropología física  -en mi opinión- como el surgimiento verdadero de la Antropología Biológica. En otras palabras, estamos ante una ciencia social en donde se debaten y articulan los constituyentes biológicos y culturales de nuestra especie. Esta última oración quizá sea desafortunada para el marco que quiere presentarse aquí; es decir, uno de los principales aportes de una perspectiva bioantropológica, como la que aquí se ha intentado esbozar con algunos trazos, estaría por diluir aquellas explicaciones que asumen una dicotomía ontológica entre naturaleza y cultura. Es eso lo que se pretende mostrar, no obstante las limitaciones del lenguaje, al menos en mí caso, me impiden expresarme de una manera más adecuada.

Termino señalando mi compromiso total con una antropología física o biológica incluyente, reflexiva y comprometida con su objeto de estudio. Considero necesario el debate en estos términos de nuestra disciplina. Y tal como cerrara Washburn en su clásico artículo de 1951 concluyo citándolo:

“No hay nada que hagamos hoy que no se hará mejor mañana” [1].

Referencias

[1] Washburn, S.L. (1951). “The New Physical Anthropology”. Tranastions of the New York Academy of Sciences. ser. 2. vol.13, p. 298-304.

[2] Kelly, E. y R. Sussman (2007). “An Academic Genealogy on the History of American Field Primatologists”. American Joornal of Physical Anthropology. vol 132. no. 3, p. 406-425.

[3] Fuentes, A. (2009). “A New Synthesis”. Anthropology Today. vol. 25. no. 3, p. 12-17.

 

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One Response to "Un recorrido de la antropología física hacia una antropología biológica…"

  • Salvador Eduardo García Yllescas
    16/10/2014 - 2:44 pm Reply

    Una disertación interesante sin duda, sobra la disculpa al final, al respecto de tu limitación en el manejo del lenguaje, a mí por lo menos me queda claro lo determinantes que suelen ser los contextos históricos para la transformación de teorías y pensamientos y lo trascendental que resultarían las mesas de análisis y diálogo y discusión para concebir y aterrizar la teoría en una práxis que logre hacernos entender o reestructurar nuestra condición humana y lo que la determina,necesario en una sociedad que su “evolución” (si es que podemos llamarle así) se deshumaniza y animaliza cada día más. Nos hemos vuelto sin duda, en una sociedad cada día más irracional,producto quizá de un ejercicio poco frecuente: la reflexión.

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