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Hacia un evolucionismo no reduccionista de la cognición. Aportes científico-filosóficos para una mirada singular del sujeto

Microsoft Word - P—ster Tercer coloquio de ciencias cognitivas.d

Tradicionalmente se entendieron las capacidades cognitivas humanas, como un rasgo diferencial de la especie para captar la realidad empírica y moral. Frecuentemente se involucraron marcos intencionalistas que hacían descansar tales capacidades en racionalidades externas, ideas y diversas formas de lo sobrenatural. Con el gran desarrollo de las ciencias y de la progresiva naturalización de la filosofía, esta manera de comprender la cognición fue modificándose y se instala fundamentalmente el modelo darwiniano. Éste sostiene que los rasgos de los organismos dependen fundamentalmente de variaciones azarosas que son seleccionadas por el mecanismo de Selección Natural, del que depende la adaptación de éstos al ambiente. Esta estrategia explicativa fue adoptada y radicalizada por quienes contemporáneamente son usualmente denominados neodarwinistas o adaptacionistas.

            La virtud clara e irrenunciable del adaptacionismo ha sido su compromiso naturalista en torno al origen de las capacidades cognitivas, la eliminación de causas sobrenaturales y la búsqueda de un marco explicativo afín al estado de las ciencias de la vida. Tal herramienta sigue utilizándose actualmente, aunque no sin la propuesta de incorporar algunas modificaciones, en vistas de una variedad de desarrollos científicos y filosóficos, presentes y pasados, que dan razones para esto.

            Aquí abogo precisamente por la necesidad de dar lugar a esta revisión. Considerando imposible obviar el marco explicativo propuesto por las ciencias de la complejidad [García, 2006], afirmo que si bien la perspectiva adaptacionista puede ser de valor para la explicación de ciertos fenómenos evolutivos; esto no hace que sea de utilidad para explicar todo lo que ocurre a nivel de los organismos. Fundamentalmente, mi trabajo se compromete con quienes afirman la necesidad de revisar la unidireccionalidad y el reduccionismo propio de las explicaciones estrictamente externistas, buscando devolver el valor perdido en la lógica externista de explicación de la vida orgánica individual a los elementos singulares producto del desarrollo y la experiencia [Godfrey Smith, 1996; Varela, et al.: 1992]. Esta modificación involucra, por una parte, una complejización de los modelos explicativos naturalistas suponiendo un cambio en la lógica misma de estudio de la vida orgánica -en nuestro caso, en el estudio de los sujetos y sus capacidades cognitivas- y, por otra, pero que se sigue de lo anterior, implica un cambio en la imagen misma de los organismos y su ambiente, en un sentido que considero que es indispensable asumir por las consecuencias que se siguen de estos planteos.

            Así, propongo que pese a su gran valor, las explicaciones adaptacionistas tienen que revisar algunos aspectos de su modelo explicativo[1], que es limitado sino inadecuado para el estudio de la cognición al menos por tres motivos. Uno, de índole principalmente epistemológica, refiere a la necesidad de incorporar niveles de análisis, conforme a la perspectiva de complejidad[2]. Otro motivo –aunque vinculado con el anterior- es que, al exigir una lógica estrictamente externalista, el adaptacionismo no da lugar en la explicación a las modificaciones internas y contenidos de los organismos más que como materia prima para la variación azarosa, lo que parece verse cuestionado por las investigaciones embriológicas: epigenética, canalización, etc. [v. Laland & O Brien, 2011]. El último aspecto que tenemos presente en nuestra crítica, aunque vinculado con los anteriores, destaca las consecuencias que se siguen de la perspectiva adaptacionista, esto es: la afirmación de un sujeto pasivo a las modificaciones ambientales. Al eliminar de las explicaciones los contenidos internos de los organismos y la propia experiencia, dando exclusiva importancia a los factores ambientales (entendidos a su vez como completamente diferente de los organismos), sigue poniéndose a un agente causal externo como causa de la acción orgánica. Esta fuerza externa ya no es, como en siglos pasados alguna fuerza sobre natural o divina, pero sigue siendo externa y frente a ella el organismo continúa comprendiéndose como pasivo.

            Sugiero que el naturalismo precisa distanciarse del extremo pendular en el que se situó en su esfuerzo por abandonar el sobrenaturalismo y que dicha posibilidad viene de la mano del restablecimiento de un espacio para lo interno: lo autoorganizativo, lo autopoiético [Maturana & Varela: 1973]. La (re)introducción de estos elementos, da lugar a la modificación de la lógica de investigación, a la vez que hace clara y explícita la relación co-construida entre sujeto-ambiente. Esta idea se encuentra presente no solo en variedad de corrientes contemporáneas, científicas y filosóficas que menciono en el trabajo, sino también en quienes durante el período de surgimiento mismo de las ciencias de la vida, marcaron la necesidad de prestar atención a estos elementos.

            Si son adecuadamente entendidos, a saber en un sentido materialista aunque no reduccionista, la apelación a factores internos –sistémicos- del desarrollo no sólo no involucra dejar de lado una perspectiva evolutiva sino que más bien ayuda a interpretar la teoría evolutiva de manera que sea de verdadera utilidad para el estudio de la cognición. Tal modificación implica una ampliación de las causas evolutivas aceptadas y modifica el núcleo básico del neodarwinismo. De todo ello se sigue además un cambio en las consecuencias filosóficas de tal planteo, modificación que es en sí necesaria y coherente con la aceptación de la perspectiva de complejidad ampliamente difundida en las ciencias.

            Las modificaciones referidas tienen que ver, entonces, con la valoración explícita de un modelo explicativo diferente. En relación con las características definitorias del pensamiento adaptacionista. En la propuesta que presento no se cuestiona la selección natural como una causa evolutiva, aunque se aceptan también otras causas de los fenómenos, como la construcción de nicho, la deriva génica, la pleitropía, etc. Se acepta la herencia genética, pero también epigenética, conductual y simbólica [Jablonka & Lamb, 2013]. Luego, afirmo que analizar los factores internos y su interrelación requiere otras herramientas: conceptos como co-construcción, autorregulación, co-dependencia; las que no son una mera sumatoria de elementos para una misma lógica de investigación, sino que modifica a ésta. Ya no se piensa unidireccionalmente, de externo a interno e incluso los límites entre estos “contrarios” se hacen menos claros. En tercer término, la variación, en este marco, no es aleatoria por completo, sino que se acepta cierto principio de correlaciones (ya previstas por Darwin) que involucran un cambio direccionado –canalización- en el que hay posibilidad de intervenir. Y finalmente, se acepta que no necesariamente un rasgo es óptimo.

            La revalorización del desarrollo y de la idea de plasticidad de los organismos adquieren un papel básico con el que los contenidos avanzados por las ciencias, tanto biológicas como neurofisiológicas, promueven cambios no sólo de contenido sino también metodológicos para ellas mismas y las ciencias afines.

[1] Véase en Pigliucci, M & Finkelman, L [2014] para ampliar la discusión en torno a la necesidad de modificaciones de la lógica interna de la Síntesis Moderna.

[2] Nos detenemos en esto, es decir, en la relación entre complejidad y evolución en Estrabou, C., Cruz, M. [2009]: “Evolucionismos y teoría de la complejidad” en Diego Letzen y Penélope Lodeyro (Eds.), Epistemología e historia de la ciencia. Selección de trabajos de las XIX Jornadas. Ed. Facultad de Filosofía y Humanidades. Vol. 15, 2009. pp.178-182.

Principales Referencias bibliográficas:

Day, Rachel; Laland, Kevin et al. (2003)             “Rethinking Adaptation. The niche-construction perspective”, en Perspectives in Biology and Medicine, volume 46, number 1 (winter 2003):80–95.

Estrabou, Cecilia & Cruz, Mariana (2009) “Evolucionismos y teoría de la complejidad” en Diego Letzen y Penélope Lodeyro (Eds.), Epistemología e historia de la ciencia. Selección de trabajos de las XIX Jornadas, Ed. Facultad de Filosofía y Humanidades. Vol. 15, 2009. pp. 178-182.

García, Rolando (2006) Sistemas complejos. Conceptos, método y fundamentación epistemológica de la investigación interdisciplinaria, Barcelona, Gedisa.

Godfrey-Smith, Peter (2001) “Three Kinds of Adaptationism”, en Orzack & Sober (eds.), Adaptationism and Optimality, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 335-357.

Hauser, Marc, D; Chomsky, Noam; Fitch, Tecumseh W. (2002) The Faculty of language: What is ti, Who Has It, and How Did It Evolve? Sience, vol. 298, 22 nov.

Lenoire, Timothy (1982) The Strategy of Life. Teleology and Mecanics in Nineteenth-Century German Biology, Chicago-Londres, University of Chicago Press, 1989.

Lewontin, Richard (1978) Adaptation, Scientific American, vol. 239, 212-228.

Lewontin, Richard (1983) The Organism as Subject and Object of Evolution, Scientia vol. 188, 65-82.

Lewontin, Richard (1998) “La evolución de la cognición:
preguntas que nunca responderemos”, en
Estudios de Epistemología, Instituto de Epistemología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán.

Maturana, Humberto & Varela, Francisco (1973-1994) De máquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo, Santiago de Chile, Editorial Universitaria.

Moya, Eugenio (2008) Kant y las ciencias de la vida, Madrid, Biblioteca Nueva.

Oyama, Susan, et al. (eds.) (2001) Cycles of Contingency: Developmental Systems and Evolution, Cambridge, MIT Press.

Varela, Francisco; Thompson, Evan; Rosch, Eleonor. (1992)   De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana, Barcelona, Gedisa.

Vox Keller, Evelyn. (2010) The Mirage of a Space between Nature and Nurture. Durham & London: Duke university press.

 

 

 

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