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Introducción del libro Lombardo y su influencia en la vida política de México

Introducción del libro Lombardo y su influencia en la vida política de México

Por considerarlo de interés, reproducimos las Introducción del libro “Lombardo y su influencia en la vida política de México”, que fue presentado en la XXXVI Feria Internacional del libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México, el 28 de febrero de 2015.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

INTRODUCCIÓN.

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Esta investigación tiene el propósito de dilucidar si el doctor Vicente Lombardo Toledano y sus ideas, sustentadas en la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, influyeron en el devenir de México, en sus transformaciones económicas, políticas y sociales durante la última mitad del Siglo XX y lo que va del XXI, en especial por cuanto a la actividad que el pensador político y brillante polemista desarrolló en el frente parlamentario y el trabajo que desplegaron, en esa misma palestra, sus discípulos y compañeros, considerando que la Tribuna del Congreso, por sí misma y por las repercusiones que puede alcanzar, constituye una arena fundamental para la batalla de las ideas. Y en caso de que la respuesta sea afirmativa, en qué contexto y en qué medida lo hicieron.

Por cuanto al periodo que comprende la investigación, se ajusta al que va de 1948, año en que surge el Partido Popular a la vida pública, a 1994, último en que participa en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, aunque también se establece el entorno histórico y se reflexiona sobre lo sucedido antes y después de las fechas señaladas.

La estructura de este trabajo está organizada en cuatro capítulos. El primero se dedica al análisis de las ideas de Lombardo Toledano sobre la política en general y, en particular, sobre la política revolucionaria entendida como “la ciencia de la transformación de la realidad de manera progresiva, la disciplina que interpreta la realidad cambiante para hacerla mejor”[1], como el propio dirigente la definiera. En el mismo capítulo se analizan asimismo, a la luz de la filosofía marxista, las concepciones que el fundador de la Confederación de Trabajadores de México y del Partido Popular enarboló respecto del objetivo inmediato que los luchadores revolucionarios deberían proponerse en México y sobre la estrategia y la táctica idóneas para transformar nuestra realidad en una superior, confrontando sus enfoques con los de organizaciones y líderes que, asumiéndose también como marxistas, sin embargo diferían de manera profunda respecto de las que sostuvo Lombardo. Se examinan también el programa y los instrumentos para la liberación de nuestro país respecto del imperialismo, apartado que incluye la función que, de acuerdo con su fundador, correspondería al partido político de referencia, mismo que, dentro del lapso 1948-1994, tuvo dos nombres: primero, Partido Popular, y más tarde Partido Popular Socialista.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Daniel Solorio Ramírez, Belisario Aguilar Olvera. Presentación de Libro LOMBARDO Y SU INFLUENCIA EN LA VIDA POLÍTICA DE MÉXICO. FILPM XXXVI.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Daniel Solorio Ramírez, Belisario Aguilar Olvera. Presentación de Libro LOMBARDO Y SU INFLUENCIA EN LA VIDA POLÍTICA DE MÉXICO. FILPM XXXVI.

El segundo capítulo se dedica al tema de la estructura económica de la sociedad mexicana a mediados del siglo XX. En él se abordan las concepciones del político y pensador revolucionario sobre la vía para desarrollar las fuerzas productivas nacionales con independencia y progreso social, confrontando sus ideas con las que impulsaban los ideólogos del capital transnacional y la burguesía interna ligada a éste. Asimismo, se evidencian el origen y las causas de la intervención estatal mexicana en el ámbito de la economía. Se examina este intervencionismo y se comprueba que su naturaleza no es semejante, sino inversa al que postuló el célebre economista británico John Maynard Keynes. También se aborda, como cuestión ilustrativa, la estrategia obrera que condujo a la nacionalización petrolera.

En este mismo capítulo se analiza el carácter contradictorio que tuvo la evolución de nuestra economía por cuanto a la participación en ella del Estado, que tuvo una tendencia intervencionista durante décadas dominante, y se aspira a dilucidar cuál fue la influencia de Lombardo y sus ideas en esa tendencia que se expresó, entre otros hechos, en la nacionalización de ramas fundamentales de la economía nacional y de empresas relevantes; se examina, entre otros, el caso de la Industria eléctrica. Además, se aborda con amplitud la trascendente iniciativa de Lombardo para adicionar la Constitución con un nuevo capítulo en materia económica, y se da seguimiento a la evolución del debate que se produjo sobre ésta en el seno del Parlamento y fuera del mismo.

Cúpula del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. El Maestro, obra de Orozco.

Cúpula del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. El Maestro, obra de Orozco.

El mismo capítulo se propone hacer evidentes las principales tendencias económicas a partir de la década de los setentas, y su coincidencia con el momento histórico en que se agudiza el debate teórico y político sobre el camino económico de México, iniciado por Lombardo. Con ese objetivo, se analizan las tendencias en materia de inversión pública y privada, inversión extranjera directa y deuda externa. También se examina la cuestión de la nacionalización de la banca, decretada por el gobierno de José López Portillo en 1982, y las secuelas que tuvo. Se estudia la etapa posterior en que se abandona la vía de la intervención del Estado, a partir de 1983, con la Reforma económica de Miguel de la Madrid, y, dentro de ésta, se dilucidan los conceptos de Rectoría del Estado, Renovación moral y Planeación económica. Igualmente, se analiza la privatización de la banca, puesta en marcha en el sexenio delamadridista, primero de manera furtiva, cuando apenas habían transcurrido dos meses del momento en que se decretó su nacionalización, y más tarde ya con descaro. El capítulo se ocupa también del proceso general de privatizaciones que arrancó entonces, y se aborda el asunto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN.

En todos estos asuntos, como ya se dijo, se tiene como objetivo dilucidar y documentar la influencia del maestro Lombardo Toledano y su partido en los cambios registrados, a partir de su actividad sobre todo en el frente parlamentario.

El tercer capítulo se ocupa de la superestructura política y examina cuestiones vinculadas con la democracia política; la Reforma del Estado y los Poderes de la Unión, entre otros. Dado que en las últimas décadas se puso de moda hablar de un supuesto tránsito de un régimen autoritario a la democracia en México, cuyo periodo de realización coincide con la puesta en marcha del neoliberalismo, que es intensamente antidemocrático, se emprende el análisis de éste, empezando por enmarcarlo conceptualmente y, además, se le pone en su contexto histórico y social, buscando desentrañar los nexos que existen entre lo que sucede en el ámbito de la política contemporánea y las luchas que libró nuestro pueblo en el pasado, destacando asimismo los vínculos de la política con la economía y con los ámbitos jurídico y social.

También se analizan, a la luz de las concepciones de Lombardo Toledano, las principales participaciones que los parlamentarios lombardistas sostuvieron a lo largo de catorce legislaturas de la Cámara de Diputados y, en el Senado de la República, en dos, con respecto de asuntos vinculados con la democracia y los derechos ciudadanos; con los procesos electorales; con los partidos y el sistema de partidos y con el sistema de representación. De igual manera, los que ligan la vida democrática con el derecho a la información y los relacionados con la reforma del Estado. Temas como el federalismo y la organización municipal; la seguridad nacional; los atributos y funciones de los Poderes de la Unión y las relaciones que vinculan entre ellos a dichos Poderes. Además, cuestiones como la soberanía nacional y la soberanía popular en sus distintos aspectos: soberanía económica, política, energética, alimentaria, y los vínculos de aquélla con la identidad cultural, el patrimonio histórico y el tema concreto de la democracia.

 Vicente Lombardo Toledano, pensador marxista y dirigente político de la clase trabajadora.

Vicente Lombardo Toledano, pensador marxista y dirigente político de la clase trabajadora.

Por cuanto a la formación, cultura e identidad nacional, se aborda el tema de las raíces de nuestra identidad, de las culturas indígenas y, en particular, de la cultura náhuatl. Asimismo, el de la necesidad de preservar nuestro patrimonio cultural, sobre todo en tiempos de la globalización neoliberal; se habla del Centro Histórico de la Ciudad de México y del patrimonio histórico submarino; de la identidad nacional y la formación del mexicano de nuestro tiempo; y bajo este rubro general, se exploran, en concreto, la reforma educativa y la revolución tecnológica; los temas de la educación, de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra; de las reformas de 1991 y 1992 al artículo 3° de la Carta Magna; de la formación de los educadores que México necesita, y de los medios masivos de comunicación y su interacción con la identidad cultural de los mexicanos.

El capítulo cuarto, por su parte, tiene como propósito contestar a la cuestión de en qué medida Vicente Lombardo Toledano y su pensamiento han influido en el devenir de México en el ámbito social. Se examinan, desde el punto de vista conceptual, los vínculos entre la democracia social, la democracia económica y la democracia política. También, las cuestiones relativas a los derechos sociales y las clases sociales. Se exploran los asuntos que tienen que ver con los derechos de la población indígena; el derecho al trabajo digno y socialmente útil; el derecho a la salud; la defensa del patrimonio ecológico como parte del derecho a un ambiente sano; el derecho a la educación; el derecho a la vivienda, y el problema del transporte urbano. En todos esos temas, se busca dilucidar la influencia de las de ideas de Lombardo, como ya se dijo, en los cambios registrados a partir de su actividad y la de sus seguidores, particularmente en el frente parlamentario.

También, con respecto de las cuestiones relacionadas con los derechos sociales de la clase obrera, como el contrato colectivo de trabajo de carácter obligatorio; la ampliación de la competencia federal en materia laboral; el derecho de huelga; la necesidad de mejorar la capacidad adquisitiva del salario; los salarios mínimos generales y profesionales y el salario remunerador; la perversión de la política de subsidios; la escala móvil de los salarios; los derechos de los trabajadores jubilados; la presunta caducidad del apartado B del artículo 123 de la Constitución, y de diversos aspectos de la seguridad social. Asimismo se abordan los derechos sociales de los campesinos, donde entran asuntos como la Reforma Agraria; el derecho de amparo en materia agraria; la explotación colectiva de la tierra; la Ley de Fomento Agropecuario; la Reforma de 1991 al artículo 27; la Ley Agraria, y la iniciativa para restituir las bases históricas del mismo artículo.

Enfoque metodológico.

El enfoque metodológico que se utiliza es el de la interconexión e interinfluencia de los diversos fenómenos de la sociedad. Según esta óptica, la economía y la política están indisolublemente vinculadas, de tal manera que los hechos de significación, las transformaciones y los cambios que se dan en una de estas esferas repercuten en la otra y viceversa. Lo mismo sucede con respecto a los ámbitos de lo social, lo jurídico y lo cultural, entre otros. Porque de todas estas disciplinas, ninguna está aislada de las demás, ni los movimientos que registran constituyen simples proyecciones ni reproducciones mecánicas, unas de otras. Lo que existe es una interacción recíproca común, de carácter complejo.[2]

El proceso de cambios que se da en el ámbito de lo político, de acuerdo con este método, es parte de una dinámica de conjunto, de un entrelazamiento con otras actividades sociales que son objeto de estudio de disciplinas tales como la economía, el derecho y la sociología. Por tanto, es necesario poner en su contexto general el proceso de los cambios que se vienen dando en las diversas esferas citadas, de la economía, la política y el ámbito de lo social, tanto en el plano nacional como en el internacional, dado que la influencia de las fuerzas externas y de la dinámica de los cambios producidos en la arena mundial, llega a alcanzar en ocasiones un influjo altamente significativo. Por lo que hace a este último factor, en el lapso comprendido en este trabajo (1949-1994), la arena internacional estuvo dominada primero y en su mayor parte por la llamada guerra fría, y más tarde por su desenlace y el periodo que se ha denominado de la posguerra fría, o de la globalización neoliberal. Las diferentes circunstancias de una etapa y otra han modificado notablemente la correlación de fuerzas en el planeta y, sin ser determinantes, sin embargo han incidido con gran fuerza en los acontecimientos internos en México, como también en otros países.

Me propongo asimismo observar la participación medular, en todo este proceso, de un conjunto de instituciones nacionales de notable vigor. Se trata de instituciones que han gozado de originalidad, en tanto que fueron las respuestas propias que encontró la sociedad mexicana a problemas que ésta enfrentaba, sin que mediara la copia de soluciones ajenas. Se trata de instituciones que han sido eficaces y que en buena medida deben su vigor y su validez precisamente a este carácter original, pero sobre todo al acierto de su diseño. Es el caso de muchas de las que se originaron en el periodo de nuestra historia que inicia en 1917 y va hasta mediados del siglo o más allá, aunque varias de ellas tenían antecedentes de mayor profundidad en el tiempo. Entre estas instituciones originales y vigorosas se debe mencionar en primer término a la Constitución de 1917, documento que fue innovador y cuya estructura y contenido vinieron a romper con la doctrina constitucional que era reconocida y aceptada en el mundo, hasta entonces. Porque la doctrina dominante era la del modelo constitucional clásico, según el cual estos documentos habían de ser breves y circunscribirse al establecimiento de las normas sobre la organización del Estado y las garantías individuales, nada más. Su prototipo había sido la Constitución de Estados Unidos de Norteamérica. Pero la nuestra se salió de ese esquema; innovó e incorporó diversos principios y tesis de orden económico y social que le dieron un perfil distinto y socialmente superior, aunque al hacerlo tuvo que enfrentar múltiples resistencias.

En efecto, en tanto el Constituyente de 1916-17 debatía, en su seno y fuera de él se escuchaban opiniones acremente críticas al proyecto que iba surgiendo, porque, decían, era muy extenso y farragoso. Se le rechazaba sobre todo porque incorporaba tesis como la que afirma el dominio de la nación sobre las riquezas de su territorio; también la Reforma Agraria y el reconocimiento de los derechos de la clase obrera. La intervención del diputado Heriberto Jara fue relevante respecto a “… lo que cabe o lo que debe caber y no debe caber en la Constitución”.

Jara manifestó, con ironía:

Destacado diputado constituyente de 1916-17. Foto del Archivo General de la Nación.

Destacado diputado constituyente de 1916-17. Foto del Archivo General de la Nación.

“Yo quiero que alguien nos diga, alguien de los más ilustrados, de los científicos (risas), de los estadistas, ¿quién ha hecho la pauta de las constituciones? ¿Quién ha señalado los centímetros que debe tener una Constitución, quién ha dicho cuántos renglones, cuántos capítulos y cuántas letras son los que deben formar una Constitución? Es ridículo sencillamente; eso ha quedado reservado al criterio de los pueblos, eso ha obedecido a las necesidades de los mismos pueblos; la formación de las constituciones no ha sido otra cosa sino el resultado de la experiencia, el resultado de los deseos, el resultado de los anhelos del pueblo, condensados en eso que se ha dado en llamar constituciones”.[3]

La propia Constitución Mexicana forjó muchas otras instituciones originales de innegable importancia. Definió de una manera novedosa conceptos políticos y sociológicos que dieron origen a instituciones distintas a las que habían dominado en el mundo desde el triunfo de las revoluciones liberales. Por ejemplo, sobre democracia y soberanía, en el 39 establece que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”; y el artículo 40, que define la forma de gobierno que será el de una: “…república representativa, democrática, federal…”, e insiste en que se trata de una “democracia representativa”.[4]

Pero el aspecto novedoso está en el artículo el tercero, cuyo tema principal curiosamente es el de la educación y no de la organización política del país, como los ya citados. En el inciso “a” de la base segunda de este artículo se define la democracia “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”[5], según la trascendente reforma que data del año de 1946.

También son novedosos y sumamente avanzados los tratamientos de la Carta sobre la propiedad originaria; los derechos sociales y la función que corresponde al Estado respecto de estos derechos, estando obligado a tutelarlos. Es novedoso asimismo el asunto de la relación entre el Estado y la iglesia.

En cuanto al primero de estos tres asuntos, el artículo 27 de la Constitución de 1917 estableció en su texto que “La propiedad de tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada”.[6] Esta concepción novedosa vino a reducir la propiedad privada a la categoría de concesión otorgada por el Estado, con lo que se alejó de un principio fundamental en las constituciones liberales del mundo, que proclama que la propiedad privada es inherente a la persona humana y constituye un principio fundamental del sistema capitalista.

Por cuanto al segundo asunto mencionado, el de los derechos sociales, el artículo 123 se distancia de otro principio hasta entonces intocado. Es el principio según el cual el Estado debe ser un ente neutral en el conflicto de intereses entre las clases sociales. En nuestro caso, le dio al Estado mexicano la responsabilidad de tutelar los derechos de los trabajadores frente a los patrones, mandatándolo a estar de parte de la clase explotada y no de los explotadores.

Y, por lo que se refiere al tercer tópico, el de las relaciones Estado-iglesia, el artículo 130 emanado del Congreso Constituyente de 1917 y vigente hasta 1992, declaró que “La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias”. Esta es otra tesis novedosa, sin precedentes, que quebró la fuerza política de facto de la que gozaba el alto clero católico. El debate en este tema fue sobre si compete o no a los ministros de culto, más allá de sus funciones propiamente religiosas, participar corporativamente en los asuntos públicos, como lo hacían los dirigentes eclesiales a nombre de la Iglesia, para resolver a favor de sus intereses los más diversos asuntos públicos, tales como el otorgamiento de concesiones, la designación de funcionarios y el contenido de leyes y decretos, entre otros muchos. La opinión del Congreso fue que se trataba de un abuso que no debería darse más.[7]

Y sin duda se debe incluir al propio Estado mexicano entre las instituciones que constituyeron planteamientos originales y novedosos en la Constitución de 1917. No tanto por su estructura, sino por sus funciones, notoriamente diferentes de las que se asignan a cualquier Estado liberal clásico, como se analizará en el cuerpo de este trabajo.

Finalmente, entre las instituciones nacionales surgidas en la mencionada etapa y que interactuaron respecto de los cambios económicos, sociales, culturales y políticos que hoy se observan, están también los partidos políticos nacionales permanentes que fueron apareciendo en la vida pública a partir de finales de la década de los veintes. Los partidos políticos habrían de actuar e influir en el seno de los Poderes de la Unión, sobre todo el Legislativo, impulsando unas medidas, resistiendo otras y hasta combatiendo otras más, según sus intereses de clase, sus concepciones filosóficas y sus proyectos de nación, e incidirían no sólo en lo que se refiere a las modificaciones de la superestructura jurídica, sino también en la conformación de la opinión pública, en la Academia, en el ámbito laboral y en sectores importantes de la sociedad, de la que ellos mismos forman parte, contribuyendo de esta manera a modelar la correlación de fuerzas dominante de cada momento.

[1] Vicente Lombardo Toledano. “La política y las leyes de la realidad”, en ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana al socialismo. Editorial Combatiente, México, 1975. Pág. 19.

[2] Se trata del método dialéctico, instrumento que utiliza el pensamiento marxista. Sobre este método proceden dos aclaraciones. Primera, las corrientes ideológicas dominantes en nuestros días se han apresurado a declararlo superado o carente de validez, pero han sido incapaces de sustentar su dicho. Segunda, el marxismo vulgar ha deformado al método dialéctico presentándolo erróneamente como determinista, cuando en realidad es un método integral y dinámico.

[3] Intervención del diputado Heriberto Jara en la sesión permanente del Congreso Constituyente celebrada los días 29, 30 y 31 de enero de 1917, en Derechos del Pueblo Mexicano. México a través de sus Constituciones. México, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, primera edición XLVI Legislatura, 1966; cuarta edición, LV Legislatura, 1994, p. 511.

[4] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] Ver Derechos del Pueblo Mexicano. México a través de sus constituciones. México, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, primera edición XLVI Legislatura, 1966; cuarta edición, LV Legislatura, 1994.  Tomo XII, pp. 1069 a 1137.

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