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Keynes, sus ideas contrarias a las del intervencionismo mexicano.

Keynes, sus ideas contrarias a las del intervencionismo mexicano.

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.

Numerosos economistas y politólogos han confundido la intervención del Estado en la economía que surgió de la Revolución Mexicana –y de la que Lombardo llegara a ser su principal teórico— con la que diseñara el economista británico John Maynard Keynes, y su “estado regulador y benefactor”. Proliferan los artículos y libros que dicen equivocadamente que la política económica de Cárdenas y sus nacionalizaciones, y las que siguieron, por muchos gobiernos mexicanos más, fue la aplicación del keynesianismo en México y constituyó una simple copia de lo que hicieron los países capitalistas desarrollados en los tiempos de Roosevelt y otros gobernantes; y hay textos que hasta afirman que se trató de una imposición externa, decidida por esas mismas potencias.

Es un error generalizado atribuir a Keynes la intervención del Estado en la economía que se aplicó en México.

Es un error generalizado atribuir a Keynes (en la imagen) la intervención del Estado en la economía que se aplicó en México.

Es un error generalizado, pero inaceptable; no fue ni lo uno ni lo otro. No pudo serlo por dos razones: primera, porque la intervención del Estado en la economía en México surgió dos décadas antes de que aparecieran los primeros trabajos de Keynes sobre este tema, y segunda, porque el contenido de la primera fue distinto; más todavía, sus fines fueron opuestos, a los del intervencionismo ideado por el autor británico, como veremos más adelante.

Keynes apenas se ocupó del tema veinte años después que el Constituyente mexicano.

En efecto, como se puede comprobar, Keynes empezó a publicar sobre este asunto hasta mediados de la década de los treintas, en tanto que la base jurídica del intervencionismo mexicano quedó asentada en nuestra Constitución desde 1917.[1] De hecho, el citado economista originalmente fue partidario del liberalismo económico, y contrario, por tanto, a la intervención del Estado en la economía, y fue apenas en 1922 cuando inició su ruptura con esa línea de pensamiento, con su libro Una revisión del tratado de Versalles, rompimiento que se formalizaría con la publicación de El fin del laissez-faire, en 1926. Pero despertó el interés del mundo académico hasta 1930, cuando se publicó su Tratado del dinero.

Adam Smith, fundador de la economía clásica, junto con David Ricardo.

Adam Smith, fundador de la economía clásica, junto con David Ricardo.

Un año antes se había iniciado la traumática crisis del capitalismo mundial de 1929, que demostró en la práctica la inviabilidad histórica del régimen capitalista inspirado en las teorías del libre mercado de Adam Smith y David Ricardo[2]. Fue por entonces cuando surgió el interés de Keynes por formular una teoría económica general diferente de las concepciones de esos autores, que eran las dominantes, esfuerzo que culminó en 1936, con la publicación de su Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, su obra principal[3].

Fue también el momento en que Keynes pasó a ser un economista con influencia notable en el mundo político del capitalismo desarrollado, y se convirtió en el teórico de la reforma que condujo al llamado Estado regulador -que no debería dejar la economía en manos de las fuerzas ciegas del mercado, so pena de que desembocara en crisis, como la de 1929; y que llevó asimismo al llamado Estado de bienestar, que debe redistribuir entre las masas trabajadoras parte de la riqueza generada –aligerando así sea levemente el fenómeno de la concentración- con el fin de fortalecer el mercado interno. Ambas formas de Estado, por cierto, hoy enterradas por el neoliberalismo económico en boga. Pero el hecho es que para ese momento, la Constitución mexicana estaba por cumplir veinte años de existencia, de manera que ni remotamente pudo inspirarse en las ideas keynesianas, ni copiar nada de ellas, como se ha divulgado erróneamente.

El Estado keynesiano intervendría en la economía en favor del capitalismo imperialista.

Junto con Adam Smith, los principales teóricos de la economía de libre mercado, contra las limitaciones del feudalismo.

Junto con Adam Smith, los principales teóricos de la economía de libre mercado, contra las limitaciones del feudalismo.

Pero lo más importante a precisar es que ambas concepciones, la nuestra y la de Keynes, fueron contrarias en su orientación y objetivos finales. En primer término, el teórico británico propuso la intervención del Estado en la economía como una fórmula anticrisis. Para él, la intervención del Estado sería en calidad de regulador o árbitro entre los monopolios y consorcios que para entonces ya dominaban la economía mundial, con el fin de evitar que la lucha sin cuartel acabara dañándolos a todos. Es en este sentido que se habla en el lenguaje keynesiano de un Estado regulador. Keynes consideró necesaria la intervención del Estado asimismo para financiar y subsidiar con dinero público las ramas de la economía menos rentables, y para rescatar las grandes empresas privadas en quiebra, sanearlas y devolverlas a los propietarios privados tan pronto hubieran recobrado su alta rentabilidad. Como se puede deducir, Keynes se ocupaba de los problemas que afectaban a los Estados de capitalismo desarrollado –Estados imperialistas– y les buscaba soluciones para mantenerlos saludables. Fue, por tanto, un economista al servicio del capitalismo en su etapa imperialista.

Persiguiendo objetivos estrictamente favorables a los monopolios, el Estado expropiaría ciertas empresas o ramas de la economía. Pero en ningún caso las nacionalizaría, en el sentido que Lombardo da a ese término, es decir, no las pondría al servicio de los intereses de toda la Nación, sino que, con esos actos, lo que buscaría el Estado sería beneficiar de manera particular a los dueños del gran capital. A esos rasgos característicos del keynesianismo obedece el hecho de que, en el lenguaje de la economía política marxista se le denomine capitalismo monopolista de Estado, puesto que se trata de una modalidad del capitalismo que conjunta a los monopolios y al Estado, asignando a éste, con todos sus recursos, la función de ejercer una función mediadora y reguladora al servicio de aquéllos.

Aplicó la doctrina de Keynes sobre el Estado regulador y benefactor.

Franklin D Roosevelt aplicó la doctrina de Keynes sobre el Estado regulador y benefactor.

En el ámbito de lo social, la reforma keynesiana condujo al llamado Estado de bienestar (Welfare State) que debe reconocer ciertos derechos e introducir ciertas prestaciones sociales. Con ello, se intenta redistribuir entre las masas trabajadoras una parte proporcionalmente pequeña de la riqueza generada en la sociedad, con objeto de aligerar el proceso de concentración del producto en pocas manos, pero no combatirlo ni intentar desaparecer esa tendencia que ha de seguir su marcha implacable, aunque ha de hacerlo a un ritmo ligeramente más lento.

Los países capitalistas de alto desarrollo o imperialistas, para los cuales pensó Keynes su reforma, obtienen dos ventajas al redistribuir la riqueza social de manera leve: por una parte, fortalecen su mercado interno, con lo cual alejan las crisis económicas del sistema capitalista, aunque no las eliminan; y por otra, evitan que las contradicciones sociales alcancen altos grados de agudización dentro de sus fronteras, y les generen problemas de inestabilidad y lucha a los que ahora se denomina ingobernabilidad. Al mismo tiempo, con el objeto de compensar lo que con las reformas keynesianas dejaron de percibir como ganancias rápidas dentro de sus poderosos países, los propietarios del capital imperialista intensificaron la explotación de los países dependientes sometiéndolos a formas más intensas de saqueo de sus recursos y expoliación de su fuerza de trabajo.

Más explotación y menos salarios significaron también una mayor agudización de las contradicciones sociales dentro de la periferia del sistema capitalista mundial, a cambio de la relativa estabilidad que lograron dentro de las potencias dominantes, su casa; transfirieron de esta manera a los países tercermundistas, convertidos en sus neocolonias, toda la carga de la inestabilidad social y política. Por eso, durante décadas, contrastó la relativa paz y tranquilidad interna de que gozaron las países imperialistas fronteras adentro, con las crisis y sacudidas casi permanentes que golpearon a los países dependientes, situación que empieza a cambiar apenas en nuestros días, cuando la crisis del sistema capitalista en su conjunto se ha profundizado y alcanza tales niveles de agudización que las potencias ya no pueden seguir aplicando el keynesianismo con su “Estado de bienestar” ni siquiera fronteras adentro.

La de Cárdenas, en cambio, fue una política antiimperialista, surgida de la Revolución Mexicana.

La de Lázaro Cárdenas (en la imagen), en cambio, fue una política antiimperialista, surgida de la Revolución Mexicana.

De Keynes se puede decir, en síntesis, que no fue un teórico que haya renovado al capitalismo en el sentido de eliminar sus contradicciones y, por ende, extirpar sus crisis, como quizá haya sido su aspiración y como se le quiso presentar. Tampoco fue alguien que cambiara al capitalismo en general por uno más humano en beneficio de los pueblos, de todos los países y de todas las clases sociales, como también han dicho sus panegiristas. Nada de eso. Keynes sólo aportó salidas temporales -ahora ya agotadas, por cierto-, a los problemas que enfrentaban las potencias del capitalismo central en plena fase imperialista; y como un subproducto, estimuló el surgimiento de ciertos beneficios menores para la clase trabajadora de dentro de esas potencias; sus fórmulas, sin embargo, afectaron los intereses de los países dependientes y, en particular, a su clase trabajadora.

La intervención del Estado en la economía, surgida en México, conduce a la independencia respecto del imperialismo.

Como se puede observar, las diferencias con respecto del Estado mexicano surgido de la Revolución, y de su intervencionismo económico, son ostensibles. En nuestro caso, no se trató de sacar las castañas del fuego al imperialismo, sino que al revés, los constituyentes de 1916-1917 iniciaron caminos novedosos que podrían conducir –y condujeron, de hecho, mientras fueron aplicados– hacia la emancipación económica de México. En tanto que el capitalismo monopolista de Estado keynesiano fortaleció al imperialismo, el capitalismo de Estado ajeno y opuesto al keynesianismo, en países dependientes como México, tendía a debilitarlo, a reducir su ámbito físico en el orbe y, por tanto, su poderío económico. A este respecto, siguiendo el pensamiento de Lombardo, el Partido Popular Socialista hizo este planteamiento:

El principal teórico de la intervención del Estado en la economía, con carácter antiimperialista.

Lombardo Toledano, el principal teórico de la intervención del Estado en la economía, con carácter aniimperialista.

“El capitalismo, en el escenario del mundo, hace tiempo liquidó la libre competencia y generó los monopolios; el Estado burgués dejó de ser un Estado liberal para pasar a la función monopolista de Estado. La evolución del capitalismo en México no puede sustraerse a ese proceso general, pero el origen antiimperialista del Estado mexicano caracteriza el proceso de un modo radicalmente distinto. El capitalismo de Estado se da en México como principio del desarrollo económico; en cambio, el capitalismo monopolista de Estado es la última etapa del imperialismo. El uno es punto de partida, el otro es punto de llegada a su fase final. En México, el monopolio estatal surge como la respuesta progresista a la necesidad de romper todas las trabas semifeudales y de la intervención extranjera, con el propósito de abrir cauces al desenvolvimiento de las fuerzas productivas en contrapeso a la preeminencia del capital monopolista extranjero que detiene y deforma el crecimiento normal de nuestra economía. El capitalismo monopolista de Estado yanqui frena el desarrollo de nuestras fuerzas productivas; el capitalismo de Estado en México las impulsa”.[4]

Por su parte, Vicente Lombardo Toledano precisó que:

“El capitalismo de Estado en los países imperialistas no significa… otra cosa que la liquidación de los estorbos a los grandes consorcios para que éstos mantengan su hegemonía en la vida económica, social y política de sus respectivas naciones y, también, para favorecer su política hacia el exterior. Pero en los países como el nuestro, en los países semicoloniales o subdesarrollados, como se les

Cárdenas y Lombardo en la obra de los artistas del Taller de Gráfica Popular, edición del Centro Lombardo.

Cárdenas y Lombardo en la obra de los artistas del Taller de Gráfica Popular, edición del Centro Lombardo.

llama ahora, el capitalismo de Estado representa una de las formas de la resistencia nacional, de los intereses nacionales contra el imperialismo”.[5]

Y en efecto, el Estado surgido de la Revolución empezó a intervenir en el desarrollo económico y a tomar a su cargo las principales tareas para hacer posible el progreso de México.

[1] Los primeros ensayos sobre economía de John Maynard Keynes fueron escritos poco tiempo después de que el Constituyente de Querétaro había terminado su obra, pero por entonces Keynes todavía era partidario del liberalismo económico y enemigo, por tanto, de la intervención del Estado en la economía. Además, sus primeros trabajos fueron sobre cuestiones ajenas a la que nos ocupa. En 1919 publicó Las consecuencias económicas de la paz, libro en que opina que las sanciones económicas impuestas a Alemania luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial no impedirían el resurgimiento del militarismo en ese país, propósito que las motivó. En 1921 publicó otro libro también con tema distinto, bajo el título de Tratado sobre probabilidades.

[2] Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), fueron dos economistas ingleses considerados como los fundadores de la economía clásica. Se trató de los principales teóricos de la libertad de comercio contra las limitaciones del feudalismo.

[3] La Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero de Keynes fue publicada en México por el Fondo de Cultura Económica en 1938.

[4] Tesis de la VIII Asamblea Nacional del Partido Popular Socialista. Editorial Combatiente, pp. 24-25.

[5] Vicente Lombardo Toledano. “El Estado en México, sus actuales funciones y responsabilidad histórica”, en Escritos acerca de las Constituciones de México. Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales VLT, tomo I, p. 32.

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