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Mirada deíctica y contacto ocular. Función social de la mirada en los primates.

Mirada deíctica y contacto ocular. Aspectos relevantes para la función social de la mirada en los primates.

Bernardo Yáñez

rhesusAlgunos estudios experimentales sobre reconocimiento facial en monos han revelado la importancia que tienen los ojos para algunas especies. Keating y Keating (1982)[1] estudiaron los movimientos oculares de dos monos Rhesus mientras se les presentaban diferentes rostros de primates (monos Rhesus, chimpancés y humanos). Los resultados mostraron que los sujetos tienen una clara tendencia a mirar a los ojos y la región facial que los circunda comparada con la nariz y la boca. En otro estudio, Nahm et al. (1997)[2], apuntan que los ojos y la boca son los principales atributos que captan la atención de los sujetos. A partir de estos estudios podemos concluir que para los primates los ojos son estructuras morfológicas relevantes en las interacciones sociales.

Los primates cuentan con excelentes habilidades para discriminar si una mirada es dirigida hacia él o si la mirada de otro individuo se dirige a otro punto. Esto tiene que ver con que la mirada sostenida en algunas especies de primates representa una afrenta o agresión. Sobre todo en los primates del viejo mundo –los cercopitecos- se puede observar como el contacto ocular generalmente es evitado. Thomsen (1974)[3] describió el comportamiento ocular de algunas especies de primates no humanos. Midió la frecuencia media del contacto ocular dirigido por los animales a un humano que mantenía la mirada sostenida hacia ellos. La observación más interesante –a mi juicio- fue que el tiempo de contacto ocular tuvo diferentes significados dependiendo de su duración; un contacto visual frecuente sugirió que el individuo estaba inspeccionando la dirección de la mirada del experimentador; mientras que mantener el contacto ocular por un periodo prolongado significó frecuentemente un gesto de amenaza o de afiliación. Una interpretación es que la mirada puede tener diferentes usos sociales dependiendo del contexto y la modalidad en que se presente. Otro resultado interesante fue que el contacto visual no tuvo la misma relevancia para los monos jóvenes que para los adultos; de lo cual se desprende que se trata de un comportamiento aprendido socialmente (en otro momento analizaremos esta misma conducta pero desde una perspectiva ontogenética). Otro estudio realizado por Linnankoski y colaboradores (1993)[4] encontró que cuando las hembras mostraban sus cuartos traseros a algún macho en particular éste se masturbaba y eyaculaba, pero solamente cuando se establecía contacto ocular entre el macho y la hembra. Otras señales visuales u olfativas, como la inspección de la región perineal, no fueron tan efectivas como el contacto ocular que desencadenaba la eyaculación. Nuevamente la mirada y algunas de sus diferentes funciones sociales.

Juan Carlos Gómez. Universidad de St. Andrews

Juan Carlos Gómez. Universidad de St. Andrews

A partir de lo anterior se establece que el comportamiento visual  es un componente importante de las interacciones sociales de los primates. Para ahondar en ello, me centraré en un tipo de comportamiento visual que parece tener una relevancia particular en la interpretación de estados mentales: mirar a los ojos de los demás. Existen dos modalidades básicas en las que se pueden mirar los ojos de los demás: la primera, monitorear la mirada o la mirada deíctica, que consiste en mirar los ojos de un individuo que está viendo hacia otro lado; la segunda, la mirada compartida o contacto ocular, en la cual se requiere de dos individuos mirándose a los ojos mutuamente (Gómez, 1991)[5]. Ambos patrones suelen combinarse secuencialmente dando lugar a la conducta llamada “alternancia de la mirada”; en la cual, un individuo observa alternativamente un objeto o evento y los ojos de otro individuo para de esta manera establecer lo que se denomina la “atención conjunta”.

La mirada compartida en sus diferentes versiones –monitoreo de la mirada y contacto ocular- han sido estudiadas exhaustivamente en la comunicación no verbal; ya que se consideran un componente fundamental de las interacciones sociales. Además, el contacto ocular se ha identificado como un patrón comportamental en el desarrollo de las incipientes interacciones sociales de los infantes humanos. Así, la manera en que los niños comienzan a formar parte de la vida social de los adultos es por medio de sus interacciones cara-a-cara fundamentadas en el contacto ocular. Bretherton y Bates (1979)[6] han definido el contacto ocular como un criterio de comunicación intencional de los infantes hacia los adultos. Incluso algunos etólogos alegan que el contacto ocular juega un papel crucial en ciertas interacciones sociales de los chimpancés como la reconciliación o resolución de conflictos. En cualquier caso, el análisis del seguimiento de la mirada y el contacto ocular pueden dar luz del desarrollo y evolución de las complejas interacciones sociales de los primates humanos y no humanos.

Gorilla-gorilla

Gorilla-gorilla

Goméz (idem) realizó un experimento para tratar de profundizar en estas cuestiones. La situación fue la siguiente: se presentó un gorila en una habitación con la puerta cerrada por un pasador que se encontraba fuera del alcance del animal; dentro de la habitación había un experimentador –que registraba el comportamiento del animal– y una caja. Hay tres posibles soluciones:

  1. Desplazar o arrastrar la caja para treparla y así alcanzar el seguro de la puerta y poder abrirla. No hay interacción con el experimentador.
  2. Utilizar al experimentador como un objeto; es decir, arrastrarlo o desplazarlo en una posición cercana a la puerta donde puede trepar encima de éste y así abrir el seguro de la puerta. Nótese que formalmente no hay interacción social con el experimentador.
  3. Alternar secuencialmente el contacto ocular con el monitoreo de la mirada del investigador. Es decir, mirar hacia los ojos del experimentador y posteriormente observar hacia la dirección donde está el seguro de la puerta; al tiempo de tomar la mano del investigador. En ningún momento hace uso de su fuerza para modificar la posición del experimentador. Simplemente por medio de esta alternancia en el comportamiento visual se establece una comunicación interindividual. Evidentemente hay una interacción social entre el experimentador y el animal.

Algunos apuntes interesantes del autor en relación al comportamiento observado nos permite hacer una interpretación de la función social de la mirada en primates (olvidémonos de la primera solución donde no hay interaccion). En la segunda posible solución el humano juega el papel gramatical de objeto para la acción de “mover” que es llevada a cabo por el animal; mientras que en la tercera juega (el experimentador) el papel de sujeto de la acción de movimiento. Nos dice Gómez: “la diferencia gramatical aparente en estas descripciones refleja la diferencia psicológica subyacente a ambos comportamientos” (idem). La tercera posible solución es una solicitud, es decir, un comportamiento comunicativo dirigido a otro organismo (en este caso el experimentador). En este aspecto, la esencia de los comportamientos comunicativos es que las acciones de los actores se adaptan al receptor como sujeto. Es decir, “toman en cuenta y explotan las propiedades subjetivas de otros organismos y no únicamente las propiedades físicas (objetivas) que comparte con los objetos” (idem). Esto es, precisamente, lo que se observa que hace el gorila que resuelve la situación con la tercera posible solución.

De lo anterior se puede concluir que los gorilas utilizan el comportamiento visual combinando la mirada deíctica, el contacto ocular y la atención conjunta para interactuar socialmente con otros individuos; es decir, para comunicarse intencionalmente y socialmente. O sea que la mirada, al menos entre los primates, no se reduce a la posibilidad de observar sino que también funciona como un medio de interacción social. En los seres humanos este hecho es evidente y es llevado hasta sus últimas consecuencias en las complejas relaciones sociales humanas.

Referencias

[1] Keating, C.F. y E.G. Keating (1982) “Visual scan patterns of rhesus monkeys viewing faces”. Perception, 11, pp. 211-219.

[2] Nahm, F. et al. (1997) “How do monkeys look at faces?” Journal of Cognitive Neuroscience, 9, 5, pp. 611-623.

[3] Thomsen, C. (1974) “Eye contact by non-human primates toward a human observer” Animal Behaviour, 22, pp. 144-149.

[4] Linnankoski, I. M. Gronroos y A. Pertovaara. (1993) “Eye contact as a trigger of male sexual arousal in stumped-tale macaques (Maccaca arctoides)”. Folia Primatologica, 60, pp. 181-184.

[5] Gomez J.C. (1991) “Visual behavior as a window for reading the mind of others in primates”. En Whiten A (ed), Natural Theories of Mind. Oxford: Basil Blackwell.

[6] Bretherton, I., y Bates, E. (1979). “The emergence of intentional communication”. En: I. Uzgiris (Ed.), New directions for child development (pp. 81-100). San Francisco: Jossey-Bass.

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