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La Universidad Nacional en manos de la reacción

La Universidad Nacional en manos de la reacción*

Por Emilio García Bonilla

Autonomía Completa

El 17 de octubre de 1933 fue presentada ante el Poder Legislativo la iniciativa del Ejecutivo federal para reformar la Ley Orgánica Universitaria y que había elaborado el secretario de Educación Pública, Narciso Bassols.

La intervención del diputado Alberto Bremauntz fue una de las más acertadas porque planteó el problema en la Universidad en sus adecuadas dimensiones: identificó como el origen del conflicto a la reacción que provocó la “tesis radical” aprobada por el Congreso de Universitarios y que llevó a que los elementos conservadores se agruparan para “contradecir y desvirtuar” el acuerdo que había surgido de ese congreso. Por eso el legislador preguntó a sus colegas si estaban seguros de dejar a la institución educativa en manos de esos elementos reaccionarios que muy probablemente pondrían los recursos económicos otorgados por el Estado al servicio de los enemigos de la Revolución.[1]

Narciso Bassols

Narciso Bassols

Cuatro diputados se inscribieron para hablar en contra del proyecto, pero desistieron una vez que Bassols presentó su exposición de motivos, siendo aprobada la iniciativa “con grandes aplausos”. Quedó, así, derogada la ley de 1929, estableciéndose “que el patrimonio de la Universidad lo constituirán los edificios de que dispone en la actualidad. El resto del año en curso [1933], la Federación cubrirá sus gastos conforme a la vieja ley y a partir de 1934 y durante cuatro años, la misma Federación, si las circunstancias lo ameritan, dará a la Universidad proporcionalmente hasta diez millones de pesos, sin más ministraciones posteriores”. Esta medida representaba un paso importante hacia la completa autonomía, según las declaraciones del comité directivo de la huelga, que consideró que, en los cuatro años que tendría el subsidio de la federación, la Universidad podría asegurarse un patrimonio propio que le permitiría una vida liberada en el orden económico. Bassols señaló que al desatenderse de la Universidad Nacional, el gobierno federal dedicaría sus recursos a incrementar la enseñanza técnica y a desarrollar las universidades en los estados.[2]

Con esto se dio por concluida la crisis en la Universidad Nacional: el gobierno dejó en manos de los propios universitarios la resolución del problema pero quedó favorecido el grupo que con la huelga había tomado por asalto la institución educativa. La nueva ley generó otro cúmulo de opiniones publicadas en la prensa, comenzando con las declaraciones de Vicente Lombardo Toledano, quien finalmente fue destituido como director de la Escuela Nacional Preparatoria siendo expulsado de la Universidad junto a otros catedráticos que le eran afines y que apoyaron la orientación socialista.

Lombardo declaró que el grupo conservador de la Universidad se había opuesto a aplicar una orientación a la enseñanza a pesar de que hubiera profesores de una misma asignatura que se contradecían existiendo una completa anarquía en la que se tomaba como verdad “aquella que con mayor habilidad explica el más elocuente profesor”, resultando que la moral con más adeptos era “la del éxito personal, para obtener un título en el menor tiempo de estudio posible aunque no sepa nada, careciendo de responsabilidad social”. Sin sentirse derrotado, Lombardo Toledano señaló que confiaba en que tarde o temprano “la revolución creará una escuela socialista, para tener técnicos que la organicen y desarrollen”. Con su destitución consideró que se cerraba un ciclo y declaró que no volvería a ocuparse de la Universidad ni de la Preparatoria y se dedicaría “a trabajar y a esperar”.[3] Finalmente, comentó que las universidades de Guadalajara, Tabasco y Mérida se preparaban para adoptar una orientación socialista, como la que se negó para la Universidad Nacional, en acatamiento de los acuerdos del Congreso de Universitarios.[4] La Universidad Michoacana y la de Sinaloa irían en el mismo sentido.

Leña del Árbol caído

Una vez que Lombardo salió de la Universidad, en los diarios fueron más que evidentes los ataques y críticas de que fue objeto él y quienes respaldaron la orientación ideológica de la enseñanza superior. En Excélsior, Manuel González Flores publicó un artículo en el que celebraba que “poco a poco va disipándose la desorientación que en un principio produjo en el campo universitario la tesis del licenciado Lombardo Toledano”, y al ser rechazada en la Universidad Nacional esa posición, los jóvenes universitarios debían de mostrarse agradecidos con Antonio Caso, “el único maestro que supo ponerse a la altura de su deber en los momentos en que un bien organizado grupo de políticos burdamente disfrazados de mentores, clamaban con metáforas sonoras nada menos que por la destrucción de nuestro máximo centro de cultura”, por lo que era necesario reivindicar a la institución educativa “seleccionando el profesorado y haciendo efectiva la disciplina estudiantil”[5].

El periódico conservador Omega señaló que en la Universidad se había impuesto “el individualismo y el poderoso espíritu liberal” sobre “las teorías demoledoras del marxismo judaizante [sic]”, obteniendo “un triunfo clamoroso y durable”[6].

Desenlace del conflicto

Ante el anuncio de que el gobierno federal sólo proporcionaría a la Universidad Nacional cierta cantidad de dinero durante cuatro años, se empezó a hablar de la necesidad de recortar los gastos de la institución y de disminuir los salarios de los directivos.[7] Sobre ese asunto, Luís Chico Goerne, unos de los catedráticos dirigentes de la huelga, se dijo satisfecho porque “queríamos la Universidad libre, sin dinero, y nos la dan con diez millones de pesos”[8].

Luego de la aprobación de la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad, y en espera de su promulgación, comenzó a prepararse la renovación en todos los niveles de la institución: elegir a nuevos directores de las escuelas y facultades, nombrar a un nuevo rector y determinar el rumbo que tendrían las organizaciones estudiantiles para no caer en “radicalismos”[9].

Se crearon nuevas agrupaciones estudiantiles que ocuparan el lugar de la repudiada Confederación Nacional de Estudiantes, como fue el caso de la Asociación Universitaria “Reivindicación Social”, que tuvo como principales objetivos: apoyar las reformas promovidas por los profesores e impedir que se formaran camarillas “ya que son peligrosas y nefastas”[10].

Manuel Gómez Morín

Manuel Gómez Morín

Entre los universitarios hubo voces que clamaron para que Antonio Caso se hiciera cargo de la rectoría de la Universidad pero se negó a aceptar esa distinción aclarando que se conformaba con seguir siendo profesor porque “el sueño de mi vida había sido tener una Universidad enteramente autónoma, lo hemos conseguido”, y una vez alcanzada esa meta, incluso podría retirarse de la docencia.[11] En vista de la negativa de Caso, las preferencias de los universitarios se agruparon en torno a dos candidatos: Manuel Gómez Morín, profesor de la Facultad de Derecho, y Fernando Ocaranza, ex Director de la Facultad de Medicina, siendo el primero de ellos el favorecido por el Consejo Universitario, tomando posesión de la rectoría de la Universidad el 23 de octubre de 1933, iniciando así una nueva etapa de la máxima casa de estudios.

Consideraciones Finales

El conflicto universitario de 1933 despertó en la opinión pública, y especialmente en la prensa, el interés por la discusión que culminó en el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos en el que prevaleció la tesis del grupo encabezado por Vicente Lombardo Toledano que contó con adeptos en algunas universidades estatales y en la Confederación Nacional de Estudiantes.

Sin embargo, en la Universidad Nacional, el grupo contrario a la orientación socialista de la educación inició un movimiento de agitación principalmente en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, teniendo como primeras exigencias la renuncia de Roberto Medellín a la rectoría y de Lombardo Toledano a la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria, el primero por mostrarse dispuesto a acatar las resoluciones del Congreso de Universitarios, y el segundo por ser el principal ideólogo de la tendencia marxista en la Universidad.

Los articulistas de la prensa, al ser contrarios al socialismo, o lo que entendían como tal, criticaron la postura ideológica que aprobó el Congreso de Universitarios, etiquetando como sectarios a sus defensores e influyendo en la opinión pública para rechazar una orientación en la Universidad, aunque no alcanzaran a comprender cabalmente el proyecto presentado por Lombardo.

La huelga que siguió al Congreso de Universitarios llegó a actos violentos, choques entre los estudiantes que defendían una y otra posición. Tales desórdenes obligaron al gobierno federal a intervenir como lo había hecho en 1929, presentando al Congreso de la Unión una iniciativa para reformar la Ley Orgánica de la Universidad, planteando la autonomía completa para esa institución educativa, incluso en la cuestión económica.

Al conceder la autonomía total a la Universidad, el gobierno de la República terminó por aprobar al grupo que fue relegado ideológicamente en el Congreso pero que se había valido de todos los medios para hacerse del control de la institución, por lo que en aras de la libertad y la cultura relegaron a los estudiantes y catedráticos que propugnaban por darle un sentido ideológico a la educación.

Al llegar Gómez Morín a la rectoría, la Universidad Nacional entró en una etapa oscura en la que sirvió a los intereses de empresarios y banqueros, quienes al tener la capacidad de aportar donativos y financiar las actividades de la institución, tuvieron también la prebenda para influir en los contenidos de los programas de estudios de las escuelas y facultades. También se posicionaron grupos católicos, como los jesuitas.[12]

Por otro lado, los profesores encabezados por Lombardo Toledano fundaron en febrero de 1934 la Universidad “Gabino Barreda” para demostrar en la práctica la orientación socialista de la educación,[13] además en agosto de ese año se llevó a cabo en Puerto Álvaro Obregón, Tabasco, el Congreso de Estudiantes Socialistas entre cuyos acuerdos estuvo el de apoyar la reforma al artículo tercero constitucional que ya se discutía en el medio político[14].

Si bien el sector conservador impidió que la educación impartida en la institución universitaria más importante del país tuviera una orientación ideológica, en la educación básica sí prosperó esa reforma y en diciembre de 1934 se aprobó un nuevo texto que establecía que “la educación que imparta el Estado será socialista, y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo y de la vida social”[15].

La fundación del Instituto Politécnico Nacional en 1936 como una institución destinada a impartir  educación superior gratuita a jóvenes de familias trabajadoras y buscar consolidar a través de ella “la independencia económica, científica, tecnológica, cultural y política para alcanzar el progreso social de la nación, de acuerdo con los objetivos históricos de la Revolución Mexicana”,[16] tuvo desde un inicio una clara orientación educativa.

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* Último fragmento de la investigación “El conflicto universitario de 1933 en la prensa mexicana” presentada como ponencia en el VIII Coloquio La prensa como fuente para el análisis en las Ciencias Sociales realizado en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en noviembre de 2013.

[1] Intervención del Diputado Alberto Bremauntz, Diario de los Debates, Cámara De Diputados, XXXV Legislatura, Año II, Período Ordinario, No. 14, 17 de octubre de 1933.

[2] “La Universidad será realmente autónoma según una nueva ley”, El Diario del Norte, Saltillo, 18 de octubre de 1933, y “Se terminó el conflicto de la Universidad”, La Opinión, Torreón, 17 de octubre de 1933, en Archivo Histórico de la UNAM, Colección: Memoria Universitaria, Sección: Publicaciones Periódicas, Sub-sección: Noticias Universitarias (en adelante AHUNAM).

[3] Pasaron 26 años para que Lombardo Toledano volviera a la Universidad Nacional, invitado por Pablo González Casanova, director de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, donde dictó la conferencia “La batalla de las ideas en nuestro tiempo” el 17 de julio de 1959.

[4] “Verdadero origen del conflicto universitario. Opinión del Sr. Lombardo Toledano en este asunto”, El Mundo, 18 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[5] Manuel González Flores, “Por mi Raza Hablará el Espíritu”, Excélsior, 21 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[6] “El vigoroso impulso del espíritu público arrolla a los banderizos radicales”, Omega, México, 23 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[7] “Confianza en la autonomía universitaria”, El Dictamen, Veracruz, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[8] “La queríamos sin dinero y nos la dieron con millones”, El Nacional, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[9] “Mañana se reunirá el Constituyente de la Universidad“, El Universal Gráfico, 20 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[10] “Lo que persigue la Asociación Universitaria”, El Universal, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[11] “La queríamos sin dinero y nos la dieron con millones”, El Nacional, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[12] Juan Hernández Luna, “Prólogo a la polémica en la prensa sobre marxismo: Antonio Caso vs Francisco Zamora”, en Idealismo vs Materialismo. Polémicas filosóficas, México, Masonería Filosófica de Michoacán-Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano-Asociación Francisco J. Múgica, 2008, p. 109.

[13] Esta institución daría lugar en 1936 a la Universidad Obrera de México, enfocada específicamente a la educación de los trabajadores en el aspecto político, sindical y cultural. Las escuelas técnicas y científicas de la Universidad “Gabino Barreda” pasaron a formar parte del IPN al fundarse este en 1936, como la Escuela de Bacteriología que se transformó en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas.

[14] Rosa María Otero y Gama, Vicente Lombardo Toledano. Datos biográficos, México, Universidad Obrera de México, 1988, pp. 32-33.

[15] Citado por VLT, “Prólogo” [1963], Idealismo vs Materialismo Dialéctico. Polémica Caso-Lombardo, México, Universidad Obrera de México, 2010: p. 25.

[16] Artículo 1° de la Ley Orgánica del Instituto Politécnico Nacional.

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