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El UMWELT de Uexküll Y Merleau-Ponty

El UMWELT de Uexküll y Merleau-Ponty

Agustín Ostachuk

ABSTRACT. The organism against its environment. The organism against other organisms, competing and struggling for life. Antagonism and confrontment as the only possible relation in nature. The tendency to anthropomorphize nature and explain it using concepts and facts from the human sphere. A stroll through the worlds of Uexküll and Merleau-Ponty in search for an alternative knowledge that allow us to understand relationship from another point of view. A counterpoint and identification of common tonalities between the research programs from both thinkers as a way to demonstrate the possibilities of a more fruitful approach. Umwelt as a generative system of meaningful relationship in which its participants do not exclude each other, but express a melody that includes them all.

KEYWORDS. Umwelt, body,behavior, form, structure, intentionality, teleology, circularity, meaningful relationship, melody.

INTRODUCCIÓN

La primera referencia y tratamiento explícito que hace Merleau-Ponty de Uexküll es en el segundo curso sobre el concepto de naturaleza, en 1957-1958, en el College de France. Merleau-Ponty dedica ahí todo un apartado al análisis de “Las descripciones de J. von Uexküll”, en el capítulo sobre “El estudio del comportamiento animal” (Merleau-Ponty 2003). La principal fuente que utiliza es uno de los últimos trabajos de Uexküll, tal vez el más popular y más acabado, Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen (Uexküll 1957), publicado en 1934. Estos dos textos serán tratados principalmente en este trabajo.

Una lectura simple de los hechos nos llevaría a concluir, por ejemplo, que Merleau-Ponty tuvo conocimiento del trabajo de Uexküll recién por esos años, en parte favorecido por la aparición de la traducción francesa de la mencionada obra de Uexküll (Mondes animaux et monde humain) justo un año antes del curso, en 1956. Sin embargo, la situación no es tan simple, y uno podría aventurar que Merleau-Ponty tenía conocimiento de las ideas de Uexküll, aunque en forma indirecta e implícita, ya en su primer obra. La structure du comportement (1942). En ese libro, Merleau-Ponty cita y estudia el trabajo de, entre otros, el biólogo Frederik Buytendijk y el médico Kurt Goldstein. Lo llamativo es que estos dos autores conocían la obra de Uexküll, lo citan en sus textos y, de hecho de una de ellas (en este caso de Buytendijk) proviene la única cita que hace Merleau-Ponty de Uexküll en La structure du comportement: “Todo organismo, decía Uexküll, es una melodía que se canta a sí misma” (Merleau-Ponty 1976, p. 225).

A nuestro entender, la relación entre Merleau-Ponty y Uexküll es bastante más profunda que una cita, y más que una posible influencia que haya podido tener el segundo sobre el primero. Hay, por decirlo así, una “sintonía” entre los programas emprendidos por ambos autores. Para decirlo con mayor precisión, al relacionar las ideas desarrolladas por ambos, se percibe una “tonalidad” en común entre las “melodías” que tocaron. La idea de este trabajo, entonces, es identificar esas tonalidades y, por qué no, improvisar con ellas algunos arreglos propios.

VIDA E INFLUENCIAS DE UEXKÜLL

Jakob von Uexküll nació en Keblas, Estonia, en 1864. Estudió zoología en la Universidad de Dorpat (actual Universidad de Tartu), en la que coexistían dos grandes influencias antagónicas: Charles Darwin y Karl Ernst von Baer. Ambas perspectivas participaron en el debate fundamental de la biología durante el siglo xix, que fue entre mecanicismo y teleología; es decir, la explicación por leyes físicas (causa eficiente) y la explicación por la búsqueda de un objetivo (causa formal). La cimiente de la controversia se encontraba en la ciencia aristotélica, y se retomó con el surgimiento de la biología y por el trabajo de filósofos como Kant, Hegel y Schelling.

Uexküll fue notablemente influido por las ideas de von Baer (1792-1876). Al igual que Uexküll, von Baer nació en Estonia y trabajó en la Universidad de Dorpat. Se formó con el biólogo Dóllinger, quien se adhería a las teorías de Schelling y había estudiado con Kant. Sus principales influencias fueron Cuvier y, precisamente, Kant. Se dedicó al estudio de la morfología embrionaria desde una perspectiva denominada Entwicklungsgeschichte o teoría desarrollista de la organización animal. Según esa teoría, todos los organismos, y todas las partes de los organismos, se desarrollan según un plan que responde al seguimiento de un propósito (Zielstrebigkeit). El principal aporte de von Baer a la embriología fue lo que luego se conoció como “ley de Baer”: el desarrollo del embrión parte de características generales y avanza hacia características más particulares y específicas. La importancia de esta ley radica en su oposición a la teoría del desarrollo conocida en la época, la teoría preformacionista, según la cual los organismos se hallan preformados desde el momento de su concepción. Como contrapartida, Baer proponía una teoría epigenética del desarrollo que lo adscribía, en consecuencia, al grupo que defendía la perspectiva teleoló- gica. En este sentido, las concepciones de Baer se contraponían también a las de Darwin. La principal crítica que Baer dirigía a Darwin, expresada en una carta enviada al mismo Darwin en 1873, no era tanto a la noción misma de evolución, sino en cuanto al mecanismo propuesto para explicarla, la selección natural. No podía concebir que la evolución ocurriera con una noción tan accidental, fortuita, desorganizada y no desplanificada.

Luego de sus estudios de grado en Estonia, Uexküll viajó a Alemania, a la Universidad de Heildelberg, para trabajar en fisiología muscular de invertebrados marinos bajo la dirección de Wilhelm Kühne, a quien había conocido en 1886, en Dorpat, en ocasión de la memoria del décimo aniversario de la muerte de Baer. Luego de recibir un doctorado honorario en 1907 en Heidelberg, Uexküll estuvo un breve periodo en el Centro Zoológico de Nápoles. En 1926, obtuvo un puesto en la Universidad de Hamburgo, en Alemania, donde llevó a cabo toda su labor profesional hasta su retiro, y donde fundó el Instituto de Investigación del Umwelt. Allí conoció a Ernst Cassirer, con quien estableció una larga y duradera amistad. La influencia de Uexküll en el trabajo de Cassirer se halla abundantemente documentada, no así la influencia recíproca, en tanto que probablemente Cassirer haya influido en la inclinación semiótica de los últimos trabajos de Uexküll.

Los últimos años de su vida Uexküll los pasó en Capri, Italia, donde poseía una villa familiar desde hacía varios años. Ahí murió en 1944.

A lo largo de su vida, Uexküll publicó varios libros y numerosos artículos científicos sobre diferentes tópicos, desde fisiología muscular hasta la vida subjetiva de los animales y el significado de la vida. Sus obras más influen- ciables son: Umwelt und Innenwelt der Tiere (1909); Theoretische Biologie (1920); Die Lebenslehre (1930); Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen (1934); Niegeschaute Welten (1936), y Bedeutungslehre (1940).

Uexküll fue uno de los fundadores de la biología teórica, de los estudios experimentales de comportamiento animal, y de la unión entre semiótica y biología. Fue, además, uno de los principales contribuyentes a la tendencia “epigenética” o “desarrollista” en biología, dentro de un linaje en el que participan Goethe, Geoffroy Saint-Hilaire, Karl Ernst von Baer, D’Arcy Thompson, Hans Spemann, Hans Driesch, Conrad Hal Waddington, Brian Goodwin, Rene Thom, Robert Rosen, y Stuart Kauffman.

EL MUNDO SEGÚN UEXKÜLL

La mayor influencia filosófica de Uexküll, y la que contribuyó enormemente en la formación de su visión del mundo fue Immanuel Kant. El proyecto de Uexküll está claramente enmarcado en el proyecto kantiano, a pesar de que haya planteado algunas diferencias con el mismo, y que con el tiempo le haya impreso sus propias particularidades y tendencia personal.

Uexküll comienza en la introducción de su obra principal, Theoretische Biologie (1920), haciendo un agradecimiento al legado dejado por las investigaciones llevadas a cabo por Kant. Lo que Uexküll toma de Kant es el “giro copernicano” que introduce en nuestra concepción del conocimiento del mundo: en lugar de proponer un mundo objetivo que existe independientemente del sujeto, invierte el planteamiento y propone que es el sujeto el que establece el conocimiento del mundo. Este giro tomado por Uexküll lo lleva a adoptar una tesis que lo guiará a lo largo de todo su pensamiento: la realidad y la experiencia es lo que percibimos subjetivamente. No hay una realidad en la forma de cosas-en-sí; no hay nada fuera de las experiencias subjetivas individuales que crean al mundo como significativo, o en todo caso nunca podremos conocerla:

Toda realidad es apariencia subjetiva. Este debe constituir la gran, fundamental admisión incluso de la biología. Es totalmente en vano salir a buscar al mundo causas independientes del sujeto; siempre tropezamos con objetos, que deben su construcción al sujeto. Cuando admitimos que los objetos son apariencias que deben su construcción al sujeto, pisamos en tierra firme y antigua, especialmente preparada por Kant para soportar el edificio de la ciencia natural entera. Kant estableció al sujeto, el hombre, por sobre los objetos, y descubrió los principios fundamentales por los cuales los objetos son construidos por nuestra mente (Uexküll 1926, p. xv).

A continuación establece su proyecto de investigación y de vida, que para nosotros tendrá una gran importancia con relación al trabajo de Merleau-Ponty: “La tarea de la biología consiste en expandir en dos direcciones los resultados de las investigaciones de Kant: (1) considerar el rol jugado por nuestro cuerpo, y especialmente por nuestros órganos de los sentidos y sistema nervioso central, y (2) estudiar las relaciones de otros sujetos (animales) con los objetos” (Uexküll 1926, p. xv). Podríamos marcar aquí, entonces, la primera similitud con el proyecto merleau-pontiano, en el punto (1), y la primera indicación y adelanto de lo que nos conducirá a la noción de Umwelt, en el punto (2).

En el segundo punto, nos encontramos con la primera novedad, clave en el pensamiento de Uexküll, que puede pasar desapercibida, pero que no deja dudas: no sólo los hombres son sujetos, los animales también lo son. De esta afirmación al Umwelt hay, como veremos, sólo un paso. Esto no quiere decir necesariamente que los animales tengan conciencia, que de hecho para Uexküll todavía no la tienen. Surge imperiosa, entonces, la siguiente pregunta: ¿Cómo se relacionan estos sujetos sin conciencia con los objetos si, según Kant, es ella la que permite construirlos? No nos parece casual que inmediatamente después de afirmar que para Kant “los objetos son construidos por nuestra mente”, señale la necesidad de “considerar el rol jugado por nuestro cuerpo”.

Esta visión del mundo que adopta Uexküll, influido por Kant, y que incluso podríamos denominar fenomenológica, lo conduce, al igual que ocurre con Merleau-Ponty, a adoptar una perspectiva perceptual y a considerar los fenómenos de la naturaleza desde el punto de vista de cómo son percibidos por los distintos sujetos. Otra de las influencias importantes, además de Kant, en la formación de su “teoría de la percepción” fue Hermann von Helmholtz (1821-1894). Dicha teoría se condensa en lo que Uexküll denominó ciclo funcional, y representa uno de los antecedentes más importantes del concepto de retroalimentación (feedback). Gracias a este ciclo, el sujeto puede acumular nuevas experiencias y adquirir nuevos sentidos, y es lo que permite que el sujeto pueda tener un Umwelt y modificarlo a lo largo del tiempo. De acuerdo con Uexküll, el sistema nervioso central está formado por dos tipos de componentes: los “receptores centrales” (Merkorgan) y los “efectores centrales” (Wirkorgan). Ambos están compuestos por células. La representación guardada en una célula receptora central se denomina “signo receptor o perceptual” (Merkzeichm), mientras que el impulso guardado en las células efectoras centrales se denominan “signos efectores” (Wirkzeichen). Los receptores centrales están conectados con receptores periféricos específicos. Si una cualidad particular de un objeto estimula a las células receptoras periféricas, y tal estimulación activa a las correspondientes células receptoras centrales, entonces el signo perceptual guardado en estas células se convierte en “señal perceptual” (Merkmal) para el objeto y, al mismo tiempo, la cualidad del objeto se convierte en portadora de esa “señal perceptual” (Merkmal-Tra- ger). Por su parte, cuando la activación de células efectoras centrales causan la inervación de células efectoras periféricas, y éstas actúan sobre un objeto, entonces el signo efector guardado en las células efectoras centrales se convierten en “señales efectoras” o funcionales (Wirkmal) para el objeto y, al mismo tiempo, la cualidad del objeto producida por la acción de las células efectoras se convierte en portadora de esta “señal funcional” (Wirk- mal-Trdger). Debido a las señales perceptuales y funcionales impresas sobre el objeto por el sujeto, el objeto sobreviene significativo para el sujeto.

LA INVENCIÓN DEL UMWELT

Uexküll abre su obra Streifzüge durch die Umwelten von Tieren und Menschen (1934) de la siguiente manera:

Esta pequeña monografía no pretende señalar el camino a una nueva ciencia. Tal vez debería ser llamado un viaje a mundos desconocidos, mundos extraños para nosotros, pero conocidos para otras criaturas, mundos numerosos y variados como los animales mismos. El mejor momento para emprender tal aventura es en un día soleado. El lugar, una pradera cubierta de flores, zumbando de insectos, sobrevolado de mariposas. Aquí podemos echar un vistazo a los mundos de los pequeños habitantes de la pradera. Para ello, debemos primero crear imaginariamente una burbuja de jabón alrededor de cada criatura para representar su propio mundo, que contiene las percepciones que sólo ella conoce. Cuando entramos a una de estas burbujas, la familiar pradera se transforma. Muchas de sus características y colores desaparecen, otras no aparecen más juntas sino en nuevas relaciones. Un mundo nuevo nace. A través de la burbuja vemos el mundo del gusano, de la mariposa o del ratón; el mundo como aparece a los animales mismos, no como aparece ante nosotros. A éste podríamos llamarlo mundo fenoménico o mundo propio del animal (Uexküll 1957, p. 5).

Para Uexküll, entonces, hay tantos “mundos” posibles como animales hay en la naturaleza, puesto que cada uno de ellos lo percibe de manera diferencial. Su propuesta se distingue y se opone a aquellas teorías que consideran que existe una única manera de ver el mundo, un mundo objetivo, regular y unívoco equivalente para todos. Se trata entonces de una perspectiva en primera persona en la que lo que pueda percibir un animal en particular no necesariamente coincidirá con lo que yo percibo, es decir, percibir los ambientes naturales como igualmente significativos para todos los animales. Uexküll no considera, como decíamos anteriormente, a los organismos como meros objetos, sino como sujetos cuya actividad esencial consiste en percibir y actuar. Todo lo que un animal percibe forma parte de su mundo perceptual (Merkwelt), y todo lo que hace, de su mundo operacional (Wirkwelt). El mundo perceptual y operacional forman juntos una unidad cerrada, que es el Umwelt.

El concepto de Umwelt proviene de una de sus primeras obras, Umwelt und Innenwelt der Tiere (1909). Bajo este término entendía al organismo y su medio ambiente formando un sistema integral, que no puede ser comprendido aislando uno de otro. Esta forma de entender la relación de los animales con el ambiente, condujo eventualmente al desarrollo de un nuevo campo de investigación en biología, que asocia de manera más directa a la biología con el comportamiento, y que entiende a los animales como sujetos con experiencias propias.

Es clara la influencia de Kant sobre Uexküll en el desarrollo de este concepto. Partiendo de la idea que el mundo y la realidad no están dadas, que no son un hecho objetivo, sino que se construyen con base en nuestras percepciones subjetivas, el paso siguiente para la concepción del Umwelt es inmediato: si el mundo es constituido por sujetos individuales, se trata entonces de ver cómo “aparecen” esos mundos a cada uno de los organismos. Es decir, si los objetos no existen independientemente de un sujeto que los percibe, entonces el mundo mismo es constituido por el sujeto, y hay tantos “mundos” como sujetos posibles. Pierde sentido, entonces, la idea de la existencia de un solo mundo posible, accesible únicamente a la conciencia humana. Lo que es más, el concepto de Umwelt, tal cual lo define Uexküll, tiene cierta similitud con el concepto fenomenológico de “ser-en-el-mundo”, en el sentido en que los seres vivos y sus ambientes no son dos cosas distintas, sino una estructura unitaria que debe considerarse en forma holista.

La imagen que más utiliza Uexküll para ilustrar el Umwelt es la de la “burbuja de jabón”. La idea detrás de esta metáfora es que cada animal estaría rodeado por una burbuja, que establece el límite entre su medio circundante, su “mundo”, y el resto de las posibilidades que para él, desde su perspectiva, son desconocidas. El límite, en realidad, es doble: desde la perspectiva del animal marca el límite de su mundo, y desde la perspectiva de un observador externo (como nosotros), marca el límite de nuestro conocimiento del organismo. Este último punto es importante, porque subraya el hecho de que aunque estén presentes los mismos objetos en un determinado ambiente, éstos no tienen por qué ser percibidos de igual manera por dos organismos distintos, y lo que es más importante, no tienen por qué tener el mismo sentido. Un objeto presente en mi Umwelt no tiene por qué estar “presente” en el Umwelt de otro organismo, y si lo está no tiene por qué tener el mismo significado que tiene para mí. Por ejemplo, mientras que una pradera puede ser un lugar cómodo para recostarme y disfrutar de la naturaleza, para una vaca es un espacio alimenticio por excelencia. En resumidas cuentas, el Umwelt puede ser considerado como una especie de “microcosmos”, en el cual vive y habita cada organismo. A este Umwelt, se oponen el Umgebung, el alrededor geográfico exterior del animal, y el Welt, el universo de la ciencia.

El ejemplo más citado, que ilustra de la forma más clara la idea y el funcionamiento del Umwelt, es la vida de la garrapata. De todos los estímulos que podrían existir en el medio de la garrapata, sólo tres tienen relevancia para ésta, en tanto conforman su mundo y le permiten cumplir su sentido biológico. Las garrapata se desarrolla a expensas de la sangre caliente de los mamíferos. Después del acoplamiento, la hembra adulta sube, guiada por la fotorreceptividad de su piel, hasta la extremidad de una rama de árbol y espera. Este es el primer estímulo. Puede esperar, inmóvil e inactiva, sin alimentarse ni refugiarse, hasta dieciocho años, y sólo el estímulo adecuado podrá sacarla de ese estado de quiescencia y ponerla en marcha nuevamente en su ciclo vital. Cuando un mamífero pasa debajo del árbol, bajo el puesto de acecho de la garrapata, ésta se deja caer. Lo que la guía es el olor a manteca rancia (ácido butírico) proveniente de la transpiración del animal. Este es el segundo estímulo. Cuando cae sobre el animal, se fija a él. Lo que la fija al a éste es únicamente la temperatura de la sangre. Este es el tercer estímulo. Una vez fijado al animal se dirige a la fuente del calor, arribando a zonas del animal libres de pelo, hasta la piel, y finalmente succiona su sangre. Sólo cuando su estómago está repleto de sangre se inicia una respuesta biológica que consiste en liberar los espermatozoides que lleva encapsulados, fertilizando a los huevos que aguardan en el ovario. De este modo, la garrapata puede cumplir su ciclo vital en algunas horas, y luego muere después de haber esperado hasta dieciocho años. Durante ese largo periodo de espera e inactividad, nada de lo que pueda rodear a la garrapata tiene algún sentido para ella; sólo los tres estímulos mencionados tienen significado para ella y constituyen su Umwelt.

Se ve en el ejemplo anterior que el Umwelt se parece más a una “comunidad” que a una “entidad”, y que el énfasis está puesto en la relación más que en alguna sustancialización. En el Umwelt el sujeto nunca está solo, sino que se encuentra siempre en relación con otros sujetos. Pareciera ser, entonces, que la noción de ser vivo comienza a emerger sólo cuando interactúa con otros en un ambiente, y que la vida comienza con una relación. En palabras de Uexküll: “Vemos aquí la primera ley musical de la naturaleza. Todos los seres vivos tienen su origen en un dúo” (tomado de Buchanan 2008, p. 28). Buchanan se inclina a pensar que lo que subyace a la teoría de Uexküll es una teoría de la naturaleza intersubjetiva:

Uexküll fue uno de los primeros en presentar una biología de sujetos, como ya vimos, pero me gustaría llevar esto más lejos y sugerir que lo que tenemos es una teoría de la naturaleza intersubjetiva. A pesar de que Uexküllno caracteriza su teoría en términos fenomenológicos, es claro que un modelo intersubjetivo está en su centro […] Uexküll es claro en resaltar que la identidad de un animal nunca puede ser abordado si no es a través de sus relaciones intersubjetivas (Buchanan 2008, pp. 28-29).

Ahora bien, uno podría preguntarse, ¿cómo se establecen estas relaciones entre los sujetos? ¿Cómo se estableció la relación entre la garrapata y el mamífero, de manera que el olor a ácido butírico le indique que ahí encontrará la sangre que tanto estaba esperando? ¿Cómo se estableció el encadenamiento de los tres ciclos funcionales de la garrapata, de tal forma que el conjunto adquiera coherencia? Nos enfrentamos a los problemas de la intencionalidad, el sentido y la teleología. En una primera etapa, Uexküll pareciera rechazar una teleología en la naturaleza, separándose de esta manera del proyecto kantiano, en cuanto afirma en Theoretische Biologie (1920): “En lugar de ver en él meramente una regla a través del tiempo y del espacio, los hombres han hablado de ‘propósito’ y ‘propositividad’ en la naturaleza; y esto introdujo la idea de naturaleza como una clase de ser humano, previendo eventos futuros y actuando en consecuencia […] Es aconsejable por lo tanto descartar de la biología, de todos los tiempos, expresiones como ‘propósito’ y’propositividad'” (Uexküll 1926, p. 270). Sin embargo, a continuación se pregunta:

La única cuestión debatible que queda es esta: ¿Hay sólo una ley mecánica en el mundo de las cosas vivientes, o hay también una ley supermecánica, para la cual desearíamos introducir el término conformidad con el plan? ¿Están los procesos en conformidad con el plan, los cuales estudiamos en el mundo viviente, conectados únicamente por las reglas de un funcionamiento mecánico que ha estado ahí desde el mismo comienzo, o están controlados por reglas de función que abarcan no sólo el funcionamiento sino también su guía? (Uexküll 1926, p. 270-271).

De esta manera, Uexküll excluye en esta etapa a la teleología de la naturaleza, y la remplaza por una “conformidad con el plan” que funciona con reglas mecánicas.

En años posteriores, Uexküll adoptará un abordaje distinto que, sugiere Buchanan (2008, p. 31), pudo deberse a su cercanía con Cassirer. Así, por ejemplo, en la obra que más nos ocupa Uexküll afirma: “Las relaciones de significado son las únicas señales verdaderas en nuestra exploración de los Umwelten” (Uexküll 1957, p. 40). La obra en la que mayor relevancia toman las cuestiones del sentido y el significado es en Bedeutunglehre (1940). En el primer párrafo, Uexküll sostiene: “La vida sólo puede ser comprendida cuando uno ha reconocido la importancia del significado (Bedeutung)” (Uexküll 1982, p. 26). Y más adelante amplía: “La cuestión del significado es, por lo tanto, la cuestión crucial para todos los seres vivos” (Uexküll 1982, p. 37). Quiere decir, entonces, que el problema del significado no sólo involucra a la esfera humana, sino que todos los seres vivos son capaces de crear su propio dominio de significados en el espacio del Umwelt. Lo que busca Uexküll en su desarrollo de la biología como “teoría de la vida” es cómo se crea significado a través de las relaciones. Se podría decir que para conocer a un ser vivo tendríamos que conocer las relaciones que es capaz de formar, y que un animal no es más que sus relaciones (Buchanan 2008, p. 30). Esas relaciones son, entonces, la fuente para ganar acceso al significado de la vida de un determinado organismo.

Uexküll afirma que los organismos son sensibles a aquellos signos que se complementan con ellos mismos, y la reflexividad de este signo lleva a la producción colaborativa de su Umwelt. En este contexto, el significado es el responsable de hacer “resonar” a los diferentes Umwelten de forma “armoniosa”, lo que es otra forma de referirse a la armonía en la naturaleza. Uexküll compara al significado con un conector o un puente que une dos notas en una partitura musical, que es la propia naturaleza. De lo que se trata, entonces, es de buscar esos puentes o conectores musicales en la naturaleza, buscan aquellos que comparten significados. En el ejemplo de la garrapata, el mamífero sirve como contrapunto en cuanto emite ciertos signos (sudor, calor) que se vuelven significativos dentro del Umwelt de la garrapata, es decir, se establece una relación con sentido entre ellos. De ese modo, los signos biológicos no actúan como simples causas externas, como si formaran parte de un mecanismo que disparan efectos instintivos, más bien forman parte de un proceso de interpretación en los cuales actúan como poseedores de significado para los organismos. La relación entre los signos no puede reducirse a una simple causa-efecto.

Un análisis muy interesante es el que realiza Uexküll sobre la relación de significado entre dos organismos, a partir de un poema de Goethe. El poema dice así: “Si el ojo no fuera solar, el sol jamás podría ser visto”. A esta frase Uexküll agrega: “Si el sol no fuera ocular, no podría brillar en ningún cielo”. Al aplicar esta fraseología al caso de la abeja y de la flor, concluye lo siguiente:

Si la flor no fuera apícola
Y la abeja no fuera floral
El unísono nunca podría ser exitoso
(Uexküll 1982, p. 65).

Uno podría pensar que lo que está en juego en estas frases es una comparación externa entre los organismos, o una búsqueda de cierta similitud morfológica: la flor “se parece” a la abeja, y la abeja “se parece” a la flor. No es así. La interpretación “superficial” queda descartada cuando se continúa leyendo el poema de Goethe: “si en nosotros no viviera la fuerza de un Dios, ¿cómo podría fascinarnos lo divino?”. Se torna evidente que la relación entre ambos organismos es mucho más profunda. La abeja y la flor encuentran un complemento en el otro, no pueden ser lo que son sin el otro, dependen uno del otro para sostener sus vidas individuales. La abeja necesita de la flor para colectar el néctar para su colmena, y la flor necesita de la abeja para dispersar su polen. Esta relación tampoco implica simplemente una “simbiosis”, una mutua interdependencia. Lo que está en juego es la presencia de cierta “alteridad” dentro de cada organismo. De otro modo no habría posibilidad de conexión entre ellos, y pasarían uno al lado del otro sin darse cuenta. “La única manera de que la abeja y la flor puedan tener un significado para el otro es si cada uno ya es el otro” (Buchanan 2008, p. 33-34).

Consideremos ahora un ejemplo más, el de la araña y la mosca. En este caso Uexküll ofrece una explicación similar a la anterior. Considera que la araña tiene algo de mosca en su estructura, lo que le permite elaborar una telaraña de acuerdo a las características arquetípicas de la mosca. Se podría decir, incluso, que la araña “anticipa” la presencia de la mosca a través de la “melodía” de la mosca. Es bien sabido que la araña teje su telaraña con un diseño que elude la dinámica perceptual del ojo de la mosca; la mosca vuela directamente a la telaraña porque no puede verla. En consecuencia, la telaraña “posee” a la mosca antes de que ella aparezca en escena. Uexküll lo expresa de forma bella y profunda: “la telaraña es una verdadera obra de arte refinada que la araña ha pintado de la mosca” (Uexküll 1982, p. 42).

¿Cómo se entiende este sentido de anticipación que se halla encarnado en el animal? Una forma de explicarlo es recurrir al concepto de intencionalidad. Este concepto tiene distintas implicaciones, según quien lo utilice, aunque todas indican una direccionalidad hacia algo. En fenomenología, recordemos, Husserl postula que la conciencia es siempre conciencia de algo, que la conciencia siempre se dirige a un objeto. La novedad u originalidad de Uexküll es que en lugar de explicar cómo los animales tienen conciencia, consideró la pregunta de cómo el cuerpo animal, y el cuerpo en general, tiene intencionalidad. Uexküll quiso mostrar que incluso los seres vivos más rudimentarios pueden anticipar las condiciones que lo rodean interpretando las señales y signos como poseedores de sentido, y por ende una intencionalidad hacia su Umwelt. Promueve entonces una comprensión corporeizada de la intencionalidad y la alteri- dad. Ese programa de investigación también lo emprenderá Merleau- Ponty.

EL COMPORTAMIENTO EN MERLEAU-PONTY

El tema de La structure du comportement es evidente desde el principio: “nuestro objetivo es comprender las relaciones entre la conciencia y la naturaleza” (Merleau-Ponty 1976, p. 19). La razón de abordar este problema es la inadecuada relación que encuentra entre el naturalismo de la ciencia, que conduce a un empirismo extremo de la vida que descansa en causas físico-mecánicas, y el idealismo de la filosofía, en el que encuentra problemas similares, aunque en otro dominios. Merleau-Ponty se propone encontrar una tercera alternativa para describir al mundo natural y lo hace comenzando con el comportamiento, ya que considera que es un ámbito “neutral” que le permitirá profundizar en la naturaleza empírica sin recurrir a ninguna fuerza idealista: “Llegaremos a estas cuestiones partiendo “desde abajo” y por un análisis de la noción de comportamiento. Esta noción nos parece importante porque, considerada en sí, es neutra con respecto a las distinciones clásicas de lo “psíquico” y de lo “fisiológico” y puede, por tanto, proporcionarnos la ocasión de volver a definirlos” (Merleau-Ponty 1976, p. 21). Para Merleau-Ponty, entonces, el estudio del comportamiento representa una nueva postura frente a las tendencias mecanicistas y vitalistas en biología. El mecanicismo y el vitalismo reducen al organismo a “una masa material de partes extra partes” (Merleau-Ponty 1976, p. 19). Pensar a los organismos de esta manera significa negar en los seres vivos toda unicidad y relación interna entre sus partes. Es un síntoma característico de la ciencia moderna que reduce a los organismos a un universo atomístico. Como consecuencia, se concibe al organismo aislado de su ambiente, que puede ser estudiado como una masa material que existe independientemente de todo lo que lo rodea, y que así puede ser clasificado y diseccionado.

Merleau-Ponty encuentra los mismos problemas en algunos abordajes característicos en el estudio del comportamiento, como el “behaviorismo”. Este campo de la psicología, representado por Pavlov, Watson y Skinner, se centra en el estudio de los patrones externos observables y continúa sosteniendo, a pesar de su nombre, una interpretación atomística del organismo: “Es sabido que en Watson […] el comportamiento es reducido a una suma de reflejos y de reflejos condicionados entre los que no se admite ninguna conexión intrínseca” (Merleau-Ponty 1976, pp. 21-22). De lo que se trata para Merleau-Ponty es de recuperar el verdadero concepto de comportamiento. Encuentra una respuesta inicial en el concepto de “estructura” desarrollado por la teoría de la Gestalt, definida como una totalidad que es más que la suma de sus partes. Esto expresa la necesidad de concebir un principio de unicidad en la totalidad estructural de los organismos que no puede ser reducida a una suma de sus órganos, fluidos, células, reflejos, etc. flay algo en los organismos que los hace irreductibles a una interpretación atomística y mecanística, algo que no puede convertirlos en meras máquinas. Para Merleau-Ponty, el comportamiento es el espacio para desarrollar esta concepción del organismo, ya que éste es el que los describe como totalidades que no pueden ser reducidas. Ahora bien, para poder lograr tal concepción del comportamiento hay que evitar las explicaciones causales lineales típicas, por ejemplo, de los comportamientos reflejos, porque ignoran la totalidad del organismo. Se trata, pues, de evitar los programas mecanicistas o los vitalistas, los cuales se basan en partes separadas que actúan sobre otras mediante relaciones mecánicas, o bien sobre una entelequia, respectivamente.

Si la idea es encontrar la totalidad del organismo en el fenómeno del comportamiento, entonces debemos indagar sobre este concepto. Merleau-Ponty aporta diferentes perspectivas al respecto y lo relaciona con distintas nociones: el comportamiento como estructura, como forma, como significación y como modo de existencia. De esta manera, Merleau-Ponty, en una primera aproximación, afirma: “El comportamiento en tanto que tiene una estructura, no se ubica en ninguno de esos dos órdenes [del en-sí y del para-sí, o el mecanicismo y el intelectualismo]” (Merleau-Ponty 1976, p. 180). Más adelante, agrega: “En la experiencia de los comportamientos supero efectivamente la alternativa del para-sí y del en-sí […] La estructura del comportamiento, tal como se ofrece a la experiencia perceptiva, no es ni cosa ni conciencia” (Merleau-Ponty 1976, p. 182). Finalmente termina la idea: “El comportamiento no es una cosa, pero tampoco es una idea; no es la envoltura de una pura conciencia y, como testigo de un comportamiento, no soy una pura conciencia. Es precisamente lo que queríamos expresar al decir que es una forma” (Merleau-Ponty 1976, p. 183). Avanza aún más: “El comportamiento está, por consiguiente, hecho de relaciones, es decir, que es pensado y no en-sí, como cualquier otro objeto” (Merleau-Ponty 1976, p. 183). Nos acercamos así a la parte que más nos interesa a nosotros, con relación a Uexküll, y también la que marcará el devenir posterior del pensamiento merleau-pontiano:

A partir de ese momento, el comportamiento se desliga del orden del en-sí y se convierte en la proyección fuera del organismo de una posibilidad que le es interior. El mundo, en tanto que lleva seres vivientes, deja de ser una materia plena de partes yuxtapuestas, se ahonda en el lugar donde aparecen comportamientos. De nada serviría decir que somos nosotros, espectadores, quienes reunimos con el pensamiento los elementos de la situación a los que el comportamiento se dirige, para asignarles un sentido; que somos nosotros quienes proyectamos al exterior las intenciones de nuestro pensamiento, ya que faltaría saber sobre qué, en cuál fenómeno se apoya esta Einfühlung, qué signo nos invita al antropomorfismo. Tampoco serviría de nada decir que el comportamiento es “consciente” y que nos revela como su reverso un ser-para-sí oculto tras el cuerpo visible. Los gestos del comportamiento, las intenciones que traza en el espacio alrededor del animal, no se dirigen al mundo verdadero o al ser puro, sino al ser-para-el-animal, es decir a un cierto medio característico de la especie; no dejan transparentar una conciencia, es decir, un ser en el que toda la esencia sea conocer, sino una cierta manera de tratar el mundo, de “ser en el mundo” o de existir (Merleau-Ponty 1976, pp. 180-181).

Aquí llegamos a la instancia donde el comportamiento expresado en los términos fenomenológicos de “ser en el mundo” se confunde con la concepción uexkülleana de Umwelt, es decir, el comportamiento como una clausura relacional en la que el organismo está unido estructuralmente con su mundo.

Es también este el momento en el que Merleau-Ponty explica, nosotros creemos que no casualmente, la noción de Umwelt, aunque sin mencionar a Uexküll, tal vez incluso sin haberlo leído directamente, sino a través del biólogo holandés Frederik Buytendijk:

Está establecido, contra el conductismo, que no puede identificarse el “ámbito geográfico” y el “ámbito conductual” (milieu de comportement). Las relaciones eficaces en cada nivel, en la jerarquía de las especies, definen […] una manera que le es propia de elaborar los estímulos, y así el organismo tiene una realidad distinta, no sustancial, sino estructural. La ciencia no trata, pues, a los organismos como los modos finitos de un mundo (Welt) único, las partes abstractas de un todo que los contendría eminentemente; se ocupa de una serie de “ambientes” y de “medios” (Umwelt, Merkwelt, Gegenwelt), donde los estímulos intervienen según lo que significan y lo que valen para la actividad típica de la especie considerada (Merleau-Ponty 1976, pp. 185-186).

La relación entre el organismo y su ambiente no puede analizarse en términos de causa y efecto, ni como la relación entre una llave con su cerradura, sino que son dos momentos de un proceso circular: “Situación y reacción se enlazan interiormente por su participación común en una estructura donde se expresa el modo de actividad propio del organismo” (Merleau-Ponty 1976, p. 187). Una frase que, por otra parte, guarda gran similitud con esta otra: “El mundo perceptual y operacional forman juntos una unidad cerrada, que es el Umwelt” (Uexküll 1957, p. 6).

La única vez que Merleau-Ponty menciona a Uexküll en La structure du comportement es indirectamente, otra vez, a través de Buytendijk: “Todo organismo, decía Uexküll, es una melodía que se canta a sí misma” (Merleau-Ponty 1976, p. 225). Pareciera ser que Merleau-Ponty encuentra en las referencias musicales de Uexküll el lenguaje apropiado para expresar la dinámica estructural y relacional de los organismos, en contraposición a una visión sustancialista y mecánica, así como para entender y expresar la íntima relación entre el organismo y su ambiente como una forma singular (unitaria). Así, por ejemplo, leemos: “El organismo, justamente, no puede compararse a un teclado sobre el que actuarían los estímulos exteriores y dibujarían su forma propia, por la simple razón de que él contribuye a constituirla […] Sería un teclado que se mueve a sí mismo, de manera de ofrecer —según ritmos variables— tales o cuales de sus notas a la acción en sí monótona de un martillo exterior” (Merleau-Ponty 1976, pp. 30-31). En otra parte, Merleau-Ponty afirma: “El mundo, en aquellos de sus sectores que realizan su estructura, es comparable a una sinfonía” (Merleau-Ponty 1976, p. 189). El organismo, entonces, contribuye activamente a la generación de la melodía; no sólo “constituye” su forma (aporta sus elementos), sino que la “canta”. El organismo está activamente comprometido en la “musicalización” de sí mismo y de su ambiente; organismo y ambiente están íntimamente relacionados en un “tema musical”, en el que ninguno de los dos puede ser reducido a una dependencia por determinación externa.

Ahora bien, la noción que se abrirá camino a lo largo del desarrollo del pensamiento de Merleau-Ponty para expresar la unidad del organismo y su relación con el ambiente, no será la de sinfonía ni la de teclado, sino la de melodía. A pesar de que el concepto de melodía no se encuentra todavía desarrollado en La structure du comportement, lo utiliza para dar su propia definición de coordinación. Los elementos coordinados, afirma Merleau-

Ponty, están asociados unos con otros de tal forma que constituyen un todo que tiene su propia ley; juntos forman una melodía que no está contenida en sus partes (notas) sino surgen de ésta. Más adelante, expresa la misma idea recurriendo a otra metáfora. Compara un organismo con una burbuja de jabón, en la que lo que sucede en cada punto está determinado por lo que sucede en todos los otros. Lo interesante de estas reflexiones es que las hace recurriendo a dos temas predilectos de Uexküll, la melodía y la burbuja de jabón. Ambas imágenes funcionan en los dos autores como forma de expresar la unidad y totalidad del organismo.

La unidad del organismo no es material, a pesar de la existencia física del mismo. La unidad no es una simple consecuencia de la existencia de órganos o de un sustrato. La coordinación, afirma Merleau-Ponty, es la creación de una unidad de sentido que no debe nada a la materialidad de las partes involucradas. La cualidad irreductible de los organismos no implica recurrir a una fuerza vitalista. Significa que la unidad del organismo no está confinada y asegurada por su aparato corporal, sino que se extiende a sus actividades de comportamiento inmerso en un ambiente. Un organismo no es sólo un espécimen físico, él es sólo en sus relaciones inherentes con su medio. El aspecto “inmaterial” del organismo aparece en el modo en que los seres vivos se relacionan con sus alrededores. Dicho de otra manera, la existencia de una estructura en el mundo es manifestación de la intersección de una multitud de relaciones referidas a otras estructuras. Que el organismo sea una estructura significa que por necesidad se relaciona con otras, es decir, con el medio.

EL UMWELT DE MERLEAU-PONTY

Merleau-Ponty retorna al tema del organismo en los cursos sobre el concepto de naturaleza que dicta entre los años 1956-1960 en el College de France. Ahí retoma sus indagaciones acerca de las relaciones entre el organismo y el ambiente que habita. Una señal de la continuidad entre La structure du comportement y su trabajo posterior sobre la naturaleza es, justamente, el énfasis puesto en la relación.

En esos cursos comienza enumerando algunas limitaciones de la metafísica cartesiana, en especial, que se trata de un paradigma científico abocado a la descripción de la esencia de los seres de la naturaleza, para luego afirmar la necesidad de una clarificación ontológica del concepto mismo de naturaleza. Recurre para ello al concepto de comportamiento, retomando de alguna manera el proyecto emprendido en La structure du comportement. En ese contexto es que aparece la noción de Umwelt de Uexküll. El concepto de Umwelt aparece como contraposición a un mundo objetivo único (Welt) que existe por sí mismo. Frente a esto, el Umwelt no es sólo el “dominio puramente subjetivo” de la vida animal, sino que estrictamente es “el ambiente de comportamiento” (Merleau-Ponty 2003, p. 167). Lo que es más, compara el Umwelt con el comportamiento, y asegura: “Uexküll anticipa la noción de comportamiento” (Merleau-Ponty 2003, p. 167). Hasta este punto, Merleau-Ponty repite de algún modo lo explicado en su primera obra, aunque esta vez hace un reconocimiento explícito de las teorías de Uexküll, y parece haber estudiado profundamente su obra, o al menos parte de ella. El comentario anterior no es casual porque, después de su lectura, algo parece haberse agregado o modificado en el pensamiento de Merleau-Ponty, y sus reflexiones parecen haberse nutrido aún más de las ideas de Uexküll: “Esta actividad comportamental orientada hacia un Umwelt comienza bastante antes de la invención de la conciencia […] La conciencia es sólo una de las formas varias del comportamiento” (Merleau-Ponty 2003, p. 167). En consecuencia, el Umwelt subyace en la posibilidad de la conciencia. Merleau-Ponty busca relativizar la prioridad de la conciencia en favor de una descripción más profunda y universal del ser vivo. Ya vimos que esas ideas subyacen más o menos explícitamente en la obra de Uexküll, y de hecho Merleau-Ponty así lo reconoce: “Uexküll mismo posiciona al Umwelt como un tipo del cual la organización, la conciencia y la máquina son sólo variaciones” (Merleau- Ponty 2003, p. 168).

¿Cómo llegar a esta comprensión “más profunda y universal del ser vivo”? Si la conciencia es sólo “una de las formas varias del comportamiento”, ¿en qué sostener la cohesión y unicidad de los organismos? En este punto, Merleau-Ponty cita el ejemplo de Uexküll de la ameba. La ameba para Uexküll es un “protoplasma que fluye”, una “máquina que fluye”. La ameba recrea y renueva sus órganos, seudópodos y vacuolas constantemente. Y entonces afirma algo que para nosotros es muy importante: “En los animales-máquina, hay una diferencia entre funcionamiento y nacimiento. Para la ameba, mantenerse a sí mismo y funcionar son la misma cosa. La ameba es nacimiento continuo, pura producción” (Merleau-Ponty 2003, p. 170). Merleau-Ponty introduce, incluso de una forma tal vez más clara que Uexküll, la circularidad: el mismo movimiento que crea a la ameba es el que le permite sostenerse en el tiempo. Las ramificaciones e implicaciones de esto son muchas y muy variadas, y quizás no sea el lugar para abordarlas. Uexküll, por su parte, había introducido la circularidad en su noción de ciclo funcional, y en elMerkwelt y Wirkwelt como unidad cerrada, que es el Umwelt mismo. A continuación, Merleau-Ponty compara el caso de la ameba con el de la anémona. La anémona tiene tres redes neurales, aunque sólo un comportamiento, debido a la presencia de un único músculo efector. Así afirma: “El sistema nervioso central está lejos entonces de ser el origen y base de la unidad del organismo […] en todos lados pesa la prevalencia del protoplasma en el conjunto” (Merleau-Ponty 2003, p. 170). Merleau-Ponty concluye algo que completa o adiciona algo más a la noción de circularidad: “La unidad del organismo no descansa en el sistema nervioso central; debe sostenerse en una actividad” (Merleau- Ponty 2003, p. 170). La circularidad y la actividad del organismo aseguran su unidad, y ambas se dan en el “escenario comportamental” que es el Umwelt. Más adelante expresa de otra manera esta circularidad, recurriendo a una metáfora que ya había utilizado en La structure du comportement, y que fue la única vez que mencionó explícitamente a Uexküll: el organismo o el “desenvolvimiento” del Umwelt es “una melodía que se canta a sí misma” (Merleau-Ponty 1976, p. 225; 2003, p. 173).

La noción de Umwelt reúne entonces lo que siempre intentó separarse: la actividad que crea a los órganos y la actividad del comportamiento. Propone que para comprender el mundo de un animal es preciso no sólo considerar sus percepciones sino también sus conductas, porque éstas “depositan en la superficie de los objetos un agregado de significación” (Merleau-Ponty 2003, p. 172). Detengámonos un momento en comprender en qué consiste este “agregado de significación”. El caso de la garrapata demuestra que de todos los estímulos ambientales posibles, ésta sólo responde a tres de ellos, bien identificados y en un orden bien establecido. De esa manera, el primer estímulo proveniente del exterior dispara una reacción del animal, esta reacción del animal lo coloca en contacto con otras estimulaciones del medio, dando origen a una nueva reacción, y así sucesivamente. En consecuencia, toda estimulación externa ha sido provocada por un movimiento propio del animal, y no se puede establecer entre ambos una simple relación de causalidad, ni puede asignarse a ninguno de ellos el papel de causa o de efecto.

En ese caso —dice Merleau-Ponty— no se aprende la relación de sentido. Cada parte de la situación actúa como parte de una situación de conjunto; ningún elemento de acción tiene, de hecho, utilidad separada. Entre la situación y el movimiento del animal hay una relación de sentido que la expresión de Umwelt traduce. El Umwelt es el mundo implicado por los movimientos del animal y el que regula sus movimientos por su propia estructura (Merleau-Ponty 2003, p. 175).

El movimiento es un medio para reconsiderar cómo entendemos al animal y al mundo como una estructura cohesiva. Por ejemplo, el vuelo del pájaro (Merleau-Ponty 1957, p. 304) debemos considerarlo en términos de transiciones y no de cosas, en términos de comportamiento y no de propiedades estáticas. No debo verlo como un objeto con ciertas propiedades que se va trasladando, sino como una unidad cuyo movimiento da sentido. Esto evoca al ser vivo dándose expresión a sí mismo, manteniéndose unido por un pliegue de la naturaleza. Desde el momento en que el animal se mueve hay vida, crea una dimensión que da sentido a sus alrededores.

Esta dimensión se mantiene gracias al comportamiento; ante nuevos comportamientos el organismo-medio se transforma y adopta nuevos sentidos.

El comportamiento nos lleva a una descripción general de la vida misma; la actividad y el movimiento de los organismos informan sobre la cohesión natural entre los seres vivos: “Debemos entender la vida como la apertura de un campo de acción. El animal es producido por la producción de un medio” (Merleau-Ponty 2003, p. 173). De ahí la importancia de estudiar la vida general de los animales, la relación con su cuerpo y su medio, etc. Los diferentes Umwelten de los distintos organismos se cruzan como anillos, abriéndose el uno al otro. La vida se abre al hacerlo estos campos de acción.

¿Cómo entender, pues, la producción de un Umwelt? Merleau-Ponty cita aquí a Uexküll: “Cada sujeto teje sus relaciones como los hilos de una telaraña tejen relaciones concernientes a las cosas del mundo exterior, y construye con todos sus hilos una red sólida que soporta su existencia” (Merleau-Ponty 2003, p. 176). El animal define su territorio como un sitio privilegiado de la misma manera en que la araña teje su telaraña. Cabe resaltar que tanto Merleau-Ponty como Uexküll, se oponen a la existencia de una conciencia animal que “dirige” la producción y el desenvolvimiento de este campo de acción, de este espacio de comportamiento que es el Umwelt. Sin embargo, a nuestro entender ninguno de los dos es muy claro y rotundo a la hora de hablar de la presencia de una finalidad o teleología involucrada en el proceso. Así es que, por ejemplo, mientras que en ciertos lugares Merleau-Ponty la aprueba: “la rata vive entre víboras. Aquí, dos Umwelten, dos anillos de finalidad [finalité] se entrecruzan” (Merleau- Ponty 2003, p. 173); en otros la desaprueba: “la referencia a un Umwelt no es de ninguna manera la posición de una meta (Ziel)” (Merleau-Ponty 2003, p. 175). Parecería no querer definirse sobre este punto: “El Umwelt está cada vez menos orientado hacia una meta y cada vez más hacia la interpretación de símbolos” (Merleau-Ponty 2003, p. 176). Aquí uno estaría tentado a preguntarse si en la interpretación de símbolos no hay un proceso teleológico involucrado, incluso en el mismo funcionamiento circular que propone para los organismos y el Umwelt.

Después de todo, es el tema de la melodía el que para Merleau-Ponty mejor expresa las intuiciones acerca del Umwelt y el comportamiento animal. Cantamos la melodía y la melodía nos canta a nosotros. Ninguno es la causa ni el efecto: “El cuerpo está suspendido en lo que canta: la melodía está encarnada y encuentra en el cuerpo una especie de sirviente” (Merleau-Ponty 2003, p. 173). Lo que trata entonces es de evitar cualquier determinación causal entre organismo y ambiente. Como decíamos anteriormente, es el organismo el que construye su propio medio. Al final del capítulo, retoma este tema y lo relaciona con el de la finalidad: “El sujeto animal es su realización, trans-espacial y trans-temporal. El tema de la melodía animal no queda fuera de su realización manifiesta, y es un tema variable que el animal no procura realizar por la copia de un modelo, sino que persigue sus realizaciones particulares, sin que esos temas sean una meta de ese organismo” (Merleau-Ponty 2003, p. 177). La última parte de la frase resulta enigmática, puesto que persigue algo que no es una meta. A nuestro entender, esto abre el camino a la persecución de una meta propia, de una meta “autoimpuesta”, una situación en la que los propios efectos y reacciones del organismo se convierten en nuevas causas.

DE LA NOCIÓN DE UMWELT A LA TEORÍA DE LA CARNE

En unos pocos años, Merleau-Ponty se mueve de la noción de Umwelt a una teoría de la carne, en la cual introduce los conceptos de sensible, entrelazamiento, quiasma y carne. En esta reflexión posterior, trata al Umwelt como algo con negatividad, como una presencia ausente, planteamiento que luego dará origen a Le visible et l’invisible (1964).

Merleau-Ponty parte de la afirmación de que “el mundo es carne”. La carne es el elemento en el que las vidas son vividas. La carne es como una dimensión adicional, aunque no es material ni espiritual. Es la cohesividad misma del mundo, que hace a éste posible. El objetivo de Merleau-Ponty es encontrar una descripción del ser natural anterior a toda percepción consciente y a toda inteligibilidad, es decir, el ser “bruto” o “salvaje”. El ser prerreflexivo, preconceptual, se expresa en la carne. La carne, entonces, es equivalente a lo sensible: es el medio en el que puede haber ser sin estar posicionado. El mundo sensible es en el que “gravitamos”, el que permite nuestra unión con otros, el que hace que el otro esté ahí para nosotros. Cabe destacar que este medio no puede situarse, y es accesible sólo por alusión.

El mundo es carne porque nuestro cuerpo mismo es parte de ella. La reversibilidad de las cosas indica la necesidad de llegar a una nueva concepción que supere la idea de la cosa y el mundo. La carne o lo sensible es nuestra navegación en la comprensión de la estructura del ser, ya que es al mismo tiempo unión y divergencia entre las cosas. La misma unidad y separación existe entre los cuerpos: el mundo está en el cuerpo tanto como el cuerpo en el mundo.

El Umwelt provee a Merleau-Ponty de una nueva fuente para el desarrollo del ser natural. Lo ayuda para comprender la relación estructural entre organismo y ambiente de una manera que le permite superar la distinción sujeto-objeto, y ubicar una capa sensible que unifique a todos los seres vivos en la carne del mundo.

El Umwelt lleva a Merleau-Ponty a considerar al cuerpo en movimiento como la base para su teoría de la carne (tercer curso de la naturaleza). La nueva ontología de Merleau-Ponty “germina” entonces a partir de la teoría del Umxvelt de Uexküll, algo que ya se vislumbraba en La structure du comportement (Buchanan 2008, p. 147).

CONCLUSIONES

Tanto Merleau-Ponty como Uexküll se enfrentan al problema de encontrar una alternativa al dualismo empirismo-intelectualismo y mecanicismo-vitalismo, respectivamente. En estos términos, ambos adoptan la estrategia de “volver a reunir” el sujeto y el objeto, enfrentados y aislados en las perspectivas anteriores, en una unidad de sentido, con significado. En este proyecto, ambos pensadores ven la necesidad de “apoyarse” en el cuerpo como instancia, como espacio, a partir del cual y desde el cual se establece la relación con el mundo. Es la perspectiva de “ser-en-el-mundo” la que les permite crear una alternativa a dichos dualismos. Por eso ambos autores se ven en la necesidad de desarrollar una teoría de la percepción y del comportamiento, de abordar esa relación con el mundo desde el punto de vista de un sujeto que percibe y que actúa en consecuencia. Uexküll conduce a Merleau-Ponty a una síntesis del mundo perceptual y el mundo operacional, que es el Umxvelt, en la que la conciencia juega un rol secundario, en tanto que es una de las tantas formas de comportamiento. Podríamos concluir con la siguiente frase de Uexküll, que tal vez resuma de la mejor manera todo lo analizado anteriormente: “En el Umwelt comportamental el cuerpo produce la mente, y en el mundo psicológico la mente construye al cuerpo” (Uexküll 1957, p. 80).

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Centro de Estudios de Historia y Filosofía de la Ciencia José Babini, Universidad Nacional de San Martín, Argentina. / aostachuk@unsam.edu.ar
Ludus Vitalis, vol. XXI, num. 39, 2013, pp. 45-65.

BIBLIOGRAFÍA

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Merleau-Ponty, Maurice (1945), Phénoménologie de la perception. Paris: Gallimard. En español: Merleau-Ponty, Maurice (1957), Fenomenología de la percepción. México: Fondo de Cultura Económica.

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