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Luis Cardoza y Aragón, 1901-1992

Por el Lic. Javier Arias, el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Nació en la Ciudad de Antigua (Guatemala), el 21 de junio de 1901. Fue poeta, ensayista y periodista. Como político fue Secretario de Relaciones Exteriores, diputado y diplomático. Se exilió a México, formó parte del círculo de amigos del Maestro Vicente Lombardo Toledano y colaboró en el periódico El Nacional. Murió en la Ciudad de México el 4 de septiembre de 1992.

Con motivo del natalicio de Luis Cardoza y Aragón, el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano rinde homenaje a uno de los más importantes intelectuales del siglo XX. Recordamos al autor con una dedicatoria a su amigo Vicente Lombardo Toledano, un artículo político publicado en la revista Futuro y un poema del autor sobre Rafael Landívar.

Guatemala: Las líneas de su mano. Fondo de Cultura Económica- México - Buenos Aires

Guatemala: Las líneas de su mano. Fondo de Cultura Económica. México – Buenos Aires.

A Vicente Lombardo Toledano: Aquí, maestro, encontrá un capítulo sobre Rafael Landívar, y algo de mi fervor y mis cicatrices, de mi fervor y mis furias por servir a mi pueblo.
Con un abrazo de su viejo amigo L. Cardoza y Aragón.
Buen año de 1956.

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” en la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8388/LOMB
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Artículo para la revista Futuro: André Gide y el Comunismo (pág. 26).

Descargar (PDF, 3.84MB)

También encontrarás en esta edición de Futuro: El principio de la Orientación Socialista de la enseñanza ha triunfadoEn Congreso de Obreras y Campesinas, por Blanca Lydia TrejoEl nuevo texto para el Artículo 123 Constitucional, por Vicente lombardo ToledanoLa Danza de los Millones, por Agustín AcostaEl Dinero y el Mérito, por Bernard ShawUn Tipo de Ejido Comunal: Tarejero, por Miguel Othon de MendizabalLos Cuerpos Sanguíneos, por Daniel NietoFreud y la Revolución Sexual, por Verna CarletonLa Ley Federal del Trabajo desde el Punto de Vista Médico Legal, por Alfonso MillánLa Masa como Héroe, por Bertram D. WolfeLa Patria, por José MancisidorLas Amargas Realidades de México: Pulque, litro y cuatro por persona al día¿Cuáles han sido los Beneficios  de la Revolución Mexicana?André Gide y el Comunismo, por Luís Cardoza y AragónDisección de la Clase Media Mexicana, por Antonio Bernal, Jr.Cinematógrafo: Escenario y Dirección, por V. I. PudovkinDeporte: La política no debe intervenir en la Cultura Física del Pueblo, por Antonio Flores MazariLa Conferencia Panamericana de Montevideo: Leyendas, por Vicente Saenz – Caricaturas, por G. ToussaintFotografías, por Agustín Jiménez y de Tina Modotti – Reproducción de la Obra: Música de Cámara, por Klee – Dibujos, por Guillermo Toussaint, Dwight Franklin y Don Manuel Orozco y Berra.

A Rafael Landívar

Llamo y nadie responde.
Pregunto a la piedra y a los árboles.
Canta un pájaro y me doy cuenta
de que las casas no tienen ventanas:
demasiado débiles para tumbas,
demasiado fuertes para moradas.

Beso al leproso y a la niña con caspa.
Y a ti, violento geranio; y a ti, crepúsculo.
¡Se diría que va a llover sangre
de cómo se afanan las hormigas!

Volcán, ¡si supieras cómo te quiero
niño mío! ¡cómo suspiré al verte!
¡Qué ella también te hubiese visto
con ojos de mi niñez! ¡Por la que muero
de no soñar juntos sobre la misma almohada!

¿Dónde mis amigos? ¿Qué se fizieron?
Otra vez en tu reino, soledad.
Ya las estrellas enciendo y las espigas.
Perenne horror de caída sin término
y pirámide trunca y vena abierta.

Mi alma, leal, en ti se acendra
y fortifica, soledad. Despierto
y muero al recuperar mi cuerpo.
Así te imaginaba, con ruinas y volcanes
y una lluvia invisible en los cristales.

Desperté, y yo, Deseo, ya no estaba.
Había partido de nuevo en sueños.
Tú me reconociste por el anillo de mi dedo.
Sí, soy el legítimo. Y no encontré
la felicidad. ¡Diabólica es toda belleza!
¡Líbrame de la peor de las fiebres!
Ahora te sueño tan fuertemente
que le saco los ojos a la noche.
Ansias de ciegos pozos olvidados
encuentran con mi arado los luceros.

Sí, pero tu silencio de nocturna piedra.
Sí, pero tu voz de tan pura nunca oída.
Sí, pero tu sangre que deflagra
mi voz vencida, tu luz asunta: mi vida.

Partí por la puerta de atrás
y torné por la puerta señorial:
le di la vuelta al mundo y a mí mismo.
Llegué tarde para charlar con los hermanos.
Sordos estaban y hablaban ya otra lengua.
Desplomóse el roble. Nacieron tumbas
y el becerro cebado tuvo nietos.
Abracé fantasmas. Y los presentes
estaban más lejanos que los muertos.

Río de sueños siguió mis pasos
y borró mis huellas, padre Adán.
¿Cómo llegar si nunca me he marchado?
¿Qué hacer para quedarme si no he vuelto?
Desperté, y yo, Deseo, ya no estaba.
“Duerme y no reposa”, díjome el Hijo Pródigo.
“Deja lo que no tienes ni tendrás.
No hay casa, ni patria, ni mundo.
Somos de otra parte.
¡Al carajo!”

La voz del Hijo Pródigo era hermosa como el Deseo.
Vi el anillo de mi dedo. Soy el legítimo.
¡Oh, mi voz antigua, ígnea y vaticinante!
Yo quiero algo más que acciones y virtudes.

Y me marché por el portón trasero
para volver jamás.

Antigua Guatemala, 19 de febrero, 1945

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