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Narciso Bassols, 1897 – 1959

Por el Lic. Javier Arias, el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Narciso Bassols García nació en Tenango del Valle, Estado de México, el 22 de octubre de 1897, y falleció en la Ciudad de México el 24 de julio de 1959. Fue un eminente abogado, diplomático, político, ideólogo mexicano y seguidor del grupo de los siete sabios: Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Jesús Moreno Baca, Teófilo Olea y Leyva y Alberto Vázquez del Mercado. De sus actividades en la Administración Pública Federal destacó en su labor como Secretario de Hacienda y Crédito Público, como Secretario de Gobernación y como Secretario de Educación Pública en dos ocasiones.

El Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano rinde homenaje al ilustre intelectual mexicano, el Mtro. Narciso Bassols, con la dedicatoria rubricada a su amigo el Mtro. Vicente Lombardo Toledano en su libro “Esperanza y Compromiso”; la dedicatoria rubricada en “Improcedencia y sobreseimiento: en el amparo, según los fallos de la Suprema Corte”, también para Vicente Lombardo Toledano; y, por último, con un extracto del artículo “El pensamiento educativo en el México posrevolucionario”, resultado del Seminario de Historia, en la temática de educación, que desarrollan los profesores del área de Estado y Política Económica del Departamento de Economía de la UAM-Azcapotzalco y cuyo link se puede consultar aquí.

BASSOLS, Narciso. “La nueva ley agraria: antecedentes”. México: Cultura, 1927.

Para Vicente Lombardo Toledano, con el afecto de un amigo y con la esperanza de que como diputado que sabe leer, a su hora defienda esta ley en el Gobierno. Julio de 1927.

BASSOLS, Narciso. Improcedencia y sobreseimiento: en el amparo, según los fallos de la Suprema Corte. México: Cultura, 1930

BASSOLS, Narciso. Improcedencia y sobreseimiento: en el amparo, según los fallos de la Suprema Corte. México: Cultura, 1930

Para mi amigo real Vicente Lombardo Toledano.

Obras ubicadas en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” en la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8388/LOMB
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

La educación y el realismo socialista. Narciso Bassols y Lázaro Cárdenas

Seminario de Historia, en la temática de educación, que desarrollan los profesores del área de Estado y Política económica del Departamento de Economía de la UAM-Azcapotzalco. (Link: http://publicaciones.anuies.mx/pdfs/revista/Revista103_S2A2ES.pdf)

Los orígenes de la educación socialista se remontan a la escuela racionalista, fundada en 1912, en tanto que combatía las ideas religiosas al partir de la premisa que la religión deformaba la mente de los niños y los inclinaba a admitir dogmas sin fundamento racional alguno. Sin embargo, este tipo de instrucción apenas manifestaba su preocupación por los aspectos sociales. Ante la inquietud de una educación que al mismo tiempo orientara y destruyera prejuicios, y organizara la enseñanza en relación con la producción económica para que el hombre aprendiera a producir y defender su producto, la Comisión de Educación de la CROM propuso la creación de una escuela proletaria socialista en 1924. El magisterio, identificado con las clases marginadas, pugnaba por orientar la enseñanza hacia el colectivismo que justificara y valorizara los artículos 27 y 123 constitucional hacia principios de la década de 1930.

Las demandas que se generaron en favor de una educación socialista dieron cuerpo a un proyecto para reformar el artículo 3o. constitucional con la finalidad de que el Estado controlara la educación para asegurarse de que la juventud de México fuera adoctrinada para llevar adelante la obra de la Revolución, entendida como sustento ideológico del sistema. Como era de esperarse, surgió una fuerte agitación en torno a la laicitud de la enseñanza, sin embargo, después de intensos debates dicha disposición fue modificada.

Narciso Bassols (1897-1959)

Narciso Bassols (1897-1959)

El responsable de la cartera de Educación en la primera mitad de este decenio fue Narciso Bassols, quien respaldó desde su posición la reforma haciendo profesión de fe marxista:

La muerte del prejuicio religioso es, por fortuna, una consecuencia de la educación de las masas. Basta mostrarles con los rudimentos de la cultura el absurdo del prejuicio religioso para que vuelvan sus espaldas a sus antiguos explotadores… Convencida la Secretaría de que el opio religioso es un instrumento de sometimiento de las masas trabajadoras, cree también que la liberación económica de campesinos y trabajadores es el otro factor decisivo para limpiar la conciencia de los hombres1.

Responsable de la redacción final de la modificación al artículo 3o de la Constitución, Bassols manifestaría en esta disposición su censura de intolerancia a la religión. Se excluía toda doctrina religiosa y se combatía el fanatismo con la creación en la juventud de un concepto racional y exacto del universo y la vida social. Asimismo se prescribía que la educación del Estado era socialista, sin embargo como no se hacía especificación ninguna al respecto esto dio pie a la ambigüedad y se prestó desde su promulgación a diversas interpretaciones que bajo diversas modalidades se pusieron en práctica más tarde a lo largo del sexenio cardenista. Esta falta de especificidad sería la que finalmente llevaría a la educación socialista al fracaso, pero es que la preocupación de Bassols no estaba en ese punto sino en el primero:

soy el autor del texto … enfoqué y conduje la reforma del artículo 3o. constitucional en 1934 … la verdad es y no debemos olvidar un sólo instante que el problema político real no radica ni en el término “socialista”, ni en la fórmula del concepto “racional y exacto”. Está en la prohibición a la Iglesia católica de intervenir en la escuela primaria para convertirla en instrumento de propaganda confesional y anticientífica. Lo demás son pretextos2.

Si bien la reforma había tenido como fin primordial enfatizar la naturaleza antirreligiosa de la educación, había que responder a la aspiración general de justicia social para formar una sociedad igualitaria a partir de la educación, ello correspondería al presidente Lázaro Cárdenas. Durante su gobierno la política educativa desplazó del centro del debate el papel de la educación en favor de la identidad nacional: ni cultura, ni integración, sino liberación social. La concepción de Sáenz fue sustituida con la idea de que la instrucción redimía a los oprimidos. Así, la enseñanza adquirió un fuerte tinte clasista y fue asumida como compromiso para liberar a las amplias masas desposeídas por su condición de explotados. La política educativa se erigió como un proyecto de justicia social, de ataque a las creencias religiosas y a favor de promover la educación sexual. Se trataba de redimir al pueblo, entendido como la suma de campesinos y obreros. En ese sentido, era una concepción reduccionista de la sociedad.

En este ambiente social, el maestro se volvió un gestor, totalmente diferente al integrador comunitario, al trabajador social de Sáenz. El docente era quien garantizaba la justicia social, el extensionista. La educación se convirtió en una actividad ambigua que devino en doctrinaria e intolerante. ¿Qué caracteriza la visión educativa de Cárdenas? La educación se concibió como un cuerpo organizado de conocimientos y recomendaciones que definían la actividad del educando para formar individuos capaces de realizar su liberación del sistema de explotación. Ya no se trataba de reivindicar a la humanidad como ocurrió con Vasconcelos, sólo de recuperar la dignidad del hombre sujeto a la explotación. “Enseñar a explotar la tierra no al hombre” se lee en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo. La concepción educativa de Cárdenas estaba impregnada de un realismo materialista en la explicación del mundo. Su evolución respondía a la dialéctica de la naturaleza, donde la visión del universo material generaba los principios del saber. Este es quizá el rasgo más positivo de la educación promovida bajo el gobierno cardenista.

En este contexto, el hombre, además de ser resultado de la evolución de la naturaleza, era concebido como un ente histórico. El sistema educativo llevó a una visión evolucionista-racionalista del deber ser de la humanidad. Bajo esta perspectiva el trabajo era un proceso social que liberaba al hombre del individualismo ubicándolo en la colectividad; permitiéndole transformar su entorno y, por lo tanto, las condiciones objetivas del hombre; asimismo, constituía la esencia por la cual el hombre superaba su estado natural y se integraba al desarrollo de la naturaleza. A partir de esta concepción se entiende que la sociedad clasista destruya la esencia humana y provoque antagonismos para el desarrollo armónico de la humanidad.

Por lo tanto, correspondía a la educación insertar al hombre en el movimiento histórico, redimirlo de su individualismo y reintegrarlo a los principios de la colectividad, ya que su naturaleza no radicaba en la individualidad sino en la colectividad. Los valores cardenistas tenían su fundamento en la solidaridad popular para alimentar el espíritu de clase no el de la comunidad. En este sentido la acepción de solidaridad es diferente a la planteada por Moisés Sáenz.

El trabajo y la justicia social son valores, pero también constituían principios que apuntaban a los elementos de clase. El trabajo definía al universo de la humanidad que debía liberarse de la enajenación y la injusticia social. Lo trascendente no era el desarrollo de la humanidad ni de la comunidad, sino la orientación educativa a las clases populares lo que liberaría al pueblo mexicano; la educación prepararía para la liberación, fomentaría el trabajo y la militancia y, desde ahí, capacitaría para alcanzar una sociedad sin clases.

¿En este marco cuál era la teoría del conocimiento? Si se considera que el individualismo no tenía cabida en este sistema, es claro que a quien se debía atender no era al individuo sino la totalidad del género humano. Para este sujeto, el conocimiento surgía de la percepción y de ésta se desprendía el concepto, sancionado por la praxis que otorgaba el criterio de la verdad. Aplicar esta teoría educativa no fue posible ante la ausencia del perfil del educando al que se dirigía. De hecho, los elementos ideologizados disminuyeron la eficiencia del modelo, la práctica educativa fue ajena al fenómeno de la educación y estuvo comprometida con la liberación del hombre inmerso en el proceso de explotación. No había realmente una filosofía educativa sino un proceso contradictorio entre concepciones clasistas, teoría de la liberación e instrumentos ideologizados que devinieron en contradicciones fundamentales.

Si bien es cierto que el proyecto educativo en Cárdenas contempló un aumento en el presupuesto destinado a la educación rural y fomentó la enseñanza tecnológica, también es verdad que las contradicciones entre filosofía y práctica educativa, que tenían lugar al interior del país, limitaron su aplicación.

11.arre>y<>. 1979, p. 488.
2Meneses Morales, 1988, p. 51 Apud. Narciso Bassols a Jaime Torres Bodet, 30 de agosto de 1944.

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