Go to Top

Pablo Neruda, 1904-1973

Pablo Neruda, 1904-1973

Homenaje a Pablo Neruda en el aniversario de su natalicio, por el Lic. Javier Arias, el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

El Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano, rinde homenaje a Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto), el más grande y destacado poeta del siglo XX, nacido en Parral de la Región de Maule (Chile), el 12 de julio de 1904. Fue un destacado escritor, diplomático, político y miembro del Comité Central del Partido Comunista chileno. De las distinciones que recibió destacan: El Premio Nobel de Literatura (1971), Premio Nacional de Literatura de Chile (1945) y el de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad de Oxford. Colaboró para la revista FUTURO, que fundó y dirigió su amigo el Mtro. Vicente Lombardo Toledano. Murió en Santiago de Chile, el 23 de septiembre de 1973.

Recordamos al autor con cinco colaboraciones para la revista Futuro: cuatro poesías sobre Simón Bolívar, la Guerra Civil Española y Chile, y una nota del autor sobre la muerte de Stephan Zweig y Eugenio Petrov. Por último, también queremos rendir homenaje a la amistad entre Pablo Neruda y Vicente Lombardo Toledano mediante una dedicatoria que el autor dedica a su amigo en la obra Presencia de Ramón López Velarde en Chile.

Pablo-Neruda (1)UN CANTO PARA BOLÍVAR

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia ea el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadaver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dodos tuyos entre la nieve
y el austral pecador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

¿De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
¿Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
¿Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra, y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya.
De Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega cafa mano roja que os hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita Libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra nueva tierra,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace;
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.

Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrá paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento.
Padre, lc dije, ¿eres, o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
“Despierto cada cien anos cuando despierta el pueblo”.

Pablo Neruda.
(Leído en la Universidad de México el 24 de julio de 1941, aniversario del natalicio de Bolívar)

Revista FUTURO, no. 70, diciembre 1941. p. 20.
Ubicada en la hemeroteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

DEL CANTO GENERAL DE CHILE

TOCOPILLA

De Tocopilla al Sur, al Norte, arena,
cales caídas, el lanchón, las tablas
rotas, el torcido hierro.
¿Quién a la línea pura del planeta
áurea y cocida, sueño, sal y pólvora
agregó el utensilio deshecho, la inmundicia?
¿Quien puso el techo hundido, quien dejó las paredes
abiertas, con un ramo
de papeles pisados?
¡Lóbrega luz del hombre en ti destituido,
siempre volviendo al cuenco de tu luna calcárea,
apenas recibido por tu letal arena!
Gaviota enrarecida de las obras, arenque
petrel ensortijado,
frutos, vosotros, hijos del espinel sangriento
y de la tempestad, ¿habéis visto al chileno?
¿Habéis visto al humano, entre las dobles líneas de frío
y de las aguas, bajo la dentadura
de la línea de tierra, en la bahía?
Piojos, piojos ardientes atacando la sal,
piojos, piojos de costa, poblaciones, mineros,
desde una cicatriz del desierto hasta otra,
contra la costa de la luna, fuera,
picando el sello frío sin edad,

Más allá de los pies del alcatraz cuando
agua ni pan ni sombra tocan la dura etapa,
el ejercicio del salitre asoma
o la estatua del cobre decide su estatura.
Es todo como estrellas enterradas
como puntas amargas, como infernales
flores
blancas, nevadas de luz temblorosa
o verde y negra rama de esplendores pesados.
No vale allí Ia pluma sino la mano rota
del oscuro chileno, no sirve allí la duda.
Sólo la sangre, sólo ese golpe duro
que en la vena pregunta por el hombre.
En la vena, en la mina, en la horadada cueva
sin agua y sin laurel.

Oh, pequeños
compatriotas quemados por esta luz más agria
que el baño de la muerte, héroes oscurecidos
por el amanecer de la sal en la tierra
¿dónde hacéis vuestro nido, errantes hijos?
¿Quién os ha visto entre las hebras rotas
de los puertos desérticos?

Bajo la niebla de salmuera
o detrás de la costa metálica, o tal vez, o tal vez
bajo el desierto ya, bajo
su palabra de polvo,
¡para siempre!
Chile, Metal y Cielo,
y vosotros, chilenos,
semilla, hermanos duros,
todo dispuesto en orden y silencio
como la permanencia de las piedras.

QUIERO VOLVER AL SUR

Enfermo en Veracruz, recuerdo un día
del Sur, mi tierra, un día de plata
como un rápido pez en el agua del cielo,
Loncoche, Lonquimay, Carahue, desde arriba
esparcidos, rodeados por silencio y raíces,
sentados en sus tronos de cueros y maderas.
El Sur es un caballo echado a pique
coronado con lentos árboles y rocío,
cuando levanta el verde hocico caen las gotas,
la sombra de su cola moja el gran archipiélago
y en au intestino crece el carbón venerado.
¿Nunca s, dime, sombra, nunca más, dime, mano,
nunca más dime, pie, puerta, pierna, combate,
trastornarás la selva, el camino, la espiga,
la niebla, el frío, lo que, azul, determinaba
cada uno de tus pasos sin cesar consumidos?
¡Cielo, déjame un día de estrella a estrella irme
pisando luz y pólvora, destrozando mi sangre
hasta llegar al nido de la lluvia!

Quiero ir
detrás de la madera por el río
Toltén fragante, quiero salir de los aserraderos,
entrar on las cantinas con los pies empapados,
guiarme por la luz del avellano eléctrico,
tenderme junto al excremento de lu vacas,
morir y revivir mordiendo trigo.

Oceano, tráeme
un día del Sur, un día agarrado a tus olas,
un día do árbol mojado, trae un viento
polar azul a mi bandera fría!

Pablo Neruda.

Revista FUTURO, no. 70, diciembre 1941. p. 20.
Ubicada en la hemeroteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

GENERAL FRANCO EN LOS INFIERNOS

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta te escarbe la barriga
buscando una sortija nupcial y un juguete de niño degollado,
serán para ti nada sino una puerta obscura,
arrasada.
En efecto.
De infierno a infierno, qué hay? En el aullido
de tus legiones, en la santa leche
de las madres de España, en la leche y los senos pisoteados
por los caminos, hay una aldea más. un silencio más. una puerta rota.
Aquí estás. Triste párpado, estiércol
de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra
de traición que la sangre no borra. Quién, quién eres,
oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,
oh malnacida palidez de sombra.
Retrocede la llama sin ceniza,
la sed salina del infierno, los círculos
del dolor palidecen.
Maldito, que sólo lo humano
te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas
no te consumas, que no te pierdas
en la escala del tiempo y que no te taladre el vidrio ardiendo
ni la feroz espuma.
Solo, solo para las lágrimas
todas reunidas, para una eternidad de manos muertas
y ojos podridos, solo en una cueva
de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre
por una eternidad maldita y sola.
No mereces dormir
aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar
despierto eternamente
entre la podredumbre de las recién paridas,
ametralladas en Otoño. Todos, todos los tristes niños descuartizados.
tiesos, están colgados, esperando en tu infierno
ese día de fiesta fría: tu llegada.
Niños negros por la explosión,
trozos rojos de seso, corredores
de dulces intestinos, te esperan todos, en la misma actitud
de atravesar la calle, de patear la pelota,
de tragar una fruta, de sonreír o nacer.
Sonreír. Hay sonrisas
ya demolidas por la sangre
que esperan con dispersos dientes exterminados.
y máscaras de confusa materia, rostros huecos
de pólvora perpetua y los fantasmas
sin nombre, los oscuros
escondidos, los que nunca salieron
de su cama de escombros. Todos te esperan
para pasar la noche. Llenan los corredores
como algas corrompidas.
Son nuestros, fueron nuestra
carne, nuestra salud, nuestra
paz de herrerías, nuestro océano
de aire y pulmones. A través de ellos
las secas tierras florecían. Ahora, más allá de la tierra,
hecho substancia
destruida, materia asesinada, harina muerta,
te esperan en tu infierno.
Como el agudo espanto o el dolor se consumen,
ni espanto ni dolor te aguardan. Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos
y que la sangre caiga en ti como la lluvia
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término.

Pablo Neruda.

Revista FUTURO, no. 29, julio de 1938, pág. 38.
Ubicada en la hemeroteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

CANTO SOBRE UNAS RUINAS

Esto que fue creado y dominado,
esto que fue humedecido y usado, visto,
yace —pobre pañuelo— entre las olas
de tierra y negro azufre.
Como el botón o el pecho
se levantan al cielo, como la flor que sube
desde el hueso destruido, así las formas
del mundo aparecieron. Oh párpados,
oh columnas, oh escalas!
¡Oh profundas materias
agregadas y puras cuanto hasta ser campanas,
cuanto hasta ser relojes! Aluminio
de azules proporciones, cemento
pegado al sueño de los seres!
El polvo se congrega,
la goma, el lodo, los objetos crecen
y las paredes se levantan
como parras de oscura piel humana.
Allí dentro, en blanco, en cobre,
en fuego, en abandono, los papeles crecían,
el llanto abominable, las prescripciones
llevadas en la noche a la farmacia mientras
alguien con fiebre,
la seca sien mental, la puerta
que el hombre ha construido
para no abrir jamás,
Todo ha ido y caído,
brutalmente marchito.
Utensilios heridos, telas
nocturnas, espuma sucia, orines justamente
vertidos, mejillas, rosas, lana,
alcanfor, círculos de hilo y cuero, todo
todo por una rueda vuelto al polvo,
al desorganizado sueño de los metales,
todo el perfume, todo lo fascinado,
todo reunido en nada, todo caído
para no nacer nunca.
Sed celeste, palomas
con cintura de harina: épocas
de polen y racimo, ved como
la madera se destroza
hasta llegar al luto: no hay raíces
para el hombre —todo descansa apenas
sobre un temblor de lluvia.
Ved cómo se ha podrido
la guitarra en la boca de la fragante novia—
ved cómo las palabras que tanto construyeron
ahora son exterminios: mirad sobre la cal
y entre el mármol deshecho
la huella —ya con musgos— del sollozo.

Madrid, 1936.
Pablo Neruda.

Revista FUTURO no. 18, agosto de 1937, pág.12.
Ubicada en la hemeroteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Pablo Neruda

Pablo Neruda. Fotografía tomada para la revista Futuro.

ZWEIG y PETROV

La muerte de Stephan Zweig y la muerte de Eugenio Petrov son sellos y cifras de nuestro tiempo. De un tiempo que agoniza y que nace.

Con el suicidio de Stephan Zweig mueren muchos otros hombres, mueren de largo suicidio, de evasión, de deserción, de cobardía. La muerte de Zweig es natural, es la muerte de un tiempo que no tiene qué hacer. La muerte de un hombre que no tiene qué hacer sobre la tierra en el momento de las grandes tareas. La muerte de un escritor —de un escritor— cuando todo se ha escrito, cuando tenemos que escribirlo todo, cuando el tiempo comienza de nuevo a nacer.

Eugenio Petrov muere combatiendo y escribiendo: ametrallado, despedazado, esparcido en el huracán de nuestra guerra. El es grande. Solamente él es grande.

Él es toda la grandeza. Corre al corazón de la tempestad combatir, a escribir, a extraer la noticia heroica, a iluminar a su pueblo mostrándole que no combate solo. Su muerte hace nacer una época, riega con una sangre impetuosa la semilla de nuestro nuevo tiempo.

Esta gran guerra de la humanidad deja sembrada a la URSS de miles de héroes. Sus fronteras se enredan de sangre y de laurel.

Entre ellos, para nuestra condición de escritores, ningún roe más puro y más alto que Eugenio Petrov. Su muerte borra otras muertes cobardes, como la primavera la negra cicatriz del tiempo muerto. Su sangre sube desde la tierra hasta los altos árboles, y encima de los altos arboles queda viviendo su nombre escrito con inmenso fuego.

Por Pablo Neruda.

Revista FUTURO, no. 78, agosto 1942. p. 16.
Ubicada en la hemeroteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Todas los números de la revista Futuro se encuentran en la Hemeroteca Histórica del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8388/LOMB
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

También puedes consultar las reediciones online de la revista Futuro que se están subiendo periódicamente a: http://www.centrolombardo.edu.mx/futuro-3/

Presencia de Ramón López Velarde en Chile. 1963, Santiago (Chile).

Presencia de Ramón López Velarde en Chile. 1963, Santiago (Chile).

A Vicente Lombardo Toledano. Pablo Neruda.

 

, , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *