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James Wilkie y la Historia oral

JAMES WILKIE Y LA HISTORIA ORAL

Por Emilio García Bonilla

En 1961 salió publicado el libro de Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez, realizado a partir de las entrevistas hechas a una familia mexicana que contaba su historia. James W. Wilkie se inspiró en esa obra para comenzar a desarrollar su proyecto de historia oral con los miembros de la familia revolucionaria para que dieran su testimonio sobre la historia de México.

James W. Wilkie

James W. Wilkie

Wilkie refiere que en el mismo año de 1961 tuvo su primera entrevista fallida, con Pascual Ortiz Rubio, a quien sin más preámbulos le dijo: “Entiendo que se dice que el papel de usted en la presidencia fue ser títere de Calles. ¿Cómo explica usted eso?”, esto hizo que al viejo Ortiz Rubio se le descompusiera el semblante y Wilkie no pudiera continuar, lo cual le sirvió de experiencia para establecer un método que le permitiera adentrarse en la memoria de los personajes con los que conversaría posteriormente.[1]

Así, entendió que tenía que escuchar el relato personal del entrevistado antes de tocar temas complicados con mayor tacto. Por eso, en todos los casos, Wilkie comienza pidiendo datos biográficos y familiares; así, entran en confianza y se sienten cómodos para comenzar a hablar de otros temas.

James Wilkie y su esposa, la guatemalteca Edna Monzón, tuvieron el acierto de emprender en 1964 un ambicioso proyecto que recogió de viva voz los testimonios de personajes que destacaron en la etapa constructiva de la Revolución Mexicana, lo mismo dentro del oficialismo que en la oposición. En 1959, Wilkie había obtenido la maestría en la Universidad de California con una tesis sobre el gobierno de Lázaro Cárdenas en Michoacán, a quien conoció en 1962, teniendo largas conversaciones con él, aunque nunca aceptó que se le grabara. Su cercanía con Cárdenas permitió que comenzara a entrevistar a sus antiguos colaboradores: José Muñoz Cota, Luis Chávez Orozco, Ramón Beteta, Marte R. Gómez y Jesús Silva Herzog.

De entre los posibles entrevistados fueron descartando a quienes se negaban a hablar, como Antonio Díaz Soto y Gama, o simplemente tenían poco qué decir, como Fernando Torreblanca y Fidel Velázquez, este último dijo que en México no existían problemas de ningún tipo, no quería hablar de asuntos específicos, evitaba la confrontación, decía: “No, yo no recuerdo nada de eso; todo estaba tranquilo, como siempre.” Según él, nunca hubo divisiones en el sindicalismo ni huelgas. No decía nada. Como opinó Wilkie: “tal vez ese fue el éxito de su vida: no hablar de rumores, no hablar de nadie, no decir nada.” Lo curioso de la entrevista con Fidel Velázquez fue que al revisar la grabación, se dieron cuenta que la grabadora había fallado, que la cinta no registró nada.[2]

A Miguel Alemán Valdés no pudieron acercarse porque su secretario particular se los impidió. Con Martin Luís Guzmán les fue difícil entablar una conversación, respondía que él ya había escrito sobre ese tema, que podían leerlo en tal obra. Ezequiel Padilla habló de su actuación en la política hasta 1940, no quiso hablar de la elección de 1946 en la que fue candidato, y ahí se terminó la entrevista.

Con el paso de los meses, Wilkie y Monzón lograron lo que parecía imposible: reunir las voces de personajes tan disímbolos como Salvador Abascal, Emilio Portes Gil, Ezequiel Padilla, Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín, Juan Andreu Almazán y Daniel Cosío Villegas. Varios factores influyeron para conseguirlo, en especial su condición de jóvenes y extranjeros que no se identificaban con ningún grupo político, lo que permitió que los entrevistados expusieran con franqueza su opinión sobre asuntos polémicos, pero también el hecho de comprender que se encontraban ante una oportunidad seria de dejar su testimonio.[3]

Era frecuente que le pidieran al entrevistado que les recomendara a alguien más para que participara en el proyecto de historia oral. De tal forma, fueron ampliando su red de contactos. Así fue como llegaron con Lombardo. Al respecto, recuerda Wilkie:

A veces, la única referencia que teníamos de algún personaje que deseábamos entrevistar era un número de teléfono, como nos ocurrió con Vicente Lombardo Toledano. Edna llamó por teléfono para decir que veníamos de la Universidad de California y queríamos oír y grabar su historia. Aceptó recibirnos, y aunque en un principio fue bastante suspicaz de nuestras grabaciones, una vez que empezamos las entrevistas, cooperó con nosotros con toda puntualidad y con bastante entusiasmo.

Lombardo tomó muy en serio nuestro proyecto. Llegaba a la cita con nosotros preparado, con sus propias notas para ayudarnos. Y cuando ya estaban transcritas y editadas, leyó el original que íbamos a publicar en México visto en el siglo XX. Recordamos mucho nuestras extensas pláticas con él en su hermosa casa en San Ángel.[4]

Edna Monzón

Edna Monzón

Edna Monzón narra que cada entrevista requería de un trabajo previo de varias horas de estudio e investigación para saber cuál había sido el papel desempeñado por el entrevistado en diferentes momentos y su posición ante determinados temas. Fueron meses de intenso trabajo, hubo días en los que hacían dos entrevistas. Para cada personaje elaboraban un cuestionario cuyas preguntas podían surgir o no a lo largo de las conversaciones, cuyo curso debían prever. En el caso de Lombardo, los Wilkie hablaron con Robert P. Millon, quien les facilitó su obra Vicente Lombardo Toledano. Biografía intelectual de un marxista mexicano, que recién había presentado en la Universidad de Carolina del Norte como su tesis doctoral en 1963.

Dos anécdotas dan muestra de los matices del trabajo realizado por James y Edna. En una, cuentan que al estar Emilio Portes Gil expresando sus opiniones contra la Iglesia católica y la enseñanza religiosa, entró su esposa a la habitación donde se realizaba la entrevista para decir: “Tengo que salir porque si no, no llego a tiempo a misa”. Portes Gil asintió, naturalmente. En otra ocasión, antes de iniciar una entrevista con Alfonso Caso, verificaron la última grabación de la cinta para comenzar con la nueva, en eso se escuchó grabada la voz de Ezequiel Padilla, y Caso dijo: “Por favor, no me pongan en la misma cinta que Padilla”, en parte en serio, en parte en broma.[5]

Edna, junto con su hermana Getrude Monzón, se encargaron de transcribir las grabaciones de las cintas que contenían las entrevistas. El trabajo tendiente a su publicación consistió en varios pasos: Primero la transcripción palabra por palabra; segundo, correcciones gramaticales, de sintaxis y del orden de las frases; tercero, revisión de Edna Monzón; cuarto, revisión de James Wilkie; quinto, revisión por parte del entrevistado; y sexto, adición de referencias en notas a pie de página.[6]

En total registraron 124 entrevistas, la mayor parte de ellas fueron publicadas entre 1995 y 2004 en cuatro volúmenes por la Universidad Autónoma Metropolitana bajo el título Frente a la Revolución Mexicana, 17 protagonistas de la etapa constructiva. Todavía permanecen inéditas 22 entrevistas realizadas a once personajes.

La historia oral estuvo en boga en la segunda mitad del siglo XX, con el desarrollo tecnológico que facilitó el registro de voces. Con el paso del tiempo, ese furor por grabar audios fue siendo desplazado por las primeras cámaras de video. En 1987 James y Edna quisieron ampliar su proyecto de historia oral entrevistando a Porfirio Muñoz Ledo y años después a Roberto González Barrera, pero ya no con el éxito inicial porque ninguno de ellos tenía la talla de los primeros entrevistados.[7]

PortadaEl volumen que hoy presentamos recoge las entrevistas realizadas a Vicente Lombardo Toledano entre el 6 de mayo de 1964 y el 29 de enero de 1965. Fueron diez encuentros en un periodo de nueves meses. El mayor lapso entre dos entrevistas fue de tres meses y el menor, de dos días. De todos los entrevistados, con Lombardo tuvieron el mayor número de conversaciones y las más extensas, porque como reconocieron James y Edna: “siempre tenía algo interesante qué decir”. Visto a la distancia, constituye un interesante ensayo autobiográfico en el que Lombardo dio a conocer detalles de su historia personal y pública, así como su interpretación de hechos de la historia de México ocurridos durante su vida.

Especial importancia para los estudiosos de la vida de Lombardo tienen los aspectos que revela de su etapa que podemos llamar formativa (desde su niñez hasta 1933), así como de su historia familiar, que de otra forma no hubiéramos conocido.[8]

De tal suerte que refiere tres momentos determinantes para su trayectoria: el primero de ellos, el impacto que produjo en él la noticia del inicio de la Revolución Mexicana siendo un estudiante preparatoriano, a tal grado que Lombardo asume que empieza a pensar en su patria el mismo día en que estalla la revolución en Puebla.[9]

El segundo momento decisivo lo tuvo al terminar sus estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional y presentársele la disyuntiva entre abrir un despacho de abogado como querían sus familiares y maestros como una posibilidad para vivir sin preocupaciones económicas, o seguir su camino al lado de las clases trabajadoras que había comenzado como secretario de la Universidad Popular Mexicana. Después de mucho pensarlo decidió dedicarse a dar clases, a escribir y a no hacerse rico. Lombardo dijo como Martí: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”. Un año después de egresar de la Universidad, fundó la Liga de Profesores del Distrito Federal, el primer sindicato de maestros del país, y con eso entró a formar parte del movimiento obrero.[10]

Y el tercer momento definitorio fue cuando Lombardo comenzó a cuestionarse su formación idealista recibida en la Universidad, principalmente de su maestro Antonio Caso, lo que daría pie a que comenzara a estudiar el socialismo científico de forma autodidacta, de tal suerte que para 1930 era ya un marxista formado.[11]

“Lombardo era un hombre de extraordinaria puntualidad y disciplina, que se movía rápidamente” (Wilkie)

“Lombardo era un hombre de extraordinaria puntualidad y disciplina, que se movía rápidamente” (Wilkie)

A través de sus entrevistas con Wilkie y Monzón, Lombardo refiere diferentes aspectos de su etapa formativa, como su trabajo como oficial mayor del gobierno del Distrito Federal en 1921, su labor como director de la Escuela Nacional Preparatoria en 1922, su paso por el gobierno del estado de Puebla entre 1923 y 1924 en el marco de la rebelión delahuertista, su actuar como regidor del ayuntamiento de la Ciudad de México, su militancia dentro de la CROM y del Partido Laborista Mexicano, del que fue diputado entre 1925 y 1928, y sus diferencias con José Vasconcelos y Antonio Caso, políticas con el primero y filosóficas con el segundo.

Lombardo dio a conocer aspectos que ningún historiador había señalado, como el hecho de que, cuando Álvaro Obregón fue asesinado en el restaurante La Bombilla, él se encontraba a unos metros, en su casa, trabajando en la formulación de un proyecto de seguro social por encargo del presidente electo.[12]

En suma, este volumen constituye un valioso material para los interesados en conocer la vida de Vicente Lombardo Toledano en relación con la historia de nuestro país, como un referente para comprender la etapa constructiva de la Revolución Mexicana debido a su actuar en momentos decisivos y a su larga trayectoria de medio siglo en diferentes frentes como el político, el sindical, el legislativo, el educativo y el ideológico.

Por eso, con la presentación de este libro rendimos homenaje a Vicente Lombardo Toledano en el 122 aniversario de su natalicio.

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Intervención en la Presentación del Suplemento del Tomo VI de la Obra Histórico-cronológica de Vicente Lombardo Toledano que recoge sus entrevistas con Wilkie y Monzón. 14 de julio de 2016, Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, México.

[1] Rafael Rodríguez Castañeda, “La Historia oral de la Revolución Mexicana”.

[2] Rafael Rodríguez Castañeda, “Prefacio”, Frente a la Revolución Mexicana, 17 protagonistas de la etapa constructiva, Vol. IV, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004.

[3] IbId.: p. XLIV.

[4] Citado por Rodríguez Castañeda en “Prefacio”, op. cit.: p. XLIII.

[5] Ibid.: pp. XLV, XLVIII.

[6] Ibid.: Nota a pie de página número 36.

[7] Rodríguez Castañeda, “La Historia oral…”, op. cit.

[8] “El decenio de 1920 a 1930 fue decisivo en mi vida intelectual y en mi vida de militante político”. VLT, Entrevista del 13 de mayo de 1964, en Obra Histórica-cronológica, Tomo VI, Suplemento, México, CEFPSVLT, 2016, p. 43.

[9] VLT, “Apuntes autobiográficos  y acerca de la Revolución”, Entrevista del 6 de mayo de 1964, en op. cit.: p. 12.

[10] VLT, “Cómo se hizo obrerista y sus primeros encuentros con Marx”, Entrevista del 6 de mayo de 1964, en op. cit.: p. 38.

[11] Ibid.: pp. 39-40, y VLT, “Aspectos autobiográficos e ideológicos”, Entrevista del 21 de septiembre de 1964, en op. cit.: pp. 82-84.

[12] VLT, “Opiniones y datos políticos con relación a la década de 1920”, Entrevista del 13 de mayo de 1064, en op. cit.: pp. 60-61.

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