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La cultura patriarcal en las narrativas mediáticas

Drogo y Daenerys

Nos encontramos en un momento donde proliferan numerosas series que han vuelto a retomar el carácter épico, bélico y violento de otras épocas o civilizaciones; por ejemplo: en las series Juego de Tronos y Spartacus: Sangre y Arena. Ambas, tienen un discurso hegemónico y androcéntrico que exalta la cultura patriarcal y la dominación masculina.

No obstante, me centraré en la serie Juego de Tronos, específicamente en la primera temporada de la serie, por su espectacular discurso hegemónico y machista. Juego de Tronos se ha basado en la Edad Media; el oscurantismo, la guerra, la lucha entre clanes y familias, la lucha por el poder y el dominio de los territorios, los animales fantásticos de las leyendas y cuentos, la magia, etc. Nos consta que la Edad Media no brilló por ser una época igualitaria, pacífica, democrática y mucho menos, feminista. Por lo tanto, al visualizar la serie, solo veremos una interpretación (desde la mirada masculina) de una época patriarcal, bélica, violenta y machista.

Como crítica a la ideología hegemónica o patriarcal que hay en la mencionada serie, el discurso de género propone analizar nuestras realidades con el fin de erradicar las distintas violencias que permiten que continúe la desigualdad respecto a las mujeres. El discurso de género se basa en que hay todo un sistema organizado para mantener y perpetuar las desigualdades sociales. En este sentido, la perspectiva de género será una forma de abatir desigualdades arcaicas entre hombres y mujeres a partir del discurso de la desnaturalización y que tendrá que ser cuestionado en cualquier ámbito, particularmente en el audiovisual y en las narrativas culturales y mediáticas.

Se ha cuestionado desde el feminismo las relaciones entre hombres y mujeres a lo largo de la historia, en cualquier actividad o proceso político. En este sentido, observamos con detalle que, en las narrativas culturales contemporáneas, prolifera un fuerte discurso hegemónico que proyecta y transmite la violencia de género. Entendemos por violencia de género, cualquier ámbito de dominación y poder que socialmente estructura un conjunto de atribuciones simbólicas e ideológicas hacia las mujeres.

El concepto de violencia de género hay que entenderlo como un fenómeno global, cultural y mediático que se localiza en las sociedades con estructuras patriarcales; por lo tanto, desde el feminismo, en los estudios de género y de la cultura visual se examinarán cuestiones de significado y de lenguaje, en este caso el audiovisual para poner en evidencia el discurso hegemónico que hay en los contenidos audiovisuales que consumimos. Así también se podrán investigar las tecnologías de la visualidad para comprobar cómo fomentan y reproducen mecanismos y conductas de control de género.

El análisis que realizo a continuación estará centrado en señalar la violencia de género que hay elaborada en las narrativas de la mediática serie Juego de Tronos. Tenemos que comprender que este tipo de violencia se ejerce a través de la cultura y de un proceso de sociabilización. Para Pierre Bourdieu la violencia simbólica es la reproducción del dominio masculino sobre las mujeres mediante la naturalización de las diferencias entre géneros (Bourdieu, 2000).

Las creencias en torno a la violencia contra la mujer se pueden interpretar como un reflejo de la historia de la humanidad marcada por la dominación masculina, un reflejo que nuestra cultura, todavía hoy, sigue proyectando y transmitiendo. En este sentido y, ante el fenómeno de casos de abusos y violencia sexual que estamos sufriendo a nivel mundial, es urgente que en los contenidos de entretenimiento y en la producción de series televisivas e internet, se plantee otro tipo de discursos y argumentos que no promuevan la violencia machista hacia las mujeres.

Teresa de Lauretis entiende que son las producciones culturales y sociales —al igual que otros aparatos e instituciones responsables de intervenir en el proceso de construcción del género— las que lo mantienen y perpetúan dentro del sistema.

“[…] el género, ya sea como representación o autorepresentación, sea considerado como el producto de variadas tecnologías sociales, como el Cine, y de discursos institucionalizados, epistemologías y de prácticas críticas, además de prácticas de la vida cotidiana”.[1]

Con esta cita se refuerza la idea de que las producciones culturales en la gran mayoría de sus emisiones refuerzan la construcción social del género. Estas tecnologías de género (cine, televisión, internet, etc.) para Lauretis continúan reproduciendo a “la mujer” sobre los arquetipos tradicionales.

  1. La educación diferenciada por el sexo.

Juego de Tronos muestra cómo hay estructurada una evidente división de género en la representación de los estereotipos y los roles a partir de la diferencia sexual, donde el sexo masculino es el que predomina y somete al femenino. El hombre era el único que podía reinar y gobernar. Las mujeres eran oprimidas por su condición de mujeres y eran castigadas si querían dejan de serlo o bien, adquirir un rol diferente y que no fuera el esperado según su sexo.

En la realidad todavía permanece una educación basada en la diferencia de género que la ficción de la serie retoma, sobre todo en la primera temporada, donde se educa a los niños y niñas perpetuando el sexismo; a la mujer se le mostraba el atributo de la maternidad como la meta de su vida y el matrimonio como su logro personal. En cambio, al hombre se le enseña a seguir el ejemplo de su padre. Teresa de Lauretis establece que es en la sociedad, a través de la cultura patriarcal, donde se determinan las características, los estereotipos y los roles femeninos y masculinos y que, por lo tanto, no deja de ser una convención social.

Por ejemplo, en las siguientes imágenes seleccionadas vamos a ver claramente la división de género que proyecta la serie.

Detalle Sansa sobre la cultura patriarcal en las narrativas mediáticas
(Frame) Serie Juego de tronos. 1 temporada. Cadena de Televisión HBO. Estados Unidos, 2011.
Imagen de Bran sobre cultura patriarcal
(Infografía) Serie Juego de tronos. 1 temporada. Cadena de Televisión HBO. Estados Unidos, 2011.

En la primera imagen aparece Bran Stark, observamos que ya desde su infancia lo están adoctrinando según los roles esperados y asignados a su masculinidad (la lucha y la militarización del cuerpo). Mientras, en la segunda imagen vemos a Sansa Stark, en una escena en la que está realizando labores domésticas o consideradas “femeninas” para convertirla en una buena esposa.

Pierre Bourdieu —que ha escrito sobre la significación del poder en las tradiciones judeocristiana y sobre cómo la división del mundo se crea en base a las diferencias biológicas, entre ellas las sexuales, sobre todo las que se refieren a la división del trabajo, procreación y producción— describe cómo el dominio masculino se auto-justifica por medio de costumbres y discursos generando una visión dominante de la división sexual, haciendo parecer esta división como algo “natural” o normal.

Los cuerpos son por lo tanto construidos y prefabricados por las producciones culturales. Como argumenta Pierre Bourdieu:

“La dominación masculina, que convierte a las mujeres en objetos simbólicos, cuyo ser (esse) es un ser percibido (percipi), tiene el efecto de colocarlas en un estado permanente de inseguridad corporal o, mejor dicho, de dependencia simbólica. Existen fundamentalmente por y para la mirada de los demás, es decir, en cuanto que objetos acogedores, atractivos, disponibles. Se espera de ellas que sean “femeninas”, es decir, sonrientes, simpáticas, atentas, sumisas, discretas, contenidas, por no decir difuminadas”[2].

Lo que nos quiere decir Bourdieu en esta cita, es que la “feminidad” —o lo que nos han dicho que es o cómo debe ser— persigue complacer las expectativas masculinas, de ahí que haya toda una homogeneización cultural del género femenino.

Sansa y la cultura patriarcal en las narrativas mediáticas
(Frame) Serie Juego de tronos. Cadena de Televisión HBO. Estados Unidos, 2011.

En esta otra imagen hay un diálogo muy interesante donde se resalta la línea divisoria del género y el rol asignado a lo femenino y la maternidad. La mujer que acompaña a Sansa, le dice cuál va a ser su destino: ser la mujer de un hombre con poder para que algún día ella tenga hijos varones herederos al trono. Identificamos en esta frase una implícita violencia simbólica que naturaliza la desigualdad a partir de la diferencia sexual una vez más, en la construcción y representación de los estereotipos y roles de género.

El cuerpo de la mujer se nos presenta de forma cosificada para deleite masculino o de forma maternal para perpetuar la raza. Estos parámetros configuran todavía hoy las relaciones de poder que se basan en la dominación masculina y la subordinación femenina, que es desde donde se origina la epistémica violencia hacia las mujeres. Esta forma de representar a la mujer sigue siendo sexista, androcéntrica y reduccionista. Por este motivo y por muchos otros, hay que revisar las narrativas culturales para generar un análisis que concienticen el tipo de discurso que se proyecta para ver cómo se construye la imagen de la mujer, qué efecto está teniendo…y cómo podemos subvertirlo, porque desafortunadamente, siempre se ha construido desde quien ostenta el poder y desde una posición que nos sitúa en la alteridad. 

“Debemos mirar al contenido de nuestros sistemas mediáticos no solo para ver cómo pocas mujeres son personajes en la televisión prime-time, o cómo se las muestra como objetos sexuales en los anuncios o pornografía, sino también para ver cómo nuestras identidades y nuestras experiencias son definidas para nosotras”.[3] Lana Rakow.

  1. La representación sexual de la mujer. 

Los medios proyectan un modelo de “mujer” que aunque no sea el único, es el que predomina y representa generalmente la cultura dominante occidental: la mujer blanca, rubia y de origen anglosajón. Un modelo de mujer occidental que ha sido exportado a otras culturas mediante las TIC y la cultura mainstream.

La contemplación de la imagen de la mujer desde la cultura occidental nos muestra una posición androcéntrica bastante limitada de la realidad. Es desde el discurso tradicional que se nos sitúa en el orden de lo representado como objetos sexuales para el deleite de la mirada masculina. Según varios autores existe una vinculación muy llamativa con la forma que nos han enseñado a ver, a mirar al otro, en este caso a la mujer. Desde el arte europeo hasta las vanguardias artísticas, el cuerpo de la mujer se ha mostrado como un objeto producto del deseo sexual. Como sostiene John Berger[4] en el arte europeo los espectadores eran mayoritariamente hombres y las personas retratadas como objetos, generalmente, eran mujeres. Laura Muley añade la idea de que hay una “construcción social de lo visual”, es decir, que nuestro modo de ver responde a unos parámetros culturales concretos y a un poder androcéntrico, masculino y occidental. Esta relación tan marcada y desigual todavía hoy podemos observarla y encontrarla de forma muy arraigada en nuestra cultura audiovisual.

Mulvey analizó la representación visual de la mujer para el placer de la mirada masculina a través del discurso que ofrece el cine narrativo tradicional. Abordó cómo muchas obras cinematográficas manifiestan el placer de la mirada y el acto escopofílico: el placer de mirar a otra persona como un objeto erótico. La autora planteó que la representación de la ideología patriarcal en el cine clásico ha desarrollado dos estilos que son el voyeurismo y el fetischismo que son las dos formas que construyen la imagen de la mujer. Me interesa señalar el análisis que hace Mulvey para aplicarlo en el formato y contenido de las series televisivas porque efectivamente, hemos heredado esa sólida construcción narrativa de lo visual a través de la mirada masculina.

Otra de las aportaciones que nos ofrece el análisis feminista (Teresa de Lauretis y su “tecnología de género”) en torno al cine, a la imagen y a la representación visual de la mujer, es el cuestionamiento del cine como industria social, productora y reproductora de la subjetividad, como educador sentimental y constructor de género.

Juego de Tronos utiliza metanarrativas visuales y recursos expresivos para presentar a las mujeres según los cánones de belleza de la ideología androcéntrica, asociándola a roles, juicios de valor, concepciones y teorías que “naturalizan” la subordinación de las mujeres y lo considerado femenino como la maternidad. Desde la teoría feminista ha sido sumamente importante el desarrollo de un lenguaje inclusivo que promueva la visibilidad y legitimidad política y que represente a las mujeres de un modo no sexista, sobre todo teniendo en cuenta que la representación visual de las mujeres esta exclusivamente ligada a lo sexual y reproductivo.

“Las representaciones son construcciones artificiales, aparentemente inmutables, mediante las cuales aprendemos el mundo: representaciones conceptuales tales como: imágenes, lenguaje o definiciones; que a la vez incluyen y construyen otras representaciones sociales como la raza y el género”[5].

Tanto el Cine como la Televisión han servido como una herramienta pedagógica o de adoctrinamiento, según se contemple. Es decir, a través de las imágenes y del lenguaje audiovisual se nos enseña a pensar y a reproducir sentimientos, ideas, etc., así como a imitar las nociones preestablecidas de género para ser hombre o mujer y es desde allí desde donde constantemente se refuerzan estereotipos sexistas, machistas, racistas y clasistas.

  1. Cultura patriarcal en las narrativas mediáticas.

El concepto de patriarcado es el eje central sobre el que se erige la lucha del movimiento feminista. Este concepto se refiere a un sistema de poder familiar, social, ideológico, religioso y político presidido únicamente por los hombres. El patriarcado estableció la teoría del contrato social donde se comercializaba a las mujeres entre hombres de la familia (padres) con otros (maridos) para perpetuar la raza, consolidar alianzas en los gobiernos, familias, etc.

Viserys y la cultura patriarcal en las narrativas mediáticas
(Frame) Serie Juego de tronos. Cadena de Televisión HBO. Estados Unidos, 2011.

Un ejemplo de la cultura patriarcal que muestra la serie es cuando Viserys Targaryen hace un pacto para recuperar el trono de Hierro y ofrece como moneda de cambio a su hermana, Daenerys Targaryen, para contraer matrimonio con Khal Drogo a cambio de su ejército. Vender a las mujeres es una violación de la libertad y de los derechos humanos. Este problema todavía continúa vigente en algunos países y culturas.

Si escuchamos el diálogo de esta escena, nos daremos cuenta del alto nivel de violencia que contiene, tanto verbal como discursivo. Cito literalmente lo que dice Viserys Targaryen cuando le explica el plan que tiene para conseguir el trono:

“Dejaría que toda su tribu te foxxxxx… los 40.000 hombres y sus caballos también si fuera preciso”.

La mujer aquí es contemplada como una mercancía y un objeto sexual de reproducción a la disposición de los hombres. La reacción de Daenerys es de sumisión a su hermano, no se inmuta y le obedece sin cuestionarle. Quedando de manifiesto la idea de la subordinación femenina frente al hombre, lo que refleja ser un imperativo impuesto por el patriarcado.

Además encontramos en repetidas secuencias y episodios muchas agresiones verbales hacia la mujer:

“Un par de puxxx tabernarias para calentarnos la cama…” o “…con la tripa llena de vino y la boca de una chica en mi poxxx” y frases como, “foxxx jabalíes y caza puxxx”.

San Fermín abusos
(Infografía) Imagen extraída del diraio “El Confidencial”[8].
Daenerys y Drogo
(Frame) Serie Juego de tronos. 1 temporada. Cadena de Televisión HBO. Estados Unidos, 2011.

Otro aspecto a destacar es la violencia sexual que sufren las protagonistas femeninas en la serie, específicamente la de Daenerys, que fue violada en su noche de bodas por Khal Drogo.

La cultura patriarcal y machista ha normalizado la violencia contra las mujeres a través de un complejo sistema de creencias que permite tener un pensamiento de dominación y posesión sexual hacia las mujeres. La cultura de la violación[6] ha traspasado los límites de la ficción, el lenguaje, las bromas, la publicidad, la pornografía y ciertos géneros musicales. La cultura de la violación ha perpetuado ciertos mitos o tabúes sexuales como el incesto, la orgía, la violación en la pareja y en el matrimonio. Todo ello se transmite y reproduce en esta serie.

También se han dado numerosos casos en muchos países con conflictos bélicos donde se ha utilizado la violación como arma de guerra. Si hacemos un paralelismo con los numerosos casos reales de abusos y violaciones que han ocurrido en nuestra sociedad, como por ejemplo, el caso de la Manada[7] o tantos otros que se han repetido por el mundo, es alarmante ver como nuestra cultura exhibe el cuerpo de la mujer y cómo este es contemplado como un objeto sexualmente disponible.

A modo de conclusión, quisiera reflexionar sobre esta imagen y decir que desafortunadamente hay muchas imágenes como esta por las redes. Lo preocupante es que este tipo de situaciones, donde se dan claras agresiones sexuales, se repite día tras día. Esta acción tiene que ver con la cultura patriarcal y machista que tenemos profundamente arraigada en nuestra sociedad; el sexismo, la objetualización sexual, los abusos sexuales, la desigualdad, la discriminación y la inseguridad de las mujeres… todavía siguen siendo causas pendientes a nivel mundial.

En este sentido, es urgente y vital construir nuevos relatos y representaciones desde los media que sustenten las relaciones de género desde una cosmovisión que respete y valore la igualdad, la equidad, la perspectiva feminista, el empoderamiento de la mujer, la sexualidad femenina y todo cuanto sea necesario para erradicar aquellos discursos retrógrados que atenten contra la libertad y los derechos de más de la mitad de la población del mundo, las mujeres.

COMENTARIOS

[1] Lauretis, T. 2000. Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo. Madrid: Horas y Horas. P. 35.

[2] Bourdieu, P. 2000. La dominación masculina. Traducción de Joaquín Jordá. Barcelona: Anagrama, p. 86.

[3] Rakow, L. 1989. A Bridge to the Future. Re-Visioning Gender in Communication. En: CREEDON, J. (ed.). Women in Mass Communication, 1ª ed. Londres: Sage Publications, p. 304. Citado en: LÓPEZ DIEZ, P. 2004. La mujer, las mujeres y el sujeto del feminismo en los medios de comunicación. (ed.). Manual de información en género. Madrid: IORTV (RTVE) e Instituto de la Mujer, p. 33

[4] Berger, J. et al. 2000. Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili.

[5] Villaplana Ruiz, V. 2008. Nuevas violencias de género, arte y cultura visual. Pedro Ortuño Mengual, director. Tesis doctoral, Universidad de Murcia, p. 100.

[6] El término “cultura de la violación” surgió en la década de 1970 durante la Segunda ola del feminismo. Las feministas y activistas habían comenzado a denunciar y a hacer visible socialmente la violencia sexual que sufrían muchas mujeres en Estados Unidos.

[7] La Manada es el nombre por el que se dio a conocer un grupo de amigos que cometieron una violación sexual a una mujer en Pamplona en el 2016, durante las fiestas de San Fermín y que despertó mucha polémica mediática debido a que, en una primera instancia en los tribunales de Navarra, no se condenó como violación, sino como un simple abuso sexual. En el Código Penal español se distingue entre la agresión sexual y el abuso sexual. La agresión —y no el abuso— requiere que haya habido violencia e intimidación. Esta sentencia provocó una notable reacción social que se tradujo en que, años después, el caso fuera finalmente revisado y sentenciado por el Tribunal Supremo que lo consideró una violación.

[8] La imagen fue muy polémica y despertó una alerta feminista ante la situación de violencia contra la mujer en las fiestas de San Fermín, Pamplona (España).

BIBLIOGRAFÍA

Berger, J. et al. (2000). Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili.

Bourdieu, Pierre. (2000). La dominación masculina, Anagrama, Barcelona.

Rakow, L. (1989). A Bridge to the Future. Re-Visioning Gender in Communication. En: CREEDON, J. (ed.). Women in Mass Communication, 1ª ed. Londres: Sage Publications.

Lauretis, T. (1992). Alicia ya no: Feminismo, Semiótica, Cine. Madrid: Cátedra.

Lauretis, T. (2000). Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo. Madrid: Horas y Horas.

López Diez, P. (2004). La mujer, las mujeres y el sujeto del feminismo en los medios de comunicación. (ed.). Manual de información en género. Madrid: IORTV (RTVE) e Instituto de la Mujer.

Mulvey, L. (1988). Placer visual y cine narrativo. Valencia: Episteme.

Villaplana Ruiz, V. (2008). Nuevas violencias de género, arte y cultura visual. Pedro Ortuño Mengual, director. Tesis doctoral, Universidad de Murcia.


Imágenes extraídas de la serie Juego de Tronos (2011-2019), producida por la HBO y creada por David Benioff y D. B. Weiss.

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