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LA EXPROPIACIÓN PETROLERA

La expropiación petrolera

Por Juan Campos Vega

La enseñanza anecdótica de la historia basada en el recordatorio de fechas y sucesos, pero que no proporciona explicación alguna de las causas que originan los acontecimientos sociales y de los efectos que estos generan, así como el interés de la oligarquía mexicana, de los empresarios al servicio del imperialismo, y de los sectores reaccionarios de la clase que detenta el poder público por ocultar o tergiversar la verdad en torno a la expropiación petrolera, impide que la mayoría de la población, particularmente los jóvenes, entiendan la magnitud de este hecho histórico y de las fuerzas y personalidades que lo hicieron posible.

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A todos se nos enseña que el 18 de marzo de 1938, el presidente de la República, Lázaro Cárdenas, mediante un decreto, expropia el petróleo. Esta frase privilegia “la interpretación individualista, del gran héroe actuando casi solo [1]”, y elude mencionar la historia de las luchas que hicieron posible la expropiación. Por ello es indispensable recordar las causas que originan el rescate de esta importante riqueza natural no renovable, en el que intervienen tres aspectos fundamentales: las luchas de los trabajadores petroleros, la estrategia y táctica de la clase obrera unificada, dirigida por Vicente Lombardo Toledano, porque “Fue el apoyo y la lucha constante de la CTM la que hizo posible la expropiación [2]”, y la conducta patriótica de funcionarios públicos que contaron con el apoyo del pueblo mexicano.

La lucha de los trabajadores petroleros

La exploración del petróleo por compañías extranjeras inicia a fines del siglo XIX. Para 1910, por las facilidades que les brinda el gobierno de Porfirio Díaz, el monopolio estadounidense Standard Oil Company y el consorcio angloholandés Royal Dutch Shell, se apropian del petróleo del país, lo explotan en forma irracional y sobreexplotan a los trabajadores mexicanos.

Los petroleros inician desde 1913 sus movimientos de resistencia y lucha, y la formación de sus agrupaciones, por lo que son perseguidos y reprimidos [3]. El triunfo de la Revolución Mexicana y la promulgación de la Constitución de 1917 abre nuevas perspectivas para sus luchas, porque en su artículo 27, establece que “Corresponde a la nación el dominio directo del petróleo y todos los carburos de hidrogeno sólidos, líquidos y gaseosos”, y en su artículo 123, incluye los derechos a la organización sindical, la huelga, al salario mínimo, la jornada máxima de ocho horas, y otros no menos importantes. Para 1918 organizan su primera huelga triunfante: obtienen un importante aumento salarial y la reducción de la jornada de trabajo.

En 1931, se aprueba la Ley Federal del Trabajo. A pesar de sus deficiencias, esta ley permite que los trabajadores demanden indemnización por despido injustificado, eviten castigos por pertenecer a organizaciones sindicales o participar en huelgas, y que se implante la jornada máxima de ocho horas. En estas nuevas condiciones, los trabajadores petroleros se organizan en diversas regiones, constituyen sindicatos de empresa, y realizan huelgas para lograr contratos de trabajo.

Fundación del STPRM en 1935

Fundación del STPRM en 1935

El conflicto petrolero comienza cuando las empresas extranjeras tratan de impedir la formación de sindicatos y usan para ello todos los medios, lícitos e ilícitos, que están a su alcance. A pesar de esta ofensiva, el 5 de agosto de 1935 surge el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) integrado por doce secciones [4]. El 29 de enero del año siguiente, el sindicato petrolero se incorpora al Comité de Defensa Proletaria, del cual surgiría, un mes después, la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El 20 de julio de 1936, el STPRM realiza su primera convención, formula un proyecto de contrato general con todas las compañías y las emplaza a huelga para exigir su cumplimiento. Incluye, entre otras demandas, la jornada laboral de 40 horas semanales y el pago de salario íntegro en caso de enfermedad. Ante la negativa empresarial, los trabajadores deciden realizar un paro de 24 horas, el presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, interviene para que se aplace el movimiento y se adopte un acuerdo entre el sindicato petrolero y las compañías; estas últimas aceptan, pero no cumplen.

El STPRM emplaza de nuevo a las compañías petroleras, y en mayo de 1937, éstas hacen pública su negativa a aceptar el pliego de peticiones formulado por el sindicato; conceden sólo 36 de las 248 cláusulas del proyecto y ninguna de las importantes, rechazan: la semana laboral de 40 horas; el pago por jornada y no por tiempo; el pago de salario por enfermedades no profesionales; el pago de salario íntegro, todo el tiempo, por enfermedad profesional; la indemnización por reajustes, incapacidad total y muerte; jubilaciones, descansos obligatorios y vacaciones anuales; creación del fondo de ahorros y renta de casa, y salario mínimo de seis pesos diarios para los obreros no calificados, entre otras.

Como se puede constatar fácilmente, las demandas de los trabajadores petroleros tenían como único objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de sus agremiados, en ningún momento plantean la expropiación de las empresas del petróleo.

La clase obrera unificada, dirigida por Lombardo

El Congreso de Unificación Proletaria de febrero de 1936 constituye la CTM, elige un comité nacional representativo de las fuerzas que lo integran, y a Lombardo como secretario general. Además, establece en sus estatutos que el proletariado de México luchará por “conseguir previamente la liberación política y económica del país [5]”.

Esa formulación que alude implícitamente a la expropiación y rescate de los recursos naturales del país que están en manos del capital extranjero, tienen claros antecedentes. Cuando se funda la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, en 1932, el tema de la expropiación del petróleo es ya una demanda importante de los sindicatos mexicanos dirigidos por Lombardo, que durante muchos años demanda el cumplimiento de lo establecido en el artículo 27 constitucional para rescatar nuestros recursos naturales.

Como líder de la CTM, Lombardo no solamente está ligado la lucha de los trabajadores petroleros, sino que es el artífice de la estrategia y táctica de su movimiento que concluye con la expropiación, como se puede constatar en el discurso que pronuncia ante el Consejo Extraordinario de la CTM, el 6 de enero de 1938.

Lombardo explica que el conflicto petrolero inicia cuando, el sindicato de petroleros, emplaza “a las empresas exigiéndoles la firma de un contrato colectivo general [6]” de trabajo en toda la industria, porque había muchas empresas y cada una tenía su propio contrato. Las empresas petroleras rechazan la demanda de los trabajadores, porque la suscripción de un solo contrato las obligaría a proporcionar prestaciones y pagar sueldos iguales, tomando como base los más altos; alegan que la respuesta positiva a la demanda de los trabajadores asciende a muchos millones de pesos, que tienen problemas financieros, que no obtienen las ganancias suficientes y que no pueden cumplir con las demandas de los trabajadores.

Interviene el general Cárdenas para pedirle a los trabajadores que no fueran a la huelga, porque en ese momento el reparto de tierras en la región lagunera tendría repercusiones de importancia y ambos conflictos, al mismo tiempo, significarían un riesgo innecesario. Los trabajadores petroleros aceptan aplazar la huelga, pero las empresas, pasado mucho tiempo, eluden, con evasivas y subterfugios de todo tipo, la discusión del contrato propuesto por los trabajadores y, en contrapartida, continúan con su misma actitud “mala fe, amenazas encubiertas, inclusive de carácter internacional [7] ”, y estalla la huelga.

Para resolver favorablemente, para los obreros y la nación, el conflicto petrolero, Lombardo elabora un plan. Después de declarada la huelga, que dura poco tiempo, el sindicato desiste de ella, porque el objetivo consiste en averiguar hasta dónde están dispuestas las empresas extranjeras a ceder ante las demandas del sindicato petrolero.

El sindicato plantea entonces, ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, una demanda de orden económico, “para que las autoridades del trabajo investigaran la situación de las empresas […] porque jamás las empresas [petroleras] han permitido que se hurgue en sus libros y que se investigue su situación financiera [8]”. La Junta designa una Comisión Pericial para realizar un estudio que permita conocer la situación económica de las empresas y determinar si están en condiciones o no de elevar salarios y mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores. Los resultados de la investigación evidencian que “la industria petrolera mexicana, comparada por ejemplo con la de los Estados Unidos […] da rendimientos mucho muy superiores [9]”.

Apoyo obrero y popular a la expropiación petrolera

Apoyo obrero y popular a la expropiación petrolera

La Junta emite su fallo a favor del sindicato, porque el estudio demuestra que las empresas extranjeras que explotaban nuestro petróleo ya habían recuperado sus inversiones desde hace mucho tiempo y sus ganancias eran muy grandes, mucho mayores a las que obtienen en sus países de origen y suficientes para dar respuesta positiva a las demandas obreras; es decir, se demuestra que estaban en condiciones de pagar los salarios caídos, correspondientes a la huelga del mes de mayo, y destinar 26 millones de pesos anuales para aumentar las percepciones de los trabajadores y mejorar sus condiciones laborales.

Las empresas rechazan la decisión de la Junta de Conciliación, amenazan con abandonar el país, e interponen ese mismo mes un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La conducta patriótica de funcionarios públicos

La Suprema Corte ratifica, en los primeros días de marzo de 1938, el laudo de la Junta, y entonces las empresas extranjeras expresan su decisión de no acatar la resolución de la corte, que de acuerdo con nuestra Constitución, es la última instancia en cualquier litigio y sus decisiones son inatacables.

El presidente Lázaro Cárdenas se entrevista con los representantes de las empresas petroleras, pero las pláticas no llevan a la solución del problema, por la altanería y prepotencia con la que se conducen los personeros de las empresas imperialistas.

Ante esa situación, que rebasa el marco de las relaciones obrero-patronales y que convierte el conflicto en un enfrentamiento de las transnacionales contra el poder público, Lombardo Toledano, en nombre de los trabajadores petroleros, rompe las relaciones de éstos con las empresas. El 18 de marzo, en el transcurso del día, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje emite el fallo que libera a los trabajadores de sus obligaciones con las compañías.

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Ante esta situación que podía llevar a la industria a parar su producción por falta de obreros, que afectaría a las plantas generadoras de electricidad y a los ferrocarriles, y en consecuencia, a todas las fábricas del país, no queda más camino que la expropiación de los bienes de las empresas petroleras. A las 10 de la noche, el presidente Lázaro Cárdenas, que es un presidente patriota y revolucionario, dispuesto a luchar para mejorar las condiciones de vida del pueblo y a defender a México del imperialismo, toma la histórica decisión de decretar la expropiación del petróleo, que no hubiera sido posible sin la participación de un movimiento sindical que, como dijo Marx en el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, para lograr sus objetivos, necesitar estar “unido por la asociación y guiado por el saber”.

[1] Francie R. Chanssen, “La expropiación petrolera”, en Cuatro sindicatos nacionales de industria, México, Universidad Autónoma de Sinaloa / Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, 1988, p. 127.

[2] Idem.

[3] Ariel Gallegos Martínez, et al., Testimonios de la expropiación, Colección Testimonios, México, Editorial Nuestro Tiempo, p.15.

[4] Ibid., p. 19.

[5] Confederación de Trabajadores de México, “Estatutos de la Confederación de Trabajadores de México”, CTM, 1936-1941, ed. facsimilar, México, Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Socciales Vicente Lombardo Toledano, 2011, p. 67.

[6] Vicente Lombardo Toledano, “El pueblo de México y las compañías petroleras”, revista Futuro, núm. 24, México, D. F., febrero de 1938, p. 20.

[7] Ibid., p. 21.

[8] Ibid., p. 22.

[9] Idem.

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