• 01 55 5661 4987
  • 01 55 5661 1787
  • centrolombardo.edu@gmail.com
  • Lun - Vie: 9:00 - 18:00
Menú

Aniversario luctuoso de Marcela Lombardo (1926 – 2018)

Imagen de MArcela Lombardo como diputada
Recordamos en su aniversario a Marcela Lombardo, con una de las intervenciones que, como diputada del Partido Popular Socialista, dirigió al Lic. Carlos Salinas de Gortari, en aquellos momentos Presidente de los Estados Unidos Mexicanos por el Partido Revolucionario Institucional.

A la difícil y dramática situación económica que vive el país no es ajeno el Distrito Federal a la falta de respeto a los derechos ciudadanos tampoco escapa el Distrito Federal. Por el contrario es en nuestra ciudad en donde se ven con mayor nitidez todos los problemas que padece el país. Aquí están los habitantes de los estados que suponen van a encontrar solución a sus necesidades y se encuentran mendigando por las calles sin techo para vivir y sin escuela para sus hijos. Aquí están también los ciudadanos de México que no pueden emitir su voto para elegir a sus gobernantes.

En efecto, se sabe por todos, que los problemas de la capital de la república son de una gran dimensión y por ello los conflictos que estos generan y las necesidades que de ellos se derivan también son muy grandes. Y también se sabe, lo reiteramos, que la solución de los angustiosos y dramáticos problemas que tiene, como los de habitación, transporte, servicios, seguridad, salud, educación cultura y recreación no puede alcanzarse si se abordan aisladamente, es decir, la solución tiene que verse de manera integral, en concordancia con un Plan Nacional que busque, al mismo tiempo, la solución de los problemas de nuestra gran ciudad y el desarrollo económico, técnico y cultural del país.

Cuando se hace referencia por ejemplo, a uno de los problemas, al uso del suelo, se habla de acabar con la especulación pero y en esto estriba el verdadero problema ¿Con qué estrategia? ¿Con la inversión de la iniciativa privada? ¿Eso es una estrategia? Hubo un tiempo en que se desarrollaron ciudades satélites a pretexto de contribuir a la solución de la habitación, ¿Cuál fue el resultado?. Además del gigantismo generado la habitación popular fue quedando más rezagada, abandonada, y los fraccionamientos de especulación aumentaron. Se iniciaron los desalojos y, casualmente, las personas desalojadas siempre fueron trabajadores, gentes de escasos recursos asentadas, por necesidad, en zonas insalubres o en terrenos ejidales. Años más tarde, veinte por lo general, se inicia la llamada regularización de la tenencia de la tierra, con la infinidad de problemas nuevos que hay que resolver los cuales son utilizados por las autoridades en turno para levantar las banderas de justicia social, cuando todos sabe­mos que esta labor es producto del trabajo de los propios habitantes a quienes se les presiona para obtener su título de propiedad. Y, si no se lleva a cabo la regularización simplemente se les desaloja por “posesión irregular de la tierra”.

No así a aquellos que han construido los grandes fraccionamientos residenciales que han dejado a algunas autoridades “un pedacito” para poder labrar un futuro menos duro para sus hijos.

Se dice que para evitar procesos de conurbación y la proliferación desordenada de asentamientos humanos irre­gulares y porque “representan un gran atractivo para los grandes inversionistas del sector privado” se debe atraer el concurso del sector privado a los proyectos gubernamenta­les.

En relación a lo primero, se podría hacer el comentario de que es una ingenuidad pensar que el interés privado (nunca ha sido de otra manera) pudiera estar por ayudar a resolver la vivienda popular, y lo segundo más realista eso sí, que las inversiones en los proyectos gubernamentales son de las que interesan más al sector privado 1pero cuáles proyectos!

La solución para resolver el problema de la vivienda popular es realizar una reforma urbana, aplicando el Artículo 27 Constitucional, limitando la propiedad urbana, utilizando, es decir, expropiando para beneficio social los predios baldíos que se encuentran en la zona del centro de la ciudad y que constituyen inversiones especulativas porque se ad­ quieren, y simplemente se esperan a que suban de precio para ganar enormes fortunas y mientras esos terrenos baldíos podrían muy bien ser utilizados para la vivienda popular, para la vivienda de los trabajadores.

Canalizar los recursos de la banca de la construcción de la vivienda de interés social, ese fue uno de los objetivos de la nacionalización de la banca, canalizar los recursos para contribuir a resolver los problemas sociales.

Además, el PPS insiste en que la vivienda popular debe ser de renta, renta baja, no en propiedad, porque cuando la propiedad es en venta vuelven a quedar rezagados quienes tienen como ingreso menos del salario mínimo.

Y así como nos referimos al problema de la habitación, también se podría hacer en relación al transporte, a la salud, a la educación, a la cultura y a la recreación, porque gobernar, ‘mejorando la capacidad de respuesta a los problemas”, implica tener en mente muy claramente a quién se desea atender: ante esto no hay más que dos opciones: o se atiende a la mayoría de los ciudadanos, es decir, a los trabajadores y a la población necesitada, “marginada” como se dice actualmente, o se atiende a los intereses de la iniciativa privada ofreciéndole buenos negocios, ya sea para la construcción de viviendas, de escuelas o su rehabilitación, ya sea para la recolección y tratamiento de basura, ya sea para el transporte; porque la iniciativa privada, ya lo dijo, condiciona su participación a que exista ‘rentabilidad en los proyectos”.

En consecuencia, la acción pública, a nuestro juicio desde luego, debe ser fundamentalmente responsabilidad del Estado, no absoluta o ‘totalitaria’ como dicen los que nos refutan. La dirección y responsabilidad de las autoridades, así como el papel tutelar de los derechos de los trabajadores no puede pasarse a segundo plano en función de obtener los recursos necesarios para impulsar la solución de los grandes problemas acumulados por la desorganiza­ción, falta de planeación y abandono de las responsabilida­des de las administraciones correspondientes. Si se desea mayor “corresponsabilidad económica” esta no puede venir sino de quienes tienen el poder económico, de los dueños de los fraccionamientos y de los dueños de los medios de producción.

Se habla del interés por “frenar la delincuencia”, de luchar, con “energía contra el pandillerismo”, lCómo se va a hacer? Destinando el 15% del gasto total que representa un 42% de incremento en términos reales en relación con el ejercicio anterior? Aumentando el gasto en corporacio­nes policiacas? Cerrando las colonias residenciales para que no entren los pobres, a quienes se les llama nacos?

Se atacan los efectos más no las causas, y así no se resuelven los problemas. Resolvamos entonces las causas del incremento de la delincuencia que es el desempleo, el subempleo, la necesidad y la miseria resultado de lo ante rior, y en esa medida resolveremos o remos resolviendo la causa de la delincuencia.

Otro problema, la contaminación, problema económi­co, sólo después ecológico. Si bien es cierto que el mayor problema de la contaminación se encuentra en esta nuestra gran ciudad. Este se va a resolver gastando solo parte del presupuesto asignado? y, además, que de los recursos gastados, aproximadamente las dos terceras partes de lo asignado para resolver este grave problema fueron inverti­dos en bienes muebles e inmuebles. ¿Se puede así resolver o tratar de resolver el problema? ¡Quién puede creer seme­jante barbaridad!

Solamente se podría avanzar en su solución introduciendo, con energía, las medidas preventivas y correctivas de este cada vez más peligroso problema de la Ciudad de México.

Esto no se va a resolver con “un día sin carro”, eso será un paliativo porque en esos dos o tres meses se evitarán mayores daños o el fallecimiento de menos niños y ancianos por asfixia y por otros males que se derivan de la contami­nación.

Pero la causa, o más bien las causas son otras, son muchas otras: las fábricas e industrias en el Distrito Federal y zona metropolitana, la falta de regulación de los vehículos que entregan productos a los comercios y a las casas habitación, los transportes de materiales para construcción y de abasto durante el día y en toda la ciudad. Los famosos “fumigadores” de Ruta 100, hace unos días se decía en la prensa que comprarán nuevas unidades, ojalá que así sea, porque realmente ya no se sabe qué pensar.

La solución del transporte es la creación del Instituto Metropolitano del Transporte, esto ya es una necesidad urgente, el problema del transporte debe tratarse como una sola unidad desde el punto de vista técnico y administrativo, el Instituto Metropolitano del Transporte debe planear, construir, dirigir y administrar todo el transporte colectivo, tren ligero, el suburbano, los trolebuses, los autobuses y el metro.

Debe estar integrado por el Distrito Federal, el Estado de México, y ahora también el Estado de Hidalgo, y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Debe ser un organismo creado por el Estado y sostenido por esos estados y la federación y una parte debe corresponder a la  iniciativa privada, es decir.una parte debe pagarla la inicia­tiva privada, porque son precisamente los empresarios quie­nes se han venido beneficiando con el transporte, porque a ellos lo que les interesa es que el trabajador llegue a tiempo.

Este Instituto Metropolitano del Transporte beneficiaría no solamente a los trabajadores sino también a sus familias porque actualmente por el alto costo del transporte no pueden salir de los lugares donde habitan.

Tal vez parezca repetitivo pero la contaminación y el conflictivo tránsito, la conflictiva vialidad, y el insuficiente, caro y mal transporte , así como los problemas de servicios, salud, seguridad, educación, recreación y todos los proble­ mas del Distrito Federal solamente podrán resolverse con la descentralización, al llevar el desarrollo económico a los Estados de la República.

Hay estados pobres por el abandono en que se en­cuentran pero que tienen terreno, recursos, energía y mano de obra. Llevar las industrias a los Estados, crear polos de desarrollo económico y cultural en diferentes zonas del país, con la intervención, dirección y rectoría del Estado y tam­bién, por qué no, con la participación de la iniciativa privada en las ramas que la Constitución le permita. Solamente así se resolverán los grandes problemas de ésta nuestra ciu­dad, lo demás son en el mejor de los casos, buenas intensiones, en el peor, que es sólo mi preocupación, debi­lidad ante los intereses de la iniciativa privada nacional y extranjera.

Si se habla de gobernar la ciudad desde el punto de vista político, con el respeto al pluripartidismo y con la participación de todos los sectores, entonces debe haber una transforma­ción del Distrito Federal convirtiéndolo en un Estado de la Federación, para que la mayor concentración de población del país tenga derechos políticos de los que actualmente carece.

No es suficiente la Asamblea de Representantes, la Asamblea es nuestro ‘Hyde Park’. Tal vez sirva de desahogo, pero no resuelve nada, es un Foro que tiene funciones secundarias, revisa reglamentos (ordenanzas, bandos de policía) pero no tiene facultades legislativas pues como no existe Congreso Local porque no es un Estado, lo que ahí se diga y haga “se tomará en cuenta”.

Si se desea realmente la participación ciudadana debe atenderse a sus requerimientos que se manifestaron en las elecciones del 6 de julio de 1966 al pronunciarse en favor de los partidos que apoyan la demanda de convertir al Distrito Federal en un Estado más de la República.

Ha sido evidente que en todos estos años en que se ha designado a las autoridades, al Jefe del Departamento del Distrito Federal y a los Delegados políticos, no se ha dado la respuesta política y administrativa necesaria para satisfacer las necesidades y dar solución a los problemas de la población del Distrito Federal, porque no tienen compromiso con el pueblo, porque no fueron elegidos por el voto popular, su compromiso es con su jefe, el que los designó.

Es imprescindible e inaplazable abrir los cauces de la participación ciudadana en el gobierno de la capital como parte del proceso de transformación democrática para discutir y proponer colectivamente soluciones a los problemas de la gran urbe.

La lucha por ampliar la vida democrática de la capital no es nueva, desde hace varios años la mayoría de las fuerzas políticas y sedales han coincidido en la ahora impostergable necesidad de democratizar al Distrito Federal y restaurar los derechos políticos plenos de los ciudadanos que habitan en el Distrito Federal, para elegir a sus gober­nantes, porque el Ayuntamiento es la base de la vida demo­crática del país.

La reciente contra-reforma política aprobada por las fuer­ zas de derecha cierra el camino de la verdadera democracia al asegurar la hegemonía del partido mayoritario en la ARDF e impedir la participación plural de las fuerzas políticas democráticas y revolucionarias que conformamos la verda­dera mayoría en el Distrito Federal y en todo el país.

No podemos decir que en las condiciones actuales de desarrollo del país ya se agotó la Revolución, al contrario, lo que no se ha logrado es cumplir las metas que la Revolución se propuso.

Nosotros afirmamos que las organizaciones sociales, la industrialización del país, las empresas del Estado son precisamente lo que permitió avanzar al Estado mexicano en el camino de la independencia económica, en lo que ahora se está dando marcha atrás.

Repetimos, reiteramos que los problemas de la ciudad cuya población es el 25% de la población del país, en donde se genera el 45% del PIB y el 40% de la producción industrial, solamente podrán resolverse con una planificación integral y un desarrollo equilibrado del país, descentralización de la

industria, creación de empresas del Estado con participación de los trabajadores en su dirección, restitución del régimen municipal, democratización de la entidad y la crea­ción del Estado número 32. Esto es modernización y patrio­tismo.

El programa para el desarrollo económico, político, social y cultural del país debe tener una orientación patriótica, la que la Revolución Mexicana precisó en la Constitución de 1917, cuyos objetivos son alcanzar la independencia económica; avance democrático y elevar el nivel de vida del pueblo. Producir no para complementar el mercado doméstico de los Estados Unidos sino para servir al mercado interior de México; de otra forma nunca saldremos de la dependencia económica sino que ésta será todavía mayor, perderemos fortaleza política nacionalmente, tendremos debilidad política en el campo internacional y nuestro país será más pobre. Lo que debemos hacer es retomar el camino de la Revolución Mexicana.

Consultar artículos realizados o relacionados con Marcela Lombardo.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email
Share on print
Print

Deja un comentario

X