Los siete samurais: bushidō, justicia, el valor del grupo, historia y mitología

Los siete samuráis,七人の侍 Shichinin no samurai, fue una película dirigida por Akira Kurosawa, estrenada en 1954, que recibió el León de Plata en la Mostra de Venecia y dos candidaturas al Óscar: a mejor dirección artística y a mejor vestuario. A pesar de su modesto reconocimiento internacional, la película pronto se convirtió en un referente cinematográfico a nivel mundial, siendo considerada como una de las mejores películas de la historia. Así lo afirman diversos rankings donde Los siete samuráis ocupa un lugar privilegiado entre las 100 mejores películas de la historia del cine. Entre estos destacan el de IMDBSight and Sound’s top 50 movies pollRotten TomatoesThe Hollywood Reporter y la revista Empire, donde el filme ocupó el primer lugar en 2010.

Shino y Katsushirō

A nivel cinematográfico, la película deja importantes lecciones, como una “introducción” que dura algo más de una hora[1]. Esto puede parecer irrelevante pero no lo es. Una hora de introducción es algo que no se enseña en las escuelas de guión. Normalmente, para esta parte de la película se suelen emplear entre 15 y 30 minutos. La duración de esta introducción es una singularidad totalmente novedosa para la época, incluso para nuestros días. Otro aspecto relevante fue el rodaje de la película al aire libre, fuera de estudio, algo que supuso un esfuerzo técnico y actoral que acarreó una relación conflictiva entre Kurosawa y los productores del filme. A este respecto, destaca la grabación de la última batalla, que se realizó bajo lluvia auténtica, reforzada con varias cubas de agua.

El valor cinematográfico de la película es innegable. La dirección, el guión, la interpretación y todo el desarrollo técnico y artístico de la película es sublime, algo que no pasa desapercibido para el público en general. Sin embargo, un análisis simbólico de la película puede desvelar cuestiones inadvertidas por el público que no sea japonés. El objetivo de este artículo es clarificar algunas de las claves históricas, mitológicas y morales que plantea la película.

[themecolor]El sentido de la vida en Los siete samuráis, su contexto histórico y el fin de una época[/themecolor]

Para empezar, diré que para mí Los siete samuráis trata sobre el sentido de la vida. A modo de síntesis, en esta película sus personajes se enfrentan a encrucijadas propias de la cotidianidad de finales de la Edad Media japonesa, para ofrecer una visión más concreta sobre las razones por las que vivimos y que nos definen como personas. Pero esto, a su vez, sirve para narrar los problemas sociales de una de las épocas más convulsas de Japón: el periodo Sengoku. Este periodo, que duró de 1467 a 1603, llegó a su fin gracias al shōgun Tokugawa Ieyasu, quien acabó con las guerras tribales entre los señores de la guerra, unificando Japón e impidiendo que los señores feudales pudieran tener a su cargo ejércitos de samuráis. Hay que tener en cuenta que, además de su talento político y militar, Tokugawa consiguió el apoyo del pueblo llano, que estaba harto de ser víctima de las constantes guerras civiles. Así dio comienzo el periodo Edo (1603-1868), que duró unos 250 años bajo el shogunato de los Tokugawa. Este época, es considerada como una de las más florecientes y pacíficas de la historia de Japón. Aunque, para ser justos, también fue un periodo en el que prevaleció el autoritarismo.

Los siete samuráis, que se sitúa a finales del siglo XVI, retrata el fin del feudalismo japonés, justificando su ocaso en la violencia y desgobierno imperante. Alejada de la narrativa samurái que acontece en dōjōs, palacios y ambientes sofisticados, esta película sucede en entornos humildes. Los samuráis protagonistas, son simples rōnin, que viven como vagabundos buscando a quien servir. Son, en definitiva, guerreros que han quedado huérfanos de señor tras perder en alguna batalla, como el mismo Kambei confiesa en más de una ocasión.

Otra de las cuestiones que en esta película refleja el fin de una época, es el presencia de armas de fuego, introducidas en Japón por los portugueses en 1543. Ya en 1560, la proliferación de armas de fuego se dejó notar con fuerza, y tuvo como consecuencia el inicio del fin de la guerra basada en el honor, del bushidō; y del camino de la espada, del Kendō y su antecesor el kenjutsu. De hecho, una cuestión notable de la película es que nunca se ve a quien dispara, lo que muestra el lado cruel de la guerra moderna, que sucede a distancia, sin honor, impersonal y fría. Y no es casualidad que uno de los personajes que muere bajo el fuego sea Kyuzu, el maestro de la katana, como una metáfora del fin de la guerra tradicional.

Un momento de la película que puede servir para hacernos entender que Kurosawa retrata el fin de una época, es el propio final. En él, contemplando las cuatro tumbas de los samuráis caídos, se puede observar que ha muerto Kyuzu, que representaría el camino de la espada; Kikuchiyo, que representaría al campesino que se hace samurái, algo que en el periodo Edo se hizo imposible ya que se estableció un estricto régimen de clases; Heihachi, que representaría la despreocupación de una clase que gozó de relativa libertad, algo con lo que terminó Tokugawa; y Gorebei, que representaría la astucia del samurái que comprende sus alternativas y recorre su propio camino, algo que se terminó con el carácter burocrático y estricto del periodo Edo. El mismo Kambei, en esta escena, afirma que los perdedores son ellos mismos, y que los vencedores son los campesinos. Es en este momento cuando se podría entender que Kurosawa nos ofrece una metáfora que sirve para justificar el fin de los samuráis, como los causantes de su propio fin.

Aspectos principales del sentido de la vida en Los siete samuráis

La supervivencia: Lo que hace tan majestuosa a esta película es cómo la supervivencia se trata desde la humildad, desde el honor y la fraternidad, lo que contrasta con propuestas audiovisuales contemporáneas donde la supervivencia se trata desde el egoísmo, la crueldad, la arrogancia y la pérdida de valores. Es así como el sentido de la vida se entremezcla con una interpretación personal del bushidō, para hablarnos del bien, ofreciendo una crítica clave sobre el deber del samurái, del guerrero, en la defensa del pueblo. Es conveniente entender que la propia palabra samurái significa “el que sirve”, aunque es necesario señalar que esto se entendía en relación a su señor. Pero, del mismo modo, es importante recalcar que el señor debía garantizar la seguridad y bienestar del pueblo, así que no es descabellado considerar el deber del samurái con las clases más bajas.

En cualquier caso, en esta película lo que buscan los campesinos es sobrevivir, y ésa es la razón por la que deciden contratar a varios samuráis para defenderse de los bandidos que amenazan con saquear sus cosechas, pues no hay un señor que los defienda. Sin embargo, la llegada de los samuráis supondrá la unión del pueblo ante la amenaza, adoptando una visión conjunta ante el problema, y sacrificando intereses personales por el bien del grupo. Esto es algo que Kambei intenta hacer entender a Kikuchiyo cuando éste abandona su puesto para emular a Kyuzu, quien con anterioridad se había adentrado en el bosque, matando a varios bandidos y arrebatando un mosquete.

—No hay nada heroico en el egoísmo que busca la gloria. La guerra no se pelea estando solo

kikuchiyo sosteniendo al bebé huérfano

Acto seguido y como premonición, muere Yohei, el campesino que se había quedado a cargo del puesto abandonando por Kikuchiyo, con quien además mantenía una amistad.

El ciclo de la vida: A este respecto, la escena más relevante, en mi opinión, es cuando muere el anciano y su familia dejando huérfano un bebé. Aunque esta escena también guarda relación con el punto anterior, la complejidad de la secuencia a nivel simbólico supera las aspectos de la supervivencia para hablarnos del ciclo de la vida, no sólo a través de la tragedia que nos relata, la vida y la muerte, sino gracias a elementos tales como el fuego, el agua y la tierra. Incluso se podría llegar a interpretar que el aire está representado por el último suspiro que da la madre. Del mismo modo, también adquiere un valor simbólico el espacio escénico: un río que discurre junto a un molino que arde. En sí, se podría entender el molino como un elemento que garantiza una vida mejor, que muele el grano que es germen de vida, pero también es el hogar del anciano del pueblo, símbolo del saber popular y la tradición. Sin embargo, la destrucción del molino y la muerte del anciano no supondrán el fin del pueblo, y la vida discurrirá como el río a pesar de la tragedia, renacida de entre las cenizas.

Nunca te bañarás dos veces en el mismo río. Heráclito

Además, la paradoja enunciada por Heráclito se refuerza con la acción de la escena, cuando Kikuchiyo se hace cargo del bebé y dice:

—este niño… soy yo—

Así se cierra el ciclo de la vida, representado por el bebé en brazos de Kikuchiyu, con quien comparte las mismas circunstancias de su nacimiento.

De una manera más obvia, hay otros elementos propios del cliclo de la vida representados en la película, entre los que destacan la propia vida de los campesinos y los samuráis, el arroz, el mijo, la siembra y la cosecha, el clima y las estaciones, las generaciones representadas, el amor, el aprendizaje, la madurez, el hambre y la abundancia, y la lucha por la vida con todas sus consecuencias.

El saber: Un valor muy interesante de la película es cómo se trata el camino del conocimiento, donde el maestro cobra especial relevancia [2b]. En Los siete samuráis, el maestro está principalmente representado por Kambei, luego por el anciano, y de manera indirecta por Kyuzu. En todos los casos, además, se respeta la tradición japonesa, que está presente en la acción como veremos a continuación.

Respecto al camino de la espada, antes de nada me gustaría recomendar la lectura de Musashi (1945), novela escrita por Eiji Yoshikawa[2], basada en el famoso samurái Miyamoto Musashi, quien fundó el arte de la espada conocido como Hyōhō Niten Ichi-ryū o Niten-ryū, y que escribió El libro de los cinco anillos (1645), sobre tácticas, estrategias y filosofía, que sigue siendo estudiando hoy en día. En esta novela, se relata como desde un origen bastante rebelde, Musashi, conocido de joven como Shinmen Takezō, inició un camino errante de duelos, que le llevó a encontrarse con diversos maestros que moldearon su pensamiento. Como en el camino del héroe de Campbell, el Musashi de la novela y la vida real, atravesó diversos umbrales en forma de combates y experiencias vitales, conducido por sus maestros, hasta convertirse en un gran samurái. Un símil de la vida de Takezō con los personajes de Los siete samuráis se puede apreciar con Kikuchiyu, con quien comparte la arrogancia de la ignorancia propia de la juventud; también con Kambei, con quien comparte el saber adquirido a través de la experiencia. Katsushirō, por otra parte, nos sirve para comprender el camino que emprendían los jóvenes samuráis que deseaban no sólo instruirse en la técnica de la katana, sino encontrar un modelo del que aprender los valores del bushidō. Aunque muchos de ellos no salían de su propio dōjō, era habitual que muchos buscaran enseñanzas de otras escuelas o con otros maestros. Por último, cabe señalar que la escena de Kyuzu practicando con la katana bajo la lluvia, era algo propio del camino de la espada. El propio Musashi, desarrolló gran parte de su técnica observando la naturaleza, entrenando en los bosques y bajo los elementos. Por esta razón, la escena de Kyuzu, que puede parecer mostrar una excentricidad del espadachín o una manera de escapar del estrés del momento, en realidad representa un aspecto fundamental de la cultura japonesa y del arte de la espada. Hay que entender que la filosofía en torno al samurái estaba muy influenciada por el sintoísmo y el budismo, que se refieren de manera constante a la naturaleza, a su equilibrio, a la vida y la muerte, y a la energía que subyace en todo ser vivo (ki o chi). Esto es algo que también se encuentra en el Taoísmo, y que es fuente de conocimiento para el Kung Fu y el Tai Chi.

La última figura que representa el saber en Los siete samuráis es el anciano del pueblo. En el Japón mediaval, como en muchas otras culturas del pasado, y también en culturas indígenas actuales, el anciano o el consejo de ancianos, solían regir la vida rural. Aquí, el anciano, Gisaku, que no es otra cosa que un campesino sin formación intelectual, es sabio gracias al paso de los años, sin negar su inteligencia y capacidad. Esto se entiende gracias a su primera escena, cuando aconseja contratar samuráis por una experiencia del pasado. Es interesante que Gisaku muera al final de la película consumido por el fuego. Esto podría entenderse como una metáfora del cambio cultural y político que sufrió Japón con la llegada del periodo Edo, que desarrolló un gobierno que acabó con la relativa independencia de los feudos. En esta época, Tokugawa exigió a los samuráis abandonar a sus señores y ponerse al servicio del shogunato, principalmente desarrollando trabajos administrativos, abandonando las armas y gestionando la vida del pueblo. Esto da cuenta del valor burocrático y organizativo que supuso este periodo. De hecho, aunque el periodo Edo significó un gran crecimiento económico, cultural y artístico, también implicó un estricto control social.

[themecolor]Bushidō y la reflexión de Kurosawa en Los siete samuráis[/themecolor]

Retrato de Minamoto no Yoritomo (1193–1199). Atribuido a Fujiwara Takanobu.

Aunque no se puede determinar el origen del bushidō, parece que se desarrolló con relevancia durante el periodo Kamakura (1185-1333). Fue en este periodo cuando se estableció el feudalismo japonés (XII-XVIII), y cuando se erigió la casta de los samuráis. Antes de este periodo, eran simples guerreros sin un estatus noble, al servicio de los clanes y del emperador. Este tipo de guerreros, que ya existían durante el periodo Asuka (538-710) y Nara (710-794), adquirieron especial protagonismo en el periodo Heian (794-1185), cuando tras varias rebeliones y batallas entre clanes, lograron vencer a la aristocracia a la que habían servido con anterioridad. Entonces, Minamoto no Yoritomo se convirtió en Sei’i-taishōgun, shōgun (general o comandante de los ejércitos al servicio del emperador), y constituyó a los samuráis como clase. Por esta razón, y como una medida de control de los samuráis, se desarrolló con fuerza la idea de un código que garantizara cierta moral y lealtad de esta clase de guerreros. De todos modos, es posible que existieran antecedentes de este código ya desde el periodo Heian e incluso antes.

El bushidō, fue variando a lo largo de los siglos influenciado por el Budismo, el Confucianismo, el Zen y el Sintoísmo, hasta el código que conocemos hoy. De hecho, la última adaptación del bushidō sucedió en el periodo Meiji (1868-1912), cuando el emperador deseaba ofrecer una visión amable de Japón a Occidente. Esto resulta paradójico, pues fue en esa misma época cuando se abolió la clase samurái y se dio fin al shogunato. En cualquier caso y según parece, el bushidō usado por los samuráis, cuando los señores dominaban Japón, no era tan honorable como el que normalmente se retrata en el cine.

En cualquier caso, este código ponía su énfasis en siete principios: el Gi: Justicia basada en las decisiones correctas, el 勇 Yu: Coraje, el 仁 Jin: Benevolencia, el 礼 Rei: Respeto, cortesía, el 誠 Makoto: Honestidad, sinceridad absoluta, el 名誉「名譽」Meiyo: Honor, y el 忠義 Chuugi: Lealtad.

Llegados a este punto, se hace especialmente importante analizar la película de Kurosawa intentando entrever el mensaje que nos pudiera estar dando el autor.

Teniendo en cuanta el significado de la palabra samurái (el que sirve), y los siete principios del bushidō, parece que Kurosawa intenta hacer un alegato sobre la verdadera virtud del guerrero, como alguien que se pone a servicio del pueblo, en vez de buscar el favor de la clase poderosa. En mi opinión, Kurosawa hace un juicio de valor en esta película sobre los guerreros que defienden al débil por encima de quienes lo sacrifican. Algo pertinente después de la Segunda Guerra Mundial[3], cuando muchos soldados japoneses fueron sacrificados por defender el ideario del bushidō, fuertemente extendido en el ejército y defendido por los mandos, que mayormente pertenecían a la aristocracia, y que encontraron en este código una interpretación exacerbada del camino del guerrero. Hay que tener en cuenta, además, que en la Segunda Guerra Mundial no sólo se sacrificó al ejército, sino también al propio pueblo.

Kikuchiyo llevando los pertrechos samuráis a Kambei. Encabeza el grupo Yohei.

Resulta interesante observar que, en Los siete samuráis, los bandidos portan la vestimenta propia de un ejército, y que los dos jefes de la banda, visten armaduras que normalmente se reservaban para los mandos samuráis. Este importante detalle de la película no es un error, sino que sirve para entender algo que sucedía en Japón durante las innumerables guerras civiles que sangraron el país antes de la llegada del periodo Edo. Cuando los diferentes señores se enfrentaban, con sus respectivos ejércitos de samuráis, el bando que perdía, se veía obligado a abandonar sus tierras y llevar una vida fugitiva. Esto era algo usual, y era una de las razones que llevaba a los campesinos a perseguir y aniquilar a los perdedores de las batallas, por pillaje, en venganza por los sufrimientos de la guerra, y, en cierto sentido, como medida de precaución. Esto último puede servir para entender la indignación de Kambei y el resto de samuráis cuando Kikuchiyu lleva los pertrechos de los samuráis que ocultaban los campesinos. Es aquí cuando Kambei, ante la estupefacción de Kikuchiyu dice: —Alguien que jamás haya sido perseguido no lo puede entender—. Lo bien cierto es que en la versión traducida al castellano no se acaba de comprender el alcance de estas palabras. En la versión traducida al inglés se entiende un poco mejor. Aquí, Shichiroji le dice a Kikuchiyu que esas armaduras son de samuráis perdedores, y Kambei matiza:

—Samuráis perdedores, cazados por lanzas de bambú—

De esta manera, se profundiza en la tragedia de los samuráis perdedores, que eran cazados por los campesinos. Algo que  también aparece en las narraciones sobre las experiencias del propio Musashi.

Pero la escena no acaba aquí. Tras las palabras de Kambei, Kikuchiyu reacciona con rabia y les echa en cara, a él y a los demás, el que los campesinos sean así por culpa de los samuráis. Y no parece faltarle la razón si tenemos en cuenta la acción de la película y el contexto histórico. Hay que comprender que los campesinos tenían razones para odiar a los samuráis, pues estos tenían total impunidad para actuar sobre las clases más bajas. Lo habitual era que no hubiera consecuencias de ningún tipo si un samurái abusaba, e incluso asesinaba, a un campesino. Su palabra era más que suficiente, algo que por otra parte también sucedía en la Europa mediaval. Es aquí, en mi opinión, donde Kurosawa confronta la idea de un bushidō de carácter moral y popular frente a un bushidō de carácter egoísta y aristocrático.

Akira Kurosawa (1910-1998).

El sentido de la vida del samurái, lo que justificaba su existencia, era cumplir los preceptos del bushidō. Eso es cierto. Sin embargo, este código establece disposiciones como la lealtad y el honor, que podían servir para anestesiar otros mandatos como la justicia basada en las decisiones correctas y la benevolencia. Pero esto, también podía funcionar en sentido opuesto. Así que, en el fondo, el bushidō no era infalible. A este respecto, los siete samuráis podían haberse negado a ayudar a lo campesinos para perseguir mayores ambiciones, justificándose en el propio código. Por tanto, no es un simple código lo que que les empuja a tomar las decisiones que determinan su futuro, sino, en mayor o menor grado, su sentido moral.

Me gustaría matizar que este punto, al igual que el artículo, se refiere a Los siete samuráis y no a toda la cinematografía de Kurosawa, pues en otras películas de samuráis del autor no vamos a encontrar esta reflexión de un modo tan evidente. Así que sería equivocado atribuirle a Kurosawa una ideología sobre el bushidō teniendo en cuenta sólo este filme. 

[themecolor]El valor del grupo en Los siete samuráis[/themecolor]

Otro de los aspectos fundamentales de la película respecto al sentido de la vida, es el que se refiere a las relaciones personales y a la colaboración en grupo de campesinos y samuráis.

En esta película, se retrata de una manera prodigiosa el valor de la amistad. Aquí destaca la vieja relación entre Kanbei y Shichiroji, o las nuevas amistades que se establecen, como cuando Gorobei le dice a Kambei que se une a él no por la naturaleza de la misión sino por la simpatía que despierta su amistad. Otra amistad significativa es la que se fragua entre Kikuchiyo y Yohei, o la simpatía que Gorebei siente por Heihachi. O la hermosa amistad —quiero creer— que surge entre Kikuchiyu y el resto de samuráis. En otro orden tenemos la relación de devoción que Katsushirō establece con Kambei y Kyuzu. Y por último, es necesario mencionar el amor representado por Katsushiro y Shino, el amor joven propio de la juventud, inmaduro y díscolo, enfrentado a los miedos de un padre que enfrenta la situación imponiendo su autoridad con violencia.

Otro aspecto interesante de la película es cómo todos deben unirse para vencer a los bandidos, y cómo cada uno de ellos lo hace en la medida de sus posibilidades, pero, sobre todo, en fraternidad.

—Esta es la naturaleza de la guerra: Protegiendo a otros, te salvas a ti mismo. Si sólo piensas en ti mismo, te destruyes a ti mismo—

Esto es lo que dice Kambei Shimada en la película cuando se decide abandonar dos granjas y un molino a las afueras del pueblo. Aunque para ser justos, hay que decir que los campesinos afectados no aceptan con alegría la decisión de Kambei, y que intentan revelarse. Sin embargo, este episodio que muestra una reacción dentro de lo que cabría esperarse, es la excepción. En la película, todos colaboraran luchan y se sacrifican por los demás. Y eso es lo que les permite vencer ante un grupo de bandidos preparados para la guerra. Es más, durante las batallas, tanto samuráis como campesinos sangran y mueren unos junto a los otros, como iguales. Y al final, tanto campesinos y samuráis comparten todo lo que tienen.

Imagen del manuscrito de la Odisea de Homero.

Como conclusión de este punto, Los siete samuráis redefine el mito en el tratamiento del grupo, donde no existe el protagonismo individual de un personaje, sino el protagonismo del grupo en general, donde las distintas individualidades se conjugan con las demás para ofrecer un cuerpo consistente capaz de superarse. No es que no existan ejemplos de esto en la mitología, es más, lo podemos encontrar en un relato tan antiguo como La Odisea (siglo VIII a. C.). Lo que sucede es que, normalmente, el camino de héroe se hace en solitario, aunque pueda haber eventuales compañeros de viaje. Incluso en las narración antes mencionada, el camino principal es el de Odiseo (Ulises). En Los siete samuráis, sin embargo, no se podría decir, en absoluto, que la película trate sobre Kambei, aunque evidentemente tenga el mayor protagonismo. Ésa es la diferencia.

Así, Los siete samuráis redefine el camino del héroe para mostrar no el triunfo de la individualidad, sino del grupo, sumándose así a producciones como: El Señor de los Anillos (2001-2003), Los Goonies (1985), Los siete magníficos (1960) (remake destacable de Los siete samuráis), Los vengadores (2012-2018), La Guerra de las Galaxias (1977-2017) y Harry Potter (2001-2011)[4]. No son muchas las películas que reparten el protagonismo a través de sus personajes, y sin embargo, estas películas suelen tener una gran repercusión en el público. Quizás esto sea así porque vivimos conectados a los demás, y aunque tengamos nuestras preferencias, éstas se dan dentro de un grupo. Es posible que ésa sea la razón de que nos sintamos identificados con este tipo de historias.

Por último, y en relación a lo dicho, es importante señalar que la conexión de los personajes en Los siete samurais sucede en un ambiente de humildad, de fraternidad, de aceptación, de sacrificio, de esfuerzo, de justicia y de honor. ¿No es de esto de lo que trata precisamente el bushidō? Al menos, parece una buena manera de darle sentido a la vida.

Si te interesa saber más, puedes escuchar el podcast “Los siete samuráis: Análisis histórico, antropológico y cultural”, realizado para ¡Qué significa esta película?, seleccionando aquí.

Comentarios:

[1] La introducción presentaría a de todos los personajes protagonistas, incluyendo a Shino, la campesina de la que se enamorará Katsushirō, el joven samurái.

[2] También se puede leer el manga Vagabond (1998-actualidad) realizado por Takehiko Inoue, basado en esta misma novela.

[3] Hay que recordar que esta película se estrena en 1954, 9 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

[4] Todas estas película mantienen un protagonismo repartido en mayor o menor grado, entre las que destaca El Señor de los Anillos, no sólo porque el protagonismo está diluido, sino porque incluso su propio protagonista falla, y la victoria se consigue gracias al grupo: a Sam y a todos los demás. A este respecto, se puede escuchar este podcast: El Señor de los Anillos: análisis antropológico, político y mitológico

Bibliografía y recursos audiovisuales:

Campbell, J. (1959). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México: Fondo de Cultura Económica.

Ikegami, E. (2012). La domesticación del samurái: el individualismo honorífico y la construcción del Japón moderno. México; Barcelona: Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; Anthropos.

Musashi, M. (1945). El libro de los cinco anillos. Colombia. Cuba: Digitado por Henry Binerfa Castellanos Camaguey. Recuperado el 14 de enero de 2017 de https://karateyalgomas.files.wordpress.com/2014/07/ellibrodelos5anillos.pdf 

Sanmartín Cava, L. M., Sanmartín-Cava, J. F., Plá, Á., y Villegas, A. (2017). El Señor de los Anillos: análisis antropológico, político y mitológico. ¡Qué significa esta película? España / México: Vertiente Crítica. Recuperado el 20 de mayo de 2017 de https://www.ivoox.com/senor-anillos-analisis-antropologico-politico-audios-mp3_rf_18485472_1.html

Yamamoto, T. (2005). Bushido: El camino del samurai. Editorial Paidotribo.


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