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Paleobiología de cazadores recolectores del norte de México: nuevas colaboraciones en antropología biológica

versión en español

Autores: Bernardo Yáñez, Colleen Young y Juan Manuel Argüelles

Aun cuando hay una gran desolación, la península de Baja California guarda joyas y diamantes bajo sus aguas. Descrita como una región olvidada y concebida como una isla por los exploradores y misioneros españoles, la península contiene evidencias de una rica y bien preservada historia de los últimos 11 mil años. La región conocida actualmente como Cabo San Lucas fue en su momento el hogar de un emblemático grupo humano de cazadores-pescadores-recolectores: los Pericú. Antes de que estas aguas cristalinas fuesen invadidas por los conquistadores españoles y americanos los pericúes se adaptaron y explotaron este ecosistema semi desértico de matorral xerófilo.

Descripciones sobre las características ecológicas del territorio se conocen desde el siglo XVIII, a partir de los relatos de algunos exploradores y misioneros. Entre estos, destacan: “Noticia de la California de Miguel Venegas; “La historia de la Baja California” obra póstuma de Francisco Javier Clavijero; y la de Miguel del Barco titulada “Historia natural y crónica de la Antigua California”, obra inédita, esta última, publicada en 1973 por Miguel León-Portilla. De acuerdo con Mathes ésta representa “la fuente más importante publicada hasta la fecha para esa fascinante época de expansión novohispana”. Antecedentes históricos que resultan de suma importancia para este proyecto de investigación y forman parte de una visión integral (boasiana) del enfoque antropológico que pretendemos llevar a cabo.

Imagen de Google Maps

Esta es una región aislada, ubicada en la parte sur de la península, bañada por el océano Pacífico al oeste; el Golfo de California –o Mar de Cortés– al este y al sur; hacia el norte se extiende el desierto de Baja California. La propia formación de la zona sur de la península se efectuó de manera aislada, pues el cabo se mantuvo separado del resto de la península por al menos unos 10 millones de años. Con base en estas características particulares relacionadas con la geología histórica de la región y la retención de barreras o mecanismos de aislamiento, muchas de las plantas y animales que han habitado el territorio son consecuencia evolutiva precisamente de ese aislamiento geográfico. Por lo que se ha mantenido un entorno similar al que se observa en diversas islas, aunque en realidad esta área está conectada al resto de la península; pero el hostil desierto sonorense dificulta el flujo hacia la masa continental.

La resequedad del clima y la presencia esporádica de manantiales de agua fresca a lo largo de la sierra montañosa no permite sostener una infraestructura adecuada para el desarrollo de agricultura u horticultura de gran escala. No obstante, el litoral marino del Golfo de Cortés y del océano Pacífico cuentan con abundante biodiversidad en recursos marinos pelágicos y bentónicos. Asimismo, proliferan plantas y frutas como la pitahaya dulce, el cardón, la tuna y otras delicadezas terrestres (como venado y oveja), por lo que vivir en el sur de la península puede resultar reconfortante.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

Los pericúes vivieron en esta aislada región con un complejo biológico y cultural único. Utilizaron el atlatl, desarrollaron anzuelos, utensilios de pesca y otras herramientas consideradas como tecnología de la ‘Edad de Piedra’. A pesar de su aparentemente sencilla cultura material, practicaron tradiciones y rituales funerarios intrincados y llenos de color; entre los que se incluye la desarticulación secundaria y la decoración postmortem con ocre sobre los huesos. Además, los bultos mortuorios donde fueron encontrados estos restos óseos fueron manufacturados con hojas de palma, de donde deriva el mote de la ‘cultura de las palmas’. La poligamia fue una característica particular de su organización social; tuvieron un lenguaje propio –comparado con las vocalizaciones de los pericos, por ello el nombre de Pericús; y características corporales distintivas. En contraste con los pobladores del resto de la península – guaycuras y cochimíes–, los pericú muestran un cráneo extremadamente angosto y alargado (hiperdolicocefalia) y proporciones corporales o somáticas similares a las observadas en los habitantes de islas (Rivet 1909). Estas tradiciones culturales y fenotipos biológicos son únicos en la región y no se observan en ningún otro grupo humano de la península.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

Es interesante apuntar que la recuperación de estos restos óseos es consecuencia de una serie de acontecimientos históricos que dan pie al planteamiento de una variedad de preguntas de investigación. Los primeros restos documentados fueron excavados y recuperados para su estudio a finales del siglo XIX por Leon Diguet, naturalista francés. Posteriormente, Paul Rivet, al inicio del siglo XX, recuperó otro conjunto de huesos pertenecientes a esta etnia. Algunos de esos objetos se encuentran resguardados en el Museo del Hombre de París, que incluyen, además de los restos óseos, algunos utensilios y atuendos. Durante el segundo cuarto del siglo XX el arqueólogo norteamericano William Massey excavó varias de las cuevas de la región del cabo. Originalmente los restos se resguardaron en la Universidad de California, pero a partir de un proceso de repatriación ahora éstos se encuentran en el Museo Nacional de Antropología en México.

La abundancia de artefactos recuperados y registros acumulados provenientes de excavaciones arqueológicas se complementan con una ola de investigaciones recientes relacionadas con la prehistoria de la península de Baja California. La investigación enfocada a esta región, previa a los esfuerzos actuales, ha sido prácticamente nula. Quizás tenga que ver con que muchos de los investigadores interesados en la (pre)historia mexicana se han concentrado en los vestigios de los Mayas, Aztecas y otras culturas sedentarias, con vestigios monumentales, ignorando o minimizando la región del norte de México. Por ello, los autores de esta pieza presentamos de manera general un proyecto que todavía no ha sido sistematizado. Nosotros sostenemos que un elemento fundamental para celebrar y preservar la prehistoria de esta alejada y desierta región es la realización de colaboraciones académicas. Generar sinergias, como la que intentamos describir aquí, puede ayudar a establecer una aproximación holística para un mejor entendimiento de la prehistoria de la península.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

Este  esfuerzo involucra a arqueólogos, antropólogos sociales y culturales, antropólogos biológicos de Estados Unidos, México y Japón que a través de sus diversas especialidades están intentando generar una síntesis comprensiva de la prehistoria de la región. Harumi Fujita, Lucero Gutiérrez, Carlos Mandujano y otros han realizado investigación y excavación arqueológica de la región sur de la península. Asimismo, Juan Manuel Argüelles  junto con Colleen Young y Bernardo Yáñez han reiniciado el estudio bioantropológico de estos interesantes habitantes prehistóricos de la península y del continente. A través de nuestra colaboración combinamos habilidades, destrezas y recursos, con el objetivo de conocer y desentrañar algunas de las invaluables joyas de esta península.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

El objetivo de nuestra investigación es el análisis de los restos óseos de los pericú y la paleobiología del desarrollo de los cazadores-recolectores del norte de México. Entre otras cosas, estamos empatando la información recabada de los análisis craneométricos con las medidas poscraneales en términos del tamaño, forma y robustez corporal, con la intención de así comprender cómo estos individuos interactuaron con, y se adaptaron a, un entorno aislado en el sur de la península de Baja California. En ese sentido, nuestro proyecto es original e innovador, ya que no privilegia la información que nos da el cráneo por encima de la que nos da el resto del cuerpo, o viceversa; sino que se estudian como un todo, de manera que tratamos a los individuos como sistemas integrales. Generalmente los estudios bioantropológicos aíslan o desarticulan el cuerpo para estudiarlo de manera más práctica. Sin embargo, nosotros consideramos que lo anterior no sólo es incorrecto, sino que resulta absurdo mantener la metodología clásica de especialización frente a un enfoque más integral. Resultados preliminares de esta investigación serán presentados en la reunión anual de la Asociación Americana de Antropología Física (American Association of Physical Antropologists), en la ciudad de Cleveland, OH, durante la primavera.

Un mejor entendimiento de estos pobladores amerindios tempranos y aislados es crucial para una comprensión más completa del poblamiento de América y de la gran diversidad de la prehistoria mexicana (principalmente del norte del territorio). Agradecemos el apoyo brindado para esta investigación a la National Science Foundation y al Instituto Nacional de Antropología e Historia.

 

english version

Paleobiology of hunter-gatherers in northern Mexico: new collaborations in Biological Anthropology

Even though desolate, Baja California Sur has pearls in its waters. Commonly described as forgotten, and originally thought to be an island by Spanish explorers, the Baja California peninsula contains a rich and well-preserved human history, spanning at least 11,000 years. The southern tip of the peninsula, known by tourists as Cabo San Lucas, was once home to a unique group of hunter-fisher-gatherers, the Pericú. Before these crystal blue waters were invaded by Spanish and American conquistadors, the Pericúes adapted to and exploited this semi-desert xeric shrub ecoregion throughout the Cape Region.

Early descriptions on the ecology and environment of this area are known from at least the 18th century, from the accounts of explorers and missionaries. Some of the accounts that standout include: “Notice of California” by Miguel Venegas; “The History of Baja California” by Francisco Javier Clavijero; and, recently uncovered by Miguel León-Portilla, work by Miguel del Barco, “Natural and Chronological History of Ancient California.” According to Mathes, the del Barco’s work represents “the most important source published to date on the fascinating era of New Spain expansion.” These historical works are of utmost importance for this research project and is part of an integral (Boasian) vision of the anthropological approach that we intend to carry out.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

The Cape Region is an isolated ecoregion on the southern tip of the Baja California Peninsula, surrounded by the Pacific Ocean, the Gulf of California (or Sea of Cortés), and the barren Sonoran Desert to the north. Even the formation of the southern part of the peninsula was in isolation as this region was once a detached island from the rest of the peninsula about 10 million years ago. Due to its distinct geological history, and retention of barriers on all sides, many plants and animals live in endemic isolation. Thus, an island-like environment has been retained, even with subsequent connection to the peninsula, as the harsh Sonoran Desert hinders gene flow to and from the continental mass.

The dry climate and sporadic fresh water in springs throughout the mountains cannot support large-scale agriculture or horticulture infrastructures in this region. Nonetheless, the marine waters in the Gulf of Cortés and the Pacific Ocean are biodiversity hotspots, offering an abundance of pelagic and benthic marine resources. Paired with plants and fruits such as: pitaya dulce, cardón, prickly pear, and other terrestrial delicacies (such as deer and sheep) proliferate, so living in the southern peninsula can be quite rewarding.

The Pericúes lived in this isolated region with a unique cultural and biological complex. They used atlatls and fishing instruments that are characterized as “stone age” technology. Despite the seemingly simple material culture, they practiced a colorful and intricate funerary rituals that included secondary disarticulation and red ochre staining, known as the “Las Palmas” burial tradition. The nickname, “Las Palmas” comes from the fact that these mortuary bundles holding the skeletal remains were found manufactured with palm leaves. Polygamy was one of the unique characteristics of their social organization, as well as having a distinct language. Their language has been compared with the vocalizations of parakeets, which inspired their name, The Pericus. In contrast to the rest of the inhabitants of the peninsula, the Cochimis and Guaycuras, the Pericú have a unique body type as well. The Pericú are characterized by an extremely narrow and long skull (hyperdolicocephaly), and body proportions similar to oceanic islanders (Rivet 1909). These cultural traditions and biological phenotypes were unique to this region and not seen anywhere else in the peninsula.

Foto: David Volcanes Vidal (DAF-INAH)

It is interesting to note that the recovery of these skeletal remains included a series of historical accounts that have made it possible for us to address a variety of questions. The first documented remains were excavated and recovered for study at the end of the 19th century by Leon Diguet, a French naturalist. Subsequently, Paul Rivet, at the beginning of the twentieth century, recovered another set of osteological and archaeological remains belonging to this ethnic group. Some of these objects are housed in the Museum of Man in Paris, which include, in addition to skeletal remains, some utensils and clothing. During the second quarter of the twentieth century, the American archaeologist William Massey excavated several of the caves in the Cape Region. Originally housed at the University of California, these repatriated remains are now located at the National Museum of Anthropology in Mexico.

The abundance of artifacts and records accumulated from these excavations are complemented by a wave of recent research on the prehistory of the Baja California Peninsula. Research on the prehistory of the Baja California peninsula, prior to this, has been generally neglected. Perhaps it is because many researchers interested in Mexican (pre)-history have ignored this region and have concentrated on the vestiges of the Maya, Aztecs, and other monumental cultures of the area. In doing so, northern Mexico, including the Baja California peninsula, has been relatively ignored in the reconstructions of Mexican prehistory. Therefore, the authors of this piece are proposing a continuous and integral project that has not yet been systematized. A fundamental element to celebrate and preserve the prehistory of this remote and deserted region is the realization of academic collaborations. Generating synergies, such as the one we are trying to describe here, can help establish a holistic approach for a better understanding of the prehistory of the peninsula.

This effort involves archaeologists, social/cultural anthropologists, and biological anthropologists from the United States, Mexico, and Japan who, through their various specialties, are trying to generate a comprehensive synthesis of the prehistory of the region. Recently, Harumi Fujita, Lucero Gutiérrez, Carlos Mandujano, and others in the Baja California peninsula have revived research in this region, including funding for and prioritizing of archaeological excavations in the Cape Region. Likewise, Juan Manuel Argüelles with Colleen Young and Bernardo Yáñez have reinitiated the bioanthropological study of these interesting prehistoric inhabitants of the peninsula and the continent. Through our collaboration we are combining our abilities, skills, and resources, with the aim of knowing and unraveling some of the invaluable pearls of this peninsula.

The aims of our current research are on the skeletal analysis of the Pericú and the paleobiology of hunter-gatherer development in northern Mexico. Among other research goals, we are matching information collected from craniometric analyses with post-cranial measurements to better understand the skeletal size, shape, and robusticity of these isolated early Amerindians. Our intention is to understand how these individuals interacted with, and adapted to, an isolated environment in the southern Cape Region of Baja California. In this sense, our project is original and innovative, since it does not privilege the information that the skull gives us over what the rest of the body gives us, or vice versa. We are studying the body and skull of these individuals together, viewing them both as integral systems. Generally, bioanthropological studies tend to isolate or disarticulate the body to study its parts in a more practical, but isolated, way. We believe that the above is not only incorrect, but that it is illogical to continue maintaining the classical methodology of specialization in the face of a more integrated approach. Preliminary results of our research will be presented at the annual meetings of the American Association of Physical Anthropologists in Cleveland, OH, this year (2019).

A better understanding on these early, isolated Amerindian individuals is critical for better understanding the peopling of the Americas, and the great diversity of Mexico’s prehistory (primarily of the northern territory). We are grateful for the current support from the National Science Foundation and the National Institute of Anthropology and History in Mexico.

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