Rubén C. Navarro, 1894 – 1958

En el aniversario de Rubén C. Navarro, escritor, diplomático, político y poeta mexicano, compartimos cinco de sus poemas publicados en su libro Ritmos de otoño (1945), y una dedicatoria al Mtro. Vicente Lombardo Toledano, escrita en el mismo libro, que se encuentra disponible en la Biblioteca del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Imagen de Ritmos de Otoño

Rubén C. Navarro nació el 16 de julio de 1894, en Tangancícuaro, estado de Michoacán (México); y falleció el 8 de agosto de 1958, en la ciudad de Caborca, estado de Sonora (México). Fue un destacado escritor, diplomático, político y poeta mexicano.

Estudió en el Seminario de Zamora (Michoacán), junto con Amado Nervo, donde cursó humanidades. Sin embargo, en 1910, abandonó el seminario para incorporarse a la Revolución Mexicana.

Fotografía de Rubén C. Navarro
Rubén C. Navarro (1894 – 1958)

Como político, Rubén C. Navarro fue Diputado en el Congreso de la Unión, donde presentó la iniciativa para crear el premio Nacional de Literatura. También fue Cónsul General en San Diego California y en la República del Brasil, lo que le sirvió para entablar amistad con la poetisa chilena Gabriela Mistral.

En 1936, Rubén C. Navarro fue socio fundador de la Unión de Directores Cinematográficos de México. En 1950 produjo y co-adaptó con el director Ernesto Cortázar El Cristo de mi cabecera, un melodrama costumbrista de chinacos que luchaban contra la intervención francesa.

Como poeta, Rubén C. Navarro desarrolló un estilo romántico modernista, filosófico, religioso y simbólico. Ganó el primer premio de los juegos florales de Tampico Fiesta de la Raza 1916. Destacan sus poesías: Sirve más Vino, Al Caballero Don Quijote, La muerte Pasa, Al buen Jesús, Qué cosas de Sor María, Nuestras Almas serán Águilas, Tabernero, Bienaventurados, El Cristo de mi Pueblo, Salutación, Silenciosamente, Resignación, Está muy bien, Quien pudiera ser Monje, Tu Amor es un Martirio, Yo el Rabí, Reza, Mírame Sultana, Doña Blanca de Nieves y El Cristo de mi Cabecera.

Los restos de Rubén C. Navarro descansan en la que fue su propiedad el Campo El Cortijo de la Morena.

Recordamos a Rubén C. Navarro con cinco de sus poemas publicados en su libro Ritmos de otoño (1945), y con una dedicatoria al Mtro. Vicente Lombardo Toledano, escrita en el mismo libro, que se encuentra disponible en la Biblioteca del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Cinco poesías de Rubén C. Navarro publicadas en Ritmos de otoño (1945)

EL RITMO DE LA ETERNA CANCIÓN

El ruiseñor del bosque
me enseñó su canción…
(¡Es un secreto a voces
que el viento se llevó…!)

¿Qué fiesta de calandrias
hay en el campo en flor…?
Si el trigo no lo sabe
¿voy a saberlo yo…?

El ruiseñor del bosque
me enseñó su canción…
¿Quieres que te la cante
cuando amanezca Dios…?

Nuestra amiga la fuente
¿por qué no canta hoy…?
¿Porque ha quedado viuda…?
¿Porque perdió la voz…?

Y el grillo, desde lejos
contesta en “si bemol”:
”¡si si el viento no lo sabe,
lo sabe el ruiseñor…!

Cigarra, mi vecina:
¡compónme un madrigal!
¡Hay que ser todo ritmos
y cantar… y cantar…!

¡Cantar en la alegría!
¡Cantar en el dolor!
¡Hacer un ritmo eterno
de nuestro corazón…!

….

Volcó el ciprés inmóvil
sus ánforas de luna
en el hueco caliente
de mis manos desnudas…

“¡Bebe —me dijo— bebe
para saciar tu sed…!
¡Y me bebí la luna
como quien bebe miel…!

!Borrachera de luna
es la que tengo yo…!
¿ Qué haré con tu tristeza
de siglos, corazón.. . ?

…Y desde el viejo chopo
la alondra me gritó:
vamos a hacer el ritmo
de la eterna canción…!”

EL RITMO DE LA VIDA SENCILLA

PODABA mis manzanos, cuando el viento
se posó en una rama
y me dijo: “poeta:
¿quieres tocar mi flauta…?”
Y yo le respondí con ese dejo
de cansancio que pongo en las palabras :
“amigo viento:
¡gracias…!
Ya tengo todo el ritmo
de la vida sencilla que en mí canta;
el ritmo de una cítara divina
cuyas cuerdas se alargan
desde mi voz hasta las más remotas
estrellas irisadas…
¡Ya soy un ritmo eterno
con alas y con alma…!
…¿ Quieres un ritmo nuevo
para tu vieja flauta…?

El vientecillo músico
ya no me dijo nada.
Se bajó
de la rama,
plegó sus tenues
alas
y se fue por la angosta
callejuela empedrada,
cuyo lejano término se henchía
de luz de sol y gritos de campanas…

Yo me quedé pensando,
llena de paz el alma:
“¡feliz quien vive al ritmo
de la vida sencilla que en él canta…!”

EL RITMO DEL CORAZÓN

CORAZON que te quejas,
dime: ¿qué tienes…?
¿Qué no ves el otoño
cuajado en mieles…?

El manzano de junto
dio dos manzanas…
¡Ay, corazón sediento,
quién las probara…!

¡Rí0! ¡Rí0!:
¡qué lindas
tus claras
linfas!

Si pasan por el huerto
¡qué olor a limas!
Si se beben el cielo
¡qué maravilla…!
¡Qué azul será el espejo
donde se miran…!

Corazón que te quejas:
¿te están doliendo
las espinas de plata
de los luceros
que hoy en la madrugada
te florecieron…?

El viento de la tarde
huele a membrillos…
¿Por qué como otras veces
no huele a lirios…?
¡Ah, viento voluptuoso,
viento ladino!:
¡tú besaste los labios de las muchachas
que cortan amapolas entre los trigos…!

“¡Al sol!” “¡Al sol!” — grita una
rana, desde su charco bruñido en oros… —
“¡Al sol!” “¡Al sol!” — y pasa borrando el cielo
una larga y obscura nube de tordos… —

Corazón que te quejas,
dime en secreto:
¿quién echó en tus jardines
pájaros muertos…?

EL RITMO DE LAS FLORES Y LAS ALAS

MARIPOSA del campo,
toda llena de gracia:
¿quién te dio los colores
para pintar tus alas?

La magnolia suspira
desde su verde rama:
“¡alabado sea Dios
que me hizo blanca…!

“Run” “run”, dice la abeja;
“¿quién quiere miel dorada…?
¡Toda la miel del huerto
me la llevé a mi casa…!”

Y murmura la rosa:
“dar miel, es no dar nada…
¡Sólo con el perfume
se da el alma…!

Dice la golondrina:
“quiero construir mi casa…
Si me das el alero,
yo pongo barro y paja…”

Y un zángano ventrudo,
cínicamente exclama:
“¡dichoso el colibrí
que no trabaja…!”

Con el oído atento
yo escucho la palabra
que es un ritmo en el ritmo
de la flor y del ala…

Y pensando en los besos
que me da mi zagala,
con las labios henchidos
de dulzuras extrañas,

digo como la rosa:
“dar miel, es no dar nada…
Sólo con el perfume
se da el alma…!

EL RITMO DE LOS GERMENES

¡POBRE pan de los pobres!:
¡bendigamos al trigo
que es “oro en grano” para
tu fiesta de domingo…!

¡En la espiga se quedan
enredados los ritmos
de la Naturaleza multiforme
que no tiene prejuicios!

Hermanita tornera: ¡bendigamos
el corazón del trigo!
¡Carne de lunas para
hostias de sacrificio…!

¡La voz del agua canta
en el surco bendito…!
¡Los gérmenes, al beso de la tierra,
se convierten en ritmos…!

Las amapolas cantan:
“¡el Señor es contigo!”
…Yo levanto los ojos
al cielo y me santiguo…

¡Pobre pan de los pobres!:
¡bendigamos el ritmo
de Dios, que es “oro en grano”
para tu alegre fiesta de domingo…!

¡Corazón mío, lleno
de esperanza en ti mismo!:
¡bendigamos el ritmo de los gérmenes
que canta hasta en las piedras del camino…!

Dedicatoria de Rubén C. Navarro a Vicente Lombardo Toledano en Ritmos de otoño (1945)

Navarro, Rubén C. Ritmos de otoño. Rio de Janeiro: Irmaos Pongetti, 1945.

Para el Sr. Lic. Lombardo Toledano, hombre de América y prestigio del mundo, con un abrazo muy apretado y muy cordial de su devoto amigo y admirador. (Firmado) Rubén C Navarro. Rio de Janeiro, Brasil. 28 de marzo de 1945”

Página web: www.centrolombardo.edu.mx
Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Publicaciones de Rubén C. Navarro desde 1918

  • La Cíngara y otros poemas
  • Cancionero del Villorrio
  • Este era un Rey
  • Copas Vacías
  • Lunas de Otoño
  • De mi bosque Durmiente
  • La Torre del silencio
  • Torre de Marfil
  • Breviario del amor y el dolor
  • La divina locura
  • El Libro de Ella,
  • Tu
  • Las Voces Cardinales
  • Ritmos de Otoño (1945)

Artículo escrito por el Doctorando Josep Francesc Sanmartín Cava, en colaboración con los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.


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