Sergio Núñez Santamaría (1896 – 1982)

En el día de su aniversario, recordamos a Sergio Núñez Santamaría, docente, dramaturgo, escritor de novela, cuento y poesía, con su biografía, un fragmento de su cuento Tierra de lobos, y una dedicatoria al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

Imagen de la portada del libro "Tierra de lobos"

Fotografía de Sergio Núñez SantamaríaSergio Núñez Santamaría nació el 7 de octubre de 1896, en la ciudad de Santa Rosa (Ecuador); y falleció en la ciudad de Quito. Fue un destacado docente, biógrafo, dramaturgo, escritor de novela, cuento y poesía.

Sus estudios de primaria y bachiller los realizó en su ciudad natal, Santa Rosa. Sus estudios de secundaria los realizó en el Colegio Bolívar, en Tulcán.

Como docente, en 1932, fue profesor de la parroquia Constantino Fernández. Tras esto, también ejerció como profesor en el Instituto Martínez en Ambato, para terminar como profesor de Literatura en Quito, en el Colegio Mejiá. En Quito también trabajó en la Escuela de Artes e Industrias, y fue fundador y Vicerrector del Colegio de Señoritas Riobamba.

Sergio Núñez Santamaría se inició como escritor en 1918, con la publicación del poemario Hostias de Fuego, libro que le sirvió para cobrar fama e integrarse en el “Grupo de los hermanos”. Tras esto, continuó publicando también en géneros como la novela, el cuento y la dramaturgia.

Recordamos al autor con un fragmento de su cuento Tierra de lobos (1939) y una dedicatoria al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

Fragmento del cuento Tierra de lobos (pp. 147-149)

Una débil animación sacudía el sopor de la ciudad de Guayaquil, apenas velada por la neblina trasnochadora.  Brisas venidas de muy lejos refrescaban las axilas de los primeros estibadores del Malecón que, con el desánimo del día anterior, querían “buscar” por la misma calle “Industria”.

Pancho Layana estaba borracho y maldecía. Fernando Juncos, jaque de por vida, se le enfrentó con los puños, sorbiéndose los hilos de baba. A ver, ahora estaba en sus cabales, y no sería como ayer, que le “pisaron el poncho”, en presencia de la peruana puta del Astillero  la zamba Rosalía, ladrona como ella sola de pujanzas viriles.

El jachudo Camilo Tutivén no se paró en chiquitas, al recordar lo sucedido con él la semana a pasada. Viéndolo todavía con las calenturas, le movieron camorra tres de los mismos. Fuera de hacerle gastar la semana integra, le propinaron unos cuantos pescozones, porque sí . Y a no ser por el loro Anchundia, que se puso de por medio, llevándole después donde l a serrana Rosario, lo habrían cargado los perros.

Mordiendo recuerdos y pisoteando puntas de vicisitudes, la emprendieron, con dirección a las Peñas. Ya no por la calle Industria, y peor por la Libertad, porque equivalía a volver por las mismas. Por ahí, claro que por ahí, estaba la quinta Pareja, emporio de vagos y matones, declarados en huelga y con el ojo avizor a un extraño, con su arma oculta.

Andandito se iban cambiando coces y empujones.

Subrayaron su montuviada unos, recorriendo imaginativamente los grandes tendales de cacao de la “Maravilla” y “Tenguel”, allá cuando los mayordomeaba Antepara, el “huatusa Antepara” de Samborondón, y de quien nadie sabía a estas horas si bebía agua en Guayaquil.

Entonces se encendió el comentario entre los seis o siete cargadores, al abocarse a la placeta de las Peñas.

Layana había conocido al “huatusa” en sus mejores tiempos, cuando tuvo éste a su cargo a la hija del caramelero Castillo. Y ¿qué más? Castillo, a la vuelta de cinco años escasos, y con gran sorpresa de los que lo conocieron, “puso” su barraca en la plaza de la orilla, y armándose de ínfulas mayores. ¿Quién le alivio de costas? Decían, y quizá no dirían por decir, que el maridaje de su hija extrajo tamaña utilidad, pues el huatusa Antepara se portó de lo mejor con ella, merced a sus ahorros que se esfumaron como humo de tabaco, quedándose él al abrigo de la mala suerte y carcomido por las deudas.

Antepara. ¿Tal vez Florencio Antepara oriundo de Salitre o Samborondón? Apenas se recordaba su historia de los últimos días, si bien parecía haberse impregnado su figura en la memoria de algunos.

La hija del caramelero se hacía todavía lenguas de su grande hombre. ¡Qué prodigalidad! ¡Qué poco aprecio a la plata, siempre que se tratase de ella! Podía quedarse, limpio, como a la postre se quedó, por tenerla contenta. Solo el color le ofendía, porque era prieto y feo como un pecado mortal. Ella no lo veía así, y peor cuando tuvo hijos, y estos hijos eran su vivo retrato. Alto de cuerpo, rollizo, ganando salud por todos los poros, venía a ser orgullo de su casa, y bien podía ser envidiado por unos cuantos.

Alto como una ceiba, estaba bien dicho; se hacía respetar de la cuadrilla de cacahueros en las diferentes trifulcas de los sábados.

Juncos se arrancó de sus compañeros y volvió a su trabajo, como a eso de la una de la tarde. Podía responder por unos veinte lapos dobles, ingeridos entre estas y las otras.

Era Lunes, y maldita la gracia que le hacia el tal lunes, cuando era el quien acuñaba dinero “para beber duro y parejo” en el término de unos segundos. De soslayo miraba el cariz de la ría atragantada de embarcaciones menores. Dormían su borrachera de distancias, vapores y lanchitas como el “Daule”, el “ Vinces”, la “Adelita”, la “Rosa Elvira’’, las “Dos hermanitas”, y cien otras, remojándose la barriga prieta.

Y a él debía ocurrirle también darse una zambullida magistral, desnudito, con el hipo de la embriaguez en la boca. La idea de seguir sin rumbo en busca de su jorga le contuvo. Olisqueaba el ambiente de las olas, como perro nómada, sorbiendo emanaciones fuertes, verbigracia, la del cacao, puesto a secar frente a las empresas afines. Guzmán, Aspiazu, Vélez, etc.

— Yo lo Conozco, debo conocerlo de hangas o de mangas al tal huatusa. No veo la razón de que este carajo se me haya ido de la memoria. Si parece que lo estoy viendo con su bembo tostado por el trago. Un negrantajo como yo. Solo qué sabia contar con suerte y adular a los blancos… Ganas me dan de…

Dedicatoria de Sergio Núñez Santamaría al Mtro. Vicente Lombardo Toledano

Portadas del libro "Tierra de lobos"
Núñez, Sergio. Tierra de lobos. Ecuador: Imprenta del Ministerio de Educación, 1939.

Simpatía y solidaridad del autor, al compañero Vicente Lombardo Toledano Director de “Futuro” la gran Revista de los trabajadores mexicanos.
(Firmado) Sergio Núñez, Quito – Ecuador Obre / 939 (1939)

Obras de Sergio Núñez Santamaría

  • Hostias de Fuego (1918)
  • Aurora boreal
  • La Esfinge Interior
  • Un pedagogo terrible o el vientre de una revolución
  • Árbol que no da fruto
  • Novelas del páramo y la cordillera
  • Tierra de lobos (1939)
  • Visiones y ultravisiones de tierra adentro
  • Un hombre y su época ante la Historia
  • A Bolívar en la gloria
  • Nueva historia crítica de la Literatura española
  • La poesía que vuelve
  • Las cien mejores poesías ecuatorianas; “Poemas de concentración y de concejal
  • Los buitres hambrientos
  • Figuras estelares de América
  • Grandes hombres del Ecuador
  • Resumen histórico del Ecuador
  • Cien años de independencia

Artículo escrito por el Doctorando Josep Francesc Sanmartín Cava, en colaboración con los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.


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