Emilio Frugoni Queirolo, 1880 – 1969

Retrato de Emilio Frugoni

Emilio Frugoni Queirolo nació el 30 de marzo de 1880, en la ciudad de Montevideo (Uruguay), y falleció el 28 de agosto de 1969 en esta misma ciudad. Fue un destacado abogado, escritor, poeta, docente y político uruguayo.

Como soldado, luchó bajo las órdenes del General Muniz defendiendo el gobierno de Batlle, durante la Guerra Civil de 1904 en Uruguay. Tras esto, nunca más volvería a ejercer como militar. Así expresó el mismo esta decisión:

no prestarme más a la sanguinaria rivalidad de las divisas (…) para abrir una nueva ruta al criterio político de nuestro pueblo para apartarlo de la arcaica costumbre del tradicionalismo de blancos y colorados, siempre prontos a dirimir sus rivalidades en los campos de batalla.

Como político, inició su carrera en diciembre de 1904 cuando realizó su conferencia “Profesión de fe socialista” en el Teatro Stella d´Italia, lo que le serviría, sumado a su talento oratorio y político, para impulsar la fundación del Partido Socialista de Uruguay  en 1910, del cual sería su primer Secretario General. Como parlamentario, logró ser el primer diputado socialista de Uruguay, y destacó por su labor fuertemente combativa y en denuncia de la corrupción. Tanto es así que estuvo a punto de batirse en duelo con el diputado colorado Pelayo, cuando este le dijo: “El diputado Frugoni da más en la herradura que en el clavo”; y Frugoni le respondió: “No es mi culpa que el Señor Diputado se mueva tanto”.

Cuando el Partido Socialista se convirtió en el Partido Comunista de Uruguay, asumiendo las 21 condiciones planteadas de la Tercera Internacional, Emilio Frugoni decidió abandonar el partido, pues no estaba de acuerdo con ninguna de las condiciones. Tras refundar el Partido Socialista, volvió a ser diputado en 1929. A los pocos años, Frugoni no puede evitar enfrentarse al régimen de Terra (1933-1938), y fue detenido y desterrado. Sin embargo, volvió como diputado electo en 1934, protagonizando de nuevo un enfrentamiento con Terra en el Parlamento en el día de su juramento para asumir el gobierno. Así le replicó Frugoni a Terra cuando éste se proponía jurar:

Ese juramento no tiene valor, porque el doctor Terra ha demostrado que no cumple lo que jura.

Esto le costó a Emilio Frugoni que lo expulsaran del Parlamento y que la policía le golpeara hasta que se pudo refugiar en la Casa del Pueblo.

En 1942, el mismo año en que falleció su mujer, María Rosa Barreto, es mandado, por el gobierno del presidente Juan José de Amézaga, a la Unión Soviética como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Uruguay. Sin embargo, en 1946 volvió de la URSS desencantado y muy crítico. Tanto es así que publicó el libro La esfinge Roja (1948), donde criticó al gobierno soviético.

En 1963 abandonó el Partido Socialista, debido, principalmente, a la oposición de Enrique Erro, quien promovió la llamada Unión Popular que contradecía los principios democráticos y marxistas se Frugoni. Es por esto que decide impulsar el Movimiento Socialista basándose en su “Declaración de fe socialista”.

Emilio Frugoni se presentó en 1966 a las elecciones, con 86 años de edad. Un año más tarde, Jorge Pacheco Areco suprimió el valor jurídico del partido Socialista, y clausuró su sede y la Casa del Pueblo. Es entonces cuando insinuó que podría entregar la sede al Movimiento Socialista de Frugoni, a lo que éste se negó respondiendo:

Tenemos clara y definida orientación política. No es esta oportunidad para ventilar discrepancias con las otras fuerzas en el campo de la izquierda ni admitiremos que de ella sea árbitro el Poder Ejecutivo ni ningún otro órgano de gobierno. No aceptaremos ventajas provenientes de medidas represivas ni toleraremos ningún atropello atentatorio contra el ejercicio de derechos esenciales. (Semanario Marcha 22-12-67)

De su labor política destaca también la defensa del voto secreto en la Asamblea Constituyente de 1916, la defensa de los derechos de la mujer, la defensa de la capacidad política de las autonomías municipales, la entrega de la carta de ciudadanía para los extranjeros y la creación del Instituto de Colonización y Reforma Agraria.

Recordamos a Emilio Frugoni con una poesía y una dedicatoria al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

LAS PLAYAS

I

Montevideo tiene un aire de pereza.
Tendida cabe el río, sobre colinas gayas,
aburrida bosteza
hacia el espacio, por sus cinco playas.

¡Oh, las graciosas playas de Montevideo!
Abren sus blancos brazos, como con el deseo
de estrechar todo el río en sus arenas,
y el río les regala el cabrilleo
de sus aguas serenas.

Ramírez y Pocitos, y Carrasco y Malvín
y Capurro, hospitales que curan el esplín.
En ellas tiende el Río de la Plata
sus sábanas de espuma para la conjunción
de sus aguas azules con la arena de plata
en que lento se acuesta el río, como un león.

Con esas cinco playas, que son bocas divinas,
sonríe en el estío a las auras marinas
que la perfuman al pasar,
dejando en esas bocas un ósculo del mar.

Montevideo tiene un aíre de pereza. . .
Al descender los días estivales
sobre sus costumbres casi coloniales,
es como una criolla joven, pero algo obesa,
que al sol se despereza
con movimientos lentos y sensuales.

Sus pupilas se encienden de un fulgor repentino,
sus labios reflorecen con dulzor de pitanga,
y su garganta arroja al aire cristalino,
como una piedra, el grito de su risa guaranga.

Hacia las cinco playas vuela el aburrimiento
de la ciudad, en automóviles y tranvías,
y allí lo contemplamos, en aquel somnoliento
desfile por las ramblas, igual todos los días.

II

¡Playas armoniosas! En su blanco seno
Yo sorbo de bruces, junto al mar sereno,
con labios voraces,
la savia esencial de la vida,
que hierve en las ondas y flota en el viento.
En ellas mis ojos audaces
gustaron visiones de carnal belleza
que me depararon un deslumbramiento,
y también un poco de vaga tristeza
como deshojarla como flor al viento…

Yo adoro esas playas,, y en ellas adoro
a las mil ondinas de cabellos de oro
o de bronceados o negros cabellos,
que muestran sus cuerpos flexibles y bellos
ante el mar sonoro.

Yo adoro
los muslos pulidos, los brazos, los cuellos
de mujer desnudos, en la arena llena
de chispazos de oro.
¡Playas! las sirenas
cantan a los ojos sobre las arenas
que el día rescalda,
ofreciendo al aíre los senos, la espalda,

las carnes morenas
que el sol les madura con su beso gualda.
Playas deliciosas que adoro y envidio;
sobre vuestro seno aventan su fastidio
voluptuosamente divinas ondinas;
¡oh, playas divinas!
Yo envidio las ondas que abrazan y tumban
los cuerpos de diosa, tal como en un lecho;
con mil dientes blancos les muerden el pecho,
y, al fin, jadeando, a sus pies se derrumban. .
¡Playas, playas, playas! bocas sonrientes.
¡Playas, playas, playas! brazos en que veo
mecerse confiadas mil formas vivientes
que admiro o deseo.
¡Playas, playas, playas de Montevideo…

Portada del libro La lección de México con una dedicatoria de Emilio Frugoni
Frugoni, Emilio. La lección de Méjico (sic.). Montevideo: Tip. Augusta, 1928.

A Vicente Lombardo Toledano, homenaje a su alta intelectualidad y valiente espíritu, en compañero de ideales. Firmado por Emilio Frugoni. Marzo de 1931

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Publicaciones de Emilio Frugoni

  • Poemas montevideanos (1923)
  • Los himnos (1927)
  • La revolución del machete: panorama político del Uruguay (1934)
  • La elegía unánime (1942)
  • Las tres dimensiones de la democracia (1944)
  • De Montevideo a Moscú: crónicas de viaje en misión diplomática (1945)
  • La esfinge roja memorial de un aprendiz de diplomático en la Unión Soviética (1948)
  • Ensayos sobre marxismo (1985)
  • Génesis, esencia y fundamentos del socialismo, Volumen 1, (1989)

Artículo escrito por el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava en colaboración con los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos.


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