• 01 55 5661 4987
  • 01 55 5661 1787
  • centrolombardo.edu@gmail.com
  • Lun - Vie: 9:00 - 18:00
Menú

Lombardo: Un personaje inocultable

Por Emilio García Bonilla

I.

La sola mención del nombre de Vicente Lombardo Toledano todavía en nuestro tiempo sigue despertando opiniones encontradas: reconocimiento y admiración de una parte, y rechazo o menosprecio por otra. Lo único cierto es que nadie que intente hacerse una imagen de tan destacado personaje puede permanecer impávido ante una vida tan fructífera y una existencia que no ha pasado desapercibida para la historia. Su pensamiento ha trascendido su época convirtiéndolo en un clásico, indispensable para comprender la realidad política actual. A pesar de esto, en muchos aspectos es un personaje desconocido aún para quienes dicen conocerlo.

Vicente Lombardo Toledano participó en la redacción del artículo tercero constitucional en la reforma de diciembre de 1945. Es de su autoría la parte que se conserva intacta todavía y que establece que: “El criterio que orientará a la educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. Además, será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. Así lo reconoció en su momento Jaime Torres Bodet, quien fuera el secretario de Educación Pública en ese tiempo.[1]

Foto de Aryana Benavides, La Gaceta de la Universidad de Guadalajara.

También es de elemental justicia ponderar que, como jefe de la bancada del Partido Popular Socialista en la Cámara de Diputados durante la XLVI Legislatura (1964-1967), fue quien propuso la creación de la Academia de Ciencias de México para que coordinara los esfuerzos que se hacían en ese ámbito por parte de dependencias gubernamentales, universidades e instituciones públicas y particulares, a fin de constituir “una institución que proteja a los actuales y a los nuevos investigadores para que se dediquen a su labor durante toda su vida útil sin preocupaciones económicas y se sientan rodeados de respeto y de estímulos morales por toda la sociedad”.[2] La proposición fue aprobada y en 1970 propició la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

A las obras pictóricas y escultóricas que perpetúan su memoria, bajo resguardo de instituciones como la Universidad Obrera de México y el CEFPSVLT, habría que añadir una de las obras inmortales de José Clemente Orozco. Se sostiene que Lombardo Toledano fue el modelo en que se basó el muralista para crear El hombre creador y rebelde en la cúpula del paraninfo de la Universidad de Guadalajara, obra realizada en plena madurez artística en 1936, mismo año en que Lombardo organizó la poderosa Confederación de Trabajadores de México. La actitud del maestro que guía e instruye al hombre pentafásico contrasta con el gesto de los capataces y patrones que intentan defenderse con libros y herramientas (la teoría tergiversada y la fuerza) de una turba famélica que alza sus puños amenazantes en la obra El pueblo y sus falsos líderes, realizada en el estrado bajo la cúpula y que forma parte del mismo conjunto pictórico.

¿Cómo era Vicente Lombardo Toledano? Su imagen física ha quedado en los registros fotográficos que, afortunadamente, se cuentan por miles; su voz está grabada en numerosas cintas que recogieron sus discursos y conferencias de los años sesenta; y sus movimientos en algunos rollos fílmicos que quedan por rescatar y difundir. En cuanto a su personalidad, los testimonios de quienes lo conocieron lo describen como disciplinado y puntual, un gran conversador, orador consumado, polemista mordaz en la crítica y experto en la ironía.

Juan Bustillo Oro conoció a Lombardo en la Escuela Nacional Preparatoria a principios de los años veinte, donde el primero era estudiante y el segundo impartía la clase de Ética: “era de expresión facial atristada, de indulgente miradura y de continente eclesiástico. A su presencia en los corredores de San Ildefonso, se diría que el colegio entero retornaba a su nacimiento religioso. Tenía don Vicente paso y ademanes recoletos, propios de un abate no muy inclinado a la mundanería; era de grande, pero contenida elocuencia, de fuego en rescoldo, si bien vivo, y de elegante moderación”.[3]

El testimonio de Víctor Manuel Villaseñor coincide cuando recordó haberlo conocido en 1932 como “un hombre de elegante y fino aspecto, pero con aplomo de madurez docta y sazonada. Me impresionaron su talento superior y su extensa cultura general. […] La mirada melancólica y soñadora, la emanación de su rostro ascético y el tono acariciante de su verbo sugerente, habíanme llevado a recordar a los grandes místicos medievales”.[4] Este último aspecto también lo mencionó Emil Ludwig en 1941, al referir que “sus ojos ardientes de monje” lo hacían recordar una pintura de Giorgione donde aparece un sacerdote.[5] Este es el origen del rumor convertido en mito de que había ingresado a un seminario, con la variante de que fue educado en un colegio jesuita, esparcido por sus críticos que no comprendían su probidad y rectitud de principios que contrastaban con los excesos de los líderes cromistas corrompidos.

Sus delicados modales y gustos refinados, junto al hecho de que provenía de una familia acomodada, provocaban escozor entre sus adversarios al comprobar incrédulos que volcaba sus conocimientos y energías en la defensa de una clase en la que no había nacido. Por eso se le tachó de ser “el comunista del cadillac” y nació el mito de que poseía decenas de trajes iguales para aparentar modestia, pero como dijo Gonzalo Beltrán para burlarse de ese rumor: aquellos trajes habían sido “mandados a luir expresamente de las bocamangas para dar una impresión de pobreza implacable y diamantina”.[6] El propio Lombardo refería orgulloso una anécdota al respecto: “Una vez un líder de la clase obrera me dijo que yo era un obrero de origen burgués, como un insulto, y le contesté: es para mí un honor, en cambio usted es un burgués de origen obrero.”[7]

Se enorgullecía de ser un intelectual al servicio del proletariado y reflexionaba: “Desgraciado de mí si no hubiera aprendido a leer y escribir. Si para mí la vida está llena de atractivos y de luz, y el horizonte de mi existencia es infinito, se debe a que soy un estudioso, y toda mi vida, desde que empecé a aprender las primeras letras hasta hoy, estoy pegado a los libros sin faltar un solo día.”[8] Este aspecto le granjeó la admiración y el respeto incluso de críticos como Roberto Blanco Moheno, quien reconoció que Lombardo había sido “de todos los dirigentes del sindicalismo mexicano, el más talentoso, el más culto, el más humano”.[9]

No obstante su reconocida capacidad, Lombardo rechazó los honores, y cuando aceptaba ser homenajeado aclaraba que lo hacía como un representante de la clase mayoritaria, la de los trabajadores a cuya causa servía como un soldado más. Al preguntarle por qué no formaba parte de instituciones como El Colegio Nacional o la Academia de la Lengua, Lombardo, dando ejemplo de modestia, contestó: “No pertenezco a El Colegio Nacional porque las personas que lo integran son mil veces superiores a mí por su cultura y por los servicios desinteresados que han prestado al pueblo y a la patria”. Reveló además que había sido propuesto por dos distinguidos hombres de letras, católicos fervientes, para ocupar la vacante dejada en la Academia Mexicana de la Lengua por el arzobispo de México, Luis María Martínez, fallecido en 1956, pero los elementos de izquierda dentro de la institución lo rechazaron.[10]

Era políglota: hablaba, leía o comprendía el inglés, francés, italiano, portugués, latín, griego y náhuatl.[11] Fue miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Bibliografía establecida en 1946. Amante de los libros desde su adolescencia, se enorgullecía de su biblioteca con más de 25 mil títulos reunidos a lo largo de su vida, entre los cuales preservaba algunas joyas bibliográficas, además de resguardar los 1340 libros con dedicatoria autógrafa que le fueron obsequiados por sus autores o por terceras personas como una muestra de amistad y reconocimiento. Como parte del esfuerzo material que implicó el proceso fundacional del Partido Popular en 1948, Lombardo solicitó un préstamo al Banco Nacional de Fomento Cooperativo, vencido el plazo para liquidar la deuda, el banco procedió judicialmente y le fueron embargados sus libros, “no pudieron ser embargados otros bienes, porque no poseo otros; siempre he vivido en casa hipotecada” señaló Lombardo.[12] Por eso es loable que su última voluntad fuera la de poner a disposición del pueblo de México su biblioteca para que todos los interesados pudieran abrevar de las fuentes que lo llevaron a las altas cumbres del conocimiento.

Juan Madrid, Retrato de VLT. Portada de la revista Tiempo, México, 25 de febrero de 1944.

Sus malestares físicos y enfermedades propias de cualquier ser humano no fueron nunca motivos para desatender sus responsabilidades contraídas. En septiembre de 1938, en uno de los momentos cumbres de su trayectoria como líder obrero, se celebró en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el Congreso Obrero Latinoamericano, que dio lugar a la fundación de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), de la que Lombardo fue electo presidente. Sin embargo, en la clausura los delegados, que asistieron en representación de las organizaciones de trece países del hemisferio, observaron conmovidos cómo el máximo dirigente “sosteniéndose ligeramente en los brazos de dos camaradas, hacia su entrada al recinto. Los delegados, en pie, lo saludaban. Se notaba en su cara las huellas de su dolencia. No se podía tener en pie, y sin embargo allí estaba, en su puesto.” A pesar de ser una mera formalidad, acudió para agradecer al congreso su designación y protestar el cargo ante los representantes de los trabajadores de Latinoamérica. Luego de unos minutos salió del recinto en medio de aplausos y vítores, “casi en brazos de varios camaradas”, para dirigirse al hospital donde fue operado dos horas después. Destacó el autor de la crónica que Vicente Lombardo Toledano “dominó su gran dolor físico, con una abnegación común sólo en los hombres que sirven a la causa proletaria.”[13]

II.

Aunque son escasas las fuentes directas que revelen las aficiones y los gustos que nos permitan conocerlo más allá de su imagen pública, es posible hacer un esbozo. Fumaba tabaco fuerte en pipa y bebía vino, aunque jamás se embriagó; gustaba de oír música clásica: de Bach a Shostakovich, lo que le brindaba descanso y le permitía la meditación para dar base al pensamiento de más elevados vuelos;[14] sin embargo, no desdeñaba la música popular: en una breve entrevista de 1931 reveló que Agustín Lara era su cantante favorito.[15] Aunque se sabía de memoria canciones y sinfonías completas, pudiendo identificar cualquier error en su ejecución, el destino le negó la facultad de cantar o tocar algún instrumento musical.[16]

Como amante de la naturaleza, en el jardín de su casa disfrutaba de cultivar árboles frutales, como ciruelas y manzanas de Teziutlán, y hierbas de olor: laurel, hierbabuena, tomillo y vainilla.[17] En el ámbito familiar, como padre de tres hijas y abuelo de nueve nietos, fue “muy serio y vigoroso, pero al mismo tiempo risueño, amable, cariñoso y paciente”, siempre atento de la formación intelectual y personal de sus descendientes, ya que a pesar de la enorme carga de trabajo nunca desatendió a su familia.[18]

Se hizo aficionado a la cacería desde niño por influencia de su padre, gusto que lo acompaño toda la vida. En 1938 comenzó a escribir el libro Caza y cazadores de México, proyecto que quedó inconcluso. En cuarenta capítulos consideraba exponer las zonas geográfico-botánicas de México, su flora y fauna, las características de la caza primitiva, el desarrollo histórico de esa actividad con sus procedimientos, rituales y armas; las presas principales de cada región del país, supersticiones y tradiciones entre los cazadores, como sus historias alrededor de la hoguera y la relación del cazador con sus perros, caballos y armas. Por la amplitud de temas a desarrollar, queda claro que Lombardo Toledano era un gran experto en esta actividad que solía practicar con amigos y compañeros.[19]

Uno de sus compañeros de actividades cinegéticas fue el médico y militar chihuahuense Jesús Lozoya Solís, quien tradujo la tesis de Robert P. Millon: Vicente Lombardo Toledano. Biografía intelectual de un marxista mexicano, publicada en español en 1964. El doctor Lozoya ponía a disposición de Lombardo su rancho “Rarámuri”, en el estado de Hidalgo, cuando éste deseaba retirarse para escribir, razón por la cual en ese lugar fechó algunos de sus últimos libros, como Las corrientes filosóficas en la vida de México (1963), ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana hacia el socialismo (1963) y Summa (1964).

Fue vocero de la delegación mexicana que participó en el Primer Congreso Indigenista Interamericano celebrado en Patzcuaro, Michoacán, en abril de 1940 y que tuvo importantes repercusiones en el continente. En octubre de 1947 integró el Consejo Nacional Consultivo del gobierno mexicano ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) al lado de luminarias como Agustín Yáñez, Manuel Gamio, Alfonso Caso, Daniel Cosío Villegas, Luis Enrique Erro, Diego Rivera, José Clemente Orozco, José Vasconcelos, Carlos Chávez, Martín Luis Guzmán y Mariano Azuela, órgano que tuvo la tarea de organizar la Segunda Conferencia General de la UNESCO en la Ciudad de México en noviembre de ese año.

Lombardo formó parte del consejo de administración de la Organización Internacional del Trabajo (1944-1948); como vicepresidente de la Federación Sindical Mundial, fue designado delegado permanente de ese organismo ante el Consejo Económico y Social de la ONU en Nueva York, por lo que contaba con un pasaporte diplomático extendido por la cancillería mexicana, “sin que esto tenga la menor importancia”, decía;[20] fue uno de los vicepresidentes del Movimiento Mexicano por la Paz, y fue electo miembro del Consejo Mundial de la Paz desde su creación en 1950.

Sus responsabilidades internacionales y su intensa actividad le permitieron viajar por el mundo: cruzó el Océano Atlántico para llegar al Viejo Mundo no menos de 52 veces, realizó cerca de 30 visitas a la Unión Soviética; además, recorrió toda América Latina, Canadá y los Estados Unidos, siendo éste el país que mejor conoció después del propio hasta que le prohibieron la libre entrada luego de la muerte del presidente Roosevelt en 1945;[21] sin dejar de mencionar sus viajes al Extremo Oriente que fueron motivo de sus libros Diario de un viaje a la China nueva (1950) y Causas de la elevación del espíritu humano (1960).

Mediante sus travesías por el mundo pudo apreciar “la enorme riqueza del pensamiento humano, lo mismo entre las tribus atrasadas de indígenas de América, que en los pueblos que tienen muchos siglos de desarrollo histórico”.[22] Sus incontables viajes inspiraron su poema Este mi afán: “Este mi afán de recorrer el mundo / de pasar revista a los seres y a las cosas, / es ansiedad por abreviar el tiempo, / por ver cuanto antes el alba de mañana”.

A los 70 años de edad hablaba “con la claridad y la fluidez de un cerebro joven”, caminaba erguido, “presuroso y sin sombra de fatiga”, presumía que aún podía escalar hasta las faldas del volcán Popocatépetl, hacía una combinación de gimnasia sueca y china para reforzar el aparato respiratorio y practicaba la equitación cuando podía. Pero, decía, la verdadera razón que prolongaba la existencia era “vivir con euforia, originada en los ideales y en el propio ser humano”.[23]

Al momento de su fallecimiento se dijo que tenía en proyecto la elaboración de por lo menos nueve libros de diversas temáticas: historia de México, historia de la expropiación petrolera, el movimiento obrero en la época actual, la versión ampliada de Las corrientes filosóficas en la vida de México, una crítica a Marcuse, la función de la educación en la lucha de clases, leyendas mexicanas, cuentos chuscos y anécdotas, cacería, y un libro filosófico, al estilo de Summa, planeado para conmemorar sus 75 años de edad. Los apuntes que dejó contienen ideas a realizar, “pero no [están] completas, lo demás lo tenía en la memoria. No son utilizables porque se deformaría su idea original”.[24]

III.

Hay cosas que se saben, se comentan pero rara vez se destacan. Sin embargo, dan cuenta de que la personalidad de Lombardo Toledano no ha pasado desapercibida y que incluso rebasó sus áreas de acción conocidas, lo cual es un indicativo de su trascendencia histórica.

Fue de los pioneros de la radio en México. Estuvo entre los fundadores de la Liga Mexicana de Radio en julio de 1922 y llegó a presidir la Liga Central Mexicana de Radio unos meses después.[25] Como director de la Escuela Nacional Preparatoria sentó las bases, con la instalación de los primeros aparatos transmisores y antenas, de la estación CZE de la Secretaría de Educación Pública, que inició transmisiones el 30 de noviembre de 1924 y que fue el primer antecedente de Radio Educación.

Siendo regidor del ayuntamiento de la Ciudad de México en 1925, seguramente asesorado por especialistas, propuso el 13 de marzo como fecha para conmemorar el aniversario de la fundación de Tenochtitlan, al cumplirse seis siglos de la capital del imperio mexica.[26] Si bien en la Crónica Mexicáyotl, escrita en 1598 por Hernando de Alvarado Tezozomoc, se da el año de 1325 como el del asentamiento final de los tenochcas en el islote guiados por su dios tutelar Huitzilopochtli, no había consenso en torno al día y mes. En la actualidad, la fecha propuesta por Lombardo es la más aceptada.

Inconscientemente contribuyó a catapultar a la fama a Mario Moreno Reyes: antes de los primeros éxitos de “Cantinflas” en el cine, a mediados de 1937 el líder de la CROM, Luís N. Morones, retó a Lombardo a debatir en público, a lo que el dirigente de la CTM contestó: “Si se trata de un concurso de oratoria, creo que el mejor discurso de un hombre es su propia vida, y la vida de Morones está ya juzgada. Si Morones se propone demostrar su capacidad dialéctica, que discuta con Cantinflas”, haciendo alusión, desde luego, a la forma desordenada de hablar del cómico, despertándose la inquietud por conocerlo en sus actuaciones teatrales.[27]

En 1946, Lombardo bautizó al candidato presidencial Miguel Alemán Valdés como “el Cachorro de la Revolución”, que conoció como estudiante en la Escuela Nacional Preparatoria en el periodo en que fue director (1922-1923). Cuestionado al respecto, años después señaló que le había dado ese mote porque era joven y era un civil, pero reconoció que se había equivocado “porque ni siquiera cachorro resultó”.[28]

A las historias que se cuentan sobre Lombardo habría que agregar su aparición en la primera versión fílmica de Santa (1918), basada en la novela homónima de Federico Gamboa. La película, dirigida por Luis G. Peredo y protagonizada por Elena Sánchez Valenzuela, se grabó en el Tívoli del Eliseo y en Chimalistac. Lombardo Toledano, entonces estudiante de Jurisprudencia, participó en las filmaciones como extra, junto a otros estudiantes que curiosos acompañaban el trabajo de la protagonista, alumna de la Escuela Nacional Preparatoria.[29]

Óleo de Jorge González Camarena (1936)

El propio Lombardo escribió un argumento cinematográfico: Ha caído una estrella (1936), que critica al capitalismo, donde “la felicidad es imposible, porque todos los hombres son actores en el drama y víctimas, a la vez, del propio régimen”.[30] A lo largo de la trama se muestra cómo las fuerzas del mercado pueden hacer que los hombres se conviertan en marionetas cuando no se tiene conciencia del papel histórico de los trabajadores y del hombre inmerso en una sociedad de consumo.[31] Sin embargo, no llegó a las pantallas a pesar de que el argumento fue debidamente registrado por el autor, y que además se buscó que la compañía Latino Film de México produjera la película para lo cual se necesitaba un capital de sesenta mil pesos.[32] La Universidad Obrera lo editó acompañado de la reproducción de una pintura realizada ex profeso por Jorge González Camarena, hoy seguramente perdida. A su interés por el séptimo arte se suma el guión El nervio del mundo, inédito hasta ahora, concebido todavía como película silente en 1930, cuando Lombardo Toledano dirigía la Escuela Central de Artes Plásticas y se inauguró el taller de cinematografía a cargo de Emilio Amero.[33]

La valoración de la vida y obra de un personaje como Lombardo Toledano exige conocer y analizar su contexto, su tiempo y su mundo, el móvil de sus acciones, la opinión de sus contemporáneos; pero, sobre todo, la justeza de la causa a la que consagró su existencia. Queda claro que estamos ante un personaje cuya talla lo hace inocultable, y la historia se encargará de recordarnos una y otra vez el paso de uno de los más grandes hombres nacido en México, “el sitio mejor del mundo para que un hombre de nuestro tiempo pueda luchar con honor y con orgullo por la libertad de los hombres y por la emancipación de los pueblos”.[34]

(Texto introductorio del libro Lombardo. Facetas de una vida, en proceso de edición.)


[1] Jaime Torres Bodet, Memorias, Vol. 1, Años contra el tiempo, México, Porrúa, 1969: pp. 330-331.

[2] “Creación de la Academia de Ciencias de México”, proposición de la diputación del PPS, Diario de los Debates, XLVI Legislatura, 15 de diciembre de 1966; en VLT, Obra Parlamentaria, vol. III, México, CEFPSVLT, 2017: p. 232.

[3] Juan Bustillo Oro, Vientos de los veintes. Cronicón testimonial, México, Secretaría de Educación Pública, 1973: pp. 31-32.

[4] Víctor Manuel Villaseñor, Memorias de un hombre de izquierda. I, Del porfiriato al cardenismo, México, Grijalbo, 1978: p. 317.

[5] Revista Futuro, núm. 82, México, D.F., diciembre de 1942: p. 31.

[6] Gonzalo Beltrán, “Media hora con el conspirador”, en Futuro, Núm. 110, México, D.F., abril de 1946: p. 38.

[7] VLT, Entrevista con James Wilkie, 29 de enero de 1965, en Obra Histórico-cronológica, t. VI, suplemento, México, CEFPSVLT, 2016: p: 254.

[8] Idem

[9] Roberto Blanco Moheno, “El perfil de un mexicano estelar”, en Siempre!, No. 940, México, D.F., 30 de junio de 1971: p. 49.

[10] “Quince preguntas a Vicente Lombardo Toledano”, entrevista con el periodista Mauro Jiménez para La Prensa, 16 de enero de 1966; en Obra Histórico-cronológica, t. VI, vol. 19, México, CEFPSVLT, 2013: p. 49.

[11] “Lombardo: Un hombre en la historia de México”, entrevista con José Natividad Rosales y Víctor Rico Galán, en revista Siempre!, No. 578, 22 de julio de 1964, en VLT, Escritos Autobiográficos, México, CEFPSVLT, 2004: p. 27.

[12] “Acerca del embargo judicial a la biblioteca de VLT”, El Popular, 20 de junio de 1950; en Obra Histórico-cronológica,  t. V, vol. 7, México, CEFPSVLT, 2002: p. 287.

[13] “Clausura del Congreso Obrero Latinoamericano”, nota en El Popular, México, D.F., 9 de septiembre de 1938; en Obra Histórico-cronológica, t. III, vol. 8, México, CEFPSVLT, : pp. 113-115.

[14] “Lombardo: Un hombre en la historia de México”, op. cit.: pp. 27-28.

[15] Encuesta realizada por un periódico alemán, reproducida por la revista CROM, México, D.F., 1° de octubre de 1931, en Obra Histórico-cronológica, t. II, Vol. 2, México, CEFPSVLT, 1995: pp. 153-154.

[16] VLT, Diario de un viaje a la China nueva, México, ediciones Futuro, 1950: pp. 52-53.

[17] Carta de VLT a Florencio Cerda, 19 de enero de 1927, en Fondo Histórico Lombardo Toledano de la Universidad Obrera de México (FHUOM), Legajo 106; Julio Scherer García, Los presidentes, México, Grijalbo, 1986: p. 51.

[18] Raúl Gutiérrez Lombardo, “Apuntes para una biografía política de Vicente Lombardo Toledano”, en Lombardo, mi abuelo, México, CEFPSVLT, 2009: pp. 4-5.

[19] Esquema de la obra y redacción de los apartados “Elogio del cazador”,  “Génesis de la fauna de México”, “Zonas geográfico-botánicas” y “México, paraíso de América”, en FHUOM, Legajo 339. Inédito.

[20] Entrevista a VLT para el periódico estudiantil Reforma Universitaria, 1958; en Luis Calderón Vega, Los siete sabios de México, 2ª ed., México, Jus, 1972: p. 69.

[21] Idem; VLT, Entrevista con James Wilkie, 21 de septiembre de 1964, en Obra Histórico-cronológica, t. VI, suplemento, México, CEFPSVLT, 2016: pp. 88, 93.

[22] “Lombardo: Un hombre en la historia de México”, op. cit.: p. 31

[23] Ibid.: pp. 27-28.

[24] La Prensa, México, D.F., 18 de noviembre de 1968: p. 49. Declaración de María González, secretaria de VLT; Excélsior, México, D.F., 28 de diciembre de 1968: p. 8. Declaración de María Teresa Puente, viuda de VLT; Olivia Castro Morales, Vicente Lombardo Toledano (1894-1968), Bosquejo biográfico, Puebla, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, 1995: p. 93.

[25] Virginia Medina y Gilberto Vargas, Nuestra es la voz, de todos la palabra. Historia de la radiodifusión mexicana (1921-1960), México, Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Universidad Nacional Autónoma de México, 2011: pp. 87-88.

[26] Luis Maldonado Venegas, “Evocación de Tenochtitlán”, en Excélsior, México, 15 de marzo de 2019.

[27] Armando Ponce, “Hace medio siglo, el encumbramiento del cómico”, en revista Proceso, México, D.F., 26 de septiembre de 1987.

[28] Entrevista con El Diario de México, 3 de julio de 1963; en Obra Histórico-cronológica, t. VI, vol. 11, México, CEFPSVLT, 2011: p. 239.

[29] Armando Araujo, “Lombardo Toledano, extra de cine”, en Jueves de Excélsior, México, D.F., 28 de marzo de 1968: pp. 20-21.

[30] VLT, “Explicación previa en la pantalla”, Ha caído una estrella, México, Universidad Obrera de México, 1936; en Obra Histórico-cronológica, t. III, vol. 4, México, CEFPSVLT, 1996: p. 509.

[31] “El cine, área de interés de V. Lombardo Toledano poco conocida”, en Gaceta UNAM, México, D.F., 19 de febrero de 1990: p. 25.

[32] Derechos de registro de propiedad intelectual de la obra Ha caído una estrella, 20 de enero de 1936, y Carta de Miguel Zacarías a VLT, 29 de enero de 1936, en FHUOM, Legajo 255.

[33] Carta de VLT a Emilio Amero, 7 de agosto de 1930, en Archivo Histórico de la UNAM, Fondo Universidad Nacional, Ramo Rectoría, Caja 31, Exp. 398, folios: 100-104.

[34] VLT, Diario de un viaje a la China nueva, op. cit.: p. 235.

UN HOMBRE DE SU TIEMPO. Escritos sobre Lombardo en la revista Futuro

A pesar de las circunstancias difíciles por las que atraviesa este Centro de Estudios, se ha preparado la edición digital del primer libro para conmemorar el 125 aniversario del natalicio de Vicente Lombardo Toledano, trabajo que estuvo a cargo de Eduardo Vizcaya Xilotl y Emilio García Bonilla.

Futuro fue una publicación periódica editada en la Ciudad de México que existió entre diciembre de 1933 y octubre de 1946, fue fundada y dirigida por Vicente Lombardo Toledano y se concibió como una publicación de periodismo educativo dirigida a los trabajadores. Sus páginas sirvieron como fuente de información y análisis de temas políticos y culturales.

Dicha revista cobra importancia porque en ella colaboraron destacados artistas e intelectuales como Xavier Icaza, Narciso Bassols, Víctor Manuel Villaseñor, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Pablo Picasso, José Revueltas, Diego Rivera, Jesús Silva Herzog, Efraín Huerta, Leopoldo Méndez, Alfonso Guillén Zelaya, entre muchos otros.

Junto al diario El Popular, también fundado por Lombardo Toledano, son los mejores ejemplos de su contribución al periodismo revolucionario. Como resultado de un trabajo conjunto de las diversas áreas del Centro Lombardo, en el mes de marzo del presente año se terminaron de poner a disposición del público y de manera libre y gratuita los 139 números de Futuro completamente digitalizados.

En la presente recopilación se presentan de forma cronológica diversos escritos sobre Vicente Lombardo Toledano producidos al calor de los acontecimientos, con la viveza del periodismo que, a través de formas como la entrevista, la crónica, el reportaje y la nota editorial, cubren el periodo de 1941 a 1946, una de las etapas más fructíferas en la vida de Lombardo, enmarcada en el tiempo de la Segunda Guerra Mundial y la lucha internacional contra el nazifascismo, textos en los que podemos notar su trayectoria desde que concluyó su responsabilidad al frente de la Confederación de Trabajadores de México hasta la fundación y primeras reuniones de la Federación Sindical Mundial.

La parte central de este libro proviene del número 82 de Futuro, publicado en diciembre de 1942, en el que se hizo un homenaje al fundador y director de la revista con motivo de la gira que realizó por nuestro continente como máximo dirigente sindical latinoamericano. Esa faceta del líder continental es la que se destaca en la mayoría de los escritos de nuestra compilación. El “hombre de los cincuenta trajes idénticos a sí mismos, mandados a luir expresamente de las bocamangas para dar una impresión de pobreza implacable y diamantina”,[1] en palabras de Gonzalo Beltrán, ironizando uno de los mitos que todavía en la actualidad se cuentan sobre Lombardo Toledano, aparece en Futuro como el personaje público, el luchador antifascista, el embajador de la Revolución Mexicana, el intelectual respetado, el líder internacional, pero sobre todo como un hombre de su tiempo.

La mayor parte de los autores de los textos que presentamos fueron colaboradores recurrentes de Futuro, algunos de los cuales escribieron también en El Popular, entre ellos es posible identificar a un grupo de periodistas, escritores y artistas vinculados en esta época con Lombardo Toledano, como Enrique Ramírez y Ramírez, José Revueltas, Vicente Fuentes Díaz, José Alvarado, Rodolfo Dorantes y Juan Jerónimo Beltrán. Se recogen también escritos de destacados personajes, como Pablo Neruda, Martín Luis Guzmán y Juan Marinello, quienes dejaron interesantes testimonios y valoraciones que dan cuenta del reconocimiento y prestigio obtenido por Lombardo durante intensos años de lucha.

Esta selección de textos se suma a la que publicamos en el 2014, bajo el título Homenaje de El Popular a Vicente Lombardo Toledano, la cual presentó los escritos aparecidos en el mencionado diario en su edición especial del 16 de julio de 1950. La mitad de los textos de la presente compilación fueron publicados previamente en Vicente Lombardo Toledano y la batalla de las ideas. Testimonio de intelectuales (2005) y en Vicente Lombardo Toledano y el movimiento obrero. Testimonios de destacados dirigentes (2005), pero en esta ocasión se reúnen para mostrarlos en el contexto en que aparecieron: desde las páginas de Futuro, dando así una muestra de la diversidad de autores que participaron en esa revista, así como de la ascendente trayectoria de Lombardo reflejada en sus páginas.

Sirva esta publicación como sencillo homenaje a 125 años del natalicio de Lombardo Toledano y como un recordatorio de que el hombre es y sus circunstancias, como dijera Ortega y Gasset, por lo que sin comprender el contexto en el que vivió y actuó tal o cual personaje, jamás podremos hacer una justa valoración de su vida. Lombardo surgió con la Revolución Mexicana y a ella consagró su vida, por lo que sin entender el proceso histórico que marcó el siglo XX mexicano es imposible emitir opiniones válidas sobre su existencia. Como escribió acertadamente José Revueltas: “los hombres no se dan por accidente, y todo hombre histórico, tiene a su vez una razón histórica de nacimiento.”[2]

En mayo de 1922, siendo director de la Escuela Nacional Preparatoria con 27 años de edad, Lombardo enfrentó la primera campaña que intentaba desprestigiarlo por medio de calumnias en la prensa; años después como candidato a diputado por el distrito de Teziutlán, su tierra natal, los denuestos continuaron, y así durante más de cuarenta años, hasta el final su vida, pero siguió actuante con la convicción de un profeta. Su entereza y probidad le valieron el respeto y admiración del pueblo llano que le dio el título de maestro, y en las élites políticas e intelectuales no faltó el acompañamiento y la solidaridad, como los destacados mexicanos que, desafiando los improperios de la prensa al servicio del gran capital, se reunieron el 28 de febrero de 1946 para reconocer en Lombardo “al intelectual verdadero, al hombre cuya preocupación no lo lleva a la torre de marfil, sino a la lucha apasionada para cambiar el mundo”,[3] creando para él la Condecoración del Combatiente como un homenaje de lo más selecto del ámbito artístico, científico y cultural de ese momento en México.

Como ellos, los modestos editores de esta publicación nos unimos al homenaje de los tiempos, en el año del 125 aniversario de su natalicio, a quien dio nombre y razón de ser al Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano”.


[1] Futuro, no. 110, México, D.F., abril de 1946: p. 38.

[2] Futuro, no. 82, México, D.F., diciembre de 1942: p. 14.

[3] Futuro, no. 109, México, D.F., marzo de 1946: p. 32.

Descargar (PDF, 5.95MB)

X