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LA CONCEPCIÓN EDUCATIVA DE VICENTE LOMBARDO TOLEDANO

La concepción educativa de Vicente Lombardo Toledano.

Por: Raúl Gutiérrez Lombardo.

El 28 de febrero del año de 1946, como reconocimiento a sus esfuerzos en defensa de la patria, en contra de sus enemigos del interior y del exterior, por ser y haber sido por ese motivo el mexicano más calumniado por los órganos de la prensa representativos de la regresión social y política del país, y por creer necesario estimular a quienes se signifiquen por su valor civil arrostrando las diatribas y las calumnias sólo por servir a la más noble de las causas posibles, los intelectuales —filósofos, artistas, técnicos y profesionales de todas las ramas del saber— más representativos de la cultura nacional tales como Alfonso Reyes, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Efraín Huerta, Martín Luis Guzmán, Eulalia Guzmán, Carlos Chávez, Leopoldo Méndez y muchos otros, deciden otorgar a Vicente Lombardo Toledano la “Condecoración del Combatiente”. Esta manifestación de solidaridad para el intelectual revolucionario y para el dirigente político, al considerarlo acreedor al título de haber sido el ciudadano de México más calumniado, ilustra varias cosas, pero ante todo el hecho de que la imagen que se puede crear de un hombre al manipular la información que sobre sus actividades y su acontecer se tiene, puede ser muy disímbola y no corresponder necesariamente a la realidad.

Es un hecho que Lombardo Toledano fue un hombre polémico, pero es totalmente distinto polemizar sobre puntos de vista divergentes, con los cuales puede uno estar o no de acuerdo, que utilizar la polémica para tergiversar la información que existe sobre la vida y la obra de un hombre.

Se ha dicho mucho acerca de lo que dijo Lombardo Toledano, pero pocas veces se ha analizado en qué circunstancias lo dijo para que, sobre esa base, se pueda comprender por qué lo dijo.

Anfiteatro Simón Bolívar. Foto de Rodrigo Vázquez
Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, 1933. Anfiteatro Simón Bolívar. Foto de Rodrigo Vázquez

Una de estas grandes falacias que se han manejado, a propósito de la figura de Lombardo Toledano, es la referente a su concepción educativa, concretamente la que se refiere al problema que se suscitó a raíz de las resoluciones del Congreso de Universitarios Mexicanos de 1933, en donde se dijo que Lombardo Toledano quería instaurar en la Universidad Nacional Autónoma de México al marxismo como credo filosófico, atentando y coartando la libertad de cátedra y de investigación.

Los objetivos de esta plática serán dos: por un lado, demostrar que esa imagen creada es inexacta y, por otro, explicar, basado de preferencia, en sus propias declaraciones, cuál era la concepción educativa de Lombardo Toledano y de qué manera se relaciona con su praxis política.

Para empezar, quiero señalar que Lombardo Toledano tenía diversas concepciones educativas, y esto lo afirmo porque resulta obvio que no es lo mismo hablar de su concepción ideológica, entendiendo a la educación como elemento de acción política, que de su concepción pedagógica, entendiendo a la educación como elemento de capacitación práctica y teórica, o de su concepción educativa en el terreno de la cultura, entendiendo a la educación como proceso de conformación de una conciencia en el educando acerca de la cultura universal y nacional.

A este respecto, es necesario tomar en consideración, con todo lo que este juicio implica, que Vicente Lombardo Toledano fue de una dualidad excepcional, pues fue al mismo tiempo un trabajador intelectual y un hombre de acción, un pensador que habitaba las cumbres más altas del conocimiento y un activo luchador por la transformación social, que consagró su vida a la formación de la conciencia de los trabajadores y a la construcción de un proyecto de lucha política.

Al penetrar un poco en la vida de Lombardo Toledano, se advierte que no solamente las características del momento histórico en que vive van a determinar esta vocación educativa y política, sino, por las influencias que recibiera de sus maestros, porque, y esto también hay que aclararlo, Antonio Caso no fue el único maestro que tuvo, ya que en su proceso formativo se conjugan tres pensamientos: el filosófico de Antonio Caso, el ideológico de Pedro Henríquez Ureña y el metodológico de Agustín Aragón.

Pedro Henríquez Ureña (Santo Domingo, 1884 - Buenos Aires, 1946).
Pedro Henríquez Ureña (Santo Domingo, 1884 – Buenos Aires, 1946).

En la época en que Lombardo Toledano ingresó a la Universidad era la época en que el grupo de intelectuales más avanzados del país había formado una agrupación independiente del régimen, cuyos miembros emprendieron la crítica al positivismo mexicano que en aquel entonces conformaba el cuerpo de la filosofía oficial y era el sostén ideológico del porfirismo, el grupo denominado “Ateneo de la Juventud”, que con el tiempo se transformaría en el “Ateneo de México”. Este grupo contaba entre sus más importantes fundadores a Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Alberto J. Pani, Alfonso Pruneda, Martín Luis Guzmán, Antonio Caso y Pedro Henríquez Ureña. Los últimos dos, Caso y Henríquez Ureña, junto con el último de los grandes representantes del positivismo mexicano, Agustín Aragón, constituyeron la influencia más importante en la formación intelectual de Lombardo Toledano. De don Antonio Caso, decía:

Fue para mí y sigue siendo en el recuerdo y en mi afecto personal el maestro por antonomasia, primero en el bachillerato, más tarde en la Escuela de Jurisprudencia y, simultáneamente, en mis estudios de filosofía en la Escuela de Altos Estudios. Orador brillante, expositor magistral y hombre de gran simpatía, el maestro Caso formaba nuestras ideas en las principales ramas del saber, casi sin darse cuenta de las consecuencias que la filosofía idealista-espiritualista que preconizaba habrían de tener en la vida nuestra en cuanto dejáramos las aulas.

En lo que se refiere a Pedro Henríquez Ureña, Lombardo lo caracterizaba como “más que un estupendo profesor de literatura, como un humanista moderno, con una cultura excepcional, que vivía atento a nuestra formación intelectual, provocando interés en nosotros por el contacto con las fuentes principales de la cultura y por el desarrollo y las perspectivas del conocimiento”.

Y en lo que toca a Agustín Aragón, Lombardo relata que, “por su parte, lo que el ingeniero Agustín Aragón me enseñó principalmente, fue el amor a la ciencia como espina dorsal del conocimiento”.

Esta influencia de sus maestros lo impulsa, durante sus años de estudiante universitario, a fundar junto con Alfonso Caso, Manuel Gómez Morín, Antonio Castro Leal, Alberto Vázquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno Baca, la “Sociedad de Conferencias y Conciertos” —que se conocerá en el medio universitario con el nombre de “Grupo de los Siete Sabios” y más tarde como la “Generación del 15”— para canalizar su interés por los problemas de la cultura y de la educación nacional.

Fragmento del mural “La marcha de la libertad”, realizado por Diego Rivera.

El Ateneo de México tuvo entre sus iniciativas más importantes la de formar la Universidad Popular, destinada a difundir la cultura entre la gran masa de trabajadores mexicanos. Durante la fase armada de la Revolución Mexicana, la Universidad Popular cerró sus puertas, pero es reabierta hacia el final de la lucha armada y el rector Alfonso Pruneda invita al entonces aún estudiante Vicente Lombardo Toledano a hacerse cargo de su dirección. Este será el primer contacto de Lombardo Toledano con los trabajadores mexicanos de los cuales ya no se separaría. “Fue entonces cuando comprendí, comenta, toda la profundidad del drama social de México”.

Desde esta primera etapa de su vida profesional se manifiestan en Vicente Lombardo Toledano las dos características de su personalidad, que a partir de ese momento y hasta su muerte habrían de resultar inseparables: su vocación de maestro y su práctica política al servicio de la clase trabajadora.

Apenas acababa yo de terminar los estudios de derecho y filosofía —escribe Lombardo Toledano— cuando el positivismo de don Agustín Aragón, el espiritualismo de don Antonio Caso y el humanismo de Pedro Henríquez Ureña, entraron en conflicto en lo más profundo de mi conciencia, porque mientras fui, como ocurre a todos los estudiantes, un receptor de ideas, no advertía la incongruencia entre las enseñanzas recibidas pero, cuando terminé mis estudios y me incorporaba plenamente a las inquietudes del pueblo y particularmente a la lucha de la clase obrera de mi país, empecé a analizar críticamente el patrimonio intelectual de que disponía y pasé a una etapa nueva de mi existencia, caracterizada por el análisis crítico de las ideas y por una afición redoblada de ampliar mis conocimientos y darle unidad a mi pensamiento filosófico.

Este interés lo va a llevar, una vez nombrado director de la Escuela Nacional Preparatoria, en marzo de 1922, por acuerdo entre el entonces rector de la Universidad, Antonio Caso, y el Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, a cambiar radicalmente su organización y proponer nuevos programas de estudio. Es ilustrativo el hecho de que para comenzar, abrió a oposición todas las cátedras. De esta manera, ingresaron como profesores a la Escuela Nacional Preparatoria los intelectuales más valiosos de su tiempo. Lombardo Toledano puso tanto énfasis en su tarea de reorganización que, para no perder tiempo, decidió irse a vivir junto con su esposa al edificio de la preparatoria, tal como lo había hecho años atrás su fundador Gabino Barreda.

A partir de este momento empieza a formular las ideas fundamentales que para él deberían ser las directrices de la educación nacional, que consistían, básicamente, en la necesidad de emprender un gran esfuerzo por alfabetizar y enseñar el español a la masa de la población mexicana, con objeto de crear los rudimentos de una conciencia nacional. Comprendía con gran claridad el problema que representaba para la formación de dicha conciencia nacional la existencia de enormes diferencias étnicas y lingüísticas entre la población indígena de México, por lo que propuso que la enseñanza primaria se llevara a cabo, al menos en lo que respecta a los tres primeros años, en las lenguas indígenas respectivas de cada región del país. Estas ideas están expresadas en su obra El problema de la educación en México escrita en el año de 1924.

Karl Marx
Karl Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883).

En 1925 tendría lugar un acontecimiento que iba a influir decisivamente en la vida y en las ideas del maestro. En ese año, durante un viaje a Nueva York con motivo de un Congreso Internacional de Ciudades al que asistió, tuvo oportunidad de visitar las librerías de aquella ciudad y por primera vez tiene acceso a las obras de Marx y Engels. Estas obras las empieza a recibir posteriormente por correo y comienza así su estudio sistemático, las cuales habrían de ocuparle por el resto de su vida en el proceso de su utilización como herramienta de análisis de la sociedad.

Pero es importante resaltar, que una vez incorporada en su pensamiento la filosofía del materialismo dialéctico, su concepción educativa se consolida, pero mantiene la idea rectora de la necesidad inminente para el país de crear una sólida conciencia nacional y una pedagogía propia. A partir de aquí, en pocos años se empiezan a conformar en el pensamiento de Lombardo Toledano sus tesis educativas.

Estas tesis se pueden agrupar en tres bloques, siguiendo la consideración hecha inicialmente: en primer lugar, las relativas a la cultura, tanto universal como nacional, en segundo lugar, las relativas al sistema educativo nacional; y, por último, las relativas a los problemas generales de la educación del pueblo mexicano y en particular de la clase obrera.

Estos tres grandes bloques representan, a mi juicio, los criterios más certeros para ordenar y sistematizar la obra educativa de Lombardo Toledano y poder así iniciar un análisis detallado de las ideas contenidas. En la fase actual del estudio de la obra educativa de Lombardo Toledano que se está realizando en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, se ha llegado a la con- formación de un proyecto de investigación que pretende seguir como objetivos el estudio de tres grandes líneas del pensamiento de Lombardo Toledano; podríamos decir que son las tres ideas directrices que constituyen el núcleo de su concepción educativa y pedagógica. Estas tres grandes ideas son:

1) La idea de que mientras no exista un medio de comunicación común entre todos los mexicanos, constituido éste por un idioma común, difícilmente puede pensarse en una reforma integral a la educación y difícilmente puede pensarse en la posibilidad de crear una conciencia nacional, por lo cual se presenta como imperiosa la necesidad de castellanizar a la nación, conservando al mismo tiempo las diversas lenguas indígenas y culturas.

Esto no quiere decir que se trate de una política de incorporación de los núcleos indígenas a la civilización occidental, pues para Lombardo Toledano eso no era sino una forma de encubrir una política de exterminación de los núcleos indígenas y con ello de todas sus tradiciones culturales, sino de conformar lo que él llamaba una cultura nacional propia del pueblo mexicano, fruto de su realidad histórica y social.

2) La idea de que las condiciones económicas, políticas y sociales en que se encontraba el país al comienzo de la década de los años treinta reclamaban de un modo imperioso la completa reconstrucción económica de la sociedad, y para ello era absolutamente indispensable dar un impulso decisivo a la industrialización del país.

Para llevar a cabo dicha tarea, el país requería de técnicos capacitados, mismos que no existían, por lo que, la tarea de crear escuelas con esa orientación adquiría una prioridad absoluta y por lo tanto, la necesidad de una planificación global del proyecto de nación y con ello de la educación. Paralelamente a la reestructuración del aparato productivo, se hacía necesaria la reestructuración completa del sistema de educación, nacional en el sentido de una vinculación total entre la escuela y la producción económica, acorde con las necesidades del país.

3) La idea que se refiere a la educación y la escuela con re- lación al sistema social en que ésta se encuentra inmersa.

Al proponer la necesidad de vincular indisolublemente la escuela al aparato productivo, se plantea la pregunta por el papel social e ideológico que la escuela debe jugar en la transformación revolucionaria de la sociedad. En este punto, el pensamiento de Lombardo Toledano lucha en dos frentes: por un lado, propiamente el de la polémica, y por el otro, el de la acción directa. A su vez, la polémica es doble, pues por un lado nos encontramos con la polémica y la lucha frente a la reacción y el clero político, que han intentado durante todo el periodo de la historia de México que va desde la Reforma hasta nuestros días, rescatar el control total o parcial de la educación, controlando la enseñanza privada o intentando influir en la orientación de la educación nacional, para tener la posibilidad de intervenir en el curso futuro de la nación a través de la conciencia popular; y por otro lado, tenemos la polémica con los que llamaba “la izquierda delirante”, construida principalmente por los militantes comunistas de los llamados “ortodoxos”, principalmente de orientación troskista, que han sostenido siempre la imposibilidad de una escuela orientada a la transformación socialista de la sociedad mexicana mientras exista un régimen capitalista de producción.

universidad obreraLombardo Toledano pensaba que la escuela, fruto de un estado determinado de la sociedad, no sólo sirve para justificar el régimen histórico dentro del cual se ha producido, sino también, poseyendo una orientación definida, para preparar la conciencia popular con miras a la transformación revolucionaria de la sociedad. Siempre estuvo convencido de que la escuela debía jugar un papel importante en la lucha por la construcción de una nueva sociedad. Eso explica la razón por la cual fundó y dirigió la Universidad Obrera de México; eso también explica su decidido impulso para la creación del Instituto Politécnico Nacional; o su atención por los problemas de la Escuela Normal y la orientación y preparación de los maestros; o su marcado interés por la publicación de todo tipo de instrumentos de educación para el pueblo.

En suma, podríamos adelantar, a manera de síntesis preliminar, que la concepción educativa de Lombardo Toledano se conforma en tres planos: en primer término, la educación como cultura, en donde sostiene (véase la polémica del congreso de 1933) que: la cultura es un simple instrumento del hombre, no es, por consiguiente, una finalidad en sí. No hay régimen histórico que no haya tenido a su servicio una manera de pensar la vida, una serie de juicios que tratan, en primer término, de hacer que perseveren, de hacer que se mantengan las instituciones que caracterizan a ese régimen histórico Por lo mismo, si entendemos que la cultura es un medio, si aceptamos que los valores culturales no son todos iguales, si creemos que en la época moderna más que en ninguna otra no se pueden entender los problemas sociales sino tomando como eje, como base de explicación el fenómeno económico, entonces, para ser consecuentes con nuestra creencia científica, tendremos que admitir que los otros valores de la cultura están íntimamente vinculados al valor económico.

En segundo término, la educación como pedagogía, en donde maneja la idea de crear una nueva pedagogía, una nueva manera de entender la enseñanza con el consiguiente establecimiento de los institutos y colegios superiores para lograrlo; por ello, el deber de dar a la educación una orientación definida. A este respecto decía:

Lo que sucede es que durante el último siglo de esta gran etapa de nuestra evolución histórica se ha creído que las escuelas han sido neutrales frente a los problemas sociales, frente a los problemas humanos y realmente no ha habido tal neutralidad; le hemos estado sirviendo inconscientemente o conscientemente, de modo explícito o implícito, al régimen que ha prevalecido en el país durante mucho tiempo. Y esta afirmación no la hago para nuestro país, sino para todos los países del mundo.

No se trata de poner a los alumnos en la posibilidad de elegir, se trata de formarles un criterio, y no se puede formar un criterio sin saber en qué consiste ese criterio. ¿Y qué es la enseñanza? No es una simple transmisión de conocimientos y, aún en el caso de transmisión de conocimientos, se opina al transmitirlos. Entonces allí, en la transmisión de conocimientos, en esa labor que puede parecer mecánica, ya se hizo un juicio, ya se está orientando.

A propósito de la enseñanza, decía que ésta debía basarse en un concepto científico de la verdad para hacer frente a los dogmas:

Afirmar una opinión, el sustentar un credo, el tener un criterio, no significa tenerlo para la eternidad; en esto, justamente, nos diferenciamos de los dogmas de carácter religioso. Los dogmas religiosos, los credos religiosos, son dogmas y credos hechos para siempre; en cambio, nuestra creencia científica de hoy nosotros mismos nos encargaremos de corregirla mañana; indudablemente que adoptaríamos una postura anticientífica si dijéramos que la verdad ya está hecha, pues nos pareceríamos en esto a los creyentes. La peor situación es la del hombre que, tratando de hallar la verdad, cree que la verdad ya fue encontrada. NO. Nosotros creemos que las verdades son contingentes; y precisamente por ser contingentes debemos mostrar las verdades de hoy antes de que pasen. Nosotros, los que no creemos que el móvil de la vida es el móvil religioso; los que creemos que la verdad se construye diariamente, a través de la historia, tenemos que afirmar con el mayor énfasis que todo ideal es fruto de la evolución histórica.

Y volviendo a lo que decíamos al principio sobre la libertad de cátedra y de investigación, sostiene:

Vicente Lombardo Toledano.
Vicente Lombardo Toledano (Teziutlán, Puebla, 16 de julio de 1894 – Ciudad de México, 16 de noviembre de 1968).

Lo que nosotros queremos es que haya libertad de pensar, pero no en función del pasado sino en función del presente y en función del futuro, entonces la libertad humana tiene límites, y el límite principal para la libertad de cátedra no es decir las cosas si no pueden sustentarse desde el punto de vista científico; queremos lo de adelante, por lo menos lo de hoy, no lo de ayer, no existe, pues, contradicción, no hay incongruencia. ¿Qué importa que un bachiller orientado ya —nótese que siempre se refiere al bachillerato— vaya a escuchar todas las teorías políticas y científicas? No importa tampoco que un estudiante que trabaja en el laboratorio de biología, ya orientado, pueda descubrir mañana con sus propios ojos, si vale el término mediante los aparatos científicos, que su creencia de ayer es hoy errónea, mejor, eso quiere decir que la cultura irá de acuerdo con el tiempo y que la verdad será cada vez mejor y más limpia. No debemos creer que la verdad ya se formó, hay que formarla, transmitiéndola, ampliándola, enseñándola, diciendo en qué consiste.

Libertad de cátedra sí, pero no libertad para opinar a favor de lo que fue el pasado y menos aún en contra de las verdades presentes, en otros términos, libertad de cátedra sí, pero libertad para opinar de acuerdo con las realidades que vivimos y de acuerdo con la verdad futura, si es que alguien puede para facilidad suya y para provecho de la cultura mexicana adelantarse a las verdades de hoy.

Finalmente, la educación como instrumento de concientización política. En una conferencia que dio en la Universidad Autónoma de Puebla, en el año de 1962, sostiene que

No hay educación al margen de la vida real en ninguno de sus grados ni la puede haber. Y es menester no olvidar este hecho, que se comprueba con recordar simplemente los diversos momentos del desarrollo histórico para poder valorar lo que significan las universidades en nuestro tiempo y país.

En otra conferencia que dictó ante la Federación Local de Obreros y Campesinos de Teziutlán, en 1934, había dicho:

Educar significa formar hombres de acuerdo con las necesidades de la sociedad humana. La educación es un producto histórico también, como la moral y el derecho; ha sido el producto de un régimen en provecho de la clase social que detenta los instrumentos de la producción económica. No hay educación universal ni la ha habido; no ha habido ni hay escuelas alejadas de la política, de las ideas predominantes en un periodo de la evolución histórica y formadas por la clase que gobierna. La escuela ha sido y será siempre un medio de formación de hombres, de acuerdo con el tipo de hombres que la clase social dominante necesita para poderse perpetuar a través del tiempo. Pero ha servido y sirve también para dar carácter a las revoluciones de la clase explotada La educación es un instrumento de orden político para beneficio de una clase social. La única forma de que la educación deje de ser un factor de explotación más de la clase asalariada, es ponerla al servicio de la causa del proletariado.

En el trabajo “La educación socialista, producto legítimo de la Revolución Mexicana”, que presentó en la “Conferencia Nacional de Educación”, en 1939, en nombre de la CTM, expuso:

La escuela nunca ha estado desligada del Estado. La oposición no es la repulsa al proyecto del Ejecutivo; la oposición es a la propia carta política de la República Mexicana, porque el argumento principal de la oposición, consistente en afirmar que la educación no debe tener una orientación política es un argumento falso. Nunca, ni en nuestro país ni en ningún otro, ha habido un sistema educativo que no obedezca a un propósito claro y definido del Estado respecto de la orientación de la conciencia nacional.

La Revolución Mexicana, que trata de transformar al ejido en la fuente de producción de la economía nacional, para crear una economía popular, necesariamente converge en la escuela socialista. Una escuela que por encima de los intereses individuales proclama los derechos de la colectividad; que forma mentalidades libres a salvo de dogmas, fanatismos y prejuicios; que combate la plutocracia y el imperialismo; que se pone de parte de los débiles y los oprimidos para forjar una patria para todos. Nadie puede detener el proceso de la historia; nadie puede detener la creación de nuevos conceptos de la vida y del mundo; nadie puede detener la eficacia de las ideas-fuerza que están construyendo un mundo nuevo en medio de las ruinas de un mundo ya caduco. La Confederación de Trabajadores de México desea y espera, en consecuencia, que haciendo honor a la conciencia de responsabilidad que distingue por ventura a los maestros de México, a los maestros de la Revolución, esta Conferencia Nacional de Educación contribuya poderosamente a construir, sobre las bases de la ciencia verdadera, un nuevo país. De esta suerte, no sólo habrá de justificar el maestro mexicano su paso por las aulas, sino también su paso por la historia de la patria.

Pensamos, pues, que a partir de esta primera caracterización de la obra educativa de Vicente Lombardo Toledano es posible iniciar un estudio serio, riguroso y sistematizado, con objeto de conocer y entender mejor su rico pensamiento educativo y el impacto que ha tenido en la cultura de México.

BIBLIOGRAFÍA

Calderón Vega, L. Los Siete Sabios de México. Ed. Jus. 2a Edición, México, 1972, p. 71-74.

Lombardo, V. El problema de la educación en México. Ed. Cultura, México, 1924.

Lombardo V. Origen, carácter y misión política de la educación. Conferencia ante la Federación Local de Obreros y Campesinos de Teziutlán, Puebla. 1934.

Lombardo V. La educación socialista, producto legítimo de la Revolución Mexicana, e n CTM 1936-1941. Talleres Tipográficos Modelo, México, 1941.

Lombardo, V. La educación universitaria en México, Conferencia dictada en la Universidad Autónoma de Puebla, 1962.

Lombardo, V., Caso, A. Idealismo vs. materialismo dialéctico. Ed. VLT, 3a Edición, México, 1975, p. 37-40.

Wilkie, J., E. de Wilkie. Vicente Lombardo Toledano, teórico y militante marxista (entrevista).Ediciones del Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 1969, p. 237.

CANTO A LA VIDA, FILOSOFÍA DE LA ESPERANZA

CANTO A LA VIDA, FILOSOFÍA DE LA ESPERANZA

De Vicente Lombardo Toledano

Los hombres podrían vivir sin el recuerdo, pero les sería imposible la existencia sin el concepto de futuro. El pasado es historia, lo que quedó atrás para no volver. El porvenir es vida que ha de vivirse. De esta convicción nace la esperanza.

VLT4Sólo quienes renuncian a la vida real, a las relaciones dinámicas con la naturaleza y con sus semejantes, a la convivencia, al progreso común, al bienestar material y a la elevación del espíritu, como tareas sustanciales del hombre, sitúan el futuro en otra vida, forjada por su desesperación o su ignorancia. En su impotencia entregan su suerte a las creaciones de la fantasía o a la urgencia del milagro. Pero los que aceptan las facultades ilimitadas de la razón para el conocimiento y para el logro de la perfección humana, coinciden con Erasmo de Rotterdam, el precursor de nuestra época, al afirmar que nada puede haber más dulce y más precioso que la vida.

Los que aman apasionadamente, sin embargo, especialmente los jóvenes, que nunca son la repetición de la generación de la cual provienen, sino fuerza nueva con aspiraciones propias e ideales de cambio, se encuentran a veces con el camino hacia el porvenir lleno de niebla, que les oculta la meta y lleva a su ánimo el desaliento, la duda o el deseo de fugarse prematuramente de la realidad. Entonces la esperanza deja de impulsarlos.

En el mundo occidental, heredero directo del humanismo clásico, del Renacimiento, de la Ilustración, de los grandes descubrimientos geográficos, de los hallazgos fundamentales de la ciencia, del primer desarrollo impetuoso de la industria, se halla obstruida la ruta hacia el futuro para millones de seres humanos y para la juventud, que ha perdido la esperanza en sí misma. Este hecho es el más dramático de nuestro tiempo, que obliga a una honda y serena reflexión para esclarecer el panorama y limpiar de sombras la perspectiva.

En dos principios esenciales se apoya la ciencia de la sociedad humana: en la evolución ininterrumpida de la vida social y en la desigualdad de su desarrollo. Otros dos principios complementan los primeros: la evolución histórica es progresiva; el atraso social no es signo de inferioridad, sino de simple posesión de los instrumentos del progreso.

Cuando la tribu azteca fundó Tenochtitlan, en el año 1325, vivía aún dentro del régimen del comunismo primitivo, porque las fuerzas productivas de que disponían eran tan exiguas que sólo trabajando todos sus componentes en común podrían satisfacer, en parte, las necesidades biológicas elementales de la sociedad. Desconocía el hierro, la rueda, los animales de tracción. El equipo de trabajo a su alcance era la piedra pulida. En cambio, en Asia, desde el año 2000 antes de Cristo, el caballo era ya un auxiliar del hombre. El carro de dos ruedas se hallaba en uso en el Cercano Oriente, veintiocho siglos antes de que los aztecas se asentaran en el Valle de México, lo mismo que el hierro. Pero cuando los europeos estaban agrupados aún en tribus bárbaras, en China ya se producía acero de la mejor calidad. Hoy, en plena edad atómica, en algunas regiones de África existen agrupaciones sociales anteriores al periodo de la esclavitud, mientras que los antiguos grupos nómadas del norte de Siberia, de los más atrasados del globo hasta antes de la Primera Guerra Mundial, saltaron, en menos de medio siglo, de la barbarie al régimen socialista, sin haber pasado por la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. Todo esto demuestra el desarrollo desigual de la evolución histórica, lo mismo que el carácter progresivo de la vida social, porque no sólo no se ha dado el caso de que una comunidad humana haya regresado al estadio anterior en el curso de su devenir, sino que el avance, en circunstancias especiales se realiza a saltos.

En el terreno de lo que llamamos cultura, por el contrario, como lo prueban las obras superiores del arte, expresión suprema del pensamiento y de la sensibilidad, los hombres alcanzaron desde los tiempos remotos, a pesar de su instrumental rudimentario, niveles comparables a los de nuestra época, por su perfección y su sentido trascendental de la vida. Las esculturas del antiguo Egipto no son inferiores a las mejores de hoy, lo mismo que las que ornamentan los viejos templos de la India o las que cubrieron de gloria la Atenas del siglo de Pericles. Y otro tanto se puede decir de la arquitectura monumental de los toltecas y los mayas, de los hindúes, los chinos y los romanos, y de la literatura, que desde las “odas” recogidas por Confucio, muchos siglos antes de nuestra era, hasta las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, guardan parangón con las obras de Cervantes, Shakespeare y Goethe, y de otros inmortales modernos.

¿Qué es, por tanto, lo que hace perder la esperanza, si en todos los hombres ha habido siempre la conciencia de su señorío, de su fuerza creadora, de su posibilidad de elevación?

Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades. En la Edad de Oro y la Edad de Plata, que siguió después, los hombres vivían felices. Nadie se servía de sus semejantes. La tierra producía para todos. Pero en la Edad de Bronce la tierra dejó de pertenecer a la comunidad. Surgieron las querellas, causadas por la propiedad individual, y en la Edad de Hierro, la última, el crimen se desbordó por todas partes, y la vida de los hombres empezó a ser miserable y dura. Ese mito encierra el verdadero contenido del proceso histórico. La apropiación individual de los medios para producir los bienes que sustentan la vida colectiva, divide a la sociedad en clases antagónicas por sus intereses materiales, que engendran puntos de vista también opuestos en la manera de juzgar las distintas manifestaciones de la existencia. Llega un momento en que la contradicción es tal, que los oprimidos se sublevan y cambian el régimen imperante. Ese fue el papel hermoso y heroico que realizaron: el cristianismo, cuando fue religión de esclavos; los siervos de la gleba y los grandes pensadores y artistas partidarios de la libertad y de la vida plena, contra los señores feudales; los ideólogos del racionalismo y los burgueses, contra el estancamiento del saber, de la investigación y del progreso, protegido por los monarcas y sus cortes de parásitos; y, hoy, el proletariado contra la dictadura de la burguesía, que impone a la mayoría de la sociedad la miseria, la opresión política y formas antirracionales del pensamiento.

Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades.
Uno de los mitos más antiguos de Grecia explica que la humanidad pasó por distintas edades.

Dentro de la sociedad basada en la propiedad privada de los instrumentos de la producción, las clases sociales que se levantan contra la injusticia y el embotamiento intelectual son revolucionarias mientras destruyen lo que debe morir; pero andando el tiempo se convierten, a su turno, en fuerzas negativas, defraudando a las masas populares, porque tienen intacta la estructura económica de la sociedad, que sólo beneficia a la clase propietaria. Por eso hoy la clase dominante en el mundo occidental se vuelve contra los principios y los objetivos que hicieron posible su ascenso, porque no puede admitir que el régimen capitalista sea transitorio. Niega las leyes de la evolución y proclama el quietismo social. Declara que la razón es incapaz de descubrir la esencia de las cosas y que sólo los fenómenos del mundo material están sujetos a leyes cognoscibles. Divide arbitrariamente lo que existe en sectores impenetrables los unos en los otros, para abrir la puerta al “soplo divino” como explicación de la conciencia. Para contribuir a matar la esperanza en una sociedad en la que todos vivan sin temor, satisfechas sus necesidades biológicas y culturales y con la seguridad de que cada quien podrá superarse sin obstáculos, de acuerdo con su propia vocación, calumnia al socialismo, llamándolo infierno. Pero como la contradicción congénita al régimen capitalista se ahonda y nadie olvida los tiempos luminosos que, desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, hicieron posible el cambio de los valores negativos por nuevos valores que el entendimiento produjo, ensanchando el horizonte de la humanidad, crea las filosofías de la agresión y del encierro religioso, las tesis de la intuición mística, de la náusea ante el futuro o de la acción sin razonamiento previo, para detener inútilmente el cambio social, ya realizado en la mitad de la Tierra.

La esperanza se apoyó durante siglos incontables en la impotencia del hombre frente a la naturaleza hostil y a la injusticia de los menos, renunciando a la vida. Ahora la naturaleza ya no es la que domina al hombre, sino éste el que se sirve de la naturaleza para subir hasta el espacio sideral infinito, y la injusticia social puede liquidarse para crear una verdadera Edad de Oro, en que el trabajo sea un placer y un honor, y el único combate consista en el desafío fraternal para llegar a la cumbre de la perfección.

En Siempre!La juventud del mundo nuevo ha encendido para todos los jóvenes del planeta la luz que conduce a la mayor felicidad posible. Trabaja con alegría desconocida. De la tierra, de las aguas y del viento obtiene riquezas incontables. Multiplica los medios técnicos para que el esfuerzo humano se convierta en simple guiador de las máquinas. Cuida de la salud y prolonga la vida de la especie. Todos los días reduce el campo de lo desconocido, y en los laboratorios y en la discusión colectiva que preside el arma de la inteligencia, llega hasta donde antes empezaba el misterio. En pocos años más creará artificialmente las células vivas y podrá ayudar entonces a la selección de las mejores cualidades humanas, para que sean las únicas que perduren. Su vitalidad se ensancha en tal forma, que el arte brota con vigor de los más humildes, sin más patrimonio espiritual hasta ayer que el de las lágrimas.

La esperanza renace. Esta vez para siempre. Para no volver a huir hacia la promesa de una vida que no existe, sino para que los hombres, en coro gigantesco, eleven el canto de la victoria.

 

Publicado en la revista Siempre!, num. 317, México, D.F., 22 de julio de 1959.

Obituario a Werner Callebaut

Obituario a Werner Callebaut (1952–2014).

Por: Paola Hernández Chávez

Werner Callebaut, amigo, colega, referente común para aquellos a quienes nos intrigan las incógnitas de las ciencias de la vida, murió el pasado 6 de noviembre mientras dormía. Nació en Mechelen, Bélgica, el 7 de octubre de 1952. Curso sus estudios en filosofía en la Universidad de Ghent, donde recibió su PhD en 1983, especializándose posteriormente en filosofía de la ciencia.

Callebaut era el actual presidente de la ISHPSSB (2013–2014), director científico del Instituto Konrad Lorenz de Investigación en Evolución y Cognición (Austria)[1](1999–2014), editor en jefe de la revista  Biological Theory (Springer) (2006–2014), miembro del comité editorial de Ludus Vitalis desde hace alrededor de 20 años, entre muchos otros comités internacionales. Previamente, Callebaut fue profesor de filosofía en diversas universidades de Bélgica, los Países Bajos y otras universidades. Asimismo fue afiliado de la Sociedad de Lógica y Filosofía de la Ciencia de Bélgica, la Sociedad Británica de Filosofía de la Ciencia, el Centro Nacional de Investigación en Lógica de Francia, la Asociación Europea de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, y la Sociedad de Historia de la Ciencia. Publicó poco más de una centena de escritos.

Su partida representa una significativa pérdida para la filosofía naturalizada, la filosofía de la biología, la biología de sistemas, la extensión de la síntesis biológica, la EvoDevo, la economía evolucionista, la sociología, los enfoques evolutivos a la cultura, entre otros campos que impulsó fervientemente. Dentro de la biología teórica, aportó ideas pioneras sobre la interacción entre la evolución y el desarrollo, en particular, desafió a las teorías evolucionistas predominantes y remarcó los límites explicativos del adaptacionismo. Asimismo fueron cruciales sus análisis sobre la metodología de la economía.

Un aspecto tanto humano como académico que caracterizó a Werner Callebaut fue su apoyo y cercanía a un gran número de jóvenes así como a consagrados investigadores alrededor del mundo. En esta sociedad contemporánea donde suele verse como una virtud el disociar la vida académica de la vida social, Werner fue una excepción, pues gustaba de compartir una buena bebida mientras dialogaba sobre temas profundos con colegas que terminaban por convertirse en amigos apreciados. Era poseedor de una asombrosa memoria de detalles y personas.

Su vida estuvo completamente dedicada a la vinculación de diversas áreas académicas, la edición de las prestigiosas revistas, la investigación, el intercambio de ideas con sus pares internacionales, la docencia y la formación de jóvenes investigadores de talla internacional. Todo lo anterior con la indudable convicción, posiblemente no consciente, de que el conocimiento era el motor de su vida. Es por ello que aprovechamos para elogiar, no sólo la amable muerte que lo acompaño, sino las aportaciones intelectuales que nos hereda.

[1] http://kli.ac.at/

Entre sus publicaciones más importantes se encuentran:

Werner, Callebaut (1993), Taking the Naturalistic Turn, or How Real Philosophy of Science is Done. Chicago/London: University of Chicago Press. 553 pp.

Callebaut, Werner (2005), Modularity: Understanding the Development and Evolution of Natural Complex Systems (with Diego Rasskin-Gutman). Cambridge, MA/London. MIT Press. (455 pp.) [second printing, 2007; paperback edition, 2009].

Callebaut, Werner (1987), Evolutionary Epistemology: A Multiparadigm Program (with Rik Pinxten). Dordrecht/Boston: D. Reidel. 458 pp.

Callebaut, Werner (2012) Scientific Perspectivism: A Philosopher of Scienceʼs Response to the Challenge of Big Data Biology. Studies in History and Philosophy of Biological and Biomedical Sciences, 43(1): 69-80.

Callebaut, Werner (2009), Innovation from EvoDevo to Culture. In: M. J. O’Brien and S. J. Shennan, eds., Innovation in Cultural Systems: Contributions from Evolutionary Anthropology, (pp. 81-95). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (2007), The Organismic Systems Approach: Evo-Devo and the Streamlining of the Naturalistic Agenda (with Gerd B. Müller and Stuart A. Newman). In: R. Sansom & R. N. Brandon, eds., Integrating Evolution and Development: From Theory to Practice, (pp.25-92). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (2007), Data Without Models Merging With Models Without Data (with Ulrich Krohs). In: F. C. Boogerd, F. J. Bruggeman, J.-H. S. Hofmeyer, and H. V. Westerhoff, eds., Systems Biology: Philosophical Foundations, (pp.181-213). Amsterdam: Reed-Elsevier.

Callebaut, Werner (2005), The Ubiquity of Modularity. In: W. Callebaut and D. Rasskin-Gutman, eds., Modularity, (pp. 3-26). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (1998), Self-organization and optimization: Conflicting or complementary approaches? In: G. Van De Vijver, S. N. Salthe, and M. Delpos, eds., Evolutionary Systems: Biological and Epistemological Perspectives on Selection and Self-organization, (pp. 79-100). Dordrecht/Boston/London: Kluwer.

Callebaut, Werner (2010), Epistemología Naturalizada. Una Visión Panorámica (with Paola Hernández Chávez). In: J. Labastida y v. Aréchiga, eds., Identidad y Diferencia, vol. 3, La Filosofía y la Ciencia, (pp.138-155). Mexico D.F.: Siglo XXI Editores en coedición con la Asociación Filosófica de México.

Para acceder a la lista completa de sus publicaciones, seleccione aquí.

Para mayores referencias:

http://www.kli.ac.at/werner-callebaut

http://mitpress.mit.edu/authors/werner-callebaut

http://mitpress.mit.edu/search/node/werner%20callebaut

Complete list of Werner Callebaut’s Publications.

Un capítulo en la Constitución sobre la economía nacional.[1]

Un capítulo en la Constitución sobre la economía nacional.[1]

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo. [2]

Vicente Lombardo Toledano presentó una iniciativa para adicionar un nuevo capítulo a la Constitución, sobre la economía nacional, el 5 de octubre de 1965 en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Fue una propuesta de gran importancia, y que hoy cobra mayor vigencia, como veremos adelante.

Balance de Lombardo sobre la economía nacional, a 25 años de concluido el gobierno de Cárdenas.

"Luego del arranque vigoroso de la etapa cardenista, “el desarrollo ha continuado en marcha ascendente..." Lombardo.
“Luego del arranque vigoroso de la etapa cardenista, “el desarrollo ha continuado en marcha ascendente…” Lombardo.

Al hacer el balance sobre el desenvolvimiento de la economía nacional en una intervención relacionada con su iniciativa, Lombardo consideró que luego del vigoroso arranque registrado en el sexenio de Lázaro Cárdenas, durante los siguientes 25 años, de 1940 a 1965, el proceso económico de México se fue dando de manera accidentada y contradictoria en muchos aspectos. El desarrollo de la economía fue anárquico, sin un orden que respondiera de manera integral a los intereses nacionales. Había avances, a veces notables, en unas ramas, pero otras se rezagaban. En medio de todo eso, lo más negativo fue que los capitales extranjeros se habían ido apoderando de los renglones más dinámicos de la economía que para entonces preferían, a diferencia de los primeros tiempos en los que su  principal opción habían sido las industrias básicas y extractivas.

No obstante ese carácter caótico, a jucio de Lombardo la economía nacional, en términos generales, había “continuado en marcha ascendente” por el camino que conducía a la independencia económica nacional como lo expresó en la Cámara de Diputados”[3] Es cierto que, durante todo ese lapso, la lucha entre los partidarios de la intervención directa del Estado en la economía, y sus enemigos, fue intensa, hecho que se reflejó en las contradicciones descritas. En ese contexto, sin embargo, hubo actos de gran relevancia en el sentido del más alto interés nacional, como la nacionalización de la industria eléctrica, realizada por Adolfo López Mateos, y otros que, sin ser tan notables, también abonaron en el mismo camino.

Dos fuerzas en pugna: el Estado y los capitalistas particulares.

Trascendente iniciativa para adicionar la Constitución con un  capítulo sobre la economía nacional
Trascendente iniciativa para adicionar la Constitución con un capítulo sobre la economía nacional

Ahora bien, en la medida en que el Estado nacionalizaba alguna industria medular o creaba alguna institución responsable de una rama fundamental  de la economía, con esa acción daba grandes impulsos al desarrollo nacional por la vía correcta y se producían verdaderos saltos en el sentido del progreso[4]; pero esto no caminaba así de manera permanente sino, como se dijo, con altibajos porque, como lo explicó Lombardo, había “dos fuerzas con finalidades distintas –la del Estado y la de los empresarios particulares- que se disputan el predominio sobre la economía nacional”.  Sin embargo, a pesar de los tropiezos, estancamientos y retrocesos, el intervencionismo estatal surgido de la Revolución Mexicana iba en ascenso en términos absolutos y relativos, para bien de la Nación:

“A partir de 1939, la inversión pública ha venido aumentando de modo constante hasta 1961 en que representó ya la mitad de la inversión nacional bruta. En el sexenio 1959-1964 creció en forma acelerada, pasando de 6 mil 500 millones en 1939, a 18 mil 700 millones en 1964.

“La inversión privada, por contraste, después de crecer a una tasa anual de 5.8% en el periodo 1946-1952, se contrajo en el quinquenio 1959-1963, correspondiente a la administración del presidente Adolfo López Mateos, pues aumentó sólo a una tasa anual de 4.5%.

“En ese periodo de retracción de la inversión privada, el ritmo de desarrollo económico se mantuvo gracias a la inversión pública…”

La economía nacional alcanzó un equibrio, aunque era precario.

La creciente intervención del Estado llegó a equilibrar su presencia en la economía nacional con respecto a los capitales privados; pero es un equilibrio inestable
La creciente intervención del Estado llegó a equilibrar su presencia en la economía nacional con respecto a los capitales privados; pero es un equilibrio inestable…

Como resultado del ascenso acumulado de la participación estatal en la economía, para el año de 1965 se llegó a una situación singular, extraña para las economías capitalistas sean de los países de alto desarrollo o de los dependientes: la magnitud económica del sector estatal casi se emparejó con la de los capitalistas privados:

“Puede estimarse, en términos generales, que las inversiones del sector público representan el 45% del total, mientras que las del privado representan el 55%. Es decir, hemos llegado a un equilibrio entre las dos tendencias que concurren al desarrollo económico”.

Esta especie de empate entre dos corrientes que apuntaban en sentidos opuestos generó una situación de lucha intensa entre los actores sociales y políticos partidarios de una y otra y, al mismo tiempo, creó una situación de inestabilidad que no podría prolongarse largamente. En palabras de Lombardo:

“…todo equilibrio es, por su propia naturaleza, transitorio. En el campo de la economía, habiendo dos tendencias, el equilibrio tiene que romperse a favor de cualquiera de ellas; pero lo que es imposible es que esta paridad precaria pueda constituir la marcha normal de la Nación”.

¿Cómo romper el equilibrio inestable a favor del pueblo?

Había que modificar la Constitución para dejar atrás la fase del intervencionismo estatal espontáneo y entrar al consciente y planificado...
Había que modificar la Constitución para dejar atrás la fase del intervencionismo estatal espontáneo y entrar al consciente y planificado…

Para Vicente Lombardo Toledano y, consecuentemente, para su partido, quedaba claro que era necesario incidir en la ruptura de ese equilibrio precario. ¿Cómo hacerlo para que la contradicción se resolviera a favor de los intereses de las grandes mayorías de nuestro pueblo, se preguntó el autor de la iniciativa en comento? “No hay más que un solo camino: el de las reformas fundamentales a la estructura económica”, respondió. Sería necesario dar cauce  a la intervención del Estado en la economía en la Carta Magna. Había que precisar allí, en la norma máxima, sus fines y sus alcances, y establecer también cuáles serían los ámbitos de la inversión privada. De esta manera se dejaría atrás la fase del intervencionismo estatal espontáneo que había predominado desde 1917, para entrar a una nueva etapa, la del desarrollo consciente y planificado por el Estado nacional. De acuerdo con la iniciativa, el momento  -1965- era el adecuado para tomar esa medida, porque las condiciones habían madurado, como lo dijo Lombardo:

“Nuestra patria se halla ante dos perspectivas: la de consolidar y ampliar el camino que ha construido la Revolución, con el apoyo constante y el sacrificio del pueblo, que se caracteriza por el acrecentamiento del poder económico del Estado, teniendo como bases la nacionalización de los recursos naturales y de las industrias y servicios que pueden condicionar las demás actividades productivas, comerciales y financieras; y la perspectiva de entregarle a la iniciativa privada el desarrollo económico, con el consiguiente peligro de que sea suplantada por  capital extranjero”.[5].

En su exposición de motivos, se habló del carácter innovador de la Constitución de 1917, que rebasó los marcos estrechos del liberalismo, al que hasta entonces se habían constreñido las constituciones del mundo moderno. Se calificó a la Carta de Querétaro, como “el estatuto político más avanzado de todos los países del mundo cuando se promulgó”, y se señaló asimismo que “las adiciones positivas que se han hecho a su texto le han dado todavía más vigor”.

En su contenido avanzado se establece “un conjunto de instituciones que forman verdaderos cuerpos de doctrina sobre cuestiones fundamentales”, se dijo en la iniciativa. Es el caso de la tesis sobre las riquezas del territorio nacional y la Reforma Agraria (artículo 27); la relativa a los derechos de la clase obrera (artículo 123); la tesis sobre la educación (artículo 3º), y la tesis sobre los derechos políticos (inicialmente, artículo 54, con posterioridad también el 41)

Una nueva tesis en la Constitución, sobre la economía nacional.

Era necesario dotar a la Constitución de una quinta tesis de semejante trascendencia, la tesis sobre la economía nacional, dijo Lombardo. En este aspecto, la Carta vigente mantenía el mismo contenido que la de 1857 y, por tanto, era anacrónica. La intervención del Estado en la economía se había venido dando, por fortuna para los intereses soberanos de la Nación y para beneficio del pueblo. Ese proceso había sacado al país del atraso feudal y semiesclavista y había desarrollado sus fuerzas productivas. Además, había impedido que el país se convirtiera en una colonia, con nombre de “Nación soberana”. Los instrumentos jurídicos concretos de este proceso nacional de desarrollo, sin embargo, estaban desfasados. Más allá del mandato básico del artículo 27, sumamente valioso, todo lo demás radicana en en múltiples “decretos y acuerdos del Poder Ejecutivo sobre créditos, inversiones de capital, organización de la producción, del comercio y de los servicios…”, tantos y tan dispersos que generaban situaciones incongruentes y confusas, y se hacía difícil su conocimiento para la población.

Se dotaría a la Revolución Mexicana de un nuevo y poderoso impulso para el desarrollo y la liberación nacional
Se dotaría a la Revolución Mexicana de un nuevo y poderoso impulso para el desarrollo y la liberación nacional

“La nueva tesis debe ser un capítulo de la Constitución que contenga la doctrina sobre el carácter y la finalidad de la economía nacional. Porque sólo las normas constitucionales, que no se modifican por decretos de fácil expedición, pueden servir de sustento seguro para el desarrollo progresivo del país y porque esa tesis puede convertir en preceptos obligatorios los compromisos que han contraído ante el pueblo nuestros gobernantes, dándole a la Revolución Mexicana un nuevo y gran impulso, ya que terminarían las discusiones sobre los objetivos concretos e inmediatos, y tanto los funcionarios responsables de la Administración Pública, como los particulares, tendrían un camino despejado para encauzar su actividad sin temor a la orientación del gobierno cada vez que ocurre el cambio de Presidente de la República”.

La iniciativa contiene una fundamentación también de carácter histórico. En su texto se hace una síntesis del desarrollo de México durante el siglo XIX y, en particular, durante el porfiriato. Con ella, se dejan a la vista las razones por las cuales nuestro pueblo, con la Revolución Mexicana, se propuso retomar su lucha secular por tres grandes objetivos: elevar de manera sistemática y sustancial su nivel de vida, convertirse en el arquitecto de su destino y lograr la independencia plena de la Nación. Luego se refiere a la etapa constructiva de la Revolución. Describe como fue que los gobiernos de la época se decidieron a abandonar la doctrina de la no intervención del Estado en la economía y a tomar a su cargo las principales tareas para hacer posible el progreso de México. Ya existía el instrumento jurídico esencial, que estaba establecido en el artículo 27 de la Constitución, pero nada más:

De la Revolución Mexicana surgió un Estado que tenía entre sus funciones principales la de luchar por la emancipación nacional respecto del imperialismo y promover el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales...
De la Revolución Mexicana surgió un Estado que tenía entre sus funciones principales la de luchar por la emancipación nacional respecto del imperialismo y promover el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales…

“Al principio no hubo un plan que viera el futuro etapa por etapa. Ante cada problema insoluto, ante cada caso concreto, intervino el gobierno, y de esa manera se fue perfilando el programa de la nacionalización de las actividades económicas y de los servicios”.

Ese proceso, aun con sus limitaciones, venía a ser el “resultado de la experiencia histórica del pueblo y la necesidad imperiosa de hacer progresar al país con independencia del extranjero”. Fueron múltiples medidas concretas dictadas por el Poder Público que contribuyeron a darle al Estado “la autoridad y la fuerza económica de la que hoy disfruta, para hacer frente a las demandas crecientes del pueblo, a los apremios nacionales y a las presiones provenientes del exterior”. Las empresas e instituciones del sector estatal de la economía eran tan importantes para México, se dice en la iniciativa, que “sin ellas no habría llegado a la etapa en que hoy se encuentra, de país en franco desarrollo, a pesar de sus grandes problemas sociales insolutos…” Para 1963, se precisa el dato, las empresas que constituían el sector estatal “… eran en total 429. De ellas se dedicaban 162 a la producción de bienes y servicios para el mercado; 48 pertenecientes al Estado y 114 de participación estatal mayoritaria, abarcando la industria extractiva, la industria eléctrica, la industria de transformación, las comunicaciones y transportes, el desarrollo regional y local, el fomento cultural y la investigación, los servicios sociales y otras actividades”.

En esas condiciones se había llegado al momento de la decisión con respecto al camino a seguir.

“Contra la ruta que México eligió, se levantan los partidarios de la llamada ‘libre empresa’, afirmando que la prosperidad alcanzada por las naciones más desarrolladas, se debe al esfuerzo de sus hombres de negocios, nunca interferido por el poder público, y nos aconsejan que imitemos su ejemplo… Pero parten de la ocultación de un hecho fundamental: la evolución histórica de México es diferente a la de Estados Unidos y las naciones altamente industrializadas de otros continentes, a tal grado que sin la Revolución… nuestro país sería hoy una colonia del extranjero con el título de Nación soberana”.

En la iniciativa se propuso una definición de los propósitos del desarrollo económico de México:

“El desarrollo económico tiene por objeto aumentar las fuerzas productivas del país, utilizando los recursos naturales y humanos de que dispone, para elevar de una manera sistemática el nivel de vida del pueblo, incrementar el capital nacional, garantizar la independencia económica de la Nación y distribuir de manera equitativa la riqueza pública”.

Además, la iniciativa contiene una amplia gama de proposiciones, tesis y postulados importantes en materia económica. Así, por ejemplo, define a la propiedad como una función social y la subordina en todas sus manifestaciones a la planificación del desarrollo:

“Siendo la propiedad una función social, todas las actividades económicas, lo mismo las del Estado que las de los particulares, se sujetarán a un plan general de desarrollo, que señalará los objetivos que deben alcanzarse, tomando en consideración exclusivamente los intereses de la Nación”.

Acerca de la prioridad y equilibrio del mercado interior, en la Constitución quedaría sentado que la producción debería orientarse “a cubrir las demandas interiores del país”, equilibrando la de artículos destinados al consumo popular con la fabricación de maquinaria e instrumentos reproductivos”.

Sobre las atribuciones exclusivas del Estado, se añadirían a las que ya recogía el artículo 28 como ramas de la economía exclusivas del mismo, otras de gran importancia, como la siderurgia, los transportes marítimos y aéreos, entre otros. Sobre el inventario de las riquezas naturales, se señalaría como atribución del Estado, la de formularlo. Además, tendría que explorar el territorio nacional de manera constante con el fin de incrementar las reservas.

Una iniciativa trascendente, rica en su contenido.

Acerca de cuáles empresas privadas y bajo qué condiciones podrían recibir ayuda del Estado, la iniciativa propone:

“Las industrias propiedad de los nacionales recibirán la ayuda del Estado para su ampliación y mejoramiento, cuando sus productos se ajusten a las normas de calidad y precio que fije el gobierno federal. Pero no se otorgarán privilegios, dispensa o rebaja de impuestos o medidas de protección arancelaria a las industrias de ensamble o envase, ni a las que no puedan competir en el mercado internacional por su atraso técnico, la calidad o los precios de producción”.

También establece la obligación del Estado de crear una serie de organismos descentralizados encargados de: explotar las reservas minerales, las riquezas forestales y los recursos marítimos; beneficiar minerales y metales; industrializar maderas; producir las materias primas que demanden las empresas que pertenezcan a la Nación, los productos químico farmacéuticos que requieran los servicios asistenciales, de seguridad y los seguros sociales, y todo lo que sea necesario para elevar el nivel de vida de la población.

Acerca de la distribución de las mercancías y para combatir los múltiples vicios que en este renglón de la actividad económica se manifiestan, provocando un extraordinario encarecimiento de la vida, la iniciativa declara:

“Es atribución del Estado regular el mercado interior. Aligerar el aparato de distribución para facilitar la incorporación de las personas dedicadas al comercio en las actividades productivas, y vincular los centros de producción a los de consumo. Estimulará las operaciones mercantiles, impidiendo las alcabalas y las restricciones al tránsito de mercancías dentro del territorio nacional. Dictará medidas para garantizar el precio justo que debe corresponder a los artículos destinados a la alimentación, al vestido y al cuidado de la salud, en beneficio exclusivo de sus productores, castigando las ocultaciones fraudulentas y prohibiendo los incentivos engañosos que traten de alterar los precios. Creará los organismos indispensables para adquirir las mercancías que deban ser almacenadas a fin de evitar fluctuaciones con perjuicio del interés público, y para que puedan distribuirse con prontitud y equidad”.

Sobre las características del comercio exterior, expresa:

“Habrá un plan integral para desarrollar el comercio exterior, bajo la vigilancia estricta del gobierno federal y con todos los países, sin distinción alguna, prefiriendo las que ofrezcan ventajas para la Nación, evitando la salida exhaustiva de las materias primas no renovables, que pertenecen al patrimonio nacional, y para vender preferentemente excedentes de la producción industrial. No se acordarán subsidios a la exportación en perjuicio de los precios que deben regir el mercado interno, ni exenciones a la importación cuando se trate de productos no esenciales para el desarrollo económico. Se gravarán, en beneficio del pueblo, las importaciones de productos suntuarios, innecesarios o superfluos”.

Sobre la celebración de acuerdos y alianzas multinacionales, declara que el Estado deberá promoverlos, con la aprobación del Senado, para defender en común nuestras exportaciones, realizar importaciones y fomentar entre ellos sus relaciones económicas y mercantiles.

Sobre las características de la política y las instituciones bancarias, crediticias y financieras, señala:

“El crédito del país estará sujeto al plan de desarrollo económico. Las instituciones bancarias y financieras privadas, deberán canalizar sus operaciones hacia los objetivos que en el plan se señalen, dando preferencia a las actividades agrícolas, a las industriales y, de manera general, a las productivas”.

También se ocupa de definir las funciones y el criterio para la jerarquización de las inversiones del sector público, en sus aspectos social y económico, así como las áreas en las que podrían participar las inversiones privadas nacionales y las de capital extranjero, así como sus limitaciones.

Propone asimismo condiciones específicas a las que se debe sujetar la adquisición de créditos en el exterior con el fin de evitar el sobre endeudamiento y la concreción de compromisos que pongan en riesgo la soberanía de la Nación.

Acerca de la sanción que debe aplicarse a quienes realicen prácticas monopólicas y especulativas encaminadas a encarecer la vida o a violar las disposiciones legales relativas a los porcentajes para la aceptación de capitales extranjeros, propone la expropiación de sus bienes y su incorporación a las empresas del Estado que realicen actividades semejantes.

Sobre la reforma fiscal a fondo, cuyas características fundamentales se elevarían a rango constitucional y serían: tendencia hacia la desaparición de los impuestos indirectos, por su carácter injusto y regresivo[6]. Tendencia, igualmente, hacia la desaparición de los impuestos directos sobre productos del trabajo, es decir, los que gravan los salarios. Avanzar hacia el establecimiento de “un impuesto único basado en el principio de la aportación creciente de acuerdo con el monto y la rentabilidad del capital invertido. Establecer límites a las utilidades de las empresas, dependiendo de las ramas de actividad a la que se dediquen y su grado de interés para el desarrollo nacional”.

Con respecto de los salarios, propone establecer en la Constitución el principio de la escala móvil, como manera de compensar el aumento en el costo de la vida y evitar el deterioro de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Además, también en el ámbito de la defensa del poder adquisitivo del pueblo, señala que la ley debe fijar el monto de los alquileres de viviendas; que la ley debe, asimismo, fijar los precios de los artículos de primera necesidad; que la ley determinará los bienes que constituyan el patrimonio de la familia, con las características y finalidades que señala la fracción XXVIII del artículo 123. Y se ocupa, finalmente del tema de la coordinación fiscal entre la federación, los estados y los municipios. Al respecto, deja sentada la necesidad de un régimen único y adecuadamente coordinado.

La iniciativa referida cobra hoy mayor vigencia que nunca, a la vista de la grave crisis económica, política y social en que se encuentra México, como resultado de haber seguido el camino contrario al que propuso Vicente Lombardo Toledano, y que, en cambio, se viene aplicando con notorio éxito en la mayor parte de América Latina, iniciativa que, en su expresión más sintética, se resume en la fórmula: nacionalizar es descolonizar.

Otra iniciativa vinculada a la anterior, sobre la planeación de la economía nacional.

En el mismo periodo de sesiones de la XLVI Legislatura en que presentó la iniciativa para un nuevo capítulo en la Constitución en materia económica, el grupo parlamentario del Partido Popular Socialista presentó también una iniciativa de Ley de Planeación Económica Nacional, que vendría a ser complementaria de la primera. En su exposición de motivos se habla de los problemas que enfrenta la economía del país y que deben atacarse:

“Los problemas más importantes que confronta el desarrollo actual de México, hacen ya inaplazable la creación de un organismo encargado de la programación del proceso económico en escala nacional. Entre ellos señalamos los siguientes. La fuerte desigualdad que persiste en la distribución del ingreso nacional, manteniendo un mercado interno raquítico que no puede absorber incrementos substanciales de la población, la cual tarde o temprano frenará su desarrollo y el de toda la economía. El desequilibrio permanente de nuestra balanza comercial con el exterior, compensado sólo por el turismo, los créditos y las inversiones extranjeras, factores que pueden reducirse con cualquier cambio en la política de los países que los proporcionan, y que al lado de sus aspectos útiles tienen muchos negativos. El atraso tecnológico y la baja productividad del sector agropecuario, que mantiene al 50% de la población en niveles de subconsumo, agravados constantemente por el acelerado crecimiento demográfico. Los problemas de carácter institucional y social, como son los subsidios e impuestos; el crónico déficit nutritivo de la población; la situación deficitaria en habitaciones y servicios de agua y drenaje; el analfabetismo; la escasez de trabajadores capacitados, etcétera, son obstáculos que es necesario eliminar para consolidar el proceso del desarrollo”. [7]

También se dice que la planeación permitiría prever, ordenar y articular las diversas actividades para evitar efectos anárquicos, duplicidades de esfuerzos y dispendios; permitiría impulsar el desarrollo integral por regiones, zonas o cuencas hidrográficas, y obtener el máximo rendimiento de los recursos de todo tipo incluidos los naturales. Se añade que la planeación es el mejor medio para disminuir los efectos de las crisis y los recesos económicos, porque pueden preverse y tomarse las medidas oportunas.

Además, en la concepción del PPS, la planeación sería un ejercicio democrático amplio y, a la vez, científica y tecnológicamente sustentado, porque:

“Teniendo en cuenta que los programas de desarrollo económico nacional deben contar con el respaldo de la mayoría de la población, es indispensable que el organismo encargado de su elaboración cuente con la participación y el consejo de todos los sectores, realizando sus trabajos sobre bases tecnológicas firmes, estudiadas por grupos de especialistas y por representantes de las diferentes actividades del proceso económico del país”.[8]

Vicente Lombardo Toledano y su partido lucharon asimismo para impulsar el desarrollo científico del país, en el frente parlamentario entre otras palestras. De acuerdo con sus ideas, al Estado le correspondía asumir la tarea de impulsar el desenvolvimiento de la ciencia y la técnica, que a su vez habrían de repercutir de manera importante en el ulterior desarrollo económico de la nación. Así lo planteó en diversas ocasiones en el Congreso de la Unión, entre otras en la ya citada iniciativa para adicionar a la Constitución un nuevo capítulo en materia económica, pero además en una proposición para crear la Academia de Ciencias de México, presentada en diciembre de 1966.

Ésta habría de ser el núcleo y centro director y coordinador de los esfuerzos de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, las universidades de provincia y todo el conjunto de entidades que tienen centros de investigación científica, de exploración y explotación de las riquezas de nuestro territorio, de estudios sociológicos, económicos e históricos, de conocimiento de las características de nuestra población, de preparación de cuadros de la ciencia, la técnica y la producción.

Habría de ser la institución que condujera el plan general que evitara la repetición y el desperdicio de esfuerzos y recursos.

“México está pasando por una etapa de transición entre su largo pasado de país dependiente y su futuro, que esperamos sea inmediato, de país suficiente desde el punto de vista económico. Pero si no redobla sus esfuerzos en todos los órdenes de su vida colectiva, la distancia que lo separa de los países más adelantados será más larga, porque éstos disponen de medios de todo tipo, de los que el nuestro carece, para acelerar todavía más su evolución histórica. Si las grandes naciones marchan bajo el apremio de muchas presiones y exigencias, México vive con angustia por el número y la magnitud de las suyas, que lo obligan a superar los índices de su crecimiento natural en un periodo breve”.[9]

[1] Decimocuarto fragmento de mi investigación titulada “Lombardo y su influencia en la vida política de México”, en proceso de edición por el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano”.

[2] Maestro en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador de tiempo completo. Coordinador de Investigación del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano”.

[3] Intervención del diputado Vicente Lombardo Toledano. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 20 de diciembre de 1965. Todos los datos y citas textuales que siguen en este artículo corresponden a la misma fuente, excepto en los casos en que de manera específica se señale una distinta.

[4] El proceso de intervención del Estado en la economía se dio por tres vías, según lo explica Juan Campos Vega: “expropiando, como en el caso del petróleo; creando instituciones y empresas, como en el caso de la Comisión Federal de Electricidad, y comprando acciones, como en el caso de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Juan Campos Vega, El desarrollo económico de México. México, Escuela Superior de Economía del I.P.N. 1998. p.16 (Tesis para obtener el título de licenciado en economía)

[5] Vicente Lombardo Toledano. Iniciativa para adicionar una nuevo capítulo sobre la economía, a la Constitución”, presentada el 5 de octubre de 1965 en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 5 de octubre de 1965.  Disponible en CEFPSVLT, Escritos sobre las constituciones de México. Los subsecuentes datos y citas textuales corresponden a la misma fuente, con excepción de aquéllos en que específicamente se cite una distinta.

[6] Son los impuestos que gravan el consumo, como el Impuesto al Valor Agregado, IVA.

[7]Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 14 de diciembre de 1965. También se le puede consultar en Iniciativas parlamentarias…, op. cit. Tomo I, pp. 155-162.

[8] Ibidem.

[9] Proposición del grupo parlamentario del PPS para crear la Academia de Ciencias de México. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 13 de diciembre de 1966.

Edades para la historia de la humanidad

Christian Jürgensen Thomsen mostrando la colección del Museo de Copenhague
Christian Jürgensen Thomsen mostrando la colección del Museo de Copenhague

Durante el primer tercio del siglo XIX se formuló la idea, fundamental para la arqueología, que se afana por periodizar, de que el hombre desde su origen hasta los tiempos presentes había transitado por ciertas etapas de desarrollo tecnológico, identificables en sus restos culturales. Esto ocurrió en Dinamarca, y se señaló que estos periodos podían apreciarse en las colecciones materiales del Museo de la Universidad de Copenhague. Primero hubo, se dijo, una Edad de la Piedra, a la que le siguió una Edad del Bronce y posteriormente una del Hierro. A esta idea se le llamó el Sistema de las Tres Edades y fue propuesta por Christian Jurgensen Thomsen al organizar la colección del Museo, alrededor de 1819[1].

La idea de que a una etapa de los metales había antecedido una etapa de la piedra no era nueva. Ya en el siglo XVI Michel Mercatus[2] (1541-1593) había dejado un manuscrito al respecto, que fue editado más de 120 años después, en 1717. En él, Mercatus discute sobre las piedras llamadas Ceraunia que, se consideraba, eran piedras producidas por la acción de los relámpagos, ya sea porque éstos las traían consigo, o porque las producían al golpear la tierra. En este texto Mercatus aventura la idea de que son objetos producidos por el hombre y de que, históricamente, al uso del hierro le había precedido el uso de la piedra para fabricar instrumentos y armas de guerra. Ceraunia, consideraba, no pertenece a una clase natural pues son objetos que fueron hechos artificialmente.

Ceraunia es abundante en Italia, donde es popularmente llamada ‘Sagitta’ (flecha), pues la forma en que está tallada es la de un arma triangular, hecha de sílex, delgada y dura. Se sostienen dos opiniones con relación a esto. La mayoría de los hombres creen que es depositada por los relámpagos. Aquellos que estudian historia piensan que antes del uso del hierro fue tallada a partir de piedras más duras, para ser usada en esa locura que es la guerra. […] Nos sentimos satisfechos sin embargo, si hemos podido mostrar que Ceraunia de esta clase ha sido producida por los antiguos [hombres]. Esto se demuestra por su material y forma, se ve apoyado por su nombre, y se confirma, finalmente, por su uso. Si esto puede ser probado como cierto, entonces Ceraunia no debe ser incluida en la categoría de sustancias idiomórficas, pues podría haber sido hecha artificialmente[3].

La Edad de la Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro

En 1836 Thomsen publicó la primera guía del Museo de Dinamarca, en la que expuso sus ideas sobre las tres épocas en que había transcurrido la vida del hombre[4].

Lo que queremos establecer puede ser considerado sólo como conjeturas que seguramente serán mejor clarificadas, y verificadas o modificadas por las observaciones y el estudio de estos objetos por varios expertos. Para facilitar este estudio, asignaré nombres particulares a los varios periodos cuyos límites sin embargo, no pueden ser definidos con exactitud.

La Edad de Piedra, o el periodo en que armas e instrumentos fueron hechos de piedra, madera, hueso y materiales similares, y en el cual los metales fueron conocidos o muy poco o nada. […]

La Edad de Bronce, en la cual las armas y los utensilios cortantes fueron hechos de cobre o bronce, y en la que el hierro y la plata habían sido o muy poco o nada conocidos. […]

La Edad del Hierro, el tercero y último periodo de los tiempos paganos, en el cual el hierro fue usado por aquellos objetos para los que es particularmente apropiado, por lo que tomó el lugar del bronce para esas cosas […][5].

Estos conceptos contribuyeron a formar una idea general sobre cómo había transcurrido la historia humana y, debido a que no se concentraba particularmente en historias locales, trajo consigo cierta lectura del tiempo humano que posibilitó comprender de una cierta manera la historia de la humanidad: ésta podía entenderse como una sucesión ordenada de distintos estadios de desarrollo tecnológico. La clasificación de los tiestos empezaba a rendir frutos en la interpretación de la historia humana. Por primera vez los estudiosos de los bienes antiguos, curadores de museos, coleccionistas, tenían un modelo contra el cual cotejar el cúmulo de objetos que atesoraban, una propuesta para organizar sus datos. Esta interpretación fue relevante en la historia de la arqueología y marcó, quizá, el inicio de la arqueología moderna, con sus futuros análisis tipológicos: clasificar, organizar, atribuir, se pensó, brindaría elementos para el reconocimiento, el análisis y la distinción de las culturas, tanto en lo espacial como en lo temporal.

Contribuciones de la geología

Recuérdese que en 1833, casi paralelamente a estos eventos, había sido publicado por Charles Lyell el último volumen de la trilogía The Principles of Geology, que tuvo gran influencia en la estructuración del pensamiento geológico y biológico de la época. Lyell había analizado y destacado lo más importante de las ideas de muchos científicos de su época y de épocas anteriores, entre ellos Hutton[6] y había formulado sus propias conclusiones, logrando, con su amplia y fundamentada exposición, que algunos de los principales personajes de la ciencia de su época aceptaran sus planteamientos respecto del largo tiempo de existencia de la Tierra: los estratos de la superficie terrestre se habían formado más bien con lentitud y se debían en gran medida a fenómenos naturales similares a los que se podían apreciar en ese momento y muy rara vez debido a catástrofes. Este replanteamiento de ideas exigía de la Historia Natural una enorme ampliación del tiempo de la vida en la tierra para dar cuenta de las condiciones actuales de la corteza terrestre y de los restos fósiles que en ella se encontraban. Era pues, un tiempo de ideas de la larga historia de la vida de la Tierra y de la vida del ser humano en ella.

Aura Ponce de Léon, diciembre de 2014.


Referencias.

Childe, V. G. (1956/77), Introducción a la Arqueología, Barcelona, Ariel [original: A short Introduction to Archaeology, Londres: Frederik Muller Ltd., trad. de Ma. Eugenia Aubet].

Clarke, D. L. (1968/84), Arqueología Analítica, Barcelona, Bellaterra [original: Analytical Archaeology, Londres, Methuen & Co., revisión de Bob Chapman, trad. de Bellaterra con supervisión de Ma. Eugenia Aubet, Joan Miró i Matller y F. Riera i Doménech].

Daniel, G. (1968), El concepto de prehistoria, Barcelona, Labor [original: 1960, The idea of prehistory, Londres, Watts & Co., trad. de Ramiro Sánchez Sánz].

Heizer, R. (1962), Man´s Discovery of his past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice-Hall.

Lyell, Ch. (1830, 1832, 1833), Principles of Geology, being an Attempt to Explain the Former Changes of the Earth’s Surface, by Reference to Causes now in Operation. London, John Murray, Vols. I (1830), II (1832) y III (1833).

Mercatus, M. (manuscrito siglo XVI/1717/1962), “On Ceraunia Cuneata”, in: Heizer, R, 1962, Man´s Discovery of his Past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice Hall, pp. 63-67.

Mortillet, G. de (1883/1885), Le préhistorique, Antiquité de l’homme, Paris, C. Reinwald.

Thomsen, C. J. (1836/1962), “The Various Periods to which Heathen Relics can be Assigned”, in: Heizer, R., 1962, Man´s Discovery of his Past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice Hall, pp.21-26.


Notas.

[1] Véase la introducción y el capítulo II de Mortillet, 1883/1885; véase también Daniel, 1968, p. 28, y Childe, 1956/77, p. 48).

[2] Mercatus fue un naturalista a cargo, por cierto tiempo, de los jardines botánicos del Vaticano (Clarke, 1968/84: 4). Fue también médico del Papa Clemente VIII. Escribió acerca de diversos temas que por su posición en la sede religiosa tuvo oportunidad de conocer, por ejemplo algunos tipos de objetos de piedra clasificados entonces como Ceraunia cuneata y Ceraunia vulgaris (Heizer, 1962: 62).

[3] Mercatus, manuscrito siglo XVI/1717/1962: 65, 67.

[4] Thomsen, 1836/1962: 21-26.

[5] Íbidem, 21-2.

[6] Lyell, 1830: 60


Imagen de Thomsen albergada en wikipedia.

Parte de este texto proviene del libro Arqueología cognitiva presapiens, de la autora, 2005, México, CEFPSVLT.

La Universidad Nacional en manos de la reacción

La Universidad Nacional en manos de la reacción*

Por Emilio García Bonilla

Autonomía Completa

El 17 de octubre de 1933 fue presentada ante el Poder Legislativo la iniciativa del Ejecutivo federal para reformar la Ley Orgánica Universitaria y que había elaborado el secretario de Educación Pública, Narciso Bassols.

La intervención del diputado Alberto Bremauntz fue una de las más acertadas porque planteó el problema en la Universidad en sus adecuadas dimensiones: identificó como el origen del conflicto a la reacción que provocó la “tesis radical” aprobada por el Congreso de Universitarios y que llevó a que los elementos conservadores se agruparan para “contradecir y desvirtuar” el acuerdo que había surgido de ese congreso. Por eso el legislador preguntó a sus colegas si estaban seguros de dejar a la institución educativa en manos de esos elementos reaccionarios que muy probablemente pondrían los recursos económicos otorgados por el Estado al servicio de los enemigos de la Revolución.[1]

Narciso Bassols
Narciso Bassols

Cuatro diputados se inscribieron para hablar en contra del proyecto, pero desistieron una vez que Bassols presentó su exposición de motivos, siendo aprobada la iniciativa “con grandes aplausos”. Quedó, así, derogada la ley de 1929, estableciéndose “que el patrimonio de la Universidad lo constituirán los edificios de que dispone en la actualidad. El resto del año en curso [1933], la Federación cubrirá sus gastos conforme a la vieja ley y a partir de 1934 y durante cuatro años, la misma Federación, si las circunstancias lo ameritan, dará a la Universidad proporcionalmente hasta diez millones de pesos, sin más ministraciones posteriores”. Esta medida representaba un paso importante hacia la completa autonomía, según las declaraciones del comité directivo de la huelga, que consideró que, en los cuatro años que tendría el subsidio de la federación, la Universidad podría asegurarse un patrimonio propio que le permitiría una vida liberada en el orden económico. Bassols señaló que al desatenderse de la Universidad Nacional, el gobierno federal dedicaría sus recursos a incrementar la enseñanza técnica y a desarrollar las universidades en los estados.[2]

Con esto se dio por concluida la crisis en la Universidad Nacional: el gobierno dejó en manos de los propios universitarios la resolución del problema pero quedó favorecido el grupo que con la huelga había tomado por asalto la institución educativa. La nueva ley generó otro cúmulo de opiniones publicadas en la prensa, comenzando con las declaraciones de Vicente Lombardo Toledano, quien finalmente fue destituido como director de la Escuela Nacional Preparatoria siendo expulsado de la Universidad junto a otros catedráticos que le eran afines y que apoyaron la orientación socialista.

Lombardo declaró que el grupo conservador de la Universidad se había opuesto a aplicar una orientación a la enseñanza a pesar de que hubiera profesores de una misma asignatura que se contradecían existiendo una completa anarquía en la que se tomaba como verdad “aquella que con mayor habilidad explica el más elocuente profesor”, resultando que la moral con más adeptos era “la del éxito personal, para obtener un título en el menor tiempo de estudio posible aunque no sepa nada, careciendo de responsabilidad social”. Sin sentirse derrotado, Lombardo Toledano señaló que confiaba en que tarde o temprano “la revolución creará una escuela socialista, para tener técnicos que la organicen y desarrollen”. Con su destitución consideró que se cerraba un ciclo y declaró que no volvería a ocuparse de la Universidad ni de la Preparatoria y se dedicaría “a trabajar y a esperar”.[3] Finalmente, comentó que las universidades de Guadalajara, Tabasco y Mérida se preparaban para adoptar una orientación socialista, como la que se negó para la Universidad Nacional, en acatamiento de los acuerdos del Congreso de Universitarios.[4] La Universidad Michoacana y la de Sinaloa irían en el mismo sentido.

Leña del Árbol caído

Una vez que Lombardo salió de la Universidad, en los diarios fueron más que evidentes los ataques y críticas de que fue objeto él y quienes respaldaron la orientación ideológica de la enseñanza superior. En Excélsior, Manuel González Flores publicó un artículo en el que celebraba que “poco a poco va disipándose la desorientación que en un principio produjo en el campo universitario la tesis del licenciado Lombardo Toledano”, y al ser rechazada en la Universidad Nacional esa posición, los jóvenes universitarios debían de mostrarse agradecidos con Antonio Caso, “el único maestro que supo ponerse a la altura de su deber en los momentos en que un bien organizado grupo de políticos burdamente disfrazados de mentores, clamaban con metáforas sonoras nada menos que por la destrucción de nuestro máximo centro de cultura”, por lo que era necesario reivindicar a la institución educativa “seleccionando el profesorado y haciendo efectiva la disciplina estudiantil”[5].

El periódico conservador Omega señaló que en la Universidad se había impuesto “el individualismo y el poderoso espíritu liberal” sobre “las teorías demoledoras del marxismo judaizante [sic]”, obteniendo “un triunfo clamoroso y durable”[6].

Desenlace del conflicto

Ante el anuncio de que el gobierno federal sólo proporcionaría a la Universidad Nacional cierta cantidad de dinero durante cuatro años, se empezó a hablar de la necesidad de recortar los gastos de la institución y de disminuir los salarios de los directivos.[7] Sobre ese asunto, Luís Chico Goerne, unos de los catedráticos dirigentes de la huelga, se dijo satisfecho porque “queríamos la Universidad libre, sin dinero, y nos la dan con diez millones de pesos”[8].

Luego de la aprobación de la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad, y en espera de su promulgación, comenzó a prepararse la renovación en todos los niveles de la institución: elegir a nuevos directores de las escuelas y facultades, nombrar a un nuevo rector y determinar el rumbo que tendrían las organizaciones estudiantiles para no caer en “radicalismos”[9].

Se crearon nuevas agrupaciones estudiantiles que ocuparan el lugar de la repudiada Confederación Nacional de Estudiantes, como fue el caso de la Asociación Universitaria “Reivindicación Social”, que tuvo como principales objetivos: apoyar las reformas promovidas por los profesores e impedir que se formaran camarillas “ya que son peligrosas y nefastas”[10].

Manuel Gómez Morín
Manuel Gómez Morín

Entre los universitarios hubo voces que clamaron para que Antonio Caso se hiciera cargo de la rectoría de la Universidad pero se negó a aceptar esa distinción aclarando que se conformaba con seguir siendo profesor porque “el sueño de mi vida había sido tener una Universidad enteramente autónoma, lo hemos conseguido”, y una vez alcanzada esa meta, incluso podría retirarse de la docencia.[11] En vista de la negativa de Caso, las preferencias de los universitarios se agruparon en torno a dos candidatos: Manuel Gómez Morín, profesor de la Facultad de Derecho, y Fernando Ocaranza, ex Director de la Facultad de Medicina, siendo el primero de ellos el favorecido por el Consejo Universitario, tomando posesión de la rectoría de la Universidad el 23 de octubre de 1933, iniciando así una nueva etapa de la máxima casa de estudios.

Consideraciones Finales

El conflicto universitario de 1933 despertó en la opinión pública, y especialmente en la prensa, el interés por la discusión que culminó en el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos en el que prevaleció la tesis del grupo encabezado por Vicente Lombardo Toledano que contó con adeptos en algunas universidades estatales y en la Confederación Nacional de Estudiantes.

Sin embargo, en la Universidad Nacional, el grupo contrario a la orientación socialista de la educación inició un movimiento de agitación principalmente en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, teniendo como primeras exigencias la renuncia de Roberto Medellín a la rectoría y de Lombardo Toledano a la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria, el primero por mostrarse dispuesto a acatar las resoluciones del Congreso de Universitarios, y el segundo por ser el principal ideólogo de la tendencia marxista en la Universidad.

Los articulistas de la prensa, al ser contrarios al socialismo, o lo que entendían como tal, criticaron la postura ideológica que aprobó el Congreso de Universitarios, etiquetando como sectarios a sus defensores e influyendo en la opinión pública para rechazar una orientación en la Universidad, aunque no alcanzaran a comprender cabalmente el proyecto presentado por Lombardo.

La huelga que siguió al Congreso de Universitarios llegó a actos violentos, choques entre los estudiantes que defendían una y otra posición. Tales desórdenes obligaron al gobierno federal a intervenir como lo había hecho en 1929, presentando al Congreso de la Unión una iniciativa para reformar la Ley Orgánica de la Universidad, planteando la autonomía completa para esa institución educativa, incluso en la cuestión económica.

Al conceder la autonomía total a la Universidad, el gobierno de la República terminó por aprobar al grupo que fue relegado ideológicamente en el Congreso pero que se había valido de todos los medios para hacerse del control de la institución, por lo que en aras de la libertad y la cultura relegaron a los estudiantes y catedráticos que propugnaban por darle un sentido ideológico a la educación.

Al llegar Gómez Morín a la rectoría, la Universidad Nacional entró en una etapa oscura en la que sirvió a los intereses de empresarios y banqueros, quienes al tener la capacidad de aportar donativos y financiar las actividades de la institución, tuvieron también la prebenda para influir en los contenidos de los programas de estudios de las escuelas y facultades. También se posicionaron grupos católicos, como los jesuitas.[12]

Por otro lado, los profesores encabezados por Lombardo Toledano fundaron en febrero de 1934 la Universidad “Gabino Barreda” para demostrar en la práctica la orientación socialista de la educación,[13] además en agosto de ese año se llevó a cabo en Puerto Álvaro Obregón, Tabasco, el Congreso de Estudiantes Socialistas entre cuyos acuerdos estuvo el de apoyar la reforma al artículo tercero constitucional que ya se discutía en el medio político[14].

Si bien el sector conservador impidió que la educación impartida en la institución universitaria más importante del país tuviera una orientación ideológica, en la educación básica sí prosperó esa reforma y en diciembre de 1934 se aprobó un nuevo texto que establecía que “la educación que imparta el Estado será socialista, y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo y de la vida social”[15].

La fundación del Instituto Politécnico Nacional en 1936 como una institución destinada a impartir  educación superior gratuita a jóvenes de familias trabajadoras y buscar consolidar a través de ella “la independencia económica, científica, tecnológica, cultural y política para alcanzar el progreso social de la nación, de acuerdo con los objetivos históricos de la Revolución Mexicana”,[16] tuvo desde un inicio una clara orientación educativa.

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* Último fragmento de la investigación “El conflicto universitario de 1933 en la prensa mexicana” presentada como ponencia en el VIII Coloquio La prensa como fuente para el análisis en las Ciencias Sociales realizado en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en noviembre de 2013.

[1] Intervención del Diputado Alberto Bremauntz, Diario de los Debates, Cámara De Diputados, XXXV Legislatura, Año II, Período Ordinario, No. 14, 17 de octubre de 1933.

[2] “La Universidad será realmente autónoma según una nueva ley”, El Diario del Norte, Saltillo, 18 de octubre de 1933, y “Se terminó el conflicto de la Universidad”, La Opinión, Torreón, 17 de octubre de 1933, en Archivo Histórico de la UNAM, Colección: Memoria Universitaria, Sección: Publicaciones Periódicas, Sub-sección: Noticias Universitarias (en adelante AHUNAM).

[3] Pasaron 26 años para que Lombardo Toledano volviera a la Universidad Nacional, invitado por Pablo González Casanova, director de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, donde dictó la conferencia “La batalla de las ideas en nuestro tiempo” el 17 de julio de 1959.

[4] “Verdadero origen del conflicto universitario. Opinión del Sr. Lombardo Toledano en este asunto”, El Mundo, 18 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[5] Manuel González Flores, “Por mi Raza Hablará el Espíritu”, Excélsior, 21 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[6] “El vigoroso impulso del espíritu público arrolla a los banderizos radicales”, Omega, México, 23 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[7] “Confianza en la autonomía universitaria”, El Dictamen, Veracruz, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[8] “La queríamos sin dinero y nos la dieron con millones”, El Nacional, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[9] “Mañana se reunirá el Constituyente de la Universidad“, El Universal Gráfico, 20 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[10] “Lo que persigue la Asociación Universitaria”, El Universal, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[11] “La queríamos sin dinero y nos la dieron con millones”, El Nacional, 19 de octubre de 1933, en AHUNAM.

[12] Juan Hernández Luna, “Prólogo a la polémica en la prensa sobre marxismo: Antonio Caso vs Francisco Zamora”, en Idealismo vs Materialismo. Polémicas filosóficas, México, Masonería Filosófica de Michoacán-Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano-Asociación Francisco J. Múgica, 2008, p. 109.

[13] Esta institución daría lugar en 1936 a la Universidad Obrera de México, enfocada específicamente a la educación de los trabajadores en el aspecto político, sindical y cultural. Las escuelas técnicas y científicas de la Universidad “Gabino Barreda” pasaron a formar parte del IPN al fundarse este en 1936, como la Escuela de Bacteriología que se transformó en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas.

[14] Rosa María Otero y Gama, Vicente Lombardo Toledano. Datos biográficos, México, Universidad Obrera de México, 1988, pp. 32-33.

[15] Citado por VLT, “Prólogo” [1963], Idealismo vs Materialismo Dialéctico. Polémica Caso-Lombardo, México, Universidad Obrera de México, 2010: p. 25.

[16] Artículo 1° de la Ley Orgánica del Instituto Politécnico Nacional.

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