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Keynes, sus ideas contrarias a las del intervencionismo mexicano.

Keynes, sus ideas contrarias a las del intervencionismo mexicano.

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.

Numerosos economistas y politólogos han confundido la intervención del Estado en la economía que surgió de la Revolución Mexicana –y de la que Lombardo llegara a ser su principal teórico— con la que diseñara el economista británico John Maynard Keynes, y su “estado regulador y benefactor”. Proliferan los artículos y libros que dicen equivocadamente que la política económica de Cárdenas y sus nacionalizaciones, y las que siguieron, por muchos gobiernos mexicanos más, fue la aplicación del keynesianismo en México y constituyó una simple copia de lo que hicieron los países capitalistas desarrollados en los tiempos de Roosevelt y otros gobernantes; y hay textos que hasta afirman que se trató de una imposición externa, decidida por esas mismas potencias.

Es un error generalizado atribuir a Keynes la intervención del Estado en la economía que se aplicó en México.
Es un error generalizado atribuir a Keynes (en la imagen) la intervención del Estado en la economía que se aplicó en México.

Es un error generalizado, pero inaceptable; no fue ni lo uno ni lo otro. No pudo serlo por dos razones: primera, porque la intervención del Estado en la economía en México surgió dos décadas antes de que aparecieran los primeros trabajos de Keynes sobre este tema, y segunda, porque el contenido de la primera fue distinto; más todavía, sus fines fueron opuestos, a los del intervencionismo ideado por el autor británico, como veremos más adelante.

Keynes apenas se ocupó del tema veinte años después que el Constituyente mexicano.

En efecto, como se puede comprobar, Keynes empezó a publicar sobre este asunto hasta mediados de la década de los treintas, en tanto que la base jurídica del intervencionismo mexicano quedó asentada en nuestra Constitución desde 1917.[1] De hecho, el citado economista originalmente fue partidario del liberalismo económico, y contrario, por tanto, a la intervención del Estado en la economía, y fue apenas en 1922 cuando inició su ruptura con esa línea de pensamiento, con su libro Una revisión del tratado de Versalles, rompimiento que se formalizaría con la publicación de El fin del laissez-faire, en 1926. Pero despertó el interés del mundo académico hasta 1930, cuando se publicó su Tratado del dinero.

Adam Smith, fundador de la economía clásica, junto con David Ricardo.
Adam Smith, fundador de la economía clásica, junto con David Ricardo.

Un año antes se había iniciado la traumática crisis del capitalismo mundial de 1929, que demostró en la práctica la inviabilidad histórica del régimen capitalista inspirado en las teorías del libre mercado de Adam Smith y David Ricardo[2]. Fue por entonces cuando surgió el interés de Keynes por formular una teoría económica general diferente de las concepciones de esos autores, que eran las dominantes, esfuerzo que culminó en 1936, con la publicación de su Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, su obra principal[3].

Fue también el momento en que Keynes pasó a ser un economista con influencia notable en el mundo político del capitalismo desarrollado, y se convirtió en el teórico de la reforma que condujo al llamado Estado regulador -que no debería dejar la economía en manos de las fuerzas ciegas del mercado, so pena de que desembocara en crisis, como la de 1929; y que llevó asimismo al llamado Estado de bienestar, que debe redistribuir entre las masas trabajadoras parte de la riqueza generada –aligerando así sea levemente el fenómeno de la concentración- con el fin de fortalecer el mercado interno. Ambas formas de Estado, por cierto, hoy enterradas por el neoliberalismo económico en boga. Pero el hecho es que para ese momento, la Constitución mexicana estaba por cumplir veinte años de existencia, de manera que ni remotamente pudo inspirarse en las ideas keynesianas, ni copiar nada de ellas, como se ha divulgado erróneamente.

El Estado keynesiano intervendría en la economía en favor del capitalismo imperialista.

Junto con Adam Smith, los principales teóricos de la economía de libre mercado, contra las limitaciones del feudalismo.
Junto con Adam Smith, los principales teóricos de la economía de libre mercado, contra las limitaciones del feudalismo.

Pero lo más importante a precisar es que ambas concepciones, la nuestra y la de Keynes, fueron contrarias en su orientación y objetivos finales. En primer término, el teórico británico propuso la intervención del Estado en la economía como una fórmula anticrisis. Para él, la intervención del Estado sería en calidad de regulador o árbitro entre los monopolios y consorcios que para entonces ya dominaban la economía mundial, con el fin de evitar que la lucha sin cuartel acabara dañándolos a todos. Es en este sentido que se habla en el lenguaje keynesiano de un Estado regulador. Keynes consideró necesaria la intervención del Estado asimismo para financiar y subsidiar con dinero público las ramas de la economía menos rentables, y para rescatar las grandes empresas privadas en quiebra, sanearlas y devolverlas a los propietarios privados tan pronto hubieran recobrado su alta rentabilidad. Como se puede deducir, Keynes se ocupaba de los problemas que afectaban a los Estados de capitalismo desarrollado –Estados imperialistas– y les buscaba soluciones para mantenerlos saludables. Fue, por tanto, un economista al servicio del capitalismo en su etapa imperialista.

Persiguiendo objetivos estrictamente favorables a los monopolios, el Estado expropiaría ciertas empresas o ramas de la economía. Pero en ningún caso las nacionalizaría, en el sentido que Lombardo da a ese término, es decir, no las pondría al servicio de los intereses de toda la Nación, sino que, con esos actos, lo que buscaría el Estado sería beneficiar de manera particular a los dueños del gran capital. A esos rasgos característicos del keynesianismo obedece el hecho de que, en el lenguaje de la economía política marxista se le denomine capitalismo monopolista de Estado, puesto que se trata de una modalidad del capitalismo que conjunta a los monopolios y al Estado, asignando a éste, con todos sus recursos, la función de ejercer una función mediadora y reguladora al servicio de aquéllos.

Aplicó la doctrina de Keynes sobre el Estado regulador y benefactor.
Franklin D Roosevelt aplicó la doctrina de Keynes sobre el Estado regulador y benefactor.

En el ámbito de lo social, la reforma keynesiana condujo al llamado Estado de bienestar (Welfare State) que debe reconocer ciertos derechos e introducir ciertas prestaciones sociales. Con ello, se intenta redistribuir entre las masas trabajadoras una parte proporcionalmente pequeña de la riqueza generada en la sociedad, con objeto de aligerar el proceso de concentración del producto en pocas manos, pero no combatirlo ni intentar desaparecer esa tendencia que ha de seguir su marcha implacable, aunque ha de hacerlo a un ritmo ligeramente más lento.

Los países capitalistas de alto desarrollo o imperialistas, para los cuales pensó Keynes su reforma, obtienen dos ventajas al redistribuir la riqueza social de manera leve: por una parte, fortalecen su mercado interno, con lo cual alejan las crisis económicas del sistema capitalista, aunque no las eliminan; y por otra, evitan que las contradicciones sociales alcancen altos grados de agudización dentro de sus fronteras, y les generen problemas de inestabilidad y lucha a los que ahora se denomina ingobernabilidad. Al mismo tiempo, con el objeto de compensar lo que con las reformas keynesianas dejaron de percibir como ganancias rápidas dentro de sus poderosos países, los propietarios del capital imperialista intensificaron la explotación de los países dependientes sometiéndolos a formas más intensas de saqueo de sus recursos y expoliación de su fuerza de trabajo.

Más explotación y menos salarios significaron también una mayor agudización de las contradicciones sociales dentro de la periferia del sistema capitalista mundial, a cambio de la relativa estabilidad que lograron dentro de las potencias dominantes, su casa; transfirieron de esta manera a los países tercermundistas, convertidos en sus neocolonias, toda la carga de la inestabilidad social y política. Por eso, durante décadas, contrastó la relativa paz y tranquilidad interna de que gozaron las países imperialistas fronteras adentro, con las crisis y sacudidas casi permanentes que golpearon a los países dependientes, situación que empieza a cambiar apenas en nuestros días, cuando la crisis del sistema capitalista en su conjunto se ha profundizado y alcanza tales niveles de agudización que las potencias ya no pueden seguir aplicando el keynesianismo con su “Estado de bienestar” ni siquiera fronteras adentro.

La de Cárdenas, en cambio, fue una política antiimperialista, surgida de la Revolución Mexicana.
La de Lázaro Cárdenas (en la imagen), en cambio, fue una política antiimperialista, surgida de la Revolución Mexicana.

De Keynes se puede decir, en síntesis, que no fue un teórico que haya renovado al capitalismo en el sentido de eliminar sus contradicciones y, por ende, extirpar sus crisis, como quizá haya sido su aspiración y como se le quiso presentar. Tampoco fue alguien que cambiara al capitalismo en general por uno más humano en beneficio de los pueblos, de todos los países y de todas las clases sociales, como también han dicho sus panegiristas. Nada de eso. Keynes sólo aportó salidas temporales -ahora ya agotadas, por cierto-, a los problemas que enfrentaban las potencias del capitalismo central en plena fase imperialista; y como un subproducto, estimuló el surgimiento de ciertos beneficios menores para la clase trabajadora de dentro de esas potencias; sus fórmulas, sin embargo, afectaron los intereses de los países dependientes y, en particular, a su clase trabajadora.

La intervención del Estado en la economía, surgida en México, conduce a la independencia respecto del imperialismo.

Como se puede observar, las diferencias con respecto del Estado mexicano surgido de la Revolución, y de su intervencionismo económico, son ostensibles. En nuestro caso, no se trató de sacar las castañas del fuego al imperialismo, sino que al revés, los constituyentes de 1916-1917 iniciaron caminos novedosos que podrían conducir –y condujeron, de hecho, mientras fueron aplicados– hacia la emancipación económica de México. En tanto que el capitalismo monopolista de Estado keynesiano fortaleció al imperialismo, el capitalismo de Estado ajeno y opuesto al keynesianismo, en países dependientes como México, tendía a debilitarlo, a reducir su ámbito físico en el orbe y, por tanto, su poderío económico. A este respecto, siguiendo el pensamiento de Lombardo, el Partido Popular Socialista hizo este planteamiento:

El principal teórico de la intervención del Estado en la economía, con carácter antiimperialista.
Lombardo Toledano, el principal teórico de la intervención del Estado en la economía, con carácter aniimperialista.

“El capitalismo, en el escenario del mundo, hace tiempo liquidó la libre competencia y generó los monopolios; el Estado burgués dejó de ser un Estado liberal para pasar a la función monopolista de Estado. La evolución del capitalismo en México no puede sustraerse a ese proceso general, pero el origen antiimperialista del Estado mexicano caracteriza el proceso de un modo radicalmente distinto. El capitalismo de Estado se da en México como principio del desarrollo económico; en cambio, el capitalismo monopolista de Estado es la última etapa del imperialismo. El uno es punto de partida, el otro es punto de llegada a su fase final. En México, el monopolio estatal surge como la respuesta progresista a la necesidad de romper todas las trabas semifeudales y de la intervención extranjera, con el propósito de abrir cauces al desenvolvimiento de las fuerzas productivas en contrapeso a la preeminencia del capital monopolista extranjero que detiene y deforma el crecimiento normal de nuestra economía. El capitalismo monopolista de Estado yanqui frena el desarrollo de nuestras fuerzas productivas; el capitalismo de Estado en México las impulsa”.[4]

Por su parte, Vicente Lombardo Toledano precisó que:

“El capitalismo de Estado en los países imperialistas no significa… otra cosa que la liquidación de los estorbos a los grandes consorcios para que éstos mantengan su hegemonía en la vida económica, social y política de sus respectivas naciones y, también, para favorecer su política hacia el exterior. Pero en los países como el nuestro, en los países semicoloniales o subdesarrollados, como se les

Cárdenas y Lombardo en la obra de los artistas del Taller de Gráfica Popular, edición del Centro Lombardo.
Cárdenas y Lombardo en la obra de los artistas del Taller de Gráfica Popular, edición del Centro Lombardo.

llama ahora, el capitalismo de Estado representa una de las formas de la resistencia nacional, de los intereses nacionales contra el imperialismo”.[5]

Y en efecto, el Estado surgido de la Revolución empezó a intervenir en el desarrollo económico y a tomar a su cargo las principales tareas para hacer posible el progreso de México.

[1] Los primeros ensayos sobre economía de John Maynard Keynes fueron escritos poco tiempo después de que el Constituyente de Querétaro había terminado su obra, pero por entonces Keynes todavía era partidario del liberalismo económico y enemigo, por tanto, de la intervención del Estado en la economía. Además, sus primeros trabajos fueron sobre cuestiones ajenas a la que nos ocupa. En 1919 publicó Las consecuencias económicas de la paz, libro en que opina que las sanciones económicas impuestas a Alemania luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial no impedirían el resurgimiento del militarismo en ese país, propósito que las motivó. En 1921 publicó otro libro también con tema distinto, bajo el título de Tratado sobre probabilidades.

[2] Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), fueron dos economistas ingleses considerados como los fundadores de la economía clásica. Se trató de los principales teóricos de la libertad de comercio contra las limitaciones del feudalismo.

[3] La Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero de Keynes fue publicada en México por el Fondo de Cultura Económica en 1938.

[4] Tesis de la VIII Asamblea Nacional del Partido Popular Socialista. Editorial Combatiente, pp. 24-25.

[5] Vicente Lombardo Toledano. “El Estado en México, sus actuales funciones y responsabilidad histórica”, en Escritos acerca de las Constituciones de México. Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales VLT, tomo I, p. 32.

Estudios comparativos sobre la representación de magnitudes

Estudios comparativos sobre la representación de magnitudes

Bernardo Yáñez

Una de las tramas más intrigantes de las ciencias cognitivas comparadas es la de la representación de magnitudes. En efecto, muchos estudiosos hemos quedado enredados tan sólo con leer algunos títulos, como el de ‘Adición y sustracción en bebés’ [traducido por los autores (Wynn, 1992)] o el de ‘¿Qué piensan los animales acerca de los números?’ [traducido por los autores (Hauser, 2000)]. Tal vez por eso, en la actualidad, dicho tema cuenta con un cúmulo grande y variado de estudios que han enfocado organismos de distintas especies animales y de diversas edades, además de que engloban diferentes métodos. A continuación presentamos una muestra de este tipo de estudios.

Métodos experimentales de la discriminación de cantidades

Existen tres métodos fundamentales con los cuales ha sido evaluada la capacidad de discriminación de cantidades en animales: ‘Ir por más’, con el que se evalúa la habilidad de elegir entre más y menos; ‘el playback’ (grabaciones) que evalúa la capacidad de algunos animales para estimar la cantidad de rivales a los que se enfrentarán; y ‘la violación de la expectativa’, que analiza la capacidad para realizar operaciones aritméticas básicas. Los experimentos que utilizan el método de “ir por más” se enfocan principalmente en la capacidad de discriminar cantidades. Es muy simple, se trata de poner una cantidad en un lugar y una cantidad diferente en otro y dejar escoger al animal. Si eligen la mayor se considera que son capaces de discriminar cantidades. El método del ‘playback’ consiste en obtener una serie de grabaciones, cada una con la vocalización o serie de vocalizaciones de uno o varios animales, que luego se reproducen de acuerdo con el objetivo específico del estudio. El método de la ‘violación de la expectativa’ fue implementado por Wynn en 1992. Este proviene de estudios realizados en bebés humanos, pero se aplica a otras especies bajo la misma lógica: el tiempo de observación es mayor ante eventos en donde se haya violado su expectativa. Consiste en mostrar un estímulo numérico (en el caso de los bebés, uno o varios muñecos de Mickey Mouse), correr una cortina e ir añadiendo o sustrayendo, para luego bajar la cortina, presentando un resultado que puede ser posible (1+1=2) o imposible (1+1=1 ó 3). La variable que se mide es cuánto tiempo se quedan viendo al resultado final. La predicción es que ante resultados aritméticamente posibles el tiempo de observación será menor que ante resultados aritméticamente imposibles. Los resultados sugieren la capacidad para realizar o no sumas y restas muy simples.

Experimentos en animales con estos métodos experimentales

‘Ir por más’

Plethodon cinereus - Salamandra roja
Plethodon cinereus – Salamandra roja

En un estudio realizado por Uller et al. (2003) con Salamandras rojas (Plethodon cinereus) se encontró que éstas son capaces de discriminar entre mayor y menor. Lo que hicieron fue colocar a cada una por separado en una pequeña caja de plástico transparente con un tubo en forma de “T” que desemboca en otras dos divisiones para las moscas. El tubo estaba obstruido de manera que no podía entrar a ninguna de las otras separaciones. El último día del experimento se colocaron moscas de la fruta (Drosophilla virilis) en las otras dos divisiones de la caja; en una se colocaron 2 moscas y en la otra 3. Se quitó la obstrucción del tubo y se dejó a la salamandra decidir cuál era la habitación que escogía. De las 30 salamandras que fueron examinadas, 20 de ellas eligieron el tubo donde se encontraban 3 moscas, mientras que sólo 10 de ellas inclinaron su decisión por la habitación donde sólo se encontraban 2 moscas. Este resultado muestra que las salamandras prefieren 3 versus 2 y que generalmente suelen elegir dónde hay más objetos. Curiosamente cuando las cantidades aumentaron las salamandras elegían al azar; es decir, cuando la comparación era entre 3 versus 4 y 4 versus 6, de 30 salamandras evaluadas 14 se fueron por las 3 moscas y 16 por las 6 moscas. Lo anterior sugiere que los anfibios tienen un límite en su capacidad de discriminar entre más y menos.

‘Playback’

En mamíferos, Mccomb et al. (1994) realizaron un estudio con leonas del Serengueti (Panthera leo) sobre su capacidad para evaluar el número de oponentes que hay en otro grupo de leones, a través de la respuesta ante una amenaza. Es decir, por medio de un playback se reproducían ya fuera el rugido de una leona o el rugido de tres leonas con un tono amenazador. Los resultados indican que las leonas sólo se acercan a la fuente del sonido cuando las defensoras doblan en número a las intrusas. En contraste cuando sólo escuchan el rugido de una leona invariablemente se aproximan al lugar de manera amenazadora. Este estudio señala una capacidad por parte de las leonas para estimar el número de rivales a los que se tienen que enfrentar. Algunas críticas indicaron que las leonas no están discriminando el número de rivales, sino más bien la intensidad con la que se presentan las vocalizaciones. Sin embargo, se han realizado controles experimentales robustos para eliminar todas las posibles interferencias.

‘Violación de la expectativa’

LémurLos lémures son prosimios, es decir, uno de los taxa de primates más primitivos que aún existen. Pocos han sido los acercamientos al problema de la discriminación de cantidades en este grupo, por lo cual se realizó un experimento en este sentido (Santos 2005). El estudio evaluó tres condiciones experimentales con el objetivo de explorar su expectativa aritmética en una operación simple 1+1 (suma). Se les presentó a los animales, en un pequeño escenario, arreglos distintos en los que se mostraban uno, dos o tres limones que eran sumados secuencialmente. Es decir, primero se presentó un limón, inmediatamente después se restringió la vista del sujeto hacia donde se encontraba el primer limón. Una vez que el animal no puede ver lo que hay en el escenario, entonces se le agrega otro limón a la vista del animal; puede ver el movimiento del experimentador y puede ver que lo deposita en el escenario, pero no puede ver todavía el arreglo final. Por último se destapa el escenario permitiendo al animal observar el resultado. Se mide el tiempo de observación del animal ante el resultado presentado. Existen tres resultados distintos que pueden ser presentados: por ejemplo, 1+1=1, 1+1=2 o 1+1=3. Lo que se encontró fue que los animales vieron por un tiempo mayor al resultado imposible, donde aparecieron 1 ó 3 limones. Contrariamente, el tiempo de observación fue menor cuando se mostró un resultado posible, donde aparecieron 2 limones. La conclusión a la que han llegado los autores es que los lémures adultos son capaces de formar expectativas sobre el resultado exacto de una operación aritmética simple, en este caso la suma de 1+1. Además, los lémures adultos no nada más son capaces de discriminar cantidades (del 1 al 4), sino que, además, tienen la habilidad para realizar ciertas operaciones aritméticas básicas como lo serían la adición y la sustracción.

Comentarios finales

En esta ocasión se han mostrado los principales diseños experimentales para aproximarse al problema de la representación y discriminación de cantidades en animales. En otro momento abordaremos las controversias que generan este tipo de estudios experimentales, particularmente cuando se intenta vincular estas capacidades con la facultad matemática de los humanos.

Referencias

[1] Wynn, K. (1992). Addition and subtraction in infants. Nature, 358, 749±750.

[2] Hauser, M., Carey, S. y Hauser, L. (2000) Spontaneous number representation in semi-free-ranging Rhesus monkeys. Proceedings of the Royal Society of London (267), 829-833.

[3] Uller, C., Jaeger, R. Guidry, G. y Carolyn, M. (2003) Salamanders (Plethodon cinereus) go for more: rudiments for number in an amphibian. Animal Cognition, 6, 105-112

[4] Mccomb, K. et.al (1994) Roaring and numerical assessment in contests between groups of female lions, (Panthera leo). Animal Behaviour. Vol 47(2) pp. 379-387.

[5] Santos, L. et al.(2005) Expectations about numerical events in four lemur species. Animal Cognition, Vol (8): pp. 253-262.

Polémica sobre la orientación ideológica de la educación superior en México

POLÉMICA SOBRE LA ORIENTACIÓN IDEOLÓGICA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO*

Por Emilio García Bonilla

Debate entre Caso y Lombardo

La primera parte de la célebre polémica entre los doctores en filosofía Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano tuvo lugar el 14 de septiembre de 1933 en el Congreso de Universitarios Mexicanos.[1] Entre los postulados que presentó el primero estaban: que “la Universidad de México es una comunidad cultural, de investigación y enseñanza; por tanto jamás preconizará oficialmente, como persona moral, credo alguno filosófico, social, artístico o científico,” por lo que “cada catedrático expondrá libre e inviolablemente, sin más limitaciones que las que las leyes consignen, su opinión personal, filosófica, científica, artística, social o religiosa”, haciéndose cada quien responsable de las ideas que sustente.[2]

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Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano

Por su parte, Lombardo Toledano contestó cada uno de los razonamientos de Caso señalando que como a cada régimen social le había correspondido entender la cultura, no había incompatibilidad “en sostener hoy una teoría y mañana cambiarla por otra”.[3] Además, Mario Souza y Luis Sánchez Pontón rebatieron a Caso señalando que el marxismo no era teoría en su parte esencial, “sino una verdad ya generalmente admitida aun por los mismos enemigos del socialismo”, considerando además que era preferible “tener una orientación, buena o mala, que no tener ninguna”.[4]

Luego de una discusión que se prolongó durante cuatro horas, se procedió a votar, siendo aprobada la orientación marxista por mayoría: 47 votos a favor y sólo 4 en contra, lo que consideró la prensa que tendría “una resonancia especial en la historia contemporánea de Hispanoamérica”.[5]

El Primer Congreso de Universitarios Mexicanos fue clausurado en una ceremonia presidida por el ingeniero Roberto Medellín, rector de la Universidad Nacional Autónoma, teniendo como invitados especiales a los miembros del Cuerpo Diplomático y personalidades del gobierno y de las sociedades culturales y científicas de la Ciudad de México.[6]

Opiniones en la prensa

Una vez conocidos los acuerdos tomados por el congreso, comenzaron a publicarse en la prensa opiniones en columnas y editoriales, la mayoría criticando la posición defendida por Lombardo.

El Excélsior señaló que la universidad socialista sería sólo doctrinaria porque “no iría a los cuarteles ni a las fábricas, ni a las oficinas del gobierno”, y siendo el país un mosaico caótico, el hecho de imponer una universidad socialista “sería un pecado contra el orden práctico, contra la realidad de ese caos”. En cambio, defendió la postura de Caso aceptando que la universidad habría de reflejar la cultura disímbola y contradictoria, prevaleciendo en la educación superior un ambiente tolerante “de discusión, de camaradería, de estudio, de sinceridad, de desinterés, de ausencia de demagogia”, aunque no por eso el editorialista dejara de mencionar que “el socialismo es falso y por esto, y sólo por esto, no debe enseñarse”.[7]

Por su parte, El Universal publicó una editorial en la que se mofaba del Congreso de Universitarios diciendo que “la comedia, si acaso divirtió, no convenció suficientemente” y criticó como sectarias las conclusiones adoptadas porque “las universidades, en los países de más alta civilización, no son ni han sido, por así decirlo, sino crisoles ardientes de cultura”.[8]

En un diario de provincia se dijo que los rectores de las universidades de Guadalajara y Michoacán, Enrique Díaz de León y Gustavo Corona, habían influido para que el Congreso de Universitarios aceptara al socialismo como orientación de la educación superior, pues estos catedráticos eran tenidos por izquierdistas.[9] Es por esto que el periódico El Jalisciense fue uno de los pocos medios impresos que defendió las resoluciones tantas veces mencionadas, inclusive criticando a la prensa capitalina por su abierta postura conservadora, como fue el caso de Excélsior que “no pudo soportar el discurso izquierdista de Díaz de León y estalló en uno de sus artículos cargados de electricidad y bilis”, y aunque la tesis socialista había salido triunfante con el voto del congreso, estaba siendo atacada por los diarios que demostraban con eso los intereses que había detrás de ellos.[10]

El diario tapatío explicó que el motivo de la crítica en la prensa era que “la Universidad ha sido unos de los más fuertes reductos de la vieja ciencia porfiriana: cientificismo político en esencia. Y eso de que la Revolución se los quite en un salto tan singularmente pacífico y pierdan su eficacia los proyectiles de la mentira con que desde ahí nos confundían, no es para permanecer en silencio”, de ahí que los “voceros de la desigualdad, defensores del sistema económico del despojo y de las tradiciones religiosas en que aquella se sustenta” hubieran adquirido una enorme influencia en el medio universitario, y cuando se habló de “orientar la cátedra en sentido de emancipación económica de las masas y de abolición de las clases que hoy dividen a la sociedad”, consideraron socavada “la última posición burguesa en el campo tan influyente de la enseñanza”.[11]

En la Universidad Nacional Autónoma, los catedráticos contrarios a los acuerdos que tomó el Congreso presionaron al rector Medellín para que se discutiera en el Consejo Universitario si se adoptarían o no esos resolutivos en la Máxima Casa de Estudios.

Ante la inquietud de la comunidad universitaria, Medellín determinó que las vacaciones se prolongaran una semana más en toda la Universidad, ya que el lunes 18 de septiembre, fecha en que debían reanudarse las clases, la asistencia de alumnos y catedráticos había sido escasa.[12]

Rector Roberto Medellín
Rector Roberto Medellín

Así, con los estudiantes de vacaciones, se anunció que el lunes 25 de septiembre iniciarían las sesiones del Consejo para examinar y discutir las resoluciones del Congreso de Universitarios. Lejos de los puntos de carácter técnico que difícilmente suscitarían opiniones encontradas, el relativo a la orientación ideológica había dividido a los universitarios en dos bandos: “por una parte los partidarios de la doctrina marxista que hasta ahora están logrando imponer su punto de vista, encabezados por Lombardo Toledano, y por otra, los maestros que sustentan el criterio de que la Universidad debe ser ideológicamente libre y no estar sometida a ninguna de las doctrinas sociales que se han expuesto”. Se presagiaba que el primer grupo terminaría imponiéndose como lo hizo en el congreso, por lo que el debate podría provocar “la renuncia de algunos de nuestros más destacados intelectuales que cuentan con larga actuación en el campo universitario, los cuales no están dispuestos a someter sus enseñanzas a doctrinas políticas o económicas de carácter transitorio”[13].

En otros medios se esperaba que el Consejo Universitario rechazara la postura del congreso. Entre los principales opositores a la orientación marxista se encontraba Rodulfo Brito Foucher, director de la Facultad de Derecho, quien declaró que, en caso de aprobarse la enseñanza socialista, procuraría que la institución a su cargo se mantuviera como una isla donde no soplaran “los vientos radicales del marxismo”. Se decía que en el seno del Consejo se libraría “una gran batalla sin precedentes” ya que entre sus integrantes había representativos de diferentes ideologías: “desde liberales hasta espiritualistas, marxistas, positivistas, ultramontanos”, pero se pensaba que la mayoría se pronunciaría en contra de las ideas sustentadas por Lombardo Toledano y Mario Souza, votando a favor sólo “los representantes de la Confederación Nacional de Estudiantes en el Consejo Universitario y uno que otro consejero”.[14]

Se había dicho que la Constitución de 1917 no abogaba por el materialismo histórico, aunque tenía “en varios de sus artículos doctrina socialista que no deja lugar a dudas”, pero en lo referente a la Universidad, la Ley de la Autonomía decretada por Portes Gil expresamente decía que la enseñanza debía de ser laica, y “al aceptarse el marxismo se haría un llamado a la ortodoxia, de manera que el laicismo vendría a ser echado por tierra”.[15] El propio Antonio Caso declaró que aceptar una orientación ideológica para la Universidad era absurdo e inconstitucional.[16]

En el siguiente artículo me referiré a la violenta huelga con la que los elementos más conservadores de la Universidad Nacional se opusieron a la orientación educativa aprobada por el Congreso Nacional de Universitarios.

* Fragmento de la investigación “El conflicto universitario de 1933 en la prensa mexicana” presentada como ponencia en el VIII Coloquio La prensa como fuente para el análisis en las ciencias sociales realizado en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en noviembre de 2013.

[1] La versión taquigráfica del debate en el Congreso de Universitarios Mexicanos fue publicada posteriormente en los números 2 y 3 de la Revista Futuro en octubre de 1934. La segunda parte de la polémica fue periodística a través de las páginas de El Universal durante los primeros cuatro meses de 1935.

[2] “Ambiente para el marxismo en la Universidad, La tesis sustentada por el Lic. Lombardo Toledano fue rebatida por el ex Rector Antonio Caso en la sesión de ayer”, Excélsior, 15 de septiembre de 1933, Archivo Histórico de la UNAM, Colección: Memoria Universitaria, Sección: Publicaciones Periódicas, Sub-sección: Noticias Universitarias, en adelante AHUNAM.

[3] Ídem.

[4] “Francamente socialista será la orientación de la Universidad Nacional”, El Nacional, 15 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[5] “Ambiente para el marxismo en la Universidad…”, Excélsior, 15 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[6] “Clausura del Congreso de los Universitarios”, El Universal, 14 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[7] Lo del día [Columna]: “¿Caso o Toledano?” por un Observador, Excélsior, 16 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[8] Sección Editorial. “La Universidad no debe ser sectaria”, El Universal, 16 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[9] Nota en Diario del Norte, Saltillo, 18 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[10] “La Universidad Socialista y los Grajos en Alarma”, El Jalisciense, Guadalajara, 17 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[11] Ídem.

[12] “Una nueva tolerancia de la Universidad Nacional”, Excélsior, 20 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[13] “Se perfila una crisis universitaria”, El Universal Gráfico, 19 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[14] “Formidable batalla se espera en el seno del Consejo Universitario”, Excélsior, 21 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[15] Ídem.

[16] “Es absurda la declaratoria universitaria”, Excélsior, 20 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

La política comunista de unidad a toda costa

LA POLÍTICA COMUNISTA DE UNIDAD A TODA COSTA

Por Juan Campos Vega

Dos meses después de haberse producido la división en el Cuarto Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), a fines de junio de 1937, el Partido Comunista Mexicano (PCM) reconoce, en el informe al pleno de su comité central, que esa decisión constituye un error y decide que sus integrantes retornen al seno de la confederación, seguidos de los sindicatos que los habían acompañado en su aventura —excepto el Sindicato Mexicano de Electricistas—, pero el daño ya estaba hecho: las dos posiciones que tenía el PCM en el comité nacional se pierden, y solamente se reincorpora Juan Gutiérrez, del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), y con ello la correlación de fuerzas al interior del comité ejecutivo, cambia a favor de “Los Cinco Lobitos”, encabezados por Fidel Velázquez.

Informe al comité central del PCM, 26 de junio de 1937
Informe al comité central del PCM, 26 de junio de 1937

El regreso de los sindicatos que abandonaron el cuarto consejo, debido a la decisión del PCM, conocida como política de “Unidad a toda costa”, da pie a una nueva tergiversación de los hechos. Está muy difundida la falsa versión de que esa política le fue impuesta al PCM porque Vicente Lombardo Toledano le solicitó, por medio de una carta, su intervención al dirigente del Partido Comunista de Estados Unidos de América (PCUSA), Earl Browder, que también era integrante del buró político de la Internacional Comunista (IC).

Señalar que la solicitud fue hecha a Browder no es casual, ya que el dirigente del PCUSA no sólo apoya las políticas del presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, en la lucha contra los nazis, lo cual es correcto, sino que aplica la tesis del frente popular más allá de lo debido: además de impulsar medidas reformistas durante varios años, en 1944 transforma al PCUSA en Asociación Política Comunista (APC-USA). Su política, calificada de frente-populismo extremo —bautizada como “browderismo”— es la razón oficial de su expulsión del PCUSA en 1946.

Las desviaciones de Browder son utilizadas para tratar de identificar la política de Lombardo con el “browderismo”, y deducir que la política de “Unidad a toda costa” asumida por el PCM, es responsabilidad del dirigente de la CTM. Un ejemplo de este tipo de interpretaciones tendenciosas, totalmente ajenas a la realidad, que pretende ignorar que la decisión de cambiar la línea política sectaria del PCM vino de la IC y no de Browder, es la siguiente:

Browder convenció al PCM de regresar a la CTM y a la alianza con Lombardo (con quien también tuvo pláticas) […] ambos, el Partido Comunista Mexicano y Vicente Lombardo Toledano, mandaron informes de la escisión al Partido Comunista de EE. UU., se publicó la versión de Lombardo y no la de los comunistas mexicanos en el Daily Worker (periódico del PC en EE.UU.), un procedimiento muy extraño […] Browder apoyó a Lombardo, y sometió a sus lineamientos al PCM [1].

Periódico del Partido Comunista de Estados Unidos
Periódico del Partido Comunista de Estados Unidos

Valentín Campa, en sus Memorias, también contribuye a difundir esa calumnia por medio de tres acciones; en primer lugar, cuando incluye la copia de la carta que supuestamente Lombardo dirige a Browder, en el anexo “Documentos”, le suprime el nombre del destinatario; en segundo lugar, encabeza la carta con una nota que señala que fue dirigida a “secretarios generales de varios partidos comunistas [2]”; en tercer lugar, incluye en el cuerpo de su libro, su versión, que “Browder escribió a la dirección del Partido Comunista Mexicano, anexando copia de una carta que le había dirigido Lombardo [3]”.

Campa, después de señalar que los que habían abandonado el cuarto consejo —a la que autocalifica de corriente democrática— actuaban desde el local del sindicato ferrocarrilero como organismo paralelo a la dirección de la CTM, plantea que esta “corriente democrática consideraba viable restablecer la unidad de la CTM, partiendo de que era la mayoría y su influencia en el movimiento sindical del país era cada vez mayor [4]”, y que la carta, enviada días después del cuarto consejo, reflejaba el reconocimiento de la difícil situación en que se encontraban Lombardo y Velázquez.

Pero los hechos, que siempre son más tercos que cualquier mentira o tergiversación, finalmente permiten conocer la realidad. La mencionada carta, en realidad está dirigida “Al Compañero Alejandro Losovsky, secretario general de la Internacional Sindical Roja” —de la cual Lombardo envió copia a diversos dirigentes comunistas—, y en ella se detallan los antecedentes inmediatos de la fundación de la CTM, el viaje de Lombardo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la conducta asumida por el PCM, particularmente sus principales errores y sus negativos resultados. La carta no puede reflejar algún “reconocimiento de la difícil situación”, porque fue enviada 15 días antes de la realización del cuarto consejo, y no después de que se había generado la división.

Por su parte, el informe al pleno del comité central del PCM, también es explícito en el análisis de la conducta de sus miembros, y reconoce que fue un grave error abandonar el cuarto consejo; además, explica que el buró político (BP) se había pronunciado por la permanencia de todas las delegaciones pero que fue impotente para convencerlas, que el buró es responsable en su conjunto de esa debilidad, pero que:

Debe señalarse el hecho de que la fracción comunista del consejo no funcionaba y de que los delegados comunistas no cumplieron la directiva del BP. Y más aún, que fue un delegado comunista el que precipitó el desenlace declarando en una asamblea de las delegaciones descontentas que la Convención del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros había acordado retirar su delegación. La responsabilidad recae ante todo en los miembros del buró político que estaban presentes, en primer lugar el compañero Campa. Pero yo comparto esa responsabilidad, porque el compañero Campa me consultó por teléfono y me dejé convencer de que “era imposible volver al consejo [5]”.

De esa manera, con la indebida intervención del PCM en las decisiones de la CTM, se produjo, realmente, la primera división de la confederación, y los responsables de los negativos resultados obtenidos han tratado, durante décadas, de pasarle la factura de su comportamiento pequeño burgués, plagado de infantilismo izquierdista, a Vicente Lombardo Toledano.

Por esa razón, es importante recordar las posiciones de Lombardo ante el conflicto, expresadas durante el cuarto consejo; reflejan que tiene claro cuáles son los problemas de fondo que dan origen al enfrentamiento que lleva a la división. En su intervención en esa reunión expresa: “Los compañeros del Partido Comunista no han querido entender que la CTM es un frente único del proletariado, un frente general del proletariado y no una organización homogénea, no una organización coherente en cuanto a ideología, no una organización que deba obedecer a una opinión única y a una táctica única, y a una serie de disposiciones únicas”

Y rememora que al lado de otros colegas, desde el proceso que lleva a la creación de la CTM en 1936, insiste en que se incluya y se llame a todos los sectores, sin importar sus tendencias —excepto a aquellos francamente contrarios a la lucha de clases—  para que formen parte de la central unificadora del proletariado de México.

Afortunadamente, aunque con más de cuatro décadas de retraso, algunos de los documentos que dan fe de la conducta de cada uno de los personajes aludidos, y de los responsables de aplicar la política de “Unidad a toda costa” se han hecho públicos, y ponen a cada quien en el lugar que le corresponde.

[1] Francie R. Chassen de López, Lombardo Toledano y el movimiento obrero mexicano (1917/1940), p. 240.

[2] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias… op. cit., p. 339.

[3] Ibid., p. 131.

[4] Idem.

[5] Hernán Laborde, La política de… op. cit., p. 42.

Origen y causas de la intervención del Estado mexicano en la economía.

Origen y causas de la intervención del Estado mexicano en la economía.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.

Al examinar la evolución de la economía nacional durante el siglo XX, a la luz de la metodología marxista, Vicente Lombardo Toledano analizó también su desenvolvimiento previo, durante el siglo XIX, y sus antecedentes enraizados en el régimen colonial. Sintetizó sus observaciones en estos términos:

"El régimen económico de la Nueva España fue el de una colonia que trabajaba para la metrópoli a la que estaba sujeta."
“El régimen económico de la Nueva España fue el de una colonia que trabajaba para la metrópoli a la que estaba sujeta.”

“El régimen económico de la Nueva España fue el de una colonia que trabajaba para la metrópoli a la que estaba sujeta. Al consumarse la independencia de la Nación, se planteó a las fuerzas políticas del México naciente el gran problema de construir el camino que debía seguirse para liquidar la miseria y el atraso en que había vivido el país y señalar sus metas inmediatas.

“Las dos corrientes de opinión –la liberal y la conservadora- coincidían en afirmar que siendo la agricultura un sistema desarticulado por falta de comunicaciones y limitado al consumo regional, no era útil para el intercambio con otros mercados, y que la minería no bastaba, por sí sola, para aumentar las fuerzas productivas que el país requería con urgencia. La solución consistía en la industrialización; pero los dos bandos diferían radicalmente en cuanto al modo de lograrla”.[1]

Como Lombardo lo explica, los conservadores, con Lucas Alamán como ideólogo principal, proponían la industrialización, pero sin que se tocara la estructura económica del pasado. Los liberales también la querían, pero decían que para lograrla habría que hacer reformas profundas, como la secularización de los bienes del clero, que propuso Valentín Gómez Farías ya desde 1833.

Esa medida sólo fue realizable veinticinco años después, dentro del conjunto de normas jurídicas conocidas como Leyes de Reforma. No obstante, el desarrollo industrial fue lento y penoso durante todo el siglo XIX. En 1843 sólo había 59 fábricas de hilados y tejidos de algodón, movidas por vapor, máquinas hidráulicas, animales y aun por hombres. En 1888 llegaban a 97 fábricas. La minería estaba tecnológicamente rezagada, pues conservaba los procedimientos de mediados del siglo XVI. Fue hasta 1894 cuando empezó a usar nuevos métodos.[2] También, hacia fines del siglo XIX, empezaron a desarrollarse las industrias del petróleo y el henequén. La lentitud y el rezago comparativo de nuestro proceso de industrialización se reflejaban asimismo en la distribución de la población. De un total de 15 millones 160 mil personas, según el censo de 1910, el 85.6% era población rústica y sólo el 13.4, urbana.[3]

El rezago de nuestro desarrollo económico convirtió a México en receptor de capitales externos, es decir, en dependiente del imperialismo.

"De las 27 empresas más grandes en nuestro país, en 1914, 18 eran de propiedad íntegramente extranjera y las otras 11 tenían capital exterior mayoritario, según lo registra el Mexican Year Book de ese año.2
“De las 27 empresas más grandes en nuestro país, en 1914, 18 eran de propiedad íntegramente extranjera y las otras 11 tenían capital exterior mayoritario, según lo registra el Mexican Year Book de ese año.2

En contraste con el escaso desarrollo económico, nuestro territorio era, durante esa época de fin y principio de siglo, el primer receptor de capitales procedentes de Estados Unidos en el mundo. En 1897, las inversiones de ese país en el extranjero ascendían a 684.5 millones de dólares, de los cuales estaban en México 200.2 millones (29.25%), más que en ninguna otra parte; en Canadá y Terranova, 189.7 millones (26.7%), y en toda Europa apenas 151 millones (22.06%) El 23% restante se distribuía en las demás regiones del mundo. En sólo 14 años, de 1897 a 1911, las inversiones estadounidenses en México pasaron de 200 millones a 1,100 millones de dólares. En ese último año, los capitales extranjeros invertidos en el país representaban el 66% de las inversiones totales. De las 27 empresas más grandes en nuestro país, en 1914, 18 eran de propiedad íntegramente extranjera y las otras 11 tenían capital exterior mayoritario, según lo registra el Mexican Year Book de ese año.

“México era, en consecuencia, en los últimos años del siglo XIX, el principal mercado de materias primas y de mano de obra del mundo para los monopolios norteamericanos, y la construcción de ferrocarriles que realizaban por concesiones, el medio principal para facilitar la exportación de los minerales y otros productos, como un apéndice de la gran red ferroviaria de Estados Unidos. En sólo cuatro años –de 1880 a 1884-, se pusieron en servicio 1,937 kilómetros, de México a Ciudad Juárez, y en septiembre de 1888 los 1,274 kilómetros de la vía de México a Laredo.

“En el ámbito rural, las condiciones económicas y sociales, hacia fines del siglo XIX e inicios del XX eran de franco retroceso. El índice de concentración de la tierra era el más alto del continente y uno de los mayores del mundo. Más todavía que en la época de la colonia. “En 1910, al cumplirse el centenario de la Independencia nacional, el uno por ciento de la población poseía el 97% de la propiedad rústica de toda la Nación…”[4]

Los datos anteriores dan sustento a esta conclusión: el proceso de nuestro desarrollo económico no se dio de manera natural, como en otros países, los de Europa occidental y los Estados Unidos, por ejemplo, sino que fue deformado de modo profundo por factores exógenos diversos. A partir de la década de los ochentas del siglo XIX, la irrupción de los capitales estadounidenses e ingleses en expansión sería el principal de estos factores externos. A eso se debió que México llegara a los albores del siglo XX con un retraso enorme en cuanto al desarrollo de sus fuerzas productivas y con una estructura social con relaciones muy injustas.

El intervencionismo económico y social del Estado mexicano fue fruto de la experiencia de nuestro pueblo y respuesta innovadora a sus problemas específicos.

"... el intervencionismo económico y social del Estado mexicano fue fruto de la experiencia de nuestro pueblo y respuesta innovadora a sus problemas específicos"
“… el intervencionismo económico y social del Estado mexicano fue fruto de la experiencia de nuestro pueblo y respuesta innovadora a sus problemas específicos”

Con una burguesía urbana y rural muy pequeña por su número y muy atrasada desde los puntos de vista tecnológico y cultural, pero opulenta; con una clase obrera también muy reducida por su número; y con la gran masa de su población condenada a la miseria, más todavía la del campo que la de las ciudades. En consecuencia, las fuerzas triunfantes en la Revolución de 1910-17 se trazaron las tareas de rescatar las riquezas naturales para la nación; destruir el latifundio y entregar la tierra a los campesinos; vencer el atraso y desarrollar la economía; reconocer y tutelar los derechos de los trabajadores.

Todas éstas fueron demandas urgentes que afloraron durante la revolución y que expresaban las necesidades y demandas concretas del pueblo en armas, e iban mucho más allá del “sufragio efectivo y la no reelección”, que fue el lema formal de una fracción, encabezada por Francisco I Madero. Exigencias que aparecieron en los planes, programas y decretos de los diversos bandos revolucionarios y que adquirieron así, en su conjunto, el rango de programa de la Revolución Mexicana, aunque nunca fueran integradas en un documento único previo al estallido revolucionario. Pero, lo que es más importante, se elevaron a la calidad de normas jurídicas en la nueva Constitución. Así fue que la Carta Magna dotó al Estado, al nuevo Estado surgido de la Revolución de atributos novedosos, sin precedentes, para que diera marcha a la solución de los problemas citados, y satisfacción a los anhelos del pueblo. De esta manera surgió el intervencionismo económico y social del Estado mexicano, como fruto de la experiencia de nuestro pueblo y respuesta innovadora a sus problemas específicos. Se trata, en la opinión del doctor Vicente Lombardo Toledano, de la vía mexicana de desarrollo de la economía, única que puede asegurar la viabilidad de la nación como entidad independiente y soberana.

Sin embargo, sería necesario que se formara una clara conciencia de que ése era el camino, y no otro, y sería menester de igual modo confirmarlo y consolidarlo. A este esfuerzo dedicarían, Lombardo y su partido, gran parte de su energía y su actividad, según se verá adelante

[1] Vicente Lombardo Toledano. “Iniciativa para adicionar la Constitución con un nuevo capítulo en materia económica, op. cit. Fue publicada con el título de “Un nuevo capítulo en materia económica”, en Iniciativas parlamentarias en beneficio del pueblo. 1947-1993. México, Partido Popular Socialista, Edición de la Fracción Parlamentaria del PPS de la LV Legislatura, 1994. Tomo I, pp. 133-143.

[2] Conceptos y datos estadísticos de Lombardo Toledano, en “Iniciativa para adicionar…” ibidem.

[3] Ibidem

[4] Razón histórica, principios, programa y estatutos del Partido Popular -documentos fundamentales aprobados en la Asamblea Nacional Constituyente, efectuada en la ciudad de México, los días 20 y 21 de junio de 1948- México, Editorial Combatiente, S. A. de C. V., 1992, pág. 8.

La primera división de la CTM (1937)

La primera división de la CTM (1937)

Por Juan Campos Vega

Los miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM) que forman parte de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), asumen la posición sectaria de establecer que quien no está con ellos está en contra de ellos, o cuando menos, que actúa en alianza con sus adversarios.

Esos militantes del PCM, para tratar de justificar sus equivocadas visiones, lo mismo utilizan calificativos carentes de sustento y mentiras flagrantes, que injurias, difamaciones y calumnias, no sólo contra sus enemigos, sino también, contra sus posibles aliados.

El sectarismo que caracteriza a esos miembros del PCM —que a veces atribuyen su conducta a la adopción de la política intransigente de “clase contra clase” por parte de la Internacional Comunista (IC)— tiene raíces distintas y más profundas. Cuando el Séptimo Congreso de la IC abandona la política anterior por errónea, y adopta la línea de crear los “frentes populares”, esos elementos aceptan de palabra la nueva estrategia, pero sus posiciones, entre anarquistas y dogmáticas, los empujan siempre a tratar de imponer sus puntos de vista, y cuando fracasan, a acusar a quienes no los siguieron en la aventura de ser los responsables de los malos resultados.

Los dos procesos de división importantes, por sus efectos negativos, que se producen en la CTM, en 1937 y 1947, están vinculadas directamente con esa conducta sectaria y dogmática.

CUARTO CONSEJO NACIONAL DE ABRIL DE 1937

Después del conato de división, suscitado en la elección del primer comité ejecutivo de la CTM, que enfrenta a los seguidores de Fidel Velázquez —cabeza del grupo de “Los Cinco Lobitos”— con los miembros del PCM y los representantes de los sindicatos que comparten algunas posiciones con ellos, las pugnas entre ambos bandos no sólo no cesan, sino que se intensifica, y se presentan en diferentes ocasiones y por motivos diversos.

Lenin

Los enfrentamientos entre ambas corrientes, producidos por las actitudes de una y otra en la vida diaria de la confederación, conducen a la primera división de la CTM, a fines de abril de 1937, cuando tres secretarios del comité nacional y los sindicatos que comparten las posiciones de los miembros del PCM, así como las organizaciones controladas o influidas por ellos [1], asumen la actitud “izquierdista” que Lenin calificara de “enfermedad infantil”, y abandonan o no asisten a la asamblea del Cuarto Consejo Nacional.

Los miembros del comité nacional que abandonan el consejo son: Juan Gutiérrez, del sindicato ferrocarrilero; Pedro A. Morales y Miguel A. Velasco, miembros del PCM; se solidarizan con su posición las siguientes organizaciones: Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, Cámara Unitaria del Trabajo del Distrito Federal, Sindicato Mexicano de Electricistas, Comité Organizador de Trabajadores al Servicio del Estado, Confederación de Ligas Gremiales de Yucatán, Federación Sindical Independiente del Estado de Yucatán, Cámara del Trabajo del Estado de Aguascalientes, Federación de Trabajadores del Territorio de Quintana Roo, y Federación de Sindicatos Obreros del Estado de Morelos [2], que representan no más de 20% de los afiliados a la CTM.

Dos meses después, el PCM, en la reunión del pleno de su comité central, reconoce su error que conduce a la división, acepta los acuerdos del Cuarto Consejo Nacional y la autoridad del comité nacional, en un documento denominado “Unidad a toda costa”, pero a pesar de haber tomado esa decisión, los miembros del PCM “no han cesado de obstruccionar la labor de unificación [3]”, los tres secretarios que abandonan el consejo se presentan como si fueran el comité nacional de la CTM, intentan crear federaciones paralelas en los estados, calumnian a los dirigentes nacionales, en fin, insisten en su afán de lograr la división de la confederación.

CAUSAS DE LA DIVISIÓN

Un intento por tergiversar lo acontecido, lo realiza en sus Memorias Valentín Campa Salazar. Señala que una de las causas que originan la división se presenta en el Segundo Consejo Nacional de la CTM cuando los dirigentes del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SITMMSRM) “presentaron una acusación enérgica contra Fidel Velázquez porque hostilizaba en los estados a las representaciones de las secciones mineras […] maniobraba por conducto de sus representantes para que no participaran […] en los comités ejecutivos de las federaciones, inclusive en estados donde esas secciones tenían una gran base [4]”.

Los hechos demuestran la falsedad del primer señalamiento de Campa. El problema con el sindicato minero, se presenta desde la realización del Primer Consejo Nacional de la CTM, de junio de 1936. La representación minera no se hace presente a pesar de que uno de sus dirigentes fue electo para un cargo en el comité nacional de la confederación.

Ante la ausencia de los representantes mineros, el consejo nombra una comisión integrada por José Jiménez Acevedo, Valentín Campa y Juan Gutiérrez. En el transcurso de la asamblea, Gutiérrez, en nombre de la comisión, informa que no pudieron entrevistarse con Agustín Guzmán, secretario general del sindicato minero. A continuación, Miguel Ángel Velasco, da lectura a declaraciones de Guzmán de separar al sindicato minero de la CTM, en las que acusa a la confederación de tratar de dividir a los mineros y de estar realizando huelgas absurdas y mal planteadas. Vicente Lombardo Toledano refuta, en nombre del comité nacional de la CTM, ambos señalamientos, y explica “que el comité nacional jamás ha pretendido dividir al sindicato de mineros […] que la confederación hasta hoy no ha decretado ni un paro ni una huelga [5]”.

En el debate que se suscita respecto a la posibilidad de que el sindicato minero abandone la CTM, Fernando Amilpa Rivera —integrante de “Los Cinco Lobitos”— plantea:

Al constituirse el Comité Nacional de Defensa Proletaria la unificación peligró y se hizo en una forma precipitada, sin pensarse las cosas, sino sólo sobre las rodillas y que en las asambleas del propio comité privaba un espíritu de parcialidad netamente comunista; señaló como instituciones de filiación comunista a la Alianza de Uniones y Sindicatos de Artes Gráficas, al Sindicato Mexicano de Electricistas, a la Cámara Unitaria y a la Alianza de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías, que estaban siempre en contraposición con los lineamientos de las demás representaciones [6].

Remata su intervención diciendo que el problema que se ha suscitado con el sindicato minero que va desmembrando a la CTM “se debe a la CTM misma y no a la actitud del Departamento del Trabajo y menos aún del Estado [7]”.

Campa, “contesta los conceptos vertidos por el compañero Amilpa en una forma acalorada; dice que si hay alguien a quien exigirle responsabilidad por la actitud de los mineros no es a la CTM, como malévola e insinceramente pretende Amilpa, sino al poder público […] tacha a Amilpa de ser poco leal y mentiroso [8]”. Esta intervención de Campa contradice totalmente lo planteado en su Memorias.

La segunda causa de la división, que alude Campa, se relaciona con la actividad político-electoral. Señala que en el Tercer Consejo Nacional cetemista: “Lombardo, de acuerdo con Amilpa y Fidel Velázquez, propuso que la CTM rectificara la orientación del congreso constituyente y aprobara participar en política electoral, adhiriéndose a la reorganización del PNR con el nombre de Partido Revolucionario Mexicano […] [9]”.

El segundo aspecto señalado por Campa, tampoco corresponde a la realidad. El acuerdo relativo al tema político-electoral se adopta en el Segundo Consejo Nacional —no en el tercero—, y según las actas correspondientes se discute con amplitud y serenidad, los acuerdos no rebasan el marco de las sugerencias, y no se hace alusión a partido alguno, como se confirma con el contenido del punto primero que expresa: “El consejo nacional de la CTM, recomienda a los trabajadores que lo integran, su participación en la lucha político-electoral para defender el programa de la CTM y para oponerse a la reacción y al imperialismo [10]”.

Partido de la Revolución Mexicana
Partido de la Revolución Mexicana

Por lo que respecta a la incorporación de la CTM al Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que también incluye Campa en su argumentación, el hecho se produce hasta marzo de 1938—un año después de que Campa y compañía abandonen el Cuarto Consejo Nacional— por lo que no puede ser causa de la división que se había producido con antelación. Además, la opinión del PCM respecto del PRM, expresada por su secretario general, contradice a Campa. Hernán Laborde, en un escrito publicado en El Machete, periódico oficial del PCM, después de calificar de revolucionaria y patriótica la política del presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, expresa:

El nuevo partido deberá ser un verdadero frente único de organizaciones y grupos dentro del cual sea posible la unificación más o menos rápida de cada uno de estos sectores: todas las organizaciones obreras en una sola central; todos los campesinos en una sola organización nacional campesina; un movimiento unificado de intelectuales; el movimiento unificado de las mujeres, el de los jóvenes, etc. La unificación de las masas en los cuatro sectores —obrero, campesino, militar y popular— que van a constituir el partido, deberá realizarse no sólo desde el punto de vista orgánico, sino también, en cierto grado desde el punto de vista ideológico y programático [11].

Lo que realmente sucede en el Segundo Consejo Nacional de la CTM, efectuado en octubre de 1936, es la controversia entre la mayoría de los integrantes de la CTM, entre ellos el grupo de “Los Cinco Lobitos”, y los miembros del PCM con relación a la constitución del Frente Popular Mexicano (FPM).

En el congreso constituyente de la CTM, se integra el comité organizador del Frente Popular Mexicano. Las labores desarrolladas por este comité generan algunas discrepancias al interior de la CTM por lo que el comité ejecutivo, en su informe, plantea al consejo nacional que determine la forma de participación de la confederación en el FPM.

La discrepancia principal gira en torno a las funciones del comité organizador. La mayoría del comité nacional cetemista plantea que el comité organizador del FPM debe dedicarse única y exclusivamente a organizar y preparar el congreso que ha de constituir el Frente Popular Mexicano; los miembros del comité nacional de la CTM, miembros del PCM, quieren que el comité también se encargue de organizar las luchas inmediatas de las organizaciones populares.

Al valorar lo equivocado de esa conducta de sus miembros, el informe al comité central del PCM, de junio de 1937, parte de que la posición asumida por ellos era la justa, pero también que era necesario trabajar con quienes sustentaban otras opiniones; se preguntan si no deberían haber cedido y concentrado la actividad del comité organizador en la preparación del congreso, lo que no impedía atender las luchas inmediatas, y se responden:

En vez de esto, nos enredamos en una discusión interminable sobre las funciones del comité organizador. Después, cuando el comité nacional de la CTM pretendía que el comité organizador se disolviera, nos empeñamos en sostenerlo contra viento y marea, cuando hubiera sido más útil disolverlo y dejar el campo libre al comité nacional de la CTM, orillándolo a cumplir el acuerdo del Segundo Consejo Nacional sobre la constitución del FPM. Los resultados de nuestra actitud intransigente están a la vista: el comité organizador sólo ha servido para ahondar nuestras diferencias con la mayoría del comité nacional de la CTM [12].

De esta manera, la política sectaria del PCM conduce a la primera división de la CTM, cuyas consecuencias son las siguientes: a) los tres secretarios que abandonan el consejo pierden los cargos para los que fueron electos, y el consejo nombra a elementos reformistas para sustituirlos, con lo que cambia la correlación de fuerzas al interior del comité nacional, b) poco tiempo después, se reintegran sindicatos que habían abandonado la CTM generando la división, con lo que se restablece la unidad rota transitoriamente; al mismo tiempo, algunos sindicatos la abandonan definitivamente.

[1] Confederación de Trabajadores de México, “Informe del Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México al Quinto Consejo Nacional de la misma institución”, CTM 1936-1941, pp. 400-401.

[2] Ídem.

[3] Ibid., p. 381.

[4] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias de un comunista mexicano, p. 125.

[5] Véase Confederación de Trabajadores de México, “Primer Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores de México”, actas de las sesiones, tercera sesión, CTM 1936-1941, p. 189.

[6] Ibid., p. 191.

[7] Ibid., p. 192.

[8] Idem.

[9] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias… op. cit., p. 125.

[10] Confederación de Trabajadores de México, “Circular de información de la ctm a sus organizaciones filiales”, CTM 1936-1941, p. 232.

[11] Hernán Laborde “3. El criterio del Partido Comunista Mexicano”, revista Política, México, D. F., 15 de noviembre de 1963, p. XXIII.

[12] Hernán Laborde, La política de unidad a toda costa, pp. 50-51.

Primatología y antropología en el estudio de la evolución humana

Irven DeVore / 1934 –2014.
In memoriam.

El martes 23 de septiembre de 2014 falleció Irven DeVore, etólogo, antropólogo, gran investigador de la conducta primate, por ejemplo de babuinos y humanos. Profesor de la Universidad de Harvard, de celebrada capacidad docente y conferencista, fue también curador del área de primatología del Peabody Museum of Archaeology and Ethnology de la misma universidad.

Niños del Kalahari
Niños del Kalahari

Irven DeVore fue uno de los pioneros en la investigación de la conducta primate a partir de métodos y perspectivas de la antropología y también lo fue en la realización de trabajos etnográficos con fines comparativos para entender la evolución humana, a través de un proyecto de investigación de largo plazo entre los !Kung San del desierto del Kalahari, uno de los últimos grupos de cazadores recolectores del mundo. Fue motivado y auspiciado en sus trabajos iniciales por su mentor, Sherwood L. Washburn, a quien puede señalarse como uno de los padres de la antropología física moderna; a ellos se deben algunas de las principales líneas de investigación que hoy en día se siguen en el estudio de la evolución humana. En lo que sigue, se describirá brevemente el contexto en el que nacieron esos estudios.

Ernst Mayr señala que la síntesis moderna de la biología, que podría ubicarse entre 1936 y 1950 fue, más que una revolución del conocimiento, la fusión de distintas disciplinas que hasta ese momento se encontraban dispersas, para el establecimiento de un campo. Áreas de la biología que hasta 1936 se habían desarrollado de manera independiente, sobre todo la genética, la sistemática y la paleontología, establecieron un diálogo y un intercambio de información y conocimientos que condujo a sus principales exponentes a la incorporación a sus análisis de conocimientos desarrollados en las otras disciplinas. Mayr describe que hacia 1920 la comunicación entre estos especialistas, cuando se realizaban reuniones, era mínima o inexistente, puesto que prácticamente no compartían enfoques. Se trataba de campos tan separados de conocimiento como si pertenecieran a disciplinas completamente distintas. Sin embargo en pocos años, a partir de que algunos de los científicos naturalistas, principalmente taxónomos y paleontólogos, se adentraran en las complejidades de la genética, se efectuó una unificación. Entre los logros fundamentales que Mayr refiere estuvieron: a) el descarte de teorías que competían con la selección natural, como el neolamarckismo, la ortogénesis y las teorías saltacionistas; b) el reconocimiento de la distinción entre genotipo y fenotipo, c) la incorporación del pensamiento geográfico a la síntesis, con lo que se abordaron los problemas de diversificación de especies, el concepto biológico de especie y la especiación en la macroevolución, d) la incorporación del pensamiento poblacional a la genética, y e) la introducción de un enfoque holístico para la comprensión de la evolución. La evolución para los naturalistas de la síntesis, señala Mayr, consistía en un conjunto de procesos de los que había que estudiar muchos aspectos: genes, órganos, relaciones, conductas, entre otros, y ello en distintos niveles, por ejemplo en el nivel individual y el poblacional. Era este el panorama que la biología en su conjunto presentaba a los científicos a mediados del siglo pasado. [1]

En 1951 Sherwood L. Washburn, entonces profesor de la Universidad de Chicago, publicó un interesante texto en el que reflexionó sobre la antropología física como un caso particular del estudio de la evolución. En “The New Physical Anthropology” mostró que el objeto de estudio de la antropología física era, en ese momento, la comparación de lo que podrían considerarse productos o resultados de la evolución y no, como quizá debería y podría ser, el análisis de los procesos ocurridos. Así, la antropología física se dedicaba a describir, tomar medidas, hacer estadísticas, clasificar. Tomaba como objetos de estudio temas considerados vigentes en ese tiempo, tales como las razas, el crecimiento, los criminales, los tipos constitucionales. Tal orientación de la antropología física, concluía Washburn, debía cambiar: el objeto de estudio debía ser la búsqueda de la comprensión de los mecanismos del cambio evolutivo. ¿Cuáles habían sido, por ejemplo, los procesos de selección que tuvieron como resultado a la especie humana? Se sabe, señalaba, que la modificación de las frecuencias genéticas “resulta en evolución […] pero la selección del fenotipo, la adaptación de los animales a su ambiente, es la causa primaria de alteración en sus frecuencias genéticas” [2]. Por tanto, llegaba a la conclusión de que lo que había que estudiar eran aquellos elementos que podría conjeturarse que se habían seleccionado.

Propuso entonces que para comprender el cuerpo humano como conjunto habían de considerarse los tres “complejos funcionales” [3] de que se componía, que probablemente habían evolucionado de forma separada: a) el cráneo y el cerebro, b) el tórax y los brazos, y c) la pelvis y las piernas. Para entender la evolución de cada complejo funcional había que empezar por identificarlo y describir sus variaciones posibles y tratar de descubrir cuál era el soporte genético de estas variaciones. Para sopesar debidamente el valor de la información que nos proporcionan los fósiles, había que comparar esos hallazgos con lo que sabemos de primates vivos, entre los que se encuentran grandes diferencias incluso al interior de la especie. Un fósil puede con facilidad conducir a confusiones, pensaba, pues en muchas ocasiones no es claro si se trata de un macho y una hembra de una misma especie, o dos miembros de distintas especies, o miembros de distintos rangos de edad dentro de una misma especie. Puesto que estas confusiones pueden encontrarse en el estudio de primates vivos, con mayor razón era posible el error cuando se trataba con fósiles [4], que podemos considerar muestras incompletas de piezas no necesariamente diagnósticas.

Washburn proponía, pues, utilizar distintos conjuntos de información, provenientes de distintas disciplinas y de distintas metodologías de análisis para producir hipótesis o conjeturas sobre los caminos que había tomado la evolución humana. Señalaba: “El cambio es esencialmente de énfasis. Si la Antropología Física tradicional era 80 por ciento mediciones y 20 por ciento se dedicaba a la herencia, al proceso, a la anatomía, entonces en la nueva Antropología física las proporciones deben ser aproximadamente las contrarias”. [5]

El estudio de los primates.

En “The Analysis of Primate Evolution with Particular Reference to the Origin of Man” [6], Washburn amplía su crítica a los enfoques tradicionales –“la tradición descriptiva”, le llamaba. Si el problema era cómo había de estudiarse la evolución humana, entonces había que estudiar la evolución primate. El campo de la paleontología humana estaba sumergido en un estado de confusión y de grandes discrepancias. Había una abundancia artificial de especies propuestas a partir de pocas piezas fósiles y no se proponían vínculos entre estos especímenes y una explicación evolutiva general en su conjunto. El trabajo estaba orientado a describir los datos que se suponía eran relevantes, por ejemplo capacidad craneal, sexo, parte del organismo al que pertenecía, probable pertenencia a una especie, entre otros datos, sin enmarcarlos en una interpretación general de los procesos evolutivos. Predominaba la anatomía comparativa, de la que no necesariamente podían obtenerse conclusiones confiables, y la tipología de los restos fósiles.

Entender al humano como miembro del orden Primates implicaba tratar de identificar cuáles fueron los principales procesos adaptativos que condujeron a su aparición a partir de la aparición del orden. Para Washburn, en los grandes grupos taxonómicos de los primates podían identificarse esas radiaciones. La primera, que separó al orden de otros mamíferos, fue la adquisición de una capacidad de asimiento en las extremidades, principalmente en los miembros anteriores. Esta radiación está representada por los lemures que, pese a ser tan distantes filogenéticamente del hombre pertenecen al orden pues conservan esta especialización. La siguiente fue un desplazamiento de la dominancia del sentido del olfato al sentido de la vista, representada taxonómicamente por los monos. Humanos, antropoides y monos, compartimos esa dominancia de sentido. La tercera fue una adaptación a la locomoción braquiadora, representada por los simios, y presente tanto en ellos como en el hombre, si bien subutilizada, aunque debe señalarse que algunos monos también poseen este rasgo, y, por último, el bipedismo o bipedalismo, una adaptación homínida y prácticamente humana si se considera en su forma más acabada. Ya dentro del linaje humano otros rasgos específicamente nuestros, como el gran cerebro, fueron favorecidos por la selección natural. [7]

Así pues, la idea de acudir a datos provenientes del orden Primates para comprender la hominización fue fortaleciéndose.

A finales de los años cincuenta Washburn gestionó fondos para la investigación de primates en libertad e invitó a sus alumnos Irven DeVore y Phillys Jay, a iniciar trabajos de investigación. Así, DeVore inicia un trabajo pionero con babuinos en el Parque Nacional de Amboseli en Kenya y Phillys Jay (posteriormente Phyllis Jay Dolhinow) se orienta a trabajar langures en la India. Como resultado de este trabajo, DeVore estableció rutas novedosas para estudiar la conducta primate que se han continuado por largo tiempo. Documentó audiovisual y fotográficamente su trabajo, de lo cual surgió un filme premiado, Baboon Behaviour, en1963. Él y Washburn escribieron “The Social Life of Baboons” (1961), un artículo que impulsó muchas investigaciones y al que siguieron muchas otras publicaciones. En este artículo propusieron el que llegó a conocerse como el “modelo babuino” de la evolución humana –el inicio de la aparición de numerosos modelos. Ya desde ese estudio se conceptualizan diversos fenómenos que aún hoy en día se utilizan de forma amplia en la primatología, por ejemplo el papel del grupo como protector, el establecimiento de grupos masculinos, la dominancia, los lazos sociales, todo ello en una perspectiva evolutiva, es decir, ponderando el valor adaptativo de cada conducta. En otro artículo abordaremos los interesantes estudios que DeVore, junto con Richard Lee, impulsaron entre los !Kung San del Kalahari.

Aura Ponce de León, octubre de 2014.


Notas.

[1] Mayr, 1992: 142-149.

[2] Washburn, 1951a.

[3] El concepto de “complejos funcionales” debe haber sido tomado por Washburn de W. Le Gros Clark, quien lo utilizó en sus estudios sobre fósiles humanos. Le Gros Clark fue su profesor en un curso que tomó en Inglaterra durante su etapa de doctorado que fue de gran influencia en su formación.

[4] Washburn, 1951a.

[5] Íbidem, p. 303).

[6] 1951b.

[7] (Washburn, 1951b, 1963.


Referencias.

Howell, C. (s/f) Sherwood Larned Washburn, Biographical Memoirs, National Academy of Sciencies, USA.

Mayr, E. (1992) Una larga controversia. Darwin y el darwinismo, Barcelona, Crítica [original: One Long Argument. Charles Darwin and the Genesis of Modern Evolutionary Thought, Cambridge, Mass., Harvard University Press].

Washburn, S. L. (1951a) “The New Physical Anthropology”, en: Transactions of the New York Academy of Sciences, Series II, Vol. 13, No. 7, pp. 298-304, mayo.

(1951b) “The Analysis of Primate Evolution with Particular Reference to the Origin of Man”, en: Strum, S. C., Lindburg, D. G. y Hamburg, D. (eds) (1999) The New Physical Anthropology. Science, Humanism, and Critical Reflection, New Jersey, Prentice Hall, pp. 7-17, [original: (1951) The Cold Spring Harbor Symposia on Quantitative Biology, 15: 67-78].

(1963) “Behavior and Human Evolution”, en: Strum, S. C., Lindburg, D. G. y Hamburg, D. (eds) (1999) The New Physical Anthropology. Science, Humanism, and Critical Reflection, New Jersey, Prentice Hall pp. 261-269, [original: Washburn, S. L., (ed.) (1963), Classification and Human Evolution, New York, Wenner Gren, Viking Fund Publications in Anthropology, pp. 190-203].

(1973) “The promise of primatology”, en: American Journal of Physical Anthropology, Vol. 38, no. 2, marzo, pp. 177-182.

(1983) “Evolution of a Teacher”, en: Annual Review of Anthropology 12, pp. 1-24.


Parte de la información de este texto proviene del artículo “El aporte de Sherwood L. Washburn al pensamiento paleoantropológico moderno”, de la autora, publicado en: El saber filosófico. Sociedad y ciencia, Vol. II, 2007, Martínez Contreras J. & A. Ponce de León, coords., México, Siglo XXI Editores – Asociación Filosófica de México, A.C., pp. 473-480.

  • Imagen de “Niños del Kalahari”, por Sara Atkins albergada en wikipedia.
  • Imagen de babuinos, Aura Ponce de León, 2005.
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