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Gustavo Gallinal, 1889 – 1951

GUSTAVO GALLINAL, 1889 – 1951

Por Emilio García Bonilla

Gustavo Gallinal nació en Montevideo, Uruguay, el 18 de marzo de 1889, y murió en la misma ciudad el 23 de diciembre de 1951. Fue abogado, docente, escritor, historiador, crítico literario y político.

Se graduó como abogado en la Universidad de la República. Formó parte de la Asamblea Constituyente de su país que redactó la Constitución de 1917.

Fue miembro destacado del Partido Nacional Independiente, siendo electo diputado y senador. Formó parte del Consejo Nacional de Administración. En 1945 fue designado Ministro de Ganadería y Agricultura. En 1944 fundó el Archivo Artigas que reunió la documentación de José Gervasio Artigas, máximo prócer de Uruguay.

Dedicó gran parte de su tiempo como profesor de literatura en la enseñanza secundaria y ejerció como crítico literario a través de sus intervenciones en el diario El Bien Público. Entre sus obras destacan: Crítica y Arte (1920), Letras uruguayas (1928), y El Uruguay hacia la dictadura (1938). Gallinal también colaboró en la Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay en sus primeros números.

Dedicatorias en obras de Gallinal, al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

Gustavo Gallinal. Tierra española. Barcelona: Imprenta de la Viuda de Luis Tasso, 1914.

“Al doctor V. Lombardo Toledano, homenaje de Gustavo Gallinal. 1931″

Gustavo Gallinal. Hermano lobo y otras prosas. Montevideo: Arduino Hnos., 1928.

“Al doctor Lombardo Toledano en prueba de cordial aprecio y testimonio de alta estima intelectual” (rúbrica de) Gustavo Gallinal. 1931

Obras ubicadas en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

James W. Ford, 1893 – 1957

JAMES W. FORD, 1893 – 1957

Por Emilio García Bonilla

James W. Ford nació en la ciudad de Pratt, Alabama, Estados Unidos de América, el 22 de diciembre de 1893 y murió en 1957. Fue un político y activista, luchador por los derechos civiles de los afroamericanos, siendo el primero de ese sector social en presentarse en una boleta presidencial, ya que fue postulado por el Partido Comunista de los Estados Unidos como candidato a vicepresidente en las elecciones de 1932, 1936 y 1940.

Después de ejercer diferentes oficios en su natal Alabama, se enlistó en el ejército estadounidense, participando en operaciones en Francia dentro de la Primera Guerra Mundial. Como empleado en una oficina de correos se unió al Sindicato de Trabajadores Postales a través del cual tuvo su primer contacto con el Partido Comunista al que se afilió formalmente en 1926, ganándose rápidamente el reconocimiento como uno de los principales comunistas negros en Estados Unidos.

En 1928 representó a su partido en el IV Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja en Moscú, siendo electo como parte del secretariado de la misma. En ese mismo año también participó en el VI Congreso de la Internacional Comunista. Un año más tarde asistió al Segundo Congreso de la Liga contra el Imperialismo, siendo elegido miembro del Consejo General y del Comité Ejecutivo. En 1930, Ford organizó la Conferencia Internacional de Trabajadores Negros, auspiciada por la Internacional Comunista, en Hamburgo, dando como resultado la formación del Comité Sindical Internacional para Trabajadores Negros, del que Ford fue secretario y editor de su publicación: The Negro Worker.

En 1930 regresó a los Estados Unidos, asumiendo la vicepresidencia de la Liga de Lucha por los Derechos de los Negros, y dos años después fue nombrado miembro del Buró Político del Partido Comunista de Estados Unidos. Al ser presentado como candidato a la vicepresidencia del país en 1932, la imagen de Ford tenía el mensaje claro de que el partido estaba comprometido con la población afroamericana para luchar por la igualdad de derechos.

Fue autor de numerosos libros y folletos enfocados a analizar y orientar la lucha política de los afroamericanos, gran parte de esos materiales fueron producidos para las organizaciones políticas en las que participó. Algunos títulos de su obra: El proletariado industrial negro de Estados Unidos (1928), El negro y la guerra imperialista de 1914-1918 (1929), La lucha de los negros contra el imperialismo (1930), Guerra en África: el fascismo italiano se prepara para esclavizar a Etiopía (1935), La lucha de la Unión Soviética por la paz y el socialismo (1937), y Los negros y la situación del nuevo mundo (1941).

En el verano de 1935, Ford participó como delegado en el VII Congreso de la Internacional Comunista, siendo electo miembro suplente del Comité Ejecutivo. Dos años más tarde viajó a España junto a otros comunistas en apoyo a los republicanos durante la Guerra Civil. En 1936 y 1940 fue compañero de fórmula del secretario general del Partido Comunista de Estados Unidos, Earl Browder, en las elecciones presidenciales, volviendo a presentarse Ford como candidato a la vicepresidencia.

Tanto Browder como Ford coincidieron con Vicente Lombardo Toledano, no sólo en el tiempo sino también en muchas de sus ideas. Prueba de ello es la dedicatoria que Ford escribió a Lombardo al entregarle uno de sus libros.

Dedicatoria de James W. Ford al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

James W. Ford, The negro and the democratic front. New York: International Publishers, 1938.

“Comrade Vicente Lombardo Toledano, Splendid and marvellous Leader of the mexican working class and peoples movement, long live the National Liberation Movement of the mexican people (rúbrica de) James W. Ford Mexico. City, Mexico. Dic 12, 1939.”

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Efemérides con fines de difusión cultural e histórica.

Bernardo J. Gastélum, 1886 – 1981

BERNARDO J. GASTÉLUM, 1886 – 1981

Por Emilio García Bonilla

Bernardo José Gastélum Izabal, nació en la ciudad de Culiacán, estado de Sinaloa (México) el 4 de agosto de 1886. Falleció en la Ciudad de México el 21 de diciembre de 1981. Fue médico, escritor, diplomático, docente, colaboró para diarios y revistas, se desempeñó en la administración pública federal y estatal.

Se tituló como médico en la Universidad de Guadalajara. Realizó un posgrado en ginecología en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Fue designado maestro Honoris Causa en salud pública (1959). Presidió la Asociación Latinoamericana de Academias de Medicina y el Colegio Internacional de Cirujanos. El Hospital General de Culiacán lleva su nombre.

Fue docente del Colegio Rosales de Sinaloa, institución que dirigió en los periodos 1915-1916 y 1918-1922, transformándolo en Universidad de Occidente, y que hoy es la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Fungió como embajador y ministro plenipotenciario en Uruguay (1920), embajador en Paraguay (1922), en Italia y Hungría (1929-1931). Fue subsecretario y secretario de Educación Pública (1924). Se desempeñó como jefe del Departamento de Salubridad (1925-1929), implementó la obligatoriedad del certificado de salud prenupcial, expidió el nuevo Código Sanitario. Fue secretario del Consejo Superior de Salubridad durante el mandato del presidente Adolfo López Mateos.

En 1928 fundó la revista Contemporáneos en unión de Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano y Enrique González Rojo. Entre sus obras destacan: Septicemia puepereal (1919), Ligeras consideraciones sobre algunas enfermedades en el estado de Sinaloa (1920), Principios de psicología (1921), Silicosis pulmonar (1926), Inteligencia y símbolo (1927), El sino de la mujer (1934), Física de la actitud (1936), En la red invisible (1945), Castillo en el aire (1954) y La Revolución Mexicana, interpretación de un espíritu (1966).

Dedicatoria de Bernardo J. Gastélum al Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

Bernardo J. Gastélum, Inteligencia y símbolo. Madrid: Espasa Calpe, 1927.

“Para Vicente Lombardo Toledano” Cordialmente (rúbrica de) Bernardo J. Gastélum”

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

La falacia de la raza

Por Bernardo Yáñez y Aura Ponce de León

En el mundo actual, al igual que en la antigüedad o el Paleolítico, la diversidad en todas sus expresiones ha sido la característica principal de las poblaciones humanas. En ciertos contextos sociales e históricos esa diversidad se ha utilizado para distinguir, clasificar, segregar e incluso exterminar sociedades, culturas, lenguas, religiones y muchas cosas más. A esta forma de proceder se le conoce como racismo. En el contexto actual de claras diferencias y asimetrías socioeconómicas en diferentes regiones del mundo, el tema de la raza, el racismo y los discursos racialistas deben ser combatidos y no suscritos desde la ciencia pues la misma ha mostrado que no tienen fundamento científico alguno.

Piezas del mes

En el duro debate sobre si las razas existen o no, se han publicado numerosos textos y resulta importante actualmente revisar y releer las voces que se han pronunciado en contra del prejuicio, la discriminación, la opresión y la ignorancia que implica sostener este tipo de discursos. Para contribuir a ello, presentamos dentro de las piezas del mes tres libros de la Biblioteca Mexicana de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología en los que se debaten con argumentos científicos las ideas que están a la base de los discursos racistas.

Ashley Montagu, 1958

El mito más peligroso del hombre.

Uno de ellos, Man´s most dangerous myth: the fallacy of race, fue publicado en 1945 por el antropólogo Ashley Montagu quien sostuvo que “el término “raza” en sí mismo, tal como es aplicado generalmente al hombre, no está justificado científicamente y que tal como es usado comúnmente corresponde en realidad a nada…” Montagu sobresale también por su propuesta de sustituir el concepto de raza por el de etnia, aunque actualmente este es asimismo sujeto de polémica entre los antropólogos.

Herencia, raza y sociedad.

Otro de los textos, Herencia, raza y sociedad, fue publicado en 1949 por el genetista Leslie Clarence Dunn, autor líder del texto El concepto de raza, publicado en 1952, y el biólogo evolutivo y genetista Theodosius Dobzhansky, este último representante prominente de la Moderna Teoría Sintética de la Evolución quien fue uno de los principales detractores de los postulados racistas y racialistas de la temprana biología evolutiva.

Agustín Fuentes. Reunión anual de la AAA, Wahington, D.C., dic. 2017

Mentiras que te contaron…

Presentamos también la polémica en una de sus versiones recientes, a través de Race, monogamy, and other lies they told you: busting myths about human nature, texto del antropólogo y primatólogo Agustín Fuentes, destacado investigador de temas etnográficos, primatológicos y evolucionistas, editor principal de The International Encyclopedia of Primatology, quien ha abordado con agudeza el tema de la raza en respuesta al avivamiento de enfoques racistas en la contemporánea biología evolutiva y en la antropología biológica.

 

 

Auguste Rodin

El arte según Rodin.

En otro tema, de nuestras colecciones Acervo general y Dedicatorias, compartimos con ustedes dos libros del escultor francés Auguste Rodin, de quien conmemoramos el 17 de noviembre el centenario de su fallecimiento. Uno de ellos, L’Art, entretiens réunis par Paul Gsell, con entrevistas a este destacado artista y otro, Rodin, con láminas de algunas de sus principales esculturas.

 

Como siempre, invitamos a nuestros queridos amigos y estimados usuarios a acudir a esta magnífica biblioteca. Su acervo puede consultarse en:  http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Sobre la biblioteca y las exposiciones de Piezas del Mes, puede consultarse el siguiente post:  https://www.centrolombardo.edu.mx/piezas-del-mes-la-biblioteca-del-centro/

área de investigación del Centro Lombardo y Personal Bibliotecario.

Texto: Bernardo Yáñez y Aura Ponce de León / noviembre-diciembre de 2017.


Piezas del mes:

Montagu, M. F. Ashley, 1945, Man´s most dangerous myth: the fallacy of race, with a foreword by Aldous Huxley, New York: Columbia University Press, xiv, 304 p.

“Mi propósito en este libro ha sido clarificar el pensamiento del lector sobre el muy controvertido y siempre tendenciosamente discutido problema de la “raza”, precisar los datos, criticar nociones existentes, hacer una sugerencia aquí y allá […]. “Vimos que el término “raza” en sí mismo, tal como es aplicado generalmente al hombre, no está justificado científicamente y que tal como es usado comúnmente corresponde en realidad a nada […]” (cap. 16, p. 244).

Dunn, Leslie Clarence y Th. Dobzhansky, 1949, Herencia, raza y sociedad, traducción de Enrique Beltrán, México: Fondo de Cultura Económica, 165 p.

“… Hitler creía que la raza ario-nórdica-germana era la única dotada con multitud de cualidades excelentes y sin ningún defecto. Pero no hay que atribuir a Hitler haber inventado la autoglorificación nacional; desde tiempos inmemoriales los pueblos de todas partes han gustado de este pasatiempo […]”. (Cap. I, pp. 11-12).

Fuentes, Agustín, 2012, Race, monogamy, and other lies they told you: busting myths about human nature, Berkeley: University of California Press, xvi, 274 p.

“Tres mitos mayores —acerca de la raza, la agresión y el sexo— tienen un impacto negativo en nuestra sociedad e inhiben un entendimiento preciso de lo que significa ser humano. Estos mitos crean un falso conjunto de “verdades” socialmente aceptadas, que en su momento causan un rango de problemas. El mito de que los humanos están divididos en razas biológicas —que negra, blanca, asiática, etc., son categorías naturales— ayuda a generar y mantener la intolerancia y la desigualdad […]” (del Prefacio, p. ix).

Rodin, Auguste, 1919, L’Art, entretiens réunis par Paul Gsell, Paris: Bernard Grasset, 304 p.

Auguste Rodin, entrevistas reunidas por Paul Gsell: “El arte es … una magnífica lección de sinceridad … El verdadero artista siempre expresa lo que piensa aún a riesgo de afectar los prejuicios establecidos […]” (Testamento, p. 13).

Rodin, 1939, Londres: Phaidon-Ausgabe, George Allen & Unwin Ltd. (con fotografías de obras de Rodin por Schneider-Lengyel, I.)

Libro de láminas de las principales esculturas de Auguste Rodin, obsequiado con dedicatoria a Vicente Lombardo Toledano por Manuel Germán Parra.


  • Colabora en Commons. Wikimedia Commons alberga contenido sobre Ashley Montagu, de donde proviene la fotografía utilizada en este post.
  • Colabora en Commons. Wikimedia Commons alberga contenido sobre Auguste Rodin, de donde proviene la fotografía utilizada en este post.
  • Fotografías de piezas del mes y de Agustín Fuentes, por Bernardo Yáñez.

 

 

Paul Eluard, 1895 – 1952

Fotografía en blanco y negro de Paul Eluard con la mano al frente

Por el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava en colaboración con los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Eugéne Émile Paul Grindel, conocido por el seudónimo de Paul Eluard, nació el 14 de diciembre de 1895 en Saint-Denis (Francia), donde también falleció el 18 de noviembre de 1952. Aunque no pudo terminar sus estudios debido a una tuberculosos, llegó a convertirse con los años en un prestigioso poeta, tras servir en la Primera Guerra Mundial como camillero y tras casarse con Gala.

Al año siguiente de su primera publicación, El deber y la inquietud (1917), conoció a Jean Paulhan, quien lo ayudo y le presentó a André Breton y a Luis Aragón. Más tarde, entró en el grupo dadaista de Toulon y de París.

Inició una vuelta al mundo, huyendo de una crisis conyugal con Gala, quien se convertirá en la musa de Dalí. Esto, y sus problemas de tuberculosis, le inspiraron a escribir L’Amour la poésie, al final de su viaje en 1924. Pero será en 1926 cuando se consagre como poeta, gracias a la publicación de Capitale de la douleur, y es en ese mismo año cuando se afilia al Partido Comunista Francés, aunque en 1933 será excluido del partido. En 1934 se casó con Nush, modelo de los surrealistas Man Ray y Pablo Picasso. Aunque políticamente no congenirará con los surrealistas.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue movilizado y se unió a la resistencia, pero su actuación se centró, sobre todo, en el uso de la palabra. Así, con la publicación de su poema Liberté (1942) se ve obligado a entrar en la clandestinidad. Su comprimiso con la lucha, le llevará a recopilar junto con Pierre Seghers, François Lachenal y Jean Lescure poesía de otros miembros de la resitencia y a publicarlos bajo el título de L`honneur des poètes.

Se casó con Dominique tras la muerte de Nush. Es entonces cuando publica Le Phénix, inspirado en la muerte prematura y trágica de Nush, y el despertar del nuevo amor con Dominique.

Publicamos uno de los poemas de Paul Éluard, en francés y en castellano, y una dedicatoria al Mtro. Lombardo Toledano.

LA ENAMORADA
Ella esta de pie sobre mis párpados
Sus cabellos están entre los míos,
Tiene la forma de mis manos,
Y el color de mis ojos que la miran,
Ella se hunde entre mi propia sombra
Como una piedra en el azul del cielo.
Ella tiene los ojos siempre abiertos
 Y no me deja dormir con su mirada.
A plena luz sus sueños luminosos
Hacen evaporar todos los soles
me hacen reir,
llorar y reír,
Y hablar sin tener nada que decir…
L’AMOUREUSE

Elle est debout sur mes paupières
Et ses cheveux sont dans les miens,
Elle a la forme de mes mains,
Elle a la couleur de mes yeux,
Elle s’engloutit dans mon ombre
Comme une pierre sur le ciel.

Elle a toujours les yeux ouverts
Et ne me laisse pas dormir.
Ses rêves en pleine lumière
Font s’évaporer les soleils,
Me font rire,
pleurer et rire,
Y parler sans avoir rien à dire…

 

ÉLUARD, Paul. Poémes politiques. Francia: Gallimard, 1948.

“A Lombardo Toledano en temoignage d´ admiration pour tont ce quil incarne si magnifiquement,” (rúbrica de) Paul Élauard. Mexico      le 8 – 9 – 49 (1949)”

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

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MARIANO OTERO

MARIANO OTERO

Por Emilio García Bonilla

Este Centro de Estudios rinde homenaje a Mariano Otero Mestas en el año del Bicentenario de su Natalicio. Formó parte de la brillante generación de liberales mexicanos de mediados del siglo XIX. “Fue un hombre eminente que dentro de los liberales moderados hizo aportaciones muy valiosas a la estructura jurídica y política de México”.[1] Promotor del federalismo, defensor de los derechos fundamentales y creador del juicio de amparo junto con Manuel Crescencio Rejón.

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 5 de febrero de 1817, y murió prematuramente, a los 33 años de edad, el 31 de mayo de 1850 víctima de cólera. Sus restos descansan en la Rotonda de los Jalicienses Ilustres. En reconocimiento a su obra, la Suprema Corte de Justicia de la Nación honra la memoria de Mariano Otero con esculturas y murales en el vestíbulo principal del edificio que la alberga.

Estudió en el Instituto del Estado de Jalisco donde a los 18 años se tituló como abogado. Su formación intelectual abarcó el derecho natural, político y civil, economía política, estadística e historia, abrevando de las ideas de Rousseau, Alexis de Tocqueville, Bartolomé de las Casas, Humboldt, José María Luís Mora, entre otros. Desde muy joven se destacó como orador, jurista e ideólogo liberal en una época de constantes revueltas militares e inestabilidad política.

Durante su segundo mandato, el presidente Anastasio Bustamante, empodera al alto clero y al ejército creándose el Supremo Poder Conservador, lo que provoca la revuelta del general Mariano Paredes que llevó una vez más al poder al inefable Antonio López de Santa Anna. En 1841, Otero incursionó en la política al ser designado delegado de Jalisco a la Junta de Representantes de los Departamentos, y al año siguiente fue electo diputado constituyente para el congreso que buscaría abrogar la Constitución centralista de 1836, tal como lo disponían las Bases de Tacubaya.

Mariano Otero participó activamente en los debates del constituyente planteando que se incluyera en la Constitución el término “república federal”, la libertad para practicar cultos diferentes a la religión católica, permitir la enseñanza particular y la libertad de imprenta, proponiendo elaborar un catálogo de “derechos individuales” que tendrían que ser inviolables. Su participación política la respaldó con la publicación de su Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana (1842), en el cual planteó la necesidad de que se despojara al ejecutivo del control del ejército y se alejara al clero de la política, ejerciendo el poder la clase media, para “evitar lo malo de lo alto y de lo bajo”.

Sin embargo, Santa Anna pidió reiteradamente que la nueva constitución no fuera federalista, censurando además los escritos contrarios a su gobierno. Finalmente abandonó la presidencia retirándose a su hacienda; Nicolás Bravo asumió el cargo, disolviendo el congreso constituyente. Otero fue hecho preso junto con Mariano Riva Palacio, Manuel Gómez Pedraza, Juan Álvarez y José María Lafragua, acusados de conspirar contra la paz de la República.

Una vez puesto en libertad por una amnistía declarada por el propio Santa Anna, Mariano Otero ideó la defensa de los derechos y garantías de los ciudadanos ante la autoridad, lo que daría lugar a la formulación del juicio de amparo, figura ya existente en la Constitución Yucateca de 1841 y establecida por el jurista Manuel Crescencio Rejón.

Después de ocupar el cargo de alcalde de la Ciudad de México, Mariano Otero volvió a ser electo diputado constituyente en 1847, en plena guerra de intervención estadounidense, participando en la redacción del Acta de Reformas que restauró la Constitución de 1824, como una manera de conciliar a las facciones políticas en medio de la agresión militar. El acta modificó sobre todo los artículos referentes al Poder Judicial: en el artículo 25 se encuentran las ideas de Otero acerca del amparo, se otorga a los tribunales de la federación competencia para proteger a cualquier ciudadano en el ejercicio y conservación de sus derechos constitucionales contra todo ataque de los poderes legislativo y ejecutivo federales o estatales. En su voto particular presentado el 5 de abril de 1847, Otero señaló:

No he vacilado en proponer al Congreso que eleve a grande altura al Poder Judicial de la Federación, dándole el derecho de proteger a todos los habitantes de la República en el goce de los derechos que les aseguren la Constitución y las leyes constitucionales, contra todos los atentados del Ejecutivo o del Legislativo, ya de los Estados o de la Unión.

Ante la ocupación de la Ciudad de México por el invasor norteamericano, Otero se pronunció por seguir resistiendo mediante guerrillas para obtener mejores condiciones al negociar la paz. Ante la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, votó en contra de su aprobación junto a otros tres diputados, argumentando que los territorios que se perdían no eran materia de disputa al comenzar la guerra, evidenciándose que era una guerra de despojo, por lo que propuso al congreso se negara a reconocer cualquier acuerdo que implicara cualquier enajenación del territorio nacional.

Siendo presidente de la República José Joaquín de Herrera, le correspondió a Mariano Otero el cargo de ministro de Relaciones Interiores y Exteriores. Como tal, fue responsable de la entrega de la aduana de Veracruz en manos de los invasores estadounidenses, negoció con Inglaterra el pago de la deuda contraída durante el período de guerra, se encargó de reubicar a las familias de mexicanos que residían en los territorios arrebatados por los Estados Unidos, así como de proyectar la colonización de las tierras del norte del país con migrantes europeos para preservar la integridad territorial de la nación mutilada.

Otero fue autor de un proyecto de régimen penitenciario para el Distrito y territorios federales, basado en la regeneración y corrección del delincuente mediante el trabajo en talleres de artes y oficios, y no a través del castigo. En 1848 logró que se estableciera una Junta Directiva de Cárceles. Al renunciar al Ministerio de Relaciones Interiores y Exteriores, Otero se incorporó a la mencionada junta desde donde promovió la modernización del sistema penitenciario de la Ciudad de México.

En 1849 fue electo Senador de la República, presentando un proyecto de Ley de Garantías Individuales: libertad, seguridad, propiedad e igualdad, que fue el antecedente inmediato del capítulo primero de la Constitución de 1857.

De forma paralela a su actividad política, Mariano Otero fue cofundador del periódico El Siglo Diez y Nueve, en el que colaboró durante más de ocho años como redactor y articulista. Fue también vicepresidente del Ateneo de México. Su obra escrita comprendió estudios sobre temas sociales, políticos y jurídicos.

Su trayectoria política, aunque breve, fue intensa y fructífera. Su legado ha trascendido el tiempo permaneciendo en la legislación vigente. Su contribución principal, el juicio de amparo, quedó incorporado en la Constitución de 1857 de la que pasó a la actual promulgada en 1917 en sus artículos 103 y 107. Es una figura jurídica única en el mundo que ha sido adoptada por la legislación de otros países creando figuras similares, como la tutela constitucional.

Mariano Otero estuvo casado con Andrea Arce con quien procreó a siete hijos. Su descendencia fue numerosa, una de sus nietas, Rosa María Otero y Gama, fue esposa y compañera de vida de Vicente Lombardo Toledano, madre de sus tres hijas: Rosa María, Adriana y Marcela.

[1] Vicente Lombardo Toledano, “Al fin: Justicia a Miguel Otero Arce”, artículo publicado en Siempre!, núm. 586, 16 de septiembre de 1964.

Vicente Lombardo Toledano. Su concepto de reforma agraria

Vicente Lombardo Toledano, su concepto de reforma agraria

Por Emilio García Bonilla

Emiliano Zapata

El 10 de abril de 1939, la Unión de Revolucionarios del Sur, reconociendo en Vicente Lombardo Toledano un continuador del caudillo revolucionario, le otorgó la condecoración “Emiliano Zapata”, ante la estatua del apóstol del agrarismo en Cuautla, Morelos, con motivo del vigésimo aniversario de su deceso.[1] ¿Por qué se hizo merecedor de tal distinción?

Siendo estudiante universitario, Lombardo se comenzó a vincular con los trabajadores organizados, relación que definió su trayectoria intelectual y política llegando a figurar como uno de los dirigentes obreros más reconocidos de todo el mundo: en su momento fue el máximo líder del proletariado en México, presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina y vicepresidente de la Federación Sindical Mundial.

Tuvo el mérito de haber presidido el primer congreso agrario de la República que se realizó en Iztapalapa en septiembre de 1921. Unos meses después, a principios de 1922, publicó el folleto titulado El reparto de tierras a los pobres no se opone a las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo y de la santa madre Iglesia, teniendo como portada un dibujo de Diego Rivera, dejando a los reaccionarios y terratenientes sin argumentos religiosos contra la reforma agraria. Durante un breve periodo de tres meses entre 1923 y 1924, Lombardo ocupó el cargo de gobernador provisional del estado de Puebla, en ese tiempo repartió más tierras que todos los gobiernos previos en esa entidad, casi 13 mil hectáreas.[2]

Portada de Diego Rivera, 1922.

De las aportaciones concretas de Lombardo a las luchas campesinas destacan tres:

1) La tesis de la unidad de la clase obrera con la campesina. Cuando Lombardo Toledano se separó de la CROM fundó una nueva central sindical: la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la cual desapareció al crearse la Confederación de Trabajadores de México (CTM), dándole ese nombre para que pudieran incorporarse los campesinos dentro del concepto de trabajadores. Después de la crisis de la CTM por la corrupción de sus líderes, Lombardo auspició la creación de la Alianza de Obreros y Campesinos de México, esta organización se disolvió al crearse la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM).

2) La tesis de que la tierra debería entregarse a los trabajadores agrícolas también, y no sólo a los pueblos y comunidades indígenas. El general Lázaro Cárdenas hizo ley esa idea y la aplicó durante su periodo como presidente de la República.

3) La tesis del trabajo colectivo ejidal implantado en las zonas agrícolas más importantes de la República, como La Laguna, el Yaqui, el Mayo, los Mochis, Mexicali, etcétera,[3] consistente en una concepción cooperativista de la producción, del crédito y de las ventas.[4]

Para Vicente Lombardo Toledano era fundamental tener claridad de las condiciones históricas y sociales del país para actuar políticamente, así sintetizó a la personalidad de México como definida por:

Tres revoluciones populares intensas y dramáticas; dos guerras injustas que mutilaron físicamente el país y desangraron grandemente a su pueblo; varias invasiones militares de su territorio por tropas extranjeras, y un tronco histórico formado por las civilizaciones indígenas y la española del siglo XVI, que dio frutos propios y ricos en todos los órdenes de la vida social y sigue floreciendo de manera inagotable.[5]

Las tres revoluciones que menciona son: la de Independencia, la de Reforma y la iniciada en 1910, esta última definida por el propio Lombardo como una revolución democrático-burguesa, antifeudal, y antiimperialista.

Pero además destacó el papel que la tierra ha representado para el pueblo mexicano:

Su apego profundo a la tierra y su sentimiento de dominio sobre todo lo material y espiritual que la tierra representa, ha desempeñado la principal fuerza motriz en las grandes luchas que el pueblo mexicano ha librado, en las tres revoluciones trascendentales de su historia y en su resistencia a la intervención del extranjero en su vida interior.[6]

De ahí que considerara que la causa principal de las contradicciones que dieron pie a la Revolución de 1910 fue el latifundismo, el cual identificó con una forma de feudalismo. En este sentido, el artículo 27 constitucional es fundamental pues expresa el sentido antifeudal y antiimperialista de la Revolución al oponerse al latifundismo y expresar la defensa del territorio nacional ante los extranjeros.

Vicente Lombardo Toledano. Retrato de Juan Madrid

Por eso es importante al hablar de luchas campesinas conocer algunos conceptos agrarios que sostuvo Vicente Lombardo Toledano.

En su momento señaló que la única forma de elevar el nivel de vida de los mexicanos era la industrialización del país, pero el desarrollo industrial debía apoyarse en una agricultura próspera; que tenía que reducirse la disparidad entre la vida rural y la urbana: “El campo y la ciudad deben marchar paralelamente. Por eso la agricultura y la industria deben ser consideradas como dos aspectos complementarios de un mismo proceso económico, social, político, educativo y cultural.”[7]

La reforma agraria no fue una concesión del régimen, fue producto del esfuerzo y la decisión de los campesinos en armas, había sido conquistada de abajo hacia arriba, arrancada por los campesinos a los gobiernos en turno. Entre sus aspectos positivos, Lombardo destaca que la tierra ejidal no pertenece ni al individuo ni a la familia, sino al núcleo de población, había hecho que el campesinado se organizara y participara con mayor conciencia en las luchas del pueblo, también había logrado minar las fuerzas de la reacción al acabar con la clase social enriquecida del campo.[8]

Consideró que la reforma agraria tuvo por objeto multiplicar las fuerzas productivas y cambiar las relaciones de producción en el campo. Para ello era necesario terminar con los latifundios que sólo se cultivaban en una mínima parte y de un modo primitivo, devolver a las comunidades agrarias las tierras que habían perdido y dotar de ellas a los núcleos de población rural que nunca las habían tenido. Esto tenía como fin liberar a los peones de su situación casi de esclavitud, anular los contratos infames de aparcería y convertir a los campesinos en factores de producción, para que pudiera elevarse su nivel de vida y para crear un mercado nacional con creciente capacidad de compra.[9]

Para Lombardo, la reforma agraria no se podía limitar al hecho de entregar la tierra, sino que debía de ser integral, consistente en asegurar el uso de la tierra, el agua, dirección técnica y el crédito; radicando en este último el problema principal, pues tierra sin crédito es tierra que se abandona o se arrienda.[10]

Al ejido lo consideró no como una propiedad, sino en función del derecho de los campesinos a hacer uso de la tierra sin poder venderla, lo que garantizaba la integridad del territorio nacional al impedir la reintegración de los grandes latifundios y que los extranjeros poseyeran las tierras más valiosas del país.[11]

Ante las críticas de la reacción, que consideraba como medidas comunistas los principios contenidos en el artículo 27 constitucional relativos al dominio directo de la nación sobre los recursos naturales y acerca de la facultad del Estado para dotar a la propiedad privada las modalidades que dictara el interés público, Lombardo aclaró que se trataba del capitalismo de Estado como una forma de facilitar el desarrollo de las fuerzas productivas procurando superar el atraso y mejorar las condiciones de vida sin sometimiento a las fuerzas económicas del exterior.[12]


(Fragmento de la conferencia “Vicente Lombardo Toledano, la lucha campesina y el pensamiento político de la segunda mitad del siglo XX”, presentada en el Congreso Mexicano de Sociología, La mirada sociológica desde el sur, organizado por el Colegio Mexicano de Sociología y realizado en la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano” del 22 al 24 de noviembre de 2017.)

[1] Rosa María Otero, Vicente Lombardo Toledano, Datos biográficos, México, Universidad Obrera de México, 1988: p. 47.

[2] Jacinto López, “La lucha de Vicente Lombardo Toledano en defensa de los campesinos de México”, en Homenaje de El Popular a Vicente Lombardo Toledano, México, CEFPSVLT, 2014: pp. 40, 44-45.

[3] Ibid.: pp. 45-46.

[4] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas de la reforma agraria y de la agricultura”, discurso del 22 de marzo de 1964, en Obra Histórico-cronológica, tomo VI, Vol. 14, México, CEFPSVLT, 2013: p. 160.

[5] Vicente Lombardo Toledano, “¿Moscú o Pekín?, La vía mexicana al socialismo” [1963], en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, Vol. 11, México, CEFPSVLT, 2011: p. 92.

[6] Ibid.: p. 72.

[7] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas…”, op. cit.: p. 153, 162.

[8] Vicente Lombardo Toledano, “Proyecto de tesis sobre la política campesina”, noviembre de 1955, en Obra Histórico-cronológica, tomo V, Vol. 22, México, CEFPSVLT, 2006: p. 149-150.

[9] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas…”, op. cit.: pp. 153-154.

[10] Ibid.: pp. 155-156.

[11] Vicente Lombardo Toledano, “La Reforma Agraria”, conferencia del 20 de agosto de 1965, en Obra Histórico-cronológica, tomo VI, Vol. 18, México, CEFPSVLT, 2013: pp. 25-26.

[12] Vicente Lombardo Toledano, “López Mateos y los grandes problemas nacionales. El capitalismo de Estado”, artículo del 10 de diciembre de 1958, en Obra Histórico-cronológica, tomo V, Vol. 28, México, CEFPSVLT, 2013: pp. 206-207.

Erasto Cortés Juárez (1900-1972)

ERASTO CORTÉS JUÁREZ, 1900 – 1972

Por el Lic. Javier Arias Velázquez, Emilio García Bonilla y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Erasto Cortés Juárez nació en Tepeaca, estado de Puebla (México), el 26 de agosto de 1900. Fue pintor, grabador, escritor, docente, periodista y crítico de arte, egresado de la Academia de San Carlos en la Ciudad de México, y es uno de los máximos exponentes de las artes plásticas y  gráficas del siglo XX en México, quien desarrollo durante su vida de grabador la intensa labor de producción, investigación y fomento de la técnica del grabado.

Ejerció la docencia en pintura y grabado durante más de tres décadas en la Escuela de Artes Plásticas “La Esmeralda” de la Secretaria de Educación Pública (México) y en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estuvo afiliado a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, que tuvo la misión de la promover el ideario socialista desde la cultura. También fue miembro del renombrado Taller de Gráfica Popular. Fundador y miembro de la Sociedad para el Impulso de las Artes Plásticas. Perteneció al Salón de la Plástica Mexicana del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y a la Asociación Mexicana de Críticos de Arte.

Dentro de sus actividades periodísticas, estuvo a cargo de las “Crónicas culturales” del semanario El Vocero del Norte de San Miguel de Allende, Guanajuato (México) y colaboró en diarios y revistas de México. Fundador, miembro Titular y de Número de la Academia de Artes. Participó en exposiciones colectivas principalmente en la Ciudad de México y en San Miguel de Allende, Guanajuato, también en el extranjero y en exposiciones individuales en la Galería de Arte Contemporáneo y en la Galería de Arte Mexicano.

De su obra literaria destacan: Fisonomías de animales (40 grabados), México, 1950; El calendario histórico guanajuatense; Héroes de la Independencia, La Reforma, La Revolución (grabados en linóleum) México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Viaje a Puerto Príncipe, Haití. (12 grabados). México, 1950; El grabado contemporáneo, 70 biografías de grabadores. Volumen 12 de la Enciclopedia Mexicana de Arte, 1951; Historia del grabado en México; Homenaje al Pensamiento Liberal Mexicano y Del dibujo al grabado, (833 piezas) en exposición en el Museo-Taller Erasto Cortés, Ciudad de Puebla, México.

Falleció en la Ciudad de México en 1972.

Erasto Cortés Juárez. Calendario Histórico Guanajuatense. San Miguel de Allende, Guanajuato, México: Imprenta San Miguel, 1967.

“A el maestro licenciado don Vicente Lombardo Toledano. Con mi profunda admiración y sincera estimación”. (firma) Erasto Cortés

Obra ubicada en el acervo histórico: Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

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Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Fernando Foglio Miramontes (1906-1973)

FERNANDO FOGLIO MIRAMONTES, 1906 – 1973

Por Emilio García Bonilla

Nació en Temósachi, estado de Chihuahua (México) el 8 de diciembre de 1906 y falleció en la Ciudad de México el 23 de mayo de 1973. Ingeniero agrónomo y político. Realizó sus estudios de agronomía en la Escuela Particular de Agricultura de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Después de haber servido varios años en el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, desempeñó los cargos de Director General de Estadística, Subsecretario de Agricultura y Ganadería y Titular del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización en el gabinete del presidente Manuel Ávila Camacho.

En 1940, fue postulado por el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) al gobierno de Chihuahua, siendo derrotado por un disidente de su mismo partido, Alfredo Chávez, que se postuló de manera independiente. Cuatro años después ganó las elecciones y gobernó su estado natal de 1944 a 1950, mandó edificar las Ciudades Deportiva e Infantil, primeras en su género de la República. Otra de sus obras emblemáticas fue la presa Francisco I. Madero “Las Vírgenes”. Durante su mandato también se inició la construcción del Instituto Tecnológico de Chihuahua, asimismo se promulgó la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Chihuahua, actualmente vigente y que reformó la anterior de 1921.

Su único libro conocido es la Geografía Económico Agrícola del estado de Michoacán, publicado en 1936. El Centro de Estudios conserva un ejemplar con dedicatoria a Vicente Lombardo Toledano.

Fernando Foglio Miramontes. Geografía económica agrícola del estado de Michoacán. México: Imprenta de la Cámara de Diputados, 1936.

“Con todo afecto para mi estimable amigo el sr. Lic. Vicente Lombardo Toledano. México, D. F., a 29 de octubre de 1963. (rúbrica) de Fernando Foglio”.

Obra ubicada en el acervo histórico Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

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Darío Rubio (1878-1952)

DARIO RUBIO, 1878 – 1952

Por Emilio García Bonilla

Nació en el poblado de Mineral de la Luz, estado de Guanajuato (México), el 8 de diciembre de 1878 y falleció en la Ciudad de México el 21 de enero de 1952. Fue un escritor interesado en la paremiología (disciplina que estudia los refranes y proverbios) y el español popular mexicano. Su obra lexicográfica se caracteriza por una defensa incansable hacia el reconocimiento del acervo léxico mexicano en primer lugar y del americano en segundo lugar desde una postura policéntrica.

Después de realizar sus estudios en el Colegio del Estado de Guanajuato, continuó su educación de manera autodidacta. Sus primeros trabajos los publicó en un periódico dirigido a los mineros: El Barretero, posteriormente fundó El Correo de Guanajuato. Se radicó en la Ciudad de México desde 1905 ocupándose de labore editoriales.  Fue regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México, Jefe del Departamento Administrativo del mismo Ayuntamiento, interventor del Banco Hipotecario y Director del Nacional Monte de Piedad.

En su quehacer literario, se dio a conocer como dramaturgo, crítico teatral, narrador y periodista, pero es más reconocido como lexicógrafo. Su interés por el habla popular lo llevó a recoger los vocablos y frases que consideraba exclusivos de México y de ciertos sectores sociales.

Conocido también por el seudónimo de “Ricardo del Castillo”, fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, a la que ingresó en 1927 y desempeño los cargos de secretario y tesorero hasta su muerte. Colaboró en el diario México Nuevo y en la Revista de Revistas. Entre sus obras destacan: Pierrot: ensayo dramático (1909), Ligeras reflexiones acerca de nuestro teatro nacional (1912), Los llamados mexicanismos de la Academia española, (1917), Nahuatlismos y barbarismos (1919), El jaripeo (1920)  La anarquía del lenguaje en la América española (1925), Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, dos volúmenes (1925 y 1940).

Dos de sus obras pertenecieron al acervo particular de Vicente Lombardo Toledano, personaje a quien Darío Rubio estimaba.

Ricardo del Castillo. Los llamados mexicanismos de la Academia española. México: Imp. Franco-Mexicana, 1917

“Para el Señor Lic. don Vicente Lombardo Toledano, con la significación de la alta estima en que le tiene el autor de estos apuntamientos (rúbrica) Darío Rubio. Mex. Ocbre. 1°  de 1922.”

Darío Rubio. La anarquía del lenguaje en la América Española. México: Confederación Regional Obrera Mexicana, 1925.

“Para Vicente Lombardo Toledano, con el cariño que él sabe bien le tiene el autor de estos estudios. (rúbrica) Darío Rubio. México, Diciembre de 1925”

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La conexión en la obra cinematográfica: autores, público e influencia

La conexión humana

El concepto de conexión está muy presente en nuestra sociedad, sin embargo, se define más en un paradigma de capacidad que de significado. La razón podría ser que, cuando se habla de conexión, se tienen en cuenta más los procesos mecánico-tecnológicos que lo permiten, que lo que significa la conexión en relación a lo humano. Esta afirmación puede resultar una paradoja discutible en la era de las Redes Sociales. Sin embargo, la cosificación que sufren los usuarios nos obliga a plantearnos cuál es el papel que realmente ejercemos en este mundo hiper-conectado. Mi punto de vista en esta cuestión es que los humanos no somos entes mecánicos, ni sujetos pasivos, ni en esencia: productos. Otra cosa es que se nos trate como a tales, y que esto no parezca que vaya a cambiar en un tiempo breve, sino todo lo contrario. En cualquier caso, parece ser que inevitablemente nos influimos unos a otros, introduciendo constantemente variables en el sistema, y que esto sucede a través de la comunicación. Tanto es así que, cuando un grupo determinado de personas conecta a través de una idea, puede influir en la opinión pública, llegando incluso a generar movimientos de cambio (Monzón Arribas, 2006, p. 39). Además, es gracias a la comunicación que mostramos parte de lo que somos, incluso de manera involuntaria. La comunicación no es sólo la transmisión de un mensaje, también es un ejercicio de ‹‹presencia›› (Christakis, Fowler, 2010, p. 270). Por Tanto, la conexión humana parece ser cuanto menos un proceso mecánico unidireccional, invariable y cerrado. Muy al contrario, la comunicación se muestra variable, abierta y polidireccional (Sanmartín-Cava, 2017, p. 203).

La identidad no produce representaciones, son las representaciones las que producen identidad (Zafra, 2004).

Foucault, M. (1992). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets.

El reto es claro, reivindicar a la humanidad por encima de la fascinación de lo tecnológico y de los propósitos de mercado. Pues es en la seducción del marketing más innovador, donde se puede acabar venerando al “canal” por encima de todo lo demás. Y dominar el canal significa dominar el ‹‹discurso›› (Foucault, 1992, pp. 11-21). Y dominando el discurso se desprovee de voz al usuario, de categoría, subyugándolo a los discursos tradicionalmente hegemónicos. Y, si algo había conseguido el usuario con la llegada de Internet, había sido, precisamente, cambiar su categoría dentro de la Red, influyendo en la sociedad significativamente. Pero eso podría cambiar si no estamos atentos.

De todos modos, sería un error considerar que la conexión no existía antes de la llegada de las Redes Sociales en términos de presencia e influencia. La conexión entendida desde lo humano siempre ha existido. De hecho, las redes sociales ya existían antes de la llegada de Internet. Una red social en sí es simplemente un grupo de personas que se unen ante un propósito. Por ejemplo, una comunidad de vecinos, una tribu, una pandilla, un club de fans o una ONG. Dicho esto, la conexión también puede existir de una manera más íntima, con un fuerte componente de presencia, entre un autor y su público. Es así como podemos comprender el temperamento de Goya a través de su arte; el compromiso y la frustración de Lorca a través de su letra, o la personalidad de Luis García Berlanga a través de su cine. Y, en términos culturales, con un fuerte componente de influencia, podemos hablar de las redes de conocimiento que modelan nuestro conocimiento y contexto contemporáneo. Un ejemplo cultural claro es como se configura prácticamente toda la narrativa universal, vertebrándose mediante arquetipos heredados de la mitología (Campbell, 1959, pp. 40-41)[1], que no parecen haber cambiado desde las primeras historias contadas alrededor de una hoguera.

Si dos personas son capaces de sentir lo mismo, aunque sea solo una vez, entonces siempre se comprenderán. Aunque uno viviera en la Edad de Piedra y el otro en la Nuclear (Tarkovski, 2015, p. 28).

Partiendo de aquí, de cómo conectamos unos con otros, Christakis y Fowler realizan una interesante definición de la humanidad como una red global, como un superorganismo humano (Christakis y Fowler, 2014, pp. 14-15). Y, en este sentido, abandonan la idea del homo economicus, egoísta y desconectado del bienestar ajeno, proponiendo una nueva definición, la del homo dyctyous, un ser conectado que no se mueve sólo por su propio interés. En mi opinión, la obra Conectados, publicada por ambos autores en 2010, ofrece una definición muy pertinente de lo que implica ser humano. Personalmente, estoy a favor de la definición de Christakis y Fowler respecto al homo dyctotyous. También simpatizo con la idea del superorganismo humano, aunque me temo que mis conocimientos no me permiten afirmar con rotundidad tal definición.

¿Y cómo conecta todo esto con el cine?

Uno podría pensar que, actualmente, la conexión sucede en mayor medida en las redes sociales, y en menor medida entre autores y público. Y podría ser cierto. Sin embargo, creo que todos podemos coincidir en que la capacidad de influencia que tienen determinadas obras puede incluso llegar a superar al poder de las redes sociales entendidas como tales. Aunque, en mi opinión, lo acertado es pensar que tanto las obras, como los autores y el público, configuran redes de conocimiento que, a su vez, están conectadas a otras redes, formando híper-redes. En cualquier caso, y como se ha explicado en el apartado anterior, la conexión humana parece existir en toda forma de comunicación, y eso es lo verdaderamente relevante.

A lo anteriormente dicho hay que añadir que, centrándonos en las obras narrativas y en el cine en particular, la conexión sucede a varios niveles. Se podría decir que el cine es en sí una herramienta para la conexión, que a su vez surge de la conexión de ideas previas, en un entorno cultural, y bajo la influencia de todos los miembros que producen la película[2], y los distintos contextos de cada uno de ellos, más la demanda de un público que genera un ambiente de expectativas, de ‹‹pasiones››, que a su vez pueden satisfacer diversas redes de conocimiento (Parret, 2002). Por tanto, es fácil vislumbrar la híper-red que configura el entorno donde nace una película, por mucho que algunos directores intenten reclamar su total autoría[3]. En cualquier caso, difícilmente una película podrá nacer desconectada. Ya de por sí, toda película está conectada a una tradición narrativa asentada desde la mitología. Y el mito, a su vez, está conectado a otras fuentes de conocimiento (Campbell, 1959, p. 11). En mi opinión, si alguien tuviera el propósito de hacer un cine totalmente desconectado, no tendría éxito. Antes de continuar, me gustaría señalar que, como muchos se habrán dado cuenta, en realidad, lo que le sucede a una película le sucede a toda obra que desee ser comunicada. De alguna manera, esto muestra lo conectados que estamos todos y el poder de las ideas.

El otro aspecto relevante de la conexión en el cine es la influencia que produce en la sociedad. Es evidente que el cine puede llegar a generar opinión pública, o todo lo contrario, puede adormecerla. Esta capacidad ha sido explotada desde que David Wark Grifith dirigiera The Birth of a Nation (1915)[4]. También hay que decir que Grifith realizó esta película sin una intención verdaderamente propagandística, sino para su público, obviamente racista. Lo que nadie podía prever es que el interés de la película atraería en masa a públicos afines y detractores, lo que generó un intenso debate sobre el racismo. Sería un error considerar que esta película sirvió para superar el racismo. Sin embargo, generó un debate que atravesó todos los Estados Unidos, cuya polémica sirvió para enfrentar el problema (Sanmartín-Cava, 2017, pp 210-211). Problema del que ni siquiera Grifith era consciente, ya que él no se consideraba racista, y sólo tras el estreno de la película se dio cuenta de los prejuicios heredados de la sociedad en la que vivía[5].

Los medios, en principio, median la opinión pública y posibilitan su expresión. El problema radica en saber si es una mediación neutra y fiel, reflejo de las opiniones de los públicos, o si la mediación se convierte en mediatización, reflejo de los intereses de aquellas instancias que se amparan en los mismos (Cándido, 41).

El Acorazado Potemkin (1925). Dirigida por Serguéi M. Eisenstein.

El cine es una herramienta poderosamente influyente, incluso cuando parece no tener ese propósito. Por ejemplo, el cine más ingenuo, sobre historias nada críticas, puede servir para asentar la idea de que todo va bien. Pero, otras veces, su propósito es claro: influir en la opinión pública. Y, si bien el cine puede “mediar” una idea, una crítica necesaria, como cuando Francis Ford Coppola realizó Apocalypse Now (1979), enfrentando el problema del Vietnam; otras veces, puede “mediatizar” una opinión ajena a la sociedad. Un ejemplo de esto último fue la película The Hurt Locker (2008)[6], un filme que pretendía mostrar una parte de la realidad de Irak como la total realidad del país, sin tener en cuenta las miserias de sus habitantes y la causa de las mismas: la invasión de los Estados Unidos y la extracción de sus recursos. Pero, para que además el discurso quedara bien establecido, se usó el canal de los Oscars para premiar a la película como la mejor, dos años más tarde de su estreno, y por encima de Avatar (2009). Curiosamente, esta última película trataba de cómo una empresa minera, ayudada por un ejército de marines, pretendía extraer los recursos de una luna, acabando con el hábitat y la cultura de una raza humanoide que al final lograba resistir.

El cine tiene una capacidad de influencia evidente y sobran los ejemplos de películas que han marcado épocas, generando movimientos culturales o contra-culturales, definiendo la sociedad en la que vivimos. Así, podríamos nombrar películas como: Bronenosets Potyomkin (1925)[7]Modern Times (1936), Shichinin no Samurai (1954)[8]Rebel Without a Cause (1955), 2001: A Space Odyssey (1986), Easy Rider (1969), A Clockwork Orange (1971), Star Wars (1977), Blade Runner (1982), Full Metal Jacket (1987) o Matrix (1999).

Quizás, el éxito del cine radique en que la conexión se da a través de la ‹‹identificación›› principalmente (Metz, 2001, p. 70), haciéndonos conectar con otros seres humanos, sus emociones y sus pensamientos. Podría ser que cuanto más conecta una película con nuestras problemáticas, más identificados nos sentimos y más repercusión tiene en la sociedad.

Conclusiones

Creo, sinceramente, que es importante reivindicar el papel de todos y cada una de nosotros en la la sociedad. Todos somos importantes incluso como público. Las personas no somos entes pasivos, al menos no enteramente ni en todos los casos. Por tanto, el mero hecho de ir a ver una película tiene implicaciones políticas directas e indirectas. Cuanto más conecta el cine con su público, más repercusiones tiene en la sociedad, pudiendo llegar incluso a generar movimientos y redes de conocimiento. De todos modos, es importante señalar que la capacidad de influencia que tiene el cine puede usarse también en contra de los espectadores. Es aquí donde hay que tener en cuenta qué está “mediado” y qué está “mediatizado”. A este respecto, es importante tener una visión crítica de los canales empleados, pues la categoría de un canal no es garantía de veracidad. Es más, la categoría de un canal puede servir a propósitos propagandísticos[9].

Notas

[1]  Véase también el artículo adjunto “Identificación, conexión e influencia en la experiencia cinematográfica” (pp, 196-199)
[2] En el artículo adjunto a continuación, publicado para la revista SCIO, se describen detalladamente los principales procesos psicológicos, cognitivos y biológicos que acontecen en la experiencia cinematográfica respecto a la conexión. Es un artículo que sirve como guía para entender qué nos motiva a ir al cine, los procesos de identificación y los distintos efectos de las películas en la sociedad (también se puede leer el paper seleccionando aquí).
[3] En mi opinión, el “cine de autor” no existe. Entiendo el concepto que se intenta acuñar con este término, pero me parece desacertada la elección de palabras, ya que no hace justicia a la creatividad aportada por cada uno de los miembros a una película.
[4]  Nacimiento de una nación.
[5] Más tarde se intentó redimir con Intolerance (1916) y Broken Blossoms (1919). Esta última película está considerada por la crítica como una de las mejores de Griffith.
[6]  En tierra hostil
[7]  El acorazado Potemkin
[8] Los siete samurais.
[9] A este respecto, vale la pena leer el punto dedicado a “La influencia del cine en el Yo y el mundo” (pp. 210-217), del artículo adjunto.

Bibliografía

Campbell, J. (1959). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México: Fondo de Cultura Económica.
Christakis, N. A., y Fowler, J. H. (2014). Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan. Ciudad de México: Santillana Ediciones Generales: Taurus.
Foucault, M. (1992). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets.
Marzal, J. J. (1998). David Wark Griffith. Madrid: Ediciones Cátedra, S. A.
Metz, C. (2001). El significante imaginario. Barcelona: Paidós.
Monzón Arribas, C. (2006). Opinión pública, comunicación y política. Madrid: Tecnos.
Parret, H. (2002). Las pasiones: ensayo sobre la puesta en discurso de la subjetividad. Buenos Aires: Edicial.
Rovigatti, V. (1981). Lecciones sobre ciencia de la opinión pública. Quito: Ciespal.
Tarkovski, A. (2015). Esculpir en el tiempo: reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Madrid: Rialp.
Zafra, R. (2004). Loading-searching-doing (cartografías del sujeto on line). PDF.

Si no ves el pdf, refresca la página o selecciona aquí.

Presenta tu comunicación y/o póster en el Congreso: “La Mitología en la Narrativa Audiovisual: Cine“. 

 

Roberto Montenegro. Expresiones del arte popular mexicano

Roberto Montenegro. Expresiones del arte popular mexicano

Por Emilio García Bonilla

“Emperador Anáhuac”, portada de la revista CROM, Octubre de 1931

El Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano” participa en la exposición titulada Roberto Montenegro. Expresiones del arte popular mexicano, que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

Nuestra institución proporciona en préstamo seis ejemplares de la revista CROM, órgano de la Confederación Regional Obrera Mexicana, de los años 1926, 1927, 1931, 1932 y 1933, las cuales contienen ilustraciones del artista Roberto Montenegro, ejemplares pertenecientes al acervo original de Vicente Lombardo Toledano, quien fuera miembro del Comité Central de la CROM de 1923 a 1932.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 19 de febrero de 1887, esta exposición celebra los 130 años del natalicio de Roberto Montenegro, homenajeando a uno de los exponentes del arte contemporáneo en México, quien además se destacó por difundir el arte popular logrando que las manifestaciones creativas de la cultura mexicana fueran reconocidas y valoradas.

Además de ilustrar publicaciones como la Revista Moderna y la Revista Mundial, fue muralista y escenógrafo, jefe del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública con José Vasconcelos y director del Museo de Artes Populares de Bellas Artes. Publicó los libros Máscaras mexicanas, Veinte dibujos de Taxco, Pintura mexicana 1800-1860, y Retablos mexicanos. Recibió el Premio Nacional de las Artes en 1967. Murió en la Ciudad de México el 13 de octubre de 1968.

La exposición se presenta del 6 de diciembre de 2017 al 25 de febrero de 2018 en el Palacio de Bellas Artes, ubicado en Av. Juárez y Eje Central, Ciudad de México.

Ilustraciones de Roberto Montenegro en la Revista CROM (1926-1933)
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