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Prehistoriadores: Childe, Leroi-Gourhan, Louis y Mary Leakey

Vere Gordon Childe (1892-1957) desarrolló en el campo de la arqueología una aproximación teórica de gran interés para el estudio del pasado humano, realizando al mismo tiempo importantes estudios empíricos en diversas regiones. Un investigador de gran relieve que indudablemente tuvo gran influencia en su disciplina, fue considerado por Grahame Clark como uno de los más grandes prehistoriadores del mundo[1]. En el segundo y tercer cuarto del siglo XX, este arqueólogo de origen australiano publicó diversas obras en las que, además de su manejo enciclopédico de datos de innumerables fuentes, propio del experto que fue, realizó una inteligente labor de interpretación de los mismos para ofrecer un panorama general del desarrollo de la prehistoria y la historia humanas. Figuran entre sus obras: Man Makes Himself (1936), What Happened in History (1942), A Short Introduction to Archaeology (1956) y Piecing Together the Past: the Interpretation of Archeological Data (1956). En ellas distinguió entre el acto de establecer periodos de la historia partiendo de un criterio relacionado con las “culturas arqueológicas” como las que había definido Gabriel de Mortillet, por ejemplo, y el acto de establecerlos basándose en la manera en que los hombres se allegaban los recursos necesarios para la sobrevivencia, es decir, por la vía de identificar si lo que se realizaba eran procesos de apropiación o, alternativamente, procesos de producción de alimentos y bienes. También estudió las características del registro arqueológico y propuso desarrollar o mantener ciertas técnicas y métodos para el desarrollo de una arqueología robusta como disciplina.

Gordon Childe
Gordon Childe

Childe, como otros pensadores, señaló que la historia de la humanidad estaba íntimamente ligada a su desarrollo tecnológico-social. Indicó que si bien podían identificarse algunas etapas por las que habría pasado la mayoría de las sociedades, como las edades de piedra, de bronce y de hierro, podía reconocerse también la gran variabilidad de soluciones encontradas por los grupos humanos a los problemas que enfrentaron durante cada una de estas etapas. Childe propuso considerar a la aparición de la agricultura como una importante transición histórica, la Revolución Neolítica, y considerar a la aparición de ciudades como un segundo hito, la Revolución Urbana. Con Childe nace asimismo lo que posteriormente se llamaría arqueología social, línea de pensamiento que hace énfasis en las condiciones materiales de la existencia de las sociedades como los elementos que determinan su ulterior desarrollo.

Otra de las áreas en las que incursionó fue en lo concerniente a la metodología. Intentó definir cuáles eran las preguntas básicas que se hacía un arqueólogo sobre los restos arqueológicos. Su conclusión fue que los arqueólogos se hacían las siguientes preguntas sobre su material: “¿Para qué era?”, “¿Cuándo fue hecho?” y “¿Quién lo hizo?”[2]. Esta sistematización de la investigación que realiza el arqueólogo en tres preguntas o áreas de estudio —funcionalidad, cronología, y corología—[3] resume en gran medida la dirección que propuso para la arqueología moderna como disciplina científica y que pasó a ser parte del cuerpo principal de conceptos de la arqueología.

En lo que se refiere al estudio de las singularidades históricas, Childe concentró su análisis en distintas sociedades formadas en la época de la aparición de la agricultura o posteriormente, por lo que, aunque propuso bases teóricas para su estudio, no profundizó en la etapa Paleolítica. Fueron los prehistoriadores franceses quienes dieron continuidad al estudio de este periodo, con especial interés en el Paleolítico Superior, ampliamente representado en Francia.

La tradición francesa.

Entre los prehistoriadores franceses cabe destacar los trabajos de François Bordes (1919-1981) y de André Leroi-Gourhan (1911-1986) entre muchos otros de gran relevancia. El primero contribuyó al entendimiento de las tecnologías prehistóricas al investigar aspectos como las formas de producción de los distintos instrumentos líticos tipificados como paleolíticos. Propuso la noción de “cadena operatoria para analizar los distintos pasos efectuados en la fabricación de instrumentos durante la Edad de Piedra y realizó trabajos de replicación de las técnicas antiguas. Fue debido a su trabajo que la visión del arqueólogo se orientó a tratar de entender las técnicas que daban como producto los materiales encontrados y con ello, establecer el grado de desarrollo tecnológico posiblemente alcanzado.

Por su parte Leroi-Gourhan, en El gesto y la palabra (1965/71), propuso una interpretación global de los datos provenientes de la arqueología y de la paleontología para suministrar una visión posible de la historia humana desde sus orígenes hasta nuestros días, en la cual destaca a la elaboración de útiles como actividad propiciadora del lenguaje y preponderante en el paso de la animalidad a la humanidad. Sobre el estudio de la prehistoria este autor señaló:

El acontecimiento tal vez más importante para la ciencia del hombre fósil es el descubrimiento por L. B. S. Leakey, el 17 de julio de 1959[4], en la garganta de Oldoway en Tanganyka, de un australopitecino de talla humana, el Zinjanthropus boisei, acompañado de un utillaje muy primitivo pero indiscutible […] El zinjantropo (y los otros australopitecinos) fabrican útiles, lo que por vez primera en la serie zoológica plantea el problema de la validez de un carácter específico tomado de un dominio distinto al de la biología anatómica. La aparición del útil entre los caracteres específicos marca precisamente la frontera particular de la humanidad hacia una larga transición en el curso de la cual la sociología toma lentamente el relevo de la zoología.[5]

La construcción de ideas.

Childe, Bordes y Leroi-Gourhan se encuentran entre los principales investigadores que proporcionaron a la arqueología del Paleolítico o Prehistoria un marco teórico y metodológico con el cual interpretar sus datos: un grupo de preguntas y una idea de cómo las técnicas y los materiales podían contribuir a resolverlas.

Uno de los libros más influyentes de Childe
Uno de los libros más influyentes de Childe

La construcción de la idea moderna del origen y la antigüedad del hombre y de cómo podía estudiarse se debió a diversos personajes a lo largo de la historia de los dos últimos siglos, como se ha señalado en diversos lugares. Ahora bien, en la configuración de la más reciente idea sobre la antigüedad humana y sobre las características de nuestros ancestros, la arqueología contó, como señaló Leroi-Gourhan, con la contribución principal de la pareja formada por Louis S. B. Leakey y su esposa Mary Leakey. El interés de estos investigadores por elucidar cuáles fueron los orígenes humanos y su convicción de que éstos se hallaban en el África, así como su dedicación al trabajo de campo en Kenya y Tanzania, fueron factores importantes en la construcción de la imagen que hoy tenemos del ser humano en la prehistoria.

La cuna africana.

Los Leakey dieron un vuelco a la historia del estudio de la antigüedad humana. Fue a partir de sus investigaciones que se aceptó que la historia de los orígenes humanos se remontaba a una antigüedad de millones y no de miles de años, información que constituyó un parteaguas en este campo de la ciencia.

En 1959, tras el hallazgo en la garganta[6] de Olduvai del fósil que llamaron Zinjanthropus boisei, hoy rebautizado como Australopithecus boisei, decidieron realizar el fechamiento de la capa inferior de la cañada, en el punto en que se había encontrado este homínido fósil. Para ello, solicitaron la colaboración de un grupo de geólogos de la Universidad de California, Berkeley. La antigüedad que en ese entonces se concedía al género Homo era de alrededor de 750 mil años[7]; empero, el fechamiento de Zinj modificó drásticamente esta noción, pues arrojó una fecha mucho más antigua: un millón 750 mil años.

Esta conclusión modificó la concepción del tiempo que abarcaba la etapa presapiens de la prehistoria de la humanidad: ya no se trataba de miles o de cientos de miles de años. La antigüedad humana se remontaba a más de un millón de años y se confirmaba que África, tal como lo había pronosticado Darwin, era su cuna. Olduvai, una garganta con numerosos restos fósiles ubicada en Tanzania, en el Valle del Rift, ofrecía un punto de acceso privilegiado a ese periodo.

A partir del estudio de los Leakey muchos datos nuevos han proyectado la fecha de origen de los primeros grupos homínidos aún más atrás. Asimismo, los puntos de debate han cambiado: las discusiones versan más sobre la precisión de los fechamientos, la interpretación de los restos materiales y la ubicación de los fósiles en el árbol genealógico de Homo sapiens, que sobre la plausibilidad o no de una prehistoria humana tan remota, hoy plenamente aceptada.

Aura Ponce de León / julio de 2015.


Referencias.

Childe, V. G. (1956a), A Short Introduction to Archaeology, Londres, Frederik Muller.

–(1956b), Piecing Together the Past: the Interpretation of Archæological Data, Nueva York, Praeger.

–(1956/77), Introducción a la Arqueología, Barcelona, Ariel [original: A short Introduction to Archaeology, Londres: Frederik Muller Ltd., trad. de Ma. Eugenia Aubet].

–(1942/75), What happened in History, with a foreword by professor Grahame Clark, England, Penguin Books.

–(1936/80), Los orígenes de la civilización, México, FCE [original: Man Makes Himself, Londres, C. A. Watts & Co., trad. de Eli de Gortari]

–Daniel, G. (1968), El concepto de prehistoria, Barcelona, Labor [original: 1960, The idea of prehistory, Londres, Watts & Co.].

–Leroi-Gourhan, A. (1965/71), El gesto y la palabra, Universidad Central de Venezuela [original: Le geste et la parole, 1965, Paris, Albin Michel].


Notas.

[1] Siendo él mismo (Grahame Clark), a mi entender, otro de los más grandes de entre los prehistoriadores.

[2] Childe, 1956: 26.

[3] Childe utiliza el término Corología, que es usado principalmente en botánica y zoología. Se trata de la disciplina que estudia la distribución de las especies y ecosistemas sobre la tierra. Aquí debe entenderse como el estudio dirigido a identificar cada cultura y su relación con el ámbito geográfico en el que se da su distribución.

[4] En realidad fue Mary Leakey la autora del hallazgo, aunque muy frecuentemente se le atribuye a Louis, con quien realizó conjuntamente sus trabajos arqueológicos.

[5] Leroi-Gourhan, 1965/71: 91-92

[6] Aunque en español la palabra gorge se ha traducido invariablemente, con relación a Olduvai, como garganta, probablemente cañada es un término más adecuado. Aquí los uso indistintamente.

[7] Daniel, 1968: 152-155.


 Partes de este texto provienen del libro Arqueología cognitiva presapiens, de la autora. México, 2005, CEFPSVLT.


Edades para la historia de la humanidad

Christian Jürgensen Thomsen mostrando la colección del Museo de Copenhague
Christian Jürgensen Thomsen mostrando la colección del Museo de Copenhague

Durante el primer tercio del siglo XIX se formuló la idea, fundamental para la arqueología, que se afana por periodizar, de que el hombre desde su origen hasta los tiempos presentes había transitado por ciertas etapas de desarrollo tecnológico, identificables en sus restos culturales. Esto ocurrió en Dinamarca, y se señaló que estos periodos podían apreciarse en las colecciones materiales del Museo de la Universidad de Copenhague. Primero hubo, se dijo, una Edad de la Piedra, a la que le siguió una Edad del Bronce y posteriormente una del Hierro. A esta idea se le llamó el Sistema de las Tres Edades y fue propuesta por Christian Jurgensen Thomsen al organizar la colección del Museo, alrededor de 1819[1].

La idea de que a una etapa de los metales había antecedido una etapa de la piedra no era nueva. Ya en el siglo XVI Michel Mercatus[2] (1541-1593) había dejado un manuscrito al respecto, que fue editado más de 120 años después, en 1717. En él, Mercatus discute sobre las piedras llamadas Ceraunia que, se consideraba, eran piedras producidas por la acción de los relámpagos, ya sea porque éstos las traían consigo, o porque las producían al golpear la tierra. En este texto Mercatus aventura la idea de que son objetos producidos por el hombre y de que, históricamente, al uso del hierro le había precedido el uso de la piedra para fabricar instrumentos y armas de guerra. Ceraunia, consideraba, no pertenece a una clase natural pues son objetos que fueron hechos artificialmente.

Ceraunia es abundante en Italia, donde es popularmente llamada ‘Sagitta’ (flecha), pues la forma en que está tallada es la de un arma triangular, hecha de sílex, delgada y dura. Se sostienen dos opiniones con relación a esto. La mayoría de los hombres creen que es depositada por los relámpagos. Aquellos que estudian historia piensan que antes del uso del hierro fue tallada a partir de piedras más duras, para ser usada en esa locura que es la guerra. […] Nos sentimos satisfechos sin embargo, si hemos podido mostrar que Ceraunia de esta clase ha sido producida por los antiguos [hombres]. Esto se demuestra por su material y forma, se ve apoyado por su nombre, y se confirma, finalmente, por su uso. Si esto puede ser probado como cierto, entonces Ceraunia no debe ser incluida en la categoría de sustancias idiomórficas, pues podría haber sido hecha artificialmente[3].

La Edad de la Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro

En 1836 Thomsen publicó la primera guía del Museo de Dinamarca, en la que expuso sus ideas sobre las tres épocas en que había transcurrido la vida del hombre[4].

Lo que queremos establecer puede ser considerado sólo como conjeturas que seguramente serán mejor clarificadas, y verificadas o modificadas por las observaciones y el estudio de estos objetos por varios expertos. Para facilitar este estudio, asignaré nombres particulares a los varios periodos cuyos límites sin embargo, no pueden ser definidos con exactitud.

La Edad de Piedra, o el periodo en que armas e instrumentos fueron hechos de piedra, madera, hueso y materiales similares, y en el cual los metales fueron conocidos o muy poco o nada. […]

La Edad de Bronce, en la cual las armas y los utensilios cortantes fueron hechos de cobre o bronce, y en la que el hierro y la plata habían sido o muy poco o nada conocidos. […]

La Edad del Hierro, el tercero y último periodo de los tiempos paganos, en el cual el hierro fue usado por aquellos objetos para los que es particularmente apropiado, por lo que tomó el lugar del bronce para esas cosas […][5].

Estos conceptos contribuyeron a formar una idea general sobre cómo había transcurrido la historia humana y, debido a que no se concentraba particularmente en historias locales, trajo consigo cierta lectura del tiempo humano que posibilitó comprender de una cierta manera la historia de la humanidad: ésta podía entenderse como una sucesión ordenada de distintos estadios de desarrollo tecnológico. La clasificación de los tiestos empezaba a rendir frutos en la interpretación de la historia humana. Por primera vez los estudiosos de los bienes antiguos, curadores de museos, coleccionistas, tenían un modelo contra el cual cotejar el cúmulo de objetos que atesoraban, una propuesta para organizar sus datos. Esta interpretación fue relevante en la historia de la arqueología y marcó, quizá, el inicio de la arqueología moderna, con sus futuros análisis tipológicos: clasificar, organizar, atribuir, se pensó, brindaría elementos para el reconocimiento, el análisis y la distinción de las culturas, tanto en lo espacial como en lo temporal.

Contribuciones de la geología

Recuérdese que en 1833, casi paralelamente a estos eventos, había sido publicado por Charles Lyell el último volumen de la trilogía The Principles of Geology, que tuvo gran influencia en la estructuración del pensamiento geológico y biológico de la época. Lyell había analizado y destacado lo más importante de las ideas de muchos científicos de su época y de épocas anteriores, entre ellos Hutton[6] y había formulado sus propias conclusiones, logrando, con su amplia y fundamentada exposición, que algunos de los principales personajes de la ciencia de su época aceptaran sus planteamientos respecto del largo tiempo de existencia de la Tierra: los estratos de la superficie terrestre se habían formado más bien con lentitud y se debían en gran medida a fenómenos naturales similares a los que se podían apreciar en ese momento y muy rara vez debido a catástrofes. Este replanteamiento de ideas exigía de la Historia Natural una enorme ampliación del tiempo de la vida en la tierra para dar cuenta de las condiciones actuales de la corteza terrestre y de los restos fósiles que en ella se encontraban. Era pues, un tiempo de ideas de la larga historia de la vida de la Tierra y de la vida del ser humano en ella.

Aura Ponce de Léon, diciembre de 2014.


Referencias.

Childe, V. G. (1956/77), Introducción a la Arqueología, Barcelona, Ariel [original: A short Introduction to Archaeology, Londres: Frederik Muller Ltd., trad. de Ma. Eugenia Aubet].

Clarke, D. L. (1968/84), Arqueología Analítica, Barcelona, Bellaterra [original: Analytical Archaeology, Londres, Methuen & Co., revisión de Bob Chapman, trad. de Bellaterra con supervisión de Ma. Eugenia Aubet, Joan Miró i Matller y F. Riera i Doménech].

Daniel, G. (1968), El concepto de prehistoria, Barcelona, Labor [original: 1960, The idea of prehistory, Londres, Watts & Co., trad. de Ramiro Sánchez Sánz].

Heizer, R. (1962), Man´s Discovery of his past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice-Hall.

Lyell, Ch. (1830, 1832, 1833), Principles of Geology, being an Attempt to Explain the Former Changes of the Earth’s Surface, by Reference to Causes now in Operation. London, John Murray, Vols. I (1830), II (1832) y III (1833).

Mercatus, M. (manuscrito siglo XVI/1717/1962), “On Ceraunia Cuneata”, in: Heizer, R, 1962, Man´s Discovery of his Past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice Hall, pp. 63-67.

Mortillet, G. de (1883/1885), Le préhistorique, Antiquité de l’homme, Paris, C. Reinwald.

Thomsen, C. J. (1836/1962), “The Various Periods to which Heathen Relics can be Assigned”, in: Heizer, R., 1962, Man´s Discovery of his Past. Literary Landmarks in Archaeology, Englewood Cliffs, N. J., Prentice Hall, pp.21-26.


Notas.

[1] Véase la introducción y el capítulo II de Mortillet, 1883/1885; véase también Daniel, 1968, p. 28, y Childe, 1956/77, p. 48).

[2] Mercatus fue un naturalista a cargo, por cierto tiempo, de los jardines botánicos del Vaticano (Clarke, 1968/84: 4). Fue también médico del Papa Clemente VIII. Escribió acerca de diversos temas que por su posición en la sede religiosa tuvo oportunidad de conocer, por ejemplo algunos tipos de objetos de piedra clasificados entonces como Ceraunia cuneata y Ceraunia vulgaris (Heizer, 1962: 62).

[3] Mercatus, manuscrito siglo XVI/1717/1962: 65, 67.

[4] Thomsen, 1836/1962: 21-26.

[5] Íbidem, 21-2.

[6] Lyell, 1830: 60


Imagen de Thomsen albergada en wikipedia.

Parte de este texto proviene del libro Arqueología cognitiva presapiens, de la autora, 2005, México, CEFPSVLT.

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