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Erasto Cortés Juárez (1900-1972)

ERASTO CORTÉS JUÁREZ, 1900 – 1972

Por el Lic. Javier Arias Velázquez, Emilio García Bonilla y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Erasto Cortés Juárez nació en Tepeaca, estado de Puebla (México), el 26 de agosto de 1900. Fue pintor, grabador, escritor, docente, periodista y crítico de arte, egresado de la Academia de San Carlos en la Ciudad de México, y es uno de los máximos exponentes de las artes plásticas y  gráficas del siglo XX en México, quien desarrollo durante su vida de grabador la intensa labor de producción, investigación y fomento de la técnica del grabado.

Ejerció la docencia en pintura y grabado durante más de tres décadas en la Escuela de Artes Plásticas “La Esmeralda” de la Secretaria de Educación Pública (México) y en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estuvo afiliado a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, que tuvo la misión de la promover el ideario socialista desde la cultura. También fue miembro del renombrado Taller de Gráfica Popular. Fundador y miembro de la Sociedad para el Impulso de las Artes Plásticas. Perteneció al Salón de la Plástica Mexicana del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y a la Asociación Mexicana de Críticos de Arte.

Dentro de sus actividades periodísticas, estuvo a cargo de las “Crónicas culturales” del semanario El Vocero del Norte de San Miguel de Allende, Guanajuato (México) y colaboró en diarios y revistas de México. Fundador, miembro Titular y de Número de la Academia de Artes. Participó en exposiciones colectivas principalmente en la Ciudad de México y en San Miguel de Allende, Guanajuato, también en el extranjero y en exposiciones individuales en la Galería de Arte Contemporáneo y en la Galería de Arte Mexicano.

De su obra literaria destacan: Fisonomías de animales (40 grabados), México, 1950; El calendario histórico guanajuatense; Héroes de la Independencia, La Reforma, La Revolución (grabados en linóleum) México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Viaje a Puerto Príncipe, Haití. (12 grabados). México, 1950; El grabado contemporáneo, 70 biografías de grabadores. Volumen 12 de la Enciclopedia Mexicana de Arte, 1951; Historia del grabado en México; Homenaje al Pensamiento Liberal Mexicano y Del dibujo al grabado, (833 piezas) en exposición en el Museo-Taller Erasto Cortés, Ciudad de Puebla, México.

Falleció en la Ciudad de México en 1972.

Erasto Cortés Juárez. Calendario Histórico Guanajuatense. San Miguel de Allende, Guanajuato, México: Imprenta San Miguel, 1967.

“A el maestro licenciado don Vicente Lombardo Toledano. Con mi profunda admiración y sincera estimación”. (firma) Erasto Cortés

Obra ubicada en el acervo histórico: Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8388/LOMB

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Fernando Foglio Miramontes (1906-1973)

FERNANDO FOGLIO MIRAMONTES, 1906 – 1973

Por Emilio García Bonilla

Nació en Temósachi, estado de Chihuahua (México) el 8 de diciembre de 1906 y falleció en la Ciudad de México el 23 de mayo de 1973. Ingeniero agrónomo y político. Realizó sus estudios de agronomía en la Escuela Particular de Agricultura de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Después de haber servido varios años en el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, desempeñó los cargos de Director General de Estadística, Subsecretario de Agricultura y Ganadería y Titular del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización en el gabinete del presidente Manuel Ávila Camacho.

En 1940, fue postulado por el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) al gobierno de Chihuahua, siendo derrotado por un disidente de su mismo partido, Alfredo Chávez, que se postuló de manera independiente. Cuatro años después ganó las elecciones y gobernó su estado natal de 1944 a 1950, mandó edificar las Ciudades Deportiva e Infantil, primeras en su género de la República. Otra de sus obras emblemáticas fue la presa Francisco I. Madero “Las Vírgenes”. Durante su mandato también se inició la construcción del Instituto Tecnológico de Chihuahua, asimismo se promulgó la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Chihuahua, actualmente vigente y que reformó la anterior de 1921.

Su único libro conocido es la Geografía Económico Agrícola del estado de Michoacán, publicado en 1936. El Centro de Estudios conserva un ejemplar con dedicatoria a Vicente Lombardo Toledano.

Fernando Foglio Miramontes. Geografía económica agrícola del estado de Michoacán. México: Imprenta de la Cámara de Diputados, 1936.

“Con todo afecto para mi estimable amigo el sr. Lic. Vicente Lombardo Toledano. México, D. F., a 29 de octubre de 1963. (rúbrica) de Fernando Foglio”.

Obra ubicada en el acervo histórico Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO

Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

 

Darío Rubio (1878-1952)

DARIO RUBIO, 1878 – 1952

Por Emilio García Bonilla

Nació en el poblado de Mineral de la Luz, estado de Guanajuato (México), el 8 de diciembre de 1878 y falleció en la Ciudad de México el 21 de enero de 1952. Fue un escritor interesado en la paremiología (disciplina que estudia los refranes y proverbios) y el español popular mexicano. Su obra lexicográfica se caracteriza por una defensa incansable hacia el reconocimiento del acervo léxico mexicano en primer lugar y del americano en segundo lugar desde una postura policéntrica.

Después de realizar sus estudios en el Colegio del Estado de Guanajuato, continuó su educación de manera autodidacta. Sus primeros trabajos los publicó en un periódico dirigido a los mineros: El Barretero, posteriormente fundó El Correo de Guanajuato. Se radicó en la Ciudad de México desde 1905 ocupándose de labore editoriales.  Fue regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México, Jefe del Departamento Administrativo del mismo Ayuntamiento, interventor del Banco Hipotecario y Director del Nacional Monte de Piedad.

En su quehacer literario, se dio a conocer como dramaturgo, crítico teatral, narrador y periodista, pero es más reconocido como lexicógrafo. Su interés por el habla popular lo llevó a recoger los vocablos y frases que consideraba exclusivos de México y de ciertos sectores sociales.

Conocido también por el seudónimo de “Ricardo del Castillo”, fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, a la que ingresó en 1927 y desempeño los cargos de secretario y tesorero hasta su muerte. Colaboró en el diario México Nuevo y en la Revista de Revistas. Entre sus obras destacan: Pierrot: ensayo dramático (1909), Ligeras reflexiones acerca de nuestro teatro nacional (1912), Los llamados mexicanismos de la Academia española, (1917), Nahuatlismos y barbarismos (1919), El jaripeo (1920)  La anarquía del lenguaje en la América española (1925), Refranes, proverbios y dichos y dicharachos mexicanos, dos volúmenes (1925 y 1940).

Dos de sus obras pertenecieron al acervo particular de Vicente Lombardo Toledano, personaje a quien Darío Rubio estimaba.

Ricardo del Castillo. Los llamados mexicanismos de la Academia española. México: Imp. Franco-Mexicana, 1917

“Para el Señor Lic. don Vicente Lombardo Toledano, con la significación de la alta estima en que le tiene el autor de estos apuntamientos (rúbrica) Darío Rubio. Mex. Ocbre. 1°  de 1922.”

Darío Rubio. La anarquía del lenguaje en la América Española. México: Confederación Regional Obrera Mexicana, 1925.

“Para Vicente Lombardo Toledano, con el cariño que él sabe bien le tiene el autor de estos estudios. (rúbrica) Darío Rubio. México, Diciembre de 1925”

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La conexión en la obra cinematográfica: autores, público e influencia

La conexión humana

El concepto de conexión está muy presente en nuestra sociedad, sin embargo, se define más en un paradigma de capacidad que de significado. La razón podría ser que, cuando se habla de conexión, se tienen en cuenta más los procesos mecánico-tecnológicos que lo permiten, que lo que significa la conexión en relación a lo humano. Esta afirmación puede resultar una paradoja discutible en la era de las Redes Sociales. Sin embargo, la cosificación que sufren los usuarios nos obliga a plantearnos cuál es el papel que realmente ejercemos en este mundo hiper-conectado. Mi punto de vista en esta cuestión es que los humanos no somos entes mecánicos, ni sujetos pasivos, ni en esencia: productos. Otra cosa es que se nos trate como a tales, y que esto no parezca que vaya a cambiar en un tiempo breve, sino todo lo contrario. En cualquier caso, parece ser que inevitablemente nos influimos unos a otros, introduciendo constantemente variables en el sistema, y que esto sucede a través de la comunicación. Tanto es así que, cuando un grupo determinado de personas conecta a través de una idea, puede influir en la opinión pública, llegando incluso a generar movimientos de cambio (Monzón Arribas, 2006, p. 39). Además, es gracias a la comunicación que mostramos parte de lo que somos, incluso de manera involuntaria. La comunicación no es sólo la transmisión de un mensaje, también es un ejercicio de ‹‹presencia›› (Christakis, Fowler, 2010, p. 270). Por Tanto, la conexión humana parece ser cuanto menos un proceso mecánico unidireccional, invariable y cerrado. Muy al contrario, la comunicación se muestra variable, abierta y polidireccional (Sanmartín-Cava, 2017, p. 203).

La identidad no produce representaciones, son las representaciones las que producen identidad (Zafra, 2004).

Foucault, M. (1992). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets.

El reto es claro, reivindicar a la humanidad por encima de la fascinación de lo tecnológico y de los propósitos de mercado. Pues es en la seducción del marketing más innovador, donde se puede acabar venerando al “canal” por encima de todo lo demás. Y dominar el canal significa dominar el ‹‹discurso›› (Foucault, 1992, pp. 11-21). Y dominando el discurso se desprovee de voz al usuario, de categoría, subyugándolo a los discursos tradicionalmente hegemónicos. Y, si algo había conseguido el usuario con la llegada de Internet, había sido, precisamente, cambiar su categoría dentro de la Red, influyendo en la sociedad significativamente. Pero eso podría cambiar si no estamos atentos.

De todos modos, sería un error considerar que la conexión no existía antes de la llegada de las Redes Sociales en términos de presencia e influencia. La conexión entendida desde lo humano siempre ha existido. De hecho, las redes sociales ya existían antes de la llegada de Internet. Una red social en sí es simplemente un grupo de personas que se unen ante un propósito. Por ejemplo, una comunidad de vecinos, una tribu, una pandilla, un club de fans o una ONG. Dicho esto, la conexión también puede existir de una manera más íntima, con un fuerte componente de presencia, entre un autor y su público. Es así como podemos comprender el temperamento de Goya a través de su arte; el compromiso y la frustración de Lorca a través de su letra, o la personalidad de Luis García Berlanga a través de su cine. Y, en términos culturales, con un fuerte componente de influencia, podemos hablar de las redes de conocimiento que modelan nuestro conocimiento y contexto contemporáneo. Un ejemplo cultural claro es como se configura prácticamente toda la narrativa universal, vertebrándose mediante arquetipos heredados de la mitología (Campbell, 1959, pp. 40-41)[1], que no parecen haber cambiado desde las primeras historias contadas alrededor de una hoguera.

Si dos personas son capaces de sentir lo mismo, aunque sea solo una vez, entonces siempre se comprenderán. Aunque uno viviera en la Edad de Piedra y el otro en la Nuclear (Tarkovski, 2015, p. 28).

Partiendo de aquí, de cómo conectamos unos con otros, Christakis y Fowler realizan una interesante definición de la humanidad como una red global, como un superorganismo humano (Christakis y Fowler, 2014, pp. 14-15). Y, en este sentido, abandonan la idea del homo economicus, egoísta y desconectado del bienestar ajeno, proponiendo una nueva definición, la del homo dyctyous, un ser conectado que no se mueve sólo por su propio interés. En mi opinión, la obra Conectados, publicada por ambos autores en 2010, ofrece una definición muy pertinente de lo que implica ser humano. Personalmente, estoy a favor de la definición de Christakis y Fowler respecto al homo dyctotyous. También simpatizo con la idea del superorganismo humano, aunque me temo que mis conocimientos no me permiten afirmar con rotundidad tal definición.

¿Y cómo conecta todo esto con el cine?

Uno podría pensar que, actualmente, la conexión sucede en mayor medida en las redes sociales, y en menor medida entre autores y público. Y podría ser cierto. Sin embargo, creo que todos podemos coincidir en que la capacidad de influencia que tienen determinadas obras puede incluso llegar a superar al poder de las redes sociales entendidas como tales. Aunque, en mi opinión, lo acertado es pensar que tanto las obras, como los autores y el público, configuran redes de conocimiento que, a su vez, están conectadas a otras redes, formando híper-redes. En cualquier caso, y como se ha explicado en el apartado anterior, la conexión humana parece existir en toda forma de comunicación, y eso es lo verdaderamente relevante.

A lo anteriormente dicho hay que añadir que, centrándonos en las obras narrativas y en el cine en particular, la conexión sucede a varios niveles. Se podría decir que el cine es en sí una herramienta para la conexión, que a su vez surge de la conexión de ideas previas, en un entorno cultural, y bajo la influencia de todos los miembros que producen la película[2], y los distintos contextos de cada uno de ellos, más la demanda de un público que genera un ambiente de expectativas, de ‹‹pasiones››, que a su vez pueden satisfacer diversas redes de conocimiento (Parret, 2002). Por tanto, es fácil vislumbrar la híper-red que configura el entorno donde nace una película, por mucho que algunos directores intenten reclamar su total autoría[3]. En cualquier caso, difícilmente una película podrá nacer desconectada. Ya de por sí, toda película está conectada a una tradición narrativa asentada desde la mitología. Y el mito, a su vez, está conectado a otras fuentes de conocimiento (Campbell, 1959, p. 11). En mi opinión, si alguien tuviera el propósito de hacer un cine totalmente desconectado, no tendría éxito. Antes de continuar, me gustaría señalar que, como muchos se habrán dado cuenta, en realidad, lo que le sucede a una película le sucede a toda obra que desee ser comunicada. De alguna manera, esto muestra lo conectados que estamos todos y el poder de las ideas.

El otro aspecto relevante de la conexión en el cine es la influencia que produce en la sociedad. Es evidente que el cine puede llegar a generar opinión pública, o todo lo contrario, puede adormecerla. Esta capacidad ha sido explotada desde que David Wark Grifith dirigiera The Birth of a Nation (1915)[4]. También hay que decir que Grifith realizó esta película sin una intención verdaderamente propagandística, sino para su público, obviamente racista. Lo que nadie podía prever es que el interés de la película atraería en masa a públicos afines y detractores, lo que generó un intenso debate sobre el racismo. Sería un error considerar que esta película sirvió para superar el racismo. Sin embargo, generó un debate que atravesó todos los Estados Unidos, cuya polémica sirvió para enfrentar el problema (Sanmartín-Cava, 2017, pp 210-211). Problema del que ni siquiera Grifith era consciente, ya que él no se consideraba racista, y sólo tras el estreno de la película se dio cuenta de los prejuicios heredados de la sociedad en la que vivía[5].

Los medios, en principio, median la opinión pública y posibilitan su expresión. El problema radica en saber si es una mediación neutra y fiel, reflejo de las opiniones de los públicos, o si la mediación se convierte en mediatización, reflejo de los intereses de aquellas instancias que se amparan en los mismos (Cándido, 41).

El Acorazado Potemkin (1925). Dirigida por Serguéi M. Eisenstein.

El cine es una herramienta poderosamente influyente, incluso cuando parece no tener ese propósito. Por ejemplo, el cine más ingenuo, sobre historias nada críticas, puede servir para asentar la idea de que todo va bien. Pero, otras veces, su propósito es claro: influir en la opinión pública. Y, si bien el cine puede “mediar” una idea, una crítica necesaria, como cuando Francis Ford Coppola realizó Apocalypse Now (1979), enfrentando el problema del Vietnam; otras veces, puede “mediatizar” una opinión ajena a la sociedad. Un ejemplo de esto último fue la película The Hurt Locker (2008)[6], un filme que pretendía mostrar una parte de la realidad de Irak como la total realidad del país, sin tener en cuenta las miserias de sus habitantes y la causa de las mismas: la invasión de los Estados Unidos y la extracción de sus recursos. Pero, para que además el discurso quedara bien establecido, se usó el canal de los Oscars para premiar a la película como la mejor, dos años más tarde de su estreno, y por encima de Avatar (2009). Curiosamente, esta última película trataba de cómo una empresa minera, ayudada por un ejército de marines, pretendía extraer los recursos de una luna, acabando con el hábitat y la cultura de una raza humanoide que al final lograba resistir.

El cine tiene una capacidad de influencia evidente y sobran los ejemplos de películas que han marcado épocas, generando movimientos culturales o contra-culturales, definiendo la sociedad en la que vivimos. Así, podríamos nombrar películas como: Bronenosets Potyomkin (1925)[7]Modern Times (1936), Shichinin no Samurai (1954)[8]Rebel Without a Cause (1955), 2001: A Space Odyssey (1986), Easy Rider (1969), A Clockwork Orange (1971), Star Wars (1977), Blade Runner (1982), Full Metal Jacket (1987) o Matrix (1999).

Quizás, el éxito del cine radique en que la conexión se da a través de la ‹‹identificación›› principalmente (Metz, 2001, p. 70), haciéndonos conectar con otros seres humanos, sus emociones y sus pensamientos. Podría ser que cuanto más conecta una película con nuestras problemáticas, más identificados nos sentimos y más repercusión tiene en la sociedad.

Conclusiones

Creo, sinceramente, que es importante reivindicar el papel de todos y cada una de nosotros en la la sociedad. Todos somos importantes incluso como público. Las personas no somos entes pasivos, al menos no enteramente ni en todos los casos. Por tanto, el mero hecho de ir a ver una película tiene implicaciones políticas directas e indirectas. Cuanto más conecta el cine con su público, más repercusiones tiene en la sociedad, pudiendo llegar incluso a generar movimientos y redes de conocimiento. De todos modos, es importante señalar que la capacidad de influencia que tiene el cine puede usarse también en contra de los espectadores. Es aquí donde hay que tener en cuenta qué está “mediado” y qué está “mediatizado”. A este respecto, es importante tener una visión crítica de los canales empleados, pues la categoría de un canal no es garantía de veracidad. Es más, la categoría de un canal puede servir a propósitos propagandísticos[9].

Notas

[1]  Véase también el artículo adjunto “Identificación, conexión e influencia en la experiencia cinematográfica” (pp, 196-199)
[2] En el artículo adjunto a continuación, publicado para la revista SCIO, se describen detalladamente los principales procesos psicológicos, cognitivos y biológicos que acontecen en la experiencia cinematográfica respecto a la conexión. Es un artículo que sirve como guía para entender qué nos motiva a ir al cine, los procesos de identificación y los distintos efectos de las películas en la sociedad (también se puede leer el paper seleccionando aquí).
[3] En mi opinión, el “cine de autor” no existe. Entiendo el concepto que se intenta acuñar con este término, pero me parece desacertada la elección de palabras, ya que no hace justicia a la creatividad aportada por cada uno de los miembros a una película.
[4]  Nacimiento de una nación.
[5] Más tarde se intentó redimir con Intolerance (1916) y Broken Blossoms (1919). Esta última película está considerada por la crítica como una de las mejores de Griffith.
[6]  En tierra hostil
[7]  El acorazado Potemkin
[8] Los siete samurais.
[9] A este respecto, vale la pena leer el punto dedicado a “La influencia del cine en el Yo y el mundo” (pp. 210-217), del artículo adjunto.

Bibliografía

Campbell, J. (1959). El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México: Fondo de Cultura Económica.
Christakis, N. A., y Fowler, J. H. (2014). Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan. Ciudad de México: Santillana Ediciones Generales: Taurus.
Foucault, M. (1992). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets.
Marzal, J. J. (1998). David Wark Griffith. Madrid: Ediciones Cátedra, S. A.
Metz, C. (2001). El significante imaginario. Barcelona: Paidós.
Monzón Arribas, C. (2006). Opinión pública, comunicación y política. Madrid: Tecnos.
Parret, H. (2002). Las pasiones: ensayo sobre la puesta en discurso de la subjetividad. Buenos Aires: Edicial.
Rovigatti, V. (1981). Lecciones sobre ciencia de la opinión pública. Quito: Ciespal.
Tarkovski, A. (2015). Esculpir en el tiempo: reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Madrid: Rialp.
Zafra, R. (2004). Loading-searching-doing (cartografías del sujeto on line). PDF.

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