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LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (segunda parte)

LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (segunda parte)

Por Emilio García Bonilla

La Revolución Democrática, Antifeudal y Antiimperialista

Lombardo analiza con especial atención las causas y características de la tercera revolución mexicana por ser la más reciente y la que estaba vigente en el tiempo en que escribió. Encuentra que la causa principal de las contradicciones que dieron pie a esta revolución fue el latifundismo, el cual identificó con una forma de feudalismo.

portada_ap1910La concentración de las tierras hizo que las masas populares quedaran enfrentadas con la clase terrateniente, porque “la mayoría de la población económicamente activa estaba formada por peones”, quienes “vivían eternamente endeudados con el señor de la tierra, con el señor feudal” para quien trabajaban en jornadas de doce horas como mínimo, estando sujetos además a su jurisdicción pues el hacendado obraba como juez sin posibilidades de apelación; por si fuera poco, los peones “carecían de libertad para abandonar la hacienda”.[1]

El latifundismo también implicó la contradicción entre la burguesía mercantil y la naciente burguesía industrial porque la producción de las haciendas se limitaba a los mercados regionales imposibilitando la integración de un mercado nacional único, porque el poder adquisitivo de las masas rurales “era casi nulo”, y porque “el rendimiento de las tierras era bajísimo” debido a los rudimentarios métodos y medios de producción, en tanto, la incipiente burguesía industrial “pasaba ya de los talleres artesanales a los obrajes y a las primeras fábricas que empleaban los instrumentos mecánicos”.[2]

Una tercera contradicción producto del latifundismo se dio “entre el sistema democrático de gobierno establecido en la Constitución de la República, y la dictadura de la clase terrateniente que dominaba a los círculos dirigentes del país.” La prohibición de partidos políticos, la represión y censura política, el desinterés de la mayoría de los ciudadanos de votar en las elecciones, eran aspectos de lo anterior.[3]

20Una última contradicción que encuentra Lombardo enfrentaba a “los intereses de la nación con el capital extranjero invertido en el país”, debido a que en manos de extranjeros estaban tierras que habían sido de la Iglesia pero también que habían pertenecido a comunidades indígenas que fueron despojadas para beneficiar a los favoritos del régimen y a los extranjeros mediante la aplicación a modo de la Constitución o con la creación de leyes con ese fin.[4]

En su interpretación, Lombardo destaca que a finales del siglo XIX el capitalismo había entrado en su etapa imperialista, caracterizada, como la definió Lenin, por la exportación de capitales a los países atrasados. En el caso de México, los monopolios británicos y estadounidenses invirtieron principalmente en los ferrocarriles, la minería, las fundiciones y la industria petrolera.[5]

Nuestro autor señaló que se dio una alianza entre el capital extranjero y los terratenientes conservadores, lo cual era totalmente sui generis pues los capitalistas extranjeros ya habían llegado a la fase del imperialismo mientras que los terratenientes nacionales defendían, según Lombardo, una forma de feudalismo. Como quiera que sea, esa alianza frenó el desarrollo del capitalismo en México quedando relegada de la vida económica y política la burguesía nacional que iba emergiendo.[6]

De esa burguesía nacional relegada destacó la burguesía rural progresista, que se oponía a los latifundistas feudales, y que estaba formada por terratenientes con mentalidad burguesa que estaban relacionados con la industria minera en manos de mexicanos y con las industrias metalúrgicas y textiles. Fueron estos terratenientes progresistas (como Madero y Carranza) los que se pusieron a la cabeza del movimiento revolucionario.[7] Así, la revolución no fue un movimiento apoyado sólo por las masas populares sino también por “los sectores más avanzados de la burguesía mexicana que se hallaban en el campo”,[8] fue entonces, una revolución democrático-burguesa pero con características particulares: las luchas por las tierras le dieron el carácter de antifeudal, y la oposición al capital extranjero la definió como antiimperialista.

Si bien no hubo un programa único a lo largo de la revolución armada que definiera las características y reivindicaciones del movimiento, Lombardo nos dice que al examinar los manifiestos, planes y proclamas que surgieron al calor de la revolución, e incluso en los que se publicaron años antes de 1910, como el Programa del Partido Liberal de 1906, es posible observar que todos tenían rasgos comunes pues expresaron las exigencias del pueblo en el ámbito político-democrático, contra el latifundismo, por mejores condiciones laborales, y en menor medida contra la acción del imperialismo.[9]

Todas o casi todas las reivindicaciones expresadas en los planes revolucionarios quedaron incluidas en la Constitución de 1917. Lombardo considera que con el Congreso Constituyente de Querétaro murió el pensamiento liberal:

porque la filosofía liberal se basa en el individuo, en la persona física como base y objeto de las instituciones sociales; en cambio este liberalismo renovado, progresista, muy avanzado de la Asamblea de Querétaro invierte los términos. En 1857 se dijo: primero la persona, después la familia, después la nación. En Querétaro, en 1917, se dijo: primero la nación después el individuo.[10]

En la nueva Constitución, al lado de las garantías individuales quedaron las garantías sociales, expresadas en los artículos 27 y 123, la Carta Magna fue el resultado de la primera revolución democrática, antifedual y antiimperialista en el mundo. El objetivo inmediato de terminar con el sistema feudal en México se logró, además se establecieron “limitaciones para la participación de los extranjeros en el aprovechamiento de los recursos naturales del país”.[11] En este sentido, el artículo 27 constitucional es fundamental pues expresa el sentido antifeudal y antiimperialista de la Revolución al oponerse al latifundismo y expresar la defensa del territorio nacional ante los extranjeros.

muralismoLombardo Toledano analizó e interpretó a la Revolución Mexicana no con fines académicos, sino para encausarla hacia nuevos objetivos que permitieran un mejor nivel de vida para los mexicanos, y mayor soberanía e independencia económica para la nación.

Vale la pena repensar a la Revolución Mexicana a partir de las ideas que le dieron origen y sustento, producto de condiciones materiales y contradicciones sociales que hubo que superar para aspirar a nuevas perspectivas de desarrollo. Negar la rica historia de nuestro país y nuestro pueblo, bañada en sangre y lágrimas, y rememorar nuestro pasado sólo como pasajes anecdóticos y pintorescos, es condenarnos como nación.


(Ponencia presentada con el título “Vicente Lombardo Toledano, teórico de la Revolución Mexicana” en el III Coloquio Internacional y VI Coloquio Nacional “La Revolución Mexicana. Nuevas fuentes, instituciones, actores sociales y culturas”, realizado en la ciudad de Puebla del 16 al 18 de noviembre de 2016.)

[1] VLT, “La Revolución Mexicana. Causas”, conferencia dictada en el Paraninfo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Michoacán, el 4 de abril de 1960, en Causas, objetivos y realizaciones de la Revolución Mexicana, México, CEFPSVLT, 2009: p. 9.

[2] Ibíd.: pp. 9-10.

[3] Ibíd.: p. 10.

[4] Ídem

[5] Ibíd.: p. 12.

[6] Ibíd.: p. 16-17.

[7] Ibíd.: p. 17.

[8] Ibíd.: p. 18.

[9] VLT, “La Revolución Mexicana. Primeros objetivos”, conferencia dictada en el Paraninfo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Michoacán, el 5 de abril de 1960, en Causas, objetivos y realizaciones de la Revolución Mexicana, México, CEFPSVLT, 2009: pp. 22-33.

[10] Ibíd.: p. 34.

[11] VLT, “La Personalidad de México”, capítulo de ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana hacia el socialismo (1963), en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, Vol. 11, México, CEFPSVLT, 2011: p. 81.

Andrés Henestrosa, 1906 – 2008

Por el Lic. Javier Arias, el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava y el dedicado trabajo realizado por los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Andrés Henestrosa Morales nació el 30 de noviembre de 1906 en San Francisco Ixhuatán, estado de Oaxaca (México), y falleció en la Ciudad de México el 10 de enero de 2008. Ilustre intelectual zapoteco, desempeñó labores como bibliófilo, escritor de fabulas, artículos, leyendas y relatos, como docente, historiador, lingüista, orador, político y periodista mexicano. Realizó su educación básica en Oaxaca, pero sólo sabía hablar en lengua zapoteca, así que a la edad de 15 años viajó a la Ciudad de México donde ingresó en la Escuela Normal de Maestros, institución donde obtuvo el conocimiento y dominio del español. Continuó sus estudios de bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria para luego pasar a la escuela Nacional de Jurisprudencia donde no llegó a graduarse. Al mismo tiempo estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde conoció a Antonio Caso, quien le animó a publicar su libro sobre leyendas y fábulas zapotecas: Los hombres que dispersó la danza publicada (1929). De su obra literaria destacan, además, Los caminos de Juárez, Retrato de mi madre y Los hombres que dispersó la danza y algunos recuerdos, andanzas y divagaciones. En 1936, la Fundación Guggenheim le concedió una beca cuyas investigaciones tuvieron como resultado la hispanización del idioma zapoteco, la creación de su alfabeto y un Diccionario zapoteco-español. Como político llegó a diputado y senador, y fue un acérrimo colaborador de José Vasconcelos, para el que durante su campaña a la presidencia de la República Mexicana, Henestrosa, escribió relatos inéditos sobre sus giras electorales por territorio mexicano. Como periodista escribió para periódicos mexicanos como el Excelsior, El Día, El Universal, Novedades y en las revistas Aspectos, Hoy, Casa del Tiempo, Época, Mar Abierto, De Ambos Mundos, Revista de América, la Revista de la Cámara de Diputados, la Revista de la Universidad, y fue fundador de la revista Las Letras Patrias y dirigió las revistas El libro y El Pueblo. También ejerció la docencia en Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de México y en la Escuela Normal de la Secretaria de Educación Pública.
Recibió premios y distinciones por su actividad periodística, legislativa y literaria como el Premio Elías Sourasky (1973), el Premio Nacional de Periodismo (1983), la Medalla Ignacio Manuel Altamirano, de la Secretaría de Educación Pública (1992) y la Medalla René Cassin, de la Tribuna Israelita (1992). Y en su honor se instauraron la Medalla Andrés Henestrosa, de Escritores Oaxaqueños, A.C. (1992) y la Medalla de la Comisión del Deporte Andrés Henestrosa.

Recordamos a Andrés Henestrosa con dos de sus poesías y dos de las dedicatorias que rubricó para su amigo el Mtro. Vicente Lombardo Toledano.

Ven a mí…

Ven a mí, acércate,
acércate más, más cerca.
Dame tu mano
y por el camino de mi mano
pásate y éntrate en mi corazón.
Escucha lentamente para que
puedas entender estas palabras
que en mis labios tiemblan.
Verás mis palabras caer en el aire,
como si fueran pequeñas balsas
próximas a naufragar su contenido.
Acógelas.
Sé tú como una blanda orilla de mar
a donde mis palabras recalaran.
Acércate más, más cerca.
Dame tu mano.
En mis historias encontrarás
lo que es limpio, lo que es bello,
lo que transparente brota de mí
como una flor.
Acógelas, sé tú como una blanda orilla,
donde mis palabras recalaran.
Acércate más, más cerca.
Pero ¡ay de mí!, si estando tú
en mi corazón, yo abro los ojos
y te busco en el viento y en la nube,
y otra vez me encuentro solo,
completamente solo bajo el viento.

Cuando yo muera

Niña, cuando yo muera
no llores sobre mi tumba;
toca sones alegres, mi vida,
cántame La Sandunga.

Toca el Bejuco de Oro,
la flor de todos los sones;
canta La Martiniana, mi vida,
que alegra los corazones.

No me llores, no, no me llores no;
porque si lloras yo peno,
en cambio si tú me cantas, mi vida,
yo siempre vivo, yo nunca muero.

Si quieres que no te olvide,
si quieres que te recuerde,
toca sones alegres, mi vida,
música que no muere.

No me llores, no, no me llores no;
porque si lloras yo peno,
en cambio si tú me cantas, mi vida,
yo siempre vivo, yo nunca muero.

HENESTROSA , Andrés. Los hombres que dispersó la danza. México: Imprenta Universitaria, 1946.

A Lombardo Toledano, que tanto sabe de estas cosas. Andrés Henestrosa.

HENESTROSA, Andrés. El retrato de mi madre: fragmento de una carta Ruth Dworkin. México: Ediciones los Presentes, 1950.

A don Vicente Lombardo Toledano, su constante admirador y amigo. Andrés Henestrosa.

Obras ubicadas en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” en la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: www.centrolombardo.edu.mx
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

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