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Sobre el optimismo

Frame de la película Infierno

Artículo sobre el optimismo escrito en honor al 125 aniversario del nacimiento de Vicente Lombardo Toledano

¿Si Vicente Lombardo Toledano hubiera vivido nuestros tiempos, seguiría siendo un hombre optimista como lo fue en sus tiempos?

Obviamente la respuesta sólo se puede responder indirectamente o, mejor dicho, cargada de especulación pero, dada la experiencia que he adquirido a lo largo de muchos años de estudio de las evidencias históricas de la evolución de la vida en nuestro planeta, puedo hacer un ejercicio mental que me de algunas claves para elaborar una respuesta fundamentada.

Acudiendo no a lo que dijo Vicente Lombardo Toledano sobre el futuro sino a su particular sentido del humor que era, dicho sea, muy fino y agudo, me quiero plantear el siguiente escenario:

Si yo le hiciera ver a Vicente Lombardo Toledano tres películas y le pidiera escoger aquella en que se reflejara mejor el momento que estamos viviendo, ¿cuál de las tres escogería?

La primera sería “El infierno”, dirigida por el realizador mexicano Luis Estrada, que trata sobre la llamada “guerra contra el narco”, que muy bien se podría llamar también “50,000” y no precisamente pesos.

La segunda sería “Presunto culpable”, dirigida por el profesor Roberto Hernández, que trata sobre las vicisitudes judiciales y procesales de un hombre falsamente acusado, que igual podría llamarse “justicia mexicana”.

Y la tercera sería “La cena de los tontos”, en cualquiera de sus versiones, aunque la primera la dirigió el realizador francés Francis Veber, que trata sobre el nivel de banalidad en el que ha caído la sociedad actual.

Estoy casi seguro que Vicente Lombardo Toledano se decantaría por la tercera opción, pues refleja de maravilla el nivel de mediocridad en el que vivimos aquí, en Francia o en cualquier otro lugar del mundo.

El optimismo ante la situación actual

Pero permítanme ahora argumentar si todavía cabe la posibilidad de, ante este panorama, seguir teniendo optimismo.

Para ello me voy a permitir utilizar un recurso metodológico muy socorrido a la hora de proponer grandes soluciones a los problemas de siempre como las que utilizan los gobiernos actuales para, según ellos, ejemplificar sus sesudos análisis, el de la analogía.

La discusión actual acerca del origen de los seres humanos nos dice, independientemente de cuántas especies y cuándo salieron de África, cuna de la humanidad, que tras millones de años de evolución, una de esas especies dio lugar al Homo sapiens, nosotros, y la clave para entender ese proceso fue el desarrollo de su cerebro y con él el de la cultura y el lenguaje humanos. Esto ocurrió con la aparición de las primeras manifestaciones artísticas y la conciencia de sí mismo, hace apenas entre 60,000 y 30,000 años, que produjeron el llamado pensamiento simbólico, el cual tuvo una incubación de más de 50,000 años, marcado por la última gran transformación del cerebro. Esta transformación consistió en un refinamiento de las asimetrías entre los hemicerebros izquierdo y derecho y, consecuentemente, un refinamiento en las especializaciones funcionales de cada mitad del mismo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el optimismo? Desde mi perspectiva lo siguiente:

Las utopías están en desuso, pero recordemos a Tomás Moro, autor del término hace cinco siglos:

“No paréceme menos cierto, amigo Moro —ya que quiero deciros lo que encierra mi espíritu- que doquiera donde mídase todo por el dinero, no se podrá conseguir que en el Estado imperen la justicia y la prosperidad”.

El “Estado de bienestar” que tanto presumió Europa se ha convertido en “Estado de malestar”, si no, véase el llamado movimiento de los chalecos amarillos.

El desarrollo sustentable que nos iba a llevar a un equilibrio con la naturaleza no es tal, si no, véanse los resultados de las cumbres sobre el medio ambiente.

La revolución científico-técnica que nos iba a llevar a la solución de todos los problemas de la humanidad sólo ha traído desolación, si no, véanse las grandes catástrofes naturales y las nuevas y viejas enfermedades producto de la sobrepoblación y la pobreza.

Creo que la única o tal vez la última, no lo sé, oportunidad que nos queda para ser optimistas y honrar a Vicente Lombardo Toledano, uno de los seres humanos más optimistas que he conocido, es apurarnos en avanzar en el conocimiento de cómo funciona ese peculiar órgano que llevamos en la cabeza, el cerebro, para enfocar de un nuevo modo nuestra conducta y cambiar nuestra actual visión del mundo.

Optimismo y neurobiología

Gracias al desarrollo tan grande que ha tenido la neurobiología en las dos últimas décadas, se ha aprendido mucho acerca de cómo, por ejemplo, la luz, el sonido, la temperatura, la resistencia y las impresiones químicas recibidas en nuestros órganos sensoriales activan la liberación de transmisores químicos y variedades eléctricas potenciales que llevan las señales, a través de los nervios, hasta el cerebro y otras partes del cuerpo. También se ha aprendido mucho sobre la manera en que los canales neuronales para la transmisión de información se refuerzan para su uso o son reemplazados cuando se han dañado; o también sobre qué neuronas o grupos de neuronas son responsables del proceso de información procedente de un órgano concreto o de un punto medio ambiental; y sobre otras muchas cuestiones referentes a los procesos neuronales.

¿Nos encontramos en este comienzo del siglo XXI, ante la construcción de una nueva cultura que, basada en los conocimientos que aportan las ciencias del cerebro, pueda llegar a conformar un modo nuevo de pensar y de vivir?

Hace unos cuantos años un buen amigo neurólogo, Bruno Estañol, en un artículo publicado en la revista Ludus Vitalis, señalaba que los seres humanos poseemos dos naturalezas, o lo que es lo mismo, una naturaleza doble: una biológica y otra cultural. Nuestra naturaleza biológica es el producto de la evolución biológica de muchos millones de años, la cual está grabada en nuestro genoma. Nuestra naturaleza cultural es el resultado de la evolución cultural, que es el producto de la adquisición y almacenamiento de información extrabiológica, hecha posible gracias al desarrollo de la técnica. Sin embargo, apunta este autor, dicho desarrollo cultural es el producto de una actividad biológica: la actividad del cerebro, y por lo tanto, que existe una relación dialéctica entre las naturalezas biológica y cultural de los seres humanos. Derivada precisamente de esta relación, Estañol comenta que la cultura no ha sido exitosa en la disminución o en el control de los impulsos agresivos de nuestra conducta. Es decir, el ser humano ha utilizado gran parte de los recursos científicos y tecnológicos que ha logrado gracias a su evolución cultural, para la guerra, la agresión y la destrucción. El Homo sapiens no ha podido convertirse en Homo ethicus, por lo menos, diría yo, con el éxito en que lo pudo hacer en Homo creator, para utilizar un término que Vicente Lombardo Toledano empleaba.

Entonces, de acuerdo con otro amigo neurólogo, Francisco Mora, o bien la moral, el razonamiento moral, y los valores morales y las normas que derivan de ellos vienen emanados de Dios, y, por tanto, la teología tiene casi todo que decir, o bien derivan de los seres humanos mismos, de su proceso evolutivo, de su propia biología en intercambio constante con sus culturas, y por tanto, de su propio cerebro y sus códigos de funcionamiento. En este último caso, la ciencia, la neurociencia en particular y la propia filosofía serían las que tendrían la palabra. Los códigos éticos tienen que ver y han nacido del cerebro humano a lo largo de su proceso evolutivo. A la luz del proceso evolutivo no parece que el cerebro se haya construido a lo largo de cientos de millones de años esperando alcanzar, en el hombre, un conocimiento directamente emanado por Dios y filtrado directamente al cerebro sin que éste tenga ninguna participación. El cerebro no trabaja así. Las verdades éticas humanas son producto del funcionamiento del cerebro en el contexto de su relación social con los demás.

Según este autor, que he querido especialmente resaltar por su, diría yo, optimismo entusiasta, se avecina una nueva forma de pensar y entender la conducta humana.

Conclusiones sobre el optimismo

Hoy sabemos que al igual que cambia nuestra piel, nuestro pelo o el conjunto de nuestra cara, también cambia, con el tiempo, nuestro cerebro. Y que son estos cambios cerebrales los que hacen cambiar nuestra conducta, nuestras percepciones y experiencias, nuestras relaciones con los demás, nuestros procesos mentales y hasta nuestra propia conciencia. Todo esto nos llevará claramente a establecer que todos los procesos mentales, incluso los que dan lugar a los más excelsos pensamientos creativos o espirituales, derivan o son operaciones del cerebro.

Sin poder asegurarlo, creo que Vicente Lombardo Toledano se habría adherido a esta última oportunidad de darle al ser humano la posibilidad de ver el futuro del mundo con optimismo.


Imagen de la película Infierno (2010) albergada en IMDB. Película dirigida por Luis Estrada y producida por Bandidos Films, IMCINE,  FOPROCINE, EFICINE, Estudios Churubusco Azteca S.A y Fonca.

El derecho a la cultura debe basarse en el concepto de los derechos humanos

Raúl Gutiérrez Lombardo

El jurista mexicano Elisur Arteaga en su obra Garantías Individuales de 2009, habla de los derechos humanos y la cultura en los siguientes términos:

“La ley y los derechos humanos son un producto de la cultura. Surgen, evolucionan, se incrementan, enriquecen, disminuyen, pierden valor o concluyen con ella. Es la cultura la que da conciencia de su existencia y naturaleza; es la que lleva a exigir su reconocimiento y respeto” (Elisur Arteaga 2009: 22).

No sería exagerado decir entonces que los derechos humanos son una de las aportaciones más importantes al Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero extender los derechos humanos a los derechos culturales es un desafío para el propio Derecho pues tiene que resolver un aspecto que está autocontenido.

Durante muchas décadas este tema ha tenido una evolución muy lenta. Los autores de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en el siglo XVIII, no podrían ni imaginar los alcances de lo que ellos llamaron derechos del hombre. Creo que ni siquiera los autores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, emitida apenas en la mitad del Siglo XX, (1948), pudieron pensar en el panorama de los derechos humanos a nivel mundial que tenemos a principios de este siglo XXI. El derecho de las comunidades autóctonas, los derechos de las mujeres, los derechos de aquellos que tienen una preferencia sexual diferente, los derechos ambientales, los derechos relacionados con la Bioética, los derechos de la tercera edad, son algunos ejemplos.

Esta evolución de los derechos humanos nos llama a analizar seriamente la posición de los seres humanos ante su propia humanidad. En esta discusión, podemos ver que se han desarrollado importantes debates sobre la manera en que tenemos que entender al ser humano en cuanto a sus derechos: desde su perspectiva de sujeto individual (que sirve de fundamento a las teorías universalistas o de trato igual para todos) o como parte de una comunidad con sus propias características (como sucede con las teorías que defienden derechos diferenciados).

En la edición de 1991 del Diccionario Jurídico Mexicano, el autor, Jesús Rodríguez, nos proporciona las siguientes definiciones de derechos humanos, derechos individuales y derechos sociales:

“DERECHOS HUMANOS. Es el conjunto de facultades, prerrogativas, libertades y pretensiones de carácter civil, político, económico, social y cultural incluidos los recursos y mecanismos de garantía de todas ellas, que se reconocen al ser humano, considerado individual y colectivamente” (Jesús Rodríguez Rodríguez 1991: 1063).

“DERECHOS INDIVIDUALES. Son las facultades y libertades esenciales e inalienables del hombre, individualmente considerado. También se les denomina hoy día con la expresión “derechos civiles” y en el ordenamiento constitucional mexicano se agrupan bajo el rubro de “garantías individuales” (Jesús Rodríguez Rodríguez 1991: 1066). 2

“DERECHOS SOCIALES. Son las prerrogativas y pretensiones de carácter económico, social y cultural, reconocidas al ser humano, individual o colectivamente considerados. Hoy en día se les designa generalmente con el término “derechos económicos, sociales y culturales” (Jesús Rodríguez Rodríguez 1991: 1068).

Estos últimos son entonces la base para desarrollar el análisis de los derechos culturales como derechos humanos.

La primera razón se fundamenta en el alcance que permite, en el ámbito individual, la opción del concepto de derechos humanos, ya que los mismos se consideran compartidos por todos los seres humanos. Luigi Ferrajoli, en su libro Los fundamentos de los derechos fundamentales de 2009, trata de clasificar las diversas prerrogativas legales del ser humano en los siguientes términos:

“a) los derechos humanos, que pertenecen a todas las personas en cuanto tales, incluso a las que no son ciudadanos no capaces de obrar; b) los derechos civiles, que pertenecen a las personas en tanto capaces de obrar, independientemente de su capacidad de la ciudadanía; c) los derechos públicos que corresponden a las personas en cuanto a ciudadanos, independientemente de su capacidad de obrar; y d) los derechos políticos, que corresponden a las personas que sean tanto ciudadanos como capaces de obrar” (Luigi Farrajoli 2009: 293).

José René Olivos, en su obra Los derechos humanos y sus garantías de 2011, en una argumentación para fortalecer la tesis de la supremacía de los derechos fundamentales como concepto, nos ofrece una base para reafirmar la importancia de entender los derechos culturales como derechos humanos:

“Las fronteras conceptuales de los derechos humanos son menos precisas que las que tienen los derechos fundamentales. Quizá por esa razón es por la que sobre los derechos humanos han escrito muchas páginas (algunas muy buenas) los sociólogos, los economistas, los politólogos, los filósofos, etcétera, pero sobre los derechos fundamentales –hasta donde tengo noticias – generalmente escriben los juristas” (José René Olivos 2011: 9 y 28-31).

Asimismo, podemos encontrar un criterio adoptado por la comunidad internacional de refrendar el respeto a los derechos humanos como único límite para el desarrollo de los derechos culturales. Es el principio que a decir de la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, (2005), debe regir la vida cultural de los Estados y que se contiene en el artículo segundo del mencionado instrumento internacional, mismo que no solo está enunciado sino también explicado a partir de la dinámica de la vida actual, cuyo texto es el siguiente:

Principio de respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

“Sólo se podrá proteger y promover la diversidad cultural si se garantizan los derechos humanos y las libertades fundamentales como la libertad de expresión, información y comunicación, así 3

como la posibilidad de que las personas escojan sus expresiones culturales. Nadie podrá involucrar las disposiciones de la presente Convención para atentar contra los derechos humanos y las libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y garantizados por el derecho internacional, o para limitar su ámbito de aplicación”.

A partir de estas consideraciones sobre la naturaleza y alcances de los derechos culturales, se entiende por qué deben basarse en el concepto de los derechos humanos, que resultan ser más congruentes con las definiciones de garantías o derechos fundamentales.

Así, el concepto de derechos humanos ha sufrido una larga evolución transitando de la individualidad en contradicción con el Estado a una demanda social de la que el órgano estatal es o debería ser el principal garante. La idea de los derechos humanos, en su perspectiva de derechos civiles y políticos, perduró por más de 150 años. Hace apenas 50 años no se hablaba de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de una manera tan definida como ahora, de acuerdo con el Pacto Internacional firmado en 1966 y puesto en vigor en 1976. Hoy día ya se habla de nuevas generaciones de derechos humanos e incluso, de nuevas realidades como los derechos reproductivos, los derechos informáticos, los derechos al matrimonio igualitario, los derechos de las personas con alguna discapacidad, y los derechos a formar diferentes tipos de familias.

El aspecto a destacar entonces, es la manera en que los derechos humanos y sociales se han vuelto más específicos, precisamente porque son grupos más diferenciados los que reclaman el reconocimiento a sus prerrogativas.

También podemos encontrar una revisión muy amplia respecto al papel que el Estado juega en la dinámica de los derechos humanos y sociales. En los primeros estadios, los derechos humanos parecen constituirse en la manera en que el ciudadano podría defenderse de los abusos del Estado. Ahora, los derechos humanos y sociales más modernos entienden que el Estado debe volverse el principal obligado y garante de las condiciones que permitan el desarrollo de dichas prerrogativas.

En el ámbito de los derechos culturales en particular, ya se reconoce que no existe un solo derecho de acceso y disfrute a la cultura. La cultura es un hecho y condición humana tan inherente y compleja que no puede agotarse en una sola prerrogativa general. Si algo caracteriza a la cultura es que es un hecho cotidiano y comunitario que se da desde el comienzo de todo ser humano.

Pero, y esto es importante anotarlo, en el caso de nuestro país, hemos experimentado, por ejemplo, el reconocimiento de los derechos culturales de las comunidades indígenas y un concepto general de derecho a la cultura sin que exista una definición clara sobre los mismos, lo cual reduce su posibilidad de aplicación efectiva, o su violación, incluso por el propio Estado.

Lo que sí podemos afirmar es que en las controversias que actualmente se dan no existe un entendimiento integral de la condición humana, pues lo que define nuestro tiempo no es la diferencia sino la riqueza de la diversidad de la existencia humana y de sus testimonios materiales e inmateriales, manifestados en el conocimiento de los fenómenos y las cosas, en la cultura en sí.

BIBLIOGRAFÍA

Arteaga, E. (2009). Garantías individuales. México: Oxford University Press, p. 22.

Ferrajoli, L. (2009). Los fundamentos de los derechos fundamentales. Madrid: Trotta. p. 293.

Olivos, J. R. (2011). Los derechos humanos y sus garantías. México: Porrúa. (2ª ed.), pp. 9 y 28-31.

Rodríguez y Rodríguez, J. (1991). Diccionario jurídico mexicano. Tomo II. México: UNAM. p. 1063, 1066 y 1068.

*Palabras pronunciadas en el homenaje a Vicente Lombardo Toledano con motivo del 125 aniversario de su natalicio en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores, CDMX, 16 de julio de 2019.

Tríptico sobre la iglesia católica

Tríptico sobre la Iglesia Católica

TRÍPTICO SOBRE LA IGLESIA CATÓLICAEdit

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Libro. Colección: Obra temática. 2012, México DF (México).
Editado por: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano

Ciencias Sociales: Ciencias Políticas.

Autor/a:

Vicente Lombardo Toledano

Descripción:

La obra de Vicente Lombardo Toledano es una obra sistemática, basada en una sólida elaboración teórica y en el conocimiento profundo de la historia, de la economía, de la filosofía materialista y del método dialéctico, los cuales aplicó para profundizar en el conocimiento de su patria, México, de sus raíces, de su cultura y de su lucha histórica por su liberación nacional y social.
El sitio eminente que ocupa Vicente Lombardo Toledano en la historia de nuestra patria y de América Latina se debe, indiscutiblemente, a su largo trabajo político y de educación al servicio de las masas populares y, en particular, de la clase obrera. Asimismo, a que en el curso de ese esfuerzo desplegó sus grandes cualidades intelectuales, de orador excepcional, de habilísimo negociador y de hombre extraordinariamente conocedor y actor en cuanto se refiere a la actividad política.
Pero no a todo esto se debe su enorme prestigio, influencia y autoridad logrados en las luchas populares que llevó a cabo. El valor esencial del legado de Vicente Lombardo Toledano se debe, más que a ninguna otra razón, al hecho de que tomó partido en la gran lucha social del siglo XX, y el partido que formó fue precisamente el de la clase trabajadora.
Para todos los mexicanos estudiosos del devenir de nuestro país, preocupados por la defensa de la República democrática, que luchan por su desarrollo progresivo, es imperativo tener presente lo que Vicente Lombardo Toledano expuso con claridad meridiana sobre la actitud de la Iglesia Católica a lo largo de la historia de nuestra nación, al resaltar que la libertad de creencias es uno de los derechos humanos que existe desde hace mucho tiempo en nuestro país, y que la cuestión que se debate actualmente es la relativa a las relaciones entre la Iglesia y el Estado, la que ha demandado recuperar privilegios, condenando siempre el pensamiento renovador.
Como decía Vicente Lombardo Toledano, “la angustia habrá de desaparecer cuando la humanidad vuelva a reír, al inaugurarse para todos la verdadera historia, la que marca el principio del hombre dueño de sí mismo y de la naturaleza”.
Qué pena que estas palabras de optimismo aún no sean realidad; pero llegarán a serlo, porque hoy se está desarrollando el proceso del cambio que habrá de llevar al mundo a la situación que vislumbraba Vicente Lombardo Toledano.
En esta publicación se reúnen tres trabajos suyos —que aparecieron originalmente en la revista Siempre! del 5, 12 y 19 de noviembre de 1958— que se refieren a la actitud que el clero católico ha tenido en México en cada etapa de nuestra historia, que son muy significativos por su sorprendente actualidad.

Índice:

PRESENTACIÓN (Pág: 5)
I. EL FINAL DEL CAPITALISMO Y LA ANGUSTIA (Pág: 7)
II. MÉXICO Y EL VATICANO (Pág: 12)
III. EL ESTADO Y LA IGLESIA (Pág: 17)


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Todos contra México: escritos en torno al conflicto del 68

Imagen libro Lombardo


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Libro. Obra temática. 1998. México DF (México)
Editado por: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano

ISBN: 970-18-18413-15
Ciencias Sociales: Ciencias Políticas.

Descripción:

Hace treinta años se produjo en México el conflicto del año 1968. Respecto a éste, se plantearon entonces y se continúan planteando interrogantes, porque aún subsisten muchas dudas así como dolor por los trágicos sucesos en los que fallecieron jóvenes mexicanos inocentes. Por ello me permito hacer los siguientes cuestionamientos:
-¿Fue un movimiento político de los estudiantes mexicanos por mejoras para su educación o por reivindicaciones democratizadoras?
-¿Fue una copia del movimiento estudiantil de mayo del 68 en Francia?
-¿Fue la versión mexicana del movimiento hippie de Estados Unidos por la libertad y contra la Guerra de Viet Nam?
-¿Fue un movimiento infiltrado manipulado por la CIA y el FUI para desestabilizar a México?
-¿Fue una torpeza del presidente Díaz Ordaz omnubilado por el buen desarrollo de los juegos olímpicos?
– ¿Fue el inicio de la crítica abierta, por la supuesta “decadencia”, al sistema político mexicano surgido de la Revolución de 1910-1917?
-¿Fue un espejismo social alimentado por el romanticismo heroico de la guerrilla producto de la Revolución Cubana?
– ¿Fue un conflicto organizado por la izquierda “delirante” y los grupos trotskistas, o estos sólo azuzaron el fuego?
-¿Fue el “parteaguas” de la historia contemporánea de México, como lo dijeran algunos intelectuales y políticos, y los exlíderes estudiantiles de entonces, que ahora gozan de fuero constitucional unos, y otros que han tenido y tienen altos puestos en el gobierno al que decían enfrentar?
– ¿Fue producto y efecto del desarrollo histórico-político de México y del entorno internacional de entonces?
– ¿Cuál es su verdadero significado y qué había realmente detrás y en el fondo del conflicto?
Vicente Lombardo Toledano, siempre preocupado por el acontecer nacional e internacional, escribió varios estudios en los que hace un análisis crítico de los conflictos que se desarrollaban en esos años —él falleció el 16 de noviembre de 1968 y su último artículo escrito para la revista Siempre!, fechado el 7 de noviembre, se publica en esa revista el 20 de noviembre— en los que examina, como siempre lo hizo, con el profundo conocí miento de nuestro proceso histórico, con rigor metodológico y bajo la luz del materialismo dialéctico, los conflictos de los años 1966-1968. Hemos reunido esos textos en este libro para que cumplan con el objetivo para el que fueron escritos: orientar y servirá quienes dentro y fuera de la administración pública tienen interés en profundizar en el conocimiento de este problema y para que esto sirva en su actividad diaria de hoy y puedan contribuirá defenderá México y rescatar su camino independiente, así como para que no sea distorsionado el análisis que en ellos se hace, como han pretendido hacerlo algunos autores.

Índice y autores:


Vicente Lombardo Toledano

Marcela Lombardo Otero
INTRODUCCIÓN (Pág: 7)

¿QUÉ PASA EN MÉXICO? LA IZQUIERDA INFANTIL ALIADA A LA DERECHA (Pág: 11)

LA JUVENTUD Y EL CASO DE SONORA (Pág: 22)

LENIN Y LOS ESTUDIANTES (Pág: 28)

¿QUIÉNES DESEAN LA INTERVENCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS EN MÉXICO? (Pág: 32)

INFORME POLÉMICO ¿QUÉ QUISO DECIR DÍAZ ORDAZ CUANDO HABLÓ DE VIOLENCIA? (Pág: 39)

LA MUERTE DEL “CHE” GUEVARA Y SUS ENSEÑANZAS (Pág: 44)

MÉXICO EN 1967, PASADO, PRESENTE, FUTURO (Pág: 61)

ENTREVISTA DEL PERIÓDICO FOREIGN NEWS (Pág: 66)

EL TUMULTO NO CORRIGE ERRORES (Pág: 76)

LA CRISIS DE FRANCIA, OTRO PASO ADELANTE (Pág: 81)

FRANCIA EMPIEZA UNA NUEVA ETAPA HISTÓRICA (Pág: 85)

BUSCANDO LAS CAUSAS DE LA INQUIETUD EN LA JUVENTUD (Pág: 88)

MANIFIESTO DEL PARTIDO POPULAR SOCIALISTA. CONTRA LA PROVOCACIÓN ANTINACIONAL, UNIDAD DEL PUEBLO (Pág: 92)

UNA BURDA IMITACIÓN DE PARÍS (Pág: 103)

DECLARACIÓN DEL PARTIDO POPULAR SOCIALISTA SOBRE EL CONFLICTO ESTUDIANTIL (Pág: 107)

LA JUVENTUD EN EL MUNDO Y SUS DEBERES HISTÓRICOS (Pág: 111)

¡TODOS CONTRA MÉXICO! (Pág: 132)




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Lombardo y su influencia en la vida política de México

Imagen del libro de Lombardo sobre su influencia en México

LOMBARDO Y SU INFLUENCIA EN LA VIDA POLÍTICA DE MÉXICOEdit

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Libro. Colección: Estudios sobre la vida y obra de Vicente Lombardo Toledano. 2014, México DF (México).
Editado por: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano

ISBN: 978-607-466-068-5
Ciencias Sociales: Ciencias Políticas.
Palabras clave: Materialismo histórico; Comunismo; Socialismo; Política

Autor/a:

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Descripción:

Este libro se propone esclarecer si Vicente Lombardo Toledano y sus ideas, sustentadas en la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, influyeron en el devenir de México, y, en su caso, en qué medida lo hicieron. Dilucidar qué tanto incidieron en
sus transformaciones económicas, políticas y sociales durante la última mitad del siglo
XX y lo que va del XXI, por cuanto a la actividad que el pensador político y brillante
polemista desarrolló en el frente parlamentario y el trabajo que en esa misma palestra
desplegaron sus discípulos y compañeros.
El autor inicia con el esbozo de las ideas de Lombardo sobre la política en general,
y en concreto, respecto de la política revolucionaria. Examina el rigor y la riqueza de
su pensamiento marxista, así como su profundo conocimiento de la realidad de México,
su historia y su geografía, y la idiosincrasia de su pueblo. Analiza las diferencias de
otras corrientes que también se asumían marxistas y partidarias del socialismo, como
los dirigentes del Partido Comunista Mexicano, respecto a las ideas de Lombardo. Explora
los rasgos concretos que han tenido los modos de producción en nuestro caso,
desde la comunidad primitiva hasta el capitalismo deformado por su dependencia
del exterior, que apareció en el último tercio del siglo XIX, continuó en el XX, a pesar
de que fue combatido con denuedo, y se ha profundizado en nuestros días. Examina
a la Revolución Mexicana de 1910-1917 a la luz de los principios marxistas y las concepciones
de Lombardo, juzgándola como una revolución antimperialista. Evalúa la
“Mesa redonda de los marxistas mexicanos” de 1947, única ocasión hasta hoy en que,
a convocatoria de Lombardo, se reunieron los más destacados partidarios del socialismo,
que discutieron sus discrepancias. Observa también el surgimiento del Partido
Popular, sus objetivos y programa, desde los debates mismos de la citada mesa redonda,
considerándolo, a partir de su fundación, el instrumento político por excelencia de
las grandes batallas encabezadas por el pensador marxista y dirigente revolucionario.
Con esos antecedentes, el autor, que también fue diputado lombardista en tres legislaturas,
emprende el análisis del trabajo parlamentario del lombardismo a lo largo
de casi medio siglo, en las catorce legislaturas de las que su partido formó parte, desde
la XLI (1949-1952) hasta la LV (1991-1994), en las que el propio Lombardo y sus
discípulos y compañeros presentaron innúmeras iniciativas de ley, reformas y adiciones;
formularon denuncias; hicieron propuestas; examinaron y debatieron las políticas
públicas; discutieron las iniciativas que envió el Ejecutivo y las que formularon
otros partidos.
El esfuerzo por elucidar el grado de influencia de Lombardo y sus ideas sobre la
vida económica, política y social de México, que emprende el autor, lo desarrolla con
rigor y lo apoya en una amplia bibliografía, hemerografía y acervo documental, principalmente
en fuentes de primera mano; pero sobre todo en su conocimiento del pensamiento
marxista, en general, y en particular de las ideas de Vicente Lombardo Toledano.

Índice:

PRESENTACIÓN (Pág: 10)
INTRODUCCIÓN (Pág: 12)
I. VICENTE LOMBARDO TOLEDANO, SUS IDEAS SOBRE LA POLÍTICA (Pág: 20)
II. LOMBARDO Y EL DEBATE SOBRE EL CAMINO ECONÓMICO DE MÉXICO (Pág: 55)
III. LOMBARDO Y LA DEMOCRACIA EN MÉXICO (Pág: 154)
IV. LA LUCHA POR LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL (Pág: 267)
V. CONSIDERACIONES FINALES (Pág: 320)
NOTAS (Pág: 342)
BIBLIOGRAFÍA (Pág: 385)


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EL PAPEL HISTÓRICO DE LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE AMÉRICA LATINA: RESOLUCIONES DE SUS ASAMBLEAS 1938-1954

Detalle de la portada America Latina

EL PAPEL HISTÓRICO DE LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE AMÉRICA LATINA: RESOLUCIONES DE SUS ASAMBLEAS 1938-1954Edit

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Libro. Colección: Obra temática. 2013, México DF (México).
Editado por: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano

ISBN: 978-607-466-055-5
Ciencias Sociales: Economía, Historia.
Palabras clave: CTAL; Historia; Sindicatos; Actividad política

Autor/a:

Vicente Lombardo Toledano

Descripción:

En febrero de 1936, en el congreso constituyente de la Confederación de Trabajadores de México, Vicente Lombardo Toledano propuso una muy importante resolución: que se hicieran todos los esfuerzos necesarios para lograr la unidad sindical en los países de la América Latina. Como resultado de su trabajo, en agosto de 1938, hace 75 años, el comité nacional de la CTM expidió la convocatoria para realizar en la Ciudad de México el Congreso Obrero Latinoamericano, del que surgió la Confederación de Trabajadores de América Latina, en septiembre de ese mismo año, donde fue elegido como presidente de la CTAL el secretario general de la CTM, Vicente Lombardo Toledano.
Desde el primer momento de sus actividades, la CTM se propuso la honrosa y trascendental tarea de impulsar el trabajo para contribuir a que se alcanzara la completa independencia y el progreso de cada una de las veinte naciones latinoamericanas que existían en aquella época.
Una de las actividades más importantes y permanentes de la CTAL fue la lucha por la unidad de todos los trabajadores latinoamericanos, de los asalariados de cada país, de cada rama de la producción y de los servicios, con la finalidad de impedir la intervención de su enemigo común, el imperialismo yanqui, contrario a los intereses de las naciones y de los pueblos de América Latina y el Caribe. Asimismo, para contribuir al logro de la definitiva independencia de todos los países latinoamericanos y superar su atraso y sus carencias, liquidando el latifundismo, realizando la reforma agraria e impulsando el desarrollo industrial independiente. Otro objetivo fundamental consistió, en algunos casos, en luchar por el establecimiento de la democracia, y en otros, por su ampliación y fortalecimiento. A la par de este esfuerzo por objetivos de carácter nacional, realizaba una intensa y firme labor por la defensa y ampliación de los derechos de los trabajadores, y por mejorar las condiciones de vida y de trabajo de todos los asalariados, manuales e intelectuales. Por esas acciones, la CTAL se convirtió en la fuerza de opinión más importante del continente americano.

Índice:


PRESENTACIÓN (Pág: 7)
CONGRESO OBRERO LATINOAMERICANO CIUDAD DE MÉXICO, 5 AL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1938 (Pág: 11)
ACTA CONSTITUTIVA DE LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE AMÉRICA LATINA (Pág: 12)
ESTATUTOS (Pág: 14)
RESOLUCIONES (Pág: 21)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL CIUDAD DE MÉXICO, 10 AL 15 DE JUNIO DE 1940 (Pág: 25)
RESOLUCIONES (Pág: 26)
PRIMER CONGRESO GENERAL ORDINARIO CIUDAD DE MÉXICO, 21 AL 26 DE NOVIEMBRE DE 1941 (Pág: 37)
MODIFICACIONES Y ADICIONES A LOS ESTATUTOS (Pág: 38)
RESOLUCIONES (Pág: 39)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL LA HABANA, CUBA, 26 AL 31 DE JULIO DE 1943 (Pág: 71)
RESOLUCIONES (Pág: 72)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL MONTEVIDEO, URUGUAY, 28 DE FEBRERO AL 3 DE MARZO DE 1944 (Pág: 96)
RESOLUCIONES (Pág: 97)
SEGUNDO CONGRESO GENERAL ORDINARIO CALI, COLOMBIA, 10 AL 16 DE DICIEMBRE DE 1944 (Pág: 119)
NUEVOS ESTATUTOS (Pág: 120)
RESOLUCIONES (Pág: 126)
NOTAS COMPLEMENTARIAS (Pág: 161)
CONGRESO GENERAL EXTRAORDINARIO PARÍS, FRANCIA, 10 AL 12 DE OCTUBRE DE 1946 (Pág: 166)
RESOLUCIONES (Pág: 167)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL SAN JOSÉ, COSTA RICA, 8 AL 13 DE DICIEMBRE DE 1946 (Pág: 181)
RESOLUCIONES (Pág: 182)
TERCER CONGRESO GENERAL ORDINARIO CIUDAD DE MÉXICO, 22 AL 27 DE MARZO DE 1948 (Pág: 208)
RESOLUCIONES (Pág: 209)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL MILÁN, ITALIA, 6, 7 Y 8 DE JULIO DE 1949 (Pág: 252)
RESOLUCIONES (Pág: 253)
LA NECESIDAD DE REORGANIZAR LA OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO (Pág: 269)
CUARTO CONGRESO GENERAL ORDINARIO SANTIAGO DE CHILE 22 AL 29 DE MARZO DE 1953 (Pág: 276)
RESOLUCIONES (Pág: 277)
REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL CIUDAD DE MÉXICO JULIO DE 1954 (Pág: 300)
RESOLUCIÓN (Pág: 301)

Portada del libro: EL PAPEL HISTÓRICO DE LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE AMÉRICA LATINA: RESOLUCIONES DE SUS ASAMBLEAS 1938-1954


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La izquierda, o es ética o no es izquierda

En conmemoración del 50 aniversario del fallecimiento de Vicente Lombardo Toledano, reproducimos su discurso “EL CAMINO ESTÁ A LA IZQUIERDA” que pronunció el 23 de julio de 1932 en el Frontón Nacional de la Ciudad de México.1

Al aceptar la invitación que me hizo el Comité Ejecutivo de la Unión Linotipográfica de la República Mexicana, para que comentara ante ustedes y de un modo público el convenio celebrado con la empresa del periódico Excélsior, que dio fin a la huelga decretada en contra de esa misma negociación, no tengo el propósito de hacer ninguna censura a lo realizado por algunos de los compañeros de la Alianza de Artes Gráficas, porque, en primer lugar, no tengo derecho para ello, y porque la censura a los trabajadores debe hacerse dentro de las mismas asociaciones que ellos forman y por quienes tienen derecho a exigir responsabilidades. Tampoco vengo a disertar con la presunción del que pretende dar cátedra. Hablar de derecho industrial o de derecho obrero ante los trabajadores de mi país, no equivale, para mí, a explicar ante mis discípulos en la Facultad de Derecho, cuál es la significación de las normas jurídicas que rigen en nuestra nación las relaciones entre el capital y el trabajo. Existe una diferencia, porque disertar sobre derecho industrial ante estudiantes, es darles por lo menos a conocer una realidad que ellos ignoran. En cambio, hablar de derecho obrero ante los trabajadores que lo están organizando y formando todos los días, ante los verdaderos autores, materiales e intelectuales, de las normas jurídicas que rigen el capital y el trabajo en México; hablar sobre esa materia en el tono de la cátedra, sería de mi parte una presunción inexplicable e injustificada.

Agradezco profundamente, al compañero Gracidas, a todos los miembros del Comité de la Unión y a todos los camaradas de Artes Gráficas, la invitación que se me ha hecho; y a Gracidas especialmente los elogios inmerecidos que acaba de hacer de mi persona. Pero no vengo aquí como maestro, no vengo tampoco como catedrático, vengo sólo como un luchador, como un miembro del proletariado mexicano, a hacer consideraciones al margen del convenio con el cual concluyó la huelga de Excélsior, porque la situación que vive nuestro país en estos momentos es tan interesante para los trabajadores y para todos los hombres que valorizan día a día el proceso de la Revolución Mexicana que vale la pena reunirse, no una vez, sino muchas veces y en público, para debatir como miembros de un país libre, como hombres libres de una nación que respeta el derecho más grande del hombre que es la expresión de la palabra, la situación por la que atraviesa la nación y el derrotero que debe seguir el proletariado organizado frente a la crisis.

Dicho lo anterior, quiero situar, desde luego, la condición del proletariado mexicano con relación a la del proletariado internacional para después referirme concretamente a las características del desenvolvimiento político y social de México en los últimos años.

DECADENCIA DEL RÉGIMEN CAPITALISTA

Aun para los hombres que observan de un modo superficial la situación del mundo, es un hecho indiscutible que el régimen social que surgió en el siglo pasado y que llegó a su apogeo antes de comenzar la Guerra de 1917, es un sistema social que está en decadencia. Es inútil que pretendamos alargarle la vida o suponer que tiene todavía vigor por muchos años el régimen capitalista. Muchos signos elocuentes de descomposición, tanto en el orden político cuanto en el económico y en el moral, nos demuestran que es un régimen caduco, que está dejando su lugar en la historia a un sistema nuevo, gracias a un proceso de inadaptación sociológica, en la misma forma que muchas especies zoológicas han desaparecido en el curso de la historia del planeta porque cambiando las condiciones geográficas, las condiciones físicas del medio, tales especies no pudieron sobrevivir. Y de la misma suerte que surgen en el mundo y desaparecen las especies animales y vegetales, surgen en la historia y desaparecen de ella las especies sociales, los organismos humanos, las sociedades, los regímenes de la vida pública, cumpliendo un ciclo, un periodo vital, para dejar su sitio a otros sistemas de la vida colectiva.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL CAPITALISMO

El régimen capitalista cumplió una gran misión que nosotros, principalmente los trabajadores, debemos agradecer profundamente. Sustentado ideológicamente en la doctrina de la libertad económica, de la libertad de comercio, de la libertad de trabajo, de la libertad de la industria, de la libertad de la conducta dedicada a la producción; y en el terreno político en la libertad del individuo, como base y objeto de las instituciones sociales, pudo en muy poco tiempo organizar métodos y crear elementos mecánicos con el fin de comunicar a los hombres entre sí y transformar la industria medieval, exigua, de industria a domicilio, en gran industria. Gracias, pues, a los medios técnicos de la producción y a la fácil comunicación de los pueblos, presididos y cobijados por un ambiente de libertad sin cortapisas, pudieron las naciones acercarse más de lo que estaban, conocerse íntimamente; los hombres, traspasar las fronteras con rapidez; el pensamiento, surcar las distancias más grandes, y el conjunto de la especie humana, convertirse en una sociedad homogénea, aun en sus luchas tradicionales y específicas, que tienden para los que las realizan a vencer el destino de la fatalidad.

Esta nueva faz del mundo reunió a los trabajadores en grupos numerosos bajo el mismo techo, al crear las fábricas hizo nacer en ellos un espíritu de clase que no poseían y provocó el advenimiento de la organización internacional de los asalariados. El régimen capitalista es, en consecuencia, en cierto sentido, la causa del proletariado como factor social y la causa de la organización obrera.

CAUSAS DE LA RUINA DEL RÉGIMEN

Pero independientemente de este servicio prestado a los humildes; independientemente del servicio que las máquinas aplicadas a la propaganda de las ideas humanas, por conducto de las artes gráficas —del libro, de la prensa— han hecho a la cultura, no sólo la misma clase trabajadora, sino la humanidad entera, han tenido que reprochar a los directores de ese régimen social el haber utilizado las condiciones creadas por el proceso histórico, para organizar, para constituir, una casta de privilegiados que, concentrando cada día más el capital, fruto del esfuerzo de las masas trabajadoras, y depositándolo en unas cuantas manos, se convirtió en dueña del mundo. Este proceso de concentración de los capitales, para beneficio de un corto número, de aprovechamiento, del esfuerzo de la humanidad misma; este afán de disfrute exclusivo de una minoría que caracteriza al régimen burgués, ha sido la causa de su ruina; el proletariado, hijo del régimen, lo ha delatado, ha descubierto sus llagas incurables, lo ha combatido como sistema de injusticia y ha propuesto su sustitución por otro más honesto y más humano.

que el año de 1914 señala la apoteosis del régimen burgués. En efecto, esa fecha marcó el punto culminante del movimiento de ascenso del capitalismo. Hasta entonces, los ataques del socialismo organizado, los ataques del proletariado mundial en contra de la burguesía, fuera de las filas obreras tenían pocos adeptos. Se creía que si era verdad en parte, que si era justificada en cierto sentido la censura de las masas de asalariados en contra del régimen, este hecho no merecía la reprobación sistemática de que era víctima, porque  había construido mucho y, sobre todo, porque moralmente no era un sistema que negara en principio las aspiraciones justas y legítimas del género humano.

Pero la guerra no sólo comprobó que la arenga, que la protesta, que la censura socialista, que el llamamiento elocuente de la clase trabajadora a la conciencia de todos los hombres libres del mundo era justificada, sino que demostró a los mismos partidarios indecisos del capitalismo que si en el campo económico la injusticia era un hecho, en el campo espiritual el régimen se había convertido o había provocado una verdadera catástrofe. ¿Quién, después del Tratado de Versalles, que haya tenido una identidad como hombre libre, ha defendido al régimen capitalista? La guerra, como se sabe, no es más que una movilización violenta, un desplazamiento violento de hombres, es decir, un desplazamiento violento del capital que se arroja sobre un mercado que no controla. ¿Quién, después del Tratado de Paz, ha aplaudido o se ha atrevido a sostener el régimen capitalista como bueno? Nadie, absolutamente ningún hombre que sienta en sí mismo la dignidad de la especie humana. Al contrario, la guerra produjo una reacción espiritual tan profunda, conmovió tanto los espíritus, provocó un asco tal en los que ya el régimen, que una literatura copiosa que no cesa, sino que va en aumento, a medida que se ha tenido tiempo para pensar en lo espantoso del conflicto, demuestra que de todos los círculos sociales, de todos los rincones de la Tierra, de todas las tribunas y en todos los países, el grito castigando de una manera implacable al régimen capitalista ha dejado de ser la queja y la admonición de una sola clase social para transformarse en protesta airada del hombre mismo.

NO DEBEMOS PERDER DE VISTA EL CONJUNTO

Tales son las características, principalmente morales, que tiene el periodo que nos ha tocado en suerte vivir. Si nosotros, los miembros de la organización obrera, constituida principalmente para transformar el régimen burgués, no tenemos presente en todos los momentos de nuestra lucha el objetivo, el propósito para el cual nacimos; y si además, olvidamos cuál es el panorama de la Tierra dentro del cual nosotros constituimos un punto, actuaríamos como sonámbulos, lucharíamos alejados de la realidad. Cuando hacemos consideraciones de carácter abstracto, cuando meditamos en los problemas de la hora, cuando analizamos el proceso histórico de Europa, de los Estados Unidos, de la América Latina y del Oriente, no estamos haciendo disertaciones inútiles, disertaciones pueriles, discursos estériles de mitin o conferencias de cátedra; estamos respondiendo a nuestra finalidad, estamos actuando como hombres responsables de la suerte de las masas organizadas para un propósito bien claro. Perder, pues, de vista el panorama general del mundo, olvidarnos de que somos composición del paisaje —si se quiere tomar espectacularmente el proceso histórico—; olvidar que somos parte del rebaño —si se quiere aceptar el vivir de las sociedades humanas como el paso de las muchedumbres a través del tiempo y del espacio—; olvidar que somos actores y no sólo jueces de lo que acontece en el mundo —adoptando una posición más de acuerdo con la realidad— equivaldría a perder la base de nuestra conducta y, al mismo tiempo, el método indicado por la experiencia y por la ciencia, para poder valorizar nuestros propios actos por pequeños que parezcan.

LA REVOLUCIÓN MEXICANA, SU ORIGEN

Y pasando de lo que el mundo es, como aspecto, como panorama, o como ser que vive para propósitos definidos, al estudio de los problemas de nuestro país, ¿qué hallamos en él? ¿Cuáles son las características de nuestro momento? ¿Cuál es la fisonomía de la Revolución Mexicana? ¿Cuál es la balanza que podemos hacer de la situación? Nos interesa a los trabajadores mexicanos organizados hacer este análisis, no sólo porque la realidad mexicana somos sustancialmente nosotros, no sólo porque es nuestro propio hogar el que quizá esté en peligro, sino porque conocida o recordada la situación internacional, tendremos la posibilidad de conducirnos con mayor éxito.

México inició en 1910 una revolución con el objeto de derrocar un régimen político, social, económico y moral que había prevalecido por más de treinta años. En un principio, cuando se oyeron las voces románticas, generosas, suicidas si se quiere, pero limpias y conmovedoras de los precursores del movimiento, allá en el norte, en la frontera con los Estados Unidos, las voces de Ricardo Flores Magón, de Gutiérrez, de Lara y de otros muchos luchadores como éstos cuyos nombres acabo de pronunciar para hacer, en esta asamblea, un homenaje a su recuerdo; cuando además de estas voces autorizadas surgieron en otras regiones del país grupos de hombres armados, que merecieron inmediatamente del gobierno y de la prensa de la época, el mote de ‘bandidos”, porque carecían de tribuna y hasta de posibilidad fisiológica para poder expresar su pensamiento; cuando, al mismo tiempo, se manifestaba la inconformidad con el régimen, de un grupo muy pequeño de intelectuales en la Ciudad de México, tratando de transformar la ideología imperante en los centros más altos de cultura; no sabía el pueblo como masa, como fuerza poseedora de un solo espíritu, qué se quería en concreto con la Revolución. Nuestro movimiento, a diferencia de la Revolución Francesa, a diferencia de la Revolución Rusa, que fueron movimientos organizados, presididos y guiados por intelectuales de gran capacidad, de una excepcional capacidad, fue una acción unánime, vigorosa, pero carente de rumbo preciso. Los grupos pedían lo que necesitaban de inmediato: unos, tierras; otros, mayores salarios; un sector, el de la opinión de más ilustración en el país, libertad cívica, respeto al sufragio, libertad de palabra, libertad de acción. Los lemas se entrecruzaron en los combates; los programas truncos surgieron de todos los pechos en todos los instantes, en todos los momentos de acción, de disputa, de controversia, sin un plan coordinado pero obedeciendo a un sentimiento único de inconformidad con lo pasado. Así se fue organizando la Revolución hasta el momento en que ésta adquirió, gracias al empuje de la clase trabajadora, la característica de un juicio en contra del régimen porfirista y de una valoración del futuro, en el que la clase oprimida habría de ocupa r el primer sitio en la economía del país y en la estimación social.

EL SENTIDO SOCIAL DE LA REVOLUCIÓN

El pacto firmado por la Casa del Obrero Mundial con don Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, es el documento que explicará a la posteridad el meollo de la Revolución Mexicana, su sentido profundo, su sentido de la tierra, como diría Nietzsche. Mientras no alcanzó esta expresión social, la Revolución no tuvo trascendencia. Reformar regímenes políticos para el fin de cambiar la técnica de alcanzar los puestos públicos es acometer transformaciones que tienen importancia, como todo paso hacia adelante, que llegan a adquirir el influjo de las transformaciones que significan una subversión total de los regímenes de la vida económica, de los sistemas de la producción material.

Por eso deda que ese famoso pacto, olvidado por muchos y descœ nocido por la mayoría, es el documento que da carácter, que da aspecto teleológico a la Revolución Mexicana. ¿Por qué? Porque en él se expresa de una manera clara, terminante, el deseo de las masas trabajadoras de transformar de raíz el pasado.

La tierra debe ser una institución pública; la tierra no puede ser privilegio de nadie; la tierra debe ser una función sœial. La industria no debe ser profesión libre; la industria debe tender a realizar un beneficio colectivo. Estas ideas centrales del pacto con Carranza, no expresadas en la forma de definición que acabo de emplear, pero contenidas implícitamente en el documento, fueron objeto de una propaganda intensa desde la tribuna de la Casa del Obrero Mundial. Todo el mundo sabe en México que desde los primeros años en que el movimiento obrero se organizó no había un solo miembro de un sindicato, por humilde que fuera, que no supiera bien la doctrina socialista y que no pudiera analizar cualquier momento el valor de los acontecimientos del día. La organización obrera presentaba entonces el aspecto de un ejército integrado por generales, y lo era en realidad, porque todos sus miembros fueron líderes de sí mismos antes que líderes de masas futuras. Cada obrero fue entonces un maestro de la utopía del mañana y un constructor del porvenir. En esas condiciones, no había dudas: los principios eran firmes y la táctica de lucha, clara. ¿Cuál fue esa ideología, cuál fue esa táctica? La ideología fue la aceptación de un régimen social injusto, mejor dicho, la ideol%ía se basaba en el reconocimiento de la injusticia social imperante. Conclusión de este primer postulado: la sustitución del régimen burgués por el régimen socialista. Táctica a emplear: la lucha de clases, la oposición de la clase obrera organizada frente a la clase tesis todavía es, por fortuna, la declaración de principios de las más importantes agrupaciones obreras del país; las constituciones de las asociaciones de sindicatos en México, comienzan con ella. Y consecuentes con la tesis, el principio de la inteligencia internacional de los trabajadores para obrar de consuno en el advenimiento de la nueva vida.

Y mientras esto ocurría con la clase obrera, el proceso de transformación del porfirismo seguía su curso. el ejército porfirista; se organizó por los mismos que habían empuñado las armas un nuevo ejército revolucionario, de hombres oscuros en su mayoría, con algunos elementos de valor, pero sin experiencia política y con deseos, aparentes al menos, de transformar la situación. Estos y otros más fueron ocupando los puestos de dirección y de responsabilidad pública.

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCIÓN MENOSPRECIARON EL CONCURSO DEL PROLETARIADO

Durante muchos años la clase obrera no quiso intervenir en la lucha política. de lo que era en el mundo el Estado burgués, desconfiada respecto de lo que puede hacerse desde el gobierno de una nación mientras no se transforme la nación misma en cuanto a sus métodos de trabajo y de conducta, la clase obrera, sin sospechar de los hombres salidos de la Revolución, sospechaba del éxito de esos hombres, porque veía que la estructura del Estado permanecía intacta, que estaba completa la estructura capitalista, y se abstuvo, no quiso intervenir en la política, no quiso compartir los puestos de responsabilidad. Sin embargo, esperaba que los hombres salidos de la Revolución realizaran algún día próximo el propósito intrínseco del movimiento iniciado en 1910. Quería que el sentimiento humanístico que había lanzado a las masas a la lucha se elevara a la categoría de preceptos obligatorios, de normas públicas, de leyes; esperaba que los revolucionarios realizaran la Revolución; que la tesis socialista fuera hecho y no palabra, que el sacrificio floreciera en una organización social nueva y fecunda.

Pero la clase obrera se equivocó. Se empezaron a dar tierras, sí; se empezaron a dictar algunas leyes de protección para los trabajadores, pero hasta ahí nada más. El régimen mismo, el sistema de la vida pública permanecía igual. Entonces un sector de la clase obrera, la CROM, el núcleo más importante del proletariado del país, intentó realizar el esfuerzo por su cuenta. Abandonó la teoría tradicional de la lucha sindical y estableció el principio de la acción múltiple con el propósito de llevar a sus hombres a los puestos públicos, para que ellos, poseyendo la máquina del Estado, pudiesen transformar el viejo régimen, el sistema burgués mexicano. Esa decisión de la CROM creó el Partido Laborista, el cual despertó desde un principio en los militares y en los civiles directores de la cosa pública una serie enorme de suspicacias: ¡La clase obrera mexicana se atrevía o quería gobernar! ¿Cuál era su programa? El programa político de la clase obrera mexicana era y es un programa hermético, unilateral, parcial, socialista. No ser, por tanto, un programa simpático a los ojos de los hombres que no tenían ese punto de vista porque para ellos la sociedad es algo más que la clase trabajadora. A poco andar el tiempo, empezó a levantarse en contra de ese partido de clase la ideología burguesa, la misma ideología liberal del siglo pasado: la sociedad no es sólo la clase trabajadora. Un gobierno debe ser de todos y para todos.

MÚLTIPLES CAUDILLOS Y GOBIERNOS, PERO UN SOLO RÉGIMEN BURGUÉS

No voy a referirme a las contingencias de la lucha política, a los éxitos, a las derrotas, a los fracasos sufridos por el Partido Laborista Mexicano porque esto desviaría indudablemente la atención del auditorio del punto central de mi disertación, y, además, porque me haría perder un tiempo precioso que deseo emplear, sin fatigar demasiado a los compañeros, en analizar la táctica de la lucha obrera frente a los problemas concretos del momento. Pero es necesario decir que aun en la época en que el Partido Laborista tuvo su mayor éxito, durante el gobierno del general Calles, nunca estuvo el gobierno de la República en manos de la clase obrera. Es menester declararlo especialmente ahora, porque en estos días en que se trata de señalar responsabilidades respecto del pasado, con relación a los derechos de la clase trabajadora, se lanza el ataque de que cuando los elementos obreros gobernaban en México, cuando tuvieron el gobierno en sus manos, nada hicieron por la clase trabajadora que decían representar. El régimen del general Calles fue un régimen burgués; el régimen de Carranza fue un régimen burgués; el régimen de Portes Gil fue un régimen burgués; el régimen de don Pascual Ortiz Rubio es un régimen burgués.

Todos los regímenes habidos desde 1910 hasta 1931, es decir, todos los gobiernos de México durante la Revolución han sido gobiernos burgueses. Lo mismo fue el porfirista, lo mismo fue el santanista lo mismo fue el juarista, lo mismo que lo fue la primera junta de gobierno a raíz de la consumación de la Independencia.

Nunca en México, jamás, ha habido un gobierno que no haya sido un gobierno burgués. Naturalmente que hay diferencia entre ellos, pero la diferencia no proviene de su ideología, ni de su estructura; proviene de su forma, cuando más de su intención.

Quede, pues, anotada mi observación de que jamás, en México, ha habido un gobierno socialista y de que nunca la clase obrera ha tenido en sus manos la responsabilidad de la cosa pública. Hemos participado en el gobierno a veces, sí, con el mejor deseo, con el propósito más vehemente de contribuir a la transformación del sistema capitalista, pero sin éxito. También es necesario declarar que hemos fracasado; hemos fracasado probablemente por nuestra ineficacia, probablemente por nuestra falta de preparación; hemos fracasado por muchas causas imputables a nosotros mismos, pero hemos fracasado principalmente porque los hombres de la Revolución, los hombres surgidos de ella que no mantenían el criterio unilateral, proletario, socialista. Fueron hombres que en cuanto llegaron al poder temblaron, vacilaron, dudaron, y para salvar su puesto se abrazaron a la derecha, al árbol burgués, en lugar de abrazarse al árbol de la izquierda, que era el de la causa del trabajador.

La clase obrera mexicana, independientemente de los motivos que han producido su división, sin tomar en cuenta las causas que a veces la separan, se encuentra en la actualidad frente a este problema: la Revolución se inició con dos leyes de garantías para el proletariado, la Ley Agraria y la Ley Obrera, pero no ha avanzado una pulgada después de estos dos primeros pasos. La Revolución hace mucho tiempo que está detenida, y está detenida porque no se hizo de ella un movimiento de transformación ininterrumpido. Fue un movimiento que empezó bien y que por falta de desarrollo, por falta de impulso, por falta de realización de su propósito, se fue esterilizando a sí misma cada vez más, aniquilarse.

HOY COMO HACE CIEN AÑOS

El régimen de los impuestos en México es el mismo de hace cien años: se sigue todavía gravando al productor; todas las contribuciones que se pagan en nuestro país pesan sobre el que trabaja, y este ha sido uno de los puntos de mira más importantes del movimiento obrero mundial. Uno de los primeros postulados de la bandera socialista es la transformación del sistema tributario. Mientras el trabajador, a quien se roba una parte de su esfuerzo dado el régimen actual de la producción, todavía tenga que entregar, en forma de impuesto, una parte más de lo que él mismo ha producido, demuestra que no estamos viviendo dentro de un régimen revolucionario. Los impuestos directos, en cambio, los que gravan los bienes de la comunidad, apenas se han iniciado en forma tímida, puesto que no han llegado a constituir la materia ni la conducta ni la doctrina del poder público.

No hay tampoco, no ha habido un intento por limitar las fortunas. El régimen revolucionario, el régimen socialista, condena la abundancia que existe en unos cuantos junto a la pobreza y la miseria de las masas. Este postulado es un principio viejísimo del proletariado universal y de la clase obrera mexicana y, sin embargo, ¿qué hemos hecho para limitar las fortunas en nuestro país? ¿Qué leyes, qué disposiciones, qué sistemas hemos implantado con el fin de que no se mantenga ese desequilibrio injurioso de la fortuna, de la opulencia de un pequeño grupo frente a la miseria de la mayoría? No sólo no hemos formulado leyes con impuestos severos a las herencias y a las fortunas cuantiosas que el sistema burgués engendra, sino que para las fortunas rápidamente organizadas o adquiridas no hay impedimentos. Por desgracia, aunque hay excepciones, la mayoría de los hombres surgidos de la Revolución están ricos, algunos son millonarios, en contra de la teoría y en contra de la bandera revolucionaria. Tampoco hemos hecho nada en materia de organización de la producción. Vivimos, desde el punto de vista de la producción económica, ya se tome el fruto de la tierra o el de la industria de transformación, en el mismo ambiente de anarquía que hace un siglo. Sigue imperando el criterio liberal, el criterio individualista; se sigue sosteniendo que el dedicarse al comercio, al trabajo o a la industria es un derecho del hombre, un derecho intocable del individuo y no hay cortapisas para esta acción como no sea la de que la profesión elegida debe ser lícita; si no está prohibida por la ley, toda actividad debe ser protegida por el Estado. Pero, refiriéndome a algo más elemental, ¿hemos siquiera intentado, como en otras partes del mundo lo hacen, saber, investigar, estudiar en qué forma viven las industrias en nuestro país? ¿Conocemos, hemos analizado la política social de nuestras industrias, de las industrias ubicadas en la República? No hay ninguna ley, no sólo de orientación de la industria, desde el punto de vista económico y técnico, sino que tampœo existe ley de responsabilidad profesional respecto de los empresarios. Cada quien opera como gusta; algunos al garete, inspirados en su propio interés, en su ignorancia o en su sabiduría. El industrial radicado en México, el representante del capital extranjero que viene a nuestro país, sabe de antemano, o por lo menos llega con esa intención, que México es un país del trópico, un país con grandes perspectivas, como dicen los hombres de negocios, en donde se pueden obtener pingües utilidades. Por eso al venir a México cada quien obra como le place. Nunca se ha investigado, por lo mismo, cuáles son los intereses que en realidad devenga ese capital, cuáles las utilidades que obtiene. Y no obstante que todo mundo sabe que las ganancias de tales empresas han sido a veces fabulosas y excelentes en todo tiempo, el industrial de México es un empresario que siempre se queja de la situación: “el momento es malo, el capital no estamos viviendo sólo por no quebrar; es preciso que el gobierno nos ayude; es menester que la clase trabajadora haga un sacrificio para no perder su fuente de trabajo; es preciso que esta industria, que es la vida del país, se mantenga y prospere, porque, ¿qué harían ustedes los mexicanos sin las industrias que les dan sus salarios? Es urgente salvarlas”. Sin embargo, nosotros, los que tenemos experiencia de lo que es la vida económica de México, los que conocemos muy bien cuál es la sicología de nuestros industriales y cuál es su competencia técnica, de sobra sabemos que estas actitudes plañideras no son más que un ardid oriental para explotar o espantar a los hombres tontos o impreparados. Sabemos muy bien que en México, ante la ausencia de un plan de producción económica, ante la falta de métodos del Estado respecto de la economía nacional, los hombres que se dedican a la industria hacen fortunas enormes, y a veces los más audaces, los individuos con menos escrúpulos, llegan en su actitud hasta a robar a sus propios colaboradores, a los mismos individuos con quienes comparten su éxito.

Y si seguimos analizando, camaradas, qué cosa se ha hecho desde el punto de vista de los intereses de la sociedad, si pasamos lista a las medidas gubernativas tendientes a la transformación del régimen feudal, porfirista, capitalista y burgués, tendremos que llegar a la conclusión de que ese régimen, según lo he afirmado y repetido varias veces, permanece de pie, íntegro, completo. Y si la Revolución Mexicana hecha para transformar el régimen porfirista no lo ha tocado, si los hombres que la representan en el gobierno no sólo no tienen el de*0 de transformar el régimen, sino que aconsejan en momentos de crisis como el actual, orden, espera, paz, limitación de peticiones, espíritu de sacrificio, ¿qué pensar? ¿Cuál es el porvenir de la Revolución? Y si, por añadidura, tomamos en cuenta el desbordante y casi incontenible propósito de los Unidos de Norteamérica, después de la guerra, de apoderarse de la América Latina para su expansión económica y espiritual, y si no olvidamos que somos la primera fracción de ese mercado, tenemos que preguntamos con desconsuelo cuál es el porvenir de la Revolución. Gobernantes que no tienen el deseo de transformar el régimen burgués, capitalistas yanquis que tienen el propósito de adueñarse económica y espiritualmente de nuestro país, esta es la realidad, esta es la verdadera situación mexicana. Quien quiera negar el hecho, miente. Es muy triste, es muy doloroso confesarlo; pero es cierto. Todo mexicano bien nacido, sea reaccionario, revolucionario, socialista, católico o protestante, tiene que lamentar que nuestro país tenga un porvenir, cuando menos en este momento, bien oscuro. Mis palabras, pues, no deben tomarse como censura a los gobernantes actuales; no me interesan las personas que están en los puestos públicos, ni hoy ni antes me han importado las personas físicas, algunas de ellas amigas mías, pues los problemas del proletariado y los problemas ideológicos nunca los he resuelto a la luz de la amistad de nadie ni a la luz de la enemistad de ninguno, como creo que el proletariado mexicano debe hacerlo también. El proletariado debe resolver sus problemas exclusivamente con ayuda de las ideas que el proletariado sostiene. Por este motivo, no me refiero a los hombres que ocupan los puestos públicos; no valen nada, como tampoco nosotros valemos nada; ni ellos ni nosotros valemos nada para el país si tratamos de hacer una valoración de la estructura de la sociedad mexicana. Somos valores tránsfugas, ellos y nosotros, porque somos mortales; lo único que perdura a través del tiempo

es la ideología, es la actitud que los hombres deciden tener frente al destino. Ellos tienen, por supuesto, una responsabilidad, y nosotros la nuestra; el tiempo nos la habrá de exigir. Lo que debemos ver, en consecuencia, es lo que ha sobrevivido de la Revolución, lo que ha sobrevivido del porfirismo y lo que puede vivir en el futuro, de una y de otro, dada la situación presente. La balanza es desconsoladora, y si esta es, repito, la realidad, ¿cuál debe ser el papel del proletariado mexicano? Camaradas, ¿cuál debe ser nuestra actitud? En estos tiempos de crisis, se dice que es menester hacer sacrificios; que es preciso que todos los mexicanos nos unamos como un solo haz, como un “fascio”, según diría Mussolini, con el fin de que con la cooperación de todos y de cada uno la nación se salve. Yo estoy de acuerdo en el princiPio, estoy de acuerdo en el propósito, sólo que he preguntado constantemente en qué consiste la unión, cuáles deben ser los sacrificios y hacia dónde vamos, y no he hallado respuesta.

LA CAMPAÑA NACIONALISTA

Se realizó hace unos días una manifestación pública de carácter nacionalista. No supongo en sus organizadores mala fe, de ninguna manera; ciertos detalles ingenuos me demuestran la buena fe de ellos, pero se cree que consumiendo “artículos nacionales” se salvará al país, y sobre este error hay otro, que es el de no saber cuáles son los “artículos nacionales”. Se cree que el concepto de nacionalismo es un concepto geográfico o es un concepto sentimental, olvidando que el concepto de nacionalismo económico es un concepto político. ¿Toda industria ubicada en el país es una industria nacional? Sí, dicen ellos. Yo niego. ¿Es industria nacional la organizada con capital mexicano? Por supuesto, se afirma. Yo niego. ¿Cuál es la industria nacional, por tanto? Yo digo que es la que sirve a la nación mexicana. La industria es un servicio público, no es el negocio de don Fulano, ni es tampoco la empresa de don Mengano. No importa tanto que el capital invertido en las industrias de México sea esquimal, ruso, japonés, francés o noruego, cuanto que ese capital se invierta para producir artículos que beneficien al pueblo de México. ¿Por qué hemos de comprar artículos producidos en México si éstos son más caros o de inferior calidad que los extranjeros? Yo, que vivo de un salario, compraré siempre el producto mejor en relación con el dinero que doy por él. Si un vestido de casimir inglés me dura cuatro años y el mexicano me dura un año, haré siempre el sacrificio y compraré casimir inglés; si los zapatos yanquis me duran tres veces más que los zapatos mexicanos, compraré los zapatos yanquis. ¿Por qué tener, pues, un concepto folklórico del nacionalismo? Y es curioso, por otra parte, que protejamos no sólo a las industrias que viven del arancel evitando la fácil competencia extranjera, sino que protejamos a las que no tienen competencia fácil y que sólo por estar en México tienen precios tan altos, casi prohibitivos, que no al alcance de la mayoría del pueblo. El papel, por ejemplo. En México tenemos una fábrica de papel, es nacional el papel, sin embargo, es muy difícil publicar un libro como no sea con la ayuda del gobierno, y somos un pueblo de analfabetos. La lista de ejemplos sería interminable.

Es que ya lo ha cambiado todo el principio socialista; desde luego, el concepto de la producción. No podemos llamar industria nacional, a la ubicada en México; tenemos que llamar industria nacional, repito, a la que sirve al país; si la industria de Noruega sirve al pueblo mexicano, dado el estándar de vida de nuestros trabajadores, la industria nacional será la noruega, no la establecida en México. Si la industria japonesa es una industria que puede, dado el salario de la mayoría de los mexicanos, favorecer al pueblo de México, esa es la industria nacionalista, no es la industria protegida por el arancel y ubicada en México y que beneficia a unos cuantos privilegiados.

Proteger, pues, la industria nacional, la llamada industria nacional, sin modificar el régimen capitalista dentro del cual esa industria vive a sus anchas, no es más que proteger a un grupo de afortunados y aumentar la miseria de las clases trabajadoras. ¿No es monstruoso, compañeros, que los trabajadores del Ingenio de Los Mochis, Sinaloa el primer ingenio del país, o que los trabajadores del Ingenio de Atencingo, el segundo en su género, de la United Sugar Companny y de la Jenkins and Company; no es monstruoso que los camaradas de estos ingenios no puedan comprar un kilo de azúcar que ellos mismos producen, porque el 33 por ciento de su jornal? El azúcar vale treinta centavos kilo y el trabajador gana un peso diario. ¿Esta es una industria nacional? ¿Puede llamarse nacional a esa industria por el solo hecho de estar en México? Y todavía más, para mantener ese precio alto, se queman los cañaverales y se exportan diez mil toneladas de azúcar a Cuba, en donde vale dos centavos el kilo.

He citado algunos ejemplos, porque es preciso llegar al fondo del asunto. No sólo vivimos y seguimos viviendo en el régimen feudal, burgués, porfirista, capitalista descompuesto. Porque aquél fue un régimen burgués típico, neto; el de hoy es un régimen porfirista con la apariencia de un régimen nuevo. ¿Cuál debe ser, vuelvo a preguntar, la actitud de la clase trabajadora? ¿Cómo habremos de salvar la crisis? En la actualidad, cuando una industria está en malas condiciones, apela a los obreros, a su espíritu patriótico: “iMexicanos, es preciso mantener las industrias del país! iTrabajadores, es preciso mantener las fuentes de trabajo! ” Y muchos compañeros creen ingenuamente que concediendo, que accediendo a las demandas de los industriales, se resuelve la crisis. No se resuelve así la crisis, camaradas, porque mientras no transformemos la mentalidad político-social de los directores de las industrias mexicanas; mientras no transformemos la ideología de los responsables del poder público; mientras no hagamos leyes de responsabilidad técnico-económica; mientras no hagamos leyes de impuestos de acuerdo con el interés social; mientras no se corrijan los aranceles; mientras no haya una política social del crédito; mientras no un plan de las comunicaciones, que fomente la producción y no el turismo; mientras no se formule un programa científico de la producción agrícola; en suma, mientras no transformemos el régimen burgués, no será posible que el sacrificio de las masas, casi hambrientas, pueda transformar y salvar a la República. Eso es falso.

LA ORGANIZACIÓN OBRERA NO ES LIGA DE RESIGNACIÓN

Si el movimiento obrero mexicano fuese una sociedad mutualista, yo convengo en que la única actitud posible de la clase trabajadora sería la de la resignación ante lo imposible y ante lo inevitable. Si nuestro propósito al unirnos hubiera sido el de dar una moneda para enterrar a un camarada que fallece; si nuestro objeto hubiese sido el dar otra moneda cuando la mujer de un compañero va a tener un hijo; si nuestro fin hubiese sido el de restar una parte de nuestro salario para entregarla al camarada que enferma; si nuestro fin hubiese sido no transformar el régimen burgués sino vivir lo menos mal dentro de régimen sin intentar tocarlo, yo acepto que la única línea de conducta del proletariado sería la de transigir, transigir, transigir, como el que va a ser fusilado y pide una tregua de unas horas para gustar un poco más de la vida o para emplearlas en la meditación. Pero no hemos nacido sociedad mutualista ni organismo contemplativo. No hemos nacido para incorporarnos en un sistema social organizado por otros y que nosotros tengamos que aceptar como bueno. Hemos nacido, naturalmente, para ir viviendo todos los días, para ir capeando el temporal, como diría un marinero, pero, además, nacimos para transformar, para contribuir a transformar el régimen imperante. Si nosotros no tomamos en esta situación, si olvidamos en todos los momentos de la lucha que el trabajador tiene una doble misión: vivir, pero vivir de tal modo que su vida contribuya a la transformación del régimen capitalista; si lo olvidamos y por nuestro afán de vivir todos los días contribuimos a que el régimen se afiance, en lugar de hacer una labor revolucionaria, sólo habremos hecho una labor de acólitos del régimen capitalista.

EN QUÉ RADICA NUESTRA FUERZA

Muchos se ríen de nosotros, sobre todo nuestros enemigos, los que se sienten ilustrados. “Sí —dicen— cuando oímos hablar a Lombardo Toledano o a cualquier otro de estos directores de las organizaciones obreras, nosotros pensamos que, dado el calor con que se expresan y los anatemas con que señalan la conducta de muchos, la sociedad va a derrumbar. Sin embargo —comentan, con una ironía que quiere ser profunda y sabia— no pasa nada. Son pobres ilusos, románticos, idealistas”. Esto nos dicen, cuando nos califican con bondad. En otras ocasiones, declaran: “Son líderes desprestigiados, fracasados, que quieren vivir de los obreros”. Yo soy quien los compadece; dudan de nuestra fuerza moral, porque ellos no la tienen. Esa gente no tiene fe en el idea l, como nosotros, porque nunca ha tenido un verdadero ideal. Esa gente cree que teniendo el poder público en las manos y el ejército y el dinero, se puede permanecer impunemente en el tiempo y en el espacio, y se equivocan. Nosotros nacimos desarmados y vivimos desarmados; todo el mundo lo sabe. No tenemos poco dinero que oponer a la fortuna de la nación; no administramos el tesoro público. Estamos inermes en el sentido literal del término y pobres por la cuantía de nuestra fortuna metálica, pero en cambio, iqué grande es nuestra fuerza espiritual, qué enorme es nuestro destino, camaradas! Y los que duden todavía de la eficacia del ideal frente a la fuerza aparente de los magnates políticos y de la fuerza contundente de las bayonetas y del poder del dinero, que compra conciencias y hace la felicidad material de algunos hombres, que repasen en su memoria los episodios más grandes de la humanidad. ¿Quiénes han hecho los movimientos que han transformado la ideología y la estructura de los pueblos?

QUIÉNES HAN HECHO LAS REVOLUCIONES EN EL MUNDO

No fueron los hombres calculadores de la situación. Los reformadores, los revolucionarios, los que han subvertido a las sociedades humanas, han sido los que no han tenido más fe que en el valor del ideal. idea, cuando es justa y se ha sentido dentro y se ha lanzado a actuar, traspasa todo, derrumba todo, todo lo allana, adereza todos los caminos, amplía todas las sendas y construye todo lo que es posible y capaz de construir el hombre.

No nos da pena, pues, presentarnos como idealistas, como sostenedores de. utopías frente a un momento de crisis.

Hace unas noches, el 18 de julio, comentaba yo con unos amigos la obra de Juárez. Yo decía que el juarismo está muerto, bien muerto como doctrina política. ¿Quién cree ya en la libertad abstracta del hombre? ¿Quién cree en el individuo como única realidad social? ¿Quién cree en la soberanía de entidades políticas y en la bondad de los frenos y contrafrenos como sistema de gobierno? ¿Qué es, por tanto, lo que sobrevive de la obra de Juárez? Un principio para mí es el único que sobrevive: el reconocimiento del derecho inmanente del pueblo de darse la forma de gobierno que le plazca; esto respecto de la obra jurídica, pero hay algo de Juárez que sobrevivirá eternamente: su ejemplo moral.

La Revolución de Reforma se inició y se desarrolló en condiciones mucho más difíciles que la Revolución maderista. El pueblo siguió a Madero en masa; el pueblo no siguió a Juárez en masa. En un principio el pueblo estaba con los conservadores, como todo el mundo sabe. Un pequeño núcleo de hombres preparados, virtuosos e impasibles, enamorados del ideal, hicieron de la utopía una bandera, la propagaron sin descanso y en el curso de los años el ideal de unos cuantos se convirtió en el ideal de las masas, pero, para llegar a este fin, ¡cuántas veces tuvo Juárez que huir y aun mendigar el pan extranjero! Su obra, por eso sólo, es la obra de un gigante. Lo que Juárez nos enseñó es que la táctica de lucha en los momentos de crisis consiste en no transigir, en no traicionar la causa. Este es el mayor servicio cívico que nos ha hecho el indio de Oaxaca. Por eso, camaradas, no debemos sentimos solos en la consecución del ideal; no compartimos solos la creencia en el poder de la fuerza moral y de los programas que han de salvar a México en el futuro. Por lo menos, en nuestra propia lista de hombres grandes de verdad, tenemos un ejemplo de luchador y de intransigencia espiritual; contamos con un maestro de idealismo.

¡EL CAMINO ESTÁ A LA IZQUIERDA!

¿Cuál debe ser, camaradas, repito una vez más, la conducta del proletariado organizado, si por una parte se ha vuelto a la derecha, que equivale a caminar hacia atrás, y por otra parte nos amenaza el yanqui como nunca y muchos desconfían de la fuerza de los grandes programas? La contestación única, la respuesta única que debe brotar de labios de un miembro consciente y sincero del proletariado mexicano es esta: contribuir vigorosamente, dentro de los medios de táctica de lucha de la clase obrera, a la transformación del régimen burgués. No puede ser otro el camino. Mentira que nosotros podamos vivir y preparar una situación mejor para nuestros hijos si transigimos, si constantemente estamos de acuerdo en las transacciones, y si por mantener el mendrugo de hoy vamos a privarnos hasta de la brizna del pan de mañana. Es mentira, camaradas, es mentira que sigamos un camino claro para el porvenir; es mentira que estemos sobre un camino cierto, sobre un terreno firme si nosotros mismos contribuimos a que las cosas se oscurezcan, a que el horizonte se empañe. ¡El camino, camaradas, está a la izquierda; es el único camino de salvación!

NO SOMOS COMUNISTAS

Todo el mundo sabe que yo no soy comunista, y no soy comunista porque me ligue a los que temen al comunismo; yo no le temo, como no le temo a ninguna idea generosa, a ninguna idea nueva. No soy comunista, como ustedes tampoco, sólo porque creemos que la táctica de lucha del comunismo en México sería una táctica que fracasaría. Sin embargo, yo digo que el camino está a la izquierda, no a la izquierda comunista ni a una izquierda que vamos a inventar: a la izquierda que tenemos impresa, pero olvidada, en los estatutos de nuestros gremios obreros de México. No vamos, pues, a crear nada nuevo, camaradas; no vamos a revelar una cosa desconocida. Es la izquierda con la que nacimos, pero que hemos cambiado en derecha, y sería preferible, para que se acaben las tentaciones, si fuere preciso, desde hoy arrancarnos la derecha para no ser mancos de izquierda.

SIGNIFICACIÓN DEL INFORME DE LA UNIÓN LINOTIPOGRÁFICA

Para concluir, camaradas —no deseo cansar más a la asamblea— ¿qué valor tiene el informe de la Unión Linotipográfica, después de todo lo que he dicho? Los compañeros de la Unión manifestaron su inconformidad con los procedimientos empleados para concluir con la huelga de Excélsior. Lo que yo he inferido del descontento de los componentes de la Unión Linotipográfica es que prefieren que se pierda una huelga, que se llegue al sacrificio de verdad, serio, antes que mancillar los postulados obreros y contribuir a que el régimen burgués se fortalezca y perdure en nuestro país. Por eso la indignación de los compañeros al decir: qué nos sirve obtener cien o más pesos, si ese dinero lo hemos conseguido con base en triquiñuelas de abogado, con base en transacciones de ideología, con base en pasos atrás en el terreno de la ética de lucha preconizada en nuestra Constitución?” Es como si dijese un padre de familia necesitado de alimentos, como sus hijos, ante una suma de dinero que le llevara la hija que salió a la calle: qué me sirve, hija, que mitigues mi hambre y mi sed y la de tus hermanos, si te has prostituido?” Cuando hay gestos como éste de la Unión Linotipográfica; cuando hay gestos como el de los estibadores de Acapulco a quienes se les ha arrebatado su trabajo sólo por pertenecer a la CROM y que vendieron ya sus casas, sus pobres chozas de pescadores, y ayer me decían en una que van a vender una máquina de coser que es lo único que queda en uno de sus hogares, y un bote de remos, para poder seguir luchando, pero que no transigirán con sus derechos legítimos, inatacables; cuando hay gestos como éstos en México, uno debe enorgullecerse, camaradas, de pertenecer al proletariado mexicano.

iEl camino está a la izquierda! El camino consiste en llegar a un régimen mejor que el actual. Yo preferiría que en este momento hubiera un régimen burgués, claro, terminante, definitivo, fuerte; sabríamos siquiera a qué atenernos. No hay peor manera de acabar con el empuje místico de los grandes movimientos populares, que simularlos. Por eso los peores enemigos de los partidos socialistas en el mundo, son los partidos socializantes. No hay peores enemigos del proletariado mexicano que los que se dicen ser amigos de él y no lo son; porque establecen la confusión y la duda y algunos llegan a creer que es bueno transigir y esperar el momento propicio. El único momento propicio para transformar un régimen social es el momento en que se tienen deseos sinceros de hacerlo. No hay otro. Las transformaciones siempre son propicias.

Las esperas, cuando en el ánimo de todos está el anhelo de una transformación, son claudicaciones.

No quiero referirme, camaradas, a la parte técnico-jurídica de este informe. Yo, abogado, no quiero referirme a ese aspecto porque la clase trabajadora tiene algo más importante que hacer que la interpretación de los artículos de las leyes de las leyes llenas de lagunas o de los convenios escri tos. El proletariado mexicano debe tener más fe que en la interpretación casuística y jurídica de las leyes, en la interpretación de la conciencia pública y, al mismo tiempo, en su sentido de responsabilidad revoluciœ naria.

Felicito a la Unión Linotipográfica. Felicito a todas las agrupaciones de la Alianza de Artes Gráficas por mantenerse unidas, independientemente de los criterios que se sostengan frente a su porvenir.

Yo lo único que quisiera es que los camaradas que, al margen de un problema como este, lanzan ataques y hablan de responsabilidades pasadas, futuras y presentes, viesen que por encima de los intereses y equivocaciones de otros está su sentido de responsabilidad de obreros sœialistas. Si eso llegaran a sentir todos y no claudicaran el porvenir sería inmediatamente nuestro, pero, por fortuna, los que claudican son muy pocos.

Yo creo, camaradas, que en el momento mismo en que la clase obrera actúe a la izquierda, desde ese mismo momento empezará, aunque sea tarde, a constituir una realidad la Revolución Mexicana.


  1. Discurso publicado en Revista Futuro No. 10, mayo 1933, pp. 54 – 61; y  reproducido en Obra Histórico Cronológica, T. II, Vol. 3. México: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.  pp. 173-195.

Enrique González Rojo, 1889 – 1939

Enrique González Rojo nació el 25 de agosto de 1889, en la ciudad de Sinaloa de Leyva, estado de Sinaloa (México), y falleció el 9 de mayo de 1939, en la Ciudad de México. Fue un destacado abogado, docente, editorialista, literato, diplomático y poeta mexicano.

Ya estudiando en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México, entró en contacto con intelectuales tan importantes como Bernardo Ortiz de Montellano, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza y Carlos Pellicer, con los que mantendría una extensa relación a lo largo de su vida. Años más tarde, se tituló como abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional, donde conoció a Antonio Caso, Ramón López Velarde y Enrique González Martínez, por medio del Ateneo de la Juventud. Fue entonces cuando él y sus compañeros comenzaron a publicar en las revistas Pegaso y San-Ev-Ank.  

En 1919, Enrique González Rojo, junto con José Gorostiza, dirigió la Revista Nueva, llegando a publicar dos números ese mismo año. Pero su trabajo editorial más importante será cuando en 1928, Rojo funde la revista Contemporáneos junto con Bernardo J. Gastélum, Ortiz de Montellano y Torres Bodet. Esta revista, con 43 número publicados, estuvo en funcionamiento desde 1928 hasta 1931. A día de hoy, está considerada como «una de las más notables revistas literarias de México»[1]. Rojo también dirigió la sección literaria de El Heraldo de México y colaboró en Antena, México Moderno, Ulises y La Falange.

Como académico, Enrique González Rojo impartió clases en la Universidad Nacional y dirigió el Departamento de Bellas Artes del Gobierno de México.

Como autor literario, aunque Enrique González Rojo no fue prolífico, su obra gozó de una buena crítica, destacando la de Salvador Elizondo. De manera póstuma, sus escritos fueron editados por Guillermo Rousset Banda y Jaime Labastida, y publicados en 2002 bajo el título de Obra completa: versos y prosa, 1918-1939.

manejó con maestría todas las grandes innovaciones […] sin perder ninguna habilidad para emplear las formas tradicionales. (Salvador, 2017)[2]

Recordamos a Enrique González Rojo con tres de los poemas publicados en su libro Espacio (1926), y una dedicatoria al Mtro. Vicente lombardo Toledano.

POEMAS

LOS CUATRO MARES

1. MAR DEL AMANECER

Alegre, tranquilo,
acaricias La nave.
Tan sereno

como el monte,
tu guardián eterno.

La leve música del agua,
se confunde con el silencio.
Claro murmullo,
como el lento
pasar de pájaros
en vuelo.

La espuma de tus ondas
bañan la luz y el fuego
del sol, que las adorna
con los colores del espectro.

Una banda de peces voladores,
como una procesión de puntos negros,
te arroja su mancha de tinta…
Al golpe, repentinamente ciego
chocas contra los flancos de la nave,
que regocijas con tu juego.

Mar del amanecer, mar que eres niño,
rosado por la aurora, movido por el viento.
cantado por los hombres
V acari-ciado por el pensamiento!…

II. MAR DEL MEDIODIA

El sol tocó las aguas y acrecentó su canto.
Esta ola viajera
despavramó su música
sobre la arena.

La brisa y el calor mueven las hojas
de la palmera.
Los pájaros marinos
vallan, abochornados, sus confidencias.

Una familia de tortugas
sale a tomar el fresco a la ribera.
Y tú, delfín que asomas
entre la espuma la cabeza,
escuchas el rumor de dos mares
aspiras el olor de la floresta?

III. MAR DE LA TARDE

Lo que antes era fino concierto,
hoy es una sinfonía:
cobre de los intrumentos
en las cuerdas de oro del día.

La marcha heroica de la tarde
los sones del mar harmonizan;
mas la batuta del sol desaparece
y la confusión se inicia
con sonidos falsos de rocas-oboes
y apresuramiento en las olas flautistas.

Bajo el incendio de las nubes
el desorden se precipita,
y la vanguardia de las sombras
calla ¡los cantos y rompe la lira.

IV. MAR BAJO LA LUNA

Bajo la noche, de la nave
han salido las mismas preguntas:
—¿Acaso sabemos hacia dónde vamos?
—¿Nos habremos equivocado de ruta?

Hace tiempo que dejamos la tierra,
y por el mar de la aventura
arribaremos esta noche
a la capital de la luna…

 MAR DE LAS QUIETAS LATITUDES
(A Gerardo Estrada)
En el mar de las quietas latitudes,
navegábamos
sobre las ondas azules
y en compañía de los pájaros.La mañana era clara y el pensamiento claro
en el mar de las quietas latitudes,
porque era nuestro el canto
de la brisa, y el perfume
delas ondas, y el espectáculo
de las luces.

Como las horas inútiles,
no se marcaba nuestro paso
en el mar de las quietas latitudes,
y nuestros deseos fantásticos
morían contra las inmunes
corazas de los trasatlánticos,
contra el vuelo apacible de las nubes
y contra los rayos
del sol de octubre,
descoloridos y románticos…

EL BUZO

Valga fosforescencia luminosa
entibiaba
la curva superficie de las ondas.

Llamaba el mar,
y yo solté mis manos de la borda
y comencé a bajar…

Lento era el baño de la luz. Absorta
mi alma se cubría de oro y sol.
Antes pesaba el cuerpo, pero ahora
el mar volviómelo ligero,
tal como el aire y la canción.

Llamaba el mar,
y yo seguía… hundiéndome
cada vez más y más…

De Repente apagáronse las luces
como lámparas eléctricas rotas.
Sentí la detonación en mis oídos
amarga, contenida y sorda.

Llamaba el mar.
La cuerda se alargaba y yo seguía
bajando más, bajando más…

 

Portada del libro Espacio de Enrique González Rojo.
Enrique González Rojo. Espacio (poemas). Madrid: Mundo Latino, [s.f.].

A Vicente Lombardo Toledano, cordialmente (firmado) E. González Rojo.

Obra ubicada en el acervo histórico: “Dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano” de la biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano.

Link del catálogo en línea: http://200.78.223.179:8292/LOMBARDO
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

PUBLICACIONES

  • En el puerto y otros poemas (1923)
  • Los cuatro mares, La pajarita de papel (1924)
  • Espacio (1926)
  • Viviendo en el mar (1927)
  • Romance de José Conde (1939)
  • Elegías romanas y otros poemas (1941)
  • Obra completa: versos y prosa (1918-1939) (2002)

[1] Martínez, José Luis (31 de marzo de 2000). «El momento literario de los contemporáneos»Letras Libres. Consultado el 16 de julio de 2017.

[2] Elizondo, Salvador. «Los “Contemporáneos” y sus Contemporáneos»La Máquina del Tiempo. Consultado el 16 de julio de 2017.

Artículo escrito por el Mtro. Josep Francesc Sanmartín Cava en colaboración con los Servicios Bibliotecarios del Centro de Estudios Filosóficos.


Celebración del 45 Aniversario del Centro Lombardo Toledano

El pasado 17 de agosto de 2017 celebramos el 45 Aniversario del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (CEFPSVLT) mediante un acto organizado por la institución con participación del pleno de los trabajadores del Centro. El programa incluyó una presentación del investigador Bernardo Yáñez a nombre del Centro, sobre las actividades desarrolladas hasta el momento y futuros proyectos, la proyección de un video ilustrativo sobre el trabajo realizado, y un convivio. El programa fue presentado por la investigadora Paola Hernández Chávez. Acudieron al acto numerosos académicos, amigos y colaboradores del CEFPSVLT, a quienes el Centro les agradece su continuo apoyo. Por último, tomaron la palabra el recién nombrado Secretario Ejecutivo del Centro, Raúl Gutiérrez Lombardo, el entonces Coordinador de Órganos Desconcentrados y del Sector Paraestatal de la Secretaría de Educación Pública (SEP) Alejandro Pérez Corzo, en representación del Secretario de Educación Pública, y el Director de Subsidios a Universidades de la Dirección General de Educación Superior Universitaria (DGESU), Horacio Díaz Mora.

Video: palabras de Raúl Gutiérrez Lombardo, Alejandro Pérez Corzo y Horacio Díaz Mora

ACTIVIDADES PRESENTADAS DEL CENTRO LOMBARDO

El Centro Lombardo Toledano realiza diversos programas de investigación, edición y difusión, en colaboración con numerosas instituciones universitarias nacionales e internacionales, entre las que destacan la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad de Juárez del Estado de Durango, la Universidad Veracruzana, la Universidad de Valencia, la Universitat de les Illes Balears, la UCV San Vicente Mártir, la Universidad de Málaga, la Complutense de Madrid y muchas otras más.

El Centro, bajo la línea general de epistemología de las ciencias cognitivas y de la vida, realiza investigaciones sobre el estado actual del conocimiento y los fundamentos científicos y filosóficos del estudio de la evolución y la naturaleza humanas, con énfasis en la evolución de la cognición. Otras áreas de investigación se orientan a ciencia, tecnología y sociedad. Aquí destacan los estudios realizados en torno a la figura del maestro Vicente Lombardo Toledano, y también sobre derechos humanos, violencia y las consecuencias de la ciencia y la tecnología en la sociedad.

Videos: presentación de las actividades del Centro Lombardo (CEFPSVLT)

PRODUCCIÓN ACADÉMICA DEL CENTRO LOMBARDO

Durante todos estos años, el Centro Lombardo ha puesto a libre disposición todas las investigaciones realizadas. A este respecto destacan diversas publicaciones y colecciones:

  • Ludus Vitalis (Revista indexada sobre las ciencias de la vida)
  • Colección Eslabones en el desarrollo de la ciencia
  • Obra histórico-cronológica de Vicente Lombardo Toledano
  • Colección Vida y obra de Vicente Lombardo Toledano
  • Estudios sobre Vicente Lombardo Toledano
  • Tópicos de nuestro tiempo

Todas estas publicaciones se pueden consultar en nuestro Repositorio Abierto y nuestro Catálogo de Publicaciones Bajo Demanda.

Otra de las publicaciones rescatadas por el Centro Lombardo de manera digital y a disposición desde cualquier parte del mundo, es la Revista Futuro. En esta revista, editada por Vicente Lombardo Toledano, colaboraron intelectuales, literatos y artistas de la talla de Vicente Sáenz, Xavier Icaza, Víctor Manuel Villaseñor, Pablo Neruda, Antonio Castro Leal, Luis Cardoza y Aragón, Pablo Picasso, Miguel Covarrubias, Guillermo Toussaint, Miguel de Unamuno, Margarita Nelken, Narciso Bassols, Rafael Alberti, Diego Rivera, George Grosz, Máximo Gorki, José Clemente Orozco, Efraín Huerta, Octavio Paz, David Alfaro Siquieros, Jacob Burck, Henri Barbusse, John Strachey, José Clemente Orozco y Josep Renau, entre muchos otros.

Video completo del acto del 45 aniversario del Centro Lombardo Toledano.

Aprovechamos la ocasión para señalar la conmemoración del 50 aniversario luctuoso de Vicente Lombardo Toledano en este año 2018.

A propósito del libro de Daniela Spenser: En combate. La vida de Lombardo Toledano

El libro En combate. La vida de Lombardo Toledano (2018), recientemente publicado en la colección Debate de la editorial Penguin, Random House, que agradezco a la autora su sentida dedicatoria hacia mi persona, a reserva de las variadas reseñas que sin duda se harán sobre el libro, quiero hacer algunos comentarios, resultado de una primera lectura.

  1. Es el primer libro que leo de Vicente Lombardo Toledano que abarca toda su vida en sus diferentes facetas, que consta, por cierto, de 567 páginas, en el cual solo las fuentes bibliográficas corresponden a casi la cuarta parte del texto. Además, son fuentes originales buscadas minuciosamente en instituciones tanto de México como de muchos otros países, incluyendo archivos que en algunos casos estuvieron “clasificados” por las agencias de inteligencia de EEUU y la URSS.
  2. El libro abarca desde el origen de la familia Lombardo en México, en la segunda mitad el siglo XIX, hasta la muerte del biografiado en 1968, fecha que coincide en este 2018 —dicho sea de paso—, con el 50 aniversario de su fallecimiento.
  3. Mi opinión preliminar sobre el libro, que podría tener cierta importancia como reflexión acerca de esta magna obra, es la pregunta sobre el papel que deben tener los juicios de valor en una biografía, porque considero que haciendo eso, estaríamos en una especie de extensión de la falacia naturalista denunciada por Hume en el terreno de la ética, es decir: pasar de los enunciados que se refieren a hechos a las conclusiones en términos de valores. Se podría pensar, incluso, que existe también una falacia historicista, que consistiría en narrar una biografía en términos de hechos y sacar luego conclusiones valorativas (morales). Estoy convencido de que es la historia la que ha de juzgar a Lombardo Toledano que, de hecho, al reconocerlo como un “héroe” de la etapa constructiva de la Revolución Mexicana, ya lo ha hecho, y no los historiadores que, a mi juicio, deben limitarse a exponer los hechos tal y como fueron.

Espero que el libro sea leído por historiadores, politólogos, sociólogos y antropólogos y nos den también sus opiniones.

Raúl Gutiérrez Lombardo.

Vicente Lombardo Toledano. Su concepto de reforma agraria

Vicente Lombardo Toledano, su concepto de reforma agraria

Por Emilio García Bonilla

Emiliano Zapata

El 10 de abril de 1939, la Unión de Revolucionarios del Sur, reconociendo en Vicente Lombardo Toledano un continuador del caudillo revolucionario, le otorgó la condecoración “Emiliano Zapata”, ante la estatua del apóstol del agrarismo en Cuautla, Morelos, con motivo del vigésimo aniversario de su deceso.[1] ¿Por qué se hizo merecedor de tal distinción?

Siendo estudiante universitario, Lombardo se comenzó a vincular con los trabajadores organizados, relación que definió su trayectoria intelectual y política llegando a figurar como uno de los dirigentes obreros más reconocidos de todo el mundo: en su momento fue el máximo líder del proletariado en México, presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina y vicepresidente de la Federación Sindical Mundial.

Tuvo el mérito de haber presidido el primer congreso agrario de la República que se realizó en Iztapalapa en septiembre de 1921. Unos meses después, a principios de 1922, publicó el folleto titulado El reparto de tierras a los pobres no se opone a las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo y de la santa madre Iglesia, teniendo como portada un dibujo de Diego Rivera, dejando a los reaccionarios y terratenientes sin argumentos religiosos contra la reforma agraria. Durante un breve periodo de tres meses entre 1923 y 1924, Lombardo ocupó el cargo de gobernador provisional del estado de Puebla, en ese tiempo repartió más tierras que todos los gobiernos previos en esa entidad, casi 13 mil hectáreas.[2]

Portada de Diego Rivera, 1922.

De las aportaciones concretas de Lombardo a las luchas campesinas destacan tres:

1) La tesis de la unidad de la clase obrera con la campesina. Cuando Lombardo Toledano se separó de la CROM fundó una nueva central sindical: la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la cual desapareció al crearse la Confederación de Trabajadores de México (CTM), dándole ese nombre para que pudieran incorporarse los campesinos dentro del concepto de trabajadores. Después de la crisis de la CTM por la corrupción de sus líderes, Lombardo auspició la creación de la Alianza de Obreros y Campesinos de México, esta organización se disolvió al crearse la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM).

2) La tesis de que la tierra debería entregarse a los trabajadores agrícolas también, y no sólo a los pueblos y comunidades indígenas. El general Lázaro Cárdenas hizo ley esa idea y la aplicó durante su periodo como presidente de la República.

3) La tesis del trabajo colectivo ejidal implantado en las zonas agrícolas más importantes de la República, como La Laguna, el Yaqui, el Mayo, los Mochis, Mexicali, etcétera,[3] consistente en una concepción cooperativista de la producción, del crédito y de las ventas.[4]

Para Vicente Lombardo Toledano era fundamental tener claridad de las condiciones históricas y sociales del país para actuar políticamente, así sintetizó a la personalidad de México como definida por:

Tres revoluciones populares intensas y dramáticas; dos guerras injustas que mutilaron físicamente el país y desangraron grandemente a su pueblo; varias invasiones militares de su territorio por tropas extranjeras, y un tronco histórico formado por las civilizaciones indígenas y la española del siglo XVI, que dio frutos propios y ricos en todos los órdenes de la vida social y sigue floreciendo de manera inagotable.[5]

Las tres revoluciones que menciona son: la de Independencia, la de Reforma y la iniciada en 1910, esta última definida por el propio Lombardo como una revolución democrático-burguesa, antifeudal, y antiimperialista.

Pero además destacó el papel que la tierra ha representado para el pueblo mexicano:

Su apego profundo a la tierra y su sentimiento de dominio sobre todo lo material y espiritual que la tierra representa, ha desempeñado la principal fuerza motriz en las grandes luchas que el pueblo mexicano ha librado, en las tres revoluciones trascendentales de su historia y en su resistencia a la intervención del extranjero en su vida interior.[6]

De ahí que considerara que la causa principal de las contradicciones que dieron pie a la Revolución de 1910 fue el latifundismo, el cual identificó con una forma de feudalismo. En este sentido, el artículo 27 constitucional es fundamental pues expresa el sentido antifeudal y antiimperialista de la Revolución al oponerse al latifundismo y expresar la defensa del territorio nacional ante los extranjeros.

Vicente Lombardo Toledano. Retrato de Juan Madrid

Por eso es importante al hablar de luchas campesinas conocer algunos conceptos agrarios que sostuvo Vicente Lombardo Toledano.

En su momento señaló que la única forma de elevar el nivel de vida de los mexicanos era la industrialización del país, pero el desarrollo industrial debía apoyarse en una agricultura próspera; que tenía que reducirse la disparidad entre la vida rural y la urbana: “El campo y la ciudad deben marchar paralelamente. Por eso la agricultura y la industria deben ser consideradas como dos aspectos complementarios de un mismo proceso económico, social, político, educativo y cultural.”[7]

La reforma agraria no fue una concesión del régimen, fue producto del esfuerzo y la decisión de los campesinos en armas, había sido conquistada de abajo hacia arriba, arrancada por los campesinos a los gobiernos en turno. Entre sus aspectos positivos, Lombardo destaca que la tierra ejidal no pertenece ni al individuo ni a la familia, sino al núcleo de población, había hecho que el campesinado se organizara y participara con mayor conciencia en las luchas del pueblo, también había logrado minar las fuerzas de la reacción al acabar con la clase social enriquecida del campo.[8]

Consideró que la reforma agraria tuvo por objeto multiplicar las fuerzas productivas y cambiar las relaciones de producción en el campo. Para ello era necesario terminar con los latifundios que sólo se cultivaban en una mínima parte y de un modo primitivo, devolver a las comunidades agrarias las tierras que habían perdido y dotar de ellas a los núcleos de población rural que nunca las habían tenido. Esto tenía como fin liberar a los peones de su situación casi de esclavitud, anular los contratos infames de aparcería y convertir a los campesinos en factores de producción, para que pudiera elevarse su nivel de vida y para crear un mercado nacional con creciente capacidad de compra.[9]

Para Lombardo, la reforma agraria no se podía limitar al hecho de entregar la tierra, sino que debía de ser integral, consistente en asegurar el uso de la tierra, el agua, dirección técnica y el crédito; radicando en este último el problema principal, pues tierra sin crédito es tierra que se abandona o se arrienda.[10]

Al ejido lo consideró no como una propiedad, sino en función del derecho de los campesinos a hacer uso de la tierra sin poder venderla, lo que garantizaba la integridad del territorio nacional al impedir la reintegración de los grandes latifundios y que los extranjeros poseyeran las tierras más valiosas del país.[11]

Ante las críticas de la reacción, que consideraba como medidas comunistas los principios contenidos en el artículo 27 constitucional relativos al dominio directo de la nación sobre los recursos naturales y acerca de la facultad del Estado para dotar a la propiedad privada las modalidades que dictara el interés público, Lombardo aclaró que se trataba del capitalismo de Estado como una forma de facilitar el desarrollo de las fuerzas productivas procurando superar el atraso y mejorar las condiciones de vida sin sometimiento a las fuerzas económicas del exterior.[12]


(Fragmento de la conferencia “Vicente Lombardo Toledano, la lucha campesina y el pensamiento político de la segunda mitad del siglo XX”, presentada en el Congreso Mexicano de Sociología, La mirada sociológica desde el sur, organizado por el Colegio Mexicano de Sociología y realizado en la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano” del 22 al 24 de noviembre de 2017.)

[1] Rosa María Otero, Vicente Lombardo Toledano, Datos biográficos, México, Universidad Obrera de México, 1988: p. 47.

[2] Jacinto López, “La lucha de Vicente Lombardo Toledano en defensa de los campesinos de México”, en Homenaje de El Popular a Vicente Lombardo Toledano, México, CEFPSVLT, 2014: pp. 40, 44-45.

[3] Ibid.: pp. 45-46.

[4] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas de la reforma agraria y de la agricultura”, discurso del 22 de marzo de 1964, en Obra Histórico-cronológica, tomo VI, Vol. 14, México, CEFPSVLT, 2013: p. 160.

[5] Vicente Lombardo Toledano, “¿Moscú o Pekín?, La vía mexicana al socialismo” [1963], en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, Vol. 11, México, CEFPSVLT, 2011: p. 92.

[6] Ibid.: p. 72.

[7] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas…”, op. cit.: p. 153, 162.

[8] Vicente Lombardo Toledano, “Proyecto de tesis sobre la política campesina”, noviembre de 1955, en Obra Histórico-cronológica, tomo V, Vol. 22, México, CEFPSVLT, 2006: p. 149-150.

[9] Vicente Lombardo Toledano, “Los grandes problemas…”, op. cit.: pp. 153-154.

[10] Ibid.: pp. 155-156.

[11] Vicente Lombardo Toledano, “La Reforma Agraria”, conferencia del 20 de agosto de 1965, en Obra Histórico-cronológica, tomo VI, Vol. 18, México, CEFPSVLT, 2013: pp. 25-26.

[12] Vicente Lombardo Toledano, “López Mateos y los grandes problemas nacionales. El capitalismo de Estado”, artículo del 10 de diciembre de 1958, en Obra Histórico-cronológica, tomo V, Vol. 28, México, CEFPSVLT, 2013: pp. 206-207.

El Grupo Solidario del Movimiento Obrero

El Grupo Solidario del Movimiento Obrero

Por Emilio García Bonilla

A principios de 1922, Diego Rivera había iniciado su primer mural, La Creación, en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, instalando su taller en el antiguo convento de San Pedro y San Pablo, ubicado en la esquina del Carmen y San Ildefonso en la Ciudad de México; sobre ésta última calle, en el número 20, tenía su despacho Vicente Lombardo Toledano, en ese entonces de 27 años. De estos dos personajes surgió la iniciativa para integrar lo que se llamaría Grupo Solidario del Movimiento Obrero.

Los primeros convocados para formar el grupo fueron personas cercanas a Lombardo y Rivera: el primero invitó a sus compañeros de sus años de estudiante universitario: Teófilo Olea y Leyva, Alfonso Caso, Alberto Vásquez del Mercado, posteriormente se integraría Manuel Gómez Morín, todos ellos del grupo conocido como Los Siete Sabios; Octavio Medellín y Ostos, cercano a ellos, también fue convocado. Diego Rivera invitaría a sus colaboradores Xavier Guerrero y Carlos Mérida, a los también pintores José Clemente Orozco, Adolfo Best, Jorge Juan Crespo y Germán Cueto, y al escultor Ignacio Asúnsolo. Por su parte, la actriz Guadalupe Rivas Cacho, entonces pareja de Rivera, invitó a sus compañeros del Teatro Lírico: Pablo Prida, Manuel Castro Padilla, Joaquín Ramírez Cabañas y Carlos Ortega.[1]

El Grupo Solidario del Movimiento Obrero fue constituido en enero de 1922. Estuvo activo durante casi un año y medio, extendió su trabajo e influencia por diferentes ciudades del país y agrupó a personalidades destacadas de la cultura que se acercaron a los trabajadores organizados. Entre sus miembros más destacados estuvieron: Carlos Pellicer, Daniel Cosío Villegas, Palma Guillén, José Gorostiza Alcalá, el nicaragüense Salomón de la Selva, el dominicano Pedro Henríquez Ureña y el polaco Józef Hieronim Retinger.

La reunión fundacional se realizó el 26 de enero de 1922 en el estudio de Diego Rivera. A la veintena de personas invitadas se les envió el proyecto de las bases generales de la organización, donde se consideraba que los intelectuales mexicanos no habían hecho ningún esfuerzo colectivo por la causa de los oprimidos:

Hasta la época actual, los artistas e intelectuales mexicanos no han sabido identificarse con lo que debían haber considerado como una acción necesaria y primordial, aunque a menudo e individualmente hayan sentido el desorden político, económico y social, y la opresión y la explotación que mantiene en estado de inferioridad a la población indígena de su país.[2]

Se señaló que el grupo se pondría a disposición de las asociaciones obreras, “ofreciendo sus servicios para que progresen las verdaderas ideas revolucionarias”, para ello sus integrantes se encargarían de estudiar los problemas que les encomendaran buscando soluciones, organizarían cursos y conferencias sobre los temas que se les solicitaran y sobre cuestiones del momento con importancia general, también realizarían publicaciones especiales de propaganda e instrucción, poniendo especial atención en los problemas relativos a la educación pública así como al desarrollo del gusto estético y artístico del pueblo mexicano.[3]

Los estatutos del Grupo Solidario del Movimiento Obrero disponían la integración de un comité ejecutivo, al frente del cual quedó Vicente Lombardo Toledano junto a Julio Torri y Diego Rivera, se nombró a Jorge Juan Crespo como tesorero y se constituyeron las siguientes comisiones: de Conferencias, a cargo de Carlos M. Peralta; Instrucción popular, bajo la responsabilidad de Octavio Medellín y Ostos; Trabajo social, con Palma Guillén, Alfonso Caso y Salomón de la Selva; Desarrollo estético, teniendo como responsables a Pedro Henríquez Ureña, José Clemente Orozco y Adolfo Best, y la Comisión de Publicaciones a cargo de Francisco González Guerrero. Se le encargó a Alberto Garduño un proyecto de dibujo para el emblema que usaría el grupo en su propaganda y documentos oficiales”.[4]

Portada de Diego Rivera, 1922.

En la reunión fundacional, Vicente Lombardo Toledano presentó un escrito sobre la propiedad de la tierra, proponiendo a los presentes que se imprimiera a costa del grupo, lo cual fue aprobado. Se publicó con el título El reparto de tierras a los pobres no se opone a las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo y de la santa madre Iglesia, la portada consistió en un dibujo realizado por Diego Rivera. En ese texto, escrito luego de haber presidido el Primer Congreso Agrario del Distrito Federal en septiembre de 1921 como oficial mayor del gobierno de la capital, Lombardo defendió con base en textos eclesiásticos al artículo 27 constitucional, afirmando que: “La revolución actual en México y en el mundo entero, no es más que la continuación del establecimiento del orden nacido de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, que nos enseña a gobernar la Tierra por el amor de los unos a los otros y no por el egoísmo”.[5]

Las primeras acciones del grupo consistieron en fundar una escuela de artes y oficios para obreros en Tacubaya y prestar ayuda a la Sociedad Cooperativa de Obreros del Departamento de Establecimientos Fabriles para iniciar la construcción de una colonia obrera.[6]

A partir de febrero de 1922, el GSMO junto a otras asociaciones culturales participó en la organización de festivales en beneficio de los trabajadores, realizados en diferentes cines de la capital contando con el patrocinio de la Secretaría de Educación Pública. Los programas incluían piezas musicales, vistas cinematográficas, declamación de poesías y conferencias. Carlos Pellicer, Joaquín Ramírez Cabañas y Pedro Henríquez Ureña fueron algunos de los miembros que participaron en esos actos.[7]

Unas semanas después de haberse constituido el grupo, el comité ejecutivo remitió una carta a Felipe Carrillo Puerto, entonces gobernador de Yucatán, para informarle de sus propósitos, definiéndose como una organización integrada “por un número considerable de intelectuales y artistas mexicanos y extranjeros que desean contribuir a la resolución de los problemas sociales que constituyen el anhelo de nuestro pueblo”. Expresaron su voluntad de colaborar de manera incondicional con el gobierno de Carrillo Puerto al considerar que “los problemas revolucionarios, difíciles por sí mismos de resolverse en el sentido del bien, tropiezan con una serie incalculable de obstáculos”.[8]

Los estatutos del grupo señalaban que se tendrían sucursales en las principales ciudades del país. Para ello se integraron comisiones para viajar a Guadalajara, Querétaro y Morelia, logrando establecer contacto con agrupaciones sindicales y culturales.[9]

El 1° de marzo de 1922, Vicente Lombardo Toledano asumió la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria, cargo en el que permaneció hasta septiembre de 1923. Invitó a miembros del grupo a impartir cursos en la Escuela Nacional Preparatoria Nocturna, fundada para los alumnos que tenían la necesidad de trabajar durante el día.[10] Además, Lombardo impulsó el trabajo artístico en los muros del antiguo Colegio de San Ildefonso, participando Diego Rivera, Xavier Guerrero, Carlos Mérida y José Clemente Orozco, miembros del GSMO. En esa misma época también trabajaron David Alfaro Siqueiros, Ramón Alva de la Canal, Fermín Revueltas y Jean Charlot. Comenzó así el movimiento muralista mexicano.

Vicente Lombardo Toledano en 1922.

La Secretaría de Educación Pública autorizó subvencionar dos cátedras para obreros en Guadalajara y aceptó que los folletos y propaganda del GSMO se imprimieran gratuitamente en los Talleres Gráficos de la Secretaría, debiéndose suministrar únicamente el papel. Se impulsó la formación de una sociedad de librería de propiedad del GSMO, para lo cual los escritores miembros y amigos del grupo entregaron de una a tres de sus obras para su venta. Vicente Lombardo Toledano y Carlos M. Peralta, miembros del GSMO, solicitaron que fuera trasladado al Archivo General de la Nación el archivo del Marquesado del Valle por considerarlo de interés público, pero al estar en posesión del Hospital de Jesús, y ser éste una persona moral con capacidad para poseer bienes, no procedió su petición.[11]

Tres meses después de haber sido constituido el grupo, y en una reunión en la que fueron aceptados como miembros Manuel Toussaint, Manuel Gómez Morín y Daniel Cosío Villegas, se decidió reformar sus bases organizativas con el objetivo de que la institución pudiera trabajar lo más eficazmente posible.[12]

Desapareció la figura del comité ejecutivo y sus atribuciones fueron concentradas en el secretario general, cargo que recayó en Vicente Lombardo Toledano; Jorge Juan Crespo fue relevado por Guillermo Toussaint como tesorero de la organización; se suprimieron todas las comisiones y se creó un cuerpo consultivo que en asuntos trascendentales asesoraría al secretario general, quedando integrado por Diego Rivera, Julio Torri, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Caso, J. H. Retinger y Daniel Cosío Villegas; se reconoció como vocales del grupo a Enrique Delhumeau, Salomón de la Selva, Carlos Pellicer, Ciro Méndez, Xavier Guerrero, Ignacio Asúnsolo, José Clemente Orozco y Palma Guillén, quienes asumirían las responsabilidades de las antiguas comisiones en la coordinación de las actividades del grupo.[13]

Manuel Gómez Morín agradeció su aceptación en el grupo, del que tuvo tan favorable opinión que llegó a señalar que: “el movimiento espiritual en México sigue tan intenso y tan interesante como antes. Un gran número de intelectuales, (profesionistas, pintores, periodistas, músicos, arquitectos, etc.) han constituido un grupo solidario del movimiento obrero que, esperamos, dará fuerza técnica a la evolución social en México”.[14] Agustín Loera y Chávez se enteró de la existencia del grupo a través de Lombardo Toledano y desde Sevilla pidió que se le considerara parte de él, estando “dispuesto a colaborar en cuanto me sea posible”.[15]

La solidaridad internacional del grupo se expresó en mayo de 1922, cuando ofreció sus oficinas para que los estudiantes centroamericanos residentes en México pudieran reunirse. El GSMO consideró que, con esa medida, los estudiantes podrían estar en contacto frecuente y “conocer de modo definido nuestra interpretación de los ideales que hoy mueven a la conciencia mexicana”, manteniéndose además “vivos los ideales centroamericanos en los estudiantes hoy alejados de su patria”.[16]

El Grupo Solidario del Movimiento Obrero llegó a colaborar abiertamente con la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), entonces la principal central obrera del país, de tal forma que el Instituto de Ciencias Sociales, dependiente de dicha organización, fue cedido para que el grupo lo dirigiera, recayendo esa responsabilidad en Ciro Méndez. El brazo político de la CROM, el Partido Laborista Mexicano, celebró su Tercera Convención Ordinaria, siendo invitado el GSMO para enviar una delegación con el carácter de fraternal al acto de inauguración el 21 de abril de 1922.[17]

A fines de agosto, el Grupo Solidario del Movimiento Obrero organizó una comida a la que invitaron a los principales dirigentes de la CROM, entre ellos a Luís N. Morones, Ricardo Treviño, Celestino Gasca, Eduardo Moneda, José López Cortés y Samuel O. Yúdico. También fueron invitados Antonio Caso y Emilio Portes Gil. En la reunión, Lombardo rindió un informe en su calidad de secretario general del grupo.[18] Probablemente de esta reunión surgió la invitación para que el grupo enviara un delegado a la IV Convención Nacional de la CROM que se realizó en el mes de septiembre y a la que acudió Diego Rivera.[19]

Una actividad no oficial del GSMO fue la organización de una exposición de arte popular mexicano para presentarse en Estados Unidos. Miguel Alessio Robles, secretario de Industria, Comercio y Trabajo, invitó a Lombardo para que se hiciera cargo de la administración de la exposición,[20] lo cual aceptó involucrando en esa tarea a algunos miembros del grupo durante varios meses: Alfonso Caso, J. H. Retinger y Xavier Guerrero se encargaron de adquirir y registrar los objetos que integrarían la exposición. Guerrero y Adolfo Best viajaron a Estados Unidos para su instalación. A pesar de las dificultades pudieron informar a Lombardo que:

El éxito moral para México ha sido un suceso de mucha importancia en este país; la juventud en general, los elementos de educación representados por hombres de reconocida cultura, han tenido elogios muy bellos para las industrias pequeñas y su porvenir en este sentido; las universidades y los planteles de educación en general desfilaron ante nuestra colección, y todos están verdaderamente encantados de haber presenciado este contingente que representa la manifestación más noble del pueblo mexicano.[21]

A finales de 1922 se fundó la revista Vida Mexicana, con un cuerpo directivo integrado por Daniel Cosío Villegas, Vicente Lombardo Toledano, Salomón de la Selva, Eduardo Villaseñor y Enrique Delhumeau, posteriormente Alfonso Caso asumió la dirección. La publicación, de corta vida, pues sólo salieron dos números, se convirtió en el órgano del Grupo Solidario del Movimiento Obrero publicando poseías, cuentos, reseñas y artículos. Así, en el número de marzo de 1923 se publicó un artículo sobre las juntas de conciliación y arbitraje, y se reprodujo el escrito de Lombardo sobre el reparto de tierras con la portada de Diego Rivera.[22]

El grupo ofreció su colaboración para analizar problemáticas sociales y temas de interés para los trabajadores: Alfonso Caso realizó un estudio sobre la migración hacia los Estados Unidos;[23] asimismo, se acordó con el Sindicato de Redactores y Empleados de la Prensa del Distrito Federal hacer un estudio “del trascendental tema del Seguro del Trabajo”, comprometiéndose la organización sindical a hacer lo posible para que dichos trabajos fueran publicados en los diarios de la capital.[24]

La revisión de los documentos que han sobrevivido al tiempo arroja una lista de 44 personas que en algún momento se consideraron miembros del GSMO, además de los nombres ya mencionados también estuvieron: Francisco Zenteno, Francisco Orozco, Oscar Crespo, Tomás Montaño, Abelardo Olvera, José Romano Muñoz, Ignacio Rodríguez, Rogerio de la Selva, Ezequiel Salcedo y Manuel Toussaint.

El Grupo Solidario del Movimiento Obrero dejó de tener actividad a mediados de 1923. Para muchos de sus miembros constituyó la primera experiencia de organización colectiva y contacto con los intereses y organizaciones de trabajadores,[25] fue también el antecedente de importantes agrupaciones que acercaron la labor de artistas e intelectuales al pueblo, como el Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores (1922), la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (1933) y el Taller de Gráfica Popular (1937).


[1] Invitaciones firmadas por VLT y Diego Rivera, 25 de enero de 1922, en Fondo Histórico de la Universidad Obrera de México (FHUOM), Legajo 17.

[2] Bases generales y estatutos del Grupo Solidario del Movimiento Obrero, 26 de enero de 1922, en FHUOM, Legajo 17.

[3] Idem.

[4] Cartas de VLT a los responsables de las comisiones del GSMO, 30 de enero y 6 de febrero de 1922. Carta de VLT a Alberto Garduño, 7 de febrero de 1922, en FHUOM, Legajo 18.

[5] Acta fundacional del GSMO, 26 de enero de 1922, en FHUOM, Legajo 19. VLT, “El reparto de tierras a los pobres no se opone a las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo”, en Obra Histórico-cronológica, tomo I, vol. 1, México, CEFPSVLT, 1994: pp. 117-121.

[6] Acta de la reunión del GSMO del 3 de febrero de 1922, en FHUOM, Legajo 18..

[7] Invitación y programa para los festivales del 26 de febrero de 1922 y 18 de marzo de 1922, en FHUOM, Legajos 19 y 21, respectivamente. Dichos festivales están señalados como el segundo y el sexto. Cartas de VLT a Carlos Pellicer, Joaquín Ramírez Cabañas y Carlos M. Peralta, 7 de febrero de 1922, en FHUOM, Legajo 18.

[8] Carta del comité ejecutivo del GSOM a Felipe Carrillo Puerto, 20 de febrero de 1922, en FHUOM, Legajo 19

[9] Artículo 1 de los Estatutos del GSMO, 26 de enero de 1922, en FHUOM, Legajo 17. Cartas de VLT a Celestino Gasca, 14 de febrero de 1922, 24 de febrero de 1922 y 17 de marzo de 1922, en FHUOM, Legajos 18, 19 y 20, respectivamente.

[10] Nota periodística, “Se proyecta establecer una Escuela Preparatoria Nocturna”, Excélsior, 15 de noviembre de 1922, en FHUOM, Legajo 29. También en Obra Histórico-cronológica, tomo I, vol, 1, México, CEFPSVLT, 1994: pp. 315-317.

[11] Acta de la reunión del GSMO del 9 de marzo de 1922, en FHUOM, Legajo 20. Documento sin firmas presuntamente de 1922, en FHUOM, Legajo 30. Carta del subsecretario G. Valenzuela a Carlos M. Peralta y VLT, 22 de abril de 1922, en FHUOM, Legajo 22.

[12] Carta de VLT a Manuel Toussaint, Manuel Gómez Morín y Daniel Cosío Villegas, 28 de abril de 1922, en FHUOM, Legajo 22. Comunicado de VLT a los miembros del GSMO, 28 de abril de 1922, en FHUOM, Legajo 22.

[13] Idem.

[14] Carta de Manuel Gómez Morín a VLT, 10 de mayo de 1922, en FHUOM, Legajo 23. Carta de Manuel Gómez Morín a J. Salter Hansen, 22 de abril de 1922. Citado por Enrique Krauze, Caudillos culturales en la Revolución Mexicana, 6ª ed., México, Siglo XXI, 1990: pp. 157-158.

[15] Carta de Agustín Loera y Chávez a VLT, 20 de febrero de 1922, en FHUOM, Legajo 19.

[16] Invitación del secretario general del GSMO a estudiantes centroamericanos, 23 de mayo de 1922, en FHUOM, Legajo 25.

[17] Nombramiento de VLT a Ciro Méndez, 10 de mayo de 1922, en FHUOM, Legajo 23. Carta de Ricardo Treviño, secretario general de la CROM al GSMO y respuesta del comité ejecutivo, 21 y 22 de abril de 1922, en FHUOM, Legajo 22.

[18] Rosa María Otero, Vicente Lombardo Toledano. Datos biográficos, México, Universidad Obrera de México, 1988: pp. 12-13.Invitaciones de VLT a Antonio Caso y Emilio Portes Gil, 29 y 30 de agosto de 1922, en FHUOM, Legajo 28.

[19] John Lear, “La revolución en blanco, negro y rojo: arte, política y obreros en los inicios del periódico El Machete”, en Signos Históricos, México, UAM-Iztapalapa, No. 18, julio-diciembre 2007: pp. 114-115.

[20] Carta de Miguel Alessio Robles a VLT, 16 de marzo de 1922, en FHUOM, Legajo 20.

[21] Carta de Xavier Guerrero a VLT, 28 de enero de 1923, en FHUOM, Legajo 35.

[22] Armando Pereira (ed.), Diccionario de Literatura Mexicana, siglo XX, México, UNAM, 2004: p. 479. John Lear, “La revolución en blanco, negro y rojo…”, op. cit.: p. 115.

[23] Héctor Ramírez Cuéllar, Lombardo: Socialismo en la Universidad, México, edición del autor, 2013: p. 184.

[24] Carta del Sindicato de Redactores y Empleados de la Prensa del Distrito Federal al secretario general del GSMO, 14 de mayo de 1923, en FHUOM, Legajo 38.

[25] John Lear, “La revolución en blanco, negro y rojo…”, op. cit.: p. 114.

LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (segunda parte)

LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (segunda parte)

Por Emilio García Bonilla

La Revolución Democrática, Antifeudal y Antiimperialista

Lombardo analiza con especial atención las causas y características de la tercera revolución mexicana por ser la más reciente y la que estaba vigente en el tiempo en que escribió. Encuentra que la causa principal de las contradicciones que dieron pie a esta revolución fue el latifundismo, el cual identificó con una forma de feudalismo.

portada_ap1910La concentración de las tierras hizo que las masas populares quedaran enfrentadas con la clase terrateniente, porque “la mayoría de la población económicamente activa estaba formada por peones”, quienes “vivían eternamente endeudados con el señor de la tierra, con el señor feudal” para quien trabajaban en jornadas de doce horas como mínimo, estando sujetos además a su jurisdicción pues el hacendado obraba como juez sin posibilidades de apelación; por si fuera poco, los peones “carecían de libertad para abandonar la hacienda”.[1]

El latifundismo también implicó la contradicción entre la burguesía mercantil y la naciente burguesía industrial porque la producción de las haciendas se limitaba a los mercados regionales imposibilitando la integración de un mercado nacional único, porque el poder adquisitivo de las masas rurales “era casi nulo”, y porque “el rendimiento de las tierras era bajísimo” debido a los rudimentarios métodos y medios de producción, en tanto, la incipiente burguesía industrial “pasaba ya de los talleres artesanales a los obrajes y a las primeras fábricas que empleaban los instrumentos mecánicos”.[2]

Una tercera contradicción producto del latifundismo se dio “entre el sistema democrático de gobierno establecido en la Constitución de la República, y la dictadura de la clase terrateniente que dominaba a los círculos dirigentes del país.” La prohibición de partidos políticos, la represión y censura política, el desinterés de la mayoría de los ciudadanos de votar en las elecciones, eran aspectos de lo anterior.[3]

20Una última contradicción que encuentra Lombardo enfrentaba a “los intereses de la nación con el capital extranjero invertido en el país”, debido a que en manos de extranjeros estaban tierras que habían sido de la Iglesia pero también que habían pertenecido a comunidades indígenas que fueron despojadas para beneficiar a los favoritos del régimen y a los extranjeros mediante la aplicación a modo de la Constitución o con la creación de leyes con ese fin.[4]

En su interpretación, Lombardo destaca que a finales del siglo XIX el capitalismo había entrado en su etapa imperialista, caracterizada, como la definió Lenin, por la exportación de capitales a los países atrasados. En el caso de México, los monopolios británicos y estadounidenses invirtieron principalmente en los ferrocarriles, la minería, las fundiciones y la industria petrolera.[5]

Nuestro autor señaló que se dio una alianza entre el capital extranjero y los terratenientes conservadores, lo cual era totalmente sui generis pues los capitalistas extranjeros ya habían llegado a la fase del imperialismo mientras que los terratenientes nacionales defendían, según Lombardo, una forma de feudalismo. Como quiera que sea, esa alianza frenó el desarrollo del capitalismo en México quedando relegada de la vida económica y política la burguesía nacional que iba emergiendo.[6]

De esa burguesía nacional relegada destacó la burguesía rural progresista, que se oponía a los latifundistas feudales, y que estaba formada por terratenientes con mentalidad burguesa que estaban relacionados con la industria minera en manos de mexicanos y con las industrias metalúrgicas y textiles. Fueron estos terratenientes progresistas (como Madero y Carranza) los que se pusieron a la cabeza del movimiento revolucionario.[7] Así, la revolución no fue un movimiento apoyado sólo por las masas populares sino también por “los sectores más avanzados de la burguesía mexicana que se hallaban en el campo”,[8] fue entonces, una revolución democrático-burguesa pero con características particulares: las luchas por las tierras le dieron el carácter de antifeudal, y la oposición al capital extranjero la definió como antiimperialista.

Si bien no hubo un programa único a lo largo de la revolución armada que definiera las características y reivindicaciones del movimiento, Lombardo nos dice que al examinar los manifiestos, planes y proclamas que surgieron al calor de la revolución, e incluso en los que se publicaron años antes de 1910, como el Programa del Partido Liberal de 1906, es posible observar que todos tenían rasgos comunes pues expresaron las exigencias del pueblo en el ámbito político-democrático, contra el latifundismo, por mejores condiciones laborales, y en menor medida contra la acción del imperialismo.[9]

Todas o casi todas las reivindicaciones expresadas en los planes revolucionarios quedaron incluidas en la Constitución de 1917. Lombardo considera que con el Congreso Constituyente de Querétaro murió el pensamiento liberal:

porque la filosofía liberal se basa en el individuo, en la persona física como base y objeto de las instituciones sociales; en cambio este liberalismo renovado, progresista, muy avanzado de la Asamblea de Querétaro invierte los términos. En 1857 se dijo: primero la persona, después la familia, después la nación. En Querétaro, en 1917, se dijo: primero la nación después el individuo.[10]

En la nueva Constitución, al lado de las garantías individuales quedaron las garantías sociales, expresadas en los artículos 27 y 123, la Carta Magna fue el resultado de la primera revolución democrática, antifedual y antiimperialista en el mundo. El objetivo inmediato de terminar con el sistema feudal en México se logró, además se establecieron “limitaciones para la participación de los extranjeros en el aprovechamiento de los recursos naturales del país”.[11] En este sentido, el artículo 27 constitucional es fundamental pues expresa el sentido antifeudal y antiimperialista de la Revolución al oponerse al latifundismo y expresar la defensa del territorio nacional ante los extranjeros.

muralismoLombardo Toledano analizó e interpretó a la Revolución Mexicana no con fines académicos, sino para encausarla hacia nuevos objetivos que permitieran un mejor nivel de vida para los mexicanos, y mayor soberanía e independencia económica para la nación.

Vale la pena repensar a la Revolución Mexicana a partir de las ideas que le dieron origen y sustento, producto de condiciones materiales y contradicciones sociales que hubo que superar para aspirar a nuevas perspectivas de desarrollo. Negar la rica historia de nuestro país y nuestro pueblo, bañada en sangre y lágrimas, y rememorar nuestro pasado sólo como pasajes anecdóticos y pintorescos, es condenarnos como nación.


(Ponencia presentada con el título “Vicente Lombardo Toledano, teórico de la Revolución Mexicana” en el III Coloquio Internacional y VI Coloquio Nacional “La Revolución Mexicana. Nuevas fuentes, instituciones, actores sociales y culturas”, realizado en la ciudad de Puebla del 16 al 18 de noviembre de 2016.)

[1] VLT, “La Revolución Mexicana. Causas”, conferencia dictada en el Paraninfo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Michoacán, el 4 de abril de 1960, en Causas, objetivos y realizaciones de la Revolución Mexicana, México, CEFPSVLT, 2009: p. 9.

[2] Ibíd.: pp. 9-10.

[3] Ibíd.: p. 10.

[4] Ídem

[5] Ibíd.: p. 12.

[6] Ibíd.: p. 16-17.

[7] Ibíd.: p. 17.

[8] Ibíd.: p. 18.

[9] VLT, “La Revolución Mexicana. Primeros objetivos”, conferencia dictada en el Paraninfo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Michoacán, el 5 de abril de 1960, en Causas, objetivos y realizaciones de la Revolución Mexicana, México, CEFPSVLT, 2009: pp. 22-33.

[10] Ibíd.: p. 34.

[11] VLT, “La Personalidad de México”, capítulo de ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana hacia el socialismo (1963), en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, Vol. 11, México, CEFPSVLT, 2011: p. 81.

LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (primera parte)

LAS REVOLUCIONES DE MÉXICO (primera parte)

Por Emilio García Bonilla

Vicente Lombardo Toledano es uno de esos personajes de quien todos hemos oído su nombre alguna vez pero poco sabemos de su obra. Esto tiene un trasfondo político, ya que además Lombardo Toledano en vida y aún después de muerto ha sido uno de los hombres más calumniados y tergiversados.

Nacido en 1894, cuando inicia la Revolución Mexicana tenía 16 años y estudiaba en el Internado Nacional de la Ciudad de México. Señaló que la noticia que leyó en la prensa del hecho de sangre en la casa de los hermanos Serdán fue el detonante para que comenzara a pensar en la patria y sus problemas, por lo que intelectualmente Lombardo se consideró como un hijo de la Revolución Mexicana.[1]

Simultáneamente cursó dos carreras en la Universidad Nacional: Derecho y Filosofía, aunque su actividad abarcó ámbitos diversos, fue la política a la que más atención le dedicó, pues decía que era “la ciencia que descansa en todas las ciencias. Es la arquitectura por antonomasia. La que construye la sociedad humana. Y la política revolucionaria, la que crea un nuevo tipo de hombre, superior a todos los del pasado”.[2]

Así que Lombardo fue un político revolucionario, y como tal fue uno de los principales ideólogos de la Revolución Mexicana en su etapa constructiva, en el entendido de que se destacó no únicamente como teórico, fue además un hombre de acción, fundador de instituciones, líder sindical y dirigente político. Sus postulados básicos fueron tres: elevar el nivel de vida del pueblo de México, el desarrollo independiente de la nación y la ampliación del régimen democrático.

revolucionesEn esta ponencia me centraré en la interpretación que hizo de las Revoluciones de México. Lombardo señaló que se trata de una sola revolución en tres tiempos: la Independencia, la Reforma y la iniciada en 1910. Cada una ha complementado a la anterior en la lucha del pueblo mexicano contra la miseria y la opresión, y cada una ha dado lugar a un nuevo marco jurídico, una constitución política.

Las tres revoluciones fueron sustentadas por frentes nacionales de fuerzas sociales discrepantes entre sí pero unidas por un objetivo común: en la revolución de Independencia, la liberación política de México; en la de Reforma, liquidar la estructura colonial de la nación y hacer del Estado la única autoridad del país; y en la iniciada en 1910, impulsar el progreso económico y social dentro del marco de la democracia burguesa.[3]

Para Lombardo: “la historia no se puede considerar como una relación de hechos, sino como el examen crítico de las causas que engendran los acontecimientos y de sus frutos, dando preferencia a las fundamentales”.[4] En este sentido es muy interesante conocer cuáles fueron las contradicciones sociales que dieron lugar a cada uno de los movimientos revolucionarios de nuestro país, según el análisis realizado por el filósofo teziuteco.

La Revolución de Independencia

Lombardo señaló que la patria mexicana nació con el movimiento independentista. Si bien la revolución armada estalló en 1810, sus causas se fueron gestando en las últimas décadas del régimen virreinal, haciéndose cada vez más evidentes las contradicciones que lo llevaron a su fin, pues era muy “honda la división entre los privilegiados y los desposeídos de toda clase de bienes y libertades”.[5]

imagen5El régimen colonial “había paralizado la vida del país con sus monopolios materiales y políticos y con el aislamiento internacional de la Nueva España”.[6] La metrópoli estableció límites a la producción agrícola y artesanal, cobraba tributos civiles y eclesiásticos, el comercio interior se regulaba con alcabalas y el exterior era monopolio estatal, se prohibió a las colonias comerciar entre sí, se prefirió a los peninsulares para los principales cargos civiles, eclesiásticos, educativos y militares, además la Inquisición perseguía a los que diferían con el régimen. Todo lo anterior había sido implementado por España para impedir que la Nueva España se desarrollara y pudiera aspirar a su independencia, pero las medidas a la larga fueron contraproducentes pues luego de casi tres siglos el régimen se hizo insostenible.

Pero las condiciones económicas y sociales por sí solas no puedan generar cambio alguno. Es necesario que esas condiciones se expresen como contradicciones irreconciliables, pues sólo éstas pueden ser motores de cambios radicales en la sociedad. Así, encontramos varias contradicciones insalvables: la que se manifestó entre el régimen feudal que iba en decadencia y el régimen capitalista que emergía: las ideas feudales eran sostenidas por las clases privilegiadas, y las ideas liberales por los revolucionarios influidos por la ilustración; la contradicción entre el enorme crecimiento de la población y el escaso desarrollo de la producción económica, es decir, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de producción de la Colonia; la contradicción que se dio entre la nación mexicana que luchaba por nacer y el dominio español que se resistía a ser desplazado, es decir, entre los peninsulares y los criollos, mestizos, indios y castas; y finalmente, la contradicción entre el alto y el bajo clero.[7]

La lucha de clases se confundió con una lucha de razas en la que los peninsulares se empeñaron en defender al régimen colonial caduco, mientras que criollos, mestizos, castas, indígenas y negros, quienes formaban la nueva nación mexicana con una conciencia de lo propio, enarbolaron las ideas modernas y democráticas de la revolución francesa y la Ilustración. Así, en plena guerra comenzaron con la reforma social y la lucha contra los privilegios: Hidalgo declaró abolida la esclavitud en México, mientras que Morelos decretó la desaparición de las divisiones por motivos raciales para que todos fueran nombrados sólo con el título de americanos.[8]

Una vez consumada la Independencia se dieron las principales reformas: se suprimió el tributo que pagaban los indios, se prohibió la coacción para el pago de los diezmos, el capital que antes salía directamente para la metrópoli se quedó en México permitiendo su circulación, además “la libertad de producir todo género de mercancías, de comerciar y de expresar el pensamiento en todos los órdenes de la vida, impulsó considerablemente el desarrollo de las fuerzas de producción económica y amplió el horizonte de nuestro país”.[9]

Si bien, después de once años de lucha se consiguió la independencia política respecto a España, prevaleció buena parte de la estructura económica colonial, esto llevó a las contradicciones que desencadenaron en la segunda revolución.

La Revolución de Reforma

caratulaLa segunda revolución mexicana fue eminentemente liberal, contra el régimen del monopolio de la tierra y de la conciencia en manos de la Iglesia católica, y a favor de los derechos del hombre, de la libertad de comercio interior y exterior y de una República democrática y representativa de acuerdo con el sistema federal.[10] La postura de los liberales, “los partidarios del progreso” se contrapuso al de los conservadores, “obstinados en conservar el pasado”. De esta manera, los principios de libertad e igualdad se enfrentaron al sistema de fueros y privilegios heredados de la colonia, pero principalmente se atacó a la Iglesia que acaparaba “más de las dos terceras partes de la tierra laborable del país”.[11]

Los liberales, influidos por las ideas de la Ilustración y la Enciclopedia buscaron que fueran reconocidos los derechos individuales del hombre como base y objeto de las instituciones sociales,[12] pero también la Revolución de Reforma pretendió con su clara oposición a los privilegios legales y materiales de la Iglesia darle al Estado el carácter de autoridad única e incorporar en el mercado nacional las propiedades eclesiásticas, para ello se emitieron las Leyes de Reforma y se promulgó la Constitución de 1857.[13]

No obstante que las Leyes de Reforma desamortizaron los bienes de la Iglesia, las grandes extensiones de tierras sólo cambiaron de dueño y “no se transformaron desde el punto de vista que representaban para la producción económica. Así, el latifundismo dejó de ser eclesiástico y pasó a ser civil, pero siguió condicionando el desarrollo de las fuerzas productivas”.[14] Esa fue una de las causas de la tercera revolución.


(Ponencia presentada con el título “Vicente Lombardo Toledano, teórico de la Revolución Mexicana” en el III Coloquio Internacional y VI Coloquio Nacional “La Revolución Mexicana. Nuevas fuentes, instituciones, actores sociales y culturas”, realizado en la ciudad de Puebla del 16 al 18 de noviembre de 2016.)

[1] VLT, “Apuntes autobiográficos y acerca de la Revolución”, entrevista con James W. Wilkie y Edna Monzón, 6 de mayo de 1964, en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, suplemento, México, CEFPSVLT, 2016: p. 12.

[2] VLT, “Mensaje de la FSM al Congreso Latinoamericano de Juventudes” (1960), en Escritos a la juventud, México, CEFPSVLT, 2013: p. 41.

[3] VLT, “La izquierda en la historia de México” (1962), en La Izquierda en la Historia de México, 3ª ed., México, CEFPSVLT, 2004: p. 53.

img180[4] VLT, “La perspectiva de México: una democracia del pueblo” (1955), en Vicente Lombardo Toledano, ideólogo de la Revolución Mexicana, Vol. 3, México, CEFPSVLT, 2010: p. 245.

[5] VLT, Contenido y trascendencia del pensamiento popular mexicano. Mensaje de la Universidad Obrera de México a la UNESCO (1947), edición facsimilar, México, CEFPSVLT, 2010: p. 8.

[6] Ibíd.: p. 12.

[7] Marín Rebollo, Héctor, “Contradicciones antagónicas que originaron la Guerra de Independencia en México”, conferencia presentada en la sede nacional del Partido Popular Socialista, 27 de febrero de 2010.

[8] VLT, Contenido y trascendencia…, op. cit.: p. 10.

[9] VLT, “La Revolución Mexicana. Causas”, conferencia dictada en el Paraninfo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Michoacán, el 4 de abril de 1960, en Causas, objetivos y realizaciones de la Revolución Mexicana, México, CEFPSVLT, 2009: p. 7.

[10] VLT, Contenido y trascendencia, op. cit.: p. 16.

[11] VLT, “La bandera mexicana y el proletariado” (1936), en Vicente Lombardo Toledano, ideólogo de la Revolución Mexicana, Vol. I, México, CEFPSVLT, 2009: p. 174.

[12] VLT, “Una solución al conflicto entre lo propio y lo ajeno. Lo nacional y lo universal en la historia de México” (1964), en Obra Histórico-cronológica, Tomo VI, Vol. 14, México, CEFPSVLT, 2012: p. 109.

[13] VLT, “La Revolución Mexicana. Causas”, op. cit.: p. 8

[14] Ídem.

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