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Carta abierta al Centro Lombardo Toledano – J.M. Contreras

Carta del Dr. Jorge Martínez Contreras del Departamento de Filosofía y la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de México (UAM), Director del Centro Darwin de Pensamiento Evolucionista (CEDAR).

Por medio de la presente deseo expresar mi más alto reconocimiento al CEFPSVLT (Centro) por su labor en favor de los temas que su nombre señala en el último cuarto de siglo, tiempo durante el cual he tenido relaciones académicas intensas y productivas, impulsando juntos la filosofía de la ciencia en nuestro país. (Seguir leyendo a continuación)

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Los Conceptos de Autorganización de la Materia y de Emergencia en la Evolución Biológica

Fragmento del capítulo Los conceptos de autorganización de la materia y de emergencia en la evolución biológica, en: “Filosofía y Biología. Reflexiones de un biólogo evolucionista”, de Raúl Gutiérrez Lombardo, CEFPSVLT, 2008, p.p. 37-64.

“Filosofía y Biología. Reflexiones de un biólogo evolucionista”, de Raúl Gutiérrez Lombardo, CEFPSVLT.
(Puedes acceder al libro en PDF seleccionado aquí o al final del artículo) “Filosofía y Biología. Reflexiones de un biólogo evolucionista”, de Raúl Gutiérrez Lombardo, CEFPSVLT.

Los Conceptos de Autorganización de la Materia y de Emergencia en la Evolución Biológica

Raúl Gutiérrez Lombardo

Ernst Mayr llamó revolución intelectual darwiniana a las consecuencias que la teoría de la selección natural de Darwin (1859) produjo en la manera de abordar el estudio de las ciencias de la vida, me refiero al llamado pensamiento evolucionista.

Este autor, quien para mí es el biólogo teórico más importante del siglo XX, en su último artículo, “The autonomy of biology” (publicado en la revista Ludus Vitalis vol. XII, num. 22, 2004, dedicado a conmemorar sus cien años de vida), apunta que tomó más de doscientos años y que ocurrieron tres conjuntos de eventos antes de que la biología fuera reconocida como una ciencia autónoma.

Lo anterior lo muestra relacionando a estos conjuntos de eventos con tres diferentes cuestiones: a) la refutación de ciertos principios filosóficos erróneos; b) la demostración de que ciertos principios científicos de la física no pueden ser aplicados a la biología, y c) la constatación de que ciertos principios básicos de la biología no son aplicables al mundo inanimado. Entonces, dice Mayr, antes de aceptar la visión de la autonomía de la biología, es necesario hacer un análisis de estas cuestiones.

La Cuestión Filosófica

Aristóteles (384 a.C. - 322 a.C., Macedonia)
Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C., Macedonia).

En lo que toca a esta cuestión, Mayr se encontró, primero, con que ciertos principios ontológicos resultaron ser falsos. Esto es, la biología no puede ser reconocida como ciencia en el mismo nivel que la física, pero ello no quiere decir que algunos principios explicativos de la biología no estén soportados por las leyes de las ciencias físicas. Los dos principales principios involucrados aquí son el vitalismo y la creencia en una teleología cósmica. Al demostrarse que estos dos principios no son válidos y, todavía más, que ningún fenómeno del mundo vivo está en conflicto con las leyes de las ciencias físicas, no hay ninguna razón para no reconocer a la biología como una ciencia legítimamente autónoma al igual que la física.

El vitalismo, dice Mayr, se desechó definitivamente con los métodos de la genética y la biología molecular, que demostraron que esa propuesta era innecesaria.

La teleología es para Mayr el segundo principio inválido que tuvo que ser eliminado de la biología antes de ser calificada como una ciencia equivalente a la física. La explicación de que los procesos naturales están dirigidos hacia un fin o meta (la causa finalis de Aristóteles), se echó abajo con la teoría sintética de la evolución (de la cual Mayr es uno de los autores), que demostró que no hay evidencia alguna de tal ortogénesis, pues con el soporte de los nuevos descubrimientos de la genética y la paleontología, no había ninguna razón para hablar de teleología cósmica.

La Cuestión Metodológica

En lo que se refiere a esta cuestión, Mayr apunta que la biología evolucionista ha desarrollado su propia metodología a través de lo que llama narrativas históricas o escenarios tentativos.

Así, en Mayr la solución para considerar a la biología como una ciencia autónoma, equivalente a la física, tiene que satisfacer dos demandas: una, que tiene que ser completamente compatible con las leyes de la física, y, la otra, que ninguna solución que invoque fuerzas ocultas debe ser aceptada. Esto no quiere decir, sin embargo, que todos los principios de la física sean inaplicables a la biología, sino que algunos tienen que ser eliminados y reemplazados por principios pertinentes a la biología, es decir, hay que saber dónde la biología está basada en otros principios que son aplicables sólo a la materia viviente.

Ernst Walter Mayr (1904- 2005)
Ernst Walter Mayr (1904- 2005).

Para Mayr los principios fiscalistas no aplicables a la biología son: 1. El esencialismo; 2. El determinismo; 3. El reduccionismo, y 4. La ausencia de leyes universales en biología. Además, en lo que respecta a las características para fundamentar la autonomía de la biología, las siguientes: 1. La complejidad inherente a los sistemas vivientes (son sistemas abiertos, el principio de entropía no les es aplicable, y tienen cualidades propias como reproducción, metabolismo, replicación, regulación, adaptabilidad, crecimiento y organización jerárquica). 2. Las teorías biológicas están basadas en conceptos y no en leyes universales y son resultado de una causación doble: los procesos biológicos están regidos no sólo por leyes sino también por programas genéticos. Tal vez, dice Mayr, el más importante concepto biológico sea el de selección natural, el cual, en realidad, se refiere a un proceso de eliminación y reproducción diferencial, más que a un proceso de selección como tal, pues en realidad éste va de la mano, primero, de un proceso de variación producido por mutación, recombinación y el efecto ambiental y, luego, por la selección de distintos fenotipos. 3. La biología es una 

ciencia histórica muy diferente en su entramado conceptual y metodológico al de las ciencias llamadas exactas. Así, dice Mayr, la biología tiene que ver con fenómenos únicos, tales como la extinción de los dinosaurios, el origen de los seres humanos, que, en sentido amplio, significa el estudio del origen o emergencia de las novedades evolutivas y la explicación de la diversidad orgánica. No hay manera, dice Mayr, de explicar estos fenómenos a través de leyes físicas. La biología evolucionista trata de encontrar respuestas sobre los porqués de dichos fenómenos. Por eso, el método heurístico utilizado por esta ciencia es el de construir narrativas históricas, método que consiste en empezar con una conjetura para luego comprobar su validez con las evidencias empíricas.

Otro concepto fundamental para Mayr al hablar del método de la biología es el azar. Los procesos evolutivos, dice Mayr, son generalmente el resultado de la interacción de factores incidentales. El azar no tiene límite en la producción de variación desde el punto de vista funcional y adaptativo en los proceso biológicos. Durante la meiosis, por ejemplo, lo gobierna tanto la recombinación como el movimiento de los cromosomas. Mayr menciona como dato curioso que fue precisamente debido al papel del azar en la selección natural por lo que la teoría de la evolución fue más criticada…

La Cuestión de que ciertos Principios Básicos de la Biología no son Aplicables al Mundo Inanimado.

Erich Jantsch (1929, Vienna – 1980, Berkeley)
Erich Jantsch (1929, Vienna – 1980, Berkeley).

Un concepto conocido como el principio de autorganización de la materia, al cual se le ha convertido por algunos filósofos de la ciencia, como Erich Jantsch (1992), en una ley universal o ley física para explicar los fenómenos de la realidad, y que, como se vio en las consideraciones de Mayr, no es correcto, pues las teorías biológicas no responden enteramente a esas leyes. En otras palabras, elevar a rango de ley universal el principio de autorganización de la materia para explicar la evolución en sus diferentes fases, no se justifica desde el punto de vista metodológico.

Otros autores, como Hofkirchner (1998), consideran que el principio de autorganización de la materia ha producido un cambio de paradigmas científicos que va desde el paradigma newtoniano hasta las teorías sobre la complejidad. Ha habido, apunta, un cambio de la predictibilidad a la no predictibilidad; del orden y estabilidad a la inestabilidad, el caos y la dinámica; de la certidumbre y la determinación al riesgo, ambigüedad e incertidumbre; del control y gobierno a la autorganización de los sistemas; de la linearidad a la complejidad y causalidad multidimensional; del reduccionismo al emergentísimo; del ser al devenir; y de la fragmentación a la interdisciplinariedad. Autores como Best y Kellner (1997), incluso lo interpretan como un cambio del conocimiento moderno al conocimiento posmoderno. Pero todo el argumento lo basan en el hecho de que los principios físicos son universales y que el principio de autorganización de la materia es uno de ellos y, por lo tanto, es válido aplicarlo a otros sistemas como los biólogos y sociales que muestran, de acuerdo con dicho principio, características emergentes adicionales. ¿Qué se quiere decir con características emergentes adicionales? No me queda claro.

Christian Fuchs (2003) sostiene que las ciencias que surgieron durante el siglo pasado, como la mecánica cuántica, la cibernética de primera y segunda generación, la teoría general de sistemas, la termodinámica del no equilibrio, la sinergética, la teoría de sistemas disipativos, la teoría de sistemas autopoiéticos, la teoría de catástrofes, la teoría de los equilibrios puntuados, la teoría de los hiperciclos, la teoría de cuerdas, la teoría de bucles, entre otras, muestran que desde el punto de vista ontológico parece haber suficiente evidencia científica para sostener que la naturaleza es resultado de un proceso de evolución causa sui, esto es, que la naturaleza es una totalidad con la cualidad de autorganizarse.

Según este autor, como corolario de lo anterior se puede suponer, con bases científicas, que la materia no fue creada por ninguna fuerza inmaterial o externa y que está en constante evolución.

Ilya Prigogine (1917 – 2003, Bélgica, origen ruso), Premio Nobel de Química en 1977.
Ilya Prigogine (1917 – 2003, Bélgica, de origen ruso), Premio Nobel de Química en 1977.

Se podría estar de acuerdo con esta tesis ontológica, ¿pero se justifica su generalización desde el punto de vista metodológico? Yo tengo mis dudas, las cuales voy a tratar de exponer basado en las dos teorías científicas más utilizadas por estos filósofos, que creo han sido el sustrato para hacer semejantes generalizaciones. Me refiero a la teoría de las estructuras disipativas, conocida también como termodinámica de procesos irreversibles, de llya Prigogine (1967)y a la teoría de los hiperciclos, cuyo nombre original es el de teoría de la autorganización de las macromoléculas orgánicas, de Manfred Eigen (1971)…

La termodinámica del equilibrio, dice Prigogine, constituye ciertamente la primera respuesta dada por la física al problema de la complejidad de la naturaleza y del tiempo. Esta respuesta se enuncia como disipación de energía, olvido de las condiciones iniciales, evolución hacia el desorden. Frente a la dinámica, ciencia de las trayectorias eternas y reversibles, tan indiferente a las preocupaciones planteadas en el siglo XIX, aparece la termodinámica del equilibrio, capaz de proponer, de cara a las otras ciencias, su propia idea sobre el tiempo. Y ese punto de vista es el de la degradación y la muerte. Desde hace un siglo, dice Prigogine, nuestra cultura se está planteando nuevas preguntas: ¿Qué significa la evolución de los seres vivos, de sus sociedades, de sus especies, en el mundo del desorden creciente de la termodinámica? ¿Qué relación existe entre el tiempo termodinámico de aproximación al equilibrio y el tiempo del devenir complejo?

Para este autor, las estructuras dinámicas complejas ya no son rompecabezas en la explicación de las “curiosidades del mundo”, basadas en la idea de que, en esencia, también son simples y reductibles a sus componentes. Con esta nueva visión de la ciencia, la complejidad, el cambio y la organización están en el núcleo de la explicación y se vuelven el objeto de estudios rigurosos y serios. Lo anterior, sin embargo, no quiere decir que se rechacen los logros de la ciencia clásica, sino simplemente de tener claros sus límites.

Los cambios revolucionarios han ocurrido así de manera paralela en diferentes dominios y niveles: se descubren e investigan nuevos tipos de eventos, se les describe con la construcción de nuevas leyes y conceptos, y se utilizan nuevas teorías matemáticas también recientemente elaboradas. En síntesis, en el nivel de los eventos, nuevas leyes, nuevos conceptos, nuevas teorías, y en el nivel de la reflexión filosófica, una nueva visión de la ciencia…

Manfred Eigen (1927, Alemania), Premio Nobel de Química en 1967.
Manfred Eigen (1927, Alemania), Premio Nobel de Química en 1967.

Respecto a la teoría de Eigen, expuesta de manera más extensa con Schuster (1977), hay que decir que desde un análisis filosófico, una de las más importantes premisas de la teoría de la autorganización de las macromoléculas orgánicas es la distinción entre la calidad y la cantidad de información. Ante la pregunta sobre la vía por la que se origina la información biológica, o la vía por la que la información adquiere sentido como resultado de la selección natural, la respuesta que ofrece es que, en el curso de la evolución prebiológica, el origen de la información biológica se explica con base en los principios de la termodinámica no lineal, ya que la selección natural y la evolución biológica no pueden ocurrir en el estado de equilibrio químico, la autocatálisis produce un efecto de crecimiento. Esta restricción no es válida en el caso de los sistemas en estado estacionario, pero si en el medio están presentes sustancias con propiedades autocatalíticas y, además, soportan la corriente de energía libre que es necesaria para la compensación de producción estacionaria de entropía, entonces la evolución es un proceso inevitable.

Esta teoría busca, entonces, en primer lugar, encontrar las condiciones generales a partir de las cuales la autorganización pueda producirse, así como probar qué tipo de moléculas pueden satisfacer estas condiciones; en segundo lugar, mostrar el sentido físico de la selección natural, para lo cual la describe en términos de cinética química, es decir, en función de las condiciones fisicoquímicas en las cuales ocurre o podría ocurrir la selección natural. Estas condiciones de valor fundamental son tres: 1) que sea un sistema lejos del equilibrio termodinámico; 2) que dentro del sistema ocurra la síntesis de macromoléculas con monómeros de alta energía; y 3) que al menos algunas de las moléculas presentes en el sistema sean capaces de tener crecimiento autocatalítico.

¿Qué clase de sistemas prebiológicos pueden satisfacer estas condiciones? Como la teoría muestra, las proteínas solas no pueden hacerlo, tampoco los ácidos nucleicos solos; pero precisamente los sistemas autocatalíticos de orden mayor que Eigen llama hiperciclos las satisfacen, unificando la capacidad de almacenar información de las proteínas con la habilidad de replicación de los ácidos nucleicos…

Entonces, lo que esta teoría propone es una explicación de cómo aparece la selección natural en el nivel molecular, mecanismo que se da entre las propiedades de los ácidos nucleicos, porque éstos se autorreplican, y las propiedades de las proteínas, porque éstas tienen la capacidad de almacenar información. Por esa razón, la teoría propone que la cooperación entre ambos tipos de moléculas fue indispensable para superar el umbral y abrir la posibilidad de la evolución…

¿Qué idea subyace en la base de la teoría de la autorganización de las macromoléculas? Pues que el orden biológico y la selección natural no existieron siempre…

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Bioética. Naturaleza humana y violencia.

Bioética. Naturaleza humana y violencia

Por Raúl Gutiérrez Lombardo

Fragmento del artículo Bioética. Naturaleza humana y violencia, de Raúl Gutiérrez Lombardo, en: “Reflexiones sobre la violencia”, Siglo XXI, México, 2010, p.p. 398- 406.

EL ECOSISTEMA HUMANO

Jean Gayon - Director del El Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología (Francia)
Jean Gayon – Director del El Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología (Francia)

El filósofo de la teoría de la evolución Jean Gayón, en su trabajo ¿Conservadores o transformadores de la naturaleza? (2005), es muy claro al advertir que no podemos contentarnos con una visión ingenua de la relación del hombre con la naturaleza, en donde éste es un agente perturbador que actúa de manera externa sobre los ecosistemas, pues hay que observar que el ecosistema más vasto y más abarcador que existe actualmente en nuestro planeta es el ecosistema humano, el cual se ha convertido en una verdadera entidad ecológica. Por todos los medios de tipo técnico, económico y político, la especie humana no puede ser definida solamente como un espacio de circulación de genes (un espacio reproductivo) en interacción con las demás especies. Imaginar a la especie humana actuando desde el exterior sobre los espacios ecológicos no tiene, pues, ningún sentido. Nuestra especie, dice este autor, está dentro de una relación real y masiva de coevolución con un número inmenso de especies. Por lo mismo, no podemos razonar como si existiera una naturaleza virgen, ajena a toda influencia humana y tratar de preservar lo que queda de ésta.

Frente a los problemas que preocupan cada vez a más personas y gobiernos ante la reducción de la biodiversidad y la degradación de los ecosistemas, Gayón plantea que el verdadero desafío que tiene la humanidad no es el de proteger o conservar la naturaleza, sino el de poner en marcha una economía, una política y una ética a la medida de la coevolución con las demás especies a la cual el modo técnico de la existencia humana nos ha llevado. Sería un lujo de rico, subraya, pensar que la gestión de las especies podría hacerse por motivos simplemente estéticos o morales. Desde el punto de vista científico, nos hace falta aprender a considerar la responsabilidad ética de la humanidad frente a la vida en su conjunto, con un espíritu resueltamente ecológico y evolucionista, pues no es de manera general la conservación de las especies lo que importa, sino la capacidad de los ecosistemas de evolucionar. Querámoslo o no, el ser humano no es sólo un fabricante de herramientas; se ha convertido en un transformador de la naturaleza.

Albert Jacquard (1925 - 2013). Experto en genética de la Organización Mundial de la Salud.
Albert Jacquard (1925 – 2013). Experto en genética de la Organización Mundial de la Salud.

En un lugar de la selva tropical de México llamado Catemaco, en Veracruz, hace poco dije, citando algunas lecciones de ecología humana que dictó Albert Jacquard en la Academia de Arquitectura de Mendrisio, Suiza, en 2002, que por fin los seres humanos hemos comprendido que la gran cantidad de

acontecimientos que pasaron en el siglo XX ha hecho cambiar nuestra visión de la realidad y, en consecuencia de nosotros mismos; pero, al mismo tiempo, también estos acontecimientos nos han hecho constatar nuestra limitada autoconciencia de que la actual concepción del mundo tiene que cambiar con respecto a la que tuvimos en siglos anteriores.

Veamos un ejemplo: hasta mediados del siglo XX se consideraba que todo nuevo poder que permitía transformar el entorno conducía al ser humano a nuevas formas de progreso, y, en efecto, casi nunca se puso en duda tal afirmación, la humanidad controlaba y dominaba la naturaleza. Ahora esa idea ha cambiado no sólo por el extraordinario desarrollo de nuestras capacidades tecnológicas sino por el efecto que nuestras acciones han producido en los ecosistemas y sobre muchísimas otras especies.

Así, al haber constatado que la realidad no está predeterminada, que las visiones teleológicas del mundo son falsas, que la lógica misma es cuestionada por la indecisión, al admitir una inquietante falta de puntos de referencia, tenemos que entender y ver el mundo desde otra perspectiva y, por lo mismo, nuestro proyecto de futuro está obligado a tomar en consideración este nuevo escenario.

Obituario a Werner Callebaut

Obituario a Werner Callebaut (1952–2014).

Por: Paola Hernández Chávez

Werner Callebaut, amigo, colega, referente común para aquellos a quienes nos intrigan las incógnitas de las ciencias de la vida, murió el pasado 6 de noviembre mientras dormía. Nació en Mechelen, Bélgica, el 7 de octubre de 1952. Curso sus estudios en filosofía en la Universidad de Ghent, donde recibió su PhD en 1983, especializándose posteriormente en filosofía de la ciencia.

Callebaut era el actual presidente de la ISHPSSB (2013–2014), director científico del Instituto Konrad Lorenz de Investigación en Evolución y Cognición (Austria)[1](1999–2014), editor en jefe de la revista  Biological Theory (Springer) (2006–2014), miembro del comité editorial de Ludus Vitalis desde hace alrededor de 20 años, entre muchos otros comités internacionales. Previamente, Callebaut fue profesor de filosofía en diversas universidades de Bélgica, los Países Bajos y otras universidades. Asimismo fue afiliado de la Sociedad de Lógica y Filosofía de la Ciencia de Bélgica, la Sociedad Británica de Filosofía de la Ciencia, el Centro Nacional de Investigación en Lógica de Francia, la Asociación Europea de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, y la Sociedad de Historia de la Ciencia. Publicó poco más de una centena de escritos.

Su partida representa una significativa pérdida para la filosofía naturalizada, la filosofía de la biología, la biología de sistemas, la extensión de la síntesis biológica, la EvoDevo, la economía evolucionista, la sociología, los enfoques evolutivos a la cultura, entre otros campos que impulsó fervientemente. Dentro de la biología teórica, aportó ideas pioneras sobre la interacción entre la evolución y el desarrollo, en particular, desafió a las teorías evolucionistas predominantes y remarcó los límites explicativos del adaptacionismo. Asimismo fueron cruciales sus análisis sobre la metodología de la economía.

Un aspecto tanto humano como académico que caracterizó a Werner Callebaut fue su apoyo y cercanía a un gran número de jóvenes así como a consagrados investigadores alrededor del mundo. En esta sociedad contemporánea donde suele verse como una virtud el disociar la vida académica de la vida social, Werner fue una excepción, pues gustaba de compartir una buena bebida mientras dialogaba sobre temas profundos con colegas que terminaban por convertirse en amigos apreciados. Era poseedor de una asombrosa memoria de detalles y personas.

Su vida estuvo completamente dedicada a la vinculación de diversas áreas académicas, la edición de las prestigiosas revistas, la investigación, el intercambio de ideas con sus pares internacionales, la docencia y la formación de jóvenes investigadores de talla internacional. Todo lo anterior con la indudable convicción, posiblemente no consciente, de que el conocimiento era el motor de su vida. Es por ello que aprovechamos para elogiar, no sólo la amable muerte que lo acompaño, sino las aportaciones intelectuales que nos hereda.

[1] http://kli.ac.at/

Entre sus publicaciones más importantes se encuentran:

Werner, Callebaut (1993), Taking the Naturalistic Turn, or How Real Philosophy of Science is Done. Chicago/London: University of Chicago Press. 553 pp.

Callebaut, Werner (2005), Modularity: Understanding the Development and Evolution of Natural Complex Systems (with Diego Rasskin-Gutman). Cambridge, MA/London. MIT Press. (455 pp.) [second printing, 2007; paperback edition, 2009].

Callebaut, Werner (1987), Evolutionary Epistemology: A Multiparadigm Program (with Rik Pinxten). Dordrecht/Boston: D. Reidel. 458 pp.

Callebaut, Werner (2012) Scientific Perspectivism: A Philosopher of Scienceʼs Response to the Challenge of Big Data Biology. Studies in History and Philosophy of Biological and Biomedical Sciences, 43(1): 69-80.

Callebaut, Werner (2009), Innovation from EvoDevo to Culture. In: M. J. O’Brien and S. J. Shennan, eds., Innovation in Cultural Systems: Contributions from Evolutionary Anthropology, (pp. 81-95). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (2007), The Organismic Systems Approach: Evo-Devo and the Streamlining of the Naturalistic Agenda (with Gerd B. Müller and Stuart A. Newman). In: R. Sansom & R. N. Brandon, eds., Integrating Evolution and Development: From Theory to Practice, (pp.25-92). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (2007), Data Without Models Merging With Models Without Data (with Ulrich Krohs). In: F. C. Boogerd, F. J. Bruggeman, J.-H. S. Hofmeyer, and H. V. Westerhoff, eds., Systems Biology: Philosophical Foundations, (pp.181-213). Amsterdam: Reed-Elsevier.

Callebaut, Werner (2005), The Ubiquity of Modularity. In: W. Callebaut and D. Rasskin-Gutman, eds., Modularity, (pp. 3-26). Cambridge, MA: MIT Press.

Callebaut, Werner (1998), Self-organization and optimization: Conflicting or complementary approaches? In: G. Van De Vijver, S. N. Salthe, and M. Delpos, eds., Evolutionary Systems: Biological and Epistemological Perspectives on Selection and Self-organization, (pp. 79-100). Dordrecht/Boston/London: Kluwer.

Callebaut, Werner (2010), Epistemología Naturalizada. Una Visión Panorámica (with Paola Hernández Chávez). In: J. Labastida y v. Aréchiga, eds., Identidad y Diferencia, vol. 3, La Filosofía y la Ciencia, (pp.138-155). Mexico D.F.: Siglo XXI Editores en coedición con la Asociación Filosófica de México.

Para acceder a la lista completa de sus publicaciones, seleccione aquí.

Para mayores referencias:

http://www.kli.ac.at/werner-callebaut

http://mitpress.mit.edu/authors/werner-callebaut

http://mitpress.mit.edu/search/node/werner%20callebaut

Complete list of Werner Callebaut’s Publications.

Sistemas de representación de magnitudes: sistema acumulador y sistema de precisión

Sistemas de representación de magnitudes: sistema acumulador y sistema de precisión.

El presente artículo se relaciona con la entrada anterior y a su vez es el antecedente del próximo artículo que publicaré en este medio. En la entrada anterior describí la posibilidad de acceder al estudio de la discriminación de magnitudes en animales. Aquí se discuten y contrastan dos propuestas que explican el funcionamiento orgánico –en términos conductuales– de la discriminación y representación de magnitudes; algunos de estos estudios han empleado alguna de las metodologías descritas en el artículo anterior.

Lisa Feigenson (Johns Hopkins University)
Lisa Feigenson (Johns Hopkins University)

En una revisión relativamente reciente, Feigenson et al. [2004] sostuvieron que la capacidad para la representación de magnitudes que muestran los humanos infantes y otros animales la forman dos sistemas nucleares. El primero de éstos permitiría la distinción de poco y mucho, en otras palabras, correspondería a la capacidad de representar magnitudes de manera aproximada y de relacionarlas por semejanza o desigualdad. En la literatura especializada este sistema se conoce como ‘sistema acumulador o de acumulación’ (Meck y Church 1983). El segundo sistema permitiría la significación de “uno”, “dos” y “tres”, o sea, la representación exacta de algunas magnitudes (sólo hasta tres en la mayoría de los animales y hasta cuatro en el caso de los humanos) y su operación en sumas o restas sencillas. Por lo que podemos distinguirlo como el ‘sistema de precisión’. La bibliografía discute la presencia de alguno de estos sistemas en diversas especies animales; sin embargo, establecen la integración de ambos en el caso de los humanos. Dicha integración, para algunos autores, permitiría explicar las bases del complejo funcionamiento del pensamiento matemático que utiliza la capacidad de aproximación así como la de precisión.

Los rasgos distintivos del sistema de representación de magnitudes aproximadas ‘sistema acumulador o de acumulación’

El sistema de representación de magnitudes aproximadas se distingue porque sigue la ley psicofísica de Weber, que desarrolló Ernst Heinrich Weber en la cuarta década del siglo XIX, que trabajó Gustav Theodor Fechner en la década siguiente y que amplió Stanley Smith Stevens un siglo más tarde. Esta ley describe la relación entre la medición de un cambio de magnitud y la intensidad de la percepción de tal cambio. En los estudios originales de Weber, la relación entre la percepción de un cambio de peso no dependía de su magnitud absoluta, sino de su magnitud relativa. Por ejemplo, sería más fácil percibir el incremento de magnitud que hay desde “uno” hasta “dos”, que distinguir el que hay desde “1000” hasta “1001”. Aunque la diferencia absoluta en ambos casos sea, en efecto, la misma, la diferencia entre las magnitudes del primer par corresponde a 50% de la magnitud final, mientras que la diferencia de magnitudes en el segundo par corresponde a 0.09% de la magnitud final. La posibilidad de distinguir estos cambios o notabilidad depende de estas proporciones. Un sistema de representación basado en esta ley no es eficaz para distinguir incrementos que sean proporcionalmente pequeños entre una magnitud inicial y una final. Este modelo sugiere que algunos animales y los humanos son capaces de representar valores cardinales aproximados de grandes cantidades de objetos, es decir, magnitudes mentales con variabilidad escalar (Meck & Church 1983). Este mecanismo supone una capacidad de discriminación aproximada, no exacta de las magnitudes.

Nick B. Davies (Universidad de Cambridge)
Nick B. Davies (Universidad de Cambridge)

Hay evidencias empíricas interesantes que muestran la implementación de este sistema en algunas conductas de ciertas especies animales. Se ha utilizado para explicar el comportamiento de algunas aves parasitadoras de nidos (Kilner, Noble, & Davies, 1999), sugiriendo que los padres parasitados no discriminan exactamente el número de crías a las que tienen que atender y por ello, aun cuando hay más ‘bocas que alimentar’ que las que le corresponden, no puede discriminarlas de manera precisa. Otro ejemplo interesante es el de las aves que almacenan muchas semillas en diferentes lugares sin saber de manera precisa cuántas semillas se encuentran en tal o cual espacio (Balda, Kamil, y Bednekoff, 1997). Es decir, son capaces de recordar algunos de los escondites de alimento pero no todos ellos. En ambos casos se demuestra la activación de un sistema que permite estimar, pero sólo aproximadamente, las magnitudes en cuestión.

Los rasgos distintivos del sistema de representación de magnitudes exactas ‘sistema de precisión’

En contraste con lo anterior, es importante hacer notar que hay evidencia de que muchos animales pueden discriminar de manera exacta entre cantidades pequeñas, por lo cual algunos autores argumentan que existe un segundo modelo: el ‘sistema de precisión’. El sistema de representación de magnitudes exactas se puede reconocer porque tiene un límite que está entre “tres” y “cuatro” [por ejemplo, Hauser et al. 2000; Feigenson et al., 2004]. Los resultados de los estudios parecen indicar que los vertebrados, incluyendo a los humanos de cuatro o cinco meses de edad, estamos dotados con una capacidad que nos permite distinguir con exactitud las magnitudes de dos conjuntos de hasta cuatro elementos cada uno. Este modelo se basa en la capacidad de discriminar pequeñas cantidades. Uller (2003) basándose en lo anterior, explica este sistema precursor numérico, y lo caracteriza de la siguiente manera:

  1. El sistema es limitado. El límite de la representación numérica espontánea en monos y bebés humanos se encuentra entre 3 y 4.
  2. Este sistema es preciso, busca cantidades pequeñas exactas y no incluye capacidades de estimación.
  3. Este sistema se encuentra disponible espontáneamente. Los animales y los bebes no necesitan entrenamiento para ejecutarlo.
  4. Este sistema es poderosamente adaptativo. Por lo que puede encontrarse en muchas especies del reino animal.
  5. Este sistema está “basado en entidades”. Las representaciones son construidas sobre la base de correspondencias de uno-a-uno. Para cada entidad codificada, se forma una representación y se almacena en la memoria de corto plazo.

La caracterización de este sistema, en el caso de los primates y particularmente de los humanos, se ha extendido mostrando que esta capacidad se puede relacionar con el entendimiento de acciones tales como poner o quitar (Yáñez y Chiappa 2011). Lo anterior puede verse como un elemento que precedería a la capacidad de realizar operaciones aritméticas y, en última instancia, de la facultad matemática de los humanos (por supuesto a través de muchos y complejos pasos intermedios). Además, este sistema de representación no está sujeto a la ley de Weber, y en consecuencia, su precisión no muestra un efecto de proporcionalidad con lo que se establece la independencia del primer sistema.

Posible interpretación de los sistemas cognitivos 

Pilar Chiappa (Instituto Nacional de Psiquiatría, México, Etología)
Pilar Chiappa (Instituto Nacional de Psiquiatría, México, Etología)

Lo que se ha descrito hasta aquí son dos mecanismos y algunas de sus bases teóricas y empíricas que describen la conducta de discriminación de cantidades tanto en animales como en humanos. Las observaciones de la conducta de diversos animales sustentan algunos de los requisitos necesarios para la correcta discriminación de cantidades. No obstante, estos requisitos no se agotan, particularmente en lo que tienen que ver con la competencia aritmética y por añadidura la facultad matemática, con los dos mecanismos aquí descritos. Se requieren de otros elementos que permitan entender el surgimiento de una conducta tan compleja como lo es el pensamiento matemático. En el siguiente artículo se discutirá justamente la pertinencia o el desatino de considerar estos sistemas cognitivos como la base y la fundamentación del pensamiento matemático de los humanos. Particularmente desde la antropología se postula necesariamente la incorporación de elementos de orden social y cultural en la construcción de un cuerpo epistémico como las matemáticas que no pueden ser reducidos a las explicaciones adaptativas de los sistemas cognitivos en cuestión. O sea, que el análisis neurofisiológico o conductual puede decirnos qué sucede en el cerebro cuando llevamos a cabo cálculos y aproximaciones mentales, pero no pueden decirnos –hasta el momento– cómo se desencadena todo la secuencia de eventos y menos aún puede decirnos detalladamente el camino evolutivo de esta conducta. Queda mucho por hacer en ese sentido.

*Algunos fragmentos del presente artículo son extractos del artículo de (Yáñez y Chiappa 2011) citado en las referencias.

Referencias

Feigenson, Lisa; Stanislas Dehaene et al. (2004) “Core systems of number”, en Trends in Cognitive Sciences, Vol. 8, pp. 307- 314.

Meck, Warren H.; Church, Russell M. (1983) A mode control model of counting and timing processes. Journal of Experimental Psychology: Animal Behavior Processes. Vol 9(3) 320-334.

Kilner, R.M, Noble, D.G.y Davies, N.B. (1999) Signals of need in parent-offspring communication and their explotation by the common cukoo. Nature, vol (397) pp. 667-672.

Balda, RP, AC Kamil, PA Bednekoff (1997) Predicting cognitive capacities from natural histories: Examples from four corvid species. Current Ornithology.

Uller, C., Jaeger, R. Guidry, G. y Carolyn, M. (2003) Salamanders (Plethodon cinereus) go for more: rudiments for number in an amphibian. Animal Cognition, 6, 105-112.

Yañez, B. y P. Chiappa (2011). ¿Sabe el mono araña el resultado de una suma o entiende la acción de poner? Cuicuilco No. 50, pp. 9 – 25.

Estudios comparativos sobre la representación de magnitudes

Estudios comparativos sobre la representación de magnitudes

Bernardo Yáñez

Una de las tramas más intrigantes de las ciencias cognitivas comparadas es la de la representación de magnitudes. En efecto, muchos estudiosos hemos quedado enredados tan sólo con leer algunos títulos, como el de ‘Adición y sustracción en bebés’ [traducido por los autores (Wynn, 1992)] o el de ‘¿Qué piensan los animales acerca de los números?’ [traducido por los autores (Hauser, 2000)]. Tal vez por eso, en la actualidad, dicho tema cuenta con un cúmulo grande y variado de estudios que han enfocado organismos de distintas especies animales y de diversas edades, además de que engloban diferentes métodos. A continuación presentamos una muestra de este tipo de estudios.

Métodos experimentales de la discriminación de cantidades

Existen tres métodos fundamentales con los cuales ha sido evaluada la capacidad de discriminación de cantidades en animales: ‘Ir por más’, con el que se evalúa la habilidad de elegir entre más y menos; ‘el playback’ (grabaciones) que evalúa la capacidad de algunos animales para estimar la cantidad de rivales a los que se enfrentarán; y ‘la violación de la expectativa’, que analiza la capacidad para realizar operaciones aritméticas básicas. Los experimentos que utilizan el método de “ir por más” se enfocan principalmente en la capacidad de discriminar cantidades. Es muy simple, se trata de poner una cantidad en un lugar y una cantidad diferente en otro y dejar escoger al animal. Si eligen la mayor se considera que son capaces de discriminar cantidades. El método del ‘playback’ consiste en obtener una serie de grabaciones, cada una con la vocalización o serie de vocalizaciones de uno o varios animales, que luego se reproducen de acuerdo con el objetivo específico del estudio. El método de la ‘violación de la expectativa’ fue implementado por Wynn en 1992. Este proviene de estudios realizados en bebés humanos, pero se aplica a otras especies bajo la misma lógica: el tiempo de observación es mayor ante eventos en donde se haya violado su expectativa. Consiste en mostrar un estímulo numérico (en el caso de los bebés, uno o varios muñecos de Mickey Mouse), correr una cortina e ir añadiendo o sustrayendo, para luego bajar la cortina, presentando un resultado que puede ser posible (1+1=2) o imposible (1+1=1 ó 3). La variable que se mide es cuánto tiempo se quedan viendo al resultado final. La predicción es que ante resultados aritméticamente posibles el tiempo de observación será menor que ante resultados aritméticamente imposibles. Los resultados sugieren la capacidad para realizar o no sumas y restas muy simples.

Experimentos en animales con estos métodos experimentales

‘Ir por más’

Plethodon cinereus - Salamandra roja
Plethodon cinereus – Salamandra roja

En un estudio realizado por Uller et al. (2003) con Salamandras rojas (Plethodon cinereus) se encontró que éstas son capaces de discriminar entre mayor y menor. Lo que hicieron fue colocar a cada una por separado en una pequeña caja de plástico transparente con un tubo en forma de “T” que desemboca en otras dos divisiones para las moscas. El tubo estaba obstruido de manera que no podía entrar a ninguna de las otras separaciones. El último día del experimento se colocaron moscas de la fruta (Drosophilla virilis) en las otras dos divisiones de la caja; en una se colocaron 2 moscas y en la otra 3. Se quitó la obstrucción del tubo y se dejó a la salamandra decidir cuál era la habitación que escogía. De las 30 salamandras que fueron examinadas, 20 de ellas eligieron el tubo donde se encontraban 3 moscas, mientras que sólo 10 de ellas inclinaron su decisión por la habitación donde sólo se encontraban 2 moscas. Este resultado muestra que las salamandras prefieren 3 versus 2 y que generalmente suelen elegir dónde hay más objetos. Curiosamente cuando las cantidades aumentaron las salamandras elegían al azar; es decir, cuando la comparación era entre 3 versus 4 y 4 versus 6, de 30 salamandras evaluadas 14 se fueron por las 3 moscas y 16 por las 6 moscas. Lo anterior sugiere que los anfibios tienen un límite en su capacidad de discriminar entre más y menos.

‘Playback’

En mamíferos, Mccomb et al. (1994) realizaron un estudio con leonas del Serengueti (Panthera leo) sobre su capacidad para evaluar el número de oponentes que hay en otro grupo de leones, a través de la respuesta ante una amenaza. Es decir, por medio de un playback se reproducían ya fuera el rugido de una leona o el rugido de tres leonas con un tono amenazador. Los resultados indican que las leonas sólo se acercan a la fuente del sonido cuando las defensoras doblan en número a las intrusas. En contraste cuando sólo escuchan el rugido de una leona invariablemente se aproximan al lugar de manera amenazadora. Este estudio señala una capacidad por parte de las leonas para estimar el número de rivales a los que se tienen que enfrentar. Algunas críticas indicaron que las leonas no están discriminando el número de rivales, sino más bien la intensidad con la que se presentan las vocalizaciones. Sin embargo, se han realizado controles experimentales robustos para eliminar todas las posibles interferencias.

‘Violación de la expectativa’

LémurLos lémures son prosimios, es decir, uno de los taxa de primates más primitivos que aún existen. Pocos han sido los acercamientos al problema de la discriminación de cantidades en este grupo, por lo cual se realizó un experimento en este sentido (Santos 2005). El estudio evaluó tres condiciones experimentales con el objetivo de explorar su expectativa aritmética en una operación simple 1+1 (suma). Se les presentó a los animales, en un pequeño escenario, arreglos distintos en los que se mostraban uno, dos o tres limones que eran sumados secuencialmente. Es decir, primero se presentó un limón, inmediatamente después se restringió la vista del sujeto hacia donde se encontraba el primer limón. Una vez que el animal no puede ver lo que hay en el escenario, entonces se le agrega otro limón a la vista del animal; puede ver el movimiento del experimentador y puede ver que lo deposita en el escenario, pero no puede ver todavía el arreglo final. Por último se destapa el escenario permitiendo al animal observar el resultado. Se mide el tiempo de observación del animal ante el resultado presentado. Existen tres resultados distintos que pueden ser presentados: por ejemplo, 1+1=1, 1+1=2 o 1+1=3. Lo que se encontró fue que los animales vieron por un tiempo mayor al resultado imposible, donde aparecieron 1 ó 3 limones. Contrariamente, el tiempo de observación fue menor cuando se mostró un resultado posible, donde aparecieron 2 limones. La conclusión a la que han llegado los autores es que los lémures adultos son capaces de formar expectativas sobre el resultado exacto de una operación aritmética simple, en este caso la suma de 1+1. Además, los lémures adultos no nada más son capaces de discriminar cantidades (del 1 al 4), sino que, además, tienen la habilidad para realizar ciertas operaciones aritméticas básicas como lo serían la adición y la sustracción.

Comentarios finales

En esta ocasión se han mostrado los principales diseños experimentales para aproximarse al problema de la representación y discriminación de cantidades en animales. En otro momento abordaremos las controversias que generan este tipo de estudios experimentales, particularmente cuando se intenta vincular estas capacidades con la facultad matemática de los humanos.

Referencias

[1] Wynn, K. (1992). Addition and subtraction in infants. Nature, 358, 749±750.

[2] Hauser, M., Carey, S. y Hauser, L. (2000) Spontaneous number representation in semi-free-ranging Rhesus monkeys. Proceedings of the Royal Society of London (267), 829-833.

[3] Uller, C., Jaeger, R. Guidry, G. y Carolyn, M. (2003) Salamanders (Plethodon cinereus) go for more: rudiments for number in an amphibian. Animal Cognition, 6, 105-112

[4] Mccomb, K. et.al (1994) Roaring and numerical assessment in contests between groups of female lions, (Panthera leo). Animal Behaviour. Vol 47(2) pp. 379-387.

[5] Santos, L. et al.(2005) Expectations about numerical events in four lemur species. Animal Cognition, Vol (8): pp. 253-262.

¿Qué son las ciencias cognitivas?

¿Qué son las ciencias cognitivas?

Paola Hernández, Juan González, Jonatan García

Qué son las ciencias cognitivas, qué temas estudia, cuál el estado actual de la cuestión en el mundo y, particularmente, en nuestro contexto iberoamericano, son los asuntos que aborda el libro Las Ciencias Cognitivas: una constelación en expansión (2012). Compartimos con ustedes a continuación la Introducción a dicho libro con el propósito de dar una mirada panorámica a algunos de los enigmas que se plantean en las ciencias cognitivas.

Aunque en el mundo hispano todavía mucha gente pregunta perpleja lo que es la cognición o las ciencias cognitivas, también es cierto que dichos términos han empezado a perder su hermetismo exótico al penetrar paulatina pero inexorablemente, desde hace unos diez años, en el sector académico e inclusive en el vocabulario de los ciudadanos instruidos. En años recientes ha habido un crecimiento exponencial de seminarios, talleres, coloquios, congresos, redes de investigación, programas educativos y publicaciones, no sólo en México y España, sino también en otros países hispanohablantes como Costa Rica, Colombia, Chile y Argentina. A pesar de ello, comparándonos con el resto del mundo industrializado, empezando por Estados Unidos, buena parte de Europa occidental y Japón —donde el estudio de la cognición es una realidad institucionalizada desde hace décadas— podemos decir que en Iberoamérica aún estamos en un tímido estado embrionario.

Esta antología de ninguna manera pretende exponer el estado actual de las ciencias cognitivas en Iberoamérica, de hecho, ninguno de los trabajos hace un recuento de cómo se incorporaron las ciencias cognitivas en el mundo iberoamericano, incluso hemos incluido trabajos publicados fuera de esta región que ilustran algunas de las discusiones más fructíferas y controvertidas de la filosofía y las ciencias cognitivas del mundo actual. Lo que este libro sí muestra es un ejercicio de cómo se están haciendo las ciencias cognitivas en esta parte del mundo y cómo estamos dialogando con teóricos de otras regiones.

 Ciencias Cognitivas: una constelación en expansión.
LIBRO EN PDF DISPONIBLE AQUÍ
Las Ciencias Cognitivas:
una constelación en expansión.

La presente obra pretende contribuir al desarrollo de la filosofía y las ciencias cognitivas de dos maneras: 1) a través de la reflexión y de la investigación empírica ancladas principalmente en un contexto hispano, y 2) a través de nuestra inserción en un macro-contexto internacional, que nos invita y obliga a participar en una discusión colectiva y contemporánea en ciencias cognitivas, donde tenemos interlocutores y estándares de primerísimo nivel, que buscan generar conocimiento de punta y de alta calidad en el campo que nos atañe.

Por otro lado, esta obra aspira a ser un buen ejemplo de lo que se puede esperar de una obra colectiva en ciencias cognitivas, a saber, una mirada interdisciplinar sobre problemas o temas ya consagrados en el campo de la cognición. Así, aunque la mayor parte de los artículos de este libro gravitan en torno a la filosofía, también encontramos contribuciones provenientes de las neurociencias, la psicología, la etología y la inteligencia artificial, que son los pilares que constituyen el núcleo duro de las ciencias cognitivas.

Como el lector podrá apreciar, el libro contiene trabajos que muestran cómo el estudio de la cognición actualmente se caracteriza por su alejamiento de posturas como las que planteaban una división disciplinar entre las ciencias empíricas y las teorizaciones de la filosofía, o entre la psicología y las neurociencias, o bien algunas distinciones similares que en el fondo dependían de la idea de que existe una separación entre el mundo externo y objetivo, por un lado, y la mente y el mundo subjetivo por el otro. En este sentido, los artículos que constituyen este libro colectivo difícilmente pueden etiquetarse como trabajos pertenecientes a una disciplina específica, como psicología, neurología, filosofía, etc. Si nos distanciamos de las separaciones disciplinares es posible construir un conocimiento interconectado, constituido no a partir del escrutinio estrecho y acotado de una disciplina particular, sino de un acercamiento a la cognición en tanto fenómeno global.

La imposibilidad de hacer separaciones tajantes entre las distintas disciplinas que componen a las ciencias cognitivas hace patente que los artículos aquí presentados no pueden ser ordenados a partir de una sola lógica. El lector advertirá cómo un trabajo dedicado a un tópico particular se conecta con otros de diversas maneras, ya sea porque comparten un mismo objeto de estudio, o porque comparten los métodos y técnicas para acercarse a objetos de estudio distintos.

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Edouard Machery

Uno de los temas más controvertidos en ciencias cognitivas es aquel dedicado a la arquitectura de la mente. El trabajo de Edouard Machery, con el que iniciamos esta antología, “Modularidad masiva y evolución del cerebro”, es una respuesta a aquellas críticas que, apoyadas en los estudios sobre la evolución del cerebro, intentan socavar la hipótesis de la modularidad masiva. Un representante de estas críticas es Steve Quartz, quien se basó en hallazgos que parecen contradecir la tesis de la modularidad masiva de la cognición humana, por ejemplo, la relación alométrica entre el volumen de la mayoría de las grandes regiones del cerebro (neocórtex, tálamo, etc.) y el volumen del cerebro completo, lo cual llevaría a pensar que la evolución del neocórtex se dio de manera concertada y no en mosaico. El autor refuta el argumento de Quartz y ofrece evidencia alternativa de que la selección natural sí actuó en los sistemas neocorticales por separado. Arguye que, aunque concediéramos que el volumen del neocórtex humano evolucionó de manera concertada, otros aspectos del neocórtex pudieron haber evolucionado en mosaico, lo cual es una condición necesaria para la modularidad masiva.

Por otro lado, Elisabeth Pacherie parte de explicaciones filosóficas que se han ofrecido para dar cuenta de las acciones compartidas con el objetivo de captar aquello que hace que las acciones conjuntas sean intencionalmente conjuntas. En “Encuadrando la acción conjunta”, la autora discute primero dos de las principales explicaciones de las intenciones compartidas, propuestas por Michael Bratman y Margaret Gilbert. Argumenta que la explicación de Gilbert impone más normatividad a las intenciones compartidas de la que es estrictamente necesaria, y que la explicación de Bratman requiere demasiada sofisticación cognitiva por parte de los agentes. Enseguida, la autora se enfoca en la teoría de la agencia de equipo desarrollada por los economistas, y se concentra en la versión de Michael Bacharach de la teoría de la agencia de equipo, de acuerdo con la cual, la agencia compartida es una cuestión de razonamiento de equipo que depende de la identificación con el grupo, misma que es el resultado de procesos de ‘autoencuadre’. La autora ofrece así el camino hacia una explicación de la intención compartida que esté menos cargada normativamente y que sea menos demandante cognitivamente.

El trabajo “Inteligencia y robótica corporizada”, de Bruno Lara y Jorge Hermosillo, que se inserta en el contexto de la inteligencia artificial, rechaza la cognición como resultado de un procesamiento lineal y unidireccional de información. Dentro de los nuevos paradigmas y escuelas de pensamiento en las ciencias cognitivas, Lara y Hermosillo se adhieren a aquéllas que insisten en que una condición necesaria para la inteligencia es que los agentes se desarrollen dentro de un medio ambiente. Es sólo a través de la interacción sensorio-motriz del agente con su entorno que se desarrollan las capacidades cognitivas que conocemos, nos dicen los autores. Por ello, continúan, ahora los robots o agentes artificiales autónomos se han convertido en una pieza clave para tratar de desentrañar el misterio que encierra la inteligencia natural, y son al mismo tiempo candidatos ideales en la búsqueda de inteligencia artificial. La investigación presentada en este trabajo está enmarcada en lo que ahora se conoce como ‘robótica corporizada’ y consiste en presentar algunos resultados seleccionados de las investigaciones que los autores han hecho para tratar de acercarse a agentes artificiales autónomos con signos de inteligencia y que representan la base de la producción de comportamiento coherente.

Por su parte, el trabajo de Juan C. González, “El amor en los tiempos de las ciencias cognitivas”, se inscribe en una perspectiva decididamente interdisciplinar y contemporánea al abordar un tema de relevancia psicosocial, el amor, que puede ser estudiado empírica y conceptualmente en el marco del ‘giro cognitivo’ que dio la filosofía en la segunda mitad del siglo XX. El autor pretende demostrar cómo el análisis del amor puede beneficiarse con las aportaciones teóricas y empíricas de las ciencias cognitivas y las humanidades, donde la psicología, la ética, la epistemología y la teoría social y de sistemas son especialmente relevantes. Para ello, González adopta una postura a la que llama ‘ecológica’, la cual toma en cuenta la dimensión individual y social del amor, donde éste es considerado como una emoción compleja y, simultáneamente, sensible a la racionalidad, existencialmente satisfactoria, socialmente viable y éticamente aceptable.

Esta publicación incluye un segundo trabajo de Edouard Machery, en donde el autor estudia el uso de las psicopatologías del desarrollo que buscan identificar los componentes de la arquitectura cognitiva típica. Tal uso ha sido duramente criticado, entre otros, por la neuropsicóloga Annette Karmiloff-Smith, quien ha defendido que los hallazgos en los patrones de discapacidad y conservación de capacidades cognitivas en personas con psicopatologías de desarrollo no nos dicen nada acerca de la arquitectura cognitiva típica, crítica que se aplicaría también a aquellos que intentan sustentar la hipótesis de modularidad masiva de la psicología evolucionista con base en psicopatologías del desarrollo. En su escrito, Machery argumenta que, además de ser errónea la reconstrucción de la modularidad masiva de Karmiloff-Smith, las numerosas disociaciones que resultan de psicopatologías del desarrollo sí pueden ser utilizadas para identificar sistemas, lo cual muestra que la arquitectura cognitiva típica es florida, exactamente como postula la hipótesis de modularidad masiva.

Ernst Walter Mayr (1904- 2005)
Ernst Walter Mayr (1904- 2005)

Siguiendo la temática de la arquitectura cognitiva, Paola Hernández Chávez incorpora en su contribución “Evaluando algunos supuestos evolutivos en teorías modulares de la mente”, una distinción entre causas próximas y causas últimas, proveniente de Aristóteles y posteriormente reformulada por otros teóricos como Ernst Mayr. La autora examina versiones de las teorías modulares que conciben a los módulos como productos de la selección natural. Después de ofrecer varias críticas a estas versiones modulares, Hernández muestra cómo ciertos estudios sobre el desarrollo cognitivo son relevantes para entender la arquitectura de la mente. De este modo, Hernández argumenta que aspectos como el desarrollo ontogenético y el medio ambiente deben ser tomados en cuenta para caracterizar una noción de módulo, que es recogida en la propuesta que la autora denomina “hipótesis de plasticidad en la respuesta funcional al medio ambiente debida a la modularización estructural” o resumida como “hipótesis modular de la plasticidad de respuesta al medio ambiente” (HMPRM). Su propuesta puede verse como una explicación fundada en causas próximas, en contraste con las teorías modulares en las que las fuerzas evolutivas juegan el papel de causas últimas.

Una propuesta que también se interesa en los aspectos evolutivos de la cognición es la teoría dual del procesamiento (TDP). Esta teoría es analizada en el trabajo “Algunas observaciones (de carácter neuroanatómico, filogenético y ontogenético) a la teoría dual de procesamiento”, de Jonatan García Campos. El objetivo del autor es llamar la atención sobre el aporte que distintas áreas de las ciencias cognitivas ofrecen para una reformulación de la TDP. García plantea que algunos supuestos, concernientes sobre todo a la relación entre los dos sistemas de razonamiento (S1 y S2), son controversiales a la luz de consideraciones neuroanatómicas, filogenéticas y ontogenéticas. Una de las ideas que se discuten es que algunos procesos de S2 se llevan a cabo en áreas que parecen más antiguas filogenéticamente hablando, aun cuando S2 se supone que es un sistema moderno. Otra de las ideas que se exploran aquí es cómo los estudios neurocientíficos parecen contradecir las explicaciones ofrecidas por los psicólogos del razonamiento. Cabe destacar que el artículo no pretende abolir la TDP, o defender alguna de sus versiones, sino llevarnos a considerar nuevas vías para mejorar su argumentación y librarla de postulados arbitrarios que sí representan un problema en su formulación.

Además del razonamiento, la toma de decisiones es un tópico recurrente para los psicólogos cognitivos y los neurocientíficos. El trabajo “Tomar la decisión entre ‘disparar’ o ‘no disparar’ activa la corteza prefrontal ventrolateral derecha en un estudio con RMf”, de Alejandra Rosales y colaboradores, es un artículo técnico de neurociencias, cuyo objetivo es presentar la investigación sobre la respuesta de defensa que tuvieron diversos sujetos ante imágenes de amenaza hacia sí mismos y hacia un tercero, junto con su correlato cerebral con imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional (RMf). Diecinueve sujetos masculinos decidieron con un botón entre ‘disparar’ o ‘no disparar’ a imágenes proyectadas sobre una pantalla en la “tarea de reactividad emocional” (TREM). Activaciones generalizadas en los dos hemisferios, especialmente en la corteza frontal y el giro fusiforme, se encontraron al considerar ambas decisiones. La comparación entre ‘disparar’ y ‘no disparar’ resultó en activaciones significativas en el giro frontal inferior derecho (BA 45/47) correspondiente a la corteza ventrolateral prefrontal. Los autores concluyen que estos resultados a la vez refuerzan la idea de que el área ventrolateral prefrontal juega un papel importante en el control de la emoción y señalan la relevancia de las tareas que demandan una respuesta explícita y rápida ante imágenes directamente amenazantes y de amenaza a otro.

Siguiendo con el uso de recursos neurocientíficos para el estudio de fenómenos cognitivos particulares, en el artículo “No miramos para ver, miramos para actuar: una aproximación mínimamente representacionalista al estudio de la atención visual”, Jaume Rosselló Mir revisa algunas hipótesis canónicamente representacionalistas de la atención que ha ofrecido el cognitivismo simbólico. Tales modelos de la atención se han centrado en el análisis de los elementos que intervienen en la secuencia que va de lo sensorial a lo motor, sus relaciones causales y sus jerarquías, esquema que es completamente ajeno a lo que sabemos hoy del funcionamiento del cerebro humano. En su lugar, el autor destaca aquellas alternativas al estudio de la atención visual que son mínimamente representacionalistas, no dualistas, y más congruentes con la psicología experimental y las neurociencias.

Por su parte, el artículo “El rol del saber no proposicional en la explicación de la acción”, de Jean-Philippe Jazé, incursiona en el terreno de la fenomenología a través de dos autores poco apreciados por las ciencias cognitivas de corte clásico: Martin Heidegger y Maurice Merleau-Ponty. Jazé presenta una refrescante perspectiva que incorpora aspectos que el cognitivismo clásico ha dejado fuera en su teorización sobre la acción, como son el papel que juega el cuerpo en la percepción, la temporalidad de la acción y las dimensiones emotiva y social. El texto también incluye una breve crítica a las concepciones clásicas del contenido intencional y de la acción como el resultado consciente y deliberado de un proceso de decisión por parte del individuo. La perspectiva que nos muestra Jazé corrige así ciertos ‘olvidos’ y excesos por parte del cartesianismo y del reduccionismo que sigue incidiendo, de una forma u otra, en nuestros análisis filosóficos y científicos de la acción.

Frans de Waal (Países Bajos)
Frans de Waal (Países Bajos)

El trabajo de Alba Pérez Ruiz titulado “El concepto de agresión. Una mirada psicoanalítica”, explora el desarrollo que ha tenido el concepto de agresión en la corriente psicoanalítica conocida como la Escuela Americana, comparándolo con la etología cognitiva impulsada por los trabajos de Frans de Waal. La autora reconoce que si bien explícitamente los representantes de la Escuela Americana buscan apoyar sus posturas con propuestas particulares en biología, existen diferencias importantes entre estos trabajos. Una de estas diferencias, por ejemplo, es aquella que Pérez Ruiz señala entre los fundamentos epistemológicos que se encuentran detrás de la etología y aquellos que se encuentran detrás del psicoanálisis, pues mientras en los primeros hay un deseo por restringir los estudios de la agresión a la descripción de patrones conductuales con relación al ambiente y sus posibles orígenes evolutivos, en los segundos se pretende ir más allá de la descripción de conductas para comprender el funcionamiento mismo del aparato psíquico.

Al igual que sucede en otros tópicos abordados en este libro, en una encrucijada entre diversos tipos de estudios se encuentran aquellos dedicados a la percepción del tiempo. Un análisis naturalizado, sobre todo apoyado en las ciencias cognitivas y de corte fenomenológico, es ofrecido por Melina Gastélum en su trabajo “La percepción del tiempo en la conciencia”. En su contribución, Gastélum defiende que la percepción del tiempo puede verse como un objeto más de la percepción, pero que, sin embargo, es de un tipo especial, pues atraviesa todos los demás sentidos. Esta posición recuerda a la postura de Husserl, según la cual toda actividad mental depende de la temporalidad. Además, el componente fenomenológico no se limita a la postura anterior, sino que con él la autora también intenta dar cuenta de cómo es que los sujetos percibimos de manera distinta el tiempo, dependiendo del contexto del que formemos parte.

Por último, en “La imaginación musical desde una aproximación corporeizada”, Ximena González Grandón defiende que la imaginación musical debe ser entendida como una actividad ideomotora y sensorimotora que re-presenta uno o varios sonidos al emular o simular subjetivamente una experiencia de tal o tales sonidos. En dicho trabajo, la autora se aleja de la postura tradicional de la ciencias cognitivas, en las cuales se hace una distinción entre el mundo externo y la mente como entidades claramente independientes. En su lugar, González Grandón explora proyectos enactivos en ciencias cognitivas aplicándolos a la imaginación, la cual es entendida como el re-presentarse en posibles acontecimientos con distintos grados de complejidad por medio de la interacción con el medio ambiente. Estos proyectos, como la autora lo señala, se fundan en una visión corporeizada de la mente, la propuesta enactiva de Francisco Varela y las herramientas de las neurociencias cognitivas, la fenomenología y la psicología cognitiva.

Una vez que hemos presentado las ideas centrales de los trabajos aquí vertidos, deseamos insistir en que para responder a los grandes problemas en torno a la cognición es necesario echar mano de una gran cantidad de información pertinente, de aquella que nos ofrecen las ciencias computacionales, las neurociencias, las teorías de los sistemas complejos, la filosofía, la fenomenología, la psicología, la biología, entre muchas otras áreas de conocimiento que nos permitan explicar los fenómenos cognitivos de una manera integral y heterogénea.

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Un recorrido de la antropología física hacia una antropología biológica…

Un recorrido de la antropología física hacia una antropología biológica…

Por Bernardo Yáñez

El Siglo XIX se destacó, entre otras cosas, por un despegue importante de los estudios científicos. Particularmente en Inglaterra y Francia los estudios antropológicos tomaron fuerza dada su condición de países colonizadores y el encuentro constante con la otredad. En ese contexto fue la antropología física la disciplina que se encargó de analizar y comparar la diversidad biológica de los seres humanos en las distintas poblaciones. Esta rama de la antropología recuperó modelos y técnicas de otras disciplinas al mismo tiempo que consolidó las propias. Fueron la osteología y la antropometría las metodologías principales que se utilizaron para estudiar la variabilidad del cuerpo humano. En la presenta entrega haré un recuento brevísimo –una visión personal, no exenta de errores y polémica­– de tres etapas fundamentales de ésta corriente de pensamiento: En primer lugar, i) El origen, ubicados en el siglo XIX daremos una mirada rápida al surgimiento de esta tradición de pensamiento. En segundo término, ii) se revisará el surgimiento de La Nueva Antropología Física [1], vista como el tránsito de una técnica científica hacia la profesionalización y consolidación de una disciplina científica. Por último, iii) El Auge de La  Antropología Biológica, el momento actual de esta perspectiva que destaca como horizonte epistemológico para el estudio integral de la evolución humana. Es importante señalar que aun cuando algunas líneas de estudio de la antropología física no requieren de la utilización de la teoría evolutiva como marco teórico no se puede soslayar su indispensabilidad como una herramienta crucial en el estudio de la variabilidad y del comportamiento humano.

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Los primeros estudios enfocados desde la antropología física fueron realizados con una perspectiva puramente descriptiva. Se llevaron a cabo mediciones y observaciones que establecieron las diferencias morfológicas, conductuales, e incluso, intelectuales de los diferentes grupos humanos. Cabe destacar que dichas diferencias siempre tuvieron al hombre caucásico como ideal y como punto de referencia. Esta forma de comprender la diversidad humana fue parte de la herencia de un pensamiento tipológico en el cual la descripción precisa de los rasgos constitutivos de los seres vivos era fundamental para su ulterior clasificación; en donde el hombre blanco se acercaba indiscutiblemente, y por encima de las demás poblaciones, a ese tipo idealizado. En este contexto puede hablarse de un interés raciológico de la naciente antropología física. Es decir, el objetivo principal del estudio de las diferencias individuales tenía un claro enfoque jerárquico que justificaba el trato diferencial de las personas según su condición étnica. Es curioso que coincidentemente con la aparición de este tipo de estudios durante el siglo XIX aparecieran también los primeros restos fósiles –probablemente ancestrales a la especie humana. No obstante tendrían que pasar algunos años para que estas ideas tuvieran cabida en el ámbito científico.  Dicho de otra manera, la aparición de restos fósiles como el famoso espécimen neandertal del Valle de Neander no se consideró en ese momento un ancestro de los humanos, sino simplemente un ser humano antiguo; probablemente un Cosaco perdido en las inmediaciones del Rio Rhin.

Así, esta primera etapa de la antropología física es importante porque da lugar a su consolidación, sin embargo,  es necesario señalar el sesgo ideológico de su práctica, la limitación de sus técnicas de análisis y el escaso aporte teórico de su quehacer. Con este breve recuento podemos establecer un periodo enfáticamente interesado en la taxonomía de las poblaciones humanas.

Sherwood L. Washburn (1911-2000)

La segunda fase fundamental en este escueto recorrido histórico es el de La Nueva Antropología Física [1]. Sherwood Washburn considerado por algunos como el padre de la antropología física –al menos en Estados Unidos– es el personaje que marca un antes y un después en esta tradición epistemológica. Este importante investigador tuvo la claridad para proponer un estudio integral del ser humano. Son tres elementos los que sobresalen. Su estrecha relación con algunos de los más importantes investigadores involucrados en el pensamiento evolucionista –como Mayr y Dobzhchansky­–, de la primera mitad del siglo XX, le permitieron visualizar la importancia de este enfoque para el estudio de la evolución humana. Es clara la influencia de la Síntesis Moderna en el pensamiento de Washburn y en esta propuesta de una nueva manera de hacer antropología. Por otra parte, su mentor Ernest Albert Hooton, le mostró la pertinencia de estudiar a los primates no humanos como una ventana para el estudio de los seres humanos; la observación del comportamiento primate era básico para comprender la conducta humana. Por último, su formación fuertemente involucrada con la perspectiva antropológica llevaron a la sugerencia de incorporar las cuatro disciplinas antropológicas en el análisis del proceso de humanización. Es decir, la incorporación de la etnología, la lingüística, la arqueología y el estudio físico del hombre [1] como requisito para una comprensión adecuada de este proceso de la historia natural.

El cambio de enfoque entonces perpetrado por Washburn, de una simple técnica de análisis a una disciplina científica con presupuestos y asunciones teóricas propias, dio lugar al nacimiento de La Nueva Antropología Física. Además del rompimiento con la primera fase de la antropología física –sobre todo en términos técnicos y teórico-metodológicos­– otro elemento a destacar en este marco tiene que ver con la herencia académica de Washburn. Kelly y Sussman [2] realizaron un análisis genealógico de los primatológos de campo de los Estados Unidos y encontraron que, de alguna u otra manera, todos son herederos de la escuela Washburiana de antropología y más concretamente de primatología.

Por último, daremos lugar a una mirada actual de la antropología física. Siguiendo algunas directrices de pensamiento modernas, como la de Agustín Fuentes, es necesario repensar el marco teórico necesario para el estudio de la variabilidad biológica y del comportamiento humano; particularmente de su evolución y desarrollo. En un trabajo reciente Fuentes [3] llama a la formulación de una ‘nueva síntesis’ de la síntesis. Es decir, no basta con darle un sentido evolutivo al estudio de las poblaciones humanas restringidas al marco explicativo del neodarwinismo.

9780078117008Particularmente para el estudio de la cultura y su evolución se requieren de herramientas epistémicas complementarias para dar cuenta de los diversos procesos complejos de los humanos. Herramientas conceptuales procedentes de la biología evolutiva del desarrollo (evo-devo) tales como: herencia epigenética o construcción de nicho; o propuestas desde la psicología del desarrollo como la Teoría de Sistemas en Desarrollo muestran un poder explicativo más eficaz que la perspectiva panseleccionista. En ese sentido, el llamado de Fuentes a una reorientación de enfoque se inserta en el terreno de la discusión filosófica de un cambio de paradigma en el estudio de la evolución humana y de la antropología física. El debate se articula  justamente en este tenor: mientras que para algunos esta nueva visión no representa sino el complemento necesario para robustecer el marco seleccionista, en donde la importancia de los genes marca la diferencia. Para otros, en cambio, esta integración de nuevas categorías, como las antes mencionadas, representa efectivamente un rompimiento epistémico y metodológico.

Con ello en mente, se puede considerar esta tercera fase fundamental de la antropología física  -en mi opinión- como el surgimiento verdadero de la Antropología Biológica. En otras palabras, estamos ante una ciencia social en donde se debaten y articulan los constituyentes biológicos y culturales de nuestra especie. Esta última oración quizá sea desafortunada para el marco que quiere presentarse aquí; es decir, uno de los principales aportes de una perspectiva bioantropológica, como la que aquí se ha intentado esbozar con algunos trazos, estaría por diluir aquellas explicaciones que asumen una dicotomía ontológica entre naturaleza y cultura. Es eso lo que se pretende mostrar, no obstante las limitaciones del lenguaje, al menos en mí caso, me impiden expresarme de una manera más adecuada.

Termino señalando mi compromiso total con una antropología física o biológica incluyente, reflexiva y comprometida con su objeto de estudio. Considero necesario el debate en estos términos de nuestra disciplina. Y tal como cerrara Washburn en su clásico artículo de 1951 concluyo citándolo:

“No hay nada que hagamos hoy que no se hará mejor mañana” [1].

Referencias

[1] Washburn, S.L. (1951). “The New Physical Anthropology”. Tranastions of the New York Academy of Sciences. ser. 2. vol.13, p. 298-304.

[2] Kelly, E. y R. Sussman (2007). “An Academic Genealogy on the History of American Field Primatologists”. American Joornal of Physical Anthropology. vol 132. no. 3, p. 406-425.

[3] Fuentes, A. (2009). “A New Synthesis”. Anthropology Today. vol. 25. no. 3, p. 12-17.

 

CEREBRUM ITAQUE CONDUCTA

CEREBRUM ITAQUE CONDUCTA

Raúl Gutiérrez Lombardo

Darwin (1809-1882)
Darwin (1809-1882)

Uno de los comentarios más interesantes de Charles Darwin sobre la naturaleza humana lo constituye, sin duda, el que escribió en su Cuaderno de Notas C (1838).

En este cuaderno, Darwin señala que es nuestra maquinaria mental lo que nos hace diferentes del resto de los animales, “éste es un reemplazo de la maquinaria mental”, utilizando sus propias palabras. Y, con el desarrollo de las neurociencias, hemos descubierto que, en efecto, Darwin tenía razón, pues los humanos tenemos ciertos rasgos mentales únicos; los valores éticos y estéticos, entre ellos. Pero, ¿cuál es el significado de nuestra tendencia a valorar lo justo de lo injusto y lo bello de lo feo de la vida?

En este trabajo voy a intentar contestar esa pregunta que, en realidad, no es otra cosa que aportar más datos a la famosa opinión de Thomas Huxley (Oxford, 1882) de que somos los únicos monos preocupados constantemente en averiguar qué clase de monos somos, o, dicho en términos técnicos: de explicar nuestra conducta.

Dada la complejidad de este problema, existen diferentes posturas filosóficas para el abordaje de su estudio, que, por razones de tiempo, no me voy a detener en ellas, pero sí mencionaré que por lo menos podemos reconocer tres grandes corrientes de pensamiento, evolucionistas las tres, que han intentado explicarlo sobre bases científicas. En primer lugar, está la llamada explicación adaptacionista, cuya idea principal, de acuerdo con autores como Antonio Diéguez (2011), es que en lo que toca a las capacidades cognitivas en los animales y en los seres humanos, éstas son un rasgo fenotípico que puede explicarse como una adaptación al medio, siendo, por tanto, el resultado de la selección natural; en segundo lugar, está la llamada explicación ex-adaptacionista, de acuerdo con la cual, las capacidades cognitivas en los seres vivos que las poseen serían un producto de la evolución, pero un producto derivado, es decir, no serían una adaptación a determinada presión del medio, sino un rasgo neutro que no se fijó para un uso específico, y, finalmente, la que podríamos llamar explicación trans- formacionista, que implica, desde luego, también la adaptación al medio, pero por la manipulación tecnológica del ambiente.

¿Soy un mono? de J. AyalaEn mi caso, voy a decantar por la tercera opción y no sólo porque siempre he estado convencido que en los seres humanos la evolución biológica se ha, como dice Francisco Ayala en su libro ¿Soy un mono? (2011), trascendido a sí misma produciendo un nuevo modo de evolución, la evolución cultural, sino porque el desarrollo actual de la neurobiología ha aportado nuevas respuestas a este respecto que así lo confirman.

¿Y por qué digo que ahora contamos con nuevas respuestas provenientes del campo de la neurobiología? Pues porque ahora sabemos mucho más acerca de los rasgos que nos distinguen del resto de los monos, como es no sólo el hecho de contar con un cerebro de mayor tamaño, sino por saber, por ejemplo, el índice de evolución de algunos genes, como los que están implicados en nuestro lenguaje.

Entonces, ¿qué nos hace ser tan diferentes del resto de los monos? ¿Nuestro cerebro? Sí, nuestro cerebro, y sobre todo su ran producto, nuestra cultura. Esa extraña carpa, como dice Francisco Mora en su libro Neurocultura (2007), que cubre a los seres humanos que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualquier otra capacidad y hábito adquirido en tanto que miembro de una determinada sociedad y transmitido de generación en generación.

Para este autor, está claro que las culturas no nacen de pronto como producto de un acuerdo intencionado o consciente llevado a cabo por un grupo de seres humanos. Nadie, sostiene, ha decidido nunca de modo consciente, crear cultura. Las culturas son un continuum, son productos sucesivos creados por grupos de seres humanos que han obedecido, primero, a las reglas impuestas por sus genes y, luego, a esa obediencia que persigue salvaguardar la supervivencia del individuo y de la especie. Tampoco, indica este autor, en su origen, las culturas arrancaron sin un antes y un después. Podría quizá pensarse que las primeras culturas nacieron con el origen del hombre de aspecto moderno, aquel que apareció hace unos 100,000 años, tiempo en el que, al parecer, cuajó casi definitivamente el proceso evolutivo del cerebro humano y con él se fraguó la argamasa principal de cualquier cultura: el lenguaje. No, no fue exactamente así. La cultura humana tuvo un origen y ha tenido un proceso de evolución de por lo menos tres millones de años, pero tras el último periodo de su proceso evolutivo, hace apenas entre 60,000 y 30,000 años, hubo una explosión que fue el verdadero amanecer de la cultura humana. Tal vez ese remplazo de la maquinaria mental del que hablaba Darwin.

Grabados Ocre Cueva de Blombos300
Grabados Ocre Cueva de Blombos (Sudáfrica, 76.000 años de antigüedad)

La discusión acerca del origen de los seres humanos nos dice, independientemente de cuántas especies y cuándo salieron de África, cuna de la humanidad, que tras millones de años de evolución, una de esas especies dio lugar al Homo sapiens, y la clave para entender ese proceso fue el desarrollo de su cerebro y con él el de la cultura y el lenguaje propiamente humanos. Esto ocurrió con la aparición de las primeras manifestaciones artísticas y la conciencia de sí mismo que produjeron el llamado pensamiento simbólico, que viene marcado por la última gran transformación del cerebro. Esta transformación consistió en un refinamiento de las asimetrías entre los hemicerebros izquierdo y derecho y, consecuentemente, un refinamiento en las especializaciones funcionales de cada mitad del mismo.

Pero, ¿qué no habíamos señalado al principio que lo que nos distingue del resto de los monos es que tenemos ciertos rasgos mentales únicos, o conductuales para ser más exactos, como los valores éticos?

Francisco Mora afirma que este es precisamente el núcleo de la cuestión, pues no obstante que la conducta moral humana es un producto del devenir de los mecanismos emocionales y sociales desarrollados por los antropoi- des primero, y por los homínidos después, la ética humana tiene un grado de complejidad, tal como señala Antonio Damasio, que la hace sólo humana. El refinamiento es humano y los códigos (cerebrales) por los que expresamos nuestra conducta ética son humanos.

NIA_human_brain_drawing400¿Qué conocemos hoy, se pregunta Mora, de la ética y el cerebro? Para empezar, sabemos que el cerebro no parece contener centros ni circuitos neuraíes <éticos o morales>, es decir, módulos cuyo funcionamiento esté dedicado, en exclusiva, a producir los pensamientos y la conducta ética. La conducta moral es la elaboración mental de un producto que requiere de la participación de múltiples sistemas neuronales ampliamente distribuidos en el cerebro y que unas veces elaboran conductas <morales> y, otras, distintos tipos de conductas. La elaboración de un razonamiento o juicio moral, y su consecuencia en la conducta, requiere la actividad de ciertos circuitos neuraíes en un reclutamiento que sigue patrones de tiempo y en el que participan muchas y diferentes áreas del cerebro, desde el sistema límbico con las emociones, la memoria en contextos específicos (hipocampo y corteza cerebral), hasta las áreas de asociación de la corteza prefrontal, con la toma de decisiones, la responsabilidad y la propia y final cognición moral.

Fragmentos de la ponencia presentada en 18 de agosto en el Congreso “¿Naturalizarla Cultura?” del Instituto Nacional de Antropología c Historia en Taxco, Guerrero.

 

Ciencia, ¿para qué? Una cuestión filosófica.

Ciencia, ¿para qué? Una cuestión filosófica.

Miguel A. Quintanilla Fisac (1)

Miguel A. Quintanilla (Segovia 1945)
Miguel A. Quintanilla (Segovia 1945)

Aunque es siempre arriesgado generalizar, quisiera empezar estas reflexiones lanzando una enorme generalización. En buena parte de la filosofía de nuestro tiempo, especialmente en el contexto cultural iberoamericano, predomina una actitud de irresponsabilidad. Los filósofos nos atrevemos a cuestionarlo todo porque estamos convencidos de la inanidad de nuestra crítica, podemos ponerlo todo en cuestión porque nadie nos va a pedir cuentas por ello. No es que nos neguemos a responder por las consecuencias de nuestros actos o de nuestras ideas, es que estamos convencidos de que no tienen consecuencias. Lo peor es que parece que nos sentimos cómodos y alegres con esta situación.

Quisiera en estas páginas hacer un ejercicio de responsabilidad filosófica y un llamamiento a asumir responsabilidades a propósito de una cuestión importante: la justificación de la ciencia. Quiero reivindicar que la cuestión “¿ciencia para qué?” trata, en efecto, de un asunto importante, que tiene un carácter filosófico y que debemos afrontar con responsabilidad. Deseo además, de esta forma, rendir homenaje a algunos de nuestros filósofos clásicos, como Mario Bunge, que siempre se ha mantenido fiel a su compromiso con la filosofía científica , y a otros colegas de mi generación que nunca abandonaron lo esencial de un programa filosófico orientado por la ciencia.

Empezaremos con una apuesta. Si salimos ahora mismo a la calle y preguntamos a un conjunto aleatorio de ciudadanos qué opinan acerca de la ciencia, es seguro que nos dirán que es muy importante, porque nos ayuda a curar enfermedades y a mejorar nuestro bienestar. La ciencia nos hace felices. Si preguntamos un poco más, también reconocerán que la ciencia crea problemas (la bomba atómica era hace unas décadas el peligro mayor de la ciencia, ahora es la contaminación y el cambio climático) y por otra parte ayuda a solucionarlos. Finalmente, si seguimos preguntando reconocerán que la ciencia es más buena que mala, pero en todo caso insuficiente. De forma muy simplificada, este es el perfil promedio de las actitudes de la población ante la ciencia, tal como se reflejan en las múltiples encuestas de opinión y estudios publicados sobre estos temas (2). No voy a entrar aquí en el análisis de las limitaciones de estas encuestas. Lo que quiero es resaltar un rasgo importante. La visión de la ciencia que parecen tener los ciudadanos es coherente, al menos con una posición ideológica bastante extendida entre los especialistas; la ciencia tiene ante todo un interés pragmático, utilitario, y aunque también goza de un prestigio social considerable, éste parece ser una consecuencia de aquél. Esta visión de la ciencia tiene consecuencias evidentes, tanto en la esfera de la política científica como en la propia actividad científica y su representación interna.

Mario Bunge (Buenos Aires, 1919)
Mario Bunge (Buenos Aires, 1919)

En la política científica, la visión pragmática (que no pragmatista) se traduce en la reducción de las decisiones de política científica a su dimensión de política económica. Para un economista, la ciencia y la tecnología son variables exógenas que, cuando se introducen en la función de producción, explican una parte de la variación de los resultados del proceso: mejoran o empeoran la productividad. Tienen el mismo valor que una buena cosecha, un accidente de circulación o la suerte en el casino.

Desde el punto de vista de la representación interna de la ciencia, esta visión estándar tiene también efectos importantes: sólo se valora la investigación aplicada y la innovación tecnológica, y se menosprecia (o se distorsiona) todo aquello que realmente hace posible el progreso del conocimiento científico.

Los filósofos creo que hace tiempo que hemos desistido de participar en la pelea. Desde que nos vimos obligados a abandonar los dogmas del positivismo parece que hemos decidido declararnos cómodamente asentados en un suave relativismo. No renunciamos al valor epistémico del conocimiento científico, pero siempre conscientes de que se trata de un valor “interno”, referido a nuestros propios marcos conceptuales, no a esa realidad en sí que nuestros padres ilustrados soñaban con haber descubierto. No renunciamos al valor de una bella teoría o de un gran descubrimiento, pero estamos bien dispuestos a medirlos por el mismo rasero que el valor estético de una construcción poética. Después de muchos y acalorados debates hemos logrado que la visión filosófica del valor de la ciencia sea compatible con la aceptación de que la ciencia, por sí misma, no tiene valor.

¿Qué es lo que nos falta?

Platón ( 427-347 a. C.)
Platón ( 427-347 a. C.)

Bueno, en cierto modo, nos hace falta un poco de Platón o, mejor aún, algo de la herencia (aristotélica) de Platón. La ciencia, en la tradición filosófica de la Grecia clásica, es el conocimiento seguro, fiable y verdadero. No hay ciencia si no hay verdad. El valor filosófico fundamental de la ciencia es inseparable de la aspiración al conocimiento verdadero. Cierto que ahora sabemos que la verdad absoluta soñada por algunos filósofos con inclinaciones teológicas no es accesible, ni siquiera posible, aunque eso no debe hacernos olvidar que sin aspirar a la verdad, aunque sea parcial y tentativa, no es posible la ciencia. Aceptemos que Kuhn y Feyerabend nos ayudaron a despertar del sueño dogmático del positivismo, pero eso no nos obliga a seguir sus pasos hasta la banalidad del relativismo posmoderno.

Es cierto que la ciencia y la tecnología, o lo que algunos llaman tecnociencia: están muy intrincadas en nuestro tiempo. Aun así, los valores tecnológicos de eficacia, eficiencia, utilidad y fiabilidad no pueden sustituir a los de verdad, capacidad explicativa u objetividad, característicos del conocimiento científico.

Es cierto también que las decisiones sobre asuntos científicos y tecnológicos tienen que tomar en consideración todos los aspectos: económicos, políticos, sociales, tecnológicos, empresariales, e incluso estéticos, publicitarios, de oportunidad, y demás. No obstante, una decisión sobre un proyecto científico se toma a sabiendas de que el proyecto responde a una teoría demostradamente falsa o a datos empíricos erróneos, se está cometiendo un fraude. Los valores epistémicos no son los únicos a tomar en consideración, pero marcan los límites a todos los demás en las decisiones sobre temas científicos.

Visión pragmática de la ciencia y retraso tecnológico

Quiero ahora formular una hipótesis sobre la cultura científica. El predominio de una visión pragmática, utilitaria y relativista de la ciencia en una sociedad puede impedir o al menos retrasar su desarrollo científico y tecnológico (3). Parece paradójico, pero es plausible. En alguna medida podría esperarse que una visión pragmática, utilitaria y en cierto modo también relativista de la ciencia constituiría una ventaja para el desarrollo de la cultura científica y de sus aplicaciones para el bienestar de los ciudadanos. De hecho, en la política científica y tecnológica actual, en prácticamente todos los países, se plantea como un objetivo indiscutible, no tanto o no sólo el desarrollo del conocimiento, sino fundamentalmente el apoyo a la innovación. Esto quiere decir que el objetivo principal de las políticas científicas es fomentar la transferencia del conocimiento al sistema productivo, creando riqueza a partir del conocimiento. Esta visión pragmática y utilitarista del conocimiento científico es justo lo que se espera que tenga éxito. El problema está en que la naturaleza del conocimiento científico y su relación con la innovación no se corresponde con esas expectativas.

Hay muchas formas de potenciar la innovación: adquiriendo maquinaria nueva, incorporando conocimientos empíricos, aprovechando la experiencia de productores o consumidores, mejorando la organización de la producción, introduciendo nuevos reclamos publicitarios o diseños estéticos en nuestros productos. Todas estas son modalidades de la innovación de valor económico que no tienen nada que ver con el conocimiento científico ni con la innovación tecnológica. Ésta consiste en producir nuevos productos o introducir en la producción nuevos procesos basados en conocimientos nuevos, adquiridos a partir de la investigación científica. La innovación tecnológica es siempre, en último término, un resultado de la ciencia. Dicho de otra forma, el conocimiento científico es la fuente principal de la innovación tecnológica, y esta es el factor principal de mejora de la competitividad y la productividad económica, y también del bienestar social.

Es posible que una visión pragmática de la ciencia favorezca a corto plazo el desarrollo tecnológico, pero sin una cultura comprometida con el valor intrínseco de la ciencia, como fuente de conocimiento objetivo y novedoso, será difícil mantener viva la fuente principal de la innovación.

La agenda europea de política científica.

Estos temas no son meras especulaciones teóricas. Por el contrario, están en la agenda cotidiana de la política científica, Hace unos años, la Unión Europea encargó un estudio sobre el sistema de innovación en Europa y en él se acuñó la expresión “la paradoja europea” . Ésta consiste en que, a pesar de que Europa tiene una actividad científica académica, notable y de primer nivel mundial, parece incapaz de obtener de esa actividad una adecuada repercusión en la competitividad de su economía a través de la innovación (4). Para resolver esta paradoja se hicieron recomendaciones de incrementar el esfuerzo político y económico, potenciando no sólo la producción de conocimientos nuevos, sino sobre todo su transferencia al sistema productivo: la innovación. Casi veinte años después, seguimos teniendo el mismo problema. La única diferencia es que ahora hemos conseguido que nuestros investigadores dediquen más tiempo a justificar el interés económico de sus proyectos que a definir el contenido científico de éstos.

No piense el lector que estoy proponiendo una vuelta a la investigación académica “libre” en una torre de marfil, es decir alejada de la realidad social y descomprometida con su entorno. En modo alguno. Lo que sí quiero hacer es reivindicar radicalmente la necesidad de recuperar los valores intrínsecos de la investigación científica, como una exigencia de coherencia con el propio compromiso social de la ciencia. Para poder ser útil socialmente, la ciencia tiene que ser buena. La ciencia más inútil es la ciencia mal hecha. Y para hacer buena ciencia lo que importa no es el valor económico de una teoría o un proyecto, sino su valor epistémico.

Leon Cooper (Nueva York 1930)
Leon Cooper (Nueva York 1930)

No se trata sólo de un problema “especulativo”, sino por completo práctico (valga la paradoja: resulta práctico no instaurar lo práctico como valor principal) y de interés vital. Uno de los físicos más relevantes en el campo de la materia condensada, L. Cooper (2007), escribía hace unos años un precioso artículo sobre este tema. Imaginemos que hace ciento cincuenta años alguien hubiera puesto en marcha un programa de investigación aplicada y de desarrollo tecnológico cuyo objetivo fuera conseguir una tecnología capaz de permitirnos escuchar en el salón de nuestra casa un concierto de música con el mismo nivel de calidad de audición que si estuviéramos en la sala de conciertos. Es fácil imaginar qué tipo de proyecto habría salido de allí; una especie de fonógrafo gigantesco, con toda clase de artilugios mecánicos para producir y transmitir música. Imagínense a Edison concursando a esa convocatoria de proyectos. Podría haber salido cualquier cosa salvo, con toda seguridad, lo que realmente se ha hecho: utilizar la microelectrónica, el láser, la teoría de la comunicación y los algoritmos más avanzados del cálculo numérico para conseguir los sistemas de reproducción, almacenamiento y transmisión de música que tenemos hoy. Ningún proyecto de desarrollo tecnológico podría haber previsto todo eso, porque sencillamente todo eso es el resultado de descubrimientos posteriores de la investigación científica básica, que por definición eran impredecibles hace ciento cincuenta años.

Así pues, no sólo es un error la reducción de la investigación científica básica a valores pragmáticos y económicos, sino que también es un error tratar desde esta perceptiva meramente utilitarista el propio desarrollo tecnológico. Este es dependiente de la ciencia, y la ciencia tiene que ver con el conocimiento y la verdad. Si no reivindicamos una cultura científica en estos términos, se quedará cojo también nuestro compromiso con el desarrollo tecnológico.

Riesgos

Pues bien, creo que esta es precisamente una de las características de la cultura científica que tradicionalmente ha predominado en muchos países iberoamericanos, y sigue siendo uno de los riesgos que corremos en la actualidad. Hay otras culturas que pueden permitirse el lujo de enfatizar la dimensión aplicada y empresarial del desarrollo científico y tecnológico, porque hace ya mucho tiempo que se tomaron en serio el valor de la ciencia para producir nuevos conocimientos verdaderos. Nosotros no deberíamos entusiasmarnos tanto con la innovación tecnológica al punto que nos olvidemos de que su fuente principal es el conocimiento científico. Me atrevo a decir incluso que no deberíamos entregarnos con tanto entusiasmo a derribar el edificio ya obsoleto del positivismo en filosofía de la ciencia sin preocuparnos por construir al mismo tiempo un sólido edificio donde pueda alojarse la búsqueda de la verdad y la objetividad como misión de la ciencia.

Hay dos ámbitos donde se juega el futuro de la ciencia, en la educación y en la comunicación de masas. Creo que los filósofos deberíamos hacer un esfuerzo especial por construir una visón de la ciencia que permitiera trasladar, a través de estos medios, los grandes ideales de la Ilustración, y no sólo los intereses del sistema productivo a corto plazo. Creo que este puede ser un buen ejemplo de ejercicio responsable de la reflexión crítica filosófica en nuestro contexto cultural y en nuestro tiempo.

Ludus

Artículo que se publicará en el n.41 de Ludus Vitalis.

Notas

1 Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, Universidad de Salamanca.

2 En España, la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) lleva desde 2002 publicando los resultados de una encuesta de percepción pública de la ciencia, con análisis y comentarios realizados por especialistas (FECYT, 2011). Para un análisis actualizado de la información disponible a nivel europeo, véase Bauer (2009; 2012).

3 Aquí cabría aludir al famoso “que inventen ellos” de Miguel de Unamuno.

4 “One of Europe’s major weaknesses lies in its inferiority in terms of transforming the results of technological research and skills into innovations and competitive advantages”(European Comission, 1995, p 5).

Referencias

Bauer, Martin W. (2012), Science Culture and Its Indicators. NY: Springer.

Bauer, Martin W. (2009), “The evolution of public understanding of science-discurse and comparative evidence,” Science, Technology & Society 14, 2: 221-240.

Bunge, Mario (2013), La ciencia, su método y su filosofía, Biblioteca Bunge, Pamplona: Laetoli.

Cooper, Leon N. (2007), “The unpaid debt,” Nature Physcs 3 (12): 824-25. doi:10.1038/nphys793.

European Commission (1995), “Green paper on innovation”. European Commission. http://europa.eu/documents/comm/green_papers/pdf/ com95_688_en.pdf.

FECYT (2011), Percepción social de la ciencia y la tecnología en España. Madrid: FECYT.

Echeverría, Javier (2003), La revolución tecnocientífica. Madrid: FCE.

Sanmartín Esplugues, José (2013), El exceso de excluir a la razón. Reflexiones para una historia de la filosofía de la ciencia. Eslabones en el Desarrollo de La Ciencia. México D.F.: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Quintanilla, M. A. (2010), “La ciencia y la cultura científica.” ArtefaCToS: 32-48.

 

El exceso de excluir a la razón. Reflexiones para una historia de la filosofía de la ciencia

El exceso de excluir a la razón. Reflexiones para una historia de la filosofía de la ciencia

Por José Sanmartín Esplugues.

Puedes acceder al libro en PDF aquí o al final del artículo.
Puedes acceder al libro en PDF aquí o al final del artículo.

Y a todas estas, ¿qué pienso yo? Me declaro un naturalista practicante, pero un naturalista sensato. Pienso que la filosofía y, en particular, la filosofía de la ciencia deberían dar acomodo a aquellas áreas del saber y técnicas que pudieran enriquecer su discurso. Tras pasar un cierto tiempo en el instituto creado por Konrad Lorenz en Seewiesen, creo que no sólo sé, sino que tengo, asimismo, la impresión de que jamás pensó que sus desarrollos científicos pudieran suplir la grandeza filosófica de Kant. Todo lo contrario. Lorenz creyó que desde la biología y, en particular, desde la etología humana podía contribuir a que se afianzase una parte débil del pensamiento kantiano: el origen del a priori.

¿Por qué no valernos en filosofía de la ayuda de la ciencia? Estoy firmemente convencido de que hay que hacerlo. Ya he dicho que soy un naturalista sensato, por eso mismo creo en la ayuda, pero no en la sustitución.

Estoy con aquellos filósofos que sostienen que la filosofía ni es ciencia, ni debe aspirar a serlo. Decía Ortega que la filosofía a finales del XIX tuvo un pasajero ataque de modestia y quiso ser una ciencia. Estoy plenamente de acuerdo con Ortega. Quizá convendría matizar lo de “pasajero”, porque, desde los días del Círculo de Viena, ya en el siglo XX, hasta ahora mismo sigue habiendo en filosofía una corriente neopositivista (más o menos descarada) no minoritaria que la ve como un saber (como mucho) adjetivo: adjetivo, repito, no sustantivo. Para esa corriente saberes sustantivos son las ciencias; la filosofía a lo que puede y debe dedicarse es a analizar el lenguaje en el que se expresa la parte lógicamente articulada de tales ciencias: las llamadas “teorías científicas”. También le compete fijar las reglas de la honradez científica que, en el caso del neopositivismo sensu stricto, se reducen, como ya hemos visto en el capítulo 2, a dos mandamientos: sólo admitirás hipótesis (al menos, en principio) empíricamente contrastables e hipótesis ya contrastadas con resultado positivo (verificadas o confirmadas). La contrastación es la piedra de toque.

Thomas Kuhn (1922-1966)
Thomas Kuhn (1922-1966)

Opino que la visión neopositivista de la filosofía de la ciencia es pacata y cicatera. Su reducción al análisis del lenguaje y a las tareas, por un lado, de deslindar entre la ciencia y la pseudociencia, y por otro, de reconstruir lógicamente las teorías científicas y, finalmente, de establecer criterios que permitan elegir racionalmente entre teorías conlleva dejar fuera todo un universo de cuestiones. Aquellas que, precisamente, atiende Kuhn; las que tienen que ver con la práctica científica, con la conducta real y no imagina.da de los científicos. Cabe señalar aquí que pese a que Popper tiene mayor amplitud de miras que el neopositivis.mo, su filosofía sigue siendo alicorta a este respecto.

¿De qué se tiene miedo? ¿De abandonar el cómodo reino de la razón lógica? En este punto me viene a las mientes la frase de Pascal, que parafraseo en la introducción de este libro y que dice, más o menos, que tan necio es excluir la razón como no admitir más que la razón. En cualquier caso, obsérvese que estoy haciendo un uso muy restringido del concepto de razón, algo, por lo demás, muy común en filosofía. He equiparado razón y lógica. Me atrevería a decir (pero lo dejo para otra publicación) que, aun.que en la práctica científica influyan otros factores más allá de la lógica, tal vez la práctica científica no esté en todo momento presidida por la razón lógica, por la razón pura; además, cuando no lo está, es

Ortega y Gasset (1883-1955)
Ortega y Gaseet (1883-1955)

muy probable que tome el timón otro tipo de razón, la denominada por Ortega “razón histórica”. Tampoco habría que perder de vista que son múl.tiples las ciencias que focalizan aspectos parciales de esa práctica, tales como la sociología, la sociología de la ciencia, la sociología de las comunidades científicas, la economía, la psicología, y un largo etcétera. Su ayuda puede serie inesti.mable a la filosofía en sus indagaciones acerca de la ciencia, sin que ello signifique en modo alguno incurrir en círculos viciosos. Resumiendo:

l. ¿Debe ocuparse la filosofía de la ciencia de la existencia, o no, de criterios que permitan distinguir la ciencia de la pseudociencia, y la ciencia mejor de la peor?

Sí, debe ocuparse. Esos criterios existen. Por supuesto que existen. Se empeñen en lo que se empeñen, hay criterios que en forma de reglas (a veces no expresas) permiten elegir racionalmente entre una teoría u otra. ¿Alguien puede decir que no hay medio de elegir racionalmente entre el lamarckismo y el darwinismo? Alguien en su sano juicio, claro está. Me parece increíble que se asevere que no se elige más que por gusto o porque sí. La historia muestra que se elige porque la nueva teoría lleva a resultados que la antigua o antiguas no alcanzan o lo hacen con gran dificultad y complejidad. Que en este proceso se vean verificaciones, falsaciones o cambios de problemas progresivos quizá sea lo de menos. Lo relevante es que hay elementos racionales a los que atenerse en la toma de decisiones. Sostener lo contrario puede llevar a discursos provocadores, con el atractivo que la provocación desde la iconoclasia (en sentido amplio) suele encerrar. Pero discursos, a la postre, excéntricos y con pies de barro.

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2. Además de tales reglas (ya digo, a veces incluso no expresadas), ¿hay otros elementos en torno a los cuales la filosofía de la ciencia deba realizar sus indagaciones?

Por supuesto que los hay. Sin ir más lejos, están los valores (y no únicamente los valores epistémicos de los que nos habla Kuhn) por los que, con cierta flexibilidad, se rige la práxis científica. No todo en la ciencia empieza y acaba con la elección lógicamente racional entre teorías en conflicto. ¿Qué tipo de ciencia se prefiere: una ciencia amable con el medio o depredadora?, ¿qué tipo de actividad científica se prefiere: la sujeta a los intereses del mercado o la tendente a resolver necesidades básicas de la humanidad?, ¿qué clase de ciencia se prefiere: sólo la aplicada o también la básica? Esta y otras cuestiones son de importancia extrema. ¿Irracionales? No, desde luego que no. Quizá no lógicamente racionales, pero históricamente racionales, desde luego. Estas cuestiones y mu.chas otras del mismo tenor, ¿deben quedar fuera de la reflexión filosófica sobre la ciencia? Opino que no. Tal vez sean problemas de historia externa, pero no por eso menos importantes que las cuestiones de la historia interna. Son las dos caras de una misma hoja. Una hoja que, hasta el momento, sólo ha sido considerada en su haz o en su envés, no en su totalidad. Porque así es la filosofía -quizá porque así es el pensamiento humano, dicotómico.

Es obvio que a la hora de responder estas cuestiones de historia externa o interna la filosofía debe hacer uso de las herramientas a su alcance. Lo contrario sería de imbéciles. Eso no significa que la filosofía empiece y acabe con las contribuciones de estas herramientas, entre las que figura en lugar de honor la ciencia. Hay mucho que hacer fuera del reducido ámbito de las contribuciones de la ciencia. Fragmento del capítulo final del libro con el mismo nombre

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Colección Eslabones en el Desarrollo de la Ciencia. Ediciones del CEFPSVLT, México, D. F., octubre de 2013, en prensa.

Fotografia de José Sanmartín albergada en www.esacademic.com

 

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