El interés arqueológico de Vicente Lombardo Toledano

El interés arqueológico de Vicente Lombardo Toledano

Por Emilio García Bonilla

En el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano” se conservan algunas esculturas prehispánicas talladas en piedra, las cuales son parte de la colección arqueológica que reuniera Vicente Lombardo Toledano principalmente en la década de 1920. ¿Qué relación tienen esas piezas arqueológicas con la tesis con la que Lombardo obtuvo el grado de doctor en Filosofía por la Universidad Nacional en 1933?

El interés de Lombardo por la arqueología se expresó desde que fue gobernador de Puebla (1923-1924) al presentar una iniciativa para crear el Museo de Historia, Arqueología y Etnografía, primera institución de este tipo en la entidad, en ese documento argumentaba:

He juzgado que uno de los deberes más altos que tiene el gobierno que en la actualidad tengo la honra de presidir, es el de crear cuanto antes un museo […], considerado, no como un conjunto sin orden ni principio de objetos de estimación más o menos relativa, sino como un sitio que recuerde de un modo dinámico el pasado de nuestro terruño y la importancia que tuvo el espíritu privilegiado de los hombres y los pueblos, […] señalando el camino del porvenir.[1]

Luís Castillo Ledón, director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, respaldó ese proyecto, ofreciendo enviar a Puebla las piezas arqueológicas duplicadas que no estuvieran exhibidas en los salones del Museo Nacional. Ante la solicitud de Lombardo de “vaciados en yeso de los más importantes objetos del Salón de Monolitos”, Castillo Ledón aceptó formar una colección “compuesta de veinte piezas de las más interesantes”.[2] Sin embargo, el proyecto no se logró concretar por el breve tiempo que Lombardo Toledano estuvo al frente del gobierno estatal.

De los constantes viajes que realizaba a la Sierra de Puebla, su tierra natal, surgió el interés por estudiar a los pueblos originarios en esa región con tanta riqueza natural y cultural. Lombardo Toledano había aprendido la lengua náhuatl desde niño y mantenía viejas amistades en la zona, por lo que en los años 20 la recorrió y estudió con la finalidad de sustentar su propuesta pedagógica de que en los primeros años de la educación primaria la enseñanza se impartiera en las lenguas maternas de los niños indígenas, porque un idioma no es un simple medio de comunicación, sino que “toda lengua revela el concepto de la vida que tienen quienes la han forjado y la emplean”.[3] Para ello debía elaborarse una carta lingüística de todo el país identificando con precisión los idiomas hablados en las comunidades indígenas. Lombardo decidió comenzar haciendo la descripción y el análisis de las lenguas habladas en su región natal.

MapaA principios de 1925, Abraham Lucas de Tetela de Ocampo le hizo llegar a Lombardo a petición expresa, “un croquis donde señalo los límites donde se habla el mexicano clásico o sea al que se le pospone la l a la t, señalo donde hablan el que yo entendí me dijo Vd. es el olmeca o sea al que no le posponen la l a la t, y también señalé los pueblos que hablan el totonaco, se entiende pueblos de más significación”.[4] Lombardo señaló que esa información la cotejaría “minuciosamente con los datos que ya tenía […] y creo que podrá resultar de todo una carta lingüística bastante exacta.”[5]

Así, y con base en sus investigaciones, Vicente Lombardo Toledano realizó la carta etnográfica de la Sierra de Puebla, señalando las lenguas habladas en cada zona de la región: el otomí, el totonaco, el mexicano clásico y el olmeca-mexicano. Además, pudo elaborar la carta etnográfica para la misma región pero señalando las lenguas que se hablaban en 1570, cuando ya se había implantado el dominio colonial español. En ambos mapas, Lombardo señaló los sitios donde se habían identificado restos arqueológicos indicativos de que hubo núcleos urbanos prehispánicos, habiéndose confirmado la idea de que la Sierra norte de Puebla fue en su momento una de las regiones más densamente pobladas de Mesoamérica.

Vicente Lombardo Toledano también propuso un mapa señalando las rutas que siguieron las lenguas como resultado de las migraciones de los diferentes grupos humanos que poblaron la región antes de la llegada de los españoles.

Alfonso Caso
Alfonso Caso

Lombardo conoció personalmente los yacimientos prehispánicos de su región natal, zona identificada con el Totonacapan: en compañía de su cuñado Alfonso Caso visitó las ruinas de Yohualichan en Cuetzalan invitados por Ángel Huidobro Flores, dibujando el propio Lombardo el primer croquis del lugar dándolo así a conocer.[6] Asimismo a finales de enero de 1925 emprendió un viaje a Papantla, “con el exclusivo objeto de visitar nuestro Tajín para hacer algunos estudios arqueológicos”, para lo cual fue presentado y recomendado por el diputado Luís G. Márquez con Benjamín de Castro, editor del periódico regional El Tajín, quien además tenía “algunas fotografías del sitio arqueológico de hace algún tiempo, cuando todavía no estaba tan destruido como ahora.” Se le solicitó que lo ayudara “en todo lo que pueda para conseguir algunos datos que desea sobre nuestros totonacos.”[7]

Sus amistades poblanas y veracruzanas contribuyeron a que Lombardo Toledano ampliara sus conocimientos arqueológicos, antropológicos y lingüísticos de la región. Por ejemplo, en agosto de 1926, el ingeniero Emilio Aguirre Muñoz, teziuteco que trabajaba en Veracruz, le prometió que “cuando esté Ud. desocupado le enviaré algunos apuntes de datos arqueológicos que poco a poco voy consiguiendo, de personas que dicen haber visto los lugares.”[8] También en diciembre de ese mismo año un amigo de Hueytamalco le comunicó a Lombardo que le había mandado con Luís López “unos ídolos y una máscara de piedra que espero ya sean en su poder”.[9]

A principios de 1927, el profesor José Guadalupe Pérez Méndez desde Teziutlán envío a Lombardo Toledano tres ídolos prehispánicos: dos en regular estado y uno quebrado, y en el mes de mayo le remitió por ferrocarril “el ídolo en buen estado que fue el que le gustó en Xiutetelco y que no le quisieron dar, habiendo sacado Ud. solamente un dibujo; por tratarse de Ud. tomé todo empeño en conseguirlo para proporcionarle la satisfacción de tenerlo.”[10]

Los resultados de esas investigaciones conformarían su tesis doctoral en Filosofía que fue publicada en 1931 con el título de Geografía de las Lenguas de la Sierra de Puebla con algunas observaciones sobre sus primeros y actuales pobladores.[11] En dicha obra, Lombardo realizó importantes aportes para el conocimiento de esa región, destacando la diferenciación que encontró entre el náhuatl clásico o del imperio (hablado en el norte de la región) y el olmeca-mexicano (hablado en el sur), éste último como una variante del primero, producto de la mezcla de grupos culturales diferenciados. En el olmeca-mexicano la t nunca se antepone ni se pospone a la l, existiendo una clara distinción entre los vocablos de una y otra lengua.

Portada de la Geografía de las Lenguas
Portada de la Geografía de las Lenguas

En la Geografía de las Lenguas, Lombardo Toledano presentó la descripción arqueológica y en algunos casos los croquis de sitios prehispánicos en donde él realizó trabajo de campo: Xiutetelco, Teteles, Chignautla, Poza Larga, Hueytamalco, Ixtacapa, San José Acateno, Santa Emilia, Mecapalco, Amixtlán, Yohualichan, San Agustín Matlatlán, Bienvenido o Ignacio Ramírez, Tilapa, Tlacuilolostoc y Atotocoyan. En muchos de esos sitios, Lombardo fue el primero en investigarlos con interés científico, y la gran mayoría en la actualidad siguen ocultos por la naturaleza. Como reconoció el propio autor: “No soy arqueólogo. Estimo que el valor de mi estudio –si es que lo tiene– es el narrativo, con relación a los lugares descritos, los objetos hallados y las costumbres reveladas. Precisamente es de la región totonaca de la sierra de Puebla, de la zona que hasta hoy se ignora casi todo por los investigadores más autorizados del antiguo Totonacapan”.[12]

Vicente Lombardo Toledano destacó a Xiutetelco como el lugar más importante de la región desde el punto de vista arqueológico. Dibujó por primera vez un croquis señalando sus montículos principales y mencionó que ahí había encontrado los ejemplares más hermosos de la escultura totonaca. La riqueza cultural prehispánica de Xiutetelco reflejada en los constantes descubrimientos es clara cuando Lombardo señaló en su libro que estando él en Teziutlán en 1924 le pidieron que acudiera a presenciar el hallazgo de un sepulcro, el cual describió mencionando que era una cripta recubierta de estuco blanco, verde y rojo.[13]

Además, en su obra, Lombardo Toledano realizó un análisis lingüístico de la etimología de los nombres de los pueblos de la sierra, hizo un estudio antropológico de los totonacos contemporáneos como el núcleo cultural más importante de la región: su historia y migraciones, las variantes de su lengua, sus ocupaciones, habitación, muebles, alimentación, vestido, religión y supersticiones, sus danzas, el carácter de la mujer y el uso medicinal de las plantas.

En suma, la Geografía de las Lenguas de la Sierra de Puebla de Vicente Lombardo Toledano constituye un estudio histórico, lingüístico, etnográfico, arqueológico y antropológico para sustentar una propuesta pedagógica aplicable a todo el país. A más de ochenta años de su publicación, sigue siendo un referente para conocer y comprender el desarrollo cultural de los pueblos de esa región. Para su consulta, se encuentra en el tomo II, volumen 2 de la Obra Histórico-cronológica, editada por el CEFPSVLT, la que constituye la compilación más completa de la obra escrita del ilustre revolucionario mexicano.

[1] VLT, “Iniciativa para crear el Museo de Historia, Arqueología y Etnografía de Puebla”, Boletín del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Puebla, tomo I, núm. 8, Puebla de Zaragoza, 9 de febrero de 1924. En Obra Histórico-cronológica, t. I, vol. 2, México, CEFPSVLT, 1994, pp. 51-54.

[2] Carta de Luís Castillo Ledón a VLT, 14 de febrero de 1924, en Fondo Histórico de la Universidad Obrera de México (FHUOM), Legajo 47.

[3] VLT, Geografía de las Lenguas de la Sierra de Puebla [1931], en Obra Histórico-cronológica, t. II, vol.2, México, CEFPSVLT, 1995, p. 191.

[4] Carta de VLT a Abraham Lucas, 28 de enero de 1925, y Carta de Abraham Lucas a VLT, 4 de febrero de 1925, en FHUOM, Legajo 75.

[5] Carta de VLT a Abraham Lucas, 14 de febrero de 1925, en FHUOM, Legajo 75.

[6] Carlos Romero Giordano, “La zona arqueológica de Yohualichan”, en México Desconocido, octubre de 2014.

[7] Carta de Luís G. Márquez a Benjamín de Castro, 29 de enero de 1925, en FHUOM, Legajo 75.

[8] Carta de Emilio Aguirre Muñoz a VLT, 25 de agosto de 1926, en FHUOM, Legajo 96.

[9] Carta del Sr. Martínez a VLT, 18 de diciembre de 1926, en FHUOM, Legajo 101.

[10] Carta de J. Guadalupe Pérez Méndez, 22 de mayo de 1927, en FHUOM, Legajo 113.

[11] Geografía de las Lenguas en la Sierra de Puebla. En Obra Histórico-cronológica, t. II, vol. 2, México, CEFPSVLT, 1995, pp. 191-282.

[12] Ibid., p. 234

[13] Ibid: p. 209

Vicente Lombardo Toledano. El FILÓSOFO, según palabras de Fernando Salmerón Roiz

Vicente Lombardo Toledano.
El FILÓSOFO, según palabras de Fernando Salmerón Roiz.

Por Javier Arias Velázquez, Coordinador de Servicios Bibliotecarios.

La biblioteca del Centro de Estudios Vicente Lombardo Toledano posee la “Sala Fernando Salmerón” que concentra el acervo sobre ética e historia de la filosofía de la institución.

En ella podemos encontrar lo que el ilustre educador y filósofo mexicano, al referirse a Vicente Lombardo Toledano en su estudio sobre la historia de la filosofía en México, apunta:

Fernando Salmerón“En toda su obra, como el libro Causas de la elevación del espíritu humano, sobrevive la confianza de que en el socialismo se afirma una convicción moral de filiación humanista y de que las revoluciones todas son siempre la exaltación de los valores espirituales y la elevación de la personalidad humana en todos sus aspectos.

La defensa permanente de este “nuevo humanismo”, sin embargo, no le hace ceder en los puntos doctrinales del marxismo – “principios básicos del materialismo dialéctico” – tal como los ofrece en sus lecciones, lo mismo ante estudiantes, que ante obreros. En el libro La filosofía y el proletariado, de 1962, por ejemplo, Lombardo discute cuestiones ideológicas que atañen a la clase obrera de México, a propósito de las tesis de la Iglesia sobre un orden socialcristiano. Y al tratar el pensamiento católico contemporáneo, Lombardo, que sigue de cerca a Garaudy en la exposición, coloca a Teilhard de Chardin en la tradición del pensamiento utópico, porque no cuenta con la realidad de la lucha de clases, y critica su esfuerzo de unir el progreso general de la naturaleza a la transformación del hombre, porque da a su pensamiento el sentido de la creación.

El otro estudio de Lombardo que no puede dejar de ser anotado se titula Las corrientes filosóficas en la historia de México. Tiene el interés de ser la primera historia de las ideas que, sin dejar de tocar cada uno de los periodos del desarrollo del país, es entendida desde el punto de vista marxista. Y si se tiene en cuenta su brevedad hay que reconocer que es difícilmente superable – aunque se pueda discrepar de algunas de sus afirmaciones filosóficas. Lombardo distingue entre la “filosofía docente” y la “filosofía que influye en la vida del país”, y dice que la primera sólo tiene importancia pedagógica, pero en su exposición se ocupa de ambas por igual, si bien señala las fronteras de cada una. Además, como ve el origen de la ideología mexicana en la conquista y el mestizaje, acaba por reconocer un rasgo peculiar de todo este pensamiento mexicano en el hecho de haber matizado lo ajeno con el espíritu local, convirtiendo así la cultura universal en la cultura nacional propia”.

Tomado de: SALMERON, Fernando. Filosofía e historia de las ideas en México y América Latina. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, 2007. Págs. 115 – 116.

Link de la biblioteca del Centro de Estudios Lombardo Toledano http://200.78.223.179:8388/LOMB
Correo electrónico: bibliolomb@hotmail.com

Este 16 de julio se celebra CXXII aniversario del natalicio de Vicente Lombardo Toledano. Natural de Teziutlán (Puebla), Lombardo fue un destacado intelectual, líder sindical y dirigente político. Fue diputado federal en las legislaturas: XXXI (1924-1926) y XXXII (1926-1928) por el Partido Laborista Mexicano, y XLVI (1964-1967) por el Partido Popular Socialista. También destacó por su dedicación a cuestiones filosóficas, publicando varios libros que se añaden a su extensa obra y que se pueden encontrar en la obra histórico-cronológica editada y publicada por el Centro Lombardo. También mostró siempre un gran interés por el arte y las humanidades en general, lo que le llevó a tener amistades tales como las de Diego Rivera, Pablo Neruda o Picasso. Con motivo del centenario de su natalicio, en 1994 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores, y su nombre fue inscrito con letras de oro en el muro de honor de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Aprovechamos la ocasión para invitarles a la presentación online y presencial del Suplemento del Tomo VI de la Obra Histórico-Cronológica con las entrevistas realizadas a Vicente Lombardo por Edna Monzón de Wilkie y James W. Wilkie. Para asistir online sólo es necesario acceder a la página de inicio de la web: http://www.centrolombardo.edu.mx/, y para asistir al evento puede dirigirse a la siguiente dirección: Calle Vicente Lombardo Toledano núm. 51, México, D.F. 01050, Guadalupe Chimalistac, Deleg. Álvaro Obregón, tel: 5661 4679.

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Introducción del libro Lombardo y su influencia en la vida política de México

Introducción del libro Lombardo y su influencia en la vida política de México

Por considerarlo de interés, reproducimos las Introducción del libro “Lombardo y su influencia en la vida política de México”, que fue presentado en la XXXVI Feria Internacional del libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México, el 28 de febrero de 2015.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

INTRODUCCIÓN.

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Esta investigación tiene el propósito de dilucidar si el doctor Vicente Lombardo Toledano y sus ideas, sustentadas en la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, influyeron en el devenir de México, en sus transformaciones económicas, políticas y sociales durante la última mitad del Siglo XX y lo que va del XXI, en especial por cuanto a la actividad que el pensador político y brillante polemista desarrolló en el frente parlamentario y el trabajo que desplegaron, en esa misma palestra, sus discípulos y compañeros, considerando que la Tribuna del Congreso, por sí misma y por las repercusiones que puede alcanzar, constituye una arena fundamental para la batalla de las ideas. Y en caso de que la respuesta sea afirmativa, en qué contexto y en qué medida lo hicieron.

Por cuanto al periodo que comprende la investigación, se ajusta al que va de 1948, año en que surge el Partido Popular a la vida pública, a 1994, último en que participa en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, aunque también se establece el entorno histórico y se reflexiona sobre lo sucedido antes y después de las fechas señaladas.

La estructura de este trabajo está organizada en cuatro capítulos. El primero se dedica al análisis de las ideas de Lombardo Toledano sobre la política en general y, en particular, sobre la política revolucionaria entendida como “la ciencia de la transformación de la realidad de manera progresiva, la disciplina que interpreta la realidad cambiante para hacerla mejor”[1], como el propio dirigente la definiera. En el mismo capítulo se analizan asimismo, a la luz de la filosofía marxista, las concepciones que el fundador de la Confederación de Trabajadores de México y del Partido Popular enarboló respecto del objetivo inmediato que los luchadores revolucionarios deberían proponerse en México y sobre la estrategia y la táctica idóneas para transformar nuestra realidad en una superior, confrontando sus enfoques con los de organizaciones y líderes que, asumiéndose también como marxistas, sin embargo diferían de manera profunda respecto de las que sostuvo Lombardo. Se examinan también el programa y los instrumentos para la liberación de nuestro país respecto del imperialismo, apartado que incluye la función que, de acuerdo con su fundador, correspondería al partido político de referencia, mismo que, dentro del lapso 1948-1994, tuvo dos nombres: primero, Partido Popular, y más tarde Partido Popular Socialista.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Daniel Solorio Ramírez, Belisario Aguilar Olvera. Presentación de Libro LOMBARDO Y SU INFLUENCIA EN LA VIDA POLÍTICA DE MÉXICO. FILPM XXXVI.
Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Daniel Solorio Ramírez, Belisario Aguilar Olvera. Presentación de Libro LOMBARDO Y SU INFLUENCIA EN LA VIDA POLÍTICA DE MÉXICO. FILPM XXXVI.

El segundo capítulo se dedica al tema de la estructura económica de la sociedad mexicana a mediados del siglo XX. En él se abordan las concepciones del político y pensador revolucionario sobre la vía para desarrollar las fuerzas productivas nacionales con independencia y progreso social, confrontando sus ideas con las que impulsaban los ideólogos del capital transnacional y la burguesía interna ligada a éste. Asimismo, se evidencian el origen y las causas de la intervención estatal mexicana en el ámbito de la economía. Se examina este intervencionismo y se comprueba que su naturaleza no es semejante, sino inversa al que postuló el célebre economista británico John Maynard Keynes. También se aborda, como cuestión ilustrativa, la estrategia obrera que condujo a la nacionalización petrolera.

En este mismo capítulo se analiza el carácter contradictorio que tuvo la evolución de nuestra economía por cuanto a la participación en ella del Estado, que tuvo una tendencia intervencionista durante décadas dominante, y se aspira a dilucidar cuál fue la influencia de Lombardo y sus ideas en esa tendencia que se expresó, entre otros hechos, en la nacionalización de ramas fundamentales de la economía nacional y de empresas relevantes; se examina, entre otros, el caso de la Industria eléctrica. Además, se aborda con amplitud la trascendente iniciativa de Lombardo para adicionar la Constitución con un nuevo capítulo en materia económica, y se da seguimiento a la evolución del debate que se produjo sobre ésta en el seno del Parlamento y fuera del mismo.

Cúpula del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. El Maestro, obra de Orozco.
Cúpula del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. El Maestro, obra de Orozco.

El mismo capítulo se propone hacer evidentes las principales tendencias económicas a partir de la década de los setentas, y su coincidencia con el momento histórico en que se agudiza el debate teórico y político sobre el camino económico de México, iniciado por Lombardo. Con ese objetivo, se analizan las tendencias en materia de inversión pública y privada, inversión extranjera directa y deuda externa. También se examina la cuestión de la nacionalización de la banca, decretada por el gobierno de José López Portillo en 1982, y las secuelas que tuvo. Se estudia la etapa posterior en que se abandona la vía de la intervención del Estado, a partir de 1983, con la Reforma económica de Miguel de la Madrid, y, dentro de ésta, se dilucidan los conceptos de Rectoría del Estado, Renovación moral y Planeación económica. Igualmente, se analiza la privatización de la banca, puesta en marcha en el sexenio delamadridista, primero de manera furtiva, cuando apenas habían transcurrido dos meses del momento en que se decretó su nacionalización, y más tarde ya con descaro. El capítulo se ocupa también del proceso general de privatizaciones que arrancó entonces, y se aborda el asunto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN.

En todos estos asuntos, como ya se dijo, se tiene como objetivo dilucidar y documentar la influencia del maestro Lombardo Toledano y su partido en los cambios registrados, a partir de su actividad sobre todo en el frente parlamentario.

El tercer capítulo se ocupa de la superestructura política y examina cuestiones vinculadas con la democracia política; la Reforma del Estado y los Poderes de la Unión, entre otros. Dado que en las últimas décadas se puso de moda hablar de un supuesto tránsito de un régimen autoritario a la democracia en México, cuyo periodo de realización coincide con la puesta en marcha del neoliberalismo, que es intensamente antidemocrático, se emprende el análisis de éste, empezando por enmarcarlo conceptualmente y, además, se le pone en su contexto histórico y social, buscando desentrañar los nexos que existen entre lo que sucede en el ámbito de la política contemporánea y las luchas que libró nuestro pueblo en el pasado, destacando asimismo los vínculos de la política con la economía y con los ámbitos jurídico y social.

También se analizan, a la luz de las concepciones de Lombardo Toledano, las principales participaciones que los parlamentarios lombardistas sostuvieron a lo largo de catorce legislaturas de la Cámara de Diputados y, en el Senado de la República, en dos, con respecto de asuntos vinculados con la democracia y los derechos ciudadanos; con los procesos electorales; con los partidos y el sistema de partidos y con el sistema de representación. De igual manera, los que ligan la vida democrática con el derecho a la información y los relacionados con la reforma del Estado. Temas como el federalismo y la organización municipal; la seguridad nacional; los atributos y funciones de los Poderes de la Unión y las relaciones que vinculan entre ellos a dichos Poderes. Además, cuestiones como la soberanía nacional y la soberanía popular en sus distintos aspectos: soberanía económica, política, energética, alimentaria, y los vínculos de aquélla con la identidad cultural, el patrimonio histórico y el tema concreto de la democracia.

 Vicente Lombardo Toledano, pensador marxista y dirigente político de la clase trabajadora.
Vicente Lombardo Toledano, pensador marxista y dirigente político de la clase trabajadora.

Por cuanto a la formación, cultura e identidad nacional, se aborda el tema de las raíces de nuestra identidad, de las culturas indígenas y, en particular, de la cultura náhuatl. Asimismo, el de la necesidad de preservar nuestro patrimonio cultural, sobre todo en tiempos de la globalización neoliberal; se habla del Centro Histórico de la Ciudad de México y del patrimonio histórico submarino; de la identidad nacional y la formación del mexicano de nuestro tiempo; y bajo este rubro general, se exploran, en concreto, la reforma educativa y la revolución tecnológica; los temas de la educación, de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra; de las reformas de 1991 y 1992 al artículo 3° de la Carta Magna; de la formación de los educadores que México necesita, y de los medios masivos de comunicación y su interacción con la identidad cultural de los mexicanos.

El capítulo cuarto, por su parte, tiene como propósito contestar a la cuestión de en qué medida Vicente Lombardo Toledano y su pensamiento han influido en el devenir de México en el ámbito social. Se examinan, desde el punto de vista conceptual, los vínculos entre la democracia social, la democracia económica y la democracia política. También, las cuestiones relativas a los derechos sociales y las clases sociales. Se exploran los asuntos que tienen que ver con los derechos de la población indígena; el derecho al trabajo digno y socialmente útil; el derecho a la salud; la defensa del patrimonio ecológico como parte del derecho a un ambiente sano; el derecho a la educación; el derecho a la vivienda, y el problema del transporte urbano. En todos esos temas, se busca dilucidar la influencia de las de ideas de Lombardo, como ya se dijo, en los cambios registrados a partir de su actividad y la de sus seguidores, particularmente en el frente parlamentario.

También, con respecto de las cuestiones relacionadas con los derechos sociales de la clase obrera, como el contrato colectivo de trabajo de carácter obligatorio; la ampliación de la competencia federal en materia laboral; el derecho de huelga; la necesidad de mejorar la capacidad adquisitiva del salario; los salarios mínimos generales y profesionales y el salario remunerador; la perversión de la política de subsidios; la escala móvil de los salarios; los derechos de los trabajadores jubilados; la presunta caducidad del apartado B del artículo 123 de la Constitución, y de diversos aspectos de la seguridad social. Asimismo se abordan los derechos sociales de los campesinos, donde entran asuntos como la Reforma Agraria; el derecho de amparo en materia agraria; la explotación colectiva de la tierra; la Ley de Fomento Agropecuario; la Reforma de 1991 al artículo 27; la Ley Agraria, y la iniciativa para restituir las bases históricas del mismo artículo.

Enfoque metodológico.

El enfoque metodológico que se utiliza es el de la interconexión e interinfluencia de los diversos fenómenos de la sociedad. Según esta óptica, la economía y la política están indisolublemente vinculadas, de tal manera que los hechos de significación, las transformaciones y los cambios que se dan en una de estas esferas repercuten en la otra y viceversa. Lo mismo sucede con respecto a los ámbitos de lo social, lo jurídico y lo cultural, entre otros. Porque de todas estas disciplinas, ninguna está aislada de las demás, ni los movimientos que registran constituyen simples proyecciones ni reproducciones mecánicas, unas de otras. Lo que existe es una interacción recíproca común, de carácter complejo.[2]

El proceso de cambios que se da en el ámbito de lo político, de acuerdo con este método, es parte de una dinámica de conjunto, de un entrelazamiento con otras actividades sociales que son objeto de estudio de disciplinas tales como la economía, el derecho y la sociología. Por tanto, es necesario poner en su contexto general el proceso de los cambios que se vienen dando en las diversas esferas citadas, de la economía, la política y el ámbito de lo social, tanto en el plano nacional como en el internacional, dado que la influencia de las fuerzas externas y de la dinámica de los cambios producidos en la arena mundial, llega a alcanzar en ocasiones un influjo altamente significativo. Por lo que hace a este último factor, en el lapso comprendido en este trabajo (1949-1994), la arena internacional estuvo dominada primero y en su mayor parte por la llamada guerra fría, y más tarde por su desenlace y el periodo que se ha denominado de la posguerra fría, o de la globalización neoliberal. Las diferentes circunstancias de una etapa y otra han modificado notablemente la correlación de fuerzas en el planeta y, sin ser determinantes, sin embargo han incidido con gran fuerza en los acontecimientos internos en México, como también en otros países.

Me propongo asimismo observar la participación medular, en todo este proceso, de un conjunto de instituciones nacionales de notable vigor. Se trata de instituciones que han gozado de originalidad, en tanto que fueron las respuestas propias que encontró la sociedad mexicana a problemas que ésta enfrentaba, sin que mediara la copia de soluciones ajenas. Se trata de instituciones que han sido eficaces y que en buena medida deben su vigor y su validez precisamente a este carácter original, pero sobre todo al acierto de su diseño. Es el caso de muchas de las que se originaron en el periodo de nuestra historia que inicia en 1917 y va hasta mediados del siglo o más allá, aunque varias de ellas tenían antecedentes de mayor profundidad en el tiempo. Entre estas instituciones originales y vigorosas se debe mencionar en primer término a la Constitución de 1917, documento que fue innovador y cuya estructura y contenido vinieron a romper con la doctrina constitucional que era reconocida y aceptada en el mundo, hasta entonces. Porque la doctrina dominante era la del modelo constitucional clásico, según el cual estos documentos habían de ser breves y circunscribirse al establecimiento de las normas sobre la organización del Estado y las garantías individuales, nada más. Su prototipo había sido la Constitución de Estados Unidos de Norteamérica. Pero la nuestra se salió de ese esquema; innovó e incorporó diversos principios y tesis de orden económico y social que le dieron un perfil distinto y socialmente superior, aunque al hacerlo tuvo que enfrentar múltiples resistencias.

En efecto, en tanto el Constituyente de 1916-17 debatía, en su seno y fuera de él se escuchaban opiniones acremente críticas al proyecto que iba surgiendo, porque, decían, era muy extenso y farragoso. Se le rechazaba sobre todo porque incorporaba tesis como la que afirma el dominio de la nación sobre las riquezas de su territorio; también la Reforma Agraria y el reconocimiento de los derechos de la clase obrera. La intervención del diputado Heriberto Jara fue relevante respecto a “… lo que cabe o lo que debe caber y no debe caber en la Constitución”.

Jara manifestó, con ironía:

Destacado diputado constituyente de 1916-17. Foto del Archivo General de la Nación.
Destacado diputado constituyente de 1916-17. Foto del Archivo General de la Nación.

“Yo quiero que alguien nos diga, alguien de los más ilustrados, de los científicos (risas), de los estadistas, ¿quién ha hecho la pauta de las constituciones? ¿Quién ha señalado los centímetros que debe tener una Constitución, quién ha dicho cuántos renglones, cuántos capítulos y cuántas letras son los que deben formar una Constitución? Es ridículo sencillamente; eso ha quedado reservado al criterio de los pueblos, eso ha obedecido a las necesidades de los mismos pueblos; la formación de las constituciones no ha sido otra cosa sino el resultado de la experiencia, el resultado de los deseos, el resultado de los anhelos del pueblo, condensados en eso que se ha dado en llamar constituciones”.[3]

La propia Constitución Mexicana forjó muchas otras instituciones originales de innegable importancia. Definió de una manera novedosa conceptos políticos y sociológicos que dieron origen a instituciones distintas a las que habían dominado en el mundo desde el triunfo de las revoluciones liberales. Por ejemplo, sobre democracia y soberanía, en el 39 establece que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”; y el artículo 40, que define la forma de gobierno que será el de una: “…república representativa, democrática, federal…”, e insiste en que se trata de una “democracia representativa”.[4]

Pero el aspecto novedoso está en el artículo el tercero, cuyo tema principal curiosamente es el de la educación y no de la organización política del país, como los ya citados. En el inciso “a” de la base segunda de este artículo se define la democracia “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”[5], según la trascendente reforma que data del año de 1946.

También son novedosos y sumamente avanzados los tratamientos de la Carta sobre la propiedad originaria; los derechos sociales y la función que corresponde al Estado respecto de estos derechos, estando obligado a tutelarlos. Es novedoso asimismo el asunto de la relación entre el Estado y la iglesia.

En cuanto al primero de estos tres asuntos, el artículo 27 de la Constitución de 1917 estableció en su texto que “La propiedad de tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada”.[6] Esta concepción novedosa vino a reducir la propiedad privada a la categoría de concesión otorgada por el Estado, con lo que se alejó de un principio fundamental en las constituciones liberales del mundo, que proclama que la propiedad privada es inherente a la persona humana y constituye un principio fundamental del sistema capitalista.

Por cuanto al segundo asunto mencionado, el de los derechos sociales, el artículo 123 se distancia de otro principio hasta entonces intocado. Es el principio según el cual el Estado debe ser un ente neutral en el conflicto de intereses entre las clases sociales. En nuestro caso, le dio al Estado mexicano la responsabilidad de tutelar los derechos de los trabajadores frente a los patrones, mandatándolo a estar de parte de la clase explotada y no de los explotadores.

Y, por lo que se refiere al tercer tópico, el de las relaciones Estado-iglesia, el artículo 130 emanado del Congreso Constituyente de 1917 y vigente hasta 1992, declaró que “La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias”. Esta es otra tesis novedosa, sin precedentes, que quebró la fuerza política de facto de la que gozaba el alto clero católico. El debate en este tema fue sobre si compete o no a los ministros de culto, más allá de sus funciones propiamente religiosas, participar corporativamente en los asuntos públicos, como lo hacían los dirigentes eclesiales a nombre de la Iglesia, para resolver a favor de sus intereses los más diversos asuntos públicos, tales como el otorgamiento de concesiones, la designación de funcionarios y el contenido de leyes y decretos, entre otros muchos. La opinión del Congreso fue que se trataba de un abuso que no debería darse más.[7]

Y sin duda se debe incluir al propio Estado mexicano entre las instituciones que constituyeron planteamientos originales y novedosos en la Constitución de 1917. No tanto por su estructura, sino por sus funciones, notoriamente diferentes de las que se asignan a cualquier Estado liberal clásico, como se analizará en el cuerpo de este trabajo.

Finalmente, entre las instituciones nacionales surgidas en la mencionada etapa y que interactuaron respecto de los cambios económicos, sociales, culturales y políticos que hoy se observan, están también los partidos políticos nacionales permanentes que fueron apareciendo en la vida pública a partir de finales de la década de los veintes. Los partidos políticos habrían de actuar e influir en el seno de los Poderes de la Unión, sobre todo el Legislativo, impulsando unas medidas, resistiendo otras y hasta combatiendo otras más, según sus intereses de clase, sus concepciones filosóficas y sus proyectos de nación, e incidirían no sólo en lo que se refiere a las modificaciones de la superestructura jurídica, sino también en la conformación de la opinión pública, en la Academia, en el ámbito laboral y en sectores importantes de la sociedad, de la que ellos mismos forman parte, contribuyendo de esta manera a modelar la correlación de fuerzas dominante de cada momento.

[1] Vicente Lombardo Toledano. “La política y las leyes de la realidad”, en ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana al socialismo. Editorial Combatiente, México, 1975. Pág. 19.

[2] Se trata del método dialéctico, instrumento que utiliza el pensamiento marxista. Sobre este método proceden dos aclaraciones. Primera, las corrientes ideológicas dominantes en nuestros días se han apresurado a declararlo superado o carente de validez, pero han sido incapaces de sustentar su dicho. Segunda, el marxismo vulgar ha deformado al método dialéctico presentándolo erróneamente como determinista, cuando en realidad es un método integral y dinámico.

[3] Intervención del diputado Heriberto Jara en la sesión permanente del Congreso Constituyente celebrada los días 29, 30 y 31 de enero de 1917, en Derechos del Pueblo Mexicano. México a través de sus Constituciones. México, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, primera edición XLVI Legislatura, 1966; cuarta edición, LV Legislatura, 1994, p. 511.

[4] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] Ver Derechos del Pueblo Mexicano. México a través de sus constituciones. México, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, primera edición XLVI Legislatura, 1966; cuarta edición, LV Legislatura, 1994.  Tomo XII, pp. 1069 a 1137.

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LA PERSONALIDAD DE MÉXICO

LA PERSONALIDAD DE MÉXICO

Por Vicente Lombardo Toledano.

VINCENTE LOMBARDO TOLEDANO
VINCENTE LOMBARDO TOLEDANO

(Fragmento del libro de Vicente Lombardo Toledano ¿Moscú o Pekín? La vía mexicana al socialismo,editado por el Partido Popular Socialista. México, D. F., mayo de 1963. Disponible en Vicente Lombardo Toledano, Obra Histórico-Cronológica. Tomo VI, volumen 11, 1963. CEFPSVLT, 2011.)

Sin conocer las formas peculiares del desarrollo histórico de nuestro país y sin aprovechar las experiencias de su pueblo, es imposible que el partido único

del proletariado pueda tener influencia en la clase obrera y en las grandes masas trabajadoras que constituyen la mayoría de la población.

¿Cuáles son las características de México que le han dado una fisonomía propia dentro del Continente Americano y del mundo? He aquí, a mi juicio, las de mayor importancia.

Una de las causas primordiales de la personalidad de nuestro país es la formación racial de su pueblo.

Al ocurrir el descubrimiento de América y pocos años después la conquista de México por los españoles, el territorio al que llegaron estaba poblado por numerosas tribus que hablaban diferentes lenguas y dialectos, probablemente con un origen remoto común. En el curso de los siglos y a virtud de su actividad sobre el medio en que vivieron y, particularmente, del carácter de sus instrumentos de trabajo y de las formas de su producción económica, las poblaciones indígenas se fueron diferenciando. Los antropólogos han formulado distintas clasificaciones de ellas, partiendo de las que sobreviven, para precisar las que había en el siglo XVI, y tomando en consideración también los datos de los cronistas y de los primeros historiadores.

Las familias lingüísticas eran y todavía son, aunque alteradas, las siguientes: la de los Yumanos, integrada por los Cucapás, los Kilihuis y los Huaipáis; la Seriana, formada por los Kunkaks o Seris; la Pimana, compuesta por los Pápagos, Opatas, Pimas, Yaquis, Mayos, Ocoronis, Tarahumaras, Guarigias y Tepehuanes; la Nahuatlaca, formada por los Coras, Huicholes, Tepecanos, Mexicanos o Náhoas, Cuitlatecos y Chontales; la Tarascana, correspondiente a los tarascos; la Algonquiniana, integrada por los Kikapoos; la Atapascana, de los Chichimecas Jonaces; la Otomiana, compuesta por los Otomíes, los Mazahuas y los Chichimecas-Pames; la Matlatzincana, de los Matlatzinecos; la Mixteco-Zapotecana, integrada por los Mixtecos, Zapotecas, Amuzgos, Triques, Chatinos, Mazatecos, Cuicatecos, Chinantecos, Ojitecos e Ixcatecos; la Totonaca, compuesta por los Totonacas y Tepehuas; la Zoque-Mixeana, integrador por los Zoques, Mixes, Yavanas, Tlapanecos, Chochos, Popolocas y Huaves; y la Maya-Quicheana compuesta por los Huastecos, los Chontales, los Mayas, los Choles, Tzotziles, Tzeltales, Tojolabales, Mames y Lacandones.

"Pero habían llegado a un alto nivel en algunas de las superestructuras sociales. Su astronomía y su cronología eran perfectas para su tiempo. Su calendario, formado siglos antes de nuestra Era, tenía un valor superior a los calendarios Juliano y Gregoriano..."
“Pero habían llegado a un alto nivel en algunas de las superestructuras sociales. Su astronomía y su cronología eran perfectas para su tiempo. Su calendario, formado siglos antes de nuestra Era, tenía un valor superior a los calendarios Juliano y Gregoriano…”

Estas poblaciones, distribuidas a lo largo del territorio de lo que habría de ser la Nueva España, no eran naciones en el sentido estricto de la palabra. La mayoría de ellas se hallaba en el períodos medio de la barbarie y las más evolucionadas en el último de esa etapa histórica, a causa de lo rudimentario de sus medios de producción. No habían llegado al uso del hierro y de la rueda; carecían de animales de tracción; sus instrumentos de trabajo eran de piedra y de bronce; la estructura de las tribus estaba basada en las relaciones del parentesco sanguíneo; su forma política más avanzada era la de confederación de tribus. Pero habían llegado a un alto nivel en algunas de las superestructuras sociales. Su astronomía y su cronología eran perfectas para su tiempo. Su calendario, formado siglos antes de nuestra Era, tenía un valor superior a los calendarios Juliano y Gregoriano. Su conocimiento de la flora y de la fauna era profundo y la clasificación que hicieron de sus especies puede considerarse ejemplar. La agricultura conocía el trabajo intensivo de la tierra, gracias a ingeniosos sistemas de irrigación. Sus industrias, limitadas a los útiles de producción que poseían, eran de una gran riqueza: cerámica, telas, orfebrería, pulimento de piedras preciosas, mosaicos de pluma entre otras muchas. La arquitectura había llegado a las obras monumentales del arte superior, integrada por la escultura y las pinturas murales. Las leyes o normas que regían la sociedad obedecían a un principio de codificación lógica.

Estas características de las poblaciones indígenas imprimieron su sello propio a las obras y a las artes de los españoles en México. Las manifestaciones de la civilización mediterránea que los conquistadores trasplantaron aquí se mexicanizaron. El mestizaje fue el signo del país desde el siglo XVI, lo mismo en la sicología del pueblo nuevo que surgía de la unión de españoles e indígenas, que en las costumbres, en las artes plásticas, en la literatura y en la música.

El mestizo se convirtió en el contenido cualitativo del México naciente y se impuso a los extranjeros. Su modo de ser —introversión, acción meditada, repulsa de las expresiones exuberantes o violentas, cortesía reverente y conciencia de su propio señorío— lo fue diferenciando de sus fuentes originales en el curso de los trescientos años de la dominación colonial, hasta constituir la sustancia de todo el pueblo cuando logró en 1821 su independencia de España.

El pueblo mestizo enriqueció la lengua española con la incorporación de multitud de palabras y de expresiones provenientes de los idiomas y dialectos aborígenes. Conservando la pureza del castellano, todavía hoy, el español de México se ha desarrollado como ocurre con el habla de los pueblos que se transforman a virtud de cambios revolucionarios. Y lo mismo aconteció con las demás manifestaciones de la vida social.

Ese fenómeno —la continuidad en el tiempo y en el espacio de las formas primeras de la vida colectiva y su cambio constante— es también el que explica que en el período actual de su evolución histórica, coincidan en México todavía costumbres y pensamientos de la edad arcaica, y los que han hecho posible la entrada del país a la etapa de la industria.

Su apego profundo a la tierra y su sentimiento de dominio sobre todo lo material y espiritual que la tierra representa, ha desempeñado la principal fuerza motriz en las grandes luchas que el pueblo mexicano ha librado, en las tres revoluciones trascendentales de su historia y en su resistencia a la intervención del extranjero en su vida interior.

Por la misma razón no ha sido el nuestro un país de inmigrantes. El aluvión humano procedente de Europa que hizo posible el desarrollo de los Estados Unidos de Norteamérica, de Argentina, de Uruguay, y en parte de Brasil y Chile, no se produjo en nuestra tierra. Fue la raza propia, la mestiza, la que creció y la que hoy constituye nuestro pueblo. Por eso cada mexicano, aún el que tiene ascendientes europeos, está arraigado profundamente a la historia colectiva a la que pertenece, y se siente dueño de su país con un sentido de propiedad más importante que el jurídico. El derecho de autodeterminación es congénito al pueblo mexicano.

El nacionalismo del pueblo mexicano es diferente al nacionalismo de los países poderosos.

"Nuestro nacionalismo no es un sentimiento chovinista, patriotero, sino la conciencia colectiva de un pueblo débil, que ha sufrido gravemente la intervención del imperialismo en sus problemas domésticos y que quiere vivir con independencia del exterior..."
“Nuestro nacionalismo no es un sentimiento chovinista, patriotero, sino la conciencia colectiva de un pueblo débil, que ha sufrido gravemente la intervención del imperialismo en sus problemas domésticos y que quiere vivir con independencia del exterior…”

Nuestro nacionalismo no es un sentimiento chovinista, patriotero, sino la conciencia colectiva de un pueblo débil, que ha sufrido gravemente la intervención del imperialismo en sus problemas domésticos y que quiere vivir con independencia del exterior. El nacionalismo del pueblo mexicano es diferente al nacionalismo de los países poderosos, que se expresa en la agresión contra los débiles o en la opresión que sobre ellos realiza con propósitos de dominio.

A esa actitud de estar en guardia permanentemente para cuidar lo propio, corresponde, aunque parezca contradictorio, el afán de los mejores guías del pueblo mexicano en todas las épocas, de conocer las ideas renovadoras de la vida social y aplicarlas a nuestra realidad, para llevar al país hacia metas cada vez más avanzadas. Se podría hacer a este respecto, a partir del Renacimiento, una lista de filósofos, científicos, políticos y artistas que, desde esa etapa con la que principia la historia moderna, tuvieron influencia en nuestro país con su pensamiento, expresado de muchas maneras, a pesar de la censura.

Sin recordar las ideas renovadoras que se difundieron hasta las postrimerías del siglo XVIII en la Nueva España, basta recordar las que impulsaron a los caudillos de la Revolución de 1810, para apreciar las ligas que se establecieron, de una manera espontánea y natural, entre los revolucionarios mexicanos y los europeos. El mejor biógrafo del padre de la patria, Luis Castillo Ledón, dice en su obra “Hidalgo. La Vida del Héroe”:

“Honda impresión causaron las noticias llegadas de Europa a la Nueva España sobre la revolución francesa. Los reyes en la guillotina era algo que nadie hubiera imaginado. España horrorizada declaró la guerra a Francia por la muerte de Luis XVI y María Antonieta. Una real cédula ordeno al virrey publicara la bélica declaración, la cual, en solemne bando militar, fue proclamada por calles y plazas. El Santo Oficio tomó la precaución de prohibir la lectura de periódicos, folletos y libros sobre los acontecimientos, que sigilosamente circulaban, y recogió ejemplares de la Enciclopedia y de las obras de Voltaire, Rousseau y diversos autores tachados de herejía… El Seminario de México se convirtió, no obstante, en uno de los focos de ideas avanzadas. No eran menos muchos conventos y no pocos curatos, y por distintas partes criollos y españoles comentaban la toma de la Bastilla, la formación de la Asamblea Nacional y su manifiesto, la publicación de la Constitución francesa, así como la ejecución de los reyes de Francia; tópicos que a veces embozadamente y otras sin embozo, se discutían a todas horas… Las nuevas doctrinas filosóficas y los generales anhelos de libertad, habían ido siendo asimilados en los planteles de aquel carácter por la juventud criolla, para ser difundidos después por ella misma, de palabra y en diversidad de escritos”.

"El Santo Oficio tomó la precaución de prohibir la lectura de periódicos, folletos y libros sobre los acontecimientos, que sigilosamente circulaban, y recogió ejemplares de la Enciclopedia y de las obras de Voltaire, Rousseau y diversos autores tachados de herejía... El Seminario de México se convirtió, no obstante, en uno de los focos de ideas avanzadas..."
“El Santo Oficio tomó la precaución de prohibir la lectura de periódicos, folletos y libros sobre los acontecimientos, que sigilosamente circulaban, y recogió ejemplares de la Enciclopedia y de las obras de Voltaire, Rousseau y diversos autores tachados de herejía… El Seminario de México se convirtió, no obstante, en uno de los focos de ideas avanzadas…”

“El padre y doctor Gamarra, con la publicación de una notable obra intitulada ‘Errores del entendimiento humano’, vino a combatir vicios y preocupaciones sociales y a marcar la senda que seguirían más tarde el Pensador Mexicano y el Payo del Rosario. Don Juan Antonio Montenegro, ex-estudiante del Colegio de San Ildefonso fue denunciado al Tribunal de la Fe y encarcelado en Guadalajara en los últimos meses de 1793 por desear, como muchos, la independencia y el establecimiento de un gobierno republicano. En el curso del año de 1794 la Inquisición abrió proceso al seminarista Juan José Pastor Morales a Fray Juan Ramírez de Arellano, al Bachiller Antonio Pérez Alamillo y a don Manuel Esteban de Enderica por ser partidarios de la independencia de Nueva España y, sobre todo, por ‘afrancesados’. El seminarista Juan José Pastor Morales de ‘sobresaliente talento’, muy dado a la lectura de los grandes poetas latinos y a la de los filósofos Voltaire, Rousseau, D’Alambert, Diderot y otros, y a ‘interpretar por sí las escrituras’ fue acusado de ‘apasionado’ a los franceses. Fray Juan Ramírez de Arellano, guardián del convento de Texcoco, se reveló en la causa instruida contra él, de partidario del sistema republicano y de la libertad de conciencia. Entre otras cosas dijo: “Los franceses en la presente revolución han sido los redentores políticos del género humano; Voltaire es el santo padre de este siglo… España nos tiene alucinados con el punto de la religión y así engañan a la plebe’.”

La revolución democrático-burguesa de Francia y la emancipación de los Estados Unidos de América respecto de Inglaterra, que se consuma en 1776, tenían que influir de un modo directo en los abanderados de la independencia de México y de la ampliación de la cultura. Dentro de este cuadro histórico es fácil comprender al cura Miguel Hidalgo y Costilla, resuelto a dar su vida por la libertad del pueblo mexicano y, también, fácil adivinar los temas que se discutían en las tertulias de su casa, a la que apodaban con el nombre de “Francia chiquita”. La Historia Antigua de México de Clavijero; la Historia Eclesiástica del Antiguo y del Nuevo Testamento, de Fray Ángel Alejandro, perseguido por la Inquisición; la Historia Eclesiástica del abate Fleury, desfavorable a muchos Papas de la Edad Media, la Historia Antigua de Rollin, adversa a los gobiernos despóticos; la Historia Natural de Buffón; las obras de Racine y Molière, formaban, entre muchas, parte de su biblioteca. Es muy interesante saber que Hidalgo traduce y hace interpretar la obra El Tartufo, que pone de realce la hipocresía humana y exhibe a la aristocracia y a los miembros del clero, por lo cual había sido prohibida en la Corte de Francia.

Los demás conductores de la Revolución de Independencia abrevan en las mismas fuentes ideológicas. Después, en el curso siglo XIX, los liberales han de estudiar y de aplicar críticamente a la realidad mexicana las mismas obras que guiaron a los Insurgentes y otras más, formando con todas ellas el acervo de la ideología política de nuestro país.

En la segunda mitad del siglo XIX y en los años inmediatamente anteriores a la Revolución de 1910 contra el régimen de Porfirio Díaz, nuevas corrientes revolucionarias llegan a México e influyen en los dirigentes de la clase trabajadora y del pueblo. Los socialistas utópicos, los anarquistas, los que divulgan el Manifiesto de Marx y Engels, actúan en México a través de sus escritos y su palabra encendida.

El nacionalismo de nuestro pueblo siempre ha encontrado aliados en las ideas que se oponen a los prejuicios, al fanatismo, a la injusticia y a la explotación del hombre por el hombre. Pero esas ideas universales han pasado siempre por el tamiz del mestizaje, por el cernidor de la realidad mexicana. La doctrina del liberalismo en el campo de la economía y de la política, que constituye la sabia de la corriente liberal que ocupa el escenario del país durante casi un siglo, no es la aplicación mecánica de sus principios a la vida de México. En una carta dirigida por Ignacio Ramírez a Guillermo Prieto, que éste cita en sus Lecciones Elementales de Economía Política, hay esta opinión:

“El gran problema de la economía, tanto política como social, consiste en la distribución de riquezas; la solución se encuentra en la más amplia libertad. La dificultad, por lo mismo, consiste en estudiar cómo las leyes fundamentales, las civiles, las criminales, los tratados entre las diversas naciones, la rutina, la ignorancia, el servilismo hereditario, la religión, se oponen a una distribución equitativa de todos los productos naturales y artificiales de un pueblo determinado”.

Peculiaridades del liberalismo mexicano.

"El gran problema de la economía, tanto política como social, consiste en la distribución de riquezas..."
“El gran problema de la economía, tanto política como social, consiste en la distribución de riquezas…”

El liberalismo en México no se aplicó como doctrina que, sin tocar la estructura económica del país, aceptara las cosas como eran y dejara a que el libre juego de las fuerzas económicas y sociales corrigiera los defectos del régimen establecido. Los principios del liberalismo no se invocaron para que el Estado se limitara al papel de testigo o de vigilante de las relaciones libremente contraídas entre los individuos, sino para destruir obstáculos y hacer posible el desarrollo de las fuerzas productivas al amparo de la libertad de producir y de comerciar, sin privilegios para ninguna institución. Ese fue el fundamento de la secularización de los bienes de la iglesia y de todas las Leyes de Reforma, que liquidaron los derechos preferenciales de que había disfrutado durante muchos siglos la corporación. Siempre estuvo en la mente de los liberales, aunque no supieron cómo remediar las consecuencias de la lucha de clases, la emancipación del hombre de la alienación en que vivía, a causa de la explotación de que era víctima. El mismo Guillermo Prieto decía: “Ensalzar la dignidad humana considerando al hombre libre y responsable, sociable y perfectible, he ahí los objetivos patrióticos, sagrados, de la economía política”. Por eso afirmo que la personalidad de México está formada también, además de su tronco racial, por un hondo sentido nacional de su pueblo, por las ideas universales avanzadas de todas las épocas, y por los tremendos agravios que ha recibido del imperialismo.

La guerra de 1847, impuesta a nuestro país por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, fue el factor más importante para la formación de la conciencia nacional antiimperialista. Esa guerra, además de su carácter de guerra injusta, de agresión de un país poderoso a uno débil, representa una de las grandes batallas finales contra las supervivencias del sistema de producción esclavista y feudal, librada en la tierra de América.

Entre 1840 y 1861 los manufactureros del norte y los plantadores del sur, libran los combates preliminares de la Guerra de Secesión que había de conmover, desde sus cimientos, al país en proceso de formación definitiva. La naciente industria norteamericana para desarrollarse necesitaba levantar los aranceles sobre el comercio exterior, y ampliar el mercado interior para sus productos. Un factor importante para este propósito era el de multiplicar el número de los consumidores, emancipando a los esclavos del sur. Los plantadores se sintieron agredidos no sólo porque perderían la fuerza de trabajo casi gratuita de que habían dispuesto tradicionalmente, sino también porque el algodón, el tabaco y el arroz, dedicados a la exportación, tropezaban con obstáculos para salir del país.

En esa lucha, los Estados esclavistas de la Unión decidieron aumentar su fuerza a costa de México. Los colonos norteamericanas que habían invadido Texas, se sublevaron y declararon la independencia de la provincia el 2 de marzo de 1836; pero como los Estados esclavistas y antiesclavistas estaban equiparados en su número, al triunfar en las elecciones de 1844 el Partido Demócrata; órgano político de los partidarios de las anexiones territoriales, el Presidente James Polk declaró la guerra a México el 13 de mayo de 1847. Por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, del 3 de febrero de 1848, con el cual terminó esa guerra infame, nuestro país perdió Texas, Nuevo México, Arizona y California.

La Guerra de Secesión dio el triunfo al norte sobre el sur, porque en el norte había 19 millones de blancos y en el sur sólo 5 millones 500 mil. Con el apoyo de las industrias y de los barcos, los norteños lograron poner en pie de guerra a dos millones de soldados, y los del sur sólo a 800 mil. La correlación de las fuerzas cambió en beneficio de la burguesía ascendiente, que después habría de aumentar todavía más su poderío económico con las grandes riquezas naturales que encerraba el territorio arrebatado a México y con el acceso al Océano Pacífico.

Las intervenciones de Estados Unidos y Francia.

"La guerra de 1847, impuesta a nuestro país por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, fue el factor más importante para la formación de la conciencia nacional antiimperialista."
“La guerra de 1847, impuesta a nuestro país por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, fue el factor más importante para la formación de la conciencia nacional antiimperialista.”

La guerra de 1847 fue una grave mutilación física para México, que engendró el sentimiento nacional antiimperialista que ha contribuido a salvaguardar a nuestro país de su completa subordinación a los Estados Unidos, y que explica la alianza de las fuerzas patrióticas cada vez que nuestra patria se ha visto agredida o amenazada por el extranjero.

Otro hecho de importancia parecida contribuyó también a la firmeza de la conciencia nacional de nuestro pueblo: la intervención militar del gobierno de Francia de 1862. Tambaleante el régimen monárquico, Napoleón III decidió consolidarlo con la conquista del territorio de países independientes, mediante guerras coloniales. Hypolitte Castille decía en las páginas del Esprit Publique: “Con la expedición a México sigue el Emperador Napoleón III desarrollando el sistema político que inició en Europa el día en que pidió fuera recibida España en la categoría de las grandes potencias europeas… La idea cautiva la imaginación de los pueblos, y la cautivará mucho más cuando los pueblos hayan comprendido que Francia va a México”… “para abrir acaso una Argelia americana a nuestros colonos y a nuestro ejército devorados por la necesidad del empleo”. Invocaba a Argelia, porque ésta había sido invadida por la armada francesa el 5 de julio de 1830 y había conquistado fácilmente al país.

En 1862 la República ya estaba definitivamente consolidada en México. La nación se había organizado jurídicamente, y la Constitución de 1857 constituía su estatuto. La corriente liberal encabezada por Benito Juárez y las grandes masas del pueblo se habían identificado en las batallas de las armas y de las ideas. Los reaccionarios, azuzados y dirigidos por el clero católico, acudieron al extranjero para transformar su debilidad en fuerza dominante, destruir la República federal, democrática y representativa, y hacer saltar atrás al país para realizar la idea del sistema monárquico que había fracasado rotundamente con el llamado Imperio de Agustín de Iturbide. México luchó cinco años contra los invasores y triunfó. La guerra demostró que cuando un pueblo está decidido a defender su soberanía, su derecho a decidir su propio destino, podrá sufrir reveses en la lucha; pero no hay fuerza en el mundo capaz de vencerlo.

La guerra de 1847 y la de 1862, que ningún otro pueblo del Continente Americano ha sufrido en su propio hogar en parecida forma, constituyen por su carácter, por la movilización de las fuerzas sociales que produjeron, por los principios que levantaron y por sus resultados, uno de los factores principales de la personalidad inconfundible de México.

Al mestizaje se debe también que México no sea un país de discriminación racial. Los criollos—hijos de españoles nacidos en la Nueva España— estaban identificados con la población mestiza y odiaban a los peninsulares. Miguel Hidalgo y Costilla fue criollo y José María Morelos mestizo, de indígenas y de negros esclavos. Benito Juárez, cuya figura llena el siglo XIX y es objeto todavía de las maldiciones de las fuerzas reaccionarias, era indio puro, de raza zapoteca. Por eso el pueblo mexicano no puede comprender el significado trágico de la discriminación racial que se practica todavía hoy en los Estados Unidos. Las diferencias entre los mexicanos son los antagonismos entre la clase propietaria de los instrumentos de la producción y la clase trabajadora; pero no las que engendra el dominio de una raza, que se considera superior, sobre otras a las que niega las virtudes que ella se atribuye.

A las Revoluciones de Independencia y de Reforma, y a las grandes conmociones que representan las guerras de 1847 y 1862, habría de agregarse la crisis de la Revolución que estalla en 1910 contra el gobierno dictatorial de Porfirio Díaz. Esta Revolución, continuación de las otras dos, constituye, por su trascendencia, otro de los más importantes factores que han formado la personalidad de México.

La Revolución Mexicana.

La Revolución Mexicana, la primera revolución antiimperialista, de liberación nacional en el mundo...
La Revolución Mexicana, la primera revolución antiimperialista, de liberación nacional en el mundo…

La Revolución Mexicana, como se ha dado en llamar al movimiento popular de 1910, es la primera revolución antifeudal y antiimperialista del mundo. En China, la revolución democrática encabezada por el doctor Sun Yat Sen, liquidó la monarquía 1912 y estableció la República, apoyada por el Kuomintang, o Partido Nacional del Pueblo. Pero éste fue pronto reemplazado por el gobierno de los generales que gobernaron sus respectivas provincias, con independencia los unos de los otros. El doctor Sun Yat Sen y sus partidarios no vieron coronada su obra hasta que después de casi un cuarto de siglo de luchas armadas, dirigidos por el Partido Comunista, encabezado por Mao Tse Tung, combatiendo al mismo tiempo a las potencias extranjeras que se habían dividido el territorio de China desde la Guerra del Opio de 1840, a los japoneses que la habían invadido y al Kuomintang jefaturado por Chiang Kai Shek, liquidó a los imperialistas y estableció la segunda república, la República Popular de China. Por esas vicisitudes sufridas por la revolución democrática, antifeudal y antiimperialista del pueblo chino, la nuestra, la Revolución Mexicana, puede considerarse como el primer gran movimiento popular del siglo XX contra el sistema esclavista y feudal, a la vez que contra la explotación sin restricciones de las riquezas naturales propias por los monopolios extranjeros.

La Revolución Mexicana fue, ante todo, una revolución contra la concentración de la tierra y que había llegado al índice alto en el Continente Americano y en el mundo. Las haciendas particulares, verdaderos latifundios, habían crecido a costa de las tierras de las comunidades indígenas, de las propias de los pueblos y de las que explotaban los pequeños propietarios rurales. La producción se limitaba a las superficies que podían trabajar los peones acasillados alrededor de los cascos de las haciendas, y los aparceros que aceptaban entregar al hacendado casi todo el fruto de su trabajo. La mayor parte de la tierra permanecía inculta.

Las haciendas se convirtieron, por la falta de comunicaciones, en centros de autoconsumo en las regiones en donde se hallaban enclavadas. El mercado interior sufría las consecuencias del escaso desarrollo de la producción agrícola y de su división por regiones porque, como afirma Lenin en su estudio sobre El Desarrollo del Capitalismo en Rusia:

“la cuestión del mercado interior no existe en modo alguno como problema separado e independiente, no supeditado al grado de desarrollo del capitalismo. El ‘mercado interior’ para el capitalismo se crea por el propio capitalismo en desarrollo, que profundiza la división social del trabajo y descompone a los productores directos en capitalistas y obreros”.

En 1910 México tenía 15 millones 160 mil habitantes, de los cuales la población urbana representaba el 16.2 por ciento y la rural el 83.8 por ciento. De la población ocupada la dedicada al campo representaba el 71.9 por ciento y a la industria sólo el 11.3 por ciento.

La contradicción entre la gran masa rural y los latifundistas no era la única. Los aparceros, los pequeños propietarios agrícolas y los hacendados con mentalidad capitalista, ligados a los industriales y a los banqueros, se oponían también al régimen de concentración de la tierra. Los productores de manufacturas lo mismo, por el ínfimo poder de compra de las mayorías. El conflicto entre el escaso desarrollo de las fuerzas productivas y las injustas relaciones de producción, provocó el levantamiento del pueblo, de todas las clases y sectores sociales víctimas de esa organización económica asfixiante.

En los planes y manifiestos revolucionarios anteriores a 1910, el problema de la tierra es el punto central de las demandas; pero también ocupan un lugar importante las reivindicaciones de la clase obrera, el reconocimiento de sus derechos; entre otros la asociación sindical, la jornada de 8 horas, la huelga y el salario justo. Porque el régimen jurídico del país, basado en los principios de la propiedad individual irrestricta, consideraba el contrato de trabajo como contrato de prestación de servicios sujeto a las normas del derecho civil y calificaba a la huelga como contra la libertad del comercio y de la industria.

El saqueo de las riquezas naturales del territorio por los extranjeros, particularmente del petróleo y los minerales, levanta la protesta de la oposición contra Porfirio Díaz exigiendo condiciones para la participación de los extranjeros en la vida económica del país. De esta suerte, la Revolución adquiere su múltiple carácter de movimiento popular, democrático, antifeudal y antiimperialista.

La Constituciónde 1917.

Se dotaría a la Revolución Mexicana de un nuevo y poderoso impulso para el desarrollo y la liberación nacional
Se dotaría a la Revolución Mexicana de un nuevo y poderoso impulso para el desarrollo y la liberación nacional

La nueva Constitución de la República promulgada el 5 de febrero de 1917, recoge esas demandas. Ordena la división de los latifundios, la restitución de las tierras arrebatadas a las comunidades que las hubieran poseído en cualquier tiempo, la dotación de tierras a los núcleos de población rural que no las hubieran tenido antes; establece los derechos fundamentales de la clase obrera y limitaciones para la participación de los extranjeros en el aprovechamiento de los recursos naturales del país.

De esos mandamientos del nuevo derecho público surge la Reforma Agraria. A este respecto es necesario subrayar su carácter propio, que constituye una de las instituciones más importantes de la vida contemporánea de México y que al lado de otras ha contribuido a la formación de su propia fisonomía.

La Reforma Agraria en México se basa en el siguiente principio contenido en el Artículo 27 constitucional:

“La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.

Este principio entraña un nuevo concepto de la propiedad opuesto al concepto de la propiedad como derecho natural del hombre, cuyos alcances se expondrán después y, también, una tesis sui generis acerca de la Reforma Agraria. Si lo que importa a la sociedad es que las tierras se exploten y no permanezcan inactivas, que se aprovechen racionalmente y que no salgan nunca del dominio de la nación, la Reforma Agraria, la entrega de la tierra a los que han de cultivarla, no implica el derecho a disponer de ella como si fueran sus propietarios, sino exclusivamente el derecho de utilizarla para liberarse de la servidumbre en que vivieron durante siglos. No la propiedad, sino el usufructo de las tierras, forma la espina dorsal de la Reforma Agraria Mexicana.

Esa medida ha sido salvadora de la integridad del territorio nacional, porque dada la vecindad de México con los Estados Unidos de Norteamérica, durante largos años buena parte de las haciendas ubicadas en la zona fronteriza pertenecieron a los mismos propietarios que, pasada la línea divisoria entre los dos países, tenían sus ranchos y granjas, constituyendo con las dos propiedades una sola, ajena, de hecho, a la jurisdicción del Estado mexicano. En el interior del país las propiedades rurales de los extranjeros eran numerosas también y ocupaban las tierras de mejor calidad. En algunas regiones, empresas norteamericanas tenían concesiones para construir sistemas de riego y utilizar las aguas de modo preferente. Por eso la Reforma Agraria de México, vista en su fondo, es la destrucción del latifundismo y, al mismo tiempo, la defensa del territorio nacional ante el extranjero. Fue una medida antifeudal y también antiimperialista.

Las raíces de nuestra política internacional.

De todos esos hechos, crisis y acontecimientos formadores de la personalidad de México, surgió también una política internacional propia, que ha influido no sólo en su desarrollo interno, sino también en sus relaciones con el exterior.

Cuando México apenas se había independizado de España, el gobierno de los Estados Unidos envió a nuestro país al diplomático Joel R. Poinsett, con el propósito de que entrara en relaciones con el emperador Agustín de Iturbide. Don Juan Francisco Azcárate fue comisionado para tratar con él y averiguar cuál era el propósito de su visita. En una carta dirigida algunos años después al general Guadalupe Victoria, Presidente de la República, cuando Poinsett volvió a México en calidad de Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos, dice que encontró al delegado norteamericano estudiando un mapa de América y que se empeñó en persuadirlo —a Azcárate— de que era necesario revisar los linderos de México y los Estados Unidos, a pesar de que la línea divisoria había sido establecida por el Tratado de Onís. Azcárate explica: “Percibí que la idea era absorberse toda la provincia de Texas y parte del reino de León, para hacerse de puertos, embocaduras de ríos y de barras en el Seno Mexicano. Tomarse la mayor parte de la Provincia de Coahuila, la de Sonora y California Baja, toda la Alta y el Nuevo México, logrando hacerse de minerales ricos, de tierras feracísimas y de puertos excelentes en el mar del Sur”. Así, al consumar su independencia política, México empezó a vivir bajo la amenaza de la agresión del gobierno norteamericano.

Antes de que estallara la guerra contra México en 1847, el Mayor W. H. Emory, en un informe rendido al coronel J. J. Abert, jefe del Cuerpo de Ingenieros Topógrafos Militares en Washington, el primero de septiembre de 1847, dice: “La columna al mando del general Kearny, a la cual nos agregamos, y que era conocida con el nombre de ‘Ejército del Oeste’, debía partir del Fuerte Leavenworth y estaba destinada a dar el golpe a las provincias del norte de México y, muy especialmente, a Nuevo México y California”. El Coronel Kearny, al llegar al pueblo de Las Vegas, en Nuevo México, pronunció un discurso el 15 de agosto de 1846, ante las autoridades y los habitantes del lugar, en el cual, entre otras cosa, expresó de la manera más impúdica: “Señor Alcalde y habitantes de Nuevo México. He venido cerca de vosotros por orden de mi gobierno para tomar posesión de este país y hacer extensivas a él las leyes de los Estados Unidos. Nosotros lo consideramos y lo hemos considerado desde hace tiempo, como paree del territorio de los Estados Unidos… En consecuencia, yo os declaro libres de toda liga con el gobierno mexicano y de toda obediencia al general Armijo, que no es más vuestro gobernador, pues yo lo soy ahora”.

Y estalló la guerra contra México. A pesar de la debilidad de nuestro país, la mayor parte de sus hijos se aprestó a la lucha. Al grito de “¡ Patria o muerte!”, se entabló la lucha desde el río Bravo hasta la capital de la República.

El resultado de esta agresión ya se ha dicho; pero es importante recordar que en las pláticas preliminares al Tratado de Guadalupe, con el cual se consumó el despojo territorial de México, las proposiciones del Secretario de Estado, Buchanan, para concluir las negociaciones, incluían la concesión perpetua a los Estados Unidos sobre el Istmo de Tehuantepec, en el cual se proponían construir un canal que uniera al Océano Atlántico con el Pacífico.

Otro hecho de naturaleza semejante debe mencionarse también. En diciembre de 1894, México presentó a la Comisión Internacional de Límites, la reclamación del terreno conocido con el nombre de “El Chamizal”, que a consecuencia del cambio brusco y repentino de la corriente del Río Bravo, fue arrastrado a la orilla opuesta, junto a la ciudad de El Paso, Texas. La reclamación siguió su curso, y designada una comisión arbitral ésta falló en favor de México el 15 de junio de 1911. Pero hasta hoy, después de más de medio siglo, el gobierno norteamericano no ha cumplido con la resolución, a pesar de que en la convención celebrada en Washington el 24 de junio de 1910, se estableció que si el laudo arbitral fuere favorable a México, su cumplimiento se llevaría a cabo dentro del plazo improrrogable de dos años.

La amenaza política permanente sobre nuestro país de parte de los Estados Unidos, lo mismo que sobre los demás países de la América Latina, ha sido la llamada Doctrina Monroe, formulada por el Presidente James Monroe en el año de 1823 para rechazar las intervenciones provenientes de los países europeos en cualquiera de las naciones americanas y salvaguardar su forma republicana de gobierno. Pero esa doctrina se convirtió, en poco tiempo, en un supuesto derecho del gobierno de los Estados Unidos para intervenir en los problemas domésticos de los países del Continente, a pretexto de evitar relaciones no aprobadas por el gobierno de la Casa Blanca entre las repúblicas de la América Latina y los países que no forman parte del Hemisferio Occidental. De esta manera, desde el Presidente James Monroe hasta el Presidente John F. Kennedy, se ha pretendido utilizar la Doctrina Monroe para justificar la intromisión del gobierno norteamericano en los problemas internos de nuestros pueblos. Pero México nunca aceptó la Doctrina Monroe, porque para que una doctrina tenga el carácter de una tesis internacional, se necesita que no sea unilateral, sino el fruto de un convenio colectivo por los países a los que la doctrina involucra. En 1896, a propósito de una proposición hecha por Eloy Alfaro, en nombre del gobierno del Ecuador, para “procurar las mejores y más estrechas relaciones internacionales no sólo entre el Ecuador y las demás repúblicas americanas, sino de todas ellas entre sí”, México condenó, por primera vez, de manera pública y expresa, la interpretación norteamericana de la Doctrina Monroe.

Después, el Presidente Venustiano Carranza cuando supo que la Sociedad de las Naciones, organizada al concluir la Primera Guerra Mundial, incluía en su estatuto la Doctrina Monroe, declaró que México no había reconocido nunca ni reconocería tal doctrina. Sus palabras textuales fueron las siguientes:

“La Doctrina Monroe constituye un protectorado arbitrario, impuesto sobre los pueblos que no lo han solicitado ni tampoco lo necesitan. La Doctrina de Monroe no es reciproca y, por consiguiente, es injusta. Si se cree necesario aplicarla a las repúblicas hispanoamericanas podía aplicarse igualmente al mundo entero. Se trata de una especie de tutela sobre la América Española que no debería existir bajo ninguna excusa”.

Cuando nuestro país fue invitado para ingresar en la Sociedad de las Naciones, el Secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada, en telegrama del 10 de septiembre de 1931 dirigido al Presidente de la Asamblea de la Sociedad, expresó lo siguiente: “México considera necesario hacer conocer en el acto de su aceptación, que nunca ha admitido la inteligencia regional —la Doctrina Monroe— que se menciona en el artículo 21 del Pacto”.

Más tarde, el Presidente Lázaro Cárdenas, en una entrevista del 12 de enero de 1940, manifestaría que

Lázaro Cárdenas.
Lázaro Cárdenas.

“la Doctrina Monroe nunca fue reconocida, ni pudo serlo por México ni por las demás naciones de la América Hispana, mientras fue sólo la expresión de una política unilateral que los Estados Unidos impusieron, con el doble propósito de excluir de este Continente a los países de Europa, y de defender sus propios intereses en América. Tal Doctrina, mal interpretada y mal aplicada más allá de su original extensión, llegó a convertirse alguna vez en pretexto de intervención”.

Podría yo mencionar otros pronunciamientos de los jefes del Estado mexicano sobre la cuestión; pero sólo consignaré los del actual Presidente de la República, Adolfo López Mateos. En una entrevista de prensa en el aeropuerto internacional de Los Ángeles California, del 3 de octubre de 1962, dijo lo siguiente:

“La Doctrina Monroe es una doctrina unilateral de los Estados Unidos de América, que México, en su historia, nunca ha reconocido oficialmente como acuerdo internacional… La Doctrina Monroe constituye y lo ha sido siempre, una declaración unilateral de los Estados Unidos. Como tal, no implica ninguna obligación para los otros países latinoamericanos.”

Durante la Revolución nuevas agresiones del imperialismo norteamericano a nuestro país aumentaron nuestras experiencias sobre el trato con el extranjero, que ayudaron a formular la política internacional de México. Al ocurrir la “Decena Trágica”, cuando el ejercito federal se subleva contra el Presidente de la República, Francisco I. Madero, el Embajador de los Estados Unidos, Henri Lane Wilson, interviene en el conflicto. Enun telegrama enviado asu gobiernole diceque

Henry Lane Wilson
Henry Lane Wilson

“en vista de la lucha que implica perdidas de vidas y destrucción de bienes de los numerosos combatientes, y en protección a los 25 mil residentes extranjeros en la capital de la República, estoy convencido de que el gobierno de los Estados Unidos, por el interés de la humanidad y en desempeño de sus obligaciones políticas, debería enviar aquí instrucciones de un carácter firme, drástico y tal vez amenazante, para transmitirlas personalmente al gobierno del Presidente Madero y a los líderes leales del movimiento revolucionario. Si yo estuviera en posesión de instrucción de ese carácter o investido de poderes generales en nombre del Presidente, posiblemente estaría en actitud de inducir la cesación de hostilidades y la iniciación de negociaciones que tuvieran por objeto hacer arreglos pacíficos definitivos”.

Wilson entrevistó al Presidente Madero en Palacio el 12 de febrero de 1913, y después a Félix Díaz, el jefe de los sublevados que se hallaba en la Ciudadela. En su carácter de decano, el Embajador convocó después al cuerpo diplomático a una junta a la cual asistieron todos los jefes de misión que se encontraban en la ciudad. Como hubo una discusión que no llegó a acuerdos unánimes, Wilson se reunió con los ministros de Alemania, Inglaterra y España, que eran de su confianza, ante quienes hizo las siguientes confesiones:

“Esta situación es intolerable y yo voy a poner orden”… “Cuatro mil hombres vienen en camino —cuatro mil soldados yanquis— y subirán aquí si fuese menester”… “Madero está irremisiblemente perdido. Su caída es cuestión de horas y depende sólo de un acuerdo que se está negociando entre Huerta y Félix Díaz”.

Ante esa conducta del Embajador norteamericano, y los rumores de una invasión armada sobre México que circulaban en todas partes, el Presidente Madero envió el 14 de febrero de 1913 un telegrama al Presidente William H. Taft, en el cual decía:

“He sido informado que el gobierno que su Excelencia dignamente preside, ha dispuesto salgan rumbo a las costas de México buques de guerra con tropas de desembarco para venir a esta capital a dar garantías a los norteamericanos… Ruego, pues, a su Excelencia, ordene a sus buques no vayan a desembarcar tropas, pues esto ocasionaría una conflagración de consecuencias inconcebiblemente más vastas que las que se trata de remediar… Es cierto que mi patria pasa en estos momentos por una prueba terrible, pero el desembarque de fuerzas americanas no hará sino empeorar la situación, y por error lamentable los Estados Unidos harían un mal terrible a una nación que siempre ha sido leal y amiga, y contribuiría a dificultar en México el establecimiento de un gobierno democrático”

Pero el Embajador seguía actuando: arregló un armisticio entre los combatientes, tenía entrevistas diarias con los jefes que participaban en la revuelta, informaba a su gobierno de un modo calumnioso sobre la situación de México, y siguió así hasta que el Presidente Madero fue detenido el 18 de febrero de 1913 y, posteriormente, sacrificado por órdenes del general Victoriano Huerta, en quien ha depositado su confianza.

Después, el Embajador consumó su obra proponiendo el reconocimiento del usurpador del poder Victoriano Huerta, como Presidente legítimo de nuestro país. El periódico World, de Nueva York, en marzo de 1913, hizo el mejor juicio sobre la actitud de Henry Lane Wilson, demostrando su culpabilidad desde el principio hasta el fin, en la crisis que concluyó con el sacrificio del Presidente de México. El periodista Norman Hapgood, tres años después formuló una requisitoria tremenda contra Wilson, que contribuyó a exhibir la verdadera actitud del gobierno norteamericano hacia México.

Victoriano Huerta
Victoriano Huerta

Desconocido Victoriano Huerta por el Gobernador del Estado de Coahuila, Venustiano Carranza, de acuerdo con el Plan Guadalupe, del 26 de marzo de 1913, respaldado rápidamente por otros Estados y por los elementos más representativos de las fuerzas democráticas del país, la Revolución entró en su etapa de lucha armada hasta que fue destruido el ejército de Porfirio Díaz, que había permanecido intacto, por un nuevo ejército, el ejército popular integrado por campesinos, en su mayor parte, y por obreros. Entonces el Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, nombró a un representante especial, John Lind, para que entrara en relaciones con Carranza con el propósito de que la Revolución concluyera. Como esto era imposible, el 9 de al de 1914 un oficial y algunos marinos del barco norteamericano Dolphin, desembarcaron en el puerto de Tampico sin permiso de las autoridades mexicanas, por lo cual fueron hechos prisioneros. El periódico New York Times publicó la noticia sin darle mayor importancia al acontecimiento, “a menos que los Estados Unidos, decía, anden buscando un pretexto para crear dificultades”.

El 21 del mismo mes de abril, los soldados yanquis de infantería desembarcaron en el puerto de Veracruz, ocupando los lugares estratégicos de la ciudad. Los norteamericanos que habitaban en ella se refugiaron en el consulado de su país y desde ahí hacían fuego a los mexicanos que transitaban por la calle. Los jefes, oficiales y cadetes de la Escuela Naval Militar contestaron el ataque del enemigo; pero nada podían contra los cañones de los barcos de guerra norteamericanos. Lo mismo ocurrió con los soldados de la guarnición y con los voluntarios que se aprestaron a la defensa de la soberanía nacional.

En su obra titulada “El Pueblo Mexicano”, John Lind, cumpliendo su misión difícil y peligrosa, no dejó de hacer observaciones que, provenientes de él, tienen indudable importancia.

“Si patriotismo significa amor al país —afirma— creo puede decirse con verdad que ningún pueblo del mundo tiene un amor más intenso a la tierra nativa que las masas del pueblo mexicano… Sólo hay una clase de mexicanos a quienes se puede acusar de falta de patriotismo: la aristocracia propietaria. Dividen su tiempo entre los lugares de diversión de Europa y el Jockey Club de México durante la temporada de toros. No revelan interés ninguno en el bienestar del pueblo mexicano, no más que si fueran accionistas extranjeros de minas mexicanas. Esta clase fue la que se empeñó e hizo fracasar al gobierno de Madero y fomentó y dio fondos a la revolución que culminó en su asesinato”… “El pueblo de México vive en un país rico y hermoso. Creo que es un pueblo que tiene en sí grandes promesas. Ha sufrido vicisitudes que nosotros no conocemos. Creo que sobre ellos comienza a surgir la luz de un nuevo y mejor día”.

Ante el ataque a la soberanía nacional que representaba la ocupación de Veracruz, Venustiano Carranza envió su protesta al gobierno de Washington en términos enérgicos. El Presidente Wilson pidió entonces autorización al Congreso para usar las fuerzas de mar y tierra contra nuestro país, que le fue concedida; pero, al mismo tiempo, solicitaba de los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile que ofrecieran sus buenos oficios para evitar la guerra entre México y los Estados Unidos. Carranza aceptó la mediación, pero con la condición de conocer previamente los puntos que deberían tratarse en la Conferencia del Niágara, lugar señalado para la reunión. Los diplomáticos del ABC, desoyendo a Carranza, exigieron a los partidarios de Victoriano Huerta y a los revolucionarios que concertaran un armisticio y negociaran las condiciones para dar fin a la guerra civil. De hecho, los representantes de Argentina, Brasil y Chile se pusieron de acuerdo con los delegados de Victoriano Huerta y con los del gobierno de los Estados Unidos, y propusieron el nombramiento de un presidente provisional y empezaron a discutir la cuestión agraria y otros problemas internos de México.

El 10 de agosto de 1915 el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, envió una nota a los gobierno de las repúblicas latinoamericanas denunciando los hechos. He aquí un párrafo importante del documento de la cancillería mexicana:

“…El señor Carranza desearía especialmente llamar la atención de los representantes de la América Latina sobre el hecho de que la sola discusión de los asuntos mexicanos con propósito de resolver la situación interior de México, que pudiera efectuarse entre representantes de Estados Unidos y de las naciones latinoamericanas, entrañaría un conflicto que no podría pasarse inadvertido, pues significa de parte de las naciones latinoamericanas la aceptación del precedente de que ellas pudieran tomar cualquier participación en los asuntos interiores de una nación hermana en colaboración con los Estados Unidos, lo cual no es deseable, tanto por lo que se refiere a las relaciones de las naciones latinoamericanas entre sí, como por entrañar un apoyo moral a cualquiera resolución que en lo futuro pudiera derivarse en estas discusiones”.

Pero faltaba todavía más en la historia de las intervenciones norteamericanas en México en esta etapa de la Revolución. El 9 de marzo de 1916, el general Francisco Villa asaltó la población de Columbus, Nuevo México, cercana a la frontera, para vengarse de los norteamericanos a quienes había dado dinero para comprar armas y que habían faltado a su compromiso. El gobierno norteamericano organizó inmediatamente la “Expedición Punitiva” para castigar al culpable; pero volviendo a violar la soberanía de la nación mexicana, como lo había hecho en Veracruz dos años antes, dizque para castigar a Victoriano Huerta. Para perseguir a Villa se formó un verdadero ejército al mando del general John Pershing, que inició su marcha el 15 de marzo y terminó el 12 de abril ante la población de Parral. Don Venustiano Carranza, al mismo tiempo que trataba de evitar una nueva guerra con los Estados Unidos, le ordenó al general Plutarco Elías Calles, que se hallaba en Agua Prieta, Sonora, el 11 de marzo de 1916, que situara sus tropas en puntos convenientes para impedir la invasión de soldados norteamericanos por ese lado del territorio nacional y que, en caso de declararse la guerra entre los dos países, destruyera las vías férreas que van a la frontera. La misma orden envió al general Manuel M. Diéguez, a Empalme, Sonora; al general Luis Gutiérrez, que se hallaba en Chihuahua, y al general Agustín Millán que se encontraba en Jalapa, a quien le indicaba marchar inmediatamente a Veracruz para rechazar el desembarco de marinos norteamericanos en el caso de que ese hecho ocurriera. En una junta entre representantes del gobierno constitucionalista y del gobierno norteamericano, que se realizó en Ciudad Juárez, del 29 de abril al 11 de mayo de 1916, se trató de arreglar el conflicto; pero no se llegó a ningún acuerdo satisfactorio, porque México exigía que la Expedición Punitiva se retirara sin condiciones. Siguieron después otras reuniones en New London, Atlantic City y Filadelfia. Por fin, el 23 de enero de 1917 se retiró la Expedición Punitiva, después de haber permanecido en México cerca de un año.

De esta larga experiencia en el trato con los Estados Unidos de Norteamérica y otros países poderosos, surgió la política internacional de México, que se basa en dos principios fundamentales: la no intervención en los asuntos domésticos de un país por cualquiera otro, sin su consentimiento, y el derecho de autodeterminación que le asiste a todos los pueblos para organizarse y adoptar el régimen social que más convenga a sus intereses.

El generalísimo José María Morelos en sus “Sentimientos de la Nación o 23 Puntos para la Constitución”, formulados en Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813, dice en el número 16: “Que nuestras puertas se franqueen a las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen en el reino por más amigas que sean”… De ahí parte el principio de no intervención, que habrá de ser sostenido sin transacciones a lo largo de nuestra historia.

A veces los defensores del principio de no intervención han escrito páginas que corresponden a la historia universal de las luchas por la libertad de los pueblos, como las que grabara Benito Juárez con su voluntad de acero y su convicción absoluta en el triunfo de México, cuando se hallaba al frente del Estado y después cuando perseguido por los invasores de nuestro país y casi sin séquito, sin más jurisdicción sobre la patria que la humilde carroza en que viajaba o el lecho humilde en el que pasaba la noche. El Archiduque Maximiliano de Habsburgo tan pronto como llegó a México envió una carta a Juárez invitándole a reunirse con él, con el propósito de llegar a un entendimiento aceptable. No tenía idea de lo que era el pueblo mexicano ni de lo que Juárez representaba y de lo que éste valía como hombre. El Presidente le contestó y le dijo entre otras cosas:

Benito Juárez
Benito Juárez

“Ha sido verdaderamente grande mi sorpresa el encontrar en su carta la frase, llamamiento espontáneo, porque yo había visto antes que, cuando los traidores a mi patria se presentaron en comisión por sí mismos en Miramar, ofreciendo a usted la corona de México, con varias cartas de nueve o diez poblaciones de la nación, usted no vio en todo eso más que una farsa ridícula, indigna de ser considerada seriamente por un hombre honrado y decente. Contestó usted a todo esto exigiendo una voluntad libremente manifestada por la nación, y como resultado del sufragio universal: eso era exigir una imposibilidad; pero era una exigencia propia de un hombre honrado. Cómo no he de admirarme viéndole venir a territorio mexicano, sin que se haya adelantado nada respecto a las condiciones impuestas… Imposible me es, señor, atender a su llamamiento: mis ocupaciones nacionales no me lo permiten; pero si en el ejercicio de mis funciones públicas yo debiera aceptar tal intervención, no sería suficiente la fe pública, la palabra y el honor de un agente del Napoleón… Es cierto, señor, que la historia contemporánea registra los nombres de grandes traidores, que han violado sus juramentos y sus promesas; que han faltado a su propio partido y a sus antecedentes y a todo lo que hay de sagrado para el hombre honrado; que en esas traiciones el traidor ha sido guiado por una torpe ambición de mando y un vil deseo de satisfacer sus propias pasiones y aún sus mismos vicios; pero el encargado actualmente de la Presidencia de la República salió de las masas del pueblo, sucumbirá —si en los juicios de la Providencia está destinado a sucumbir— cumpliendo con su juramento, correspondiendo a las esperanzas de la nación que preside, y satisfaciendo las inspiraciones de su conciencia… Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de los bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará”.

El 15 de julio de 1867, después de haber sido fusilado Maximiliano en Querétaro, Juárez pronunció la última palabra sobre la intervención extranjera en México, dándole al principio de no intervención el carácter de norma perpetua para la patria: “Entre las naciones, como entre los individuos, el respeto al derecho ajeno a la paz”.

Tres revoluciones populares intensas y dramáticas; dos guerras injustas que mutilaron físicamente el país y desangraron grandemente a su pueblo; varias invasiones militares de su territorio por tropas extranjeras, y un tronco histórico formado por las civilizaciones indígenas y la española del siglo XVI, que dio frutos propios y ricos en todos los órdenes de la vida social y sigue floreciendo de manera inagotable, han formado la personalidad de México. Sin conocer sus raíces, los sacrificios y las luchas tremendas de su pueblo en todas las etapas de su evolución, las ideas avanzadas de cada momento, y sin aprovechar las experiencias positivas y negativas que este doloroso y brillante proceso representa, no es posible llegar a una teoría revolucionaria y a una línea estratégica y táctica revolucionaria para acelerar en nuestro país el advenimiento de la sociedad socialista.

LA BIBLIOTECA DEL CENTRO DE ESTUDIOS FILOSÓFICOS, POLÍTICOS Y SOCIALES VICENTE LOMBARDO TOLEDANO.

La Biblioteca del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Por: Lic. Javier Arias Velázquez, Coordinador de Servicios Bibliotecarios.

La biblioteca del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano nace con el legado que Vicente Lombardo Toledano hizo de su biblioteca y hemeroteca particular, para que fuese aprovechada por quienes como él decía “se dedican al estudio de las ideas que han regido la sociedad humana, las ideas que en el presente se confortan para explicar el mundo y las ideas que han de presidir el mundo del futuro”.

El acervo de la Biblioteca contiene libros, folletos y revistas de filosofía de la ciencia, de ciencias políticas y sociales y de historia de México y América Latina.

En 1994 se crea la Biblioteca Mexicana de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología – Centro de Documentación en Metaciencia, que actualmente cuenta con dos secciones, la sala “Fernando Salmerón” y la sala “Carlos Castrodeza”.

La biblioteca cuenta ya con una base de datos que alberga el contenido bibliográfico, el cual dispone de un catálogo en línea para la consulta de las colecciones en las áreas de filosofía de la ciencia y la tecnología y humanidades.

LAS COLECCIONES

  1. Acervo histórico, que contiene la biblioteca del doctor Vicente Lombardo Toledano, principalmente sobre historia de México y América Latina, movimiento obrero, filosofía general y ciencias políticas y sociales.
  2. Acervo histórico/dedicatorias, que contiene libros con dedicatorias a Vicente Lombardo Toledano, escritas por líderes obreros, jefes de estado, académicos, escritores mexicanos, latinoamericanos y europeos.
  3. Archivo fotográfico, que es un inventario temático y cronológico de imágenes relacionadas con la vida y obra de Vicente Lombardo Toledano.
  4. Acervo hemerográfico, con títulos de revistas históricas y actuales en ciencias sociales y filosofía de la ciencia y la tecnología.
  5. Sala “Fernando Salmerón”, que contiene el acervo bibliográfico sobre temas ontológicos, epistemológicos, éticos, históricos y sociales de la ciencia y la tecnología.
  6. Sala “Carlos Castrodeza”, que contiene la biblioteca personal del ilustre biólogo y filósofo español. El contenido temático es en filosofía de la biología, darwinismo, historia de la ciencia y educación científica.

Cuenta, además, con un programa de intercambio y donación de las publicaciones que produce el Centro, a instituciones de educación superior e investigación nacionales y extranjeras.

Consulta online del acervo: http://200.78.223.179:8388/LOMB

Enrique Ramírez y Ramírez

Lombardo, el hombre

En recuerdo del eminente político Enrique Ramírez y Ramírez, este Centro de Estudios publica un fragmento de la conferencia que dictó, en abril de 1980, de título “Lombardo Toledano en el movimiento obrero”.

LOMBARDO, EL HOMBRE 

Enrique Ramírez y Ramírez (1915 - 1980)
Enrique Ramírez y Ramírez (1915 – 1980)

Yo me siento con plena autoridad moral, para hablar de Lombardo Toledano, porque tuve el honor de vivir, trabajar y luchar muchos años cerca de él. Fui adversario suyo en ocasiones y otras, las más durante veinte años, fui su colaborador. Lo conocí de cuerpo entero. No lo deifiqué nunca, ni estoy dispuesto a deificarlo; lo conocía en su vida real; sé de su grandeza y también supe de su debilidad. Algunas veces se expresó él con palabras muy poco amables para mí y yo también lo hice en ocasiones, pero jamás, ni en los días de nuestro distanciamiento mayor, perdí de vista la estatura del hombre y su significación enorme para el movimiento obrero y para el desarrollo político.

Lombardo es uno de los grandes constructores del movimiento obrero mexicano. Lombardo, él en primer lugar, con la ayuda de muchos otros, elevó al movimiento obrero a un nivel ideológico, estratégico, táctico, doctrinario, teórico, moral y político, de lo cual no había ejemplo semejante en el pasado anterior de la CTM.

"... el punto de arranque del desarrollo contemporáneo de México"
Presidente Lázaro Cárdenas (1895 – 1970)

Fue también, por eso, un par de Lázaro Cárdenas; fue por eso un elemento importantísimo para la construcción del frente nacional revolucionario, para la estructuración del nuevo partido en el poder. Lombardo Toledano construyó un partido, el Partido Popular, pero por encima de esa militancia, siempre perteneció a un partido más amplio: el partido de la Revolución Mexicana y el partido de la revolución social del siglo veinte en el mundo entero.

Fue un militante honesto. Era un intelectual superior; no un ensayo de intelectual ni una simulación de doctor, era un auténtico doctor. Era un universitario, flor de la Universidad de México, de las mejores creaciones humanas de la Universidad. Y alcanzó y tuvo una virtud singular: saber unir su destino, él, que era un intelectual de los grupos de selección, de las minorías, de la élite intelectual, supo unir su destino profunda y definitivamente a la lucha de las masas trabajadoras.

Dice alguna autora de uno de estos libros de análisis apresurado y a veces poco bien intencionado del movimiento obrero, que Lombardo Toledano carecía de base sindical cuando participó en la formación de la CTM. ¡Que no tenía base sindical! Hacía más de cinco años que había sido miembro del comité central de la CROM; inició la organización sindical del magisterio; era uno de los líderes, el más notable, de la CGOCM, y no tenía base sindical… Si ha habido líderes en México, con respeto, con aprecio en la masa trabajadora, uno de los más distinguidos entre ellos fue Lombardo Toledano; era un apasionado de los principios y abrazó los principios del socialismo con sinceridad tajante, exhaustiva.

Ramírez y Lombardo
Vicente Lombardo Toledano y Enrique Ramírez y Ramírez

Se entregó para siempre a la causa en la que llegó a creer por experiencia, por instinto y también por deliberación intelectual profunda. Si se habla del socialismo en México, hay que hablar de Lombardo Toledano; su obra, su parte en la obra, está allí. Habrá un día en que los trabajadores de México, cuando se hayan despejado las brumas de la confusión en que los medios de comunicación en manos de los enemigos del progreso social quieren envolverlo, envolver a las masas trabajadoras y confundirlas, habrá un día en que todos los trabajadores de México y todos los hombres interesados en la transformación social del país, reconozcan en Lombardo Toledano a uno de los héroes del trabajo y de la cultura en México.

  • Imagen de Vicente Lombardo Toledano y Enrique Ramírez y Ramírez albergada en la página Macro Economía.
  • Imagen de Enrique Ramírez y Ramírez albergada en la página Siempre.

Latinoamérica y la fundación de la Federación Sindical Mundial

Latinoamérica y la fundación de la Federación Sindical Mundial

Por Juan Campos Vega

1.FSM_grabadoEl 3 de octubre de 1945 se funda en París la Federación Sindical Mundial (FSM). Es la única organización obrera que logra conjuntar, hasta la fecha, a los sindicatos de la inmensa mayoría de los países del mundo, trátese de sindicatos de países desarrollados, coloniales, semicoloniales, dependientes, y de países socialistas.

Las condiciones que hicieron posible la unidad mundial de los trabajadores son diversas; sin duda, un factor fundamental para el acercamiento de las organizaciones de los trabajadores, fue la lucha común contra el fascismo en los prolegómenos y durante la segunda guerra mundial. Sin dejar de señalar algunas de estas condiciones, el presente escrito se orienta a destacar el papel de la clase obrera latinoamericana y caribeña en este importante proceso.

Antecedentes

En varios países de América Latina y el Caribe, las organizaciones sindicales compartían el interés por unificar a los sindicatos del área y del mundo entero. Los esfuerzos más significados en torno a estos propósitos son impulsados desde América del Sur y México.

Sudamérica. En mayo de 1929, en Montevideo, Uruguay, se funda la Confederación Sindical Latinoamericana (CSLA), a iniciativa de la Internacional Sindical Roja (ISR), con organizaciones sindicales dependientes o vinculadas a los partidos comunistas de la región.

Para enero de 1936, meses antes de que acordara su disolución, la CSLA convoca a una asamblea de sus agremiados en Santiago de Chile —aprovechando la realización de la Conferencia Americana del Trabajo, convocada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)—; en ambos eventos participan dirigentes sindicales de varios países de América, particularmente de la región sur, en los que analizan:

Los principales problemas laborales, socioeconómicos y políticos que afectaban a la clase trabajadora en el continente. El diagnóstico fue uno, la inexistencia de la unidad obrera en la región no colaboraba en frenar los abusos de los “patrones” y era imposible exigir mejores garantías sociales y laborales a los estados sin una gran estructura sindical continental. Los obreros reunidos en Santiago firmaron un pacto […] para hacer conciencia entre los trabajadores del continente sobre la necesidad de unirse.[1]

Vicente Lombardo Toledano envía un mensaje a los asistentes a la reunión convocada por la OIT, —que publica en El Universal, de México, el 1 de enero de 1936—, en el que le plantea a los representantes del proletariado latinoamericano y caribeño que:

Sólo la acción conjunta del proletariado puede salvar los destinos de América. No es preciso que los trabajadores todos piensen del mismo modo, que todos sustenten la misma doctrina política, que todos opinen igual respecto de las características de la sociedad futura; no es menester un común denominador ideológico para intentar la defensa colectiva de sus intereses: basta con un programa mínimo de acción, con un programa igual para todos, que garantice sus derechos fundamentales.[2]

3.AL_campesinosLos derechos a los que hace referencia Lombardo, y que enlista en el mensaje, están relacionados con las principales libertades públicas: de asociación profesional, de reunión y de manifestación públicas, de expresión de las ideas, de prensa, y de huelga; los derechos a la tierra para los campesinos, a salarios humanos, a seguros contra el paro y contra los riesgos profesionales, y las demandas de la disolución de las milicias privadas o semioficiales, al margen del ejército regular; así como el respeto a la acción cívica de los trabajadores, a los partidos políticos de la clase obrera y campesina, y el mantenimiento del régimen político del sufragio universal y del voto secreto.[3]

Al finalizar la Conferencia Americana del Trabajo, los delegados de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, suscriben un manifiesto donde comprometen sus esfuerzos para “abordar de inmediato las tareas indispensables para llegar a constituir cuanto antes una vigorosa organización continental de los trabajadores También consideran indispensable […] trabajar en sus respectivos países. Para atenuar la miseria que aflige al proletariado del continente”.[4], es decir, enfrentan ambos problemas “en la misma dirección del mensaje abierto que envió el dirigente mexicano.[5]

México. La primera central nacional, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), fue constituida el 12 de mayo de 1918 en Saltillo, Coahuila. En noviembre de ese mismo año, participa en un Congreso, en Laredo, Texas, convocado y dirigido por la Federación Americana del Trabajo (FAT), de la que surge la Confederación Obrera Panamericana (COPA). Estuvieron “representados los siguientes países: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y los Estados Unidos”.[6]

Las finalidades incluidas en el artículo II del documento “Principios, Objetivos y Reglas”, aprobado es el congreso fundacional de la COPA, establecen que la naciente organización pugnará por:

1. El establecimiento de mejores condiciones para los trabajadores que emigren de un país a otro.

2. El establecimiento de un mejor entendimiento y de mejores relaciones entre los pueblos de las repúblicas Panamericanas.

3. Utilizar todos los medios legales y honorables para la protección y adelanto de los derechos, intereses y bienestar de los pueblos de las repúblicas Panamericanas.

4. Utilizar todos los medios legales y honorables con el propósito de cultivar las más favorables y amistosas relaciones entre los movimientos obreros y entre los pueblos de las repúblicas panamericanas.[7]

Independientemente de las anteriores expresiones, en la práctica se trataba de una política tendiente a “controlar el movimiento sindical latinoamericano y su desarrollo, de acuerdo con los intereses del imperialismo norteamericano; de evitar que se incorporara al movimiento sindical revolucionario”.[8]

La CROM entra en crisis, y surge la “CROM depurada” con numerosos sindicatos que se habían escindido de ella. En el programa de la nueva organización, fundada el 10 de marzo de 1933, cuando se aborda el tema de las relaciones obreras internacionales, se plantea dos puntos alusivos:

35. La separación de la CROM de la Confederación Obrera Pan-Americana.

36. La CROM convocará a todas las agrupaciones obreras de las naciones iberoamericanas a un congreso para la organización de la Confederación Obrera Ibero-Americana, que discutirá y aprobará un programa de defensa y de acción contra el imperialismo en América.[9]

La CROM depurada, invita a otras organizaciones sindicales para constituir una nueva central, por lo que suscriben un pacto de unidad y posteriormente convocan a un congreso obrero y campesino que se reúne del 26 al 31 de octubre de 1933, del que surge la segunda central nacional del proletariado mexicano: la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM, de corta vida, porque junto con las organizaciones que integran el Comité Nacional de Defensa Proletaria (CNDP) constituido el 15 de junio de 1935, constituyen la central más grande y combativa de la historia de México: la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El congreso fundacional de la CTM, realizado del 21 al 24 de febrero de 1936, aprueba una resolución que fija las posiciones de la nueva central en torno a sus relaciones internacionales, en la que resuelve dirigir sendas excitativas:

A todas las organizaciones sindicales del continente americano, sin distinción de ideología y de táctica de lucha, para procurar el entendimiento y la unificación de todo el proletariado de América, especialmente del proletariado de los países de origen latino [10]”, [y] “a la Federación Sindical Internacional y a la Internacional Sindical Roja, haciéndoles ver la necesidad urgente que para el proletariado del mundo entero y para los destinos de la humanidad misma, tiene el hecho de un acercamiento entre las principales fuerzas sindicales existentes [11]”.

La CTM se adhiere a de la Federación Sindical Internacional (FSI) y participa en su Séptimo Congreso, que se realiza en julio de 1936, en Londres. En su primera participación, los delegados de la CTM, junto con los de España, Francia y Noruega, defienden “una posición de unidad y la afiliación de los sindicatos soviéticos”[12] a la FSI.

2AL_vs_FascismoEl 2 de septiembre de 1936, Lombardo, en su carácter de secretario general de la CTM, dirige una carta a las centrales sindicales latinoamericanas en la que después de expresar las principales preocupaciones políticas nacionales e internacionales, los aspectos sindicales y laborales que afectan por igual a todos los pueblos de América Latina y el Caribe, plantea la necesidad de “convocar sin pérdida de tiempo a un congreso obrero latinoamericano, que establezca las bases y los objetivos de una lucha continental a favor de los derechos fundamentales del proletariado y de la verdadera autonomía de las veinte naciones ligadas por el mismo destino histórico”,[13] y les propone constituir un comité organizador que convoque a dicho congreso.

El Congreso Obrero Latinoamericano que da origen a la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), se realiza en México del 5 al 8 de septiembre de 1938. La CTAL sería una organización importante para la fundación y orientación de la FSM.

[1] Patricio Bernardo Herrera González, “En favor de una patria de los trabajadores”. La Confederación de Trabajadores de América Latina y su lucha por la emancipación del continente, 1938-1953, tesis para optar por el grado de doctor en historia, Zamora, Michoacán, Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, A. C., octubre de 2013, pp. 101-102.

[2] Vicente Lombardo Toledano (en adelante VLT), “Mensaje al proletariado de la América Latina”, Obra histórico-cronológica, t. III, vol. 4, México, CEFPSVLT, 1996, p. 5.

[3] Idem.

[4] Francisco Pérez Leirós, El movimiento sindical de América Latina, Buenos Aires, Imprenta “La Vanguardia”, 1941, pp. 55-56.

[5] Patricio Bernardo Herrera González, “En favor de… op. cit., p. 112.

[6] Amaro del Rosal, Los congresos obreros internacionales en el siglo XX. De 1900 a 1950, México, Grijalbo, 1963, p. 380.

[7] Francisco Pérez Leirós, El movimiento sindical de América Latina, Buenos Aires, Imprenta “La Vanguardia”, 1941, p. 40.

[8] Amaro del Rosal, Los congresos obreros… op. cit., p. 381.

[9] “Programa Mínimo de Acción de la CROM”, revista Futuro, núm.10 (extraordinario), México, D. F., Mayo de 1934, pp. 77.

[10] “Las relaciones internacionales del proletariado mexicano”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 52.

[11] Idem.

[12] Amaro del Rosal, Los congresos obreros internacionales en el siglo XX. De 1900 a 1950, México, Grijalbo, 1963, p. 300.

[13] VLT, “Carta de la CTM a las centrales sindicales de América Latina”, Obra histórico-cronológica, t. III, vol. 4, México, CEFPSVLT, p. 354.

LA CTM COMBATIVA Y SOLIDARIA (1936-1941)

LA CTM COMBATIVA Y SOLIDARIA (1936-1941)

Juan Campos Vega

La Confederación de Trabajadores de México (CTM), en sus primeros cinco años de vida, fue una organización sindical combativa y solidaria, no solamente apoya y orienta a los trabajadores ferrocarrileros, electricistas y petroleros para contribuir al éxito de sus luchas, así como a las huelgas de otros sindicatos afiliados a ella, sino que también brinda, desde el año de 1936, su apoyo al pueblo y al gobierno republicano españoles ante la rebelión falangista encabezada por Francisco Franco, apoyado por los nazis de Alemania y los fascistas de Italia, lo que genera grandes movimientos de masas en México y la ayuda decidida del gobierno del país a la República amenazada.

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En enero de 1937, el gobierno federal le otorga asilo a León Trotski, la CTM protesta de inmediato por su presencia en México; pero deja la responsabilidad de las consecuencias que pudieran traer sus actividades en el país a las autoridades, lo que no impide que combata públicamente las opiniones del emigrado ruso que:

Calumnia al gobierno de España, vitupera al pueblo chino, acusa al proletariado mexicano de encontrarse vendido al oro de Moscú, indirectamente ataca al gobierno de Cárdenas al atacar la teoría del frente popular, y coincide en todo con las ideas y con los actos que del fascismo provienen. Por eso León Trotsky resulta enemigo del pueblo de México.[1]

En noviembre de 1937, Vicente Lombardo Toledano, en su carácter de secretario general de la CTM, presenta la opinión de la confederación acerca del proyecto de Ley General de Sociedades Cooperativas y del dictamen correspondiente de la comisión legislativa de la Cámara de Diputados. Entre los aspectos esenciales de la postura de la CTM destaca la valoración del papel de las cooperativas de producción a las que califica de simples aliados “de la gran producción capitalista”,[2] que en el caso de México se encuentra en manos del capital extranjero; en sentido opuesto plantea la necesidad de impulsar las cooperativas de consumo y las agrarias: las primeras porque pueden contribuir a mitigar el problema de los bajos salarios, al contrarrestar la elevación artificial de los precios de los artículos de consumo básico, y las segundas, porque importa saber si la economía agrícola debe basarse en la hacienda, en el peonaje, la aparcería en los campesinos organizados en comunidades de producción. La CTM aboga “porque el objeto fundamental de la ley de cooperativas sea el de la producción agraria de nuestro país en manos de los campesinos”.[3] En todo caso, se trata de evitar “la ilusión cooperativista como solución dentro de la lucha de clases”.[4]

En febrero de 1938 se realiza el Primer Congreso Nacional de la CTM que había nacido con independencia del Estado, por ello, al recibir al presidente Lázaro Cárdenas, el 22 de febrero, Lombardo pronuncia estas palabras: “Somos una organización independiente del gobierno, autónoma […] Ni usted querría un proletariado sometido a la dirección del gobierno ni nosotros querríamos un jefe del gobierno que no estuviera sometido más que a la voluntad del pueblo de México”.[5]

Para Lombardo era claro que el apoyo del gobierno era positivo, pero no indispensable. Su experiencia le indicaba que la CROM, en su etapa inicial, no fue importante porque el gobierno la apoyara, sino porque tenía organizados a los trabajadores y luchaba por sus demandas; que empezó a languidecer en el momento en el que deja de luchar; que los trabajadores  también habían ganado batallas en las épocas difíciles del callismo, y del maximato —los gobiernos de Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez—, y que ahora, la CTM era importante no porque contara con la simpatía del gobierno, sino porque peleaba por los intereses nacionales y populares, así como por los de la clase obrera. Como muestra estaban la huelga y la estrategia empleadas que condujeron a la expropiación petrolera, y mismo podría decirse del reparto de tierras en La Laguna y den otras grandes victorias de la clase trabajadora.

El 30 de marzo de 1938, pocos días después de la expropiación petrolera, se celebra la asamblea constituyente del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), el cual se integra por cuatro sectores: el obrero (CTM); el campesino, Confederación Campesina Mexicana (CCM); el popular (federaciones en el Distrito Federal y en algunos estados), y el militar. El frente popular queda finalmente constituido, sin embargo, era diferente a como lo habían propuesto sus precursores.

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La resolución de agrupar a todas las fuerzas políticas del país en un frente popular mexicano, que aceptaron en principio el partido del gobierno —Partido Nacional Revolucionario— la Confederación Campesina Mexicana y el Partido Comunista Mexicano, pero que no llegó a realizarse en la forma propuesta, porque fue menester, en la semana misma de la expropiación de las empresas petroleras, unir a las fuerzas determinantes de la vida nacional —la clase obrera, la clase campesina y el ejército— en un pacto del cual surgió el Partido de la Revolución Mexicana, más que como un partido político permanente como una alianza para evitar un golpe de Estado en contra del gobierno constitucional, y la intervención de fuerzas extrañas en la vida de México.[6]

Es necesario señalar que los sectores que constituyen el PRM no eran homogéneos ni mantenían una dirección única; cada organización mantenía su independencia, conservaba la autonomía para atender y defender sus intereses particulares y realizar sus tareas; pero también, se comprometía a no interferir en la política de los otros sectores y a no hacer política fuera del partido.

Desde que nace la CTM, se propone contar con un órgano informativo que permita que los trabajadores puedan: “expresar libremente con toda valentía y franqueza sus puntos de vista, tanto respecto de sus problemas concretos, cuanto desde el punto de vista general e internacional”.[7]

Después de abordar este tema en el Primer Consejo Nacional, de junio de 1936, y después, en el Primer Congreso Nacional, de febrero de 1938, el 1 de julio de este mismo año:

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Se publica, por primera vez, el diario obrero El Popular, como órgano oficial de la CTM. Cuenta al principio con dos ediciones, una matutina y otra vespertina, ambas se venden a cinco centavos, e incluyen publicidad de empresas y sindicatos. En la edición matutina se anuncia en la primera plana, en un recuadro sin título, que colaborarán en él destacados intelectuales y dirigentes sindicales nacionales y extranjeros.[8]

El comité nacional de la CTM, fue el más interesado porque los trabajadores del Estado tuvieran los mismos derechos que los demás sectores de la clase obrera. Cuando se realiza el Congreso los Trabajadores al Servicio del Estado, en octubre de 1938, reitera sus puntos de vista al respecto: que los trabajadores del Estado gocen de los mismos derechos que para los demás trabajadores establece la Ley Federal del Trabajo; que la aprobación del Estatuto Jurídico es un triunfo, pero hay que seguir luchando hasta obtener igualdad de condiciones laborales; que su interés por organizar a los empleados públicos no ha sido motivado por una cuestión de control de esos sectores de trabajadores, sino por una política de solidaridad hacia otros sectores proletarios; que preocupado por la unidad de los trabajadores que concurran al Congreso, ha dado indicaciones a los sindicatos de empleados públicos que militan en su seno que está en libertad de concurrir al congreso de unificación y adoptar la posición que mejor les convenga; finalmente, les ofrece su respaldo solidario para el logro de sus demandas y la defensa de sus intereses.[9]

La CTM convoca a la realización de tres congreso internacionales

En septiembre de 1938, a la realización del Congreso Obrero Latinoamericano que constituye a la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), con la asistencia de delegados de 12 países del área, así como invitados de otros continentes. Las finalidades que se propone al nacer la más importante central obrera en la historia de Latinoamérica y el Caribe, son: “lucha contra el fascismo que es la expresión violenta de las fuerzas reaccionarias; lucha contra la explotación capitalista; mantenimiento de la paz y apoyo de la democracia, mediante cuya vigencia […] hace posible el desarrollo de la fuerza del proletariado”.[10]

Al mismo tiempo, se verifica el Congreso Internacional Contra la Guerra y el Fascismo —sugerido al Congreso Nacional de la CTM por el presidente Lázaro Cárdenas—, que fue el primero de su género en el mundo, tuvo como principal objetivo: “trazar un programa que pudiera ser suscrito por todos los sectores progresistas del mundo para hacer frente al peligro de la guerra”.[11]

También se efectúa el Congreso del Instituto Internacional de Relaciones Industriales que reúne a “técnicos y especialistas en asuntos económico-sociales […] para el estudio sistemático de la situación económica y social de los países de la América Latina”.[12]

En diciembre de 1939, convocada por el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana y la CTM, se realiza la Conferencia Nacional de Educación, en la que se discuten las características que debe tener la educación popular mexicana en todos sus grados. La asamblea analizó los temas siguientes: “legislación educativa, reglamentación del artículo tercero constitucional, federalización de la enseñanza, bases financieras de la educación, ley general de educación”.[13] Las conclusiones de la conferencia contribuirían a la confección de la primera Ley Orgánica del Artículo Tercero constitucional, y también, a la unificación del magisterio en un solo sindicato.

En enero de 1941, se celebra el Congreso Económico de la CTM que después de analizar los principales problemas vinculados al desarrollo económico de México aprueba un programa basado en la realización de la reforma agraria integral y la industrialización independiente de la nación mexicana, al considerar que “es deber de la clase obrera revolucionaria reforzar la intervención del Estado democrático mexicano [para] levantar la estructura económica revolucionaria, por encima de la estructura que representa el capitalismo privado”[14], sometido a un plan de nacionalización progresiva y de administración por el Estado.

Un mes más tarde se celebra el Segundo Congreso Nacional de la CTM, en el que Lombardo deja la secretaria general; cuando se despide de sus compañeros de lucha —porque a partir de ese momento dedicará todas sus energías a lucha antifascista y antimperialista de la CTAL que dirige—, les dice:

Si yo hubiera querido crear grupos de amigos míos, grupos de lombardistas, en cinco años, camaradas, yo los habría creado, y muy poderosos. No existen. Creo haber multiplicado el número de mis camaradas y el número de mis amigos; pero hay algo más importante que eso: creo haber aumentado el número de los obreros con conciencia de clase en la patria mexicana, y eso es para mí muy importante. Esa es la única obra de Lombardo Toledano; el lombardismo, si puede existir, habrá que interpretarlo de ese modo.[15]

[1] Confederación de Trabajadores de México, “El movimiento obrero mexicano y su posición frente al trotskismo”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 268.

[2] Vicente Lombardo Toledano, “El cooperativismo y los trabajadores”, revista Futuro, México, D. F., enero de 138, p. 20.

[3] Ibid., p. 19.

[4] Ibid., p. 22.

[5] Confederación de Trabajadores de México, “Contesta Lombardo Toledano”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 513.

[6] Vicente Lombardo Toledano, Teoría y práctica del movimiento sindical mexicano, México, CEFPSVLT, 2010, P. 45.

[7] “Dictamen número dos de la II comisión”, en VLT Obra histórico-cronológica, México, CEFPSVLT, 1996, t. III, vol. 4, p. 89.

[8] Juan Campos Vega, El Popular, una historia ignorada, México, CEFPSVLT, 2011, p. 10.

[9] “Libertad absoluta a los servidores del Estado”, diario El Popular, México, D. F., 26 de octubre de 1938.

[10] Confederación de Trabajadores de México, “Tres congresos internacionales”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 556.

[11] Idem.

[12] Idem.

[13] Confederación de Trabajadores de México, “La Conferencia Nacional de Educación”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 706.

[14] Confederación de Trabajadores de México, “Importantes resoluciones del Congreso Económico de la CTM”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 1074.

[15] Confederación de Trabajadores de México, “Discurso del compañero Vicente Lombardo Toledano, despidiéndose de la CTM, al dejar la dirección de la misma”, CTM 1936-1941, México, CTM, 1941, p. 1165.

La nacionalización de la industria eléctrica.

La nacionalización de la industria eléctrica.[1]

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo. [2]

"... el punto de arranque del desarrollo contemporáneo de México"
“… el punto de arranque del desarrollo contemporáneo de México”

Las intervenciones del Estado en la economía, en México, como lo explica Lombardo, empezaron a darse de modo circunstancial, caso por caso, resolviendo los problemas concretos que se iban presentando. Los primeros pasos, desde la Constitución de 1917 hasta los primeros años de la década de los treintas, fueron esporádicos y vacilantes. Pero el periodo de 1934 a 1940 –el de Lázaro Cárdenas– se caracterizó por un impulso decidido a ese camino, razón por la que Lombardo lo califica como “el punto de arranque del desarrollo contemporáneo de México”.[3]

La expropiación y nacionalización de la industria petrolera fue uno de los grandes hitos en el camino de la intervención directa del Estado mexicano en la economía, y se considera asimismo como un acto emblemático del gobierno de Cárdenas, y lo fue, sin duda.

La nacionalización de la Industria Eléctrica fue otro hecho de gran significación dentro del proceso de creciente intervención del Estado en la economía que tiende a lograr su plena autonomía política y asegurar, por tanto, su viabilidad como nación independiente y soberana, además de  sentar las bases para el desarrollo de su economía.

El Partido Popular y la nacionalización de la industria eléctrica.

Nacionalizar la Industria Eléctrica fue una propuesta que enarboló el Partido Popular, fundado y dirigido por Lombardo...
Nacionalizar la Industria Eléctrica fue una propuesta que enarboló el Partido Popular, fundado y dirigido por Lombardo…

La nacionalición de la Industria Eléctrica fue una propuesta que el Partido Popular, fundado y dirigido por Lombardo, enarboló antes que otras organizaciones, y por la que luchó con intensidad y dedicación, sobre todo en el ámbito de las ideas y los razonamientos. Formó parte de todas sus plataformas electorales desde 1952[4] hasta su consecución, y fue  uno de los temas que Lombardo desarrolló con amplitud durante su campaña como candidato presidencial, en 1952[5], además de constituir uno de los planteamientos más tenaces del partido en su conjunto, no sólo en esa campaña electoral, sino que también en la siguiente, de 1955, y luego, en su Plataforma Electoral de 1958, a la que denominó Tesis sobre México, de la autoría de Vicente Lombardo Toledano, en la que se razonó lo siguiente:

“La experiencia demuestra que las inversiones extranjeras en la producción de energía eléctrica han constituido un monopolio de ese servicio público –el fundamental para la vida de cualquier país- y no han contribuido a nuestro desarrollo económico, ni a la satisfacción de las necesidades crecientes de alumbrado y fuerza motriz de nuestras poblaciones, ni al abaratamiento del precio del servicio; como la estadística internacional lo prueba en el caso de toda clase de monopolios, sólo han perseguido las mayores ganancias y retrasar la construcción de las industrias fundamentales…”[6]

La insistencia de este partido puso el tema en el debate nacional. Personalidades de diversos ámbitos y organizaciones sociales fueron haciendo suya la demanda, que ganó amplia popularidad, frente a los grandes problemas y desventajas que ofrecía el servicio en manos privadas y, sobre todo, del capital extranjero, como estaba.

López Mateos y la nacionalización.

Ell 27 de septiembre de 1960, la nación mexicana tomó posesión de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, antes denominada Mexican Light and Power Company. En un acto multitudinario realizado en esa fecha en el Zócalo de la Ciudad de México, el presidente Adolfo López Mateos...
Ell 27 de septiembre de 1960, la nación mexicana tomó posesión de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, antes denominada Mexican Light and Power Company. En un acto multitudinario realizado en esa fecha en el Zócalo de la Ciudad de México, el presidente Adolfo López Mateos…

Finalmente, el 27 de septiembre de 1960, la nación mexicana tomó posesión de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, antes denominada Mexican Light and Power Company. En un acto multitudinario realizado en esa fecha en el Zócalo de la Ciudad de México, el presidente Adolfo López Mateos expresó:

“Al tomar posesión la Nación mexicana de la Compañía de Luz, se consuma un largo esfuerzo desarrollado por el pueblo de México para tener en sus manos la energía eléctrica que en el país se produce por manos de mexicanos. La nacionalización de la energía eléctrica es una meta alcanzada por el pueblo en el camino de la Revolución. Siempre hemos sostenido que alcanzar una meta debe ser punto de partida para más importantes realizaciones, y ahora invitamos al pueblo de México a que, en posesión de su energía eléctrica, acreciente su industrialización para llevar a los hogares de todos, los beneficios de la energía eléctrica y los de la industrialización… (…)

“Y en esta ocasión en que se cumple una etapa más, podemos afirmar: México es cada día más soberano, cada día más libre, cada día más independiente, por el esfuerzo de ustedes, por el esfuerzo de todos los mexicanos.

¡Adelante… México es nuestro!” [7]

En su segundo Informe de Gobierno, el 1 de septiembre, López Mateos había dicho al Congreso de la Unión...
En su segundo Informe de Gobierno, el 1 de septiembre, López Mateos había dicho al Congreso de la Unión…

Semanas atrás, en su segundo Informe de Gobierno, el 1 de septiembre, López Mateos había dicho al Congreso de la Unión:

“Este año, 1960, tiene para los mexicanos triple significado conmemorativo: hace 150 años el país inició la lucha por hacerse independiente y por definir, para seguirlos con lealtad y firmeza, los trazos fundamentales de su destino; hace 100, el pueblo afrontó, en la Reforma, la empresa de formar una comunidad de hombres libres incorporada a la historia del mundo moderno; y hace 50, comenzamos la transformación más honda de nuestra sociedad en su sistema político, cultural y económico, para crear formas de vida acordes con la dignidad y el destino del pueblo mexicano, y con una clara visión de los grandes problemas que la humanidad ha venido confrontando en ese siglo…

“A pesar de quienes, en ocasiones, hayan intentado deformar el sentido de la historia de México, entre sus diversas etapas se advierte la secuencia que le da carácter y unidad. Los propósitos perseguidos en un capítulo, se prolongan vivos en el siguiente, y todos son expresión armónica del desarrollo de un pueblo que ha reiterado siempre su lealtad a sí mismo…

Enrique Krause: El sexenio de López Mateos. México, Editorial Clío, Libros y Videos, S.A., de C.V. 1999. 95 p. Ils., fots. (“México, Siglo XX”), p. 69.
Enrique Krause: El sexenio de López Mateos. México, Editorial Clío, Libros y Videos, S.A., de C.V. 1999. 95 p. Ils., fots. (“México, Siglo XX”), p. 69.

“…La Revolución plasmó los conceptos del pueblo mexicano sobre las relaciones de posesión y propiedad. Poseer o disfrutar de la propiedad de bienes debe constituir una función social que beneficie a todos, y que no tienda a estéril acumulación que origina el dispendio de los recursos o la explotación del hombre. La propiedad privada, social o nacional, debe cumplir su finalidad productiva mediante el trabajo, ofreciendo a todos los mexicanos las mismas oportunidades para participar en el patrimonio común… (…)

“…Al mexicanizar definitivamente la industria eléctrica del país, lo hicimos sin lesionar derechos ni interés legítimo alguno, y empleando procedimientos acordes con nuestro desarrollo general. En cada época los mexicanos hemos empleado los procedimientos y medios adecuados; debemos considerar, cuando ellos se aplican con buen éxito, que ha sido el país mismo el que ha transformado su capacidad creadora y su estructura económico-social…

“…Tenemos que seguir el camino que nos marca la Revolución Mexicana, sorteando la incertidumbre que domina al mundo; poner al día el cuadro de medios y procedimientos, y ajustar al país institucional e históricamente, para que pueda encauzar mejor su vida durante los próximos cincuenta años. Esa tarea ni la renunciaremos ni la abandonaremos cualesquiera que sean las presiones contrarias interiores o exteriores, pues México debe seguir siendo fiel al destino que su propia Revolución le señala y rechazar todo lo que contradiga su idiosincrasia, limite su crecimiento, o reduzca sus propósitos de ser soberano e independiente”.[8]

La nacionalización en el Senado.

Enrique Krause: El sexenio de López Mateos. México, Editorial Clío, Libros y Videos, S.A., de C.V. 1999. 95 p. Ils., fots. (“México, Siglo XX”), p. 70.
Enrique Krause: El sexenio de López Mateos. México, Editorial Clío, Libros y Videos, S.A., de C.V. 1999. 95 p. Ils., fots. (“México, Siglo XX”), p. 70.

Poco después, en la sesión ordinaria de la Cámara de Senadores celebrada el martes 25 de octubre de 1960, se dio lectura a una iniciativa del Ejecutivo para adicionar el párrafo sexto del artículo 27 constitucional. La exposición de motivos decía lo siguiente:

“…Es propósito de mi gobierno cumplir plenamente los postulados de la Revolución Mexicana procurando que el desenvolvimiento y progreso nacionales resulten armónicos en sus beneficios para todos los habitantes de la República.

“Para ello se hace necesario aprovechar adecuadamente los recursos naturales de que dispone la Nación y todos los elementos básicos que requiere su integración económica. Las crecientes demandas de energía eléctrica en la agricultura, en la industria, en las comunicaciones y transportes, así como en las diversas actividades económicas de la población urbana y rural nos imponen la tarea indeclinable de atenderlas de acuerdo con el ritmo de su crecimiento.

Banner comentario de apoyo“La prestación del servicio público de abastecimiento de energía eléctrica, comprendiendo la generación, transformación y distribución, expresé en mi informe, así como las demás operaciones o actividades industriales o comerciales de que la misma puede ser objeto requieren, como en el caso del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, ser realizados directamente por el Estado, a través de los órganos competentes, ya que México ha sostenido tradicionalmente la tesis de que los recursos naturales y las fuentes de energía básicas, han de estar al servicio de la colectividad y de la elevación de los niveles de vida del pueblo mexicano.

“Para garantizar la efectiva realización de este propósito de que la generación, transformación, distribución y abastecimiento de energía eléctrica debe sustentarse en razones de beneficio social y no en motivos de interés particular, presento ante ustedes la siguiente iniciativa de ley que adiciona el párrafo sexto del artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”.

La adición diría textualmente:

“Corresponde exclusivamente a la Nación generar, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”.[9]

El Senado aprobó la iniciativa presidencial por votación unánime y turnó la minuta a su colegisladora. En la sesión ordinaria de la Cámara de Diputados del 15 de noviembre, se dio segunda lectura al dictamen, emitido por las Comisiones Unidas de la Industria Eléctrica y de Estudios Legislativos y se puso a discusión. El grupo parlamentario del PAN, que nunca ocultó su carácter proimperialista, se expresó en contra, con virulencia:

“…En el aspecto político debemos decir, porque es cosa muy bien sabida, y es cosa que el pueblo de México ha vivido, que no ha habido tal nacionalización de la industria eléctrica. El acarreo de gentes pagadas, las publicaciones y los cartelones dándole el aspecto de una nacionalización más o menos como la petrolera, ha sido un aspecto totalmente falaz…

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“…En los momentos en que hablo, el gobierno de México es un gigante empresario con más de 48 mil millones de pesos de empresas que son manejadas por compadres y por gente políticamente asignada, no por su capacidad ni por su honradez, sino porque sencillamente son políticos recomendados. De tal suerte que todos nosotros hemos visto, con la dura y cruel experiencia del pasado, que hasta los momentos en que hablamos, todas las empresas que maneja el gobierno de México han sido verdaderamente adversas al interés popular y han servido única y exclusivamente para que se enriquezcan sus administradores.

“Antes estaba el gobierno de México frente a las empresas manejadas por la iniciativa privada. El gobierno de México estaba como juez y podía, inclusive, intervenir en el problema de servir (sic) y en el de tarifas. Hoy ha desaparecido totalmente ese juez. Ya el gobierno se ha convertido en empresario. Quiero saber ¿a dónde el público usuario va a recurrir en sus quejas relacionadas también con servicios? A nadie

“…Muy brevemente, señores, creo y he pensado que es mi obligación hacer ver que no ha habido tal nacionalización. Si la invocan, precisamente a raíz de la compra de los bienes de la Mexican Light Power, también debo hacer constar que por lo que respecta a la operación misma, ha sido una operación infame para el gobierno de México y para la Nación.

“Todo eso que se ha gastado en propaganda lo pagarán los diputados (sic) tarde o temprano, y lo han de pagar los usuarios en sus tarifas…

“…Es así, señores diputados, que he aducido breves e importantes razones de índole económica y de índole social, por lo que creo que esta nueva facultad al Ejecutivo federal es una carta abierta, es un cheque firmado en blanco, en el cual nuevamente se pone la suerte del pueblo usuario de México en lo que respecta a servicios públicos enteramente en manos de políticos que administrarán al estilo de Jaime J. Merino, y si no encuentran uno así, ya lo traerán de afuera, apropiado y adecuado para la administración de estos servicios públicos.

“Me pronuncio contra el dictamen porque creo, señores, sinceramente que esta nueva facultad daña, y daña positivamente a los intereses del usuario, de los tributarios y en general del pueblo de México…”[10]

El debate sobre la nacionalización en la Cámara de Diputados.

El dictamen fue defendido por cinco diputados del PRI con argumentos contrapuestos a los que los funcionarios de ese mismo partido han venido manejando, sobre todo en la discusión de la reforma energética de 2013 que fue promovida por el gobierno de Enrique Peña Nieto y apoyada vehementemente por el PAN.

El PPS no tenía representación en esa, XLIV Legislatura, pero su Secretario General, Vicente Lombardo Toledano, escribió un artículo de prensa que vale la pena citar in extenso:

“La nacionalización de la industria eléctrica, realizada por el Presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, tiene una importancia extraordinaria para el futuro desarrollo económico independiente de nuestro país."
“La nacionalización de la industria eléctrica, realizada por el Presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, tiene una importancia extraordinaria para el futuro desarrollo económico independiente de nuestro país.”

“La nacionalización de la industria eléctrica, realizada por el Presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, tiene una importancia extraordinaria para el futuro desarrollo económico independiente de nuestro país.

“Hace tiempo que alrededor de la industria eléctrica se había formado un verdadero frente nacional de todos los sectores democráticos, exigiendo la terminación de la época de las concesiones a las empresas extranjeras y a las compañías privadas mexicanas, para hacer de esa industria clave del proceso económico, una actividad exclusiva el Estado. Porque tanto nuestra propia experiencia cuanto la internacional habían llevado a la opinión pública a esa conclusión, sobre todo a partir de la ampliación del mercado interior, a consecuencia de la reforma agraria, que hacía posible el progreso industrial de México.

“Comprendiendo claramente la importancia de que la Nación controlara en el futuro, de un modo absoluto, la energía eléctrica, el presidente Lázaro Cárdenas creó la Comisión Federal de Electricidad, en  virtud de la ley del 7 de agosto de 1937; y después formuló la ley de la industria eléctrica, aprobada el 31 de diciembre de 1938, que estableció bases patrióticas para el desarrollo de la industria eléctrica. Esas normas fueron anuladas, desgraciadamente, por una serie de reglamentos y decretos en favor de las empresas extranjeras, controladas por los dos más grandes monopolios imperialistas. Desde entonces el Estado entró en competencia con éstos, en lugar de reducir su influencia; pero en condiciones desventajosas porque los reglamentos mencionados permitieron la inflación del capital de la Electric Bond and Share y de la Mexican Light and Power Company; el uso exclusivo de sus líneas de transmisión dentro de sus respectivas zonas, que abarcaban prácticamente todo el territorio del país, y la reanudación de las concesiones con las cuales funcionaba, próximas a caducar por el vencimiento de los plazos señalados por su vigencia. Apoyados en esta serie de privilegios excepcionales, los dos monopolios no sólo consolidaron su situación, sino que la producción de energía eléctrica de las plantas del Estado se convirtió en complemento de la suya, a tal punto que la revendían y hacían más lucrativo el negocio con créditos del extranjero para los cuales el gobierno mexicano se constituía en fiador.

“La historia de la industria eléctrica en México fue un capítulo obscuro de la triste historia de las inversiones extranjeras, especialmente de las norteamericanas y británicas, que llegaron a nuestro país en la segunda mitad del siglo pasado con el espíritu de los grandes aventureros que han saqueado las riquezas naturales de los países débiles en los diversos continentes de la Tierra, explotando su mano de obra barata, impidiendo su independencia económica e interviniendo en los problemas de su vida política…

“La Revolución Mexicana, en su contenido profundo, además de una revolución democrática y antifeudal, fue y sigue siendo un movimiento nacionalista tendiente a recobrar para el patrimonio de la Nación las riquezas naturales de nuestro territorio y utilizarlas para la liberación de nuestro país respecto del imperialismo. Esa finalidad es la que explica los aciertos de los gobiernos del último medio siglo, lo mismo que sus aspectos negativos, porque liberar, emancipar a nuestro país o luchar por su desarrollo económico independiente, significa el retiro de los capitales extranjeros de las industrias y los servicios fundamentales. Servir a México o servir a los intereses de afuera, ese ha sido y será  por muchos años todavía, el dilema de la administración pública. Al nacionalizar el presidente López Mateos la energía eléctrica, el imperialismo ha perdido uno de sus más importantes instrumentos de control sobre nuestro proceso histórico.

“Lo que importa ahora es sanear el pasivo de la Mexican Light and Power Company, para que nuestro pueblo no pague sino lo que realmente debe. Coordinar, por lo pronto, y unificar inmediatamente después, la producción de energía eléctrica. Multiplicarla a un ritmo acelerado para poder ampliar las fuerzas productivas, sobrepasando el crecimiento demográfico. Estimular el desarrollo de todas las ramas de la industria básica hasta llegar a la fabricación de maquinaria, y llevar los servicios de luz y fuerza a todos los poblados de la República. Porque el desarrollo industrial de un país se puede medir por el consumo de energía. En 1954, las veinte Repúblicas latinoamericanas consumían el 3.7 por ciento de la producción de energía total del mundo. De esta suma insignificante, México consumía el 16.7 por ciento. El consumo de electricidad por habitante en la América Latina era de 219 kilowatts-hora, contra 3354 en los Estados Unidos. Las causas de este tremendo atraso son muchas; pero la principal es la de que al apoderarse de la industria eléctrica y del petróleo, los monopolios extranjeros, principalmente los norteamericanos, a lo largo de la América Latina han tenido en sus manos la regulación del desarrollo económico, retrasándolo para evitar la independencia económica nacional o estimulándolo sólo en aquellas ramas de la producción o de los servicios controlados por otros monopolios extranjeros. La fuerza que controla la energía eléctrica en un país, tiene en su poder, en buena proporción, el desarrollo material, social y político de ese país. Sin electricidad no se puede industrializar ninguna región del mundo. Tampoco se puede pasar de un estadio histórico a otro superior. Sin fuerza eléctrica abundante y puesta al servicio de los intereses colectivos, no se puede pasar de la estructura semifeudal a la etapa capitalista. Tampoco se puede pasar del periodo capitalista al socialismo…”[11]

[1] Decimotercer fragmento de mi investigación titulada “Lombardo y su influencia en la vida política de México, en proceso de edición por el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano”.

[2] Maestro en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador de tiempo completo. Coordinador de Investigación del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales “Vicente Lombardo Toledano”.

[3] Intervención del diputado Vicente Lombardo Toledano. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 20 de diciembre de 1965.

[4] Plataforma electoral mínima de los partidos independientes de México. México, 1952. Capítulo III.- “Desarrollo de la economía nacional”, punto 18: “La nacionalización de la industria eléctrica y de las minas de carbón”. (Mimeo) p. 18. (En la campaña electoral de 1952, el Partido Popular participó en alianza con el Partido Comunista Mexicano, postulando ambos la candidatura de Vicente Lombardo Toledano a la Presidencia de la República)

[5] Vicente Lombardo Toledano. Campaña presidencial de 1952, en dos volúmenes. CEFPSVLT. 1997.

[6] Fue publicada íntegramente en los diarios Excélsior, El Universal y Novedades, del 30 de septiembre de 1957.

[7] Diario Excélsior, 28 de septiembre de 1960. También puede consultarse en Los presidentes de México ante la Nación, 1821-1984. Informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1984. Segunda edición por la LII Legislatura de la Cámara de Diputados. México, 1985. Tomo V, p. 833.

[8] Los presidentes de México ante la Nación…, op cit. Tomo IV, pp. 1097-1098.

[9] Diario de los Debates del Senado de la República, 25 de octubre de 1960.

[10] El orador del PAN fue el diputado Eduardo José Molina Castillo. Por el PRI intervinieron los diputados Francisco Pérez Ríos, José Guillermo Salas Armendáriz, Manuel Yánez Ruiz, Adolfo Gándara Barona y José García Castillo. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 15 de noviembre de 1960.

[11] Revista Siempre!, número 381, 12 de octubre de 1960.

LA EXPROPIACIÓN PETROLERA

La expropiación petrolera

Por Juan Campos Vega

La enseñanza anecdótica de la historia basada en el recordatorio de fechas y sucesos, pero que no proporciona explicación alguna de las causas que originan los acontecimientos sociales y de los efectos que estos generan, así como el interés de la oligarquía mexicana, de los empresarios al servicio del imperialismo, y de los sectores reaccionarios de la clase que detenta el poder público por ocultar o tergiversar la verdad en torno a la expropiación petrolera, impide que la mayoría de la población, particularmente los jóvenes, entiendan la magnitud de este hecho histórico y de las fuerzas y personalidades que lo hicieron posible.

Expro_la prensa

A todos se nos enseña que el 18 de marzo de 1938, el presidente de la República, Lázaro Cárdenas, mediante un decreto, expropia el petróleo. Esta frase privilegia “la interpretación individualista, del gran héroe actuando casi solo [1]”, y elude mencionar la historia de las luchas que hicieron posible la expropiación. Por ello es indispensable recordar las causas que originan el rescate de esta importante riqueza natural no renovable, en el que intervienen tres aspectos fundamentales: las luchas de los trabajadores petroleros, la estrategia y táctica de la clase obrera unificada, dirigida por Vicente Lombardo Toledano, porque “Fue el apoyo y la lucha constante de la CTM la que hizo posible la expropiación [2]”, y la conducta patriótica de funcionarios públicos que contaron con el apoyo del pueblo mexicano.

La lucha de los trabajadores petroleros

La exploración del petróleo por compañías extranjeras inicia a fines del siglo XIX. Para 1910, por las facilidades que les brinda el gobierno de Porfirio Díaz, el monopolio estadounidense Standard Oil Company y el consorcio angloholandés Royal Dutch Shell, se apropian del petróleo del país, lo explotan en forma irracional y sobreexplotan a los trabajadores mexicanos.

Los petroleros inician desde 1913 sus movimientos de resistencia y lucha, y la formación de sus agrupaciones, por lo que son perseguidos y reprimidos [3]. El triunfo de la Revolución Mexicana y la promulgación de la Constitución de 1917 abre nuevas perspectivas para sus luchas, porque en su artículo 27, establece que “Corresponde a la nación el dominio directo del petróleo y todos los carburos de hidrogeno sólidos, líquidos y gaseosos”, y en su artículo 123, incluye los derechos a la organización sindical, la huelga, al salario mínimo, la jornada máxima de ocho horas, y otros no menos importantes. Para 1918 organizan su primera huelga triunfante: obtienen un importante aumento salarial y la reducción de la jornada de trabajo.

En 1931, se aprueba la Ley Federal del Trabajo. A pesar de sus deficiencias, esta ley permite que los trabajadores demanden indemnización por despido injustificado, eviten castigos por pertenecer a organizaciones sindicales o participar en huelgas, y que se implante la jornada máxima de ocho horas. En estas nuevas condiciones, los trabajadores petroleros se organizan en diversas regiones, constituyen sindicatos de empresa, y realizan huelgas para lograr contratos de trabajo.

Fundación del STPRM en 1935
Fundación del STPRM en 1935

El conflicto petrolero comienza cuando las empresas extranjeras tratan de impedir la formación de sindicatos y usan para ello todos los medios, lícitos e ilícitos, que están a su alcance. A pesar de esta ofensiva, el 5 de agosto de 1935 surge el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) integrado por doce secciones [4]. El 29 de enero del año siguiente, el sindicato petrolero se incorpora al Comité de Defensa Proletaria, del cual surgiría, un mes después, la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El 20 de julio de 1936, el STPRM realiza su primera convención, formula un proyecto de contrato general con todas las compañías y las emplaza a huelga para exigir su cumplimiento. Incluye, entre otras demandas, la jornada laboral de 40 horas semanales y el pago de salario íntegro en caso de enfermedad. Ante la negativa empresarial, los trabajadores deciden realizar un paro de 24 horas, el presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, interviene para que se aplace el movimiento y se adopte un acuerdo entre el sindicato petrolero y las compañías; estas últimas aceptan, pero no cumplen.

El STPRM emplaza de nuevo a las compañías petroleras, y en mayo de 1937, éstas hacen pública su negativa a aceptar el pliego de peticiones formulado por el sindicato; conceden sólo 36 de las 248 cláusulas del proyecto y ninguna de las importantes, rechazan: la semana laboral de 40 horas; el pago por jornada y no por tiempo; el pago de salario por enfermedades no profesionales; el pago de salario íntegro, todo el tiempo, por enfermedad profesional; la indemnización por reajustes, incapacidad total y muerte; jubilaciones, descansos obligatorios y vacaciones anuales; creación del fondo de ahorros y renta de casa, y salario mínimo de seis pesos diarios para los obreros no calificados, entre otras.

Como se puede constatar fácilmente, las demandas de los trabajadores petroleros tenían como único objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo de sus agremiados, en ningún momento plantean la expropiación de las empresas del petróleo.

La clase obrera unificada, dirigida por Lombardo

El Congreso de Unificación Proletaria de febrero de 1936 constituye la CTM, elige un comité nacional representativo de las fuerzas que lo integran, y a Lombardo como secretario general. Además, establece en sus estatutos que el proletariado de México luchará por “conseguir previamente la liberación política y económica del país [5]”.

Banner comentario de apoyoEsa formulación que alude implícitamente a la expropiación y rescate de los recursos naturales del país que están en manos del capital extranjero, tienen claros antecedentes. Cuando se funda la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, en 1932, el tema de la expropiación del petróleo es ya una demanda importante de los sindicatos mexicanos dirigidos por Lombardo, que durante muchos años demanda el cumplimiento de lo establecido en el artículo 27 constitucional para rescatar nuestros recursos naturales.

Como líder de la CTM, Lombardo no solamente está ligado la lucha de los trabajadores petroleros, sino que es el artífice de la estrategia y táctica de su movimiento que concluye con la expropiación, como se puede constatar en el discurso que pronuncia ante el Consejo Extraordinario de la CTM, el 6 de enero de 1938.

Lombardo explica que el conflicto petrolero inicia cuando, el sindicato de petroleros, emplaza “a las empresas exigiéndoles la firma de un contrato colectivo general [6]” de trabajo en toda la industria, porque había muchas empresas y cada una tenía su propio contrato. Las empresas petroleras rechazan la demanda de los trabajadores, porque la suscripción de un solo contrato las obligaría a proporcionar prestaciones y pagar sueldos iguales, tomando como base los más altos; alegan que la respuesta positiva a la demanda de los trabajadores asciende a muchos millones de pesos, que tienen problemas financieros, que no obtienen las ganancias suficientes y que no pueden cumplir con las demandas de los trabajadores.

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Interviene el general Cárdenas para pedirle a los trabajadores que no fueran a la huelga, porque en ese momento el reparto de tierras en la región lagunera tendría repercusiones de importancia y ambos conflictos, al mismo tiempo, significarían un riesgo innecesario. Los trabajadores petroleros aceptan aplazar la huelga, pero las empresas, pasado mucho tiempo, eluden, con evasivas y subterfugios de todo tipo, la discusión del contrato propuesto por los trabajadores y, en contrapartida, continúan con su misma actitud “mala fe, amenazas encubiertas, inclusive de carácter internacional [7] ”, y estalla la huelga.

Para resolver favorablemente, para los obreros y la nación, el conflicto petrolero, Lombardo elabora un plan. Después de declarada la huelga, que dura poco tiempo, el sindicato desiste de ella, porque el objetivo consiste en averiguar hasta dónde están dispuestas las empresas extranjeras a ceder ante las demandas del sindicato petrolero.

El sindicato plantea entonces, ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, una demanda de orden económico, “para que las autoridades del trabajo investigaran la situación de las empresas […] porque jamás las empresas [petroleras] han permitido que se hurgue en sus libros y que se investigue su situación financiera [8]”. La Junta designa una Comisión Pericial para realizar un estudio que permita conocer la situación económica de las empresas y determinar si están en condiciones o no de elevar salarios y mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores. Los resultados de la investigación evidencian que “la industria petrolera mexicana, comparada por ejemplo con la de los Estados Unidos […] da rendimientos mucho muy superiores [9]”.

Apoyo obrero y popular a la expropiación petrolera
Apoyo obrero y popular a la expropiación petrolera

La Junta emite su fallo a favor del sindicato, porque el estudio demuestra que las empresas extranjeras que explotaban nuestro petróleo ya habían recuperado sus inversiones desde hace mucho tiempo y sus ganancias eran muy grandes, mucho mayores a las que obtienen en sus países de origen y suficientes para dar respuesta positiva a las demandas obreras; es decir, se demuestra que estaban en condiciones de pagar los salarios caídos, correspondientes a la huelga del mes de mayo, y destinar 26 millones de pesos anuales para aumentar las percepciones de los trabajadores y mejorar sus condiciones laborales.

Las empresas rechazan la decisión de la Junta de Conciliación, amenazan con abandonar el país, e interponen ese mismo mes un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La conducta patriótica de funcionarios públicos

La Suprema Corte ratifica, en los primeros días de marzo de 1938, el laudo de la Junta, y entonces las empresas extranjeras expresan su decisión de no acatar la resolución de la corte, que de acuerdo con nuestra Constitución, es la última instancia en cualquier litigio y sus decisiones son inatacables.

El presidente Lázaro Cárdenas se entrevista con los representantes de las empresas petroleras, pero las pláticas no llevan a la solución del problema, por la altanería y prepotencia con la que se conducen los personeros de las empresas imperialistas.

Ante esa situación, que rebasa el marco de las relaciones obrero-patronales y que convierte el conflicto en un enfrentamiento de las transnacionales contra el poder público, Lombardo Toledano, en nombre de los trabajadores petroleros, rompe las relaciones de éstos con las empresas. El 18 de marzo, en el transcurso del día, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje emite el fallo que libera a los trabajadores de sus obligaciones con las compañías.

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Ante esta situación que podía llevar a la industria a parar su producción por falta de obreros, que afectaría a las plantas generadoras de electricidad y a los ferrocarriles, y en consecuencia, a todas las fábricas del país, no queda más camino que la expropiación de los bienes de las empresas petroleras. A las 10 de la noche, el presidente Lázaro Cárdenas, que es un presidente patriota y revolucionario, dispuesto a luchar para mejorar las condiciones de vida del pueblo y a defender a México del imperialismo, toma la histórica decisión de decretar la expropiación del petróleo, que no hubiera sido posible sin la participación de un movimiento sindical que, como dijo Marx en el Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, para lograr sus objetivos, necesitar estar “unido por la asociación y guiado por el saber”.

[1] Francie R. Chanssen, “La expropiación petrolera”, en Cuatro sindicatos nacionales de industria, México, Universidad Autónoma de Sinaloa / Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, 1988, p. 127.

[2] Idem.

[3] Ariel Gallegos Martínez, et al., Testimonios de la expropiación, Colección Testimonios, México, Editorial Nuestro Tiempo, p.15.

[4] Ibid., p. 19.

[5] Confederación de Trabajadores de México, “Estatutos de la Confederación de Trabajadores de México”, CTM, 1936-1941, ed. facsimilar, México, Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Socciales Vicente Lombardo Toledano, 2011, p. 67.

[6] Vicente Lombardo Toledano, “El pueblo de México y las compañías petroleras”, revista Futuro, núm. 24, México, D. F., febrero de 1938, p. 20.

[7] Ibid., p. 21.

[8] Ibid., p. 22.

[9] Idem.

Polémica sobre la orientación ideológica de la educación superior en México

POLÉMICA SOBRE LA ORIENTACIÓN IDEOLÓGICA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO*

Por Emilio García Bonilla

Debate entre Caso y Lombardo

La primera parte de la célebre polémica entre los doctores en filosofía Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano tuvo lugar el 14 de septiembre de 1933 en el Congreso de Universitarios Mexicanos.[1] Entre los postulados que presentó el primero estaban: que “la Universidad de México es una comunidad cultural, de investigación y enseñanza; por tanto jamás preconizará oficialmente, como persona moral, credo alguno filosófico, social, artístico o científico,” por lo que “cada catedrático expondrá libre e inviolablemente, sin más limitaciones que las que las leyes consignen, su opinión personal, filosófica, científica, artística, social o religiosa”, haciéndose cada quien responsable de las ideas que sustente.[2]

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Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano

Por su parte, Lombardo Toledano contestó cada uno de los razonamientos de Caso señalando que como a cada régimen social le había correspondido entender la cultura, no había incompatibilidad “en sostener hoy una teoría y mañana cambiarla por otra”.[3] Además, Mario Souza y Luis Sánchez Pontón rebatieron a Caso señalando que el marxismo no era teoría en su parte esencial, “sino una verdad ya generalmente admitida aun por los mismos enemigos del socialismo”, considerando además que era preferible “tener una orientación, buena o mala, que no tener ninguna”.[4]

Luego de una discusión que se prolongó durante cuatro horas, se procedió a votar, siendo aprobada la orientación marxista por mayoría: 47 votos a favor y sólo 4 en contra, lo que consideró la prensa que tendría “una resonancia especial en la historia contemporánea de Hispanoamérica”.[5]

El Primer Congreso de Universitarios Mexicanos fue clausurado en una ceremonia presidida por el ingeniero Roberto Medellín, rector de la Universidad Nacional Autónoma, teniendo como invitados especiales a los miembros del Cuerpo Diplomático y personalidades del gobierno y de las sociedades culturales y científicas de la Ciudad de México.[6]

Opiniones en la prensa

Una vez conocidos los acuerdos tomados por el congreso, comenzaron a publicarse en la prensa opiniones en columnas y editoriales, la mayoría criticando la posición defendida por Lombardo.

El Excélsior señaló que la universidad socialista sería sólo doctrinaria porque “no iría a los cuarteles ni a las fábricas, ni a las oficinas del gobierno”, y siendo el país un mosaico caótico, el hecho de imponer una universidad socialista “sería un pecado contra el orden práctico, contra la realidad de ese caos”. En cambio, defendió la postura de Caso aceptando que la universidad habría de reflejar la cultura disímbola y contradictoria, prevaleciendo en la educación superior un ambiente tolerante “de discusión, de camaradería, de estudio, de sinceridad, de desinterés, de ausencia de demagogia”, aunque no por eso el editorialista dejara de mencionar que “el socialismo es falso y por esto, y sólo por esto, no debe enseñarse”.[7]

Por su parte, El Universal publicó una editorial en la que se mofaba del Congreso de Universitarios diciendo que “la comedia, si acaso divirtió, no convenció suficientemente” y criticó como sectarias las conclusiones adoptadas porque “las universidades, en los países de más alta civilización, no son ni han sido, por así decirlo, sino crisoles ardientes de cultura”.[8]

En un diario de provincia se dijo que los rectores de las universidades de Guadalajara y Michoacán, Enrique Díaz de León y Gustavo Corona, habían influido para que el Congreso de Universitarios aceptara al socialismo como orientación de la educación superior, pues estos catedráticos eran tenidos por izquierdistas.[9] Es por esto que el periódico El Jalisciense fue uno de los pocos medios impresos que defendió las resoluciones tantas veces mencionadas, inclusive criticando a la prensa capitalina por su abierta postura conservadora, como fue el caso de Excélsior que “no pudo soportar el discurso izquierdista de Díaz de León y estalló en uno de sus artículos cargados de electricidad y bilis”, y aunque la tesis socialista había salido triunfante con el voto del congreso, estaba siendo atacada por los diarios que demostraban con eso los intereses que había detrás de ellos.[10]

El diario tapatío explicó que el motivo de la crítica en la prensa era que “la Universidad ha sido unos de los más fuertes reductos de la vieja ciencia porfiriana: cientificismo político en esencia. Y eso de que la Revolución se los quite en un salto tan singularmente pacífico y pierdan su eficacia los proyectiles de la mentira con que desde ahí nos confundían, no es para permanecer en silencio”, de ahí que los “voceros de la desigualdad, defensores del sistema económico del despojo y de las tradiciones religiosas en que aquella se sustenta” hubieran adquirido una enorme influencia en el medio universitario, y cuando se habló de “orientar la cátedra en sentido de emancipación económica de las masas y de abolición de las clases que hoy dividen a la sociedad”, consideraron socavada “la última posición burguesa en el campo tan influyente de la enseñanza”.[11]

En la Universidad Nacional Autónoma, los catedráticos contrarios a los acuerdos que tomó el Congreso presionaron al rector Medellín para que se discutiera en el Consejo Universitario si se adoptarían o no esos resolutivos en la Máxima Casa de Estudios.

Ante la inquietud de la comunidad universitaria, Medellín determinó que las vacaciones se prolongaran una semana más en toda la Universidad, ya que el lunes 18 de septiembre, fecha en que debían reanudarse las clases, la asistencia de alumnos y catedráticos había sido escasa.[12]

Rector Roberto Medellín
Rector Roberto Medellín

Así, con los estudiantes de vacaciones, se anunció que el lunes 25 de septiembre iniciarían las sesiones del Consejo para examinar y discutir las resoluciones del Congreso de Universitarios. Lejos de los puntos de carácter técnico que difícilmente suscitarían opiniones encontradas, el relativo a la orientación ideológica había dividido a los universitarios en dos bandos: “por una parte los partidarios de la doctrina marxista que hasta ahora están logrando imponer su punto de vista, encabezados por Lombardo Toledano, y por otra, los maestros que sustentan el criterio de que la Universidad debe ser ideológicamente libre y no estar sometida a ninguna de las doctrinas sociales que se han expuesto”. Se presagiaba que el primer grupo terminaría imponiéndose como lo hizo en el congreso, por lo que el debate podría provocar “la renuncia de algunos de nuestros más destacados intelectuales que cuentan con larga actuación en el campo universitario, los cuales no están dispuestos a someter sus enseñanzas a doctrinas políticas o económicas de carácter transitorio”[13].

En otros medios se esperaba que el Consejo Universitario rechazara la postura del congreso. Entre los principales opositores a la orientación marxista se encontraba Rodulfo Brito Foucher, director de la Facultad de Derecho, quien declaró que, en caso de aprobarse la enseñanza socialista, procuraría que la institución a su cargo se mantuviera como una isla donde no soplaran “los vientos radicales del marxismo”. Se decía que en el seno del Consejo se libraría “una gran batalla sin precedentes” ya que entre sus integrantes había representativos de diferentes ideologías: “desde liberales hasta espiritualistas, marxistas, positivistas, ultramontanos”, pero se pensaba que la mayoría se pronunciaría en contra de las ideas sustentadas por Lombardo Toledano y Mario Souza, votando a favor sólo “los representantes de la Confederación Nacional de Estudiantes en el Consejo Universitario y uno que otro consejero”.[14]

Se había dicho que la Constitución de 1917 no abogaba por el materialismo histórico, aunque tenía “en varios de sus artículos doctrina socialista que no deja lugar a dudas”, pero en lo referente a la Universidad, la Ley de la Autonomía decretada por Portes Gil expresamente decía que la enseñanza debía de ser laica, y “al aceptarse el marxismo se haría un llamado a la ortodoxia, de manera que el laicismo vendría a ser echado por tierra”.[15] El propio Antonio Caso declaró que aceptar una orientación ideológica para la Universidad era absurdo e inconstitucional.[16]

En el siguiente artículo me referiré a la violenta huelga con la que los elementos más conservadores de la Universidad Nacional se opusieron a la orientación educativa aprobada por el Congreso Nacional de Universitarios.

* Fragmento de la investigación “El conflicto universitario de 1933 en la prensa mexicana” presentada como ponencia en el VIII Coloquio La prensa como fuente para el análisis en las ciencias sociales realizado en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en noviembre de 2013.

[1] La versión taquigráfica del debate en el Congreso de Universitarios Mexicanos fue publicada posteriormente en los números 2 y 3 de la Revista Futuro en octubre de 1934. La segunda parte de la polémica fue periodística a través de las páginas de El Universal durante los primeros cuatro meses de 1935.

[2] “Ambiente para el marxismo en la Universidad, La tesis sustentada por el Lic. Lombardo Toledano fue rebatida por el ex Rector Antonio Caso en la sesión de ayer”, Excélsior, 15 de septiembre de 1933, Archivo Histórico de la UNAM, Colección: Memoria Universitaria, Sección: Publicaciones Periódicas, Sub-sección: Noticias Universitarias, en adelante AHUNAM.

[3] Ídem.

[4] “Francamente socialista será la orientación de la Universidad Nacional”, El Nacional, 15 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[5] “Ambiente para el marxismo en la Universidad…”, Excélsior, 15 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[6] “Clausura del Congreso de los Universitarios”, El Universal, 14 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[7] Lo del día [Columna]: “¿Caso o Toledano?” por un Observador, Excélsior, 16 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[8] Sección Editorial. “La Universidad no debe ser sectaria”, El Universal, 16 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[9] Nota en Diario del Norte, Saltillo, 18 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[10] “La Universidad Socialista y los Grajos en Alarma”, El Jalisciense, Guadalajara, 17 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[11] Ídem.

[12] “Una nueva tolerancia de la Universidad Nacional”, Excélsior, 20 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[13] “Se perfila una crisis universitaria”, El Universal Gráfico, 19 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[14] “Formidable batalla se espera en el seno del Consejo Universitario”, Excélsior, 21 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

[15] Ídem.

[16] “Es absurda la declaratoria universitaria”, Excélsior, 20 de septiembre de 1933, en AHUNAM.

La política comunista de unidad a toda costa

LA POLÍTICA COMUNISTA DE UNIDAD A TODA COSTA

Por Juan Campos Vega

Dos meses después de haberse producido la división en el Cuarto Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), a fines de junio de 1937, el Partido Comunista Mexicano (PCM) reconoce, en el informe al pleno de su comité central, que esa decisión constituye un error y decide que sus integrantes retornen al seno de la confederación, seguidos de los sindicatos que los habían acompañado en su aventura —excepto el Sindicato Mexicano de Electricistas—, pero el daño ya estaba hecho: las dos posiciones que tenía el PCM en el comité nacional se pierden, y solamente se reincorpora Juan Gutiérrez, del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), y con ello la correlación de fuerzas al interior del comité ejecutivo, cambia a favor de “Los Cinco Lobitos”, encabezados por Fidel Velázquez.

Informe al comité central del PCM, 26 de junio de 1937
Informe al comité central del PCM, 26 de junio de 1937

El regreso de los sindicatos que abandonaron el cuarto consejo, debido a la decisión del PCM, conocida como política de “Unidad a toda costa”, da pie a una nueva tergiversación de los hechos. Está muy difundida la falsa versión de que esa política le fue impuesta al PCM porque Vicente Lombardo Toledano le solicitó, por medio de una carta, su intervención al dirigente del Partido Comunista de Estados Unidos de América (PCUSA), Earl Browder, que también era integrante del buró político de la Internacional Comunista (IC).

Señalar que la solicitud fue hecha a Browder no es casual, ya que el dirigente del PCUSA no sólo apoya las políticas del presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, en la lucha contra los nazis, lo cual es correcto, sino que aplica la tesis del frente popular más allá de lo debido: además de impulsar medidas reformistas durante varios años, en 1944 transforma al PCUSA en Asociación Política Comunista (APC-USA). Su política, calificada de frente-populismo extremo —bautizada como “browderismo”— es la razón oficial de su expulsión del PCUSA en 1946.

Las desviaciones de Browder son utilizadas para tratar de identificar la política de Lombardo con el “browderismo”, y deducir que la política de “Unidad a toda costa” asumida por el PCM, es responsabilidad del dirigente de la CTM. Un ejemplo de este tipo de interpretaciones tendenciosas, totalmente ajenas a la realidad, que pretende ignorar que la decisión de cambiar la línea política sectaria del PCM vino de la IC y no de Browder, es la siguiente:

Browder convenció al PCM de regresar a la CTM y a la alianza con Lombardo (con quien también tuvo pláticas) […] ambos, el Partido Comunista Mexicano y Vicente Lombardo Toledano, mandaron informes de la escisión al Partido Comunista de EE. UU., se publicó la versión de Lombardo y no la de los comunistas mexicanos en el Daily Worker (periódico del PC en EE.UU.), un procedimiento muy extraño […] Browder apoyó a Lombardo, y sometió a sus lineamientos al PCM [1].

Periódico del Partido Comunista de Estados Unidos
Periódico del Partido Comunista de Estados Unidos

Valentín Campa, en sus Memorias, también contribuye a difundir esa calumnia por medio de tres acciones; en primer lugar, cuando incluye la copia de la carta que supuestamente Lombardo dirige a Browder, en el anexo “Documentos”, le suprime el nombre del destinatario; en segundo lugar, encabeza la carta con una nota que señala que fue dirigida a “secretarios generales de varios partidos comunistas [2]”; en tercer lugar, incluye en el cuerpo de su libro, su versión, que “Browder escribió a la dirección del Partido Comunista Mexicano, anexando copia de una carta que le había dirigido Lombardo [3]”.

Campa, después de señalar que los que habían abandonado el cuarto consejo —a la que autocalifica de corriente democrática— actuaban desde el local del sindicato ferrocarrilero como organismo paralelo a la dirección de la CTM, plantea que esta “corriente democrática consideraba viable restablecer la unidad de la CTM, partiendo de que era la mayoría y su influencia en el movimiento sindical del país era cada vez mayor [4]”, y que la carta, enviada días después del cuarto consejo, reflejaba el reconocimiento de la difícil situación en que se encontraban Lombardo y Velázquez.

Pero los hechos, que siempre son más tercos que cualquier mentira o tergiversación, finalmente permiten conocer la realidad. La mencionada carta, en realidad está dirigida “Al Compañero Alejandro Losovsky, secretario general de la Internacional Sindical Roja” —de la cual Lombardo envió copia a diversos dirigentes comunistas—, y en ella se detallan los antecedentes inmediatos de la fundación de la CTM, el viaje de Lombardo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la conducta asumida por el PCM, particularmente sus principales errores y sus negativos resultados. La carta no puede reflejar algún “reconocimiento de la difícil situación”, porque fue enviada 15 días antes de la realización del cuarto consejo, y no después de que se había generado la división.

Por su parte, el informe al pleno del comité central del PCM, también es explícito en el análisis de la conducta de sus miembros, y reconoce que fue un grave error abandonar el cuarto consejo; además, explica que el buró político (BP) se había pronunciado por la permanencia de todas las delegaciones pero que fue impotente para convencerlas, que el buró es responsable en su conjunto de esa debilidad, pero que:

Debe señalarse el hecho de que la fracción comunista del consejo no funcionaba y de que los delegados comunistas no cumplieron la directiva del BP. Y más aún, que fue un delegado comunista el que precipitó el desenlace declarando en una asamblea de las delegaciones descontentas que la Convención del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros había acordado retirar su delegación. La responsabilidad recae ante todo en los miembros del buró político que estaban presentes, en primer lugar el compañero Campa. Pero yo comparto esa responsabilidad, porque el compañero Campa me consultó por teléfono y me dejé convencer de que “era imposible volver al consejo [5]”.

De esa manera, con la indebida intervención del PCM en las decisiones de la CTM, se produjo, realmente, la primera división de la confederación, y los responsables de los negativos resultados obtenidos han tratado, durante décadas, de pasarle la factura de su comportamiento pequeño burgués, plagado de infantilismo izquierdista, a Vicente Lombardo Toledano.

Por esa razón, es importante recordar las posiciones de Lombardo ante el conflicto, expresadas durante el cuarto consejo; reflejan que tiene claro cuáles son los problemas de fondo que dan origen al enfrentamiento que lleva a la división. En su intervención en esa reunión expresa: “Los compañeros del Partido Comunista no han querido entender que la CTM es un frente único del proletariado, un frente general del proletariado y no una organización homogénea, no una organización coherente en cuanto a ideología, no una organización que deba obedecer a una opinión única y a una táctica única, y a una serie de disposiciones únicas”

Y rememora que al lado de otros colegas, desde el proceso que lleva a la creación de la CTM en 1936, insiste en que se incluya y se llame a todos los sectores, sin importar sus tendencias —excepto a aquellos francamente contrarios a la lucha de clases—  para que formen parte de la central unificadora del proletariado de México.

Afortunadamente, aunque con más de cuatro décadas de retraso, algunos de los documentos que dan fe de la conducta de cada uno de los personajes aludidos, y de los responsables de aplicar la política de “Unidad a toda costa” se han hecho públicos, y ponen a cada quien en el lugar que le corresponde.

[1] Francie R. Chassen de López, Lombardo Toledano y el movimiento obrero mexicano (1917/1940), p. 240.

[2] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias… op. cit., p. 339.

[3] Ibid., p. 131.

[4] Idem.

[5] Hernán Laborde, La política de… op. cit., p. 42.

La primera división de la CTM (1937)

La primera división de la CTM (1937)

Por Juan Campos Vega

Los miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM) que forman parte de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), asumen la posición sectaria de establecer que quien no está con ellos está en contra de ellos, o cuando menos, que actúa en alianza con sus adversarios.

Esos militantes del PCM, para tratar de justificar sus equivocadas visiones, lo mismo utilizan calificativos carentes de sustento y mentiras flagrantes, que injurias, difamaciones y calumnias, no sólo contra sus enemigos, sino también, contra sus posibles aliados.

El sectarismo que caracteriza a esos miembros del PCM —que a veces atribuyen su conducta a la adopción de la política intransigente de “clase contra clase” por parte de la Internacional Comunista (IC)— tiene raíces distintas y más profundas. Cuando el Séptimo Congreso de la IC abandona la política anterior por errónea, y adopta la línea de crear los “frentes populares”, esos elementos aceptan de palabra la nueva estrategia, pero sus posiciones, entre anarquistas y dogmáticas, los empujan siempre a tratar de imponer sus puntos de vista, y cuando fracasan, a acusar a quienes no los siguieron en la aventura de ser los responsables de los malos resultados.

Los dos procesos de división importantes, por sus efectos negativos, que se producen en la CTM, en 1937 y 1947, están vinculadas directamente con esa conducta sectaria y dogmática.

CUARTO CONSEJO NACIONAL DE ABRIL DE 1937

Después del conato de división, suscitado en la elección del primer comité ejecutivo de la CTM, que enfrenta a los seguidores de Fidel Velázquez —cabeza del grupo de “Los Cinco Lobitos”— con los miembros del PCM y los representantes de los sindicatos que comparten algunas posiciones con ellos, las pugnas entre ambos bandos no sólo no cesan, sino que se intensifica, y se presentan en diferentes ocasiones y por motivos diversos.

Lenin

Los enfrentamientos entre ambas corrientes, producidos por las actitudes de una y otra en la vida diaria de la confederación, conducen a la primera división de la CTM, a fines de abril de 1937, cuando tres secretarios del comité nacional y los sindicatos que comparten las posiciones de los miembros del PCM, así como las organizaciones controladas o influidas por ellos [1], asumen la actitud “izquierdista” que Lenin calificara de “enfermedad infantil”, y abandonan o no asisten a la asamblea del Cuarto Consejo Nacional.

Los miembros del comité nacional que abandonan el consejo son: Juan Gutiérrez, del sindicato ferrocarrilero; Pedro A. Morales y Miguel A. Velasco, miembros del PCM; se solidarizan con su posición las siguientes organizaciones: Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, Cámara Unitaria del Trabajo del Distrito Federal, Sindicato Mexicano de Electricistas, Comité Organizador de Trabajadores al Servicio del Estado, Confederación de Ligas Gremiales de Yucatán, Federación Sindical Independiente del Estado de Yucatán, Cámara del Trabajo del Estado de Aguascalientes, Federación de Trabajadores del Territorio de Quintana Roo, y Federación de Sindicatos Obreros del Estado de Morelos [2], que representan no más de 20% de los afiliados a la CTM.

Dos meses después, el PCM, en la reunión del pleno de su comité central, reconoce su error que conduce a la división, acepta los acuerdos del Cuarto Consejo Nacional y la autoridad del comité nacional, en un documento denominado “Unidad a toda costa”, pero a pesar de haber tomado esa decisión, los miembros del PCM “no han cesado de obstruccionar la labor de unificación [3]”, los tres secretarios que abandonan el consejo se presentan como si fueran el comité nacional de la CTM, intentan crear federaciones paralelas en los estados, calumnian a los dirigentes nacionales, en fin, insisten en su afán de lograr la división de la confederación.

CAUSAS DE LA DIVISIÓN

Un intento por tergiversar lo acontecido, lo realiza en sus Memorias Valentín Campa Salazar. Señala que una de las causas que originan la división se presenta en el Segundo Consejo Nacional de la CTM cuando los dirigentes del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SITMMSRM) “presentaron una acusación enérgica contra Fidel Velázquez porque hostilizaba en los estados a las representaciones de las secciones mineras […] maniobraba por conducto de sus representantes para que no participaran […] en los comités ejecutivos de las federaciones, inclusive en estados donde esas secciones tenían una gran base [4]”.

Los hechos demuestran la falsedad del primer señalamiento de Campa. El problema con el sindicato minero, se presenta desde la realización del Primer Consejo Nacional de la CTM, de junio de 1936. La representación minera no se hace presente a pesar de que uno de sus dirigentes fue electo para un cargo en el comité nacional de la confederación.

Ante la ausencia de los representantes mineros, el consejo nombra una comisión integrada por José Jiménez Acevedo, Valentín Campa y Juan Gutiérrez. En el transcurso de la asamblea, Gutiérrez, en nombre de la comisión, informa que no pudieron entrevistarse con Agustín Guzmán, secretario general del sindicato minero. A continuación, Miguel Ángel Velasco, da lectura a declaraciones de Guzmán de separar al sindicato minero de la CTM, en las que acusa a la confederación de tratar de dividir a los mineros y de estar realizando huelgas absurdas y mal planteadas. Vicente Lombardo Toledano refuta, en nombre del comité nacional de la CTM, ambos señalamientos, y explica “que el comité nacional jamás ha pretendido dividir al sindicato de mineros […] que la confederación hasta hoy no ha decretado ni un paro ni una huelga [5]”.

En el debate que se suscita respecto a la posibilidad de que el sindicato minero abandone la CTM, Fernando Amilpa Rivera —integrante de “Los Cinco Lobitos”— plantea:

Al constituirse el Comité Nacional de Defensa Proletaria la unificación peligró y se hizo en una forma precipitada, sin pensarse las cosas, sino sólo sobre las rodillas y que en las asambleas del propio comité privaba un espíritu de parcialidad netamente comunista; señaló como instituciones de filiación comunista a la Alianza de Uniones y Sindicatos de Artes Gráficas, al Sindicato Mexicano de Electricistas, a la Cámara Unitaria y a la Alianza de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías, que estaban siempre en contraposición con los lineamientos de las demás representaciones [6].

Remata su intervención diciendo que el problema que se ha suscitado con el sindicato minero que va desmembrando a la CTM “se debe a la CTM misma y no a la actitud del Departamento del Trabajo y menos aún del Estado [7]”.

Campa, “contesta los conceptos vertidos por el compañero Amilpa en una forma acalorada; dice que si hay alguien a quien exigirle responsabilidad por la actitud de los mineros no es a la CTM, como malévola e insinceramente pretende Amilpa, sino al poder público […] tacha a Amilpa de ser poco leal y mentiroso [8]”. Esta intervención de Campa contradice totalmente lo planteado en su Memorias.

La segunda causa de la división, que alude Campa, se relaciona con la actividad político-electoral. Señala que en el Tercer Consejo Nacional cetemista: “Lombardo, de acuerdo con Amilpa y Fidel Velázquez, propuso que la CTM rectificara la orientación del congreso constituyente y aprobara participar en política electoral, adhiriéndose a la reorganización del PNR con el nombre de Partido Revolucionario Mexicano […] [9]”.

El segundo aspecto señalado por Campa, tampoco corresponde a la realidad. El acuerdo relativo al tema político-electoral se adopta en el Segundo Consejo Nacional —no en el tercero—, y según las actas correspondientes se discute con amplitud y serenidad, los acuerdos no rebasan el marco de las sugerencias, y no se hace alusión a partido alguno, como se confirma con el contenido del punto primero que expresa: “El consejo nacional de la CTM, recomienda a los trabajadores que lo integran, su participación en la lucha político-electoral para defender el programa de la CTM y para oponerse a la reacción y al imperialismo [10]”.

Partido de la Revolución Mexicana
Partido de la Revolución Mexicana

Por lo que respecta a la incorporación de la CTM al Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que también incluye Campa en su argumentación, el hecho se produce hasta marzo de 1938—un año después de que Campa y compañía abandonen el Cuarto Consejo Nacional— por lo que no puede ser causa de la división que se había producido con antelación. Además, la opinión del PCM respecto del PRM, expresada por su secretario general, contradice a Campa. Hernán Laborde, en un escrito publicado en El Machete, periódico oficial del PCM, después de calificar de revolucionaria y patriótica la política del presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, expresa:

El nuevo partido deberá ser un verdadero frente único de organizaciones y grupos dentro del cual sea posible la unificación más o menos rápida de cada uno de estos sectores: todas las organizaciones obreras en una sola central; todos los campesinos en una sola organización nacional campesina; un movimiento unificado de intelectuales; el movimiento unificado de las mujeres, el de los jóvenes, etc. La unificación de las masas en los cuatro sectores —obrero, campesino, militar y popular— que van a constituir el partido, deberá realizarse no sólo desde el punto de vista orgánico, sino también, en cierto grado desde el punto de vista ideológico y programático [11].

Lo que realmente sucede en el Segundo Consejo Nacional de la CTM, efectuado en octubre de 1936, es la controversia entre la mayoría de los integrantes de la CTM, entre ellos el grupo de “Los Cinco Lobitos”, y los miembros del PCM con relación a la constitución del Frente Popular Mexicano (FPM).

En el congreso constituyente de la CTM, se integra el comité organizador del Frente Popular Mexicano. Las labores desarrolladas por este comité generan algunas discrepancias al interior de la CTM por lo que el comité ejecutivo, en su informe, plantea al consejo nacional que determine la forma de participación de la confederación en el FPM.

La discrepancia principal gira en torno a las funciones del comité organizador. La mayoría del comité nacional cetemista plantea que el comité organizador del FPM debe dedicarse única y exclusivamente a organizar y preparar el congreso que ha de constituir el Frente Popular Mexicano; los miembros del comité nacional de la CTM, miembros del PCM, quieren que el comité también se encargue de organizar las luchas inmediatas de las organizaciones populares.

Al valorar lo equivocado de esa conducta de sus miembros, el informe al comité central del PCM, de junio de 1937, parte de que la posición asumida por ellos era la justa, pero también que era necesario trabajar con quienes sustentaban otras opiniones; se preguntan si no deberían haber cedido y concentrado la actividad del comité organizador en la preparación del congreso, lo que no impedía atender las luchas inmediatas, y se responden:

En vez de esto, nos enredamos en una discusión interminable sobre las funciones del comité organizador. Después, cuando el comité nacional de la CTM pretendía que el comité organizador se disolviera, nos empeñamos en sostenerlo contra viento y marea, cuando hubiera sido más útil disolverlo y dejar el campo libre al comité nacional de la CTM, orillándolo a cumplir el acuerdo del Segundo Consejo Nacional sobre la constitución del FPM. Los resultados de nuestra actitud intransigente están a la vista: el comité organizador sólo ha servido para ahondar nuestras diferencias con la mayoría del comité nacional de la CTM [12].

De esta manera, la política sectaria del PCM conduce a la primera división de la CTM, cuyas consecuencias son las siguientes: a) los tres secretarios que abandonan el consejo pierden los cargos para los que fueron electos, y el consejo nombra a elementos reformistas para sustituirlos, con lo que cambia la correlación de fuerzas al interior del comité nacional, b) poco tiempo después, se reintegran sindicatos que habían abandonado la CTM generando la división, con lo que se restablece la unidad rota transitoriamente; al mismo tiempo, algunos sindicatos la abandonan definitivamente.

[1] Confederación de Trabajadores de México, “Informe del Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México al Quinto Consejo Nacional de la misma institución”, CTM 1936-1941, pp. 400-401.

[2] Ídem.

[3] Ibid., p. 381.

[4] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias de un comunista mexicano, p. 125.

[5] Véase Confederación de Trabajadores de México, “Primer Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores de México”, actas de las sesiones, tercera sesión, CTM 1936-1941, p. 189.

[6] Ibid., p. 191.

[7] Ibid., p. 192.

[8] Idem.

[9] Valentín Campa, Mi testimonio. Memorias… op. cit., p. 125.

[10] Confederación de Trabajadores de México, “Circular de información de la ctm a sus organizaciones filiales”, CTM 1936-1941, p. 232.

[11] Hernán Laborde “3. El criterio del Partido Comunista Mexicano”, revista Política, México, D. F., 15 de noviembre de 1963, p. XXIII.

[12] Hernán Laborde, La política de unidad a toda costa, pp. 50-51.

Exitosas huelgas de electricistas y obreros agrícolas en 1936

Exitosas huelgas de electricistas y obreros agrícolas en 1936

Juan Campos Vega

Durante el año de 1936, el sindicato de trabajadores electricistas que forma parte de la CTM y los obreros agrícolas de La Laguna que también son integrantes de la confederación van a la huelga con la finalidad de mejorar sus condiciones de trabajo, sus salarios y prestaciones.

HUELGA DEL SINDICATO MEXICANO DE ELECTRICISTAS

La huelga contra la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz (Mexican Light and Power Company), realizada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), se debió a la negativa de la empresa extranjera de mejorar las condiciones económicas y sociales de los trabajadores.

El contrato colectivo de 1934, vencía el 30 de abril de 1936; después de dos prórrogas, de un mes cada una, y habiendo escuchado el 11 de junio la única propuesta empresarial, que inicia con una explicación que pretende dar “la imagen de una empresa agobiada por su falta de recursos para solventar las demandas de sus trabajadores”, para posteriormente realizar propuestas que no satisfacen al movimiento huelguístico.

Después de valorar la propuesta empresarial y reiterar la necesidad de llegar a un arreglo entre las partes “la asamblea autorizó que Breña Alvírez y Pavón Flores se entrevistaran con el presidente Cárdenas para informarle la situación y la inminencia de la huelga. En todos sus términos [el Presidente] apoyó lo realizado por el SME y solicitaba el mayor esfuerzo para evitar la huelga [1]”.

SME1

Las demandas centrales del pliego de peticiones entregado por el sindicato a las compañías de electricidad, el 24 de junio, incluía dos aspectos esenciales:

1o. Ordenar, reglamentar y hacer más claras y precisas las disposiciones del Contrato Colectivo de 1934, que la experiencia de dos años había mostrado que daban origen a dificultades provenientes de una interpretación diversa, con el fin de eliminar dichas dificultades y hacer más fácil y expedita la aplicación del Contrato.

2o. Eliminar estipulaciones que establecían injustas diferencias entre los trabajadores, las cuales el sindicato se vio obligado a aceptar en 1934 y elevar ciertos derechos, prerrogativas y beneficios económicos nuestros, para ponerlos más en consonancia con los avances hechos últimamente en materia de contratación colectiva, o para que sirviera de precedente a otros trabajadores [2].

A los aspectos anteriores se sumaban otras demandas de menor jerarquía que en conjunto representaban las demandas más sentidas por los trabajadores electricistas.

El 15 de julio, el sindicato envía un telegrama al presidente Cárdenas, para comunicarle el estallido de la huelga por la intransigencia de las empresas; ese mismo día se intentó llegar a un acuerdo entre empresas y sindicato, en la que estuvo presente el secretario particular del Presidente, pero también fue infructuosa, por lo que el 16 de julio estalló la huelga.

Para llevar al éxito el movimiento huelguístico, que dura diez días, y que afecta los intereses de la clase obrera y de toda la población de la capital del país y de regiones industriales importantes de entidades cercanas al Distrito Federal, la CTM presta su apoyo solidario, material y moral a la huelga, y realiza “una amplia y sistemática labor de divulgación de los antecedentes, las finalidades y el alcance del acto realizado por los trabajadores de la industria eléctrica [3]”, que contribuye a lograr el apoyo de las masas trabajadoras y de algunos sectores de la burguesía nacional, cuyos intereses se oponen a esa empresa perteneciente a un poderoso monopolio extranjero.

Trabajadores del SME resguardando la subestación Taxqueña
Trabajadores del SME resguardando la subestación Taxqueña

El objetivo de la labor propagandística realizada por la confederación, consiste en contrarrestar la información dolosa y malintencionada de la prensa mercantil, que intenta desvirtuar las acciones del sindicato y de sus agremiados ante la población del país. En este marco, es necesario resaltar la importancia del acto celebrado en el teatro Rex, convocado por el comité nacional de la CTM, y en el que Lombardo, en su carácter de secretario general de la confederación, explica las características del conflicto y contesta a las preguntas que le fueron formuladas por la concurrencia: sobre todo extranjeros residentes en la Ciudad de México, la mayor parte de ellos estadounidenses.

A diferencia de lo sucedido con la huelga ferrocarrilera que es declarada inexistente, las autoridades reconocen la legitimidad de la huelga de los electricistas, y después, el éxito del movimiento es completo, en el boletín de prensa del 25 de julio de 1936, que el SME redacta para la ocasión, establece que “Salvo unos cuantos puntos del contrato colectivo de trabajo que quedaron pendientes, los cuales deberán ser resueltos por acuerdo directo entre las partes en un plazo que vencerá el día último del corriente mes, el sindicato obtuvo la aceptación íntegra de su pliego petitorio [4]”.

En la redacción del boletín se evidencia el distanciamiento del SME respecto de la dirección de la CTM, ya que no se dirige a la confederación en su conjunto ni menciona a su comité ejecutivo nacional, sino solamente anuncia “a las organizaciones de trabajadores miembros de la CTM, a aquellas fuera de la CTM, que le prestaron su apoyo y solidaridad [5]” el éxito obtenido, mientras que a otras organizaciones sí las menciona como colectividades, y al referirse al Presidente de la República le otorga todo el mérito para la solución del conflicto.

Al mencionar la intervención del general Lázaro Cárdenas, el SME explica que al apoyar la solicitud el sindicato de intervenir para suprimir intermediarios y realizar arreglos directos con la empresa, permitió solucionar rápido el conflicto y lograr la victoria, por lo que, “El Sindicato Mexicano de Electricistas reitera una vez más la confianza que ha puesto en el señor Presidente, cuyo apego a la ley ha puesto una vez más de manifiesto, que los trabajadores tienen en él un amigo sincero y leal que hace respetar sus derechos constitucionales [6]”.

HUELGA DE OBREROS AGRÍCOLAS DE LA LAGUNA

En junio de 1935, Lombardo publica un artículo en el que analiza las características de La Laguna —la región agrícola más homogénea y más rica del país—, reproduce estadísticas socioeconómicas recientes de su actividad, y explica cómo se encuentra la división territorial de los municipios y estados en donde se encuentra ubicada la comarca lagunera, lo que la sujeta a la autoridad de ocho ayuntamientos pertenecientes a dos estados, por lo que “el tratamiento fiscal, económico, social y político, es diverso en cada municipio de la región [7]”; para concluir su análisis, propone una serie de medidas tendientes a ampliar la superficie de los cultivos, aumentar los salarios, y elevar las condiciones de vida de los que habitan en la región; entre las propuestas destacan: dividir las haciendas, prohibir la participación de las sociedades por acciones y de las empresas de extranjeros en la explotación de la tierra, dotar de ejidos a las comunidades agrarias, y establecer un solo contrato colectivo que regule las relaciones entre los dueños de los ranchos y los obreros agrícolas, así como un conjunto de medidas técnicas [8].

comarca_lagunera

Ante la propuesta de la CTM de establecer un “contrato colectivo único, que implicaba aumento de salarios y servicios sociales que nunca tomaron en cuenta los patrones [9]”.

La respuesta de la mayoría de los dueños de las haciendas —mayoritariamente extranjeros y antiguos jefes militares— fue de cerrada oposición a que se aplicara la legislación agraria, y a que se firmara un contrato colectivo de trabajo para nivelar los salarios y las prestaciones de los trabajadores. Inclusive amenazan con abandonar las haciendas y dejan de cumplir con lo establecido en los contratos colectivos existentes.

Lo anterior provoca una serie de huelgas para exigir el cumplimiento de lo establecido en los contratos vigentes, y el 16 de agosto de 1936, los obreros agrícolas de La Laguna se lanzan a la huelga general debido a la violación sistemática de sus contratos de trabajo, el despido arbitrario de trabajadores y los bajos salarios que devengan.

Por decisión expresa de los trabajadores de La Laguna —debido a un acuerdo con el Presidente de la República que garantiza los intereses de los campesinos—, la huelga se levanta para que se aplique, a partir del 15 de septiembre, la Ley Agraria. Estas medidas crean las condiciones para que se pongan en práctica las propuestas del Plan de la CTM, que establece por primera vez el sistema colectivo de trabajo agrícola, y que consiste en los aspectos siguientes: “a) Dirección agrícola centralizada en la región lagunera; b) Administración ejidal centralizada; c) Producción colectiva; d) Servicios colectivos de toda índole; e) Autonomía política de la región [10]”.

El Plan de la CTM para los ejidos de la comarca lagunera, serviría después para organizar el trabajo colectivo en los ejidos de otras regiones del país.

El año de 1936 fue exitoso para los trabajadores, se gana el movimiento huelguístico de los electricistas, que es de gran trascendencia para las luchas obreras, y otro en el campo, que se sienta precedentes importante en materia agraria, no sólo respecto a la tenencia de la tierra, sino también a los métodos de trabajo, al sistema de producción, al reparto de los ingresos y, en general, a la organización productiva, de prestación de servicios públicos, y de participación de los campesinos en los asuntos públicos de la región lagunera.

[1] Víctor M. Sánchez Sánchez, “Síntesis histórica del Sindicato Mexicano de Electricistas”, revista Lux año LVII, núm. 338, México, D. F., diciembre de 1984, p. 58.

[2] Idem.

[3] Confederación de Trabajadores de México, “Huelga de los trabajadores electricistas”, CTM 1936-1941, p. 105.

[4] Véase, “Boletín para la prensa del sindicato de electricistas”, en Confederación de Trabajadores de México, CTM 1936-1941, pp. 115-116, y en Víctor M. Sánchez Sánchez, “Síntesis histórica del Sindicato Mexicano de Electricistas”, revista Lux año LVII, núm. 338, México, D. F., diciembre de 1984, p. 60.

[5] Idem.

[6] Idem.

[7] VLT, “La comarca de La Laguna en cifras”, en Confederación de Trabajadores de México, CTM 1936-1941, p. 121.

[8] Ibid., p. 123.

[9] Confederación de Trabajadores de México, “El reparto de la región de La Laguna”, en CTM 36-41, p. 118.

[10] Véanse Confederación de Trabajadores de México, “Plan de la CTM”, pp.145-149, y “Segundo Consejo Nacional de la CTM. Informe del Comité Nacional”, p. 212, en CTM 1936-1941.

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